CAPÍTULO FINAL
The Final Frontier

Los últimos hechos habían sido tan sobrecogedores e inesperados, en partes iguales, que la impresión de los sobrevivientes había logrado algo más, otramente impensable: se habían olvidado de la colmena que tenían detrás, el mayor éxito de sus esfuerzos hasta el hallazgo -cualesquiera que fuera el modo en el que lo hubiesen hecho – de Aeron y Dickar. No obstante, la mente compartida que formaba a esa vida amorfa sí que había sido consciente de los últimos acontecimientos, y todos los seres que antes se movían alrededor de ella -cumpliendo sus funciones o manifestando las características de sus piezas fundamentales- se habían detenido, y estaban observando expectantes al grupo libre. La colmena en su conjunto latía, como un corazón sereno y concentrado, de forma muy sutil pero apreciable. Estaba lista para llevar a cabo el siguiente paso, tan pronto como toda la determinación de las partes – también las del grupo externo – confluyese en un mismo punto de decisión. Y los miembros de éste último grupo lo supieron en sus interiores como el mayor y más dirigido de los instintos: sabían lo que tenían que hacer.

Instantes después, todos los seres de la masa colectiva se agitaron y se lanzaron a la acción: la orden había sido dada sin necesidad de que nadie se comunicase con palabras. Los insectoides levantaron vuelo al unísono y se dispersaron después en una primera fase de reconocimiento, y tras su rápido vuelo la mayoría de ellos se reunieron en el aire, enfocados hacia una misma dirección, mientras que otros pocos regresaron a los latidos de su base para continuar las tareas vitales de creación y maduración de nuevos seres.

Los demás -aquellos que todavía retenían sus cuerpos originales, y que habían pasado de ser la única acción presente en ese mundo a convertirse en sencillos ingenieros del plan; quizá también guías en esos momentos- salieron del momentáneo trance de la orden de ataque y se dieron cuenta de que mantenían sus conciencias individuales muy separadas entre sí: su conexión con el resto no había sido más que una ilusión, comparada con la unión al mayor de los niveles que experimentaban sus amigos petrificados, en ese nuevo estado.

-¡Tenemos que seguirles! ¡Se dirigen a la posada y van a recuperar lo que va a curarlos a todos! ¡Pero necesitan nuestra ayuda! -gritó Kaira, quien dados los últimos acontecimientos se sentía mucho más fuerte y capaz, ya completamente fuera de la impotencia que tan pocas veces había sentido cuando se hallaba con sus particulares Pokémon cerca, incluso cuando no estaba la gente poderosa que normalmente le apoyaba en su mundo de origen.

De entre el resto, Will asintió el primero; las palabras de la niña las habría dicho él -quizá de otra forma, pero con el mismo significado- si no se le hubiesen adelantado, y se puso a la cabeza de los presentes, con su espada lista para ser desenvainada. La gran mayoría de los restantes se pusieron también en posición, hasta que Danot habló:

-¿Deberíamos ir todos, o debería alguien vigilar la colmena? -su voz sonaba seria, pero también afectada de duda por el desconocimiento de cómo funcionaban esos seres.

Una respuesta colectiva les llegó de la colmena misma, y el mensaje era que no se preocupasen, que fuesen, que ellos estarían bien. A pesar de todo, era cierto que quedaban multitud de seres para defenderla, y más aún en estado de creación si ello era necesario.

—Entonces, vamos a la posada —afirmó Will con seguridad, recibiendo un asentimiento unánime.

...

Lejos de ahí, más lejos que los confines del espacio, en su despacho oscuro de otra dimensión, Padre habló a los suyos.

-El plan se ha salido ligeramente de control, pero sólo con esto no podrán detenernos. No tienen ni idea de las cartas que tenemos bajo la manga... -expresó, con voz siniestra.

Cerca de él, con la espalda cercana a una de las paredes, la figura encapuchada levantó la mirada. Ese gesto sólo se intuyó en un ligero movimiento de su cabeza y de la tela que la cubría: la oscuridad le ocultaba completamente el rostro.

-¿Acaso quieres decir algo... Noemí? -la voz de Padre, siniestra como antes, mostró un sutil atisbo de curiosidad cuando formuló esa pregunta. Él, con los ojos igualmente oscuros, también la miró.

Permanecieron en silencio durante algunos segundos. Después, efectivamente, la figura encapuchada habló: con esa voz fría, sin más sentimientos que los deseos primarios que compartía con su interlocutor, y que ya había demostrado; pero también aguda y con un timbre mucho más dulce que el de Padre. Era la voz de una chica muy joven.

-Estaba pensando que podríamos detener el ataque si yo me encargo, liberando mis criaturas -; puso especial énfasis en esta última parte dentro de su fría serenidad -Ellos han creado un ejército a partir de sus propias mentes, combinándolas con materia viva que las ha asimilado. Es un plan inteligente, pero no podrá sostenerse porque nosotros podemos hacer lo mismo. Sí -hizo una pequeña pausa, una en la que su silencio sepulcral de alguna forma se interpretó como una risa de desprecio ajeno ante el triunfo -Basta con copiarles burdamente la idea. Tontos -terminó.

El oscuro ser que se hacía llamar Padre sí que se rio. Poco, pero lo hizo; e incluso para sus propios Geolitas fue estremecedor. Para sí mismo, tenía que confesar que una duda le había pasado por la mente, un breve instante; era la misma duda que acontecía cada cierto tiempo en sus pensamientos y después se disolvía rápidamente, desde que había conocido a la muchacha. La duda de si podía confiar en ella, y de por qué le permitía tomar tantas decisiones dentro de sus planes. La respuesta siempre acababa llegando, sola: todo se había vuelto más divertido desde que ella había aparecido.

Era cierto que en algunos momentos también la había temido. A pesar de sus propias inhumanas características, para él también había algo escalofriante en esa niña, con gran poder a pesar de su tierna edad aparente, y también crueldad. Lo que más temía era que en realidad desconocía el alcance del poder de la chica, y sus fuentes: todo se manifestaba a través de sus "criaturas", pero en la presencia de las mismas percibía un caos que se hacía allende a las todas las realidades que él conocía; y eso que él podía controlar dimensiones, y había estado en muchos mundos, visitándolos y consumiéndolos. Pero la clave de su confianza estaba en lo que compartían, esa misma sed de energía, esa misma adicción y necesidad; además, la chica le daba pinceladas nuevas a su otramente monótona tarea, y siendo francos, era gracias a ella que había podido intentar un festín a gran escala en esta ocasión: nunca antes había tenido en sus garras a tantas personas y seres juntos. Esas últimas palabras que ella había dicho, esas ideas tan sencillas, llenas de razón aplastante en apoyo de sus planes, fueron una muestra más de lo ya dicho.

-Tus criaturas... -tras su inquietante risa, Padre habló -Azure, Lean, Full Heal... -hizo una pausa, enfatizando el irónico nombre que esa en particular tenía -Anedepami... -siguió, habiéndolos nombrado a todos; por lo menos, aquellos a los que él conocía.

-Sí, exactamente. Muy especialmente, Anedepami -la figura encapuchada hizo entonces lo más inesperado: se quitó la capucha, y aun en la oscuridad de la habitación pudo verse un brillo profundo en sus ojos violeta; en sus labios pálidos se recortaba una media sonrisa, algo artificial -Él puede hacer lo mismo que esos a los que llaman Zergs, ¡sólo que mil veces mejor! Y con más elegancia – afirmó, vehementemente -De hecho, tengo gran seguridad en que Anedepami podría absorber a todo el enjambre de mutantes con relativa facilidad... lo único que me preocupa es que, siendo ellos tantas mentes distintas, y seamos francos, algunas muy poderosas... quizá podrían imponerse, tomar el control -admitió, aun así no parecía que su mencionada preocupación minase en absoluto su confianza- Sin embargo, si nutriéramos a Anedepami con otras mentes, así como ellos han nutrido el enjambre con las de sus compañeros convertidos en estatua... no les quedaría oportunidad alguna -aseguró, revelando así cuál era su carta secreta, la fuente de su confianza- A pesar de todo, siguen débiles, y se encuentran en un medio al que no están acostumbrados; en este estado, aunque usáramos mentes sencillas como las de los Geolitas de potenciador; Anedepami sería lo suficientemente capaz como para digerir su esencia, y después podríamos extraer de él nuestro festín de Navidad. ¿Necesitamos más, Padre?

—No... creo que no respondió éste, regocijándose —Entonces, tendría que absorber a los Geolitas... ¿a todos?

—¿Cómo que absorbernos? ¿Absorbernos? ¡¿Esa cosa?! —varios de ellos protestaron, pero muy en especial Wyg y Fyn impusieron sus voces —¡De ninguna manera!

—Es una condición indispensable para que el plan funcione, sí —espetó Noemí, viéndoles con frialdad —Pero no os preocupéis... —siguió, caminando lentamente hacia ellos.

En tal momento, como pocas veces antes había hecho, alargó una mano hacia Fyn, y demostró con una caricia que ella también podía ser suave.

—No os preocupéis —repitió —A vosotros no os pasará nada —le aseguró.

—Bueno, si tú lo dices, muñeca... —el aludido respondió con una mirada tonta, casi le habían convencido.

—Al menos será así si no vuelves a llamarme así —espetó Noemí, gélida nuevamente, y tomando sus distancias.

Entonces Wyg dio un paso al frente, y la enfrentó.

—Yo sigo diciendo que no, ¡sigo pensando que ni muerto permitiré que Anedepami me asimile! ¡Nuestro trabajo ya es lo suficientemente rastrero...!

Pero Padre, quien lo observaba todo con ojos siniestros, tranquilos a pesar de la energía demoníaca que emanaban, no le estaba escuchando. Sólo una cosa le importaba: ese era el momento definitivo en el que tenía que escoger si confiaba o no en Noemí. La duda definitiva. Si asentía, todo su ejército sería absorbido por la criatura, dejándole más indefenso de lo que quisiera ante la traición que podría suceder. Y entonces le vino a la mente una pregunta:

—Noemí —pronunció, interrumpiendo al Geolita con ímpetu —Quiero preguntarte una cosa. ¿Por qué, sin conocerme apenas, has confiado tanto en mí? ¿Y por qué, pudiendo ir por tu cuenta, no has competido conmigo por La Rosa de los Vientos y sus viajeros? —le soltó.

Ella le devolvió una mirada profunda, ligeramente sorprendida. Después, con confianza, le mostró una sonrisa deformada, como si parte de esa pregunta le ofendiese, y parte de ella le divirtiese.

—Mis criaturas ni siquiera pueden hablar, a diferencia de los Geolitas —explicó, como si ello fuese una obviedad —Me gusta la energía y me gusta crear líos, pero es Navidad... y por una vez, me gustaría poder compartir mis vicios con alguien, Padre. No soy tan inhumana como eso.

En respuesta a su respuesta, Padre le esbozó una sonrisa similar. Era algo similar a lo que él sentía. Y ya había pensado en ello antes... esa chica le gustaba demasiado.

—Adelante, Noemí —le dio permiso —Haz lo que debas hacer con ellos.

—¡No! —contestó un aterrado Wyg.

Pero no sirvió de nada. De debajo de su túnica, la joven pelinegra sacó una esfera rojiblanca, uno de esos receptáculos llamados como Pokéball o Pokebolas; poco después un haz de luz emanó de ella, materializando lo que en principio parecía un cuerpo de reptil, de cerca de dos metros de altura, piel anaranjada y formas de dragón. A primera vista, muchos le hubiesen identificado como un Charizard; pero algo parecía no encajar con él. Su comportamiento era extraño, su mirada parecía vacía... y entonces, repentinamente, distintas partes de su cuerpo empezaron a mostrar irregularidades, tales como si se vieran afectadas por una distorsión dimensional. Ese era Anedepami.

—Por favor, ¡no! —gritó de nuevo Wyg.

De nada sirvió.

El grupo seguía a los Zerglings en el crucero de batalla principal de FBRTCARO, encontrándose en él tanto quienes podían combatir como quienes no. El plan había sido decidido rápidamente durante el trayecto: todos los que no tuvieran tanta experiencia peleando llevarían trajes de asalto, al menos para evitar ser dañados durante el ataque que serviría de distracción para obtener muestras del veneno, principalmente. Pero para esto necesitaban a alguien que se desplazara rápidamente, mucho más que la dañada nave.

Danot tenía que admitir que el traje era más cómodo y ligero de lo que parecía, y sin embargo, estaba diseñado para brindar un grado muy alto de protección. RoddBass , Músico, Kaira y Mith también se los habían puesto, mientras los demás permanecían con su ropa usual.

—¿Estás completamente seguro de hacer esto? —preguntó Mith, al ver a Danot montado sobre una enorme motocicleta de las almacenadas en el crucero.

—Sí... es cierto que no puedo pelear, pero sí que puedo ayudar con esto —expresó el chico, tratando de juntar valor para lo que vendría a continuación.

—No te preocupes Mith, lo cuidaré bien —intervino pronto Kaira, montada también en uno de esos vehículos—; además, manejar una de estas es de lo más sencillo y seguro, o eso dijo Gost —explicó con completa tranquilidad.

Pronto los gritos del aludido, quien también iba en motocicleta, llamaron la atención de todos. Con una pericia extraordinaria, Gost realizaba vueltas, derrapes y otras hazañas impresionantes en tan poco espacio, dando la impresión de que cualquiera podría hacerlo... hasta que por una torpeza acabó estrellándose contra una pared, y si bien el pobre artefacto acabó explotando y hecho trizas, el fantasma Terran salió aparentemente ileso de la colisión.

—Tendremos cuidado —afirmó Danot, con una marcada expresión de incredulidad ante lo visto, sin saber si era por la aparente torpeza o suerte infinita de Gost.

Todos los tripulantes pudieron notar cuando la nave aterrizó, sin mucha delicadeza, a unos cuantos cientos de metros de donde estaban las ruinas de la posada, y tanto el equipo de ataque como el de recuperación salieron a toda prisa. Con sus corazones acelerados, se lanzaron rápidamente sobre su objetivo, el cual ya era asediado por los Zerglings, pero para su extrañeza, no hallaron a nadie ahí.

—¿Acaso piensan tendernos una trampa? —preguntó Will, con su espada desenfundada y un nudo en la garganta, pues de todos los escenarios posibles, éste no había pasado por su mente.

—Probablemente ya hayamos caído en ella, pero eso no cambia nuestro objetivo —afirmó Aeron, y tras su señal, los integrantes del equipo de recuperación se dispersaron por el área.

Danot sintió la tentación de ir a buscar sus Pokéballs, que por descuido había dejado en su habitación antes de la fatídica cena, pero sus otros amigos también dependían de él, por lo que se prometió ir a buscar a sus Pokémon apenas encontraran una muestra del veneno. Después fijó su atención en Kaira, quien parecía tomarse la búsqueda animadamente, casi como un juego, aunque no por ello lo hacía menos seriamente, lo cual le ayudó a realizar esa labor de la mejor manera posible. Incluso algunos de quienes lucharían, como RoddBass o Músico, ayudaban, mientras Will, Jex y Aeron permanecían en guardia, al igual que la mayoría de Zerglings, pues algunos otros se dispusieron a registrar todas las habitaciones, recuperando las pertenencias de todos y dejándolas en la nave. Uno de ellos, con mechones de cabello verde, pasó delante de Danot con un cinturón lleno de Pokéballs, lo que tranquilizó al dueño de ésta. Pero pronto algo más llamó su atención.

—¿Ocurre algo, Mith? —preguntó Danot, mientras buscaba entre los restos de la mesa alguna copa rota, al notar la preocupada expresión de ésta.

—Estoy preocupada por Bigdrith... no estaba entre las estatuas que están en la colmena —explicó la chica, sin querer distraerse de su labor.

—Quizá escapó de alguna forma, como Gost o Wayra, y todavía no nos ha encontrado —respondió el entrenador Pokémon, sin querer pensar lo peor.

—¿Sabéis? Noemí tampoco estaba entre las estatuas... me pregunto dónde estará —expresó Kaira con voz cantarina —Quizá nos encuentre, y pueda ayudarnos.

—No te lo puedes ni imaginar, mi estimada Kaira —le respondió con tono gélido una voz muy familiar.

Como si se tratara de un espectro, Noemí hizo su aparición en la derruida estancia, acompañada de un pato antropomorfo de piel azul que prácticamente duplicaba su estatura. Se trataba del Golduck más grande que Danot, Kaira, Aeren o Gost hubieran visto en su vida. Como si su gran tamaño no fuera lo suficientemente intimidante, la joya roja en su frente brillaba siniestramente, casi tanto como la mirada de su ama. No tardaron en materializarse a ambos lados de ésta última un extraño cubo de materia amorfa negra con marcas rojas y un bloque de dos rectángulos de distintos tamaños y pixeleados en apariencia.

Los menos experimentados en batallas del grupo no pudieron ocultar el temor o la sorpresa que les habían causado aquellas criaturas, pero Will, Aeron, Jex, Gost y RoddBass dieron un paso al frente, impávidos ante tal amenaza. Fue entonces que Anedepami apareció, y aun esos valientes empezaron a contemplar la posibilidad de la derrota. Y es que tras asimilar a todos los Geolitas (incluso a unos renuentes Wyg y Fyn, quienes fueron los últimos), la criatura parecía hinchada, alcanzando más de cinco metros de estatura y algunos menos de anchura. Además de su inusual tamaño, los contornos de su cuerpo parecían alterar aleatoriamente las porciones de la realidad que estaban en contacto con ellos.

Sin embargo, nadie del grupo había llegado ahí para rendirse, y todavía debían derrotar a Padre, por lo que su respuesta no se hizo esperar. Varias saetas eléctricas volaron hacia Noemí y sus criaturas, seguidas por los dos espadachines del grupo, y tras ellos Gost y RoddBass . Aeren, Orbbit y Músico se quedaron en sus respectivas posiciones, cubriendo al grupo de recuperación, quienes apresuraron el paso al verse bajo asedio. Los Zerglings, comandados por la inteligencia colectiva de la colmena, se dividieron en dos grupos y atacaron a sus enemigos por los flancos, al mismo tiempo que recolectaban información sensorial para hallar sus posibles debilidades.

—Ya sabéis qué hacer —indicó Noemí con voz maléfica, sin intención de revelar su estrategia ante sus enemigos.

El ser conocido como Lean cambió prontamente su forma cúbica a una octaédrica, sin perder las manchas rojas, y emitiendo al mismo tiempo lo que a Will y Aeron les pareció un canto muy raro. Ese cambio de forma detuvo sin problemas el ataque de Jex, mientras Azu, el Golduck gigante, confrontaba a los dos espadachines con sus garras, representando algo más que un reto para ambos. RoddBass , silencioso y letal, empleó su bajo para partir en dos a su pixeleado enemigo y hacerlo desaparecer de inmediato, para reaparecer detrás de él, sin daño aparente, hasta que fue sacudido por una descarga psiónica de Gost, quien se mantenía invisible en el campo de batalla. Sin embargo, esto sólo produjo que pasara un poco más de tiempo para que Full Heal volviera a aparecer. Quien parecía tener más problemas para contraatacar era Anedepami, quizá por cubrir a su dueña para que llegara con el muro defensivo que era Lean, o quizá porque su gran tamaño poco podía hacer contra enemigos tan pequeños y numerosos, aunque el daño que éstos le causaban era ínfimo. Al menos estaban logrando lo necesario: ganar tiempo para el grupo de Kaira, o su segundo club, como los había llegado a llamar antes de bajar de la nave.

—¡Lo tengo! —exclamó una emocionada Mith al hallar una copa con el pie quebrado, pero aún con algo menos de medio dedo de vino.

—¡Yo también tengo algo! —respondieron al mismo tiempo Danot y Kaira, por lo que guardaron de inmediato las muestras en un espacio para ese fin en sus trajes de combate, disponiéndose a correr hacia las motos que habían dejado a unas decenas de metros de la posada.

Apenas vio al grupo de recuperación dirigirse a toda velocidad en dirección de la colmena, Aeren dio la señal a los demás cubrir el escape de sus compañeros, y de ser posible, eliminar de manera definitiva a sus oponentes. Entonces, él mismo se lanzó a la carga disparando rápidas Bolas Sombra contra Azu, mientras Orbbit envolvía a Will y Aeron con un hechizo protector, aunque el ataque no tuvo mayor efecto que atraer la atención del afectado hacia el Eevee plateado. Jex, mostrando una gran persistencia, lanzó nuevamente sus ataques contra Lean y Noemí, sin efecto aparente mientras la primera entonaba una rítmica pero extraña melodía, o al menos no lo tuvo hasta que Músico se acercó al mago y usando un violín intentó distraer a la criatura, habiendo notado que su capacidad defensiva se activaba al cantar. Gost y RoddBass seguían teniendo problemas con un Full Heal capaz de regenerarse y molestar, aunque no les hubiera dañado en lo absoluto.

Mientras tanto, Mith, Kaira y Danot ya habían dejado que las muestras fueran asimiladas por la colonia para la síntesis del antídoto.

—Esto tomará un tiempo —fue la comunicación telepática de Zergling, quien ya con los recursos asegurados podía centrarse en procesar el veneno y controlar a los otros en su batalla contra las criaturas de Noemí.

—¿Qué hacemos ahora? ¿Volver? —preguntó Mith, creyendo que poco más podían hacer para ayudar a ganar la batalla contra Padre.

—Volver, sí; y no porque no tengamos nada más que hacer, sino porque hay cosas que si no estamos ahí no podremos hacer —expresó Kaira con convencimiento, mucho más fundamentado del que sus compañeros pudieran haber visto para alguien de su edad, y ciertamente muy motivador.

—Sí, regresemos y ayudemos a recuperar a los nuestros —convino Danot, tan ansioso como ellas para ver nuevamente a sus amigos a salvo.

De vuelta en la posada, la lucha seguía pareja, pero el panorama de la misma había cambiado un poco tras haberse tanteado lo suficiente. Notando la desventaja en la que Músico se encontraba ante la impresionante capacidad de Lean para emitir distintos sonidos contra los que el violín no podía competir, RoddBass dejó de usar su bajo para golpear y comenzó a generar música junto a Músico que por un breve instante pareció desestabilizar al octaedro cantor, dándole así a Jex la oportunidad de dañarle más con su magia eléctrica. Por otra parte, Gost y Aeren, más acostumbrados a trabajar juntos, retenían psiónicamente a Full Heal, lastimándolo más con ello que con cualquier ataque físico, mientras que Will y Aeron tenían ahora cierta ventaja contra Azu al contar con la ayuda de los hechizos de Orbbit, quien se había sacado de la manga sus hechizos más poderosos. En cuanto a Anedepami, éste seguía sin moverse mucho, soportando el asedio de los Zerglings... hasta que imprevistamente cogió a una, la clon de Rainbow Dash, con una garra. El pequeño ponyzerg, sin miedo, arañó y coceó a su captor de manera salvaje, pero éste respondió llevándosela rápidamente a la boca y comiéndosela de un solo bocado, para horror de Jex.

—¡Rainbow Dash! —exclamó con el corazón en la garganta, horrorizado ante lo que acababa de ver; sabía que no era la pony real, pero eso no disminuyó en lo absoluto su angustia, y sin pensarlo, dejó el asedio a Lean para disparar fuertes relámpagos contra Anedepami, quien pareció resentirlos un poco.

Músico se encontraba extasiado con esa batalla musical, pero sabía que su violín no resistiría mucho más el desgaste al que lo estaba sometiendo, cuando recordó algo importante. Le hizo una seña a RoddBass , quien entendió rápidamente la situación y le siguió, y tras ellos fue Lean, con Noemí aún sobre ella, preguntándose qué planeaba ese par. Asumiendo una forma cúbica, Lean embistió las ruinas tras las cuales esos dos habían desaparecido, sólo para recibir un golpe de bajo del mudo y empezar a ser perturbada por la atronadora música del piano de la posada, que ahora había caído en las hábiles manos de Músico. La batalla musical continuaba, con el dueto asaltando musicalmente a sus oponentes por segunda ocasión.

Mientras tanto, Gost y Aeren pugnaban por mantener encerrado a Full Heal, pero era difícil y éste hacía todos los esfuerzos imaginables para escapar. Azu se estaba cansando cada vez más, mientras Will y Aeron eran mantenidos frescos por Orbbit, quien también se estaba cansando, pero procuraba no dejarlo ver a sus enemigos. Mientras, Jex y los Zerglings seguían atacando a Anedepami, quien simplemente absorbía los ataques, como si estos no hubieran existido en primer lugar.

Danot, Kaira y Mith tardaron poco en regresar al crucero de batalla, en ese momento totalmente desocupado, y pudieron observar en el monitor principal el desarrollo de la batalla. Para su alivio, vieron cómo Will y Aeron sometían finalmente a Azu, dejándole acorralado contra una pared. De la misma manera, Full Heal, cansado por la presión psiónica, se desvanecía en el aire y no volvía a aparecer, mientras Lean y el piano de Músico sucumbían en un éxtasis musical al mismo tiempo. Sin embargo, Anedepami seguía en pie, absorbiendo sin problemas los ataques de un furibundo Jex, y al ver a sus compañeros en aprietos, liberó de golpe toda la energía eléctrica acumulada, dañando así a todos sus enemigos mientras le daba tiempo a sus compañeros y a Noemí la oportunidad para ponerse a salvo. Ésta última se situó a varios metros de distancia, usando al Charizard gigante como una barrera contra el grupo de resistencia.

—Hazlo ahora, Anedepami —le indicó con voz gélida, viendo que había llegado la oportunidad que esperaba.

El aludido dio dos rápidos pasos al frente para abrazarse a un nutrido grupo de Zerglings que aún volaban a pesar de la descarga recibida, y los absorbió sin contemplación, para incredulidad, enojo y desesperación de Will y los demás guerreros, sobre todo al ver a aquellos relacionados con sus propios seres queridos. Uno a uno, Anedepami asimiló a los Zerglings restantes, tal y como le dijo a Padre que haría. Habían dado el golpe definitivo, aunque sus enemigos no lo supieran todavía.

Envueltos en desesperación, los invitados a tan cruel masacre vieron entonces como la realidad se distorsionaba en un punto cercano al campo de batalla y un agujero negro se materializaba ahí, del cual emergió una silueta conocida, a la que no habían visto desde el inicio de su estadía.

—Bien hecho, Noemí, muy bien hecho... —la figura de Padre le felicitó con una ligera risa en los labios —...Y muchos saludos, invitados —se dirigió después a ellos —Espero que estéis teniendo unas fiestas entretenidas, me habéis puesto la casa patas arriba... —les comentó con tono irónico.

Había llegado el momento. El ejército estaba neutralizado, sólo quedaban aquellos pocos afortunados que habían escapado de la trampa del vino, tan indefensos como al principio; las mentes de sus compañeros estaban atrapadas para siempre dentro del glitch, y a estas alturas deberían estar ya descomponiéndose en energía vital pura. Lo único que faltaba era que él pusiera de su parte, absorbiese esa energía y emplease su magia para cometer la acción final: la clausura de las fiestas, el festín compartido, y quien sabe qué después...

—¡Maldito desgraciado! —un furioso Aeron fue el primero en reaccionar, lanzándose al ataque con valor, pero Padre siguió el ejemplo de Noemí, y se cubrió detrás del monstruoso glitch, con mucha más agilidad y pericia que ella. Aunque Will le siguió, y aunque otros les apoyaron mágicamente, sabían bien que intentar rodear ese peligroso ser —ahora hinchadísimo, aberrante, con la apariencia de estar a punto de explotar— iba a ser una estupidez mortal.

—Vamos... sed honestos, no podéis hacer mucho más —continuó Padre; su voz se iba tornando más monstruosa con cada palabra, reflejando su forma verdadera, que estaba volviendo, en ella.

Cobijado por el monstruo dimensional, se sentía seguro, y el siguiente paso iba a ser fácil. Porque ahora, aunque ya no disponía de sus Geolitas para atacar individualmente al reducido pero cansado grupo, podía comunicarse con ellos dentro de la criatura, con los pensamientos de los seres recién absorbidos también llegando a su mente, de forma distorsionada, como si fueran recibidos por una radio mal afinada. Con la ayuda de Noemí, el glitch le escucharía, y les freiría y absorbería como quien prepara el plato fuerte después del entrante.

Aquellos que habían sido asimilados por la colmena Zerg ya se habían acostumbrado a ser sólo una parte del ente complejo, y a que sus pensamientos fueran compartidos por las mentes interconectadas de todo. Su coordinación instintiva les había guiado en un mar de sensaciones atípicas hacia el campo de batalla, tras su glorioso renacer. Sin embargo, sin que pudieran recordar apenas cuándo había sucedido la diferencia, ahora su consciencia se había vuelto a alterar. Ya no veían conjuntamente los enfoques de tantos ojos, todo se había vuelto oscuridad; ya no coordinaban sus ideas con fluidez; sólo confusión brotaba de sus mentes. Seguían conectados... podían sentirlo; pero habían perdido toda forma física. Y en sus mentes... había más que antes. Era todo de lo que podían estar seguros, dentro de Anedepami.

—¡Anedepami, suéltanos de una vez, bestia! —el sonido imaginario de un grito retronó por sus consciencias junto con una profunda sensación de terror —¡No nos digieras!

—Anede... pami —los Zergs vieron de pronto la imagen del Charizard infernal, reflejada en sus recuerdos —¡No nos digieras! —volvió a sonar en sus mentes.

—Suéltanos de una vez... —murmuró Padre, a espaldas de la criatura, estallando en carcajada limpia; eso le daba igual, ahora que ya tenía lo que quería, el destino de sus Geolitas era irrelevante; podía conseguir más para el año siguiente, si es que hacían falta.

Quienes le escuchaban, ajenos a lo que ocurría dentro, creyeron que había enloquecido, y se estremecieron.

—¡Suéltanos de una vez! —siguió riendo, exclamando más fuerte —Bien, no importa... —se calmó después —Anedepami... —dijo, con voz de petición —Atrapa al resto —ordenó.

Sólo la adrenalina presente en su sangre hizo que el grupo no se viera paralizado de pánico en ese mismo instante, indefensos ante la cruel criatura. No sabían cómo, pero estaban dispuestos a luchar. Su concentración se afinó, los magos juntaron todas sus fuerzas para protegerse y atacar... aunque fuese a ser lo último que hicieran, una seguridad que prácticamente tenían. Pero entonces, con su fina perspicacia, Aeron vio algo que le hizo recuperar un dejo de esperanza: Noemí, a lo lejos, se había tensado, y... ¿rezaba?

La criatura ígnea no se movió. En su lugar, permaneció observando la escena con una expresión atontada, y algún que otro bulto emergiendo de vez en cuando en su cuerpo, volviendo a desaparecer. La impresión que causaba al verle detenidamente era la de que estaba a punto de vomitar. Pero no vomitó.

—¿A qué esperas, Anedepa...? —Padre insistía, en una voz completamente distinta a la del anciano humano, pero su frase se vio interrumpida.

Un coletazo inesperado del ser le impactó en un costado, y la piel de la cola le absorbió, consumiéndolo en su llama. La expresión en la cara de Charizard del ser no cambió.

—¿Pero qué...? —un sorprendido grupo exclamó con distintas voces, mientras que otros de sus integrantes miraban boquiabiertos —¿Qué ha pasa... ¡ah!

Un grito generalizado se escapó al ver como el artífice de tan inesperada intervención crecía repentinamente de tamaño, obligándoles a correr hacia atrás para no ser aplastados. Multitud de bultos estaban apareciendo por todo su cuerpo, asomando y reabsorbiéndose; sus ojos se movían sin control.

—¡Socorro, va a explotar! —chilló Kaira, pálida como el papel.

Lejos, Zergling trabajaba tan rápido como le era posible, pero la síntesis de un antídoto tan complejo era un proceso delicado y requería un cuidado especial. Sin embargo, ya estaba cerca, a punto de lograr una hazaña, incluso en términos de lo que la biología Zerg era capaz de lograr. Finalmente, se dio la mezcla perfecta, aquella que liberaría a todos los cautivos de su encierro de piedra. La colmena se sacudió con anticipación: había llegado la hora de la verdad.

La cámara que contenía a quienes sostenían el funcionamiento de la colmena comenzó a emanar una viscosa sustancia de un color verde con tonos rojos, ligeramente viscosa, que poco a poco bañó a las estatuas de piedra, para luego aumentar el ritmo y terminar sumergiéndolas en el antídoto. Tras un tiempo que Zergling consideró prudencial, las paredes vivas reabsorbieron la mezcla, dejando en su estado natural a cada uno de los afectados por el veneno. Pequeños tentáculos se desplegaron para despertarles con la mayor suavidad posible; sin embargo, ninguno de ellos reaccionó ante tal estímulo, si bien todos tenían señales vitales. ¿Podría ser que la asimilación de los Zerglings hubiera de algún modo afectado el proceso de curación? Debía de ser el caso, porque la comunicación con ellos también se había vuelto muy dificultosa, a pesar de ser un mismo ser.

Anedepami no explotó, pero esta vez, sí que hizo algo más similar a vomitar. Sus alas se abrieron de par en par, abrió las fauces, y de ellas emergió gran cantidad de energía, que se dispersó hacia el cielo en forma de rayos amarillentos. Cada uno de estos cayó en cuestión de instantes sobre los cuerpos inconscientes, provocando que la colmena entera se viera desplazada por el impacto energético. Y a pesar de ello, cuando la luz cesó, los cuerpos seguían intactos, y entonces...

—Ah, qué dolor... mis púas... —Sandl se quejó. Otras quejas se unieron a él, y también vítores, y expresiones de alivio.

El despertar fue súbito y sorpresivo, pero no por ello desagradable. Todos quienes habían sido asimilados por Anedepami se encontraron cobijados por una cámara viva, cuyas paredes palpitaban y parecían alegrarse de alguna forma ante tal evento. Se miraron los unos a los otros, con un único pensamiento en común: lo que habían visto no era un sueño. Y ya eran libres.

Hallándose aún entre los escombros de la posada, Anedepami no había terminado. Enloquecido, de tamaño ligeramente menor pero más deforme que al principio, se lanzó entonces sobre el grupo de guerreros, y volvió a expulsar energía, esta vez teñida de azul. Provocándoles casi un ataque al corazón, los potentes rayos pasaron entre ellos sin rozarlos y fueron a parar invariablemente a un mismo punto: el cofre de Aeron, donde fueron absorbidos con un gran estruendo. Pero cuando el cofre cayó al suelo, se hallaba también intacto.

Una última sacudida afectó a Anedepami, hasta que recuperó el tamaño y el aspecto de un Charizard lo suficientemente normal como para ser confundido por dicha especie de Pokémon. Tras eso, sencillamente dio media vuelta y se fue, caminando a paso rápido.

...

Ninguno de ellos había esperado que la supuesta criatura más poderosa bajo el mando de Padre fuera a volverse en su contra, y luego marcharse como si no hubiera pasado nada. Lo cierto era que, tras una situación que parecía ser un jaque mate para todos ellos, estaban a salvo... quizá sólo por un momento, pero les bastó para reponerse un poco de todo lo ocurrido. Sin embargo, Aeron no tardó en recordar que el primer estallido de energía liberado por Anedepami tras la asimilación de Padre fue dirigido hacia la colmena.

—Debemos regresar y comprobar que los demás estén bien —sentenció, considerando que la mayor amenaza había desaparecido.

—Pero esa chica, Noemí, ha escapado... —objetó Músico, temiendo que ese no fuera el final de sus problemas.

—No importa si quiso derrocar a Padre o no, lo importante es que el peligro más grave ha pasado, y nuestra siguiente prioridad es la recuperación de nuestros compañeros —intervino Will, esperando que realmente todo eso se acabara de una buena vez.

Con eso claro, todos se dispusieron a abordar la nave y volver a la colmena, como pudieron comprobar Danot y Mith en el monitor central. No obstante, en el preciso momento en que el último de los guerreros abordaba el crucero de combate, Kaira aprovechaba para escabullirse fuera, gracias a la recién descubierta función de invisibilidad del traje. No podía dejar ese asunto inconcluso, y era ella quien debía encargarse de solucionarlo.

Sin notar la ausencia de Kaira, los demás volvieron sin contratiempos a la colmena, encontrándose con que todos sus compañeros de viaje y amigos habían vuelto a la normalidad. Las salutaciones cargadas de emotividad no se hicieron esperar entre algunos de ellos, pero no por ello pasó por alto un detalle importante para los Okino.

—¿Habéis visto a Kaira? —preguntó Sakura, extrañada de que su amiga no se encontrara entre los recién llegados.

—Ahora que lo mencionas, no la he visto desde... —Mith ahogó una expresión de sorpresa.

—Desde que Anedepami escapó —señaló Danot, pues hasta ese momento, la aludida les había estado acompañando en el puente de mando.

Sakura dirigió una mirada seria a su padre, quien asintió con el mismo semblante.

—Volvamos a la posada, es importante que lo hagamos —pidió amablemente Sakura, manteniendo la tranquilidad a pesar de todo.

Mientras tanto, en el mencionado lugar, Kaira buscaba incansablemente algún rastro que le llevara a donde se hallaba su otrora socia del misterio en la expedición con los Okino. Aunque la situación se había resuelto favorablemente para su bando, todavía habían muchas interrogantes que necesitaban ser respondidas. Y a pesar de ser un riesgo, se libró del traje que le protegía, porque no le permitía ser tan ágil y silenciosa como estaba acostumbrada a ser.

El retorno a la posada fue rápido, a pesar de los daños sufridos por el crucero de batalla. Tendrían tiempo para repararlo después, dado que lo más importante en ese momento era encontrar a Kaira, y quien sabe, quizá también a Noemí y acabar de atar los cabos sueltos que pudieran quedar. Siendo tantos, tardaron mucho más en avisarse mutuamente que en encontrar la localización de la primera, cuando el fino oído de Aeren captó su voz en uno de los cuartos del segundo piso.

—Pero qué diablos... Noemí, ¿qué ha sido esto? —le inquirió Kaira —¿Habías tramado todo esto? ¿Sabías esto desde el principio, habías hablado con ellos? ¿Nos trajiste aquí a pesar del peligro?

No fue mucho el tiempo que tardaron en llegar ahí, considerando que ni siquiera tuvieron que buscar la entrada principal de la Posada -ahora inexistente- para introducirse en el edificio y seguir la voz. Cuando lo hicieron, algunos de ellos entraron en la habitación, mientras que otros, no habiendo suficiente espacio, se quedaron en el pasillo.

—Yo... —intentó empezar Noemí; pero pronto sus ojos púrpura se vieron inundados por lágrimas silenciosas, y bajó la mirada mientras estas caían por sus mejillas pálidas. No pudo seguir.

—¡Dinos! ¡Tan solo queremos saber qué ha ocurrido! —siguió expresando la castaña, imponiéndose.

De entre todos, ella especialmente era quien necesitaba saberlo. Había sido la primera persona de su universo que había confiado en Noemí cuando se le acercó un buen día con los tickets dorados, y de hecho, la única que lo había hecho conociendo la explicación que ella daba. En esa confianza, y debido a su carácter, había planteado un juego alrededor de dicha oportunidad, y había convencido a sus demás amigos a seguirla, gracias a la confianza que le tenían a ella, a la misma Kaira; pero les había tenido a ciegas en cuanto a las condiciones, les había asegurado que no había riesgo alguno... ella era quien se había equivocado, y quien les había comprometido a todos. Ser consciente del engaño en el que había caído le hacía sentir impotente, irresponsable —por primera vez en su vida, le importaba— y tonta. También, aunque eso no le pesara tanto como el riesgo al que había sometido a sus personas queridas, estaba decepcionada de esa que había empezado como una interesante amistad.

—¡Dinos! —volvió a intentarlo, con los ojos encendidos, en un vano intento de proteger a los suyos, fuera de tiempo —¡Tan solo dinos qué...!

Una mano apoyada sobre su hombro le detuvo, y le hizo mirar atrás. A su espalda, con porte seguro y la mirada fría que siempre le acompañaba, Elios le dirigió un gesto de calma. Después avanzó lentamente, dejándole atrás, en medio de un silencio sepulcral; y se arrodilló delante de Noemí.

—Te diré lo que pienso yo —le habló, mostrándose lo más cálido que aparentemente sabía mostrarse; su voz sonaba seria y vacía de emociones palpables, era cierto, pero la caricia que le hizo en la sien había sido extremadamente gentil —Pienso que decidiste traernos aquí, a todos —enfatizó, con tantos de los presentes mirándoles desde el fondo de la habitación —porque querías pedirnos ayuda para acabar con esto. Siempre has estado de nuestro lado, ¿verdad? —siguió, preguntándole.

Ante esto, por primera vez la pelinegra hizo algo: tímidamente, asintió. Por la forma en la que miraba a Elios, podía entenderse que se había sorprendido de no tener una represalia más directa.

—Sí, de esto no tenemos duda —continuó el hombre; a su particular manera era suave, pero a la vez se imponía al miedo de la chica con su inquebrantable seguridad —Sin embargo, en tu necesidad, en lugar de avisarnos y alertarnos del peligro, de pedirnos esta ayuda formalmente, lo que hiciste fue engañarnos. ¿Por qué, Noemí? —le preguntó, con seriedad; más que nada, estaba instándole a hablar.

—Yo... creí que no tenía otra opción porque... —ella lo intentó de nuevo, pero cuando llegó a la razón, la tensión volvió a bloquearle.

—Quizás fue porque... ¿pensabas que no todos nosotros estaríamos dispuestos a brindar la ayuda desinteresadamente? —intervino, esta vez, una nueva voz. Era la voz de una chica joven, pero no tanto como Kaira o la misma interrogada.

Al lado de esta última, una figura de largo cabello pelirrojo y ojos verdes se había acercado y agachado para estar a su misma altura, apoyando una rodilla en el suelo y observándole con una sonrisa gentil. Elios le lanzó una mirada rápida, levantó muy levemente las cejas, y le dejó hacer.

—¿Tengo razón, Noemí? —insistió, con voz mucho más cálida que la de su padre, Sakura.

La pelinegra apartó entonces la mirada de los demás ocupantes del cuarto, apenas a tiempo de observar como Lynn y Wilfre se colocaban a lado y lado de Kaira, la única persona de todo el grupo con quien había tenido contacto cercano, y conseguían tranquilizarle un poco. El segundo desprendía igual indignación en su mirada, pero por lo menos, esperaban con paciencia a que ella dijera algo. El resto también mantenía silencio. Parecía que nadie iba a romper la protección que le ofrecían los dos Okino. Y ellos se la ofrecían a pesar de haber deducido buena parte de sus intenciones, así como sus errores.

—Sí, tienes razón, Sakura —retomó finalmente el habla con un hilo de voz que iba intensificándose —Y usted también, doctor Oki...

—Llámame Elios, simplemente —le cortó él, pero después le dejó seguir.

—E... está bien, Elios; sea como sea, usted también —se reafirmó la niña, que parecía estar encontrando su ilación —Así es, yo organicé parte de esto, trayendo a cada uno de ustedes, con el fin de que me ayudaran a derrotar a Padre. Quisiera contarles por qué lo hice así, cómo fue que tomé esta decisión; también cómo fue que le conocí, y la verdad de este lugar... si me lo permitís —intentó.

—Adelante, esto es lo que todos queremos saber —el científico Okino respondió, pero recibió asentimientos gesticulados de la mayoría de los presentes; especialmente de Kaira —Ahora todo se ha calmado, así que continúa, por favor.

...

—La posada con nombre "La Rosa de los Vientos" existía de verdad, ya antes de que toda esta historia empezara —unos minutos después, la niña se había sentado en la cama y hablaba con más confianza a los presentes, quienes le observaban con interés —Hay una leyenda que explica su creación, ahora esto es irrelevante; pero es cierto que este lugar es un punto de encuentro de personas que se han perdido. De naturaleza mágica, según lo entenderemos todos con más facilidad —continuó —Yo misma lo encontré por primera vez una ocasión en la que me perdí... en mi mundo —introdujo.

En sus recuerdos, imágenes de parajes distorsionados, imposibles a la imaginación de una persona no acostumbrada, reaparecieron junto con el sonido irregular de sus pasos. Ese día había tentado la suerte, se había alejado demasiado, y su mundo no permitía ni un descuido. Anedepami, el único que podía volar y sacarla del laberinto fuese cual fuese su situación, se había separado de ella minutos atrás, y estaban buscándose. Todavía no sentía miedo, pero su corazón se sentía extraño porque no estaba acostumbrado, no en un lugar así, a la desorientación.

—Mi mundo es un lugar extraño, se parece mucho a las criaturas que me acompañan —explicó; no hicieron falta más señas para que todos se hicieran una idea general y acertada —Por eso, cuando me encontré de repente en los parajes de la posada, supe enseguida que me había alejado mucho. Cabía la posibilidad de estar en lo que llamo "el mundo exterior", una dimensión interconectada a la mía, sería complejo de explicar... pero tampoco lo parecía. Lo que parecía era una tercera dimensión —expuso, en términos que ahora ya todos podían seguir, si bien algunos se extrañaban un poco por cómo los manejaba y la naturalidad con la que los mencionaba —Tras explorar un poco me cercioré de que era el caso. Y conocí a algunas personas...

Recordó cómo el buen ambiente de La Rosa de los Vientos la había conquistado su corazón, así como la amabilidad que tuvieron con ella los que se encargaban de la misma. Aquellos que trabajaban ahí eran viajeros voluntarios que habían decidido quedarse, convertirla, por un largo tiempo o quizá para siempre, en su hogar.

—Pero entonces, unos días después, en mi empeño de encontrar el camino de vuelta, descubrí algo horrible. Uno de los presentes, un anciano aparentemente bondadoso que se hacía llamar Padre, que en principio me causaba buenas sensaciones, pero al que otros ocupantes de la posada temían. Personas más perceptivas que yo, y algunos que habían sido informados de viajeros que habían tenido la suerte de sobrevivir a sus fiestas... —continuó —Padre podía viajar entre dimensiones, como los seres llamados Geolitas. Y me caían bien, de verdad lo hacían; incluso estos últimos, a quienes tantos despreciaban, no me parecían tan feos, y se me hacían simpáticos. No me lo podía creer, pero tampoco podía hacer oídos sordos. Necesitaba saberlo. Por eso, con la ayuda de Full Heal, un buen día, le seguí a través de su agujero dimensional.

De nuevo, los recuerdos vinieron, tan claros como si hubiese sido ayer. El día en el que conoció la verdadera forma de Padre, y la verdad tras él. El día en que le escuchó hablar con sus verdaderas intenciones, y después fue descubierta. El día en el que se valió del asombro que su Missingno —Full Heal— causó en él para confundirle y engañarle, mostrando una actitud similar a la que él mostraba, y escudándose en un poder que no habría sido tal en un combate de uno a uno entre sus criaturas y todos los recursos de Padre.

—Esto es lo que pasó —les explicó, detalle a detalle, seria —Y tras haberme ganado mi puesto, con todo, por los Geolitas supe todavía más... —siguió, pesarosa —Padre siempre había tenido relación con la Navidad, ¿sabéis? Hay mundos y mundos en los que existen leyendas de personajes en los que, en fechas de amor y paz, reparten regalos a quienes los merecen, ilusiones y sonrisas, de formas mágicas. Estas leyendas en muchos casos se fundamentan en la raza de los Geolitas, y los duendes más inteligentes y poderosos que les conducen, a cuya raza pertenecía Padre. En su origen, Padre y sus Geolitas eran esto, eran seres de bien. Pero algo salió mal, algo que no sé con seguridad... con el tiempo, estos en particular torcieron sus ideas y poderes hacia algo que era la cara opuesta de lo que habían empezado haciendo. Saltaron del altruismo al egoísmo más cruel, a la sed de ilusiones y energía vital de aquellos que las sentían.

Un escalofrío le recorrió la espalda al recordar lo que seguía.

—En esos momentos me hallaba en la posición de intentar algo para detener sus planes, sintiéndome todavía más segura cuando tuve una idea, gracias a que Padre era ambicioso, y decidió que si yo le ayudaba era el momento de traer a más gente de la que solía traer, festejar —comentó con algo de horror —a lo grande en esta ocasión. Si podía apoyar su plan, hacerle confiar en mí, y esto me daba una situación de poder; bastaría con que trajera a más gente capaz de la que pudiera controlar, para que luego yo cambiase de bando y entre todos le derrotásemos —hizo una dura pausa; ello era lo que más difícil se le hacía —Sin embargo, Padre era el único que tenía el poder de viajar entre dimensiones como tal, en cualquier dirección. Yo temía que si avisaba a la gente, por un lado muchos no querrían ayudar, mientras que por el otro, corría el riesgo de que Padre percibiera mis intenciones y no hubiese forma de detenerle...

Hizo una pausa más, y sus ojos se llenaron nuevamente de lágrimas. Entonces siguió:

—Pero si traía a estas personas sin que supieran qué esperar, algunas atraídas por el prospecto de una celebración y otras sencillamente presentes por accidente, usando las mismas artimañas de Padre... si una vez que estuviesen aquí, los sucesos mismos les obligasen a estar unidos a pesar de sus diferencias... —la voz le tembló, pero esta vez se atrevió a decirlo —Entonces era posible traerles a todos, contar con los talentos y habilidades de cada uno de ellos para que esta crueldad terminase; mientras que quizá, a pesar del riesgo, alguno de ellos... alguno de vosotros —se corrigió—, ganara algo gracias a estas experiencias...

Llegada a ese punto, la chica detuvo el habla; pero viéndolo venir, el mayor de los Okino se interpuso entre ella y el resto y les miró a todos con ojos serios.

—Ahora ya conocemos la historia —empezó —Mi opinión al respecto es que esta chica se movió sólo por buenas intenciones y fue lo suficientemente valiente para tomar una decisión tal, que también la arriesgó a ella tanto física como mentalmente, con un altruismo que no muchos tienen expresó, solemne —También soy consciente de que el plan tenía agujeros y riesgos, y que si ella misma hubiese fallado en algún momento en su actuación, o alguno de nosotros no hubiese tenido la suerte que ha tenido, ahora podríamos estar todos muertos —añadió, siempre serio —El caso es que esto no ha ocurrido... el plan ha salido bien, y yo creo que esta vez ha tenido razón —dictaminó.

Nadie habló todavía; la voz cortante de Elios solía tener este efecto. Ello le dio tiempo a Noemí de darse cuenta de que temblaba, a la vez que el científico trataba de defenderla...

—Pero yo soy sólo uno de los que estamos presentes, así que los otros sois libres de emitir otros juicios —el hecho de que él siguiera con estas palabras sólo acrecentó su temblor —Y habiendo tomado una decisión así, ella tendrá que hacerse responsable de lo que piensen los demás, y de las decisiones que se tomen. Es todo lo que hay por decir —concluyó Elios.

Eso fue lo que dijo, convencido; mas después se sentó junto a Noemí en la cama, y le rodeó la espalda con el brazo, arropándola. Ella se sorprendió en gran medida, pero sus temblores se aliviaron; y eso que todos esos ojos la miraban con distintas expresiones... fue entonces cuando, de nuevo, se dio cuenta de algo: Elios la estaba protegiendo con más que su abrazo. A pesar de sus palabras finales, estaba mirando a todos, esperando que lo comprendieran, queriendo convencerles con su firmeza. La niña desconocía sus motivos, pero lo cierto era que él se había hallado antes en una situación similar, en la que tuvo que tomar una decisión como la que ella había tomado... y él había pagado el precio, pero prefería evitar que esa muchacha tuviera que pagarlo también; siempre aprendería algo del conjunto, seguramente algo positivo, y había formas menos dolorosas de aprender.

—Tu plan fue arriesgado, y tuvo muchos errores —sentenció Aeron, dando un paso al frente—; pero todos cometemos errores, y si algo me ha enseñado la vida es que de ellos se aprende, si sabes verlos sin martirizarte por ellos —añadió con tono amable, poco acorde con su apariencia aguerrida.

—Si hablamos de errores, tú y yo estamos en la misma situación, Noemí —se sinceró Will, quien a pesar de todo lo sufrido se sentía incapaz de juzgar a la chica sin haberse sentido como un completo hipócrita.

—Yo puedo dar fe de ello —aseveró Lance, ganándose una mirada reprobatoria de su hermano, que pronto se relajó por la tranquilidad de tener de vuelta sus agudas pero certeras observaciones.

Algunas risas, unas pocas pero significativas, animaron un poco la estancia, dejando ver que a pesar de todo, las palabras de Elios habían calado en sus compañeros de aventuras, sobre todo en aquellos que por una razón u otra sabían de primera mano lo que era cometer equivocaciones o errores en sus vidas.

—No has hecho esta wea con mala intención, así que no tienes quejas de mi parte —expresó Jex, agradecido de tener de vuelta a Rainbow Dash, quien aún miraba con recelo a la humana, mas poco podía hacer contra la imponente presencia de Elios Okino.

—Esto ha acabado bien, como ha dicho Elios, y eso es lo único que cuenta —dijo Mith con voz dulce, siendo apoyada con rotundas afirmaciones de Aleph, Bigdrith e incluso Saicrom.

—¡Yo estoy de acuerdo con esto! —exclamó un entusiasmado Ash, siendo acompañado por un sonoro "¡Pika!".

—En esto no puedo sino estar de acuerdo contigo, Ash —manifestó Lynn con amabilidad, tocándole el hombro que Pikachu no ocupaba; Danot, Clair y Kurenai asintieron, siendo de la misma idea de la peliverde.

—Tu sinfonía no empezó muy afinada, pero ha acabado siendo una obra maestra —acotó Músico, mientras el silente RoddBass ofrecía una reverencia a la aludida.

—Y quien podría agradecértelo más irónicamente no se encuentra ya entre nosotros —añadió Brego, alegrándose del final feliz del que Dickar Miller seguramente estaba disfrutando en ese preciso momento, según le habían puesto al corriente.

—¡Noemí, no pasa nada porque hayas metido la pat... —la intervención conjunta de Sandl y Gost fue cortada ipso facto por dos certeras collejas de Nadia.

—Ha sido duro para todos, pero ha acabado bien —expresó sinceramente ésta, tras lo cual se llevó a rastras a ese par a donde no pudieran molestar.

—Pues yo debería acabar contigo en este preciso momento, tras haber escuchado todo esto —expresó una tajante Edelweiss, cuyos ojos se clavaron como cuchillas heladas sobre Noemí, dejando a la mayoría en suspenso—; pero es Navidad, así que considérate afortunada —añadió al ladear el rostro, dirigiéndole una mirada seria a Aeren, quien no pudo evitar sonreír un poco tontamente ante ello.

—¡Noemí! —exclamó una alegre Wayra al acercarse a ella a toda prisa y abrazarle con cariño.

—Nosotros creemos que no hay ningún problema por lo que pasó —dijeron Lyl, Nor y Yer, quienes viajaban sobre la cabeza de Wayra.

Tras escuchar las palabras de todos los involucrados en esa aventura presentes en esa habitación y trozo de pasillo, Noemí no pudo más. Aun hallándose bajo el cobijo de Elios, dejó escapar lágrimas de felicidad ante la comprensión mostrada por ellos, a pesar de todo lo ocurrido. No sabía decir si era un milagro navideño o uno del corazón de quienes sienten y aprecian, pero lo agradeció desde el fondo de su alma. Sobrecogida por esas emociones, abrazó fuertemente al científico, quien no se lo negó, entendiendo muy bien cómo se debía sentir ella en esos momentos.

Pasaron unos segundos más de silencio, al menos de palabras habladas, hasta que Danot decidió hablar, teniendo necesidad de exponer una duda que muchos de los demás se estaban planteando.

—Al final —dijo —¿Qué creéis que pasó con Padre?

Todos se centraron en él, pero las expresiones diferían dependiendo de dónde hubiesen estado ellos durante el combate contra Anedepami: los que se habían enfrentado a él observaban con igual curiosidad, pero los que habían estado dentro de él se miraron unos a otros, y parecían saber algo que el resto no sabía.

—No sé muy bien cómo poner esto en palabras, pero al parecer, Anedepami transformó en energía a ese Padre y a sus criaturas, y los devolvió a un estado infantil mediante algún proceso digestivo que no acabo de comprender —intervino Wilfre —es lo último que nosotros sentimos antes de ser expulsados de su cuerpo, mente... donde fuese que estuviéramos.

—A juzgar por el cofre al que fue a parar, según habéis contado... —siguió Lynn, pensándolo —es posible que sus esencias hayan vuelto al pasado, quizá a su mundo original. Pero quizá nunca podamos saberlo —opinó.

—Quizá nunca podamos saberlo, no —estuvo de acuerdo Aeron —algo como esto, lo lleguemos a saber nosotros o no en un futuro, sólo puede decirlo el tiempo.

El resto asintió, y al saber las impresiones de quienes lo habían vivido, incluso la mismísima Noemí se sintió mucho más tranquila.

—Por cierto —otra voz llamó la atención de todos, y esta vez era Ash, quien se encontraba fuera de la habitación, observando por un gran agujero en la pared —Mirad a quien tenemos aquí. ¿No es él el amigo de alguien? —comentó.

Pikachu, a su lado, lanzó un grito de júbilo; recordaba bien que esa criatura había sido secuestrada por los Geolitas, y ahora, por fin, había logrado escapar.

—¡Es Bigdrith! —exclamó Mith, quien corrió a recibirlo en sus brazos.

Después de todo lo ocurrido, no habría podido haber para ella mayor alegría.

...

Tras aquella conversación, todos se tomaron un momento para dejar reposar sus cuerpos, mentes y corazones, pues todavía habían cosas que necesitaban asentarse dentro de cada uno de ellos. Podían ser resquicios de la pregunta de qué había pasado realmente con Padre tras el enfrentamiento, o dudar sobre el destino de las almas de quienes perecieron durante el conflicto, e incluso preguntarse cuántos se habían aventurado en la posada para nunca más volver. Hasta que alguien decidió hablar y romper ese estado contemplativo.

— ¡Oigan! Si esto es Navidad, ¡¿qué hacemos aquí como unos pasmarotes?! — les llamó la atención Sandl.

—¡Cierto! ¡Deberíamos estar celebrando! —se unió Gost al corro, agitando unas maracas mientras se movía rítmicamente; Zergling no dudó en imitar sus movimientos.

—¿De dónde has sacado eso? —preguntó Nadia, incrédula.

—Creo que a los escritores les hizo gracia que las tuviera —respondió el aludido, quitándole importancia al hecho y simplemente haciendo lo que mejor sabía hacer: actuar aleatoriamente.

—Pero si la posada está hecha una pocilga —intervino Huevo, preguntándose en qué pensaban esos chiflados.

—La posada se irá arreglando, conforme los viajeros vayan llegando y trayendo cosas, pero creo que por hoy, debemos celebrar, pues entre todos hemos arreglado un problema de mucha relevancia —expuso Sakura, quien recibió un gesto afirmativo de su padre tras esa acertada intervención.

—No importa lo que haya, sea poco o mucho, feo o bonito; la esencia de estas fiestas es compartir, y si ya hemos compartido una aventura como esta, creo que podemos compartir lo que sea que haya aquí —intervino Kurenai, acompañando la intención de los Okino.

—¡Pues vamos a buscar toda la comida que haya! —exclamaron al unísono Jéxust y Rainbow Dash, desapareciendo de la vista de los demás en menos de un parpadeo.

A distintos ritmos, pero todos con la misma intención, incluso aquellos que al principio de todo no creían en esta celebración, los huéspedes de la posada se dispusieron a buscar todo lo necesario para poder celebrar la Navidad como era debido. Una mezcla de poderes sobrenaturales, tecnología, mucho ingenio y las mejores intenciones les permitieron instalar una gran mesa metálica con una sobria pero disfrutable variedad de alimentos agradables a la vista y al paladar, asientos para todos (algunos incluso adaptados a las especiales necesidades de sus ocupantes), y sobre todo, un buen ambiente, con una preciosa vista al cielo gracias a la ausencia de un par de paredes. Era como si las intrigas de Padre nunca se hubieran dado, y esperaban que siguiera siendo así por mucho tiempo. Quizá para quienes vinieran después esta fiesta no significara mucho, o ni siquiera fueran a saber de su existencia, pero para quienes estaban ahí guardaría un lugar especial en sus corazones. Dejaron de lado la hasta ese momento patente preocupación por volver a casa, pues se sentían en ella en ese preciso momento. El regreso podía esperar. Era Navidad.

FIN