10. No Llores…

Arthur lo miro fijamente con seriedad, luego sonrió con cierto gesto burlón y se acerco caminando lentamente hacia el grupo de jóvenes. Sus pasos resonaron con fuerzas en la silenciosa embarcación, toda la atención estaba en el joven inglés y el chico mexicano.

—Así que vienes, te subes a mi barco y me desafías así como así — señaló sin detener sus pasos — O eres un joven sumamente valiente, o totalmente un estúpido.

La mirada de Francisco reflejó la molestia que le causo oír aquella última frase. Actitud que hizo que Arthur sonriera aun más.

— Supongo que estás listo a lo que te espera, si no logras derrotarme, condenaras no solo tu vida, sino que las de tus amigos — agrego deteniéndose frente al joven.

— Y nosotros estamos listos a pagar las consecuencias — agrego Diego con actitud desafiante.

Rafael no podía aun creer, que aquel joven de cabellos oscuros y despeinados, fuera realmente Francisco. Recordaba claramente cuando él lo trato como si no fuera más que un estorbo, y ahora aquí, frente a sus ojos, estaba desafiando a Arthur a pelear, ¿acaso lo hacía para rescatarlo?.

— Al parecer mi pequeño latino — susurró Francis en el oído a Rafa —, no te han olvidado.

El chico de cabellos oscuros sonrojo inmediatamente, tal vez por la cercanía de Francis o por lo que acababa de escuchar.

— Idiotas — murmuró Arthur mirándolos con frialdad. Saco su espada lentamente y poniéndose en posición, se lanzo a atacar a Francisco.

Ambas espadas resonaron al chocar sus filos, los jóvenes se miraron con dejos de rabia y rivalidad. Pero Arthur contaba con algo que aun le faltaba a Francisco, experiencia. Y sabiendo que la atención de Pancho estaba en su espada, aprovecho a golpear las dos piernas de Francisco, haciéndolo perder el equilibrio.

El joven México enseguida trato de recuperarse, justo a tiempo, ya que vio pasar justo frente de si, la espada de Arthur, que peligrosamente estuvo a punto de golpear en su rostro. Su expresión se torno más seria e inmediatamente apenas pudo levantarse se lanzó contra Arthur haciendo que ambas espadas volvieran a resonar. Sin embargo cuando sentía que llevaba el control de la pelea, noto como una sonrisa irónica se dibujaba en el rostro del joven inglés.

— Aun te falta mucho — exclamó, y antes de que Francisco pudiera reaccionar, movió su espada más rápido y le lanzo otro golpe directo contra la espada de Pancho, enseguida volvió a darle otro golpe y otro más, notando que el brazo de Francisco resistía menos con cada golpe. — Ni siquiera, niño, sabes lo que es pelear con piratas, ¿Tan descuidado es Antonio que los manda a enfrentarse a mi sin siquiera entrenarlos? — decía esto sin detener sus golpes, cada vez atacando con más rabia. — ¡Esto no es un juego! — y al decir esto lanzo un golpe tan violento contra Francisco, que la espada de México se partió en dos cayendo a los pies de Manuel y Diego, quienes impávidos vieron como la sangre de Francisco salpicaba la espada de Arthur y su cuerpo se levantaba por el golpe, cayendo con violencia a sus pies.

— ¡Francisco! — Gritó Rafa, intentando acercarse, pero Francis lo afirmo fuertemente de ambas muñecas —, ¡Francisco, reacciona! — le gritaba tratando de zafarse de las manos de Francia.

Diego y Manuel se acercaron rápidamente, levantando sus espadas para detener los ataques de Arthur. Pero este ya no tenía las intenciones de atacar, solo miraba la sangre que envolvía su espada. Francisco se quejaba de dolor de las heridas que le produjo el ataque, pero aun así trataba de levantarse para continuar la pelea, Diego sin embargo lo detuvo con fuerzas y movió la cabeza negativamente.

— No… Diego… no… nos podemos… rendir — exclamo México tratando de detener con su mano la hemorragia de su propio cuerpo.

— Si te dejo continuar morirás — respondió Diego mirándolo fijamente.

— Si he de morir luchando, lo haré…

— No digas eso, que sentirá Rafa si tu mueres. — agregó desesperado.

— Rafa… — débilmente observo a Rafa, quien a su vez detuvo su mirada fija en él, noto que las lágrimas corrían por las mejillas pálidas del joven Costa Rica. — No… llores… mí… Rafita… — murmuro cerrando los ojos lentamente y estiro su mano en dirección a Rafa.

Apenas vio esto, Rafa quiso ir enseguida a su lado, pero Francis no lo dejaba, aun viendo la desesperación del joven. La mano de Francisco cayó suavemente sobre la cubierta y sus ojos se cerraron.

— Voy a tener que desinfectar mi espada de esa sangre tan inmunda — agregó Arthur con gesto de desagrado. Sin sentir ni la más mínima compasión hacia los jóvenes.

Manuel volteo con rabia, había escuchado lo que acababa de decir Arthur y esas frases le habían hecho enfurecer.

— ¡No me importa si arriesgo mi vida, pero a este weón lo voy a matar! — y diciendo esto se tiro encima de Arthur, quien sin esperárselo no alcanzo a detener el ataque. Y como se encontraba a la orilla de la cubierta cerca del mar, perdió el equilibrio cuando Manuel se abalanzo sobre él, cayendo ambos al mar.

Pero el joven inglés fue más desafortunado, porque al caer se golpeo la cabeza y semi inconsciente cayo al océano, debido a esto no lucho en las aguas contra Manuel, cuando este lo empujo violentamente tirándolo hacia el fondo del mar. Manuel empezó a nadar enseguida hacia la superficie, pero se detuvo y volteo notando que el pirata se hundía sin hacer el intento de nadar, ahí se dio cuenta que estaba inconsciente. Miro hacia la superficie, titubeo y con fastidio se tiro a rescatar a Arthur. Nado rápidamente hasta alcanzarlo pero no pudo subir a la superficie, una fuerte corriente marina los envolvió enseguida arrastrándolos en dirección horizontal.

En el barco, Diego inmediatamente hizo el ademán de lanzarse al mar, al notar que había pasado demasiado tiempo y Manuel aun no subía a la superficie.

— Si quieres morir hazlo — señaló Francis. — Ustedes ni conocen el mar que baña sus tierras, aquí corren corrientes submarinas de más de mil nudos, si ambos se sumergieron tanto como para alcanzar esas corrientes, difícilmente los volveremos a ver algún día…

— Tu amigo se cayó también, ¿es que acaso te da lo mismo? — Diego lo miro seriamente.

— No, pero confió en que con su experiencia sabrá cómo salir de esta, algo con lo cual, vuestro compañero no cuenta…

— ¡Iré a buscar a Manu! — exclamó Diego molesto.

— ¿Dejaras a ese joven morir desangrado? ¿Y a este jovencito a mi merced? — al decir esto abrazo fuertemente a Rafa forzándolo a mirarlo a los ojos.

— Maldito… — murmuró Diego con más rabia, levantando sus manos, al notar que el resto de los piratas lo amenazaban con sus armas.

— Mientras Arthur este ausente, me haré cargo de su embarcación — exclamó Francis acercándose a Diego sin soltar a Rafa — Ni te imaginas como nos vamos a divertir, pequeño.

El cielo se encontraba completamente oscuro, cubierto por el manto de la noche, cuando Manuel con lo último que le quedaba de fuerzas, arrastro a Arthur, aun inconsciente, a la orillas de aquellas cálidas arenas. Había luchado por horas contra el mar, luego de poder salir de la corriente marina, y nadando llevando consigo a Arthur hasta llegar al fin a tierra firme.

— Debí dejarte morir — murmuro Manuel cansado fijándose en el rostro de Arthur — espero… mañana no arrepentirme de esto… — y al decir esto, cayó al lado del joven inglés, cansado y sin tener más fuerzas para levantarse, se durmió, sintiendo el murmurar de las olas.