Ültimo capítulo.
Miles de gracias a Altariel de Valinor por sus correcciones.
Cualquier error es mío.
Los Chicos de Baker Street
- No lo entiendo – Lestrade dejó la taza de café sobre la mesa, mirando fijamente a John, quien hacía esfuerzos por no sonreír -. Desde que te conozco te has empeñado en dejar claro a todo el que insinuaba lo contrario, que no eres gay… ¿y ahora dices que estás con Sherlock?
- Greg – dijo John con calma, sabía que pasaría -, la definición de gay es la de persona que siente atracción por individuos de su mismo sexo. Créeme, mi hermana Harry es gay, a ella le gustan las mujeres. Yo no siento atracción por los hombres, me aseguré de ello en la universidad, cuando mi hermana dio la noticia en casa y me asaltaron ciertas dudas.
- ¿Entonces? – Lestrade parecía perplejo y no era de extrañar, el mismo John no sabía cómo explicarlo.
Se encontraban en la cafetería de St. Bart's. Habían pasado seis semanas desde los sucesos de Sherrinford, y este era el segundo día en el que Molly citaba a Sherlock para consultar los resultados de unos análisis en su mismo horario de trabajo, por lo que la relación entre ellos comenzaba lentamente a volver a la normalidad. John, por su parte, había hablado con ella en las varias ocasiones que la patóloga se había acercado a visitar a Rossie. John se había disculpado con ella por lo ocurrido en los últimos meses, por mantenerla al margen de como él y Sherlock habían comenzado a avanzar en algo que ninguno sabía cómo iba a terminar.
- Ni yo mismo lo sé - le contestó a Lestrade -. En realidad… se trata de reconocer a la persona con la que ser tú mismo. Sherlock es un grano en el culo, tiene mil defectos y es insoportable la mayoría de las veces pero, desde el día que lo conocí, mi vida cambió para mejor a pesar de todo –. Miró su vaso para llevar, encontrando el recuerdo del día que pisó Bart's tras su regreso de Afganistán. Había pensado mucho en las últimas semanas, y había recurrido a sus recuerdos más veces de las que había deseado, pues volvía a revivir los buenos y los malos momentos por igual -. Cuando se fue… me di cuenta de que hubiese pasado la vida siguiéndolo a donde quiera que me llevase, sin echar de menos nada más – John sonrió, levantando los ojos a Greg. No iba a decirle que había pasado meses arrepintiéndose de no haber intentado acercarse a Sherlock cuando creyó que lo había perdido para siempre -. No voy a decirte que estoy locamente enamorado de él, pero si he de compartir mi vida con alguien, lo elijo a él sobre todos los demás, hombre o mujer. Tiene la capacidad de hacer que me sienta vivo… y adora a Rossie.
Lestrade movió la cabeza, sin comprender del todo.
- Si estás tan seguro… - John asintió, observando como Greg lo miraba con confusión -. Pero Sherlock es… ya sabes… no le va el sexo. Si estáis juntos, ¿tenéis un acuerdo? ¿Puedes… desahogarte con alguien? ¿No lo echarás de menos?
John no pudo evitarlo y soltó una carcajada. No pensaba contarle a nadie los avances que había tenido con Sherlock en las últimas semanas. Había intentado acercarse y familiarizarse con Sherlock en la primera ducha juntos que compartieron en su piso, pero tras las primeras bromas, los ojos de Sherlock se habían posado en su hombro herido. Sherlock lo había visto en ocasiones, pero nunca con la posibilidad de poder memorizar las líneas de piel destruidas. Había mirado a John, pidiendo permiso en silencio, y éste había tomado su mano para guiarla hasta su hombro, donde Sherlock rozó, memorizó y dibujó cada detalle, recorrió el cuerpo del exsoldado, susurrando cada vez que rozaba una nueva marca de las heridas que los años habían dejado en la piel de John. Cuando terminó, levantó los ojos a su amigo, que apenas sonreía, olvidada la idea que había tenido momentos antes de ofrecer consuelo mutuo tras los días vividos. Sin pronunciar una palabra, Sherlock tomó la mano de John, acercándola a la herida cicatrizada de su abdomen, donde Mary había dejado un recuerdo de por vida en la forma de la herida de bala, surcada por la cicatriz de la operación que siguió para mantenerlo con vida. John había dejado escapar el aire de sus pulmones, cerrando los ojos para no dejarse llevar a los recuerdos oscuros de aquellos días. Sintió como Sherlock retiraba la mano, y al volver a mirarlo, lo vio darse la vuelta… Aún no había visto el daño completo infringido a su espalda en sus dos años en el continente. Sus manos temblaron al rozar cada una de las heridas que Sherlock había sufrido, apenas se atrevió a rozar la carne maltratada, aunque sabía que ya no dolía. Pasó los brazos por la cintura de Sherlock, apoyando sus manos, una sobre la herida de bala de Mary, y la otra sobre el corazón que martilleaba frenéticamente, atrayéndolo para que la espalda descansase sobre su pecho, abrazándolo con fuerza. Durante un minuto no hubo más sonido que el agua de la ducha cayendo sobre ellos.
- Nunca más vuelvas a dejarme atrás – dijo John, al fin, en poco más de un susurro. Las manos de Sherlock se cerraron sobre las de su amigo, entrelazando los dedos con fuerza.
- Nunca.
Después de eso, se limitaron a terminar de ducharse, cenar hablando apenas e intentar dormir toda la noche. La cama de John en el piso parecía tener un muro de dos metros que los separaba a ambos, que se limitaban a ocupar un espacio que sólo era para descansar. No fue hasta tres días después, cuando concluyeron las obras de Baker Street, que John pudo, sin la más mínima duda, constatar que Sherlock no le tenía miedo al sexo. Se habían acostumbrado a sentir suaves toques, que podían ser tomados por accidentales, al pasarse una taza, un expediente, al cruzarse en el pasillo… Cuando Sherlock decidió que era el momento de dar un paso más, convirtió a John Tres Continentes Watson en un hombre que suplicaba entre jadeos, incapaz de pensar de forma coherente si Sherlock así lo quería. Entendió por qué Janine se sintió adorada, porque tener a un hombre que es capaz de oír el cambio de la respiración, ver como se eriza la piel o se dilatan las pupilas, memorizar cada estremecimiento, era jugar en desventaja. Y sí, Sherlock sabía todo sobre como complacer a un compañero de cama. Aun así, John no se rendía fácilmente, por lo que sus encuentros en un primer momento parecían una lucha por ver quién dominaba a quién.
John regresó al presente, consciente de la mirada que le dirigía Lestrade. De puertas afuera seguían siendo los mismos, y aunque el carácter de Sherlock parecía haber sufrido un ligero cambio a mejor, la mayoría de las veces seguía siendo el mismo sabelotodo engreído y a veces insufrible.
Sus prioridades sin embrago habían cambiado de forma drástica. En su móvil había una alarma con una melodía concreta, compuesta por él mismo, a la hora en la que debería dejar lo que estuviera haciendo y dirigirse a recoger a Rossie en la guardería. John lo había visto salir de su palacio mental a la segunda nota, y Lestrade lo había visto dejar una escena con un "no estaré disponible hasta las diez, mándame las fotos y lo datos al e-mail" aún después de mostrar entusiasmo por el caso. La pequeña Watson, por el momento, era la primera de sus prioridades.
- Por el momento estamos… explorando – dijo, al fin, manteniendo la mirada de Lestrade y muy consciente de que debía estar enrojeciendo de vergüenza.
Lestrade se puso en pie con intenciones de irse, pero quedaba algo aún que decir a John, aunque no parecía encontrar las palabras. Cuando al fin se decidió, volvió a sentarse, tomando aire.
- Sé que Sherlock a veces se pasa de la raya sin darse cuenta, John, y sé que habéis pasado por mucho en los últimos meses. Si en algún momento te sientes… superado, acude a mí – lo miró a los ojos con intensidad -. No quiero ver a Sherlock otra vez en un hospital porque no has podido controlarte. Si ocurre, no te protegeré.
- Creí que sería Mycroft el que me daría la charla de "hazle daño y te romperé las piernas", no tú.
- A pesar de todo, Sherlock es un buen hombre y ya ha pagado sus errores.
Apagó el reproductor de DVD y miró a John, que permanecía con la mirada fija en la pantalla, los ojos vidriosos pero sin haber derramado una lágrima. Había sido desconcertante ver a Mary una vez más. Sherlock hizo una nota mental para pedir a Mycroft que rastreara el remitente de aquel sobre. Sospechaba que su hermano tendría algo que ver, pero quería descartar sorpresas.
- John – murmuró con preocupación.
- Estoy bien.
- Sé que ha sido una sorpresa…
- No ha mencionado a Rossie – dijo mirando al fin a Sherlock -. Graba un mensaje para decirme que está bien si vuelvo contigo, pero no menciona a nuestra hija…
- Ella sabía que no era necesario.
John agachó la cabeza, regulando la respiración para no dejarse llevar por las emociones encontradas que en ese momento amenazaban con desatarse. El dolor por el recuerdo de su esposa, la impotencia por haberla perdido… no sabía por qué sentía rabia por aquel mensaje. Le dejaba la sensación de que Rossie había sido para ella, no sólo inesperada, sino un inconveniente, algo que la había atado a él…
- No ha mencionado a Rossie – repitió. Sintió a Sherlock sentase a su lado y rodear sus hombros con torpeza. El consuelo era algo en lo que no había avanzado mucho -. Se iba a marchar… si no hubiese muerto… se iba a marchar.
- John…
- Parece que al final… eres tú, el único que vuelve y se queda, a pesar de todo.
FIN
Pues hasta aquí. Espero que te guste. Cualquier comentario será bien recibido.
Hay rondando un par de ideas, una anterior a Sherlock/John y alguna posterior en el tiempo.
Miles de gracias por dedicar tu tiempo a leer esto.
