Estoy de vuelta, luego de un largo período sin computador y también un período de luto, y quiero disculparme por no haber dado señales de vida.

Tal vez muchos de ustedes (o nadie quizás) sabrán que el 18 de diciembre fue una fecha que marcó un antes y un después en la vida de muchas Shawols (fans del grupo coreano SHINee), pues nuestro querido Jonghyun decidió partir de este mundo, dejándonos con una tristeza y un corazón roto que jamás podrá sanarse. Nunca había sufrido la muerte de una persona tan joven, a pesar de que no era alguien cercano, no era un familiar ni un amigo, pero que sin embargo la angustia fue tremenda, por no haber podido hacer nada por él.

Sé que los lectores de esta historia tal vez ni siquiera entiendan por qué dejé de escribir, porque no tiene nada que ver con el fandom. Por eso les pido mil disculpas, pero quise tomarme este tiempo alejada de mis historias, más que nada porque tengo un par de borradores con mi segunda couple favorita la cual era precisamente Jonghyun y Taemin.

Espero que me comprendan. Ya estoy de vuelta, así que por favor disfruten de este nuevo capítulo :)


Capítulo 10.

El primer lunes de septiembre llegó tan rápido que Harry se sintió poco preparado para lo que se le venía. Aquel era el día en que comenzaba su largo entrenamiento como Auror por lo que debía empezar a cambiar su rutina, partiendo por tener que acostarse a una hora adecuada para poder despertarse a las 7 de la mañana, de lunes a viernes.

Cuando su reloj sonó indicando que debía levantarse, la mente del azabache formuló un sinnúmero de insultos. Se dio media vuelta y volvió a cerrar sus ojos, no por mucho pues su estómago se apretó en señal de nerviosismo.

Se levantó de malas ganas, tomó una ducha y desayunó soñoliento. A las 7:45 se apareció en el Ministerio, esta vez por la entrada de empleados. Su corazón latió rápido y por un momento sintió el orgullo de estar ingresando al Ministerio de Magia como el futuro Auror en el que se iba a convertir.

Se dirigió al segundo piso y se adentró en la enorme oficina compuesta de cubículos ubicados uno al lado del otro.

- ¡Ah Harry Potter! - lo saludó un hombre al que Harry reconoció débilmente - Soy Roger Gibbs, jefe de la Oficina de Aurores y un gran admirador.

- Un gusto - dijo estrechando su mano.

- El departamento ha estado bastante excitado con tu pronta incorporación, así que esperamos que te sientas a gusto y cualquier cosa que necesites para el entrenamiento no dudes en pedirnos ayuda.

- Muchas gracias señor.

Harry trató de recordar de dónde conocía a ese hombre, de seguro había sido durante la Batalla de Hogwarts. Recorrió la oficina observando algunas fotos que había en las paredes. Se detuvo a observar una de la época en donde él aún no nacía. Se parecía mucho a la foto que una vez le regaló Sirius. Era una foto de la Orden del Fénix: estaba su padrino, Lupin, los padres de Neville, sus padres… Sonrió emocionado al comprender que él estaba siguiendo sus pasos, esta vez en un mundo en donde la paz al fin había ganado.

Caminó un par de pasos más y observó una foto parecida, esta vez más actual en donde estaba Roger Gibbs, junto a Tonks, Moody, Shacklebot y unas cuantas personas más. De ahí entonces era que conocía a Gibbs. De seguro había peleado codo a codo junto a las personas que Harry más admiraba.

La oficina se fue llenando de a poco de varios chicos más y Roger volvió a aparecer, les dio la bienvenida y los dirigió a una sala muy parecida a la Sala de Menesteres cuando entrenaba al Ejército de Dumbledore.

- Como algunos ya saben, soy Roger Gibbs, más conocido como Proudfoot, soy el jefe de la Oficina de Aurores y vendré a apoyar en el entrenamiento las veces que pueda. Ya deben estar por enterados que el entrenamiento es duro por lo que esperamos que ninguno se arrepienta en el camino - rió -. Les doy la más cordial bienvenida y les deseo el mejor de los éxitos.

La mañana se pasó volando, Harry conoció a sus compañeros, los cuales por supuesto ya conocían su vida completa. Conoció a un par más de Aurores quienes les ayudaron en las prácticas y los acompañaron al comedor, en donde a las 13 horas la mayoría de los empleados del Ministerio iba a almorzar.

Luego de comer le quedaron unos minutos libres, por lo que se dedicó a dar vueltas por los pasillos del Ministerio, a ver si se encontraba con algún conocido del colegio, pues sabía que más de alguno se encontraba trabajando allí.

En un momento se cruzó con dos magos vestidos con perfectas túnicas, uno de ellos era Lucius Malfoy, Harry pasó por su lado y él lo miró penetrantemente haciendo un movimiento de cabeza en señal de saludo, pero sin emitir palabras y siguió su camino. El estómago de Harry se apretó pues aquel rápido encuentro le hizo recordar a Malfoy. Aquel día había cumplido el máximo de horas sin pensar en él. Se había pasado esas casi dos semanas pensando en la última vez que estuvieron juntos, y en lo estúpido que lo hacía sentir el recordar que en sólo dos encuentros había sentido muchísimas más sensaciones de las que sintió con Ginny en el último año.

Maldijo internamente el momento en el que se le ocurrió salir a merodear por los pasillos, pues si no se hubiera topado con el señor Malfoy no se habría puesto a pensar de nueva cuenta en el delgado Slytherin.

La semana transcurrió de forma regular, cada mañana luchaba con las sábanas para poder levantarse y desayunaba a la rápida. Los entrenamientos eran duros, pero aquello no era nuevo para él. Llegaba a casa agotado, cenaba y se iba a la cama en donde cada noche las imágenes de Malfoy meneándose sobre él venían a su mente y esa era la razón por la que terminaba durmiéndose tarde.

El viernes, desesperado luego de que por primera vez luego de dos años utilizaran la legeremancia con él, decidió acudir a Hermione para pedirle ayuda.

Ese día, después de almuerzo, Proudfoot les explicó que el primer curso que debían aprobar era el de Ocultamiento, por ello tendrían que practicar la Oclumancia. A Harry esa noticia le cayó como balde de agua helada pues esa era una de las artes mágicas que peor se le daba. Se tuvieron que emparejar con un compañero y mediante la Legeremancia intentar entrar en la mente del otro. Harry hizo parejas con una chica con la cual hasta el momento no había cruzado palabra alguna. Y todo fue un maldito caos. Por supuesto que Harry no logró cerrar su mente en el primer intento, ni en el segundo ni en el tercero. Su cabeza comenzaba a arder y con un poco de náuseas intentó por cuarta vez bloquear sus pensamientos. Error, en el momento en que la chica pronunció "Legeremens", vio en su mente a Draco haciéndole una mamada en el callejón Diagon, luego su rostro sudado, sus gemidos, su cuerpo desnudo sobre él.

- ¡Basta! - Gritó haciendo retumbar la habitación. Su compañera lo miraba roja como un tomate, razón tenía luego de descubrir el secreto que el azabache trataba de guardar a costa de todo.

- ¿Todo bien por ahí? - Preguntó Proudfoot desde el otro extremo.

- Es que… el dolor de cabeza es insoportable - se excusó rápidamente.

- Es verdad, esto es bastante complicado - agregó otro muchacho.

- Entonces hoy pueden retirarse temprano, una buena cerveza de mantequilla les quitará en un segundo el dolor de cabeza.

Harry agradeció internamente que la situación hubiera pasado desapercibida. Antes de irse la chica aún lo miraba avergonzada, sin embargo no le dijo nada. Y así fue que tomó la decisión de contarle lo que le estaba pasando a su amiga.

Se apareció en los almacenes Purge & Dowse S.A y luego de decirle al maniquí tras la ventanilla que su visita era para ver a una alumna en práctica, cruzó el cristal e ingresó al Hospital San Mungo. Sabía que era una locura pero la idea de encontrarse con Malfoy ahí era también una excusa para haber elegido a Hermione en vez de Ron para pedir consejos. Le preguntó a la bruja de recepción por su amiga y ella le pidió que esperara en la sala de espera pues los practicantes estaban a punto de retirarse. Tomó asiento nervioso, echando ojeadas a los pasillos, pendiente por si aparecía Malfoy.

- ¡Harry! ¡Qué sorpresa! - chilló Hermione cuando apareció caminando junto con Margaret y otra chica más.

- Hola ¿Cómo te ha ido?

- Estupendo, gracias por preguntar. ¿Qué te trae por acá?

- Necesito conversar sobre un tema contigo, si tienes tiempo.

- Claro, si quieres podemos ir a buscar a Ronald y cenamos los tres.

- No, es un tema que primero necesito conversarlo contigo - balbuceó nervioso.

- Vaya, me pones nerviosa Harry, ¿todo va bien?

- Sí, tranquila.

Observó la incomodidad de Margaret al lado de su amiga, tal vez ya sabía que la otra noche él se había ido con otra persona a su casa en vez de haberse ido con ella. Su cerebro envió un mensaje de alerta, pues recordó que aquella noche Matthew lo descubrió besando a Draco en el bar y tal vez a esa altura todos sus compañeros debían saber lo que había sucedido. Se sonrojó notoriamente y observó a otro lado, evitando la mirada de Margaret. Ella lo saludó fugazmente y se alejó junto con la otra chica. Harry miró al suelo, avergonzado.

- Margaret se sintió mal luego de que te fueras con otra chica, es entendible, de todos modos yo le hablé muy bien de ti - dijo Hermione caminando hasta la salida, junto con el pelinegro.

- Disculpa.

- Está bien, tú eres dueño de hacer lo que te plazca. Pero tienes que comprender que aún estoy sorprendida por tu comportamiento. Nunca te habías acostado con nadie más aparte de Ginny ¿Es verdad? - Continuó la joven diciendo lo último en un susurro.

- Es verdad… de hecho es de eso mismo de lo que necesito hablarte - dijo por fin Harry.

- No me asustes cariño, tienes un rostro de preocupación, que ya no sé con qué sorpresa vas a salir - Hermione se llevó una mano al pecho.

Harry sólo pudo devolverle la misma mirada, casi desconsolado y su corazón estaba vuelto loco. Decirle a su amiga lo que había sucedido era casi como asumir abiertamente que se estaba haciendo gay y le asustaba demasiado.

- Vayamos a tomar té a algún lugar muggle ¿Sí? - Le gustaba ir al mundo muggle cuando necesitaba sentirse más normal, porque allí sólo era un ser humano más, nadie lo conocía, y podía sentir esa tranquilidad que toda persona merecía sentir por el resto de su vida.

- Está bien, acá cerca hay una cafetería que sirve unos trozos de pasteles deliciosos.

Se dirigieron al lugar y tomaron asiento en una mesa ubicada en un rincón. Pidieron té y dos trozos de pastel, por inercia en verdad, pues las tripas de Harry estaban tan anudadas como para causarle algún tipo de apetito.

- Bueno, ya está, soy toda oídos - empezó la castaña.

- Bueno… ¿Recuerdas aquella noche que Malfoy fue a cenar a mi casa? - Ella asintió y Harry tragó saliva -. Pues esa noche nos embriagamos y llegamos incluso a hablar de nuestras vidas privadas y… él me contó que no le gustan las chicas…

- Vaya, entonces era cierto - lo interrumpió Hermione -. Las chicas tenían la duda sobre eso, porque él siempre es tan amable con todas pero nunca se pasa de la raya, siempre tan delicado… Lo siento, no te interrumpo, continúa - Se calló al ver el rostro perdido de su amigo.

- En fin, esa noche estaba muy borracho y yo… lo besé.

Hermione abrió sus ojos de par en par y Harry enrojeció.

- ¿Por qué hiciste semejante barbaridad? - dijo por fin, recibiendo la taza de té que el mesero le estaba entregando.

- Y no sólo lo besé… - agregó el moreno, recibiendo su taza, avergonzado porque el mesero había escuchado aquella frase y lo miraba con una sonrisa ladina.

- ¡No me digas que tú y Malfoy lo hicieron! - Casi gritó la chica, un poco hiperventilada.

- Pues… no exactamente, no me hagas contarte los detalles que ya me estoy muriendo de la vergüenza - Harry se tapó el rostro con sus manos.

- Pues, no, está bien, pero por favor explícame el contexto. Porque hasta hace un mes tú y él eran sólo ex compañeros de escuela, casi enemigos jurados. Pero resulta que a la primera, te dice que es gay y tú te acuestas con él. ¡Por Merlín esto es demasiado!

- Ya ya, calma, que si para ti es así de fuerte, por favor imagina cómo es para mí - el chico bebió de su té tratando de calmarse, lo peor ya había pasado -. Y pues bueno, no sé, estoy confundido, no soy gay, no me gustan los chicos…

- Pero te gusta Malfoy… ¿O sólo fue de borracho?

- No lo sé Herm, no me gusta… pero fue diferente. Tal vez no tengo la experiencia para compararlo con más personas pues sólo me había acostado con Ginny, pero fue muuuuy diferente…

- ¡Espera! ¿Me estás diciendo que aquella noche en el bar te fuiste con él a tu casa? - Harry asintió -. ¿Y aquella mañana él estaba ahí en tu habitación?

- Sí, lo siento por esa mentira - se disculpó sincero volviendo a tomar un sorbo del té.

- ¿Se han vuelto a ver? - el azabache negó -. ¿Entonces sólo fueron dos veces?

- Sí.

- ¿Y me dices que no te sientes ni te has sentido atraído por otros chicos?

- Bueno… no realmente, es decir en la adolescencia es normal tener dudas sobre nuestra propia sexualidad…

- Pues creo que sí… pero al menos yo nunca quise acostarme, ni siquiera besar a otra chica, ¿Tú sí?

- Recuerdo sobre todo que en cuarto año estuve con las hormonas un tanto alteradas. Ya sabes, las y los extranjeros… Estuve varios días teniendo sueños un tanto húmedos con Cedric…

- Vaya Harry, nunca nos contaste sobre estas cosas…

- Pues porque no le tomé mucha importancia, creía que sólo era admiración. Pero después de esto me he dedicado a revolver cosas del pasado…

- Bien, soy de las que cree que las personas se enamoran del alma, de los sentimientos, no del físico y, por lo tanto, no veo por qué esté mal que dos personas del mismo sexo se gusten…

- Espera, yo no estoy enamorado de Malfoy, sólo que, no lo sé Herm, he descubierto que el Malfoy que nosotros conocimos no es el mismo Malfoy de ahora, su mirada, su forma de expresarse, hasta su risa es diferente, es muy impactante.

- Lo sé querido, lo veo a diario y Draco se ha transformado en una persona totalmente distinta… y eso es bueno, pero a la vez es triste ¿No crees? - Harry la miró sin comprender -. Pues, sólo imagina lo duro que tuvo que haber sido que te obligaran a hacer cosas horrorosas a cambio de la vida de tus padres, o de tu propia vida. Haber tenido que convivir con El Innombrable a diario, haberlo perdido casi todo después de la guerra. Y ahora tener que cargar con el peso de las decisiones que su familia tomó.

Wow, Hermione supo tocar la fibra de su corazón. Sintió un nudo en la garganta que dio paso a unas lágrimas asomándose por sus ojos. Tenía razón, tras esas risas que había compartido con él se escondía montones de angustias y muertes, tal como él mismo escondía a diario. Pensó que tal vez era ese el motivo de que sus grandes ojos grises reflejaran tantos sentimientos, quizá se cansaron de ver tantas injusticias a lo largo de su corta existencia que ya no pueden ocultar su alma rota. Y Harry soltó unas gruesas lágrimas, subiéndose los anteojos y cubriéndose con sus manos.

- Tengo miedo Hermione… - sollozó bajo sus palmas.

Ella se levantó y se agachó a su lado, dándole unas palmaditas de apoyo en sus piernas.

- Tranquilo, no eres el primer chico que pasa por esto, si te gusta estar con él pues ve. No hay ningún crimen en que dos personas que se gusten estén juntos.

- Ni siquiera sé si yo le gusto, es decir, las dos veces hemos estado borrachos. Me da miedo, todo, estaba aterrado en tener que contarte a ti… imagina cuando lo sepa Ron, cuando lo sepa Ginny. Lo sabrán los Weasley y luego todas esas revistas de chismes. ¡Merlín! Como odio ser quien soy en estos momentos, quiero ser alguien normal Herm, no quiero que todo el mundo tenga que enterarse de mi vida.

- Debes comprender que tienes mi apoyo, por siempre y pase lo que pase. ¿Está claro? Amor, debes estar tranquilo, el mundo mágico es más abierto con respecto a estas cosas, he leído mucho acerca de esto y no te van a discriminar ni mucho menos. Sé que te preocupa en particular tu carrera y debes saber que las leyes acá son totalmente mejores que las del mundo muggle. Además eres Harry Potter, mataste a Voldemort, si te critican por acostarte con un hombre pues que se jodan, no podemos caerle bien a todo el mundo ¿No? - Rió la chica ante la palabrota que su boca había dejado salir.

Harry sonrió y respiró aliviado, al menos su amiga supo cómo tranquilizarlo y contenerlo y estaba totalmente agradecido por ello. Ya había dado el primer paso: asumir frente a su amiga que tal vez sí le gustaba Malfoy, pero ¿Le gustaba él al rubio? ¿O sólo había sido un revolcón con el famoso Potter?

Su vida había tomado un rumbo totalmente inesperado, no porque se estuviera interesando en un chico, si no porque precisamente aquel chico era Draco Malfoy, un Slytherin, un ex mortífago ni más ni menos. Un auténtico escándalo para el mundo mágico.