Disclaimer: los personajes no son míos, lo que hacen sí. Todo lo que reconozcan es de ella, la blonda JK, y de todos aquellos que vieron en la saga un filón.
Música que escuchaba mientras tanto: Ride de Cary Brothers; To build a home, de Cinematic Orchestra; y en el final Nowhere warm de Kate Havnevik, parte de la letra la usé para la línea final del chap, justo la anterior al punto final.
Ey! No puedo dejar de agradecer a los que me leen desde las sombras, como dice Mad Aristocrat.
Y a las valientes que me dejan reviews: muchas, muchas gracias.
Sepan que acepto halagos, rectificaciones, corrección de errores, ideas, todo es bienvenido.
A Harry le parecía que esa sensación de ahogo no se iba a acabar nunca y rogaba que llegaran a dónde sea que fueran. Todavía no comprendía que Parkinson no se hubiera percatado de qué él había logrado agarrarse a Draco en el último momento; de todas maneras, decidió tener su varita presta para echarse un encantamiento desilusionador en cuanto tocaran suelo, esa bruja podía estar desquiciada pero aún así era peligrosa.
"Creo que escuché algo de Nott" -se dijo Harry, buscando ocupar su mente para no pensar en la horrible sensación que le provocaba la aparición. No terminó de pensarlo que notó que se acercaban a destino. Se soltó de Draco, cayó como un gato y antes de lo que dura un parpadeo ya se había desilusionado.
Miró alrededor buscando alguna referencia conocida. Sólo había viento, bruma, olor a salitre y soledad. Estaban en un acantilado, pero no en Inglaterra.
Harry no lo sabía, pero los Inefables, sí: Potter, el niño que vivió, se encontraba en algún lugar de las costas bretonas, al sur, más precisamente, en la Costa Salvaje…
Se había alejado un poco, absorto en la belleza agreste del lugar. Por su cabeza circulaban cientos de pensamientos, Ginny, su pequeño bebé, "¿lo veré crecer?", cómo la felicidad se puede trastocar en un segundo...Un movimiento lo devolvió al aquí y ahora, gracias a Merlín no se había separado tanto. Sigilosamente, fue hacia el rubio que había comenzado a removerse inquieto.
-Shhhh –murmuró- estoy aquí, pronto nos encontrarán.
-Ella...¿cómo…? ¿Dónde estamos? –Draco apenas podía articular palabras con sentido.
-Cállate y escúchame. Parkinson está como loca…
-Vaya novedad –lo interrumpió Draco.
-No hagas que me arrepienta de haberme colgado de ti para salvarte el culo una vez más, hurón- siseó Harry al mejor estilo Malfoy. Parkinson está…no sé…parece que está haciendo una invocación. El moreno miró brevemente hacia donde estaba la chica, totalmente ensimismada, evaluando opciones. Draco intentó incorporarse sin lograrlo.
En ese mismo momento, se desató el caos. La fuerza de mil crucios se enterró en el cuerpo de Harry que había rodado sobre Malfoy para protegerlo del embate de lo que sea que se le iba encima. Rogó a Merlín que los encontraran ya, porque no tenía idea de a qué se enfrentaban.
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En el Departamento de Aurores estaban Remus Lupin, Ron Weasley, Theo Nott, Arthur Weasley y el Ministro de Magia, Kingsley Shacklebolt. El ministro había aceptado reunir a la Orden del Fénix, o a lo que quedaba de ella, más bien y sumar a los miembros del ED, aunque quedaba a juicio de ellos la decisión final.
En esa asamblea se aprestaban a ultimar ciertos detalles relativos a la seguridad, en principio. Había que encontrar una locación amplia, inmarcable, aún para el sistema de rastreo pergeñado entre Inefables y elfos, bajo las órdenes de Potter y Weasley. El lugar tenía que cumplir con una serie de requisitos indispensables: un acceso que no dependiera de la Red Flú, que no hubiera que desactivar hechizos antiaparición, que sirviera como instalación de entrenamiento intensivo y que tuviera espacios donde desarrollar invenciones, perfeccionar lo ya inventado, elaborar pociones, idear estrategias, investigar alternativas y, sobre todo si Hermione Granger iba a estar allí, una amplia biblioteca donde se pudiera consultar todo lo imaginable y lo inimaginable también.
Ron, que conocía a la perfección el pensamiento de su amiga, propuso medios de comunicación muggles, celulares e Internet, para lo cual iban a tener que diseñar una estancia libre de magia para que ésta no interfiriera con la tecnología muggle. Eso haría que no dependieran de lechuzas ni que interceptaran patronus. Contaban con que el prejuicio de los sangre pura les impidiera rebajarse a utilizar recursos de personas que no merecían siquiera haber nacido.
Este argumento fue en parte refutado por Theo, quien aseguró que los prejuicios de unos cuantos mortífagos no englobaban ciertas ventajas muggles; aunque reconoció que de momento, esa idea era una ventaja adicional.
Otro tema tratado fue si aurores y Orden iban a trabajar por separado o si aunarían esfuerzos. Y en el caso de que así fuera, cómo afectaría esta decisión en el futuro a ambas organizaciones. "Recordemos –dijo Kingsley- que la Orden nació al calor de la ineptitud del Ministerio, ineptitud- aclaró con orgullo- que hoy ya no existe".
Finalmente, se llegó a la conclusión de que la Orden, estaba conformada sólo en parte por aurores, por lo tanto, el desempeño no iba a ser el mismo, sobre todo si los miembros del Ejército de Dumbledore se sumaban a ella.
Dejaron para el final el punto más importante: Severus Snape.
Terminada la Batalla de Hogwarts, Harry se encaminó a la Casa de los Gritos a buscar el cadáver del Profesor Snape. Parece mentira lo que el perdón y la verdad hacen en el espíritu de las personas. Ese sujeto pasó de ser el murciélago grasoso insoportable en el que no se podía confiar a Profesor Snape, en menos de lo que canta un gallo. Cierto arrepentimiento guiaba los pensamientos de Harry, y si no se le hubiera ocurrido a él solo, al lado la tenía a Hermione susurrándole imperiosamente una serie interminable de "te lo dije", "te dije que había que confiar en el criterio del Profesor Dumbledore", "siempre sostuve que si tenía que representar un doble papel tenía que actuar como si te odiara, Harry, pero tú no, aferrado infantilmente a que se llevaba mal con tu padre y con Sirius, ni que ellos hubieran sido un dechado de virtudes". Harry blanqueaba los ojos y resoplaba por lo bajo, no quería agregar leña al fuego, más que nada porque ninguna de las veces que asintió dándole la razón surtió efecto. Al poco, la retahíla de reconvenciones fue reemplazada por sollozos suaves a medida que se acercaban al lugar donde se encontraba el cuerpo del profesor. No sin cierto temor, retiraron la madera para entrar a la habitación, si es que así se la podía llamar, y sorteando la cantidad de sangre esparcida en el suelo, se inclinaron con cuidado hacia el cuerpo de Severus. Hermione, en un alarde de valentía, estiró su pequeña mano y toco la piel del profesor a la que esperaba encontrar helada. Gritó de sorpresa y Harry dio un respingo. Estupefacto, observó cómo la muchacha sacaba su varita y recitaba conjuros sobre el cuerpo exánime, estaba cada vez más alterada y de pronto, con la mirada enloquecida, le pregunta "¿te parece que si convoco al fénix de Dumbledore aparecerá?", no le dio tiempo a responder cuando ya estaba exclamando "devenire fénix", seguido de un "accio fénix", entre llantos desesperados. Harry nunca supo que invocación funcionó, pero cuando lo vio aparecer, recordó que Hogwarts siempre ayuda a quién se lo pide. El fénix de Dumbledore se posó suavemente al lado de Snape y comenzó a regar sus lágrimas sobre las lastimaduras. Luego, desapareció en un fogonazo, dejando una pluma que Harry tomó. Tal vez a Ollivander le sirviera para hacer una varita. Mientras pensaba en esto, Hermione susurraba "Mobilicorpus" y salieron de la Casa de los Gritos haciendo levitar al profesor hasta la enfermería del castillo. La escasa vida que quedaba en el cuerpo de Severus Snape, pendía de un hilo.
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Thomas Douglas entró precipitadamente y sin anunciarse a la oficina de Ron Weasley, lo que tenía que comunicar lo ameritaba.
-Lo encontramos –soltó sin resuello- Potter está en Francia, en la costa bretona, en la Costa Salvaje.
-¡Increíble! Nadie puede aparecerse tan lejos –exclamó Ron.
Pronto la claridad y el método característicos de Lupin y Shacklebolt se impusieron por sobre el desorden imperante. La cuestión Snape podía esperar. Ahora tenían que organizar la misión de rescate muy cuidadosamente porque no sabían a qué se enfrentaban.
Aubrie, el elfo, tenía más datos para agregar:
-Ministro, señor, Harry Potter está siendo amenazado por una fuerza que los elfos creíamos desaparecida, señor. Por eso está allí, en la costa bretona, donde los elementos pueden ser conjurados al mismo tiempo y unirse formando una sola y poderosa fuerza que adquiere la forma de las emociones de quien la convoca.
-¿Qué quieres decir con eso Aubrie? –preguntaron Ron y Lupin casi al unísono.
-Quiero decir, señor, señor –haciendo sendas reverencias hacia uno y otro- que los elementos pueden ponerse al servicio de quien los convoque, no importa cuáles sean las intenciones de la persona, eso no les importa a los elementos, que no son buenos o malos en sí mismos. Si la persona que los convoca conoce los arcanos conjuros y es capaz de superar la prueba de dominio, se doblegarán a su imperio. Y si ese ser quiere hacer daño, eso harán –finalizó.
-Pero…¿tú ya sabes qué emoción gobierna a esta fuerza? –preguntó Kingsley.
-No, señor Ministro. Si conociéramos a la persona que los reclamó, sus sentimientos más profundos, las emociones que gobiernan sus acciones, señor, podríamos darles más precisiones.
Ron no salía de su asombro. ¿En qué momento Pansy Parkinson se convirtió en una bruja de leyenda?
Por su parte, Theo Nott, como buena serpiente, ya estaba elaborando la lista de cosas que necesitaría. Él tenía más que una vaga idea de la forma que tomaría esa fuerza y el temor le erizó los pelos de la nuca.
Miró de soslayo a weasel, "maldito pelirrojo, nunca deja de perder el tiempo, él y su insufrible capacidad de asombro". Como si le hubiera leído los pensamientos, Ron se irguió en toda su altura y de pronto una aura intensa de osadía lo envolvió, el león había surgido y estaba acomodando las garras.
La idiotez nunca fue una característica de Nott, que entendió al instante porque el Sombrero Seleccionador envió a Weasley a la casa de Godric Gryffindor. El tipo de valentía de los leones era uno que anteponía el bienestar ajeno al propio, y que exaltaba la amistad, la lealtad y la mutua confianza. Una valentía que en este momento se veía muy, muy amenazadora.
A kilómetros de Londres, en Ottery St. Catchpole, la actividad que se desplegaba en La Madriguera mantenía el ritmo de las mareas: constante, fluida y peligrosa. El ED en pleno forjaba sus propios planes.
Luna Lovegood podría ser todo lo soñadora que quisieran, pero despojada de su aire fantasioso era tan letal como las verdades que salían de su boca disparadas como agujas. Inteligente, perspicaz, observadora y con una capacidad de análisis comparable al de la propia Hermione, Moony era de temer. Si sumamos la sagacidad, el empuje y el coraje de Ginny, la decisión, la tenacidad y el valor de Neville, tenemos allí a tres líderes natos que sabían compensar habilidades e insuficiencias de las personas con las que trabajaban, logrando sacar lo mejor de cada uno de ellos.
Fred y George eran harina de otro costal. Pergeñaban sus inconfundibles e ingeniosos procedimientos y los añadían cual encastre perfecto en el plan mayor. Luego, se ponían al frente de lo que sea que sus inventos provocaban. Y en el proceso, se divertían como locos.
Molly se encargaba de cosas más prosaicas como el equipaje y para ello realizó el encantamiento de extensión indetectable a los bolsos de cada miembro del ED y colocó en ellos todo lo necesario para un viaje largo y en condiciones adversas, así que entre las cosas que no faltaban podían mencionarse: agua, alimentos y pociones curativas.
El sanador todavía se hallaba junto a Hermione. Preocupado, observaba los movimientos espasmódicos de la muchacha. Gemía alterada y se removía sin cesar. De pronto, sin que nada lo preparara para ello, el medimago casi se cae del susto cuando Hermione se incorporó, todavía débil y desorientada. Echó un vistazo alrededor como buscando algo, pero cerró los ojos con fuerza cuando las imágenes comenzaron a asaltar su conciencia. Harry en peligro protegiendo a Draco, y algo aterrador que los atacaba. Y ella, esa perra malnacida. La iba a matar con sus propias manos. Se levantó tambaleándose pero decidida y le pidió al sanador una poción energizante.
Cuando bajó las escaleras la imagen de la gryffindor era la representación misma de la venganza: llevada en andas por el viento, los ojos despedían un resplandor dorado. Con voz ronca le pidió a Ginny que enviara a Kreacher con Harry a la Costa Salvaje. Nadie supo cómo pero todos la vieron girar sobre sí misma y desaparecer en un destello de luz. Hermione iba a un lugar donde el viento y el fuego se mezclan. Iba a buscar a su dragón.
