Cualquier parecido con la realidad es pura locura.
Disfruten!
Capitulo 9: Ayuda.
El amanecer llegó nuevamente. La noche no había sido de las mejores, pues Sanji se había levantado varias veces agitado y bañado en sudor. Si no conseguían algo para combatir la enfermedad, no sabían qué podía pasar.
- Sanji ¿crees que puedas aguantar un rato solo? – Preguntó Yui mojando el pedazo de tela en agua que mantenía en un sombrero que había robado a los piratas que la atacaron – Quiero ir a ver si hay algún pueblo o algo.
Él asintió, sus mejillas estaban rojas y su rostro estaba perlado en sudor. La chica salió rápidamente de la cueva y extendió sus alas ignorando el dolor que esta acción implicaba. Despegó y rodeó toda la isla en busca de alguna civilización que pudiera ayudarla. Sólo encontró una casita en medio de la isla y bajó para investigar al verla.
Era una cabaña muy simple. El techo era de un color rojo desteñido, al igual que la puerta. Las paredes parecía que alguna vez fueron blancas pero ahora eran de un color gris gastado por la lluvia y el tiempo. Se acercó cautelosamente y toco la puerta tres veces.
- ¿Quién es? – Se escuchó desde dentro.
- ¿Hola? Me extravié en esta isla con un amigo, él está sufriendo una alta fiebre y quería saber si usted puede ayudarlo – dijo, esperando que la persona del otro lado de la puerta pudiera ser de ayuda.
La puerta se abrió mostrando a una mujer de no muy avanzada edad, debería tener 40 o 50 años, no más. Tenía el pelo rizado negro y los ojos celestes claro, su piel era pálida y tenía un lunar cerca del ojo derecho. Se parecía tanto a su madre Emma que se quedó paralizada un segundo, antes de darse cuenta que no era su progenitora. Su madre era más baja y de cabello lacio.
- ¿Qué miras tanto? – Preguntó algo incomoda por la mirada impresionada de la joven.
- Arere perdón, es que se parece demasiado a mi madre, pero sé que no es usted – se disculpó.
- Descuida, ¿y tu amigo? – Preguntó con una ceja alzada mirando alrededor en su búsqueda.
- ¿Eh? Ah, él se encuentra en una cueva muy cerca de aquí ¿quiere que lo traiga o yo la llevo? ¿O me da las medicinas y yo se las doy a él? ¿Cómo hacemos? – Preguntó sin tomar aire para respirar, estaba apurada, quería ayudar lo más pronto posible a que Sanji se recuperara.
- Primero quiero ver a esa persona para saber que no mientes – dijo desconfiada. El parecido con su madre era increíble.
- Claro, claro – ella asintió –. ¿Quiere que lo traiga? No tardaré más de cinco minutos – preguntó apresuradamente.
- ¿No dijiste que estaba en una cueva? Tardarás mucho más de cinco minutos en recorrer todo ese camino – replicó.
- No – negó con la cabeza –. No iré caminando. Ahora vuelvo – dijo extendiendo sus alas. Y se alejó volando ante la mirada estupefacta de la mujer.
- ¡Sanji! – Lo despertó.
- ¿Hm? ¿Qué pasa? – Preguntó adormilado, sí que se veía cansado. Enfermo y cansado.
- Encontré a una mujer que dice que puede ayudarte, pero que primero quiere conocerte. Así que levántate que te llevo – lo ayudó a incorporarse mientras le explicaba todo.
- ¿Una mujer? – Preguntó confundido.
- Sí, parece bastante confiable ¿qué dices? ¿Quieres ir?
- Si-si Yui-chan está de acuerdo, yo también – dijo poniéndose de pie.
- Bien – el rubio se tambaleó y la pequeña se acercó para ayudarlo –, cuidado – lo subió a su espalda y salió volando.
- Vaya que está mal, no ha hecho ningún comentario pervertido desde anoche y se comporta demasiado suave. Este no es el Sanji que yo conozco – pensaba la pelinegra mientras movía sus alas y se acercaba a la vieja cabaña.
Como había prometido, en menos de cinco minutos estuvieron de vuelta en la casa de la mujer. Hubieran tardado menos, pero Yui tuvo que bajar la velocidad al sentir como sus alas le ardían, el tirón de Luffy y el maltrato de la noche anterior hacían efecto en ella.
Bajaron lentamente y aterrizaron suavemente sobre la tierra seca que rodeaba la pequeña casa, se acercaron a llamar a la puerta y nuevamente la mujer salió a atenderlos.
- Veo que no mentías – la chica asintió.
- Él es Sanji, ayer llegamos a esta isla luego de un accidente – la mujer empezó a guiarlos por dentro de la cabaña –, y al estar el agua muy fría se enfermó. Creo que le dio gripe, desde ayer tiene una fiebre muy alta y no sé qué hacer. Estuve toda la noche poniéndole paños fríos tratando de que le bajara la temperatura, pero no funciona por mucho tiempo – explicó la quinceañera mientras ayudaba al rubio a acostarse en una cama que les proporcionó la dueña de la casa.
- Entiendo, veré que puedo hacer. Por cierto, mi nombre es Ray y soy doctora – se presentó con una sonrisa amable.
- Arere qué alivio que sea una doctora. Mi nombre es Ichimoku Yui y soy... ¿un ángel? – Se presentó con algo de duda.
- Descuida, ya me había dado cuenta de eso – hizo un gesto y luego fue a otra habitación en busca de sus instrumentos médicos.
- En serio le agradezco, cuando nos encontremos con nuestros nakamas le pagaremos – prometió la joven, sentada al lado del rubio que perdía la consciencia a ratos.
- No es necesario, hago esto por placer – negó con la cabeza.
- Insisto.
- Ehm, bueno – se rindió, mientras empezaba a desabotonar la camisa del rubio y revisaba sus signos vitales.
Yui no entendía mucho de medicina, pero recordaba la vez que algo similar le pasó a su hermano. No prestó mucha atención al examen médico de la mujer y enfocó la vista en una pequeña biblioteca llena de libros.
Se acercó para ver los títulos y no se sorprendió al no reconocer ninguno. Era algo obvio que no existirían los escritores de su mundo en ese lugar.
- Puedes leer cualquiera de esos si quieres – dijo Ray al ver el particular interés de la chica.
- No, pero gracias, necesito anteojos para leer y en este momento no los tengo conmigo – se encogió de hombros.
- Ah, es una pena, hay unos muy interesantes en ese estante – señaló el tercer estante.
- ¿Estos? – Yui miró los títulos, todos eran de medicina. Una gotita de sudor corrió por su nuca, era obvio.
- Bueno, ya terminé. Tiene una gripe algo fuerte, pero con esta medicina se recuperará en un par de horas. Pueden quedarse el tiempo que necesiten – dijo Ray con una sonrisa amable.
- Muchísimas gracias – sonrió en forma de agradecimiento.
- No es nada. He de suponer que tendrás hambre, iré a preparar una sopa.
- No se preocupe, no tengo la necesidad de comer – respondió sentándose al lado del rubio, cuidando su sueño.
- ¿De verdad? – Ella asintió – ¿Te molestaría si te hago algunas preguntas?
- Arere no, pero preferiría que sea en otro lugar, Sanji no durmió en casi toda la noche – dijo mientras miraba el rostro del rubio, cada vez adquiría más color, Ray no perdió de vista la mirada del ángel al cocinero.
- De acuerdo, ven a la cocina – respondió con una sonrisa traviesa mientras le mostraba el lugar.
Yui la siguió y luego contestó a todas las preguntas de su anfitriona, aunque hubo muchas a las cuales no tuvo una respuesta.
- ¿Sueles dormir?
- Normalmente no, pero cada tres días caigo desmayada y nada puede despertarme. Según lo que me dijeron, suelo hablar dormida después de la media hora. Pero no me gusta nada, esos sueños... – se estremeció.
- ¿Tienes frío? ¿Quieres que te traiga algo? – Preguntó preocupada.
- No, tampoco soy capaz de sentir frío o calor.
- ¿Ah? ¿Cómo es eso?
- Arere, la verdad es que ni yo lo llego a entender – soltó una carcajada –. Puedo saber cuándo hace calor y frío, porque el ambiente es distinto, pero... – hizo una pausa – no sé cómo explicarlo, mi cuerpo se mantiene a una misma temperatura todo el tiempo, supongo... – respondió dudosa.
- ¿Y las comidas? ¿Puedes sentir el sabor de las cosas? – La mujer anotaba todo en una libreta, estaba muy emocionada de conocer algo nuevo y extraño.
- Claro, por lo general acompaño a todos mientras comen, pero no es necesario, lo hago más por gusto que otra cosa – explicó con una sonrisa –. El chico que me acompaña es el cocinero de la tripulación, hace unos platos deliciosos. Nunca probé algo igual – dijo sonriente.
- Ah, si es así entonces cuando se recupere tendrá que cocinarme algo – esbozó una sonrisa. Hasta en eso se parecía a su madre, era la misma sonrisa.
- Espero que se recupere pronto – susurró Yui con la vista en la puerta de la habitación en la que el rubio descansaba.
- Seguro que lo hará, es sólo un resfriado algo más fuerte. No tienes que preocuparte tanto – pidió con una sonrisa. Se le hacía gracioso como la niña reaccionaba –. Volviendo al tema de antes, ¿Envejeces?
- No lo sé, solo llevo un mes más o menos en esta condición – respondió olvidándose momentáneamente de sus preocupaciones.
- ¿Y has tenido tu periodo en ese tiempo? – La joven enrojeció y asintió – ¿Fue normal?
- No, la sangre fue más oscura, casi negra – respondió con un gran sonrojo –. ¿Podemos cambiar de tema? – Pidió avergonzada.
- Claro, claro – rió de la inocencia de la joven –. Dijiste en esta condición ¿qué eras antes? – Preguntó con curiosidad.
- Arere humana, claro – rió –. Hubo un accidente y fallecí, fue algo muy doloroso – se abrazó a sí misma, no quería tener que recordar eso –, hacía tanto frío. La muerte o lo que sea esa cosa me dijo que no tenía que morir y me envió a este mundo – no dijo nada más, no le gustaba hablar de ese tema.
A pesar de la curiosidad que embargaba a Ray, ella no hizo más preguntas de ese estilo. La hora del almuerzo ya estaba próxima y tuvieron que interrumpir el interrogatorio para que la mujer se pusiera cocinar.
- A mi esposo le encantaría conocerte – dijo la mayor mientras revolvía algo en una olla.
- Arere ¿y dónde está? – Preguntó el ángel.
- Fue a cazar, debería regresar pronto – justo en ese momento se abrió la puerta de la entrada.
- Ray, ya llegué – anunció mientras se dirigía a donde las chicas se encontraban –. Encontré a unos hombres muy heridos en el camino y los traje para que les ayudaras – se interrumpió a media frase al ver al ángel –. Oh, veo que hiciste una nueva amiga. Mucho gusto mi nombre es Ben.
El hombre que se presentaba ante Yui era alto, algo robusto, de piel bronceada y tenía la apariencia de alguien que pasa días sin afeitarse. El cabello castaño claro lo llevaba algo corto y los ojos negros parecían amables. Ese tal Ben era idéntico a su padre Charles, a diferencia del cabello, el marido de Ray lo tenía más claro.
- H-hola, soy Ichimoku Yui, encantada de conocerlo – tartamudeó sorprendida, el parecido de ambas personas con sus padres era demasiado.
- Como te decía Ray, un grupo de hombres fueron atacados y están muy heridos, tenemos que ayudarles – pidió con urgencia. Algo le parecía extraño a Yui.
- ¿Cuantos hombres son? – Preguntó la pelinegra temiendo lo peor.
- Cinco. ¿Hay algún problema? – Preguntó sorprendido por la expresión de enojo que adoptaron las facciones del ángel.
- Más les vale que sean otras personas – susurró mientras se dirigía a la salita.
Ray y Ben se miraron entre sí confundidos y decidieron seguir a la muchacha.
Al doblar por la puerta que daba con la entrada de la cabaña los vio, eran los mismos tipos que la habían acosado ayer en la noche y que al volver por sus cosas el ángel había atacado. El que estaba en peor estado era el que había abusado de ella.
Todos los hombres temblaron de miedo al verla, el poder que Yui poseía estando furiosa era devastador, la sola presencia que sintieron de la muerte al verla volver en medio de la noche ya era escalofriante, sin embargo, el poder de pelea que demostró tener en ese estado era de temer. Esos hombres hacían bien en estar asustados.
- ¡Es la niña de anoche! – Gritó asustado el líder.
- ¡Tú! – Gritó furiosa la joven mirando al que había osado robarle su primer beso, el viejo que tendría unos treinta años tembló al ver la potente aura que emanaba de la quinceañera. Él no había visto el poder que poseía el ángel, ya que había quedado inconsciente con los ataques de Sanji.
Ben y Ray observaban incrédulos cómo la joven enfurecida tenía esa aura maldita. Yui desenfundó una de sus katanas y se acercó al tembloroso hombre con la cicatriz debajo de la barbilla.
- ¡Eres un maldito que merece morir! – Apuntó al corazón del hombre –. Espero que sufras una muerte lenta y dolorosa ¡quiero que te duela el haber robado mi primer beso!
- ¡Yui! ¿Qué haces? – Gritó Ray, quien no podía creer que tan dulce niña fuera tan cruel.
- ¡Este asqueroso, sucio, viejo pirata abuso de mí! ¡Lo mataré! – Gritó enojada – ¡Es una suerte que mis katanas absorban la vida, no quisiera ensuciarlas con tu sangre inmunda! ¡Eres un maldito!
- ¡Niña! Tranquilízate – pidió Ben –. ¡No querrás hacerlo! – utilizó la misma frase que Sanji pronunció anoche.
Yui volteó la mirada, sorprendida. Él tenía razón, sabía que si lo hacía luego se arrepentiría. Enfundó su katana y desapareció por la puerta que daba a la habitación de su nakama. Poco a poco el ambiente de la sala se tranquilizó, Ray curó a los hombres y éstos, luego de dar las gracias, se fueron asustados a su barco.
El ángel estaba sentada abrazando sus piernas dentro del armario que se encontraba en la habitación que su nakama enfermo descansaba. Era tan pequeña que no le incomodaba el espacio reducido.
No estaba enojada, no del todo. Simplemente estaba decepcionada y triste de que su primer beso hubiera sido con un sucio y asqueroso hombre desconocido. No es que quisiera un beso bajo la lluvia ni nada de eso, pero por lo menos podría haber sido con alguien especial. En ese momento no se le ocurría ninguna y al mismo tiempo pensaba muchas personas, aunque nadie lo suficientemente especial, pero tal vez dentro de algún tiempo...
De todos modos, recordar esa escena le causaba nauseas. La forma en que ese viejo la había tocado no le había gustado para nada. Yui no era una persona muy cariñosa, pocas veces demostraba algún tipo de afecto físico, por lo general, sólo cuando estaba muy emocionada.
Sin embargo, ese desconocido había logrado algo que en quince años nadie había hecho, robarle un beso, un asqueroso y pudoroso beso, que en nada era del gusto de la joven. Y ahí estaba, lamentando no haber podido ser lo suficientemente fuerte emocional y físicamente para haber podido rehusarse al toque de aquel maldito pervertido.
Además sus alas aun se sentían resentidas. Eran muy sensibles y el maltrato que habían recibido en la mañana anterior por parte de Luffy, más la noche anterior que la forzaron a mantenerse en una posición incómoda por culpa de la cuerda, no dejaban que se recuperaran tranquilamente y le dolían, pero tenía que volar por el bien de Sanji. Aunque ahora ya podía recuperarse tranquilamente.
Cansada de no hacer nada más que lamentarse, salió en silencio del armario y escapó por la ventana.
El ángel había salido sin dar ninguna explicación más que la de una nota diciendo que iría a entrenar y ahora estaba en medio del bosque, entrenando. Cortaba las ramas de los árboles mientras aumentaba su energía maldita. Ya estando más calmada, enfundó sus shihenomichis y se sentó en el suelo a meditar como Zoro le había enseñado.
Un aura negra rodeaba su figura y en algunos momentos, partes de su cuerpo desaparecían por largos minutos. Con muchas horas más de entrenamiento, Yui estaba segura de que podría hacer invisible todo su cuerpo, aunque fuese sólo por unos segundos.
Segundos, minutos, horas. El ángel no sabía cuánto tiempo llevaba en ese lugar, pero el sol ya estaba a punto de ocultarse y tendría que volver.
Abrió sus ojos lentamente y se levantó con cuidado, desenfundó sus katanas para recuperar la energía perdida y miró hacia el cielo.
- Arere creo que debería volver – dijo emprendiendo el camino hacia la casa. No volaría, sólo caminaría.
En menos de veinte minutos estuvo de vuelta, se tardó más de la cuenta ya que caminando se tardaba más que volando.
Tocó la puerta tres veces y espero a que le abrieran. Ray abrió y lo primero que hizo fue abrazarla.
- ¡Dios! Estaba tan preocupada, no sabía qué podría haber ocurrido – murmuró en su oído.
Esa escena le hacía recordar tanto a la vez que quiso escapar de su casa yendo a vivir a la plaza… Tenía 10 años en ese entonces y su padre a pesar de que no la golpeaba, la trataba muy mal. Sobrevivió menos de un día ya que Luke de doce años la encontró y le llevó de regreso a su casa. Su madre la abrazó con tanto amor y preocupación al verla volver que Yui no pudo evitar llorar porque la había extrañado. Después la había reprendido pero claro, haciéndola prometer que no intentaría escapar otra vez.
Y ahora estaba tan lejos de su hogar, sin saber si su progenitora seguía respirando, luchando por vivir la vida que ella no pudo tener. Ese abrazó tan cálido por parte de la desconocida le hizo recordar tanto a su madre que no pudo evitar soltar algunas lágrimas.
- Mamá – lloriqueó contra el pecho de la mujer. Se aferró a Ray con tanta necesidad que la mujer con instinto maternal la llevó al sofá y la dejó llorar tranquilamente contra sí –. No, no quiero llorar – pensó mientras se alejaba de ese cálido abrazo –. Lo siento mucho, no quería incomodarla de esa manera y mucho menos manchar su ropa – se disculpó con una mueca en sus labios, no había pasado ni un minuto en los brazos de esa mujer, no quería pasar mucho tiempo en ese abrazo porque si no creería que todo fue un sueño y pensaría que estaba con su familia otra vez.
- No te preocupes por eso, ¿ya estás bien? – Preguntó la señora decepcionada de que la joven hubiera rechazado su muestra de afecto.
- Sí – respondió con la voz algo ronca –. ¿Cómo está Sanji? – Preguntó preocupada, no había pensado en él cuando se metió en el bosque a entrenar.
- Mucho mejor, hasta hace un rato estaba despierto pero creo que se volvió a dormir. Ray hace milagros – respondió Ben con una sonrisa orgullosa, en eso no se le parecía en nada a su padre.
- Bueno, muchas gracias por todo, iré a verlo – agradeció y desapareció por la puerta rápidamente.
- Esa niña se parece mucho a Shanon – susurró la mujer con tristeza, Ben se acercó a abrazarla.
- Ya lo sé, pero ella no es nuestra hija. No deberías tratarla así – le recriminó el hombre, Ray asintió con pesadumbre pero no negó nada.
- ¿Sanji? ¿Estás despierto? – Preguntó al entrar a la habitación. No recibió respuesta por lo que supuso que seguía dormido. Con cuidado en no hacer ningún ruido, entró silenciosamente al dormitorio y se sentó en una silla con uno de los libros del pequeño librero.
Sólo pasaron cinco minutos hasta que el rubio despertó, esta vez no había tenido ninguna pesadilla.
- ¿Yui-chan? – Preguntó al despertar.
- Arere. Buenas… ¿tardes? ¿Noches? Mmm… no sé – se encogió de hombros mientras cerraba el libro que tenía en sus manos –. ¿Cómo te sientes?
- Mucho mejor – su voz ya no era un susurro –. ¿Pasé mucho tiempo dormido? – Se incorporó hasta quedar sentado dejando su pecho al descubierto. Yui se sonrojó y desvió la vista para que el rubio no lo notara.
- Quien diga que Sanji sólo ejercita sus piernas está equivocado – pensó la pelinegra – N-no, creo que no – respondió sintiéndose culpable de haberlo dejado solo en ese estado.
- ¿Fuiste a entrenar? – Preguntó él.
- Sí, necesitaba hacer algo. Perdón, no pensé que te quedarías solo – se disculpó.
- No, no es nada, no te preocupes, pero si sigues entrenando así te volverás como el marimo – bromeó.
- Claro, claro, jamás seré como Zoro. Mi meta no es la misma que él, por lo que sólo entrenaré duramente hasta ser lo suficientemente fuerte para no depender de nadie – afirmó con los brazos cruzados y con una sonrisa en sus labios.
- ¿Tienes una meta? ¿Cuál es? – Obviamente el cocinero tenía curiosidad.
- Una gran familia feliz – sonrió con sencillez, logrando que Sanji se sorprendiera por la sinceridad de la chica.
- Yui-chan si quieres yo seré parte de esa familia~ – dijo en estado mellorine antes de ser golpeado por el libro que antes leía el ángel.
- Arere ¿no te das cuenta? Ustedes ya son una gran familia, yo sólo quiero ser parte de ella – admitió avergonzada.
- Hm, supongo que lo somos – aceptó con gesto pensativo –, pero tú te uniste a nosotros cuando aceptaste ser nuestra nakama.
- ¿Tú crees? – Él asintió – Soy una mugiwara – afirmó con una sonrisa feliz, a pesar de todo lo que pasó en ese último mes, aun podía tener una vida.
- Yui-chan tu sonrisa es tan bonita~ Aah, cómo me gustaría ser yo la razón de que una chica tan linda fuera así de feliz~ – se removió en su estado mellorine, su ojo se había convertido en un corazón.
- ¡Baka! – Lo golpeó con el libro.
- Ya, valió la pena – murmuró acariciándose el chichón que tenía en la cabeza.
- Se nota que te sientes bien, eso es bueno – dijo recuperando su libro.
- Ray-san hace milagros.
- Arere su esposo dijo lo mismo – rió hasta que recordó que ambos se parecían demasiado a sus padres, tanto se ensombreció su expresión que el rubio se preocupó.
- ¿Yui-chan? ¿Qué pasa? – La tomó de la barbilla haciéndola levantar la vista.
- Nada, no es nada – mintió enseñándole una sonrisa que se notaba a distancia que era falsa, ignorando la poca distancia que había entre sus rostros.
El cocinero entendió que ella no quería hablar del tema, por lo que la soltó y trató de distraerla con banalidades.
- ¿Quién crees que sería el padre? – Preguntó, el ángel lo miró confundida – De la familia de la que estabas hablando.
- Arere, no sé si sea necesario un padre, pero Eiichiro Oda, el que creó el manga – aclaró al ver la expresión de confusión en el rostro de su nakama –, dijo que se suponía que el padre era Franky y la madre Robin*.
- Robin-chwan es la más hermosa de las madres~ aunque vaya padre, andando en tanga todo el tiempo y después dicen que estamos locos – negó con la cabeza, cabizbajo.
- Arere – rió – creo que fue más por la edad, aunque yo no me opondría si ellos quisieran formar una pareja – sonrió al ver la cara de desconcierto del cocinero.
Se mantuvieron unos segundos en silencio, Sanji sabía que Yui le ocultaba algo, pero no quería presionarla, si lo hacía era más probable que no le dijera nada que si le daba su espacio.
Yui, en cambio, ya de por sí sentía mucha presión. Al estar en el armario oculta había encontrado una carta y curiosa como era, no pudo evitar leerla.
Era de una joven dirigida a sus padres antes de morir hace ya un año, una foto acompañaba al escrito. La muchacha de la imagen tenía un increíble parecido con ella misma, salvo por los ojos celestes de la chica desconocida y la piel que se veía muy pálida, muy enferma.
Eso eran demasiadas coincidencias, pero no podía asegurar que ellos fueran sus padres. Era más probable que fueran una familia alterna, aunque si fuera cierto, aún faltaba Luke, o la copia de Luke. Algo que la mantenía muy intranquila, más que lo demás.
- Ray y su esposo Ben se parecen a mis padres – soltó de repente.
- ¿Qué? ¿D-de verdad? – El rubio abrió los ojos sorprendido, así que eso era lo que le ocultaba – ¿Y cómo te sientes? – Yui se encogió de hombros.
- No lo sé, supongo que normal, pero hace un rato encontré esta foto y esta carta – le mostró los objetos –. Falta Luke ¿sabes? Si no fuera por eso, creo que estaría mejor, todo esto me hace pensar que mis padres también fallecieron y si es así Luke está solo, afrontando todo esto solo – dijo en un susurro.
- Según por lo que me contaste, él es fuerte, sabrá reponerse. Y por tus padres, no sé qué decirte, tal vez sea cierto, tal vez no, pero Ray y Ben son distintas personas, no importa la apariencia, en el fondo no son iguales – dijo tratando de confortarla.
- Uhm, supongo que tienes razón, pero el sólo hecho de pensar que mi hermano está solo me hace sentir mal – respondió apoyando la cabeza en la cama y ocultando su rostro con sus brazos –. Por momentos me gustaría volver, sólo para despedirme – su voz se sofocaba al estar tapada –, no quisiera quedarme allí, me gusta estar con ustedes.
Sanji no respondió, sólo le acarició la cabeza tratando de reconfortarla. No podía imaginar todo lo que la joven de quince años estaba soportando, el sólo ver como se derrumbaba, pero siempre tratando de mostrar una sonrisa, le hacían admirar la fuerza emocional de la joven.
- En serio me gusta estar con ustedes, puede que ninguno me conozca, pero yo los conozco de casi toda mi vida – su voz sonaba casi adormilada.
El rubio asintió sin decir palabra y siguió acariciándole la cabeza. Notaba como el ala derecha de la chica temblaba levemente desde hace rato, lo cual lo dejaba muy intrigado. Alzo la mano y lentamente rozó en el lugar donde empezaban a surgir las plumas. Yui se enderezó rápidamente con un gesto de dolor.
Se tomó el ala con mucho cuidado y miró enojada a quien había recordado su lastimadura.
- ¿Estás bien Yui-chan? – Preguntó preocupado.
- S-sí, no es nada – su voz parecía contener el llanto.
- ¿Qué es? – Preguntó ya serio y preocupado.
- N-nada, sólo me duelen las alas. No hay de qué preocuparse – procuró no darle la espalda, sentía cómo después de ese roce le ardía.
- Yui-chan, ¿me dejarías ver tu espalda? – Pidió con amabilidad, ella negó con la cabeza, como una niña pequeña – Por favor.
Con un suspiro se dio la vuelta, su camisa blanca tenía dos únicos tajos para que la tela no molestara a sus alas, pero por ellos se podía ver como toda la piel cercana al comienzo de las plumas estaba de un color violeta oscuro, cuando normalmente era de un rosa muy pálido casi blanco.
- ¿Q-qué te pasó? – Preguntó preocupado mientras trataba de ver a través de la casi transparencia de la tela.
- Luffy tiró de mi ala tratando de que yo no cayera al mar y anoche los piratas me doblaron las alas para que no huyera – explicó mientras le volvía a mirar a la cara.
- Deberías mostrarle esto a Ray – dijo.
- No creo que sirva de mucho, ningún humano suele tener alas en la espalda – negó con la cabeza.
- De todos modos, no puedes estar así – frunció el ceño, podía ver la sincera preocupación en su ojo.
- Arere – suspiró, resignada – Está bien, le pediré que me revise – dio por terminada la conversación –, pero tú debes descansar, ese es el trato – se cruzo de brazos, acto que, si sus alas estuvieran bien, hubieran imitado.
- Trato hecho, pero primero te revisas – extendió su mano.
- Hm bueno, ahora vuelvo con la opinión de Ray-san – dijo con una sonrisa satisfecha, poniéndose de pie. Sus alas se arrastraron por el suelo siguiendo los pasos de su dueña al salir del dormitorio.
- Vaya que está mal. Tsk, y ella preocupándose por mí, qué cabezota – sin embargo, a pesar de sus palabras, no pudo evitar una sonrisa. Algo en su interior se removía cada vez que Yui sonreía, algo muy fuerte, algo que hasta aquel día no había sentido con nadie y a lo que aún no le encontraba nombre.
*En un SBS, un fan preguntó que, si los Sombrero de paja fueran una familia, qué papel representaría cada uno de ellos. Cuando esta pregunta fue formulada, Brook no era miembro aún. En un SBS posterior, Oda dijo qué miembro de la familia sería Brook.
Monkey D. Luffy :cuarto hijo
Roronoa Zoro : primer hijo
Nami : hija (no especificó en que puesto)
Usopp : tercer hijo
Sanji : segundo hijo
Tony Tony Chopper : hijo menor o mascota
Nico Robin : Madre
Franky : Padre
Brook : Abuelo
Hola! siento mucho la tardanza, pero hubo ciertos problemas. Originalmente este cap no era tan largo pero me parecia que faltaba algo más y luego puse más y al final lo tuve que cortar poniendo esa ultima escena...
Espero que les haya gustado y dejen algun review.
Saludos!
Tazusa Inverse
