Sangre.

El sonido del revolver anegó sus oídos con un profundo eco ensordecedor en cuanto abrió la puerta, viendo el cuerpo de un hombre caer a los pies de su joven amo.

―¿Mi señor? ―inquirió Sebastian con recelo.

―Estoy bien―contestó el contrario, sacando un pañuelo de uno de sus bolsillos, limpiando la respectiva arma que sostenía con la mano derecha para después guardarla.

Sebastian notó que el escenario era claramente adorable. El cuerpo inerte, la sangre tiñendo una caritativa fracción del piso sucio y el aspecto tétrico de la habitación era algo que el demonio había extrañado ver, pero, ciertamente, lo más encantador de todo era su joven amo con esa expresión de fastidio en su mirada ―aquella que había añorado en días anteriores― y las ligeras gotas de sangre cayendo cuesta abajo por sus blancas manos y parte de su rostro.

―No está muerto todavía―aclaró entonces Ciel, pateando ligeramente al hombre como si se tratara de un simple costal de carne, sólo que en vez de permanecer como uno, dejó escapar un débil gruñido de dolor.

―¿Desea que lo termine por usted o quiere dejarlo desangrarse hasta morir?―inquirió el demonio sin ocultar la diversión en su voz.

Sebastian sintió la mirada del niño posarse en la suya mientras parecía meditar la situación.

―Me importa poco, después de todo era un simple ladrón que quería robarse las recetas de los dulces en mi fábrica, que objetivo tan más patético.―prorrumpió indiferente.

―Usted lo ha dicho, joven amo―dijo Sebastian, acercándose rápidamente hasta posicionarse al lado del niño, dispuesto a admirar un poco más de su temperamento actual.

Prosiguió a hincarse en silencio, levantando el cuerpo del suelo con una sola mano, gozando la expresión tan llena de terror que el hombre brotaba, abriendo la boca de par en par sin emitir palabra alguna, más sólo era capaz de sollozar.

Al demonio le pareció curioso hasta que comenzó a descender su vista hasta cierta herida de bala ubicada en uno de los costados de su pecho.

―Oh, al parecer ha sido perforado uno de los pulmones ―exclamó entonces, comprendiendo la situación, sorprendido al ver lo que el conde había ocasionado sin su ayuda.

―Sí, el pulmón derecho. ―explicó el niño una vez más.

―Vaya que me ha sorprendido joven amo. Su puntería ha mejorado por lo que veo. Es interesante que no se haya ahogado en su propia sangre todavía.

―Déjate de rendibúes(*), sea lo que sea que estés planeando hacer Sebastian, ¿Podrías hacerlo ya? Ya perdí mucho tiempo. ―atajó Ciel claramente fastidiado.

―En ese caso joven amo… ―susurró entonces Sebastian, colocándose a la altura del niño sin soltar al hombre, tomándolo del cuello, arrancándole otro jadeo. ―¿El señor le ha tocado a usted antes de dispararle? ―clavó sus ojos borgoña en los de Ciel, ansioso por saber la respuesta, alegrándose cuando el conde no hizo más que negar con la cabeza.

Excelente ―y dicho esto, su mano presionó abrupta y rápidamente contra el grueso cuello como si de una hoja de papel se tratara.

Se escuchó un rápido crack llenar la habitación acompañado de un grito ahogado, después fue silencio. Un poco más de sangre criminal había manchado el suelo y un poco de las mejillas del demonio, quién parecía orgulloso de su última acción. Deleitándose sobre todo de la mirada alimentada de incomodidad y terror en su joven. Notando más gotitas de sangre humedecer sus cabellos y sus sonrosados labios.

―Parece que si se ahogó lo suficiente, ya no tenía mucha sangre almacenada, que decepcionante. ―finalizó Sebastian, liberando la palma enguantada del cadáver. Centrándose de lleno en su petrificado amo. Acercándose en un abrir y cerrar de ojos para acortar su escasa distancia.

El demonio no pudo evitar preguntarse porque Ciel había permitido que matara tan cerca de Él sin quejarse, sugirió que era porque lo había hecho por sorpresa pero aun así no tenía mucho sentido que también le permitiera posar ambas de sus manos en sus mejillas, haciendo un desastre de ellas con la sangre coagulada en uno de sus guantes.

―Tan solo mírese, hay sangre en sus labios―susurró con fingido desagrado.

La expresión del conde era invaluable, el líquido rojo sólo atribuía a hacerlo lucir más encantador e indefenso.

En días anteriores a Sebastian le había incomodado la actitud tan atrevida que Ciel había adquirido con Él recientemente, tal cambio incluso había afectado el sabor de sus labios. Por ello comprendió una cosa; Ver semejante oportunidad de sumisión era algo que no podía dejar pasar por alto.

Se inclinó con decisión, arrancando un beso de los rojizos labios. Paladeando el óxido, la sal y el miedo de Ciel de una sola tanteada, aspirando de a poco el dulce de esos sabores entremezclados sin quitarle los ojos de encima a la añil mirada, removiendo con suavidad la sangre con la punta de su lengua de ciertos labios temblorosos hasta que sólo quedaron un par de impecables belfos.

Apenas apartó su boca de la más pequeña notó el cuerpo de Ciel estremecerse. Estaba tan asustado ―tan perfecto― que Sebastian consideró la idea de retirar la sangre de las partes del cuerpo restantes de la misma manera, sólo para seguir alimentándose del miedo y el placer ―incluso la resistencia― que Ciel emanaba después de tanto.

Pero el conde parecía estar regresando ya a sus cinco sentidos y la sangre estaba a punto de llegarle a la suela de sus zapatos.

Por ello dejó escapar un suspiro, resignado, apoyando su mano libre de suciedad en el menudo hombro, tirando de este para apartarlo de semejante desastre.

―Debemos llegar a la mansión joven amo, usted necesita un baño y yo necesito preparar la cena―susurró a la altura de su oído segundos antes de tomarlo en brazos.

Ciel no protestó y se limitó a recargar su rostro en el pecho de Sebastian quién no tenía mucho de que arrepentirse, al contrario, esperaba tener más oportunidades como aquellas para provocar a su joven amo de esa manera.

.

.


(*) Rendibúes: En este caso, son comentarios que se hacen a una persona por adulación.

N/A: 991 palabras. ¡Por fin actualización! De nuevo por la punta de los pelos chicos y aun así sentí todo tan meh. Esta viñeta fue la que más me costó escribir que no sé, siento que me limité, ¿Qué opinan ustedes? digamos que es el golpe de vuelta por parte de Sebastian (?) gracias a ayrecroft por la sugerencia a propósito. La siguiente será por sugerencia de valentina c: espero les haya gustado algo. Nos leemos en la próxima viñeta (o drabble creo). c: