Los personajes mencionados son propiedad de Hiro Mashima. Solamente la historia me pertenece.
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Agradecimientos a quién me ayuda con la edición de éste capítulo:
Lilia Sierralta.
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Only You.
10.
Make me.
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Nunca te necesité como te necesito ahora mismo.
Nunca te odié como te odio ahora mismo.
-Porque lo único que haces siempre, es hacerme...-
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Ni Jellal ni Meredy lograban captar la evidente tensión que se había instalado en el ambiente, solo tres personas eran capaces de entender perfectamente aquello. Irene miraba fijamente a su hija mientras que Erza ocultaba la mirada con cualquier cosa que se le pasara por el frente, Simón estaba tenso, pero aún así prestaba atención a todo lo que decía su mejor amigo.
–Entonces, ¿ella quién es? ¿En dónde está Ultear? –Preguntó sin ocultar su interés. Porque para Jellal y Meredy seguramente sería normal que Simón hiciera esa pregunta; se conocían desde siempre y sería extraño para el recién llegado la ausencia de la pelinegra.
Pero para Erza, aquella pregunta no era tan inocente como se veía.
Sabía lo que pasaba por la mente de ese hombre.
–Ultear y yo nos divorciamos. –mencionó tranquilamente Jellal. Simón arqueó la ceja incrédulo.
–¿Pasó algo que no sepa?
–No sabes mucho a decir verdad. –Susurró Meredy. –Pero… Al fin mi hermano aceptó la realidad que todos éramos capaces de ver, menos él. –Sonrió. –Es medio cieguito. –Se burló naturalmente como hacía todos los días.
Irene rió levemente, pero ni con aquel comentario la tensión desaparecía de ambas mujeres pelirrojas. Meredy por primera vez fue consciente de que algo pasaba ahí.
–¿Y ella? –Preguntó nuevamente por Erza. Si a Jellal se le hizo rara la insistencia reflejada en el tono de voz de su amigo, no hizo nada para que los presentes lo notaran.
–Es una buena amiga. –Sonrió llevándose una copa a los labios.
–¿Te acaban de friend-zonear o me estoy equivocando? –Rompió en risas Meredy haciendo que su hermano escupiera lo antes ingerido y que la pelirroja, por primera vez desde que había vuelto a ver a Simón, también sonriera.
–Oh. Creo que sí pasó. –Rió con ganas y esta vez Irene le acompañó. Simón se excusó diciendo que necesitaba el baño, Jellal no se preocupó en indicarle en donde estaba.
Aquel hombre sabía perfectamente en donde estaba todo en aquella casa.
Minutos después, sonó el teléfono de Jellal, el hombre se disculpó y salió de la sala para poder contestar, solamente quedaron las mujeres en aquella sala.
–Y entonces… ¿Qué tal te cae Simón? –Preguntó Meredy con curiosidad. Erza la miró sin entender. –Mi hermano es un poco lento para algunas cosas, y, he notado cierta incomodidad por tu parte, y por parte suya, señora Irene. –La chica de ojos verdes les dirigió una mirada significativa. –Hay algo que les preocupa. ¿Verdad?
–Es una historia muy larga a decir verdad. –Mencionó Erza. –Tomaría mucho tiempo hablar de ella.
–Agradezco mucho tu preocupación, Meredy. –Le tuteó Irene por primera vez. –Quizás en otra ocasión pudieras saber los secretos que se mueven en estas aguas.
–Seremos familia. ¿No? –Preguntó pícaramente la chica haciendo que la pelirroja menor se ruborizara. –La familia siempre será la familia, para bien o para mal.
–Eres una jovencita muy inteligente. –Irene le guiñó un ojo. – Pero… ¿De dónde es que ustedes conocen a Simón?
–Mi hermano estudió con él en algunos periodos de la universidad. –Susurró Meredy mientras se deleitaba picando el postre en la mesa, Erza se ofreció en ayudarle, pero la chica negó. – Simón era un hombre muy problemático en aquellos tiempos, Jellal le aconsejaba la mayoría de veces, una vez, llegó a casa desesperado y con la mirada perdida. –Recordó vagamente. –Decía con fervor que lo había dañado todo y nunca le entendimos, Jellal le recomendó que hiciera terapia, para ese tiempo mi hermano seguía siendo un estudiante de medicina y no podía ayudarle como Simón lo requería, llegaron a hablarse unos días más hasta que él desapareció por completo. –Suspiró sonoramente. –Fueron tres largos años sin respuesta alguna sobre su paradero.
–¿Sabían de que huía ese chico? –Preguntó Irene mientras se deleitaba picando un pedazo de pastel, a Meredy se le hizo gracioso la forma en la cual aquella mujer se derretía por un poco de dulce, sin contar que Erza que era igual o hasta peor.
–Sabíamos muy poco de su vida personal a decir verdad. Como les dije, Jellal y él se conocieron más que todo en la universidad. Siempre nos habíamos visto, desde pequeños podemos decir que había una especie de conexión entre nosotros, también con Ultear. Ellos eran conocidos, más no amigos. –Aclaró. –No nos metíamos tanto en su vida, pero si éramos capaces de observar que había algo extraño en él y su comportamiento. Jellal buscó ayudarlo de las formas que pudo, Ultear también, aunque ella no se relacionaba tanto con Simón, ella decía que podía ayudarlo pero que no establecería ningún tipo de relación con él. Sería muy peligroso para ambos. –Rió por lo bajo. –Ultear también era de humor cambiante en algunas situaciones, pero obvio; nunca se compararía a Simón.
–Eso es obvio. –Rió Irene. –Los hombres y las mujeres son distintos.
–Exactamente. –Escucharon la voz de Jellal luego de un rato. –Sin ustedes no podríamos hacer nada.
–Los comentarios cursis y halagadores no te harán ganar mi aprobación de todas formas. –Mencionó Irene claramente divertida por la cara abochornada del chico. –Pero el pastel de fresas; quizás.
Simón se juntó nuevamente con los presentes en aquel lugar y entre risas y un ambiente un poco menos denso, la cena terminó. Jellal hablaba algo con Irene, algunos trabajos que Zeref les había encargado, Meredy se encargaba de recoger los platos mientras que Erza y Simón le ayudaban con la mesa.
–Me alegro por ti. –Escuchó Erza. Ella se sobresaltó levemente por aquello.
–¿Perdón? –Preguntó confundida viéndole.
–Me da alegría que siguieras adelante. –Sonrió levemente el hombre mientras recogía algunos cubiertos. – Tenía mucha pena, pero veo que ahora eres una mujer fuerte y madura. –La vio fijamente. –Has cambiado para bien.
–Por lo visto, tú también. –mencionó ella devolviéndole la mirada. El hombre se ruborizó.
–Me voy a casar. –Sonrió. Erza se sorprendió por aquello. – He regresado para invitar a Jellal y Meredy. –Suspiró con la mirada perdida. –Si también quieres ir. –Mencionó inseguro. –Créeme que también hay lugar para ti.
–¿No sería algo incómodo? –Preguntó. Él negó.
–Tómalo como una muestra de que las heridas aún abiertas entre nosotros dos, por fin pueden cerrarse.
Erza sonrió agradecida.
–Tú también cambiaste para bien, Simón. –Sonrió con nostalgia.
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Apartamento de Natsu y Lucy. –Algunos días después.
Natsu observaba a su esposa caminar de un lado para otro en la cocina, aquel día hacía mucho frío, tanto afuera del apartamento como dentro de éste. Quizás se avecinaba una tormenta. Pero a su esposa parecía no importarle el clima, andaba tranquilamente desfilando con ropas que no la protegían para nada de aquello.
–Viene una tormenta. –Mencionó tranquilamente mientras se sentaba en la mesa para verla. Lucy tarareaba alegremente una canción.
–Quizás.
–¿No tienes frío? –Preguntó Natsu mientras se concentraba viendo a su esposa.
Era bonita.
La observó detalladamente, llevaba un mes de embarazo y aunque aún no se veía reflejada la muestra de que estaba esperando a su hijo, para él era un deleite bromear con ella sobre lo gordita que prontamente se pondría. Y es que no podía evitarlo, aquella mujer lo mataría de la risa con cada cara de bochorno y molestia que era capaz de poner.
Era un mes desde que estaban nuevamente juntos, un mes desde que algunos recuerdos entraban poco a poco en él.
Se levantó lentamente y la abrazó sorpresivamente. Lucy suspiró cómodamente. Eran tan naturales aquellas cosas entre ellos, que por fin Natsu sentía que el vacío que días antes se habían instalado en él, desaparecía.
Los pequeños pedazos rotos por fin se estaban uniendo en su mente.
La rubia se volteó sorpresivamente para poder estar frente a frente con su esposo. Natsu la buscó con la mirada deseando encontrar aquel brillo en los ojos de su esposa, y encontró la respuesta que buscaba en aquellos ojos marrones, sin pensarlo se apoderó de su boca, Lucy no dudo en responder y al instante le devolvió el beso con la misma pasión que él estaba dando. No era una tierna caricia como el primer momento en que sus labios por fin se unieron, ni mucho menos una declaración de amor como el día que ambos juraron amor eterno, era una especie de reencuentro entre ambos, una unión entre el deseo, la pasión, y el reconocimiento.
–Natsu. – Jadeó ella, y a él le gustó, claro que le gustó, Lucy estaba perdida en el mar del deseo mientras que Natsu, curiosamente sentía y reconocía aquello a la perfección.
Y no le incomodaba. Más bien, le gustaba sentir que algunas memorias de ellos dos regresaran en aquel instante, en aquel momento en el que ambos intentaban unirse nuevamente. La rubia se apretó mas a él mientras entrelaza sus brazos en el cuello de su esposo. Natsu exploró su cuerpo lentamente, la necesidad era fuerte y aunque quisiera desprender todo lo que le separaba físicamente de su esposa, decidió que aquello sería especial.
Tan especial como una primera vez, aunque no lo fuera precisamente.
Pero sería especial por el simple hecho de que eran ellos dos, de que estaban juntos a pesar de todo.
Recorrió la espalda de la rubia para luego, con ambos brazos, usar su fuerza y alzarla para subirla en la mesa más cercana. Natsu se permitió observar el cuerpo de su esposa, desde esa posición tenía muy buena vista de sus pechos y de sus piernas, era hermosa.
Y suya.
–Hazlo. –Susurró apenada la rubia mientras se acercaba tímidamente a él. –No pienses en nada más, solo mírame y quédate conmigo. –Esquivó su mirada mientras un furioso rubor aparecía en su cara. –Se que lo quieres, los dos lo queremos. –Se mordió tímidamente los labios.
Y esas fueron las palabras que hicieron que Natsu no dudara, aunque a decir verdad, la duda no estaba presente en él. Natsu hizo uso de su fuerza nuevamente. La levantó del lugar en donde anteriormente estaban recostados ambos, y Lucy entrelazó las piernas detrás de su espalda.
…
–¿Y cómo se hace esto? –Preguntó con pena mientras veía a Lucy vestida de blanco. La chica se ruborizó.
–No lo sé. Soy nueva en esto. –Suspiró con una risita tímida.
–Supongo que debe ser como en las películas. ¿No crees? –Preguntó viendo fijamente a la rubia mientras avanzaba hacia ella.
–¿Cómo?
Natsu la levantó torpemente entre sus brazos.
–Supongo que debo llevarte cargada hasta aquel lugar.
…
Él la depositó con delicadeza en la cama, mientras ella lo observaba tímidamente. Un recuerdo fugaz apareció, era tan claro que quizás podían ser imaginaciones suyas, pero era real, las manos de la Lucy recorrieron con anhelo el dorso aún cubierto por el suéter,
–¿Esto no… –Intentó preguntar. – ¿No le afecta a nuestro hijo? –Lucy rió tímidamente y negó.
–Todo bajo control, señor Dragnee…
No había terminado de hablar cuando él la sorprendió atacando desesperadamente su boca, ella gimió en medio del beso mientras sus manos buscaban desesperadamente la cremallera del pantalón de Natsu, cuando lo consiguió, con desesperación desabrochó el botón, el sonrió en medio del beso mientras sentía las manos de Lucy luchar para quitarle el pantalón.
–Por alguna razón, pienso que en algún momento seré violado. –Sonrió al ver el sonrojo de la rubia, con rapidez la despojó de la pequeña camisa dejando a la vista aquellos pechos bien formados, Lucy trato de cubrirse, simple acto que le recordó vagamente el momento de su primera vez, aquel día en el cual dos jóvenes inexpertos se habían unido a tratar de descubrir lo que era la verdadera unión entre un hombre y una mujer. –Tranquila pequeña Lucy, déjame hacer mi magia. –Susurró apartando el sujetador y apoderándose de uno de los pezones de la mujer, Lucy gimió por el placer recibido. –Por alguna razón siento que esto es tan similar en muchas razones, esto. –Susurró ahora viéndole. – Esto es más que simple sexo. –Mencionó mientras repartía besos por toda su cara, Lucy rió mientras sus manos se perdían entre el suéter de Natsu, Él se separó de ella solo unos segundos para terminar de quitarse la el suéter que cargaba. – Es un reencuentro de dos almas. –La miró fijamente tratando de transmitirle todo el amor que sentía por ella. –Ahora, me parece que estamos un poco disparejos. –Rió. –Pero eso se puede arreglar. – Susurró peligrosamente cerca de sus labios. Lucy gimió al sentir las manos de Natsu recorrerle las piernas, era una caricia tan lenta que podía matarla.
–Nat-su. –Susurró con la voz ronca.
–Señora Dragneel… –Susurró mientras deslizaba el pantalón junto con las bragas de la rubia. –Eres jodidamente perfecta. –Mencionó viéndola descaradamente. Lucy sonrió para luego lanzarse en contra de su boca, Natsu la apretó fuertemente a él mientras sus manos iniciaban nuevamente un recorrido por el cuerpo de la mujer, le encantaba sentirla temblar por su toque, le gustaba oírla mencionar su nombre entre jadeos. Lucy gimió al sentir en primera instancia la erección de Natsu, con torpeza deslizó sus manos por el borde del bóxer de su esposo, Natsu adivinó sus pensamientos y el mismo se despojó de la única prenda que evitaba el contacto puro entre la desnudez de ambos cuerpos. Natsu tenía la mirada fija en los pechos de su mujer, rápidamente se inclinó sobre sus senos y tomó nuevamente posesión de uno de ellos, mientras que con su otra mano estimulaba el otro, para luego cambiar de posición.
–E-res c-cruel. –Susurró entre jadeos apenados. Él rió al verla todo sonrojada.
–¿Por qué? –Preguntó mientras una de sus manos se deslizaba lentamente hasta el punto íntimo de su esposa. Ella gimió al sentir el contacto de uno de los dedos de su esposo explorando su zona íntima.
El movimiento en aquella zona era lento y tortuoso, pero de igual forma placentero, la invasión de dos dedos dentro de ella, la hacían desear más y más de aquello. Natsu veía la escena frente a él tratando de captar cada una de las expresiones que la rubia hacía, era algo que no quería olvidar, incluso si pasaran años. Era algo digno de ver solo para él. Se dejó caer levemente encima de ella y con sus manos se sostuvo lo suficiente para no aplastarla con su peso, retirando ambos dedos de la entrada de su esposa y con suaves y lentas embestidas; él empezó a penetrarla. Ella enredó sus dedos en su cabello, y experimentó el placer mientras él se hundía lenta y cuidadosamente dentro de ella.
Quizás no era su primera vez, pero aún así él quería ser cuidadoso con la mujer que amaba, con la mujer que le sonreía cada mañana, con la única persona con la cual quería estar.
Solo ella.
Y
Solo él.
–Natsu. – Jadeó la rubia. Natsu sonrió al escuchar la voz entrecortada de su esposa. Tomó un leve impulso y su miembro terminó de entrar al sexo de Lucy, esta entreabrió los labios y soltó un suspiro ahogado.
–Me perteneces. –Jadeó. –Únicamente a mi me perteneces, Luuucy. –Con eso dicho, se hundió completamente en su cuerpo y empezó un vaivén entre ambos cuerpos, Lucy contrajo la respiración, la estaba penetrando tan intensamente que hasta podría soltar lágrimas.
Pero no lágrimas de dolor o tristeza. Eran lágrimas de gozo y placer.
–Natsu. –Gimió. –Dios… Natsu… –Su respiración estaba entrecortada, Natsu se separó para poder observarla, para poder disfrutar de aquel privilegio que era el poder verla sonrojada, jadeante y excitada por él, solo por él. –Natsu. –Murmuró ella cerrando los ojos mientras apretaba su espalda, este sacó su miembro para luego arremeter nuevamente con una fuerte embestida.
–Esto es un paraíso. –Gimió la rubia mientras buscaba besarle. Él la observó y decidió que la haría sentir más, que le daría lo que ella quería, lo que ellos querían. Entonces la embistió nuevamente, Lucy gemía y Natsu sentía que enloquecería de placer, el movimiento de caderas se hacía cada vez mas continúo, ella lo apretaba más fuerte y él se correría en cualquier momento, los gemidos de Lucy eran cada vez más finos, mas fuertes, más excitantes, hacían que cada movimiento, cada penetración, no fueran suficientes, necesitaba más de ella, más de lo que podían obtener, quería llenarla por completo y así mismo había sucedido, él la había llenado completamente, como en otras ocasiones, se había esparcido dentro de ella mientras que ella lo recibía de la misma manera. Una vez más volvió a aplastarla, su miembro se encontraba completamente en su interior.
–Natsu. –Logró decir ella, él la escuchó y una leve sonrisa se le escapó, decidió jugar nuevamente con su boca y ella lo recibió gustosa.
Y afuera llovía, incluso caían una que otra vez algunos truenos.
Pero ellos no eran capaces de escuchar nada del entorno que les rodeaba.
Solo eran capaces de escuchar el fuerte latir de ambos corazones conectados.
Quizás en aquel momento ninguno podía escuchar ni ver la lluvia.
Ya que ambos estaban demasiado concentrados en crear huracanes dentro de aquel lugar.
Porque quizás el amor no era fácil.
Pero se volvía más difícil, si no eran ellos quienes lo experimentaban.
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…
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Horas después. ~
–¿Estás nerviosa? –Preguntó Jellal al ver a la pelirroja avanzar lentamente por el lugar. –Pensé que te vendría bien algunos dulces. –Susurró.
–Estoy apenada. –Mencionó con la mirada fija en todo lo que había pedido y que Jellal no dejó que pagara. –Me he comportado como una niña al ver todo esto.
–Eres una niña muy graciosa. –Sonrió el hombre mientras la veía hacer un puchero.
¿Acaso esa mujer era consciente de las cosas que provocaba en él al hacer aquello?
–Tu color de cabello es muy bonito. –Mencionó repentinamente sin darse cuenta de aquello. Ella le miró fijamente. –No sé si te lo he dicho antes, no lo recuerdo, pero vale la pena que lo sepas.
–Gracias. –Susurró apenada.
–¿Por qué haces eso? –Erza le miró sin entender. – ¿Por qué te da pena reconocer tu belleza? ¿Acaso no eres capaz de aceptarlo?
–No. –Suspiró. –Quizás es que no estoy acostumbrada a este tipo de cosas.
–Yo tampoco estoy acostumbrado a estar alabando tanto a la gente; es curiosamente extraño. –Susurró frunciendo el ceño. A Erza aquello se le antojó adorable. Tomó un pedazo de pastel en una cuchara y le ofreció para que probara aquello, Jellal la miró con duda pero de igual forma aceptó aquello. Después de comer varios pedazos de aquella manera, algunas pequeñas manchas de crema adornaban la cara del hombre, Erza se dedicó con esmero y dedicación a quitar cada una con una servilleta.
Por eso nunca vio venir que aquel hombre del cual estaba ¿enamorada? Quizás era así, se apoderada de sus labios. Fue un simple roce que los unió, un simple roce que ambos habían deseado desde algún tiempo y que hoy, por fin se les cumplía. Erza se sorprendió, más no hizo nada para que Jellal se retirara. Y aquel simple roce con el pasar de los segundos fue creciendo en intensidad.
Quizás esa sería la mejor compra de dulces que Erza tuvo en su vida.
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Cuando te oigo decir,
"cariño, tu beso es como un antídoto".
Estoy peleando como si fuera Muhammad Ali,
pero me tienes contra las cuerdas.
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Fin del capítulo número 10.
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¡Hola!
Sí sí. Pasó largo tiempo. ¡PERO LLEGUÉ!
Mejor tarde, que nunca. ¿Verdad? xDD
Y traigo salseo 7u7r
Yo se que les gusta el salseo.
Lo presiento.
JAJAJAJAJA
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Si el capítulo fue de su agrado, por favor, dejen su review.
Si bien no vivimos por los reviews, ellos nos motivan y nos hacen saber que tanto les ha gustado nuestra historia.
Así que…
¿Reviews?
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De verdad que le agradezco mucho a la señorita Lilia, la que mencioné arriba, ya que me tuvo bastante paciencia con este capítulo.
Se lo mandé cuatro veces.
Y de las cuatro veces, el quinto fue el que me gustó
JAJAJAJAJAAJA
She's is my beta. Y su paciencia no tienen límites por lo visto xD
Y su tiempo, amo su tiempo.
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¡Muchas gracias a ustedes por leer!
No saben cuánto se lo agradezco.
Espero leernos pronto.
Aquí en este capítulo. Doy el NaLu & Jerza que me negaron en el final.
ME DUELES MASHIMA, ME DUEELEEEES.
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Rosse Schäfer.
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Rosse Valderrey - Fanfiction.
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Los versos que leyeron son de la canción ''Make me (cry)'' de Noah Cyrus.
ES HERMOSAAAAAAA.
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Saludos.
Rosse Valderrey.
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PD: RESPUESTAS A REVIEW, POR PM.
TARDÉ TANTO, UNA POR LO QUE YA DIJE, QUE EL CAPÍTULO NO ME GUSTA.
Y DOS, PORQUE LA PINCHE PAGINA DE FANFICTION NO ME CARGABA. PASÓ UNA SEMANA ENTERA SIN ABRIR.
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