Disclaimer: Todo lo que reconozcan como propiedad de Stephenie Meyer, lo es. La trama de esta historia es lo único que me pertenece.


Capítulo 10

El instituto.

No quería llegar a esta parte, créanme. Quería seguir holgazaneando, levantándome tarde y hacer estupideces a altas horas de la noche con Edward y Emmett. De verdad lo quería.

Pero este infierno ha comenzado de forma inminente y no hubo manera de que yo pudiera hacer algo para detenerlo.

- Ya basta, reina del drama – dijo Edward en el asiento de copiloto del jeep de Emmett – Es solo el instituto.

Bien, estaba siendo un poco dramática, pero aun así estaba diciendo la verdad – Claro, tu solo no puedes esperar porque es tu último año, pero hay alguien aquí que le esperan dos años más en esa cárcel con estofado sorpresa en el almuerzo.

- Me tienes con lo del estofado. Pobre chica – dijo Emmett con la vista fija en la carretera.

Sabía que Edward estaba rodando los ojos – Como si alguna vez te acercaras a eso. Nunca te has quejado demasiado por el instituto, ¿Cuál es el problema ahora?

Miré por la ventana sin responder. No iba a decírselo, ni siquiera quería admitírmelo a mí misma completamente, pero saber que este sería el último año de ellos, y que luego se irían a la universidad y yo me quedaría aquí y sería solo una insípida e insegura Bella, bueno, como que no me estaba emocionando mucho que digamos.

Nunca he sido de esas chicas que odian el instituto a muerte. Excepto por las clases, obviamente. Tengo un montón de amigos, un lugar fijo en la cafetería, soy saludada por los pasillos y todos en el instituto saben quién es Bella Swan. Pero todo es porque tengo a Emmett y a Edward de mi lado, no estoy engañándome creyendo que soy la bomba. Lo admito.

Soy conocida en el instituto por ser la bebé de Emmett y Edward.

¿Y qué?

Ellos son los chicos dorados del deporte, los sueños mojados de las chicas, y para colmo, unos jodidos intelectuales. Suena irreal, ¿eh?

Ahora bien, no estoy diciendo que me esté beneficiando a propósito de la fama institucional de mi hermano y el idiota de Edward, simplemente repercutió en mi vida. Y no me estoy quejando por ello, los beneficios nunca están de más.

Lo fastidioso de todo esto es la fila de chicas plásticas que revolotean a nuestro alrededor como moscas. Y TODAS creen que la mejor manera de llegar a Em y Edward es a través de mí, por lo que están siempre tratando de volverse mis mejores amigas por siempre jamás.

Me convirtieron en la gorila que pide identificación y vigila la entrada del club Em&Ed's.

Ohh suena genial, ¿no? Me lo acabo de inventar.

Antes las ignoraba con todo lo que tenía, pero en los dos últimos años he estado parando su mierda desde el principio siendo directa y sin piedad, logrando hacer llorar a más de una. Aun así no se rinden, siguen esperando llegar a mi grosero corazón y quedarse con uno de mis chicos.

Por Dios, ¿me han estado escuchando todo este tiempo? Sueno como una maldita proxeneta.

La cosa es que, aun así, no he detenido a nadie de nada. Emmett tiene por la cintura a una chica diferente en cada fiesta, y su suministro de condones necesita ser re-abastecido con frecuencia. Edward también tiene a una chica diferente en cada fiesta, pero en cuanto está ebrio, me busca. Es un idiota, lo sé. Y su suministro de condones no es de mi incumbencia, ni siquiera me fijo donde los guarda… maldito imbécil.

Yo por otra parte, solo he tenido sexo con Edward, pero eso no significa que no me haya enrollado con unos cuantos tipos. Edward y yo no somos exclusivos, pero prefiero mantener mi número de amantes al mínimo.

Siempre fue difícil acercarme a los chicos en tema sexual o así. Los chicos huían de mí temiéndole a mi amada montaña de músculos (Emmett) a pesar de que él no tuviera intención de ahuyentarme ningún chico.

Estuve enfurruñada todo el día entre clases. En el almuerzo todos preguntaban en qué problemas nos habíamos metido Edward y yo después de que algunos chicos nos vieran recogiendo basura en la carretera. Edward les dijo que un poli me había pillado haciéndole sexo oral mientras él conducía con los ojos cerrados, ganándose mi canasta de grasosas papas fritas como sombrero.

- Vamos, Bella. Cambia esa cara – dijo Emmett poniendo uno de sus enormes brazos sobre mis pequeños hombros – Edward solo estaba bromeando.

- Como mi hermano, se supone que debes estar enojado con él por hacer bromas obscenas frente a todos a costa de tu dulce hermanita – dije abrazando mi mochila y hundiéndome más en su costado.

Con eso, él tomó una aceituna de su plato y la lanzó con fuerza directo hacia el ojo izquierdo de Edward.

- ¡Hijo de su…! – exclamó Edward tapándose el ojo herido.

Emmett sonrió en mi dirección – ¿Feliz?

Le sonreí de vuelta – Sí.

Em comenzó a hablarme el día que fui con Edward por mis libros. Había pasado una semana completa sin hablarme. Y por Dios, lo había extrañado.

Todos comenzaron a hablarme gradualmente en estos días. La única persona que sigue sin hablarme es Phill, y eso está matándome lentamente (nótese la obscena cantidad de sarcasmo). Y, para que lo sepan, no me he disculpado. Dije que no lo haría y no lo haré. Y ellos lo saben, se han dado por vencidos conmigo.

Volviendo a mi primer día de instituto, a pesar de mis numerosas y enojadas negativas sobre el sexo oral, todo el mundo le creyó a Edward. Al final del día estuve recibiendo miradas airadas de las chicas e insinuantes de los chicos.

Gran regreso a clases.

Llegó la noche del sábado, por lo que era la obligatoria fiesta épica de regreso a clases donde todos estaban invitados. Iba a ser en la casa de Sean, uno de los chicos del equipo de futbol del instituto. Edward y Emmett estuvieron en la fiesta de cabeza, pero yo me quedé en casa. Estaba tan mortificada con la pequeña broma de Edward, y ya estaba recibiendo propuestas de mamadas una y otra vez en el instituto, no estaba de humor para lidiar con propuestas ebrias.

Pero eso no estuvo demasiado mal, ya que pase la noche acurrucada en el sofá de mi casa viendo películas con Esme y Reneé mientras suspirábamos por George Clooney y Johnny Depp.

Mamá estuvo hablándome en cuanto Emmett y Esme empezaron a hablar conmigo otra vez. Sé que Phill no estaba contento por eso, porque la conversación entre nosotras siempre tomaba un descanso casualmente cuando Phill estaba alrededor.

Phill podía ir y, casualmente, irse al infierno.

Mamá había hecho las paces conmigo en la madrugada.

Mientras trataba de dormir por encima de los fuertes ronquidos de Phill que llegaban a mi habitación desde el pasillo, escuché mi puerta abrirse y luego cerrarse.

"¿Bebé?" susurró mamá acariciando mi cabello. No me moví en absoluto, dejando que mi estúpido orgullo se hiciera cargo.

Ella se quedó en silencio unos segundos antes de suspirar pesadamente. Mi orgullo se fue volando por la ventana en cuanto se hizo espacio junto a mí en la cama. Al instante me volteé hacia ella y me metí en sus brazos, respiré profundo sintiendo su olor a lavanda y apreté fuerte.

"¿Estás enojada conmigo?" preguntó, su voz amortiguada en mi cabello.

"No. ¿Tú lo estás?" pregunté con una voz tan infantil que rodeé los ojos internamente. Ella negó con la cabeza y dejó un beso en mi cabello.

Y fue como dormí placenteramente con mi mamá como no lo había hecho en, como, nunca.

Así que cuando hubo un ruido extraño fuera de mi habitación en medio de la madrugada, me precipité hacia la puerta y la abrí lista para recibir a mamá, pero en cambio me encontré con un sorprendido y ebrio Edward.

- ¿Qué estás haciendo? – pregunté, inmediatamente irritada.

- Estaba a punto de entrar. ¿Me estabas esperando? – dijo arrastrando las palabras mientras se tambaleaba sin invitación dentro de mi habitación.

- Claro que no, idiota – dije cerrando la puerta para evitar despertar a alguien – Pensé que eras Reneé. ¿Dónde está Emmett?

Edward se sentó al borde de mi cama de milagro, porque estaba seguro de que iba a caer de culo al suelo – Se fue a la cama. Está ebrio.

Enarqué una ceja – Emmett esta ebrio.

Asintió con demasiada fuerza – Tuve que traer su culo del auto.

- Bueno. Hay algo importante que debes saber – hice una pausa para efecto dramático – Tú también estás ebrio.

- ¡No estoy ebrio! – le hice saber que todos los ebrios dicen eso – Si estoy ebrio, entonces, ¿quién condujo a casa? ¡Estamos vivos!

- Jesucristo. Él condujo a casa, estoy segura – dije resoplando.

Él se echó a reír y se tiró hacia atrás, su espalda rebotando un poco en el colchón. Su camiseta gris oscuro con algún símbolo en la parte delantera estaba subida dejando al descubierto la mitad de sus abdominales, sus brazos estaban estirados a los lados, su cabello era un desastre y sus ojos estaban cerrados. Me quedé en silencio unos minutos, solo mirándolo, mi mente inevitablemente preguntándose cuantas chicas en esa fiesta habían tenido sus tetas falsas presionadas contra él, prometiéndole una mejor mamada que la que yo supuestamente le había dado. O si aceptó alguna.

¿Por qué siquiera estaba pensando en eso? No me importaba en absoluto.

O eso es lo que me repetiré hasta que de verdad lo crea.


Hola!

Mi internet no ha vuelto, pero aun asi estoy aquí. n.n

Espero que les haya gustado el cap. Espero sus opiniones.

Un abrazo y beso para ustedes, nos leemos en el próximo.

Bye!