Disclaimer: Los personajes le pertenecen a S. Meyer; la trama es mía.
¿Qué es belleza?
Capítulo 10: Navidad, ¿Dulce Navidad?
Delante de mí alguien dejó una pila de paquetes, me iba a llevar más de media hora envolver todo aquello.
Levante la cabeza para ver de quien se trataba.
-¿Cómo va tu primer día de trabajo Bella?- el saludo de Edward me sacó de mi estado de sorpresa absoluta.
De todos los centros comerciales que había en la ciudad y de todos los puestos para envolver regalos que había en este centro comercial, él tenía que venir aquí.
Las casualidades no existen.
-Ocupada, ¿a ti qué te parece?-logré decirle cuando me repuse de la sorpresa.
-Bueno, como no sabía si ibas o no a tener mucho trabajo me he pasado por aquí y así me ayudas con mis regalos- dijo mientras me señalaba lo evidente: entre nosotros había un montón de regalos.
-¿A que te ayude o a que te lo haga?- le respondí en tono mordaz, con ganas de maldecirle a él y a las fiestas navideñas.
-¿Es tu trabajo, no?- me sorprendió su tono cortante, él nunca me hablaba así.
Después de ver como estaban las cosas decidí ponerme a hacer la tarea por la que me pagaban, al fin y al cabo era eso por lo que ambos estábamos allí.
Sin decir palabra e ignorándole por completo comencé a empaquetar los regalos. No le pregunté como a otros clientes sobre sus preferencias en cuestiones de papel y lazos, no se lo merecía. Ni siquiera me digne a levantar la cabeza.
Pude ver como mi actitud tuvo sus consecuencias y se marchó al puesto de Alice a saludarla, o por lo menos eso me imaginaba porque entre la distancia, el ruido que había y mi empecinamiento en no levantar la cabeza no lo podía afirmar.
Trabajé durante más de veinte minutos en total silencio y tranquilidad hasta que Edward volvió añadiendo dos nuevos artículos a los restantes.
-No se pueden realizar más compras mientras alguien te envuelve los regalos. Aquí no reserva sitio y hay mucha cola.- le ladré molesta, esta vez si, levantando la cabeza y sosteniéndole la mirada. Para mi total vergüenza me di cuenta de que sólo había una pareja esperando. Perfecto.
-Y eso quien lo dice, ¿Tú o tu jefe?- me respondió irónicamente mientras en su cara se formaba una mueca de pura diversión que sólo logró encenderme más la sangre.
Como no le contesté ya que me había pillado él siguió con su monólogo.
«Creo que es una política empresarial equivocada, cuanto más compre la gente mejor y cuanto más simpáticas sean las personas, en este caso chicas, que envuelven mucho mejor. Si te atiende alguien con cara de perro y que sólo ladra y frunce el ceño te dan ganas de darte la vuelta.»
-Ahora estudias Empresas y yo no me he enterado…-ironicé mientras que con algo más de fuerza de la necesaria pegaba un lazo en un paquete.
Estaba tan enfadada, tan encabritada que sin querer rompí uno de los envoltorios que más trabajo me había costado. De la rabia se me llenaron los ojos de lágrimas, sólo tenía ganas de tirarle encima a Edward todos sus paquetes e irme a casa a dormir. Pero no podía, estaba trabajando y no era ninguna niñata inconstante que dejaba las cosas a medias ni pillaba berrinches.
Estaba quitando el papel roto cuando unas manos más pálidas que las mías retiraron el papel que quedaba. Era Edward, quien asombrosamente me estaba ayudando sin decir palabra alguna.
Como pude me sobrepuse a mi infantil berrinche y continué con mi trabajo, eso sí, con la ayuda de Edward, que aunque no era muy diestro, al igual que yo, en el arte de empaquetar, me fue de gran ayuda.
Aquello debía ser poco ético, que un cliente ayudase al trabajador, pensé en ello por uno minutos, dudando en apartar o no a Edward, pero finalmente decliné tal opción.
Él estaba siendo generoso y amable, pasando por alto mi malhumor y mis malas contestaciones. Si Rose me viera… no sé si se sentiría orgullosa o con ganas de saltarme al cuello.
-¿Cómo es que no lo has envuelto tú si lo haces casi mejor que yo?- vi como se sobresaltó, seguramente sorprendido porque hubiese sido yo la que rompió el cómodo silencio.
-Soy algo vago…- me dijo con gesto de indiferencia- Además quería ver si te habías cortado con las tijeras ya o si te habían despedido por haber roto algo… pero nada, no es mi día de suerte- me dijo con una clara sonrisa juguetona, de esas que quitan el hipo a la mayoría de las mujeres y que para mi total vergüenza consiguió sonrojarme.
El muy bueno se estaba burlando cariñosamente de mí así que ni corta ni perezosa cogí un rollo de papel y le aticé con él en toda la cabeza, provocando uno de sus lastimeros quejidos.
-¿decías algo? –repuse en un tono de superioridad que no logró esconder una risita, mientras se seguía rascando la cabeza.
-Eres mala mujer…- no estaba para nada enfadado sino todo lo contrario, se le notaba alegre, la chispa en sus ojos no engañaba.- Aunque en este caso me merecía el golpe, aún así menos mal que ha sido con un rollo de papel y no con el "cacharro" del celo.
-Eso ha sido una regalo, por las fechas y eso…- le respondí divertida mientras terminaba de colocar una pegatina en el último de los paquetes, lo que me hizo darme cuenta de algo.
-¡Edward!- le grité mientras le hacia volverse hacia mi-¡no me has mandado poner el nombre en los paquetes! ¿Ahora como vas a saber de quien es cada regalo?- mientras yo estaba ansiosa y apesadumbrada por mi error, aunque también el suyo, él parecía del todo tranquilo.
-Tranquila Bella- dijo suavemente mientras aflojaba el agarre de mi mano sobre su brazo lo que me hizo recordar lo que estaba haciendo y donde estaba mi mano.
De inmediato la saqué de allí, como si algo me la estuviese quemando y la tendría al rojo vivo.
-¡No!-exclamó Edward, algo que no entendí, ¿ no qué?
Decidí volver a pasarlo por alto y revisar luego el tema.
-¿Qué vamos a hacer?- pregunté temerosa ante la posibilidad de tener que desenvolver los regalos y luego volverlos a empaquetar.
-Se lo que he comprado y para quién, no es muy difícil reconocer cada cosa, ¿acaso no te has dado cuenta de ello?- la verdad era que no, estaba demasiado enfadada y concentrada en lo que hacía como para fijarme en el contenido de los paquetes.
-No tengo ni idea, sólo recuerdo haber envuelto un libro pero ni siquiera se decirte el título- respondí en tono bajo, algo avergonzada por mi despiste.
-¿y se puede saber en qué estabas pensando? ¿Quien ocupaba tus pensamientos?- me preguntó con verdadero interés, o al menos eso me pareció, mientras se inclinaba hacia mi, provocando mi retirada.
No pensaba decirle que parte de esos pensamientos estaban copados por él, la mayoría de los hombres, sobre todo los atractivos, tenían el ego lo suficientemente elevado como para que alguien se lo hinchase.
No tenía muy claro el concepto de espacio vital, se lo tendría que recordar en algún momento pero no ahora.
-Aquí tienes todo, ¿vas a poder tú solo?- iba a tener que hacer malabarismos para llegar hasta el coche.
-¿me estás ofreciendo tu ayuda?- a estas alturas ya podía identificar la mayoría de sus expresiones, y en este momento se mostraba divertido, como si supiese que su pregunta iba mal encaminada y que yo sólo le había preguntado para salir del atolladero.
-Estoy en mi horario laboral además en mi contrato no figura tener que transportar los paquetes- le reproché en broma, nuestra conversación pasaba del enfado a la broma constantemente y en medio de todo ello nos encontrábamos con un tono desenfadado y un ambiente ligero.
-¿ni siquiera por algo de dinerillo extra?- dijo de nuevo burlón, haciendo ademán de sacar la cartera de uno de sus bolsillos.
Negué con la cabeza, divertida por sus tonterías.
-¿ y por un amigo?-contraatacó él volviendo a inclinarse de nuevo hacia mí.
¿podría decirse que éramos amigos? Quizás con matices, pero estábamos cerca de ello. Compartíamos algunas clases juntos, hablábamos diariamente, salíamos en el mismo grupo… la mayoría de la gente diría que eso es amistad. Y cuando aún lo considerase una amistad distaba mucho del tipo de relación que mantenía con Rose, con ella había una complicidad innata, nos reímos de nosotras mismas, hablábamos de un montón de cosas y el tiempo pasaba volando cuando estábamos juntas haciendo todo y nada. Era ella mi amiga con mayúsculas.
Con Edward faltaba esa complicidad, esa comodidad casi absoluta que Rose me daba.
-¿pero lo somos?- vi su cara de asombro y decidí seguir con la broma.- La primera noticia que tengo…
Vi que no le había engañado, sólo hacía falta ver la expresión juguetona de su rostro.
-Pues si no soy tu amigo soy una especie de acosador- me replicó, dejándome descolocada por su comentario.
-¿Por qué dices eso?- no pude reprimir mi curiosidad.
-Porque se demasiadas cosas de ti como para ser simplemente un conocido.- decidí seguir con su juego, se estaba haciendo el interesante y me quería picar.
-¿ y qué cosas son esas? No sirve nada de lo que te conté en aquel absurdo juego- esperaba que no me saliese con algo incómodo.
-Odias la mayonesa, te encanta leer, vistes siempre zapatillas deportivas, siempre llevas el pelo recogido en una coleta o suelto. Casi siempre se te olvida llevar pendientes, en tu muñeca derecha sólo llevas un reloj y una pulsera de colgantes- me dejó estupefacta ante tal despliegue de información, era muy observador. Pero aún así su descripción no había sido muy profunda sino que se había basado únicamente en hechos fácilmente observables.
-Eso lo podría saber cualquiera que se fijase un poco.- arqueó la ceja, poniendo en duda mis palabras.
-Normalmente no miras a los ojos a la gente, tienes mucho temperamento, eres como un volcán en erupción. No te gusta hablar con la gente y te gusta menos hablar de ti misma. Adoras a Rose. Eres tímida y te sonrojas con facilidad, cosa que te molesta sobremanera al igual que el hecho de que tus emociones sean visibles en esos expresivos ojos achocolatados tuyos.- ante sus palabras un enérgico sonrojo cubrió no sólo mis mejillas sino también todo mi rostro, podría decir que incluso me llegó a los dedos de los pies.
No sólo era observador sino también perceptivo, demasiado para mi tranquilidad.
Había sido como un libro abierto para él, había interpretado mis acciones, mis actitudes, mis gestos… incluso se había fijado en el color de mis ojos, tan vulgar como común, y les había descrito de una manera dulce, eran achocolatados, no marrones ni oscuros, eran de color de ese sabroso dulce llamado chocolate.
Como tantas otras veces no supe que decir, sólo rezaba porque como en anteriores ocasiones alguien nos interrumpiese o sonase algún teléfono móvil o que quizás él pasase por alto todo aquello.
-He dado en el clavo, ese adorable sonrojo me da mi respuesta.- esta vez no había pizca alguna de broma en sus ojos, es más, estos parecían más tiernos y suaves que momentos atrás.
Intenté distraerme con otra cosa y me fije en que detrás de Edward no estaba aquella pareja esperando su turno. Moví la cabeza intentando buscar a ese par de clientes posiblemente molestos por mi tardanza y por mi descuido. Sorprendentemente estaban en el puesto de Alice, ella se había hecho cargo de ellos, probablemente me hubiese salvado de algún tipo de reclamación por parte de ellos. Se lo tendría que agradecer más tarde.
-Creo que ya es hora de que me vaya, no quiero espantar a futuros clientes y ya he estado aquí más tiempo de lo normal.- le notaba algo incómodo todo, seguramente, por mi culpa. Tenía el don para incomodar a la gente.
Quizás él ahora creía que había pensado algo raro a partir de sus palabras, cuando todavía no me había dado tiempo a digerirlas. Podría decir algo para dejarlo claro pero me temía empeorar más las cosas, no era muy buena en este tipo de situaciones.
Pero, ¿en qué estaba pensando? Seguramente él tenía cosas que hacer, como por ejemplo estudiar, y ya se le había hecho tarde así que de una manera cortés se estaba despidiendo. Lo demás serían imaginaciones mías.
-Ten cuidado al coger las cosas.- le aconsejé en un tono alterado, algo que había intentado evitar a toda costa.
La ayude a coger las cosas y no se me pasó por alto el momento en el que nuestras manos se rozaron entre el lío de paquetes. Fue un contacto breve, casi efímero, un breve instante en el que su gélida piel hizo contacto con la mía, sofocada por el sudor nervioso que pensaba haber dejado atrás.
Poco más de una hora después y para completar mi día volvió a aparecer Melanie que parecía tener el don de presentarse en los momentos más inoportunos y justo cuando algo me estaba taladrando la cabeza.
-Pero mira quien tenemos aquí, si es la ballenita.- bufé ante su insulto, recordando el origen del mismo.
-Buenas noches, ¿ en qué la puedo ayudar?.- contesté en mi tono más profesional.
-Quiero que me envuelvas esto en papel rojo y con un lazo dorado, ¿ serás capaz?
Mecánicamente comencé con mi tarea intentando ignorar a Melanie que no parecía contenta y volvió a la carga.
-¿has visto que tela más suave?- dijo mientras echaba un ojo a lo que tenía entre mis manos-Tú jamás podrás usar uno de estos, no hacen tallas para gente gorda como tú. Además, ¿quién querría ver a alguien con tu aspecto con estas minúsculas prendas?- la fina lencería que estaba entre mis manos era una de esas piezas que se ven en los expositores de las tiendas y que te obligaba a girar la cabeza, sobre todo si era de color rojo como era este caso.
Decidí seguir ignorándola y dejar que ella hablase. A palabras necias, oídos sordos decía mi padre.
-Hay muchos hombres que estarían dichosos ante semejante imagen, entre ellos mi hermano- Alice llegó de improviso, tomándonos a ambas por sorpresa.
Vi la cara de horror de Melanie pero fui incapaz de alegrarme, sus palabras me habían devuelto a la realidad, a ese mundo en el que yo era de esa clase de personas que no atraen a nadie y que a varios les resulta difícil de mirar.
-¡Hola Alice! No sabía que estabas por aquí…- vi como la temblaba la voz, todavía no se había repuesto de la sorpresa. Había quedado mal delante de su difícilmente cuñada.
-Yo a ti si que te he escuchado perfectamente. Eres despreciable, ¿ te crees mejor que ella o que yo?- Alice se lanzó hacia ella con una peligrosa mirada como si tuviese ganas de darla una bofetada, no estaba a favor de la violencia pero era lo mejor que le podía pasar a esa niña con ínfulas de mujer.
-Yo no… no se que habrás entendió pero…-balbuceó de forma patética.
-No me interesa lo que tengas que decir sólo quiero que te vayas de aquí ahora mismo- bramó la pequeña Alice, despertando el interés de algunas de las personas que caminaban por allí.
Decidí intervenir y tranquilizar a Alice, no podíamos crear problemas en nuestro primer día de trabajo.
-En cuanto termine de envolver su regalo se marcha. Ahora vuelve a tu puesto, respira hondo y vuelve a sonreír de nuevo, así estás mucho más guapa.- dije con una falsa sonrisa que esperaba que sirviese para hacerla creer que todo estaba bien.
Me dio un pequeño abrazo y aprovechó para susurrarme al oído «Vales más que ella», cosa que le agradecí.
A regañadientes y no sin antes taladrar con la mirada a Melanie, Alice volvió a su lugar.
Continué con mi tarea ahora segura de que Melanie no iba a abrir la boca pero de nuevo me equivoqué.
-¿Crees que Edward te iba a mirar? No seas ilusa, ya te he dicho que les inspiras pena.- soltó con más veneno del que la creía capaz, pero aún así su cara no perdió ni un ápice de dulzura, era tan falsa…
«Espero que a Edward le guste mi regalo, es de lo más sugestivo, ¿ no crees?»
Permanecí en silencio, tragándome mi rabia y mi dolor, molesta por sus palabras y por lo que había de verdadero en ellas.
Suspiré de alivio cuando se fue, el alivio fue doble ya que Alice vino y me dijo que ya era la hora de irnos a casa. Sólo quería llegar a mi cama y descansar, mañana tenía un día duro por delante.
Nos reunimos con Rose en la salida principal y nos encaminamos hacia el coche.
-¿se puede saber que os pasa? Alice está enfadada por algo y tú, Bella, estás más taciturna de lo normal. Desembuchar- nos exigido la rubia mientras arrancaba.
-La estúpida de nuestra vecina se pasó hoy por el centro comercial y fue donde Bella para que la empaquetase algo de lencería. De paso aprovechó para meterse con Bella- escupió Alice.
-¿ Qué esa hizo qué?- del enfado Rose presiono más fuerte el pedal del acelerador y la velocidad aumento considerablemente.
Aunque estaba algo molesta por todo lo ocurrido no podía negar que me sentía emocionada por su interés en mí y que digamos de la defensa de Alice…
-Se te olvidó contar, Alice, cuando casi saltas encima de Melanie- añadí para quitar hierro al asunto.
Alice le contó brevemente lo que le había escuchado decirme y apostilló cada palabra con una sarta de improperios dirigidos hacia Melanie. Rose blasfemaba cual camionero y juraba que la iba a arrancar los pelos de la cabeza. Tenía que poner orden porque esto se nos estaba yendo de las manos.
-No ha sido para tanto así que calmaos las dos.-las apacigüé desde el asiento trasero- Además no ha dicho nada que no sea verdad.-apostillé.
-Repite eso- me ordenó Rose gélidamente mientras Alice se daba la vuelta y me taladraba con la mirada.
-Ya lo has oído- me puse a la defensiva- no ha dicho ninguna mentira.
-¿estamos otra vez con lo mismo? No me lo puedo creer- dijo mi indignada amiga.
-No puedes dejar que las palabras de alguien como ella te afecten. Se cree superior por ser mona y vestir bien, pero sobre todo por ser delgada. No le des esa ventaja- me aconsejó una más sosegada Alice.
-No puedes tener en cuenta todo lo que te digan los demás Bella. En la vida te vas a encontrar con gente a la que le gustas y con gente a la que no y no por ello te debes llevar mal rato. Claro que es importante, en cierta medida, lo que los demás crean de ti pero no debes dejar que eso rija tu vida y menos si proviene de personas como Melanie.- me dijo Rose en tono maternal.
-Es muy fácil decir eso pero yo no soy un robot y las cosas me afectan.-la contesté dolida porque ella ya debía saber que aunque lo intentaba y hacia creer que ese tipo de cosas no me afectaban lo cierto era que me dolían.
-No estamos diciendo que sea fácil sólo que debes intentar aprender a vivir con ello. Hoy en día se valora mucho el cuerpo, la belleza física y quienes tienen esa imagen de perfección que tanto se proyecta se creen superiores a personas como tú, con sobrepeso, o a personas como yo, bajas. Alguna vez si que me afectaron esos comentarios, no voy a ser falsa, pero he aprendido a vivir con ellos y a centrarme en aquello que es importante. Sé que mi familia me quiere y me acepta tal cual. Lo mismo ocurre con mis amigos y con mi pareja.- me intentó consolar Alice.
-No puedo ponerme el mundo por montera y hacer como que todo va bien. Las cosas me afectan y no lo puedo evitar. Se que yo nunca seré como ella, nunca podré hacer las cosas que hace ella…- me lamenté, pensando en la gente que conocería, en la ropa que se compraría.. en todo lo que viviría.
-Tú y ella no sois iguales, en eso está la gracia, en ser cada uno diferentes. Y gracias al cielo que no eres como ella, si fuera así me caerías mal, muy mal- me dijo Rose mirándome desde el espejo retrovisor atentamente.- Y no me vengas con ese tipo de tonterías ¿crees que no puedes comprar lencería? ¡¿ En qué mundo paralelo vives? Eres normal, te lo dicho mil veces, puedes hacer lo mismo que hago yo y lo mismo que hace Alice.
-Bella, tú eres la que te pone esas barreras, puedes conocer gente, si eso es lo que quieres salimos un día. También puedes comprarte cualquier tipo de ropa o vivir locas aventuras. Si eso es lo que quieres lo puedes tener, pero debes ser consciente de que todo eso va a ser algo vacío si no confías en ti misma, si no te quieres un poquito. Tienes que vivir lo que te apetezca, no lo que se supone que una chica joven tiene que experimentar. Si tú eres feliz leyendo un sábado por la noche, perfecto o si no te gusta ser el alma de las fiestas también está bien porque eres tú misma; pero no puedes encerrarte en un caparazón, no dejar entrar a nadie y luego dejarte apabullar por cualquiera, no es coherente- pude ver la paciencia con la que Alice me hablaba mientras yo intentaba asimilar sus palabras.
Objetivamente sabía que todo lo que me habían dicho era lo correcto y lo que tenía que hacer pero a la hora de la verdad no conseguía asimilarlo, me era demasiado difícil.
Ellas contaban el apoyo de su familia, su pareja y sus amigos, ¿ yo con quién contaba?
Nos quedamos en un silencio colmado de reflexiones, estaba tan sumida en mis pensamientos que no me di cuenta hasta que estaba saliendo del coche que no estaba en el campus sino en un centro comercial cercano a él.
-¿Se puede saber que hacemos aquí?- no entendía que estábamos haciendo allí, debería estar en casa hundiéndome en mi miseria o mejor, estudiando para el parcial que me quedaba este mes.
-Tenemos que hacer un recado, no tardamos nada- vi como intercambiaban una mirada cómplice que logró preocuparme.
Las seguí por el centro comercial, parecían tener muy claro la tienda a la que ir. Casi me da algo cuando vi donde entrábamos. La Perla.
-Os espero fuera- dije en tono bajo, avergonzada por el lugar en el que me encontraba.
-Lección del día: cualquier mujer puede llevar lencería- rió Alice, tirando de mí hacia el interior de la tienda.
¿Y si me veía alguien allí?
Seguro que no encajaba en esa tienda, sólo hacia falta ver a las dependientas: delgadas, bien vestidas y estupendamente maquilladas.
Parecía la sombra de Rose, no me separaba de su espalda y sólo levantaba la cabeza para sortear los obstáculos.
-¿Qué te parece este?- Rose zarandeó en mi cara un ligero camisón de color beige, casi transparente.
-Humm… pues bien, creo, no sé…- farfullé.
Yo me conformaba con mis sujetadores y braguitas de algodón en colores discretos, nada de transparencias, seda o encaje. Esas delicadas prendas no estaban diseñadas para alguien como yo.
Sólo tendría que aguantar un rato más, esperar a que terminasen y volver a casa.
-A los probadores ya, aquí tenéis- dijo Alice apareciendo de la nada con las manos cargadas de reveladoras prendas.
Nos tendió a cada una varios conjuntos interiores y camisones.
¿Cómo había sabido mi talla? No lo quería ni pensar…
Cuando entré en el probador y vi lo que tenía en mis manos me pregunté: «¿En qué diablos me he metido?». Yo nunca había ido a comprar lencería, nunca había pensado en utilizar este tipo de prendas y ahí me encontraba en un probador de una renombrada y sensual tienda de lencería. Lo peor de todo es que me encontraba acompañada. Las vueltas que da la vida…
Fue terrible mirarme al espejo y verme con tan poca ropa. No me gustaba mirarme al espejo y menos en ropa interior. Odiaba ver las mollas en mi tripa, el grosor de mis muslos, las estrías que aparecían en algunos lugares…
Me lo probé todo lo más rápido que pude aliviada por el hecho que ni Rosalie ni Alice habían hecho su aparición por mi probador.
-¿Qué os lleváis chicas?- Alice daba pequeños saltitos con los brazos llenos a rebosar de prendas.
-Nada, voy a dejarlo todo en su sitio- con esos precios…además no quería vestir algo tan sofisticado y fino. No tenía sentido llevar algo así puesto, no para alguien como yo. Melanie si podría lucirlo adecuadamente y deleitar a alguien con ello al igual que Rosalie y Alice.
-Ni hablar, hoy tiramos la casa por la ventana y ya me dirá Carlise otro día.-sin más vino hacia mi, cogí todo lo que tenía en brazos y se lo quedó ella.
-Por lo menos dila si algo no es tu talla- me aconsejó entre risas y al oído Rosalie.
Un rato después salimos de la tienda con varias bolsas y mi vergüenza por todo lo alto. Además tenía una deuda con Alice que se había empeñado en pagar todas las prendas: las de Rose, las suyas y las mías.
No podía creer que me hubiese atrevido a comprar lencería, menos acompañada y en una tienda de tanto prestigio . No estaba siendo yo misma o al contrario me estaba dejando ser. Ellas habían visto mi ropa interior, me habían ayudado y aconsejado en colores, modelos… no se habían reído de mí. Comprendía porque lo que habían hecho, me querían demostrar que era capaz, al igual que Melanie, de comprar ropa interior sexy. Quizás no me quedase como a ella pero tenía la opción de ir a una tienda y comprármela.
oOooOOoooOOO
El parcial que me quedaba antes de las vacaciones era el más difícil así que me pase más de semana y media encerrada en mi cuarto, estudiando más allá del descanso y sólo abandonando mi tarea para comer, trabajar e ir a clases. Parecía toda una ermitaña, como en los antiguos tiempos.
Los demás también estaban bastante liados, cada unos con sus tareas, pero todos deseando que llegasen las dos semanas de vacaciones navideñas. Para mí iban a ser bastante descansadas ya que a la vuelta sólo me quedaba un parcial, no sabía como andarían los demás.
Cuando por fin realicé mi examen no podía estar más relajada. Pensaba tomarme unos días de descanso u así aprovechar para hacer mis compras navideñas.
Como bien me había temido la lista de regalos había aumentado este año y ahora tenía que añadir a los Cullen y a los Hale, lo que me planteaba un terrible dilema, ¿ qué les iba a comprar?
Aprovechando uno de los días que tenía que trabajar me había pasado por una de las librerías del centro comercial y le había comprado a mi madre una colección de novelas de ciencia ficción, al parecer ahora le había dado por volver a leer y decidió comenzar de nuevo con ese género. Con el regalo de Charlie tampoco me compliqué mucho, fui una tienda de pesca y caza y le compré unas nuevas botas de goretex para sus salidas al campo y de pesca. Posiblemente se habría comprado otras desde que yo me había venido a estudiar pero como era algo que siempre utilizaba sabía que iba a acertar.
Ahora me quedaban los regalos de los demás. Con Emmet ya lo tenía decidido, dado su carácter infantil y chistoso, además de su conocida admiración por la película de "El Rey León", había echado el ojo a un peluche de Simba y a un especial que recogía las tres películas.
Decidida a acudir al centro comercial busqué a Rose para que me acompañase, rezando porque ya hubiese terminado sus exámenes hasta Enero.
Para mi mala suerte ella tenía en un unos días otro parcial así que estaba de trabajo hasta los codos y no podía permitirse una tarde de compras. Me aconsejó que llamase a Alice, quien ya había terminado y nunca se resistía a una tarde de compras.
Con las dudas me volví a mi habitación, pensando en si debía o no llamar a Alice. Nuestra relación había mejorado en estos días, aunque apenas nos habíamos visto por culpa del trabajo. Estaba más cómoda con ella aunque la idea de pasar una tarde con ella y a solas… quizás no saldría bien. Pero también debería considerar la idea de que Rose ya sabía de mi plan por lo que se lo podía comentar a Alice quien podría enfadarse ante la ausencia de mi llamada. Vaya lío…me ahogaba en un vaso de agua.
Como no lo tenía nada claro opté por dejarlo para otro día y dedicarme a descansar.
Y así, de una forma tonta pasaron varios días y fui posponiendo mis compras, sintiéndome estúpida a ratos por no ir yo misma de una buena vez en vez de estar esperando la compañía de Rose. Pero por no enfrentarme a esas multitudes sola…
-¡Soy libre!-exclamó una victoriosa Rose mientras entraba por la puerta de casa arrojando su bolso al sofá-.
-¿ya has terminado todos tus exámenes?- la pregunté sorprendida, mis compañeros y yo habíamos tenido suerte con algunos de los profesores que habían decidido ponernos los exámenes antes de Navidad para que así pudiésemos disfrutar de unas vacaciones tranquilas. También teníamos otros profesores que nos habían quitado la posibilidad de hacer algún parcial y nos obligaban a jugárnoslo todo a final de curso.
-Los exámenes por ahora así, hasta primavera. Lo único que me queda por hacer son un par de trabajos que debo entregar a la vuelta de vacaciones- me contestó mientras se tiraba a mi lado al sofá y bebía de mi zumo.
-Aún así te quedan cosas por hacer…- la medio regañe. No sabía como lo hacia, estudiaba mucho menos que yo y aprobaba, o por lo menos así había sido hasta ahora.
-No me seas gruñona, déjame disfrutar un poco. Además tú llevas unos días en plan vaga- me contestó con todo el acierto del mundo. Los primeros días no había hecho casi nada, colocar y subrayar apuntes, pero días después y movida por un incómodo sentimiento de culpabilidad había optado por estudiar unas pocas horas al día. Dado que Rose y los demás no estaban disponibles me aburría, sola, de tanto leer y ver la tele sin compañía.
Hablamos un rato más hasta que conseguí que Rose se enfureciera porque aún no había completado mis compras a falta de tres días para irnos a casa. Rápidamente trazó un plan, que nos incluida a ambas junto a Alice en un centro comercial; más tarde se nos unirían Jasper, Emmet y Edward para cenar.
No me pude oponer y resignada, aún sin saber porque, me fui con ellas.
El camino en coche fue bastante entretenido, Alice estaba muy excitada ante el panorama vacacional que se la presentaba. Su excitación sólo aumentó con nuestra entrada en las tiendas, cosa que me hizo rodar los ojos.
Me despedí de ellas, que por esta vez no se quejaron, y me fui en busca de los regalos.
Tres horas después y con un cabreo de narices llegué a nuestro punto de encuentro. Odiaba ir de compras y más cuando había tanta gente. Odiaba las multitudes… aunque en este caso no fue tan malo, la mayoría de la gente estaba tan metida en sus compras de última hora que no me ocurrió nada vergonzoso ni nadie me milo de mala manera.
No estaba muy a gusto con mis compras pero era lo que había encontrado después de tantas vueltas.
Rosalie y Alice cargaban también varias bolsas, ignoraba si de regalos o de artículos para ellas mismas; como no estaba de muy buen humor no pregunté.
Lo dejamos todo en el coche y volvimos al centro comercial, sólo que esta vez a la zona de restaurantes donde tres impacientes chicos nos esperaban en una mesa.
-¡Por fin!-exclamó Emmet mientras se levantaba para ir hasta donde su novia.-pensábamos que os habíais perdido.
-No será para tanto hermano- le contestó Alice desde los brazos de Jasper, quien sin decir nada se había acercado a abrazar a su novia.
-¿qué tal tu tarde Bella?- me preguntó Edward, incómodo como yo, o eso suponía, ante las muestras de afecto de sus hermanos y parejas. Parecía que allí estábamos de más.
-Horrible, tengo ganas de coger un carrito y atropellar a alguien…-solté sin pensar.
No sabía que había hecho una broma, pero al parecer así fue porque mis amigos se partieron de risa. Si al final iba a ser hasta graciosa… pensé con ironía.
Nos sentamos en torno a la mesa, que en vez de sillas estaba rodeada por un sillón de forma ovalada, nunca había comido en un sitio así dispuesto. Las dos parejitas se acurrucaron en el sofá, dandose muestras de su amor. Me fijé un poco más en ellas, vi como Jasper y Emmet rodeaban con uno de sus brazos las finas cinturas de sus novias, como de vez en cuando las acariciaban el pelo o las mejillas, las dejaban un tierno beso en el cuello o las besaban en los labios. Parecían estar muy cómodos, felices y seguros, rodeados de la persona que más les importaba.
Para mí era todo un espectáculo, mis padres no eran muy dados a las muestras de afecto, sólo un pequeño beso de vez en cuando, pero nada de ese contacto constante o de esas palabras cariñosas e impregnadas de amor.
¿Cómo se sentiría todo eso, saberse protegida y cuidada por una persona para quien tú eras el centro de su vida; una persona que velase por tu felicidad, que te consintiese y apoyase, que te regalase los oídos con tiernos susurros?
Perdida en mi mar de irracionales pensamientos ignoré a Edward, que sentado a mi lado, también parecía estar sumergido en sus propios pensamientos.
Cenamos tranquilamente, como era entre semana no había mucha gente. Hubo risas y constantes charlas amistosas. Daba gusto estar en un ambiente tan relajado.
-¿Por qué no vamos al cine?-sugirió Alice cuando todos pensábamos irnos a casa.
-Hace mucho que no vamos- la apoyó Rose.- Y últimamente no hacemos nada juntos…-puso cara de pena ¿acaso esperaba encontrar resistencia? Emmet besaba el suelo por el que caminaba, nunca le negaba nada y además contaba con el apoyo de Alice.
Sin disputa alguna encontramos una película que nos gustase a todos y sacamos nuestras entradas.
Era la primera vez en mucho tiempo que salía con un grupo de personas y me sentía bien, siempre había temido tener tanta compañía, esperaba que algo malo ocurriese, que yo metiese la pata, pero nada de eso había ocurrido. Parecía hasta casi normal ir al cine con más personas y no tú sola, o que provocaba la mirada indiscreta de la gente.
Cuando íbamos a media película todo el líquido que había bebido durante la cena decidió hacerse notar y tuve que ir al baño.
-¿Dónde vas?-me preguntó Edward que era mi único compañero de butaca dado que estaba sentada en la esquina.
-Pues al baño, ¿qué te pensabas?- sus ojos brillaron con fuerza aún en la oscuridad.
-¿Te acompaño?- me ofreció en ese tono tan caballeroso suyo.
-Puedo ir sola.- le respondí en el tono equivocado mientras me levantaba y cogía mi bolso.- Aún así gracias.
Caminé con cuidado por miedo a tropezarme, no veía nada. En el baño intenté darme prisa para no perderme demasiada película.
-¿te has perdido?-levanté la cabeza para ver quien me hablaba. Se trataba de un hombre moreno, más alto que Emmet, lo que me impresionó bastante dada la altura del mayor de los hermanos Cullen.
-No.- intenté seguir con mi camino, abrumada por su presencia.
-¿te acompaño a tu sala?- volvió a la carga.
-No.- volví a contestar con ganas de perderle de vista.
-No te voy a morder. ¿Cómo te llamas?- me preguntó, ignorando mi incomodidad y el deseo de irme. No quería conocer gente nueva y mucho menos de aquella manera, siendo asaltada por un hombre a quien no conocía y tampoco tenía ganas de conocer, a la salida de los baños.
-No es de tu incumbencia- dijo una voz conocida que provocó que diese un no muy suave respingo.
Casi corrí hacia él y me enganché a su brazo, deseando que me quitase de la vista de aquel hombre que me miraba con alo que parecía… ¿interés?
-Me estaba preocupando al ver que tardabas tanto-dijo mientras me estrechaba contra él y nos llevaba de regreso a la sala, ignorando a aquel tipo, que por fortuna no dijo nada.
-Te estaba molestando-afirmó Edward.- Quiero que tengas mi número de teléfono y me llames siempre que te pase algo.
Obedecí su orden, totalmente avergonzada y sin ganas de discutir.
De nuevo en la sala las chicas me preguntaron por mi tardanza, decidí mentir y dije que me había entretenido en el baño. No quería más comentarios.
oOooOOoooOOO
Los tres días pasaron volando, fui obligada por Rose a adornar un poco nuestro apartamento, muy a regañadientes, pero al final lo hice, era demasiado insistente.
En todos esos días no había tenido oportunidad de darles los regalos, quizás ellos no me hubiese comprado nada y al darle los míos quedaba mal, obligándoles a hacerme ellos un regalo. Además aún no habíamos llegado a las auténticas fiestas.
Puse algo de ropa en una bolsa de mano, ese iba a ser todo mi equipaje de regreso a casa, en Forks contaba aún con bastante ropa. Decidí dejar los regalos en mi cuarto esperando encontrar el momento adecuado a mi regreso.
-¿Cuándo sale tu vuelo?- me preguntó Rose mientras entraba a mi habitación.
-En un par de horas voy al aeropuerto, ¿y vosotros?- le dije mientras cerraba mi bolso.
-Tenemos que esperar hasta la tarde, ¿quieres que te llevemos hasta el aeropuerto?- me ofreció mi tan diligente amiga.
-Si no te supone mucho alboroto…-musité.
-¿Por qué llevas unos días tan callada?, ¿ ha pasado algo que no me hayas contado?- dijo mientras me agarraba por la muñeca y me sentaba en la cama.
-Nada…- me miró con cara de reproche.-Bien, estas fiestas no me gustan nada y además mi madre tiene un sospechoso interés porque vaya a casa, me ha llamado más en estas dos últimas semanas que en los últimos cuatro meses- me desahogué con ella.
-¿Tan mal están las cosas con tu madre?- me dijo mientras me agarraba una de mis manos en señal de apoyo.
-No es que estén mal, es que no soy lo suficientemente buena para ella. Ella es una mujer muy perfeccionista, una mujer modelo, atractiva, decidida… y yo la he salido rana.- realmente no me había sentido aceptada por ella.
-Siento si lo que voy a decir es muy duro pero creo que tu madre no te merece. Eres lista, amable, buena persona, sincera… no tienes nada que envidiarle a nadie. Si ella no lo ha sabido ver…
-Siento mucha presión cuando estoy con ella, me siento constantemente juzgada. No me recrimina nada abiertamente pero a veces lo que no se dice duele más que lo si se dice. Pero todo esto es peor en Navidad, monta fiestas a las que acuden un montón de personas y no hago más que sentirme peor- dije mientras recordaba las multitudinarias fiestas de Renne, a las que iba medio Forks.
-Creo que una madre debe aceptar a su hijo tal y como sea, quererle por encima de todo y ayudarle en aquello que pueda. Eso es ser madre y no esperar a tener un hijo modelo que cumpla tus sueños frustrados.- dijo con vehemencia. Ella sería una buena madre, tenía un gran instinto maternal, yo era la prueba de eso.
-No le voy a dar más vueltas porque me voy a sugestionar más. Quizás este año las cosas sean distintas- suspiré, poco convencida de mis últimas palabras.
-¡Guau! Bella optimista… no pensé vivir para ver algo como esto…- y como por arte de magia el ambiente pesado se esfumó.
Dos horas después estaba en la sala con todo preparado para irme mientras Rose buscaba las llaves de su coche. Sonó el timbre y me encaminé a abrir la puerta, encontrándome con Alice, Jasper, Emmet y Edward.
-¿Te pensabas ir sin decirnos nada? ¡Qué ingrata!- dijo Alice que no me dejó ni abrir la puerta cuando ya estaba en mis brazos, ahogándome pese a ser tan pequeña y menuda.
Cuando quiso soltarme volví a ser apresada por Emmet; por suerte Jasper fue más comedido.
Edward me sorprendió abrazándome por primera vez.
-¿Ocurre algo Bella?-me preguntó Edward aún abrazándome, seguro inquieto por la rigidez de mi fofo cuerpo. Se iba percatar de todas y cada una de mis formas…
-Lo que intentaba saber era si había alguna razón para que tuvieses que abrazarme.-le dije en tono bajito desde su cálido pecho.
-Sí, porque me gusta abrazarte y además esto es una despedida-contestó él, apoyándome aún más contra cu cuerpo.
No encontré respuesta a aquello demasiado intimidada por las circunstancias.
-En mi familia nos gusta abrazarnos.-me in formó.-
Sin quererlo sentí un gran placer al estrecharme contra su poderoso pecho, oír el ritmo alterado de su corazón y aspirar el suave olor de su piel. Estaba tan enfrascada en aquel abrazo que me apoyé completamente sobre él e incluso cerré los ojos, disfrutando a la vez de la reconfortante sensa ción de su mano acariciándome la espalda.
-Todo esto me está resultando tan nuevo, to dos... Y tú, sobre todo tú -musité con voz ronca, casi de forma autómata, esperando que él no me escuchase.
La realidad me golpeó de sopetón y con la misma velocidad me deshice de los brazos de Edward.
¿En qué estaba pensando? ¿ que habrían creído los demás?
Roja como un tomate y sin mirar a nadie recogí mi bolsa de mano, mi portátil y mi bolso, ansiosa por salir de allí.
Antes de irme pude ver la amplia sonrisa que ocupaba el rostro de Edward, ¿a qué se debía? ¿Estaba divertido por la impulsividad que había dominado mi forma de actuar?
oOooOOoooOOO
En unas tres horas llegué a Port Angels, donde mi padre me esperaba con la patrulla de policía. Desde lejos y aún más cuando me acerqué pude ver que se notaba cansado, tenía oscuras y profundas ojeras y parecía haber perdido algunos kilos. ¿Sería todo ello por el trabajo? ¿ o pasaba algo más?
Tímidamente nos saludamos y emprendimos el camino a casa, que estuvo plagado de silencio. Charlie no era un hombre muy hablador; le conté algo sobre la universidad y él a mí sobre las escasas novedades del pueblo, por Forks nada había cambiado.
-Bella hija, ¡has adelgazado!, ¡qué buena noticia!- dijo mi madre como saludo…
Al final las carreras con Rose habían servido de algo, últimamente había notado como los pantalones me quedaban ligeramente sueltos, no mucho, era algo imperceptible para los demás, sólo el crítico ojo de mi madre podría notarlo.
-Hola también a ti mama, ¿ cómo van los preparativos?-le pregunté mientras me sentaba en mi silla preferida de la cocina y ella volvía a sus tareas.
-Este año no habrá fiestas.- me contestó en tono cortante.-Mañana cenaremos con la familia Black pero no habrá grandes celebraciones- me dijo dándome la espalda y dejándome impactada por la doble noticia. Los Black vendrían a casa, ¡qué horror!... me tenía que preparar para el encuentro y para colmo no contaba con la presencia de Rosalie.
La otra noticia, que debería haberme alegrado, era la ausencia de fiestas de puertas abiertas. Mi madre siempre era el centro de atención, disfrutaba con ello. Le encantaba decorar la casa exageradamente y así ganarse las felicitaciones de los vecinos. Eso me llevó a percatarme de que nunca la casa había estado menos adornaba.
Algo andaba mal, muy mal.
-¿se puede saber por qué?- la pregunté con la mosca detrás de la oreja.
-nada en especial.- mintió descaradamente.-Vete a colocar tus cosas- y con eso me despachó.
Decidí encender mi portátil para ver una película y mandarle un correo a Rose. Con algo debía matar la tarde.
Después de una inquieta noche me puse a estudiar hasta la hora de la cena. No había mucho que hacer en casa.
-Prepárate para la cena- dijo mi madre la noche siguiente cuando entró en mi cuarto sin ni siquiera llamar a la puerta.
-¿qué miembros de la familia Black vendrán?.- había intentado no hacer la pregunta para no despertar el interés de mi madre. No se la habría hecho a ella de haber tenido la oportunidad de preguntárselo a mi padre a quien apenas había visto por casa y que cuando estaba no se hacia notar, nunca llegaba a las comidas y se iba muy pronto a su cuarto. Raro.
-Vendrán el señor Black y sus dos hijas: Rachel y Rebecca. Ambas han acabado la universidad y han decidido pasar unos días con su padre. Jacob tiene demasiado trabajo con la universidad y no puede venir- solté un sonoro suspiro, aliviada por su ausencia.
No les tenía especial simpatía a los Black, no tenía ganas de cenar con ellos, pero las las cosas mejoraban ante la ausencia del menor de los Black. Además la cena era mejor opción que una reunión con medio Forks, no había echado de menos a nadie de allí.
Mientras ayudaba a mi madre a preparar la mesa fui sometida a un interrogatorio de tercer grado. No me preguntó por las clases o por los exámenes sino por la ciudad, el clima y sobre todo por los chicos, parecía que había ido a San Francisco a socializar, a ligar y no a estudiar.
-Así que los chicos esos Cullen y Hale son muy amigos tuyos- concluyó después de nuestra charla.
-Yo no he dicho eso- me defendí rápidamente sin saber porqué.
-¿Edward es guapo?-me preguntó dejándome clavada en el sitio.
-¿Por qué siempre sacas tus propias conclusiones?-medio chillé enfadada, con lo que sólo logré apoyar sus teorías.
-Has hablado constantemente de ellos-me reprochó divertida mientras terminaba de colocar las servilletas.
Revisé todo lo que había dicho y caí en la cuenta de que se me había soltado la lengua.
Todos ellos se habían convertido en algo importante en mi vida, pero mi madre solo se había quedado con Edward porque era hombre y estaba soltero, de eso estaba segura.
Era cierto que Edward, con su constante compañía, sus tontos comentarios, su constantes atenciones y visitas... se había ganado un espacio en mi vida. Pero mi madre quería ver cosas donde no las había y no pensaba darle el gusto de especular ni de hacerse vanas ilusiones.
La distancia entre Edward y yo era como querer curzar de Estados Unidos a Esapaña a nado. Imposibles.
La cena transcurrió lentamente, quizás porque lo único que hacía era mirar el reloj y mensajearme con Rose, deseando que llegase la hora de que se fueran y así poder irme a la cama.
Era muy aburrido escuchar lo bien que les iba a las hijas de Black, ya habían terminado sus carreras y ambas estaban comprometidas. Su vida era de color de rosa, ellas eran lo que mi madre quería para mi futuro, quería que fuese algo más que una escritora frustrada, enterrada en libros y manuscritos, rodeada de letras. Sería mejor si fuese una elegante a abogada o una prestigiosa empresaria.
No es que Rachel y Rebecca me cayesen mal, era que simplemente nunca había tenido relación con ellas y no teníamos ninguna intención de comenzarla ahora.
Después de cenar son sentamos en los sofás para terminar allí la velada.
-¿Cómo le va a tu hijo por Boston?-preguntó mi madre que era quien había llevado la batuta de la conversación. Mi padre seguía callado, ni aún con su mejor amigo parecía dispuesto a soltar más de un par de palabras.
-Ya sabéis que Jake es todo un portento, y no lo digo porque sea mi hijo. Los estudios le van fantásticamente bien, además es muy popular entre la gente de allí, hace amigos allá donde va.- dijo el señor Black, alardeando orgullosamente de su querido hijo.
-Jake siempre ha sido un buen chico, ¿no te parece Bella?- me preguntó mi madre en un intento de hacerme participe de la conversación.
-No le he conocido mucho.- me limité a decir, sólo deseando que cambiásemos de tema.
-Eso no es así, hubo un tiempo en el que erais muy amigos.- volvió mi madre a ahondar más en el tema.
-Nunca hemos sido amigos.-zanjé de manera brusca, provocando el enojo de mi madre y las miradas de asombro de los Black.- Voy a por algo para beber.-me limité a decir, buscando un momento de paz.
La noche pasó entre conversaciones sosas, fue casi soporífera. Sentí ganas de bailar cuando se fueron y pude irme a la cama. No fue hasta la mañana siguiente cuando vi que tenía un mensaje de texto de la noche anterior.
Cuando me puse a pensar
la razón me dio a elegir
entre ser quien soy, o ir
el ser ajeno a emprestar,
Mas me dije: si el copiar
fuera ley, no nacería
hombre alguno, pues haría
lo que antes de él se ha hecho:
y dije, llamando al pecho,
¡Sé quien eres, alma mía!*
Feliz Navidad
Con cariño, Edward
Me quedé varios minutos en la cama, releyendo las palabras e intentando descifrar el significado que en ellas se ocultaba, contenta por haber recibido semejante felicitación y porque él se hubiese acordado de mí, más incluso porque hubiese buscado semejantes palabras para mí.
¿Por qué lo habría hecho? Podía dar las gracias por no tener que enfrentarlo en un amplio espacio de tiempo.
Pasé el resto de mis días en Forks estudiando. El ambiente en casa estaba enrarecido, mi padre era apenas una sombra y para mi sorpresa mi madre estaba más seria se lo normal, incluso me dejaba estar más a mi aire. Sólo me presionó en Nochevieja para que saliese con la gente del pueblo. Según ella nos conocíamos de toda la vida y seguramente estarían encantados de que les acompañase. Yo me negué categóricamente y eso provocó una pequeña discusión, nada que no hubiese sufrido antes.
Mantuve un contacto telefónico con Rose durante todos esos días. Afortunadamente ella se lo estaba pasando mejor que yo aunque a veces estaba algo molesta por tener que acudir a tantos eventos con sus padres. Al menos contaba con el apoyo de su hermano y de los Cullen que también andaban por allí.
También hablé con los demás ocasionalmente, cuando llamaba a Rose y estaban todos reunidos. Fueron bastante efusivos en sus felicitaciones navideñas, como lo eran en casi todo. Me tuvieron al teléfono más de una hora, me alegré de ver como todos estaban disfrutando del calor de sus hogares y de la compañía de sus padres.
Mientras bajaba por las escaleras escuché unos gritos amortiguados que provenían de la cocina. Mis padres estaban discutiendo, por lo menos se dirigían la palabra, cosa que no había visto durante estos días.
Me detuve en el descansillo de las escaleras, esperando a que acabasen. No era grato escuchar a tus padres discutir aunque menos lo era vivir rodeada de aquel tenso silencio, habían sido unos días horribles, vacíos, silenciosos, tirantes…
Mi padre azotó la puerta de la cocina y se encaminó a pasos agigantados al salón. Decidí ir a la cocina y ver que había pasado, Renne siempre había sido más comunicativa que Charlie.
-¿Hay algo que vaya mal?- la pregunté desde la entraba.
-¿Mal? –repitió medio embobada con una clara mueca de enfado. Aún podía ver el color grana de su piel como consecuencia de lo ocurrido momentos anteriores.
-Tienes una expresión muy peculiar en la cara.- la dije sin querer acusarla de nada.
No me dijo nada y me vi obligada a seguir preguntándola, cansada ya de tantas rarezas.
-¿qué le pasa a Charlie? Mejor dicho, ¿qué esta pasando en esta casa?- la pregunte con un claro tono acusatorio.
-Ve a buscar a tu padre y te hablaremos de ello.-me dijo con un tono frío que me heló las venas.
Hice lo que me pidió. No me costó mucho convencer a mi padre quien por primera vez en mis dieciocho años de vida parecía roto, ¿había llorado?
Me estaba sintiendo enferma, ¿teníamos deudas?, ¿alguno estaba mal de salud?
Nos sentamos en la mesa de la cocina y fue Renne la que comenzó.
-Has visto que este año las cosas ha cambiado. La vida va por ciclos, cuando uno se acaba empieza otro distinto y a veces hay que dejar cosas atrás. La vida cambia y nosotros cambiamos con ella.
Hasta ahora nada en su discurso me había parecido raro pero no entendía a santo de que venía toda aquella perorata, sólo podía ver como la cara de mi padre tomaba una mueca extraña y se tensaba en sus sitio.
«Mi vida ha cambiado y yo me he dado cuenta de que ya no estoy a gusto tal y como he permanecido durante estos últimos dieciocho años. Me siento encerrada en esta casa, en este pequeño lugar. Siento que me oprime, que me constriñe.»
¿Se quería mudar?
¿Por qué solo hablaba de ella y no también de Charlie?
«También mis sentimientos como mujer han cambiado. El amor no es como lo pintan en lo libros, no es eterno; y el mío con el paso de los años se ha gastado, ha desaparecido.»
Vi como los ojos de Charlie se cerraban, intentando aplacar sus emociones. Ahora estaba segura de que antes había llorado, aquellos ojos rojos eran la prueba,
¿Ya no amaba a mi padre? ¿Era eso lo que me estaba diciendo?
«Ante todos estos cambios me he dado cuenta de que mi vida necesita un giro, nuevos aires. Quiero explorar cosas nuevas, sentir de nuevo. Y todo eso, como bien te habrás dado cuenta, no lo puedo conseguir aquí, al lado de una persona a quien ya no amo pero a quien le tengo un profundo cariño y respeto.»
Mi madre estaba abandonando a mi padre. Su amor se había esfumado y ahora le dejaba tirado, cual colilla en un bar, y se preparaba para vivir de nuevo, para comenzar de cero después de casi veinte años de matrimonio.
No me lo podía creer. No me salían las palabras, estaba bloqueada del tal forma que ni siquiera había podido llorar. Sólo podía mover la cabeza alternativamente hacia mi madre y hacia mi padre intentando buscar una explicación a todo esto. Intentando entender cómo era que ese amor que se tenían se había acabado, intentando entender a mi padre, pensando en como iba a sobrevivir. Estaba hecho pedazos, roto por fuera y por dentro, con la mirada perdida y sin alzar la mirada, sin ni siquiera abrir la boca o hacer un intento; mi madre, aunque callada y apenada, estaba entera.
¿Y cómo estaba yo?
No lo había visto venir, ¿ qué clase de hija era? ¿ qué clase de persona que permanecía fuera por tres meses y no se daba cuenta de que su hogar se estaba desmoronando?
¿Cuántas veces durante esos mese había hablado con su padre?
«Sólo por ti hemos esperado hasta Navidad, pero las cosas ya estaban acabas desde antes de que llegases. Tu padre duerme en la habitación de invitados desde hace un tiempo. El divorcio y mi salida de esta casa son inminente. ¿Bella, hija?»
*José Martí
¡HoLa! l:48 en España... me he retraso un poco pero no quería dejaros sin actualización. La verdad es que me he pasado un poco con el tamaño del capítulo, ¡el más largo hasta ahora! ¿Qué os ha parecido?
Gracias por los reviews, favoritos, alertas y lectura.
MuacksS !
