Gracias como siempre, saber que estáis ahí incondicionalmente me da fuerzas :3 y a los nuevos lectores también, es genial que dediquéis tiempo a la historia, en serio.
¡Señores! ¡Es el capítulo número 10! No sé qué opináis pero yo estoy flipándolo en colores por no haberme estancado aun con el fic y porque os esté gustando, si supierais que pretendía hacer un One-shot de esto... Ay mami. Y eso que no creo que el humor se me de bien jajaja en fin.
Como regalo (y porque ya tocaba) aquí os traigo la tan ansiada cita en versión extendida, para que digáis que soy malvada xDD
"Sobreviviendo a la cita"
Fate debería dejar de prometer cosas que sabía que no iba a poder cumplir aunque tuviera todas las facilidades del mundo y los astros se alinearan para apoyar su causa. De verdad. Eso de que no volvería a casa de Nanoha era una falacia. Una mentira. Una trola. Porque al fin y al cabo ahí estaba. De nuevo esperando frente a esa puerta que tantos dolores de cabeza le había dado.
Porque era Sábado. Y porque por fin saldría con Nanoha.
Estaba nerviosa. Todos los esfuerzos anteriores por preparar la primera cita y que acabaron en desastre ya no servían, principalmente por como resultó acabar el día y porque Nanoha le había dicho que no se preocupara por nada. Y eso que estos días había intentado saber si la cobriza tenía alguna idea o quería hacer algo en concreto como ver una película, comer helado en algún sitio específico o dar de comer a los patos de un estanque. Pero Nanoha la había mirado con una sonrisa y le había dicho con su peculiar risa "Fate, no es una cita ni nada por el estilo, no te compliques. Sólo vamos a salir por ahí." Pero Fate no estaba de acuerdo. ¿Que no era una cita? ¡Claro que lo era! ¡Era una cita de esas raras en las que no sales con la persona a la que amas, si no una cita en la que sales y te entretienes con otra persona como compensación por ser una zopenca de mucho cuidado! ¡Hayate se lo había dicho!
Y Fate se dio una palmada en la frente, consciente de la pobre justificación que había usado. ¿Por qué seguía confiando en las opiniones de Hayate si sabía que tenían intenciones oscuras detrás y que probablemente le causarían problemas? Mapache tramposo. Pero ya era tarde, Fate consideraba aquello como una cita y su mente estaba llena de información absurda sobre citas que consideraba que podría valer y ser útil para su situación actual. Con lo que se había esforzado... ¿y Nanoha pretendía que no se complicara? ¿Que no era una cita? ¡Ni hablar! Bueno, vale... una cita podría no ser, pero definitivamente no complicarse era una tarea demasiado difícil porque estábamos hablando de Fate y sus ansias de acabar con todo este embrollo y porque estábamos hablando de Nanoha, y nada en la cobriza era sencillo. Pero si de las pocas interacciones que había tenido con ella habían acabado con la cobriza gritándole y con Fate huyendo o en estado catatónico. ¿Cómo podría no complicarse? Impensable.
Así que ahí estaba, su mente llena de información inútil y que pronto borraría como si su cerebro fuera un disco duro inservible, levantando la mano para volver a llamar a ese dichoso timbre. No tuvo tiempo de apretar el botoncito que alertaría a la familia del Cártel de su presencia, cuando la puerta se abrió bruscamente y una mano larga y de dedos afilados salió de entre las sombras agarrándola y atrayéndola hacia el oscuro interior de la casa. ¡Por las chanclas de Cristo! ¡Mamá sálvame! La madre de Nanoha sonrió con absoluta felicidad enganchándose del brazo de Fate como una enamorada y la invitó a pasar encantada de la vida. Fate tampoco tuvo tiempo de coger suficiente aire para gritar auxilio y la puerta se cerró tras ella mientras sentía cómo la arrastraban sin pena ni compasión. ¿Pero es que aquella casa estaba llena de gente loca, bipolar y con complejo de magos oscuros sin suficientes aquelarres que preparar que siempre la hacían sufrir a ella como si fuera el sacrificio del mes?
Ni que decir tiene que Fate estaba a punto de escupir el corazón del susto. Le saldrían canas antes de los veinte, lo tenía claro. "Fate-chan, es un placer volver a verte. Deberías pasarte más a menudo por aquí." Sonrió amorosamente la mujer. ¿Qué? No. Ya no era una promesa, era una obligación. Se ataría a un árbol con cadenas como protesta para proteger el medio ambiente si así evitaba pasar tiempo con esa familia de locos desquiciados. ¡Demonios, aprendería a domar ballenas si así evitaba relacionarse con esa gente! Estaba completamente segura de que tanto el padre como el hermano también tenían un tornillo de menos. Fijo que tenían armas escondidas por la casa y que no dejaban cabos sueltos como los mafiosos que eran. Ah no. Eran un Cártel de drogas. Bueno da igual, seguro que también tenían un lado Yakuza. Fate no quería ser un cabo suelto que hubiera que eliminar, ni siquiera quería ser un bonito lazo. Sólo quería correr hacia su casa y esconderse bajo las mantas para ver si podía desarrollar la habilidad de mimetizarse con el entorno como los camaleones y darse a la buena vida del reptil. La rubia intentó sonreír para que no se notara tanto la ansiedad que corría por sus venas, pero sólo consiguió que le saliera una mueca nerviosa que hizo que la madre de Nanoha sonriera todavía más. A sus ojos parecía un lobo feroz a punto de comerse al corderito desvalido.
"Siéntate Fate-chan, en un momento te llevo un té y unas pastas. Nanoha no tardará, me ha dicho que teníais planes." ¿Cómo que Nanoha no tardará? ¿Por qué narices nunca estaba cuando ella iba a su casa? ¿Cuál era esa manía de desaparecer y dejarla con su familia como si no fuera a ocurrir una catástrofe mundial? Ah no, Fate no caería de nuevo en esa trampa, no volvería a sentarse a solas en el salón sabiendo que había una criatura despreciable que se arrastraba por los suelos de la casa como una culebra y que ya la había atacado. Porque una vez que esas cosas prueban la sangre humana -y más concretamente, la de Fate-, ya no quieren otra cosa. Así que Fate salió del trance agónico en el que estaba como un resorte y ni corta ni perezosa se acercó a la mujer que ya se estaba alejando hacia la sala de tortura, también llamada cocina, probablemente.
"Oh, no se preocupe. Déjeme ayudarla en la cocina, así no estaré sola en el salón mientras usted lo hace todo, señora Takamachi..." La mujer la miró gratamente sorprendida por los buenos modales de la muchacha, sin duda ella era buena influencia para sus hijos. ¿Seguro que no podía adoptarla? ¿Y si se la robaba un par de días a su familia? ¿Eso era malo? ¿No, verdad? Sería como recoger a un animalillo cuco y solitario de la calle. Nadie te dice nada por recoger animales y darles cobijo. Es más, caes mejor de esa forma. Momoko siguió pensando opciones sobre cómo alargar la estancia de la rubia y Fate sintió un escalofrío recorrerle toda la columna.
"Llámame sólo Momoko. Muchas gracias Fate-chan, mis hijos deberían aprender de tus modales." Dijo la mujer después de cavilar unos segundos. Quizás si le echaba a Fate un somnífero en el té y luego decía que se había dormido no habría problema. Fate la miró intentando sonreír con más soltura pero con la clara sensación de estar en peligro. Sí, claro. Modales. Si supiera que sólo lo hago para salvar el cuello... Ay Dios, ¿no leerá mentes no? Capaz de rebanarme el gaznate con una cuchara. "En ese caso puedes ayudarme con gusto, estaba haciendo un pastel." Vaya, un pastel. Qué coincidencias, ¿no tendrán por casualidad una pastelería? Ya podría estar haciendo, no sé, una ensalada o una macedonia de frutas. Algo sano, para variar. Fate deja las ironías y contesta. "C-Claro, lo que necesite." Fate siguió a la mujer a la cocina y con los nervios a flor de piel hizo caso de las instrucciones y peticiones de la mujer lo mejor que pudo.
El silencio era casi tan acogedor como estar en una jaula con perros hambrientos, y no mejoró cuando Fate vio a la mujer sostener un cuchillo del tamaño de su antebrazo. ¿Pero qué demonios hacía con esa pedazo de arma si se supone que estaban haciendo un pastel? El alma se le cayó a los pies nada más ver la soltura con la que Momoko lo usaba. La virgen. "Fate...". Habló la mujer de la nada haciendo que la rubia se tensara como un alambre. ¿Si se atrevía a respirar de más y a robarle oxígeno moriría? ¿Qué querría decirle aquella mujer ahora? ¿Que ya habían arreglado las nupcias y estaba obligada a casarse con alguno de sus hijos por el hecho de tener el dudoso honor de cocinar junto a ella? Fate tragó ruidosamente al ver cómo la señora partía varias fresas de un tajo experto. Dios Santo. "¿Nanoha y tú habéis discutido?". Ay madre. Todavía se paralizaba al recordar cómo en un ataque de bravura -y porque no le gustaba que la acusaran injustamente- se le había encarado a Nanoha en la azotea. ¿Su madre sabría lo que ocurrió? ¿Por eso preguntaba? ¿Cómo narices se había atrevido, en primer lugar, a gritarle a Nanoha sabiendo cómo se ponía la cobriza cuando se enfadaba? ¿Se había vuelto loca? ¿Acaso no le tenía aprecio a la vida o es que era idiota y no evaluaba el peligro de ciertas acciones?
Jesús, Dios, Zeus, Alá, Shiba,... ¿cuántos nombres más tenía que recitar para salir viva de esa situación? Se sentía como si estuviera a punto de luchar contra el Boss de un juego que acaba de pasar a la segunda fase de su monstruosa transformación. La mujer seguía cortando fresas como si nada, ajena a todo el bullicio que había en el interior de Fate. "Porque últimamente la he notado un poco molesta, y cuando le preguntaba por ti se iba echa una furia...". La cantidad de fresas cortadas con precisión quirúrgica aumentaba y Fate se preguntaba si las usaría para hacer un batido con su cabeza. Esta vez ni todas las plegarias del mundo podrían salvarla de aquello. Ni Vivio con su don de la oportunidad. Ni Bardiche con su habilidad de espía. Ni siquiera su némesis -si es que tenía alguno porque se consideraba demasiado buena como para que alguien la odiara y se otorgara dicho apodo- se dignaría a acabar con su vida tan cruelmente como parecía que estaba dispuesta aquella mujer. Fate sintió como la sangre era drenada de su cuerpo y como su corazón voluntariamente se paraba y hacía las maletas para largarse a otro cuerpo menos amenazado.
Fate mantuvo los ojos abiertos con claro terror y sorpresa. No rezó por su vida, ni pidió que ocurriera un milagro. Hizo lo que tenía que haber hecho hace siglos.
Si alguien estaba leyendo su mente en ese preciso instante, por favor, que sepa que se llama Fate Testarossa Harlown y que con motivo de su inminente defunción estaba redactando su última voluntad mentalmente a falta de papel, bolígrafo y notario presentes. En ella establecía que le dejaba los videojuegos tanto de la consola como del ordenador a su hermano, Chrono. A su madre Lindy le dejaba las sábanas de seda egipcia que trajo Hayate de su viaje express a Arabia y las múltiples novelas de su cuarto y al maldito mapache, conocido en el mundo humano como Hayate Yagami, le dejaba los mangas y le devolvía aquella caja mohosa y con varias pegatinas y titulada "No es porno, no abrir" que una vez le había pedido que la guardara bajo su cama porque era material susceptible, y que Fate había mirado con cara de asco y sospecha. A Bardiche y a Vivio les dejaba el resto de cosas de su cuarto, entre ellas un cromo en perfecto estado y con la firma de un famoso jugador de béisbol de los años '70 con el certificado de autenticidad y la ficha en la que decía que estaba valorado en varias decenas de miles de dólares americanos, y que a Fate le había tocado como premio de un juego absurdo de lotería.
Bien. Ya estaba lista para morir, pero antes se enfrentaría a la mujer y le demostraría que era valiente a pesar de que sus piernas temblaran como juncos en un vendaval. Era por falta de azúcar, claro. El cuchillo gigante no tenía nada que ver.
"Señora Takamachi... Es decir, Momoko... Yo...".
Fate no pudo terminar la frase y poco a poco sentía como su voluntad se rompía. A su izquierda escuchó un ruido bastante conocido y que no auguraba nada bueno para ella. Con la boca seca todavía y la garganta como un estropajo se giró hacia el ruido, olvidando momentáneamete a la mujer que era capaz de insuflar terror con una sonrisa -y un cuchillo de carnicero-. Aquel puñetero roedor y que debería extinguirse como especie la estaba mirando hambriento. ¿De dónde había salido y por qué olfateaba el aire con tanto ansia? Fate contuvo un hipido y con el corazón cabalgando y redactando su renuncia como órgano vital, saltó como buena atleta que era esquivando el repentino mordisco del animal. Detrás de ella escuchó como la mujer gritaba el nombre del animal con verdadera sorpresa y espanto. Así debían de sentirse y de reaccionar las madres cuando descubrían que su hijo es un criminal y ellas pensaban que no había roto un plato en su vida.
Fate corrió y derrapó por la casa en busca de refugio. Subió las escaleras y se encerró en la primera habitación que encontró sin importarle de quién fuera. A tomar por saco la privacidad ajena, su vida pendía de un mísero hilo y esto no era ninguna película de acción. Claro que Fate no tuvo en cuenta el hecho de que no conocía la casa y de que sus posibilidades de huída se habían visto ampliamente reducidas al subir al segundo piso en vez de salir por la puerta principal.
La rubia tanteó la pared en busca del interruptor mientras oía como el animal arañaba la puerta. No sabía que le daban de comer pero por Dios que Fate creía que podría derribar la puerta si se apartaba. Por fin se hizo la luz y el animal dejó de asesinar a la inocente madera permitiéndole respirar con algo de alivio. La voz de Momoko llamando al bicho resonaba cerca.
Fate pudo dedicarse a contemplar el lugar en el que estaba y lo que vio fue más aterrador que enfrentarse al animal, al que le podía dar una patada sin querer queriendo y devolverlo a la fauna o a la Madre Tierra, lo que ocurriera antes. Desde luego con esto sí que no podía luchar. Esa habitación estaba empapelada con fotos de ella en diversos tamaños, había cartas, notas y hasta una almohada con una foto de ella entera estampada. Parecía cosa de Hayate, no lo dudaba. Hasta que vio varias fotos en un corcho y su pulso se disparó. La habitación era de la hermana de Nanoha.
No podía ser cierto. Tenía que ser una broma. Una cámara oculta o algo así. ¡Pero si nunca la había visto hasta el día que salvó a Nanoha del coche y ni sabía quién era! ¡Pero si la había salvado del ratón y parecía una chica normal y equilibrada que hacía ejercicio y tenía complejo de ninja, que además formaba parte de la familia más loca y salvaje que Fate nunca había tenido la desgracia de conocer!
La madre que me...
Fate sintió náuseas. Tenía que salir de allí. Con energías renovadas salió del aquel cuarto del demonio sin importarle que el animal pudiera volver a atacarla. No, estar ahí era peor. Casi que prefería enfrentarse al roedor y a la mamá psicópata. Corriendo volvió a bajar por las escaleras hacia la puerta principal. Se puso los zapatos a toda prisa con el corazón latiéndole en las sienes y, escuchando el golpeteo de las patas del tal Yuuno que se acercaba a ella con velocidad -con tanto gritar su nombre ya lo tenía grabado como si fuera un tabú-, abrió la puerta y salió al exterior.
Con las prisas no se fijó por dónde iba y tampoco se dio cuenta de que había chocado y caído al suelo hasta que sintió una superficie blanda bajo ella que no debería estar ahí si se supone que estaba haciendo la carrera de su vida. Abrió los ojos con la esperanza de que fuera como poco un dragón, pero se encontró con unos ojos violetas bastante conocidos y que le robaron varios años de vida.
Fate estaba sobre Nanoha. A tres centímetros de su cara. Respirando el aire que expulsaba y notando cada fibra de su cuerpo bajo el suyo. Estaba sobre Nanoha, que parpadeaba confusa y enfocaba su mirada en la de Fate para ir poco a poco siendo consciente de la situación y demostrándolo en su expresión. Para Fate ya era un gesto conocido. Furia y vergüenza todo en uno.
A cámara lenta escuchó a alguien gritar -Miyuki, por lo que supo después- y Fate, movida por a saber qué instinto de supervivencia y por la adrenalina, rodó sobre el cuerpo de la cobriza levantándola hábilmente en el proceso cual experta en artes marciales. Yuuno aterrizó donde habían estado. ¿Seguro que no era un zombie? Fate, todavía sintiendo el tiempo ralentizado, agarró la mano de Nanoha, silbó llamando a Bardiche, que estaba esperando fuera de la casa a modo de guardaespaldas viendo que Fate ya había sido atacada una vez y que apareció listo para perseguir y devorar a la alimaña, y salió pitando de allí arrastrando a la cobriza que increíblemente había cambiado su expresión de odio y sonreía mientras se despedía con la mano diciendo que no llegaría tarde a casa como si no le importara que la vida de Fate peligrase.
La cita había comenzado.
Corrieron hasta que Fate se sintió a salvo y fuera de la zona de peligro, y llegaron a la estación de tren. Fate se sentó de mala manera en un asiento vacío, con el pecho agitado y el brazo sobre la frente en pose dramática mientras que Nanoha se sentó frente a ella con total naturalidad y educación, aunque algo sonrojada. Si la que había hecho todo el esfuerzo había sido Fate, la cobriza casi no tenía derecho a estar roja.
Cuando Fate se sintió de nuevo con ganas de enfrentar al mundo y vivir, miró a Nanoha en busca del cabreo anterior. Haría lo que fuera por apaciguar su furia después de todo lo que había tenido que soportar. Estaba agotada y aun era por la mañana. Para su sorpresa la cobriza tenía una pequeña sonrisa, a saber por qué, se preguntó Fate. Desde luego la falta de reactividad de la muchacha frente a todo lo que había visto era apabullante. Sin duda, eso decía mucho del cruel ambiente en el que se había criado, con semejante familia Fate habría tenido que desarrollar también esa capacidad. La rubia estaba apunto de llamar su atención cuando la voz mecánica que anunciaba la llegada a la próxima parada sonó, y Nanoha se levantó del asiento dispuesta a salir. ¿Dónde se supone que estaban?
Siguió a la cobriza en silencio mientras salían de la estación y callejeaban. Nanoha encabezaba la marcha y por algún motivo aun mantenía la sonrisa. ¿Iban a estar así toda la tarde? ¿Las citas eran silenciosas? ¿Había algún tipo de protocolo que indicaba cuando era bueno hablar y cuándo un silencio era importante? Fate no tenía información sobre esto, y no estaba segura de que su silenciosa presencia pudiera ser compensación suficiente para hacerle olvidar a Nanoha lo idiota que a veces era, por lo que decidió comenzar una conversación.
"¿Dónde vamos?". Nanoha siguió caminando y habló sin detenerse. "No te preocupes Fate-chan, te gustará." Fate frunció el ceño con desconfianza. Sentía que aquél lugar no le haría ni pizca de gracia pero aun así aceleró la marcha y se puso a la par que Nanoha. Si todas las citas eran así de fáciles no entendía por qué narices existían libros sobre el tema y ella se los había leído. Quizás sí que le tenía que haber preguntado a Lindy o a Chrono sobre el tema. Siguieron caminando hasta que Nanoha se detuvo, y viendo que Fate estaba metida en sus pensamientos y seguía caminando la agarró del brazo llamando su atención. La rubia se volteó y miró el agarre que le impedía seguir, para después mirar a Nanoha con interrogación.
"Ya hemos llegado Fate-chan." ¿Ya? ¿Tan pronto? Fate miró a su alrededor en busca de cualquier señal que le dijera que estaba en el lugar correcto, algo que dijera en grande y en letras rojas "¿Tienes una cita? ¡Estás en el lugar correcto!", pero rápidamente se dio cuenta de que era una calle normal con tiendas y diversos puestos. No, no era una calle. Parecía un espacio abierto y amplio en el que habían colocado tiendas de forma paralela para que la gente pudiera caminar cómodamente. ¿Qué era esto? ¿Rebajas? ¿Un mercadillo? ¿Aquí vendían la droga los Takamachi o la adquirían? ¿Hayate lo conocería también? ¿Los bajos fondos de Uminari se encontraban aquí? ¿Nanoha la iba a vender como esclava?
Fate siguió divagando hasta que la voz de Nanoha la trajo de vuelta. "Es un mercadillo un tanto especial. Algo así como una feria de pasteles y dulces en la que puedes comprar, vender y competir." Explicó la cobriza. Lo dicho. Para Fate eso era el Mercado Negro. Con mayúsculas. ¿Por qué, de entre todos los lugares y todas las cosas, Nanoha había creído que estar allí le gustaría? ¿Era algún tipo de mensaje subliminal para que se hiciera adicta a los pasteles y probablemente a la cocaína que llevaban? ¿Quería que fuera uno de sus camellos? ¿Era coña, no? "Como siempre tenemos un pedido de tu familia pensé que te gustaría descubrir otros sabores y pasteles, los hay de todas las clases."
Fate se rascó la mejilla con confusión. ¿Pedidos de su familia? Cosa suya no era, desde luego, aunque su familia tampoco era muy de dulces. Los pasteles no le desagradaban pero tampoco eran su alimento favorito. Oh Dios ¿Los padres de Nanoha seguían enviándoles cosas a Lindy? ¡Acosadores! Nanoha observó la reacción de la rubia con desilusión. De verdad había creído que le gustaría. Fate, que gracias a los múltiples libros y consejos que había leído, captó milagrosamente la expresión de la cobriza, pero ¿qué significaba? ¿Estaba cansada? ¿Tenía hambre? ¿Sueño? Esto era muy difícil. Prestar atención era realmente agotador, no entendía como la gente normal podía vivir así. A lo mejor estaba aburrida, y eso que había sido idea de Nanoha ir allí y no suya. Tenía que hacer algo y tenía el plan perfecto.
"¿Nanoha?" La cobriza levantó la mirada para ver a la rubia con gesto de concentración. "Los cupones de Midoriya... ¿sirven aquí también?" Nanoha parpadeó confusa por la pregunta. Hasta donde sabía eran válidos para cualquier establecimiento de comida. Asintió confirmando la pregunta de la rubia. ¿Pero por qué quería saber...? Fate sonrió ampliamente tomando a la cobriza por sorpresa. ¿No estaba desilusionada?
Ignorando las reacciones de Nanoha, Fate agarró firmemente su muñeca y su sonrisa se volvió casi descarada. ¿Nanoha estaba aburrida? Pues dejaría de estarlo. Nanoha no entendía lo que quería decir y la rubia con regodeo le enseñó el enorme taco de cupones de Midoriya. "Prepárate porque vamos a probar todos los puestos hasta reventar."
Antes de que pudiera digerir la información la rubia las arrastró hasta el primer puesto que le pareciera interesante. Durante horas caminaron y probaron pasteles, pastelillos, bollos, dulces, fuentes de chocolate y cualquier cosa producto del azúcar y el glaseado.
Agotadas y con el paladar sobrecargado de dulce, se detuvieron en unas mesas. Fate sentía que de aquí a nada se quedaría ciega de tanto comer dulce y que la diabetes sería el menor de sus problemas. Si ingería algo más lo vomitaría, estaba segura. En cambio, Nanoha parecía soportar bastante bien el atracón de dulces. ¿Tiene un cuerpo alienígena capaz de aguantar esto? ¿Cómo es posible que esté tan fresca? ¿No le preocupan las miles de calorías ingeridas? Jesús, qué mujer. "Estoy muerta". Susurró la rubia dejándose caer en la mesa despreocupadamente y Nanoha se rió con esa risa tan peculiar suya por las exageraciones de la rubia.
Fate no solía ser tan expresiva en clases y estaba disfrutando viendo las caras que ponía la rubia. Aunque actuara a veces como una niña pequeña, para Nanoha era refrescante. Al final estaba resultando que no había sido mala idea aceptar la invitación de Fate después de la discusión que tuvieron.
Nanoha debía reconocer que había sido un poco injusta con Fate al actuar de esa manera con ella, y después de que Miyuki le explicara la situación de la que fue testigo, tuvo claro que se había precipitado al culpar a la rubia de ciertas cosas. Aunque Hayate le había advertido de lo cabeza hueca que podía llegar a ser la rubia según qué cosas. Sin embargo no la perdonaba del todo aun, después de todo la había ignorado durante bastante tiempo.
Ajenas al ir y venir de la gente no notaron cómo eran observadas desde distintos puestos por tres pares de ojos que vigilaban cada uno de los movimientos del par sin perderse ninguna interacción.
Cuando recuperaron fuerzas, Nanoha y Fate se levantaron y pasearon con calma. Como aun era pronto y la cobriza no quería alejarse de allí porque más tarde había muchas más cosas nuevas que ver, a petición de Fate entraron en unos recreativos convenientemente cercanos. La rubia demostró habilidades desconocidas por la cobriza al jugar con máquinas de disparos y arcade bastante complejas mientras que Nanoha le daba una soberana paliza a Fate jugando a los bolos. Jamás de los jamases, Fate Testarossa, permitas que Nanoha te apunte con algo. Nunca. Su precisión y anormal fuerza te pueden matar como han hecho con los inocentes bolos. Era increíble ver como la cobriza marcaba pleno tras pleno como si fuera un juego de niños.
Para cuando salieron de allí estaba casi atardeciendo, las horas habían pasado increíblemente rápido estando al lado de Nanoha y milagrosamente no había sentido ningún tipo de amenaza por su parte. Fate diría que el objetivo de aquella salida se había cumplido y que Nanoha se había olvidado de todos sus enfados y ansias asesinas.
De nuevo volvieron a los puestos de dulces, pero esta vez fueron más allá, aparentemente había una feria que había aprovechado la afluencia de personas y se había establecido allí hasta que los pasteleros se fueran. Fate no recordaba haber estado nunca en una feria de esas. De hecho era raro. Habían aparecido de la nada y montar todo ese tinglado no tenía que ser sencillo. ¿Seguro que era la misma zona? ¿Habían cruzado algún portal mágico?
"¡Mira Fate-chan se alquilan kimonos! ¿Nos ponemos uno?" ¿En estas fechas? Pero Nanoha estaba tremendamente ilusionada. No había que tener ojos para verlo, pero ¿era necesario? Eran incómodos, difíciles de poner y tenías que caminar de puntillitas si no querías morder el polvo. Fate no le veía la utilidad a dicha ropa, quizá porque tenía sangre italiana corriendo por sus venas o quizá porque estaba demasiado cómoda con sus vaqueros. Sin embargo Nanoha podría ponerse triste si se negaba, al fin y al cabo estaba allí para que la cobriza se divirtiera, ¿no? Sin duda no estaba nerviosa por vestir de esa forma frente a la cobriza o por verla a ella con esa ropa, claro, no tenía por qué. En todo caso, estaba aceptando vestir así para que a Nanoha se le quitara ese mohín triste que a veces ponía cuando Fate se negaba a algo. Sí, sin duda estaba evitando una catástrofe.
Así que con pesar y convencida de que lo hacía por el bienestar mundial alquilaron los kimonos. Fate escogió uno ligero de color negro con flores doradas, rojas y naranjas y Nanoha uno azul marino con nubes y remolinos extraños. Ambos ropajes conjuntaban y realzaban su físico. Fate vio cómo extrañamente Nanoha la miraba fijamente mientras un leve sonrojo coloreaba sus mejillas. ¿La enfermedad del cangrejo estaba reapareciendo? ¿Y si Fate era la portadora de dicha enfermedad y por eso la gente cerca de ella la padecía? Quizás debiera hacerse un chequeo, aunque ella se encontraba divinamente sana. Se acercó a Nanoha para ver si se encontraba bien, disminuyendo la distancia y provocando que el sonrojo aumentara. "¿Estás bien? ¿Tienes calor?" Preguntó con interés. A ver si también sería culpa suya que Nanoha se resfriara.
Nanoha sacudió levemente la cabeza y respiró profundamente recobrando su color habitual y le sonrió. "Estoy bien, Fate-chan... Estás magnífica." Ahora fue el turno de Fate de temblar como una hoja y de sonrojarse. Los piropos estaban bien, pero se lo había dicho a apenas 15 cm de distancia y pareciera que un tren se había estampado contra ella por lo imprevisto del halago. ¿Qué se hacía en estos casos? ¿Devolver el cumplido? ¿Huir? ¿Reírse con fingida naturalidad y quitarle hierro al asunto para que no se notara su evidente nerviosismo e incomodidad por lo íntimo de la interacción? Diablos. Optó por lo primero. "G-Gracias Nanoha, tú también estás... ehm... preciosa. El azul te favorece."
Vio aliviada cómo la cobriza sonreía con absoluta felicidad iluminando todo a su paso. Fate tuvo que entrecerrar los ojos. Demasiado brillante para ella. ¿Cómo una sonrisa podía iluminar tanto? ¿Era magia? ¿Estaba oyendo música celestial? ¿Había muerto ya?
Un carraspeo las sacó de la burbuja en la que estaban. "¿Nanoha?". La nombrada se giró ante el llamado y Fate hizo lo propio con indiferencia y desinterés para luego apartar la mirada con aburrimiento de aquella persona. Sólo era un chico cualquiera. "¡Yuuno!" El grito y el nombre hicieron que Fate entrara en estado de alarma súbitamente y se girara de nuevo hacia su procedencia. ¿El maldito roedor estaba allí? ¿Acaso las había seguido? ¿Bardiche estaba bien? ¿Por qué seguía con vida? ¿Era un ser evolucionado como Hayate que podía hacerse invisible y huir con habilidad?
Fate miró velozmente hacia los lados en busca de la criatura. Con el kimono no podía correr. Demonios. Sabía que no era buena idea ponérselo. Sin embargo no había nada, para extrañeza de la rubia Nanoha estaba hablando con aquél chico con soltura y confianza y no había rastro de Yuuno. "Mira Fate-chan, quiero presentarte a alguien."
La rubia frunció el ceño. ¿Cuál era el punto de conocer a alguien a quien no tenía interés de conocer? ¿No veía que estaba preocupada por que el bicho no atacara su yugular a traición? La rubia se acercó aun así. "Fate-chan, este es mi mejor amigo de la infancia. Yuuno Scrya. Yuuno, esta es Fate-chan."
Fate miró al sujeto con la mandíbula abierta. ¿Yuuno? ¿Se llamaba Yuuno? No podía ser verdad. El muchacho era rubio con la media melena atada en una coleta, no más alto que ella y con unos ojillos verdes que le recordaron a la mirada vidriosa de un pez muerto. Sin querer miró tras él en busca de una cola de hurón. Porque definitivamente era un hurón transformado en humano. ¿Esta era la mascota de Nanoha? Dios santo. ¿Campaba a sus anchas por su casa, en la que vivían tres mujeres que con toda seguridad no tenían ni idea de la verdadera forma de aquello a lo que se aferraban en llamar mascota? ¿El bicho que la había atacado dos veces? ¡Menudo pervertido! ¡Era intolerable! ¡Debía hacer algo! ¡Ni Hayate era tan pervertida aunque se colara en los vestuarios femeninos! Ah no... No se colaba, que era mujer también. Fate a veces se te olvida que compartís género.
Fate detuvo su monólogo interior y enfrentó su mirada con fiereza. No iba permitirle estar cerca de Nanoha mientras ella estuviera ahí. Ni hablar. Su sentido del deber y orgullo de mujer no lo permitirían. Miró a su alrededor, necesitaba apoyo gatuno. Ella y Bardiche habían acordado que ante cualquier situación de alerta la rubia sólo tenía que silbar para que Bardiche apareciera en su ayuda. Para su suerte o desgracia no sólo encontró a Bardiche, sino que estaba acompañado de Vivio que vestía una gabardina y unas gafas de sol oscuras y que, evidentemente, desentonaba tanto en el entorno como una mancha roja en la nieve. ¿Pero qué narices? Si hubiera vestido normal Fate la habría ignorado con naturalidad. Para colmo, no muy lejos de Vivio vio a otra persona con las mismas pintas que llevaba unos prismáticos y una cámara que apuntaba en su dirección.
No, no, no. Dime que no es cierto. Por todos los cielos, dime que no es Hayate la que me está saludando como una idiota mientras hace fotos a lo lejos. ¿Por qué tenía tan mala suerte? ¿Qué había hecho en su otra vida que le estaba pasando factura ahora? ¿Acaso volaba con una guadaña recogiendo cristales mágicos para un propósito maligno?
"Un placer Fate-san, Nanoha me ha hablado mucho de ti." Fate volvió a dirigirle la mirada con renovado enfado. ¿Cómo se atrevía a hablarla tan fácilmente? ¿Quién se creía que era? ¿Que Nanoha le había hablado de ella? ¡Já! ¡Como que la había atacado dos veces! ¡Claro que la conocía! Fate silbó por lo bajo, no mucho como para pasar desapercibido pero tampoco tan alto como para llamar la atención. Sonrió sabiendo lo que pasaría. "El placer es mío..." Dijo con inocencia y maldad. Se iba a enterar.
Fate se acercó a Nanoha con sutileza y, agarrándole suavemente de la mano, la apartó ligeramente del muchacho. Sin previo aviso una bola de pelo negra y enfurecida se dirigió velozmente hacia donde estaban y se encaramó al chico que tembló sorprendido. Bardiche gruñía con fiereza. El tal Yuuno intentó apaciguarle con palabras dulces y típicas mientras Nanoha se llevaba una mano a la boca con asombro y Fate mantenía el agarre de su extremidad, impidiéndola intervenir.
Bardiche se lanzó contra él, que sin preámbulos se dio la vuelta y echó a correr como poseído. Fate no pudo contener la risa ante la visión. Eso para que aprendiera. Debía regalarle algo a Bardiche por su gran trabajo. Nanoha se fijó en sus manos unidas y se sonrojó, pero no deshizo el agarre. Al fin y al cabo no era cosa suya si no de Fate que la había agarrado primero y ahora no la soltaba. Claro, era culpa de la rubia. Carraspeó.
"Fate-chan, ¿no era ese tu gato?" La cobriza la observó pasmada y maravillada mientras ella aun reía. Nunca había visto a Fate reír de aquella manera y Nanoha tuvo la sensación de que estaba viendo una faceta muy personal y secreta de la rubia. ¿Pero Fate qué podía decir? Estrictamente Bardiche no era suyo, pero era su amigo y lo consideraba de la familia ya, después de todo siempre estaba protegiéndola. La rubia contestó con otra pregunta librándose de dar explicaciones. "¿De verdad se llama Yuuno como tu hurón?" Preguntó con diversión en la mirada. Podría parecer un honor que llamaran a tu mascota como a ti, pero no, en este caso parecía algún tipo de burla inconsciente. Nanoha se avergonzó con la pregunta. Le había llamado así porque inevitablemente le recordaba a Yuuno, no tenía malas intenciones. "Él me lo regaló, así que..." El bochorno de Nanoha aumentó y Fate rió aun más abiertamente que antes con la pobre justificación dada. Resultaba evidente la burla inherente en todo aquello. Aunque Nanoha no lo reconociera en voz alta, sin querer había asociado al hurón con su supuesto mejor amigo. A la porra eso de que era porque se lo había regalado. A Nanoha le había guiado la apariencia del bicho para nombrarlo así, y Fate lo sabía con total certeza. Y le encantaba.
Sin ser realmente consciente y sin miramientos, Fate soltó la mano de la cobriza, que parpadeó y abrió y cerró la mano recién liberada memorizando la sensación. Ya no parecía tan cálida como antes.
"¡Fate-mamá, Nanoha-mamá!" Vivio hizo su aparición interrumpiéndolas como ya era costumbre. Para sorpresa de Fate ya no había rastro de la gabardina ni de las gafas. La niña llevaba un bonito kimono rojo y el pelo recogido. ¿Cómo había cambiado tan rápido de look y qué hacía allí? Nanoha se agachó para recibir a la niña con un abrazo cariñoso digno de una madre cándida y amorosa mientras que Fate rodaba los ojos ante los apodos y miraba a la niña con sospecha. Miró de nuevo al lugar donde creyó ver a Hayate, pero la chica ya se había esfumado. Maldito mapache invisible. "¡Vayamos a jugar a los puestos!" Gritó Vivio. Claro, cómo no. La niña quería sacar tajada de la situación y ver si le daban algún regalo.
Aunque el motivo principal de la presencia de Vivio fuera distinta de lo que Fate creía, después de todo era la primera misión de la TSAB.
Como pidió la niña, las tres se dirigieron hacia los puestecillos, con Vivio en medio de las dos mientras les agarraba las manos inocentemente. Parecían una familia de verdad. Caminaron, probaron distintos juegos, compraron llaveros y peluches y se premiaron con unos buenos helados. Vivio se lo estaba pasando de lo lindo. Nunca había ido a una feria, las monjas decían que jugar con el azar y estar ociosos era pecado, y así se lo hizo saber a sus acompañantes.
Fate sintió algo de compasión por la criatura y decidió que podría consentirla por un día. La cogió repentinamente, ante los gritos avergonzados de la niña y las risas de Nanoha, que miraba la escena con diversión y calidez, y la subió en sus hombros como cualquier padre hace con su hijo, permitiéndole ver la zona desde las alturas. En seguida dejó de quejarse y se dedicó a observar todo con absoluta dedicación y alegría, agradecida por estar ahí con ellas. Y Fate sonrió con el predecible cambio de actitud de Vivio, después de todo era una niña.
Aunque no tardó mucho en volver a gritar y a patalear sobre los hombros de la rubia. A lo lejos había visto a dos amigos suyos y rápidamente se bajó y corrió hacia ellos. Nanoha y Fate la siguieron lo más rápido que pudieron, si la niña se perdía sería bastante difícil dar con ella y aunque no era responsabilidad de Fate, ya que estaba allí no podía dejarla a su suerte. "¡Erio, Caro!" Gritó la enana bicolor.
Eran dos niños de más o menos la edad de Vivio, quizá el niño era algo más mayor, que estaban jugando al tiro al blanco a ver si conseguían el premio. Por sus largas caras Fate pudo decir que no estaban cerca de lograrlo. Nanoha rápidamente se presentó y se interesó por ellos, preguntándoles qué les ocurría y escuchando cada palabra. Fate no se sorprendió al ver cómo Nanoha se levantaba con decisión y pagaba al feriante para probar suerte e intentar conseguir algún peluche para los niños.
La rubia la miró con calma, de repente fijándose en cada detalle de la cobriza como si antes sólo la viera a través de un velo translúcido. Fate se fijó en que Nanoha era bastante atractiva, y los ojos le brillaban más cuando ponía esa mirada decidida que nadie podía cambiar. Fate también se fijó en que era zurda y que el pelo lo tenía recogido en una coleta ladeada que le caía como una cascada fulgurante y brillante que contrastaba fuertemente con el color del kimono. La verdad es que tenía un pelo bonito. ¿Sería suave?
Nanoha disparó y falló el primer tiro poniendo un puchero infantil que le sacó una pequeña sonrisa a la rubia. Le quedaban dos. El tiempo pareció detenerse y todo lo de su alrededor se desvanecía lentamente. ¿Cómo alguien de su edad podía poner un gesto tan adorable, sabiendo que podía llegar a ser aterrador cuando se enfadaba? Para Fate era un misterio.
"Fate-mamá, si no cierras la boca se te va a caer la baba mirando así a Nanoha-mamá."
Fate despertó bruscamente del trance y el tiempo y el ruido volvieron a discurrir con normalidad. ¿Cuánto tiempo había estado embobada? Miró a Vivio confusa por sus palabras. ¿Caérsele la baba? ¿Por Nanoha? ¿Pero de qué narices habla la niña? Frunció el ceño, sólo había estado en las nubes unos segundos, qué exagerada. "Vivio, ¿has comido demasiados dulces y te has vuelto loca por fin?"
La niña sólo sonrió inocentemente y apartó la mirada sin decir nada más. ¿Qué le pasa? Se preguntó Fate. Escuchó dos disparos consecutivos y centró de nuevo su mirada en Nanoha, que se llevaba una mano a la mejilla mientras reía con algo de decepción y aquellos niños la animaban agradecidos por haberlo intentado por ellos. Así que no lo había logrado. Fate suspiró. Supongo que ahora es mi turno.
Se acercó al puesto y pidió los mismos intentos que Nanoha y los niños habían pedido antes, para asombro de los presentes. Fate no tenía pinta de dedicarse a estos juegos. Para la rubia era evidente que la escopeta tenía el cañón trucado para que fuera más difícil acertar, todo el mundo lo sabía, y Nanoha a pesar de su inhumana puntería no lo había conseguido. Seguro que estaba algo decepcionada por ello aunque intentara ocultarlo, pensaba la rubia.
Fate cogió el arma con profesionalidad, no le dedicaba horas de su tiempo a juegos online de disparos para nada. La Enforcer Testarossa era conocida. Cogió aire con calma, aumentando sin querer el dramatismo de la escena. Los observadores contuvieron la respiración. Fate era su última oportunidad.
La rubia rápidamente disparó los tres tiros sin detenerse, dando a los objetivos más valiosos en menos de 20 segundos y derribándolos con precisión. El feriante abrió la boca sorprendido. Nanoha abrió la boca sorprendida. Y los niños se lanzaron hacia las piernas de Fate gritando de alegría. "Uf, por poco no lo consigo." Susurró para sí misma. De verdad estaba nerviosa y le temblaban un poco las manos, no quería fallar frente a su audiencia.
El feriante le dio una bolsa enorme con peluches y premios y los echó de allí con rapidez y rabia cerrando el puesto para lo que quedaba de tarde. Estúpidos niños con suerte.
Fate se deshizo de los abrazos y les entregó la bolsa con los premios como si fueran animales hambrientos. Qué locura. Se colocó el kimono, que había quedado un tanto descolocado por el repentino sobeteo infantil, y se acercó a Nanoha con una sonrisa de suficiencia, a la que la cobriza respondió avergonzada y cruzándose de brazos con el orgullo herido. Había sido pura suerte. Sólo eso.
Se dirigieron a unas mesas para descansar y beber algo y Fate invitó a los niños con los cupones. La rubia se enteró de que también vivían en el orfanato y que por eso eran amigos de Vivio, aunque Fate no recordaba haberlos visto cuando Carim la llevó allí. Eran más educados que la enana bicolor, eso sí.
La noche ya había caído y era hora de marcharse de allí, tenían que devolver los kimonos y probablemente que acompañar a los niños al orfanato. Fate estaba realmente agotada, pero parecía que todo había salido bien. Antes de llegar a la tienda de alquiler con los críos y los peluches -parecían una caravana a la que poco a poco se unía más gente-, interceptaron a Nanoha. Fate no creyó que fuera de nuevo el hurón humano pero aun así se puso en estado de alerta.
Nanoha estaba hablando con una chica de pelo azul, que a la legua se notaba que era hiperactiva, y que estaba acompañada de dos personas más que la regañaban y la calmaban a partes iguales. Los niños se acercaron a curiosear y ella por no quedarse sola fue hacia el grupo. ¿Cómo podían seguir moviéndose tan rápido, no estaban cansados?
Las personas se presentaron, pero Fate no prestó atención a sus palabras. ¿Podían por favor dejar de encontrarse con gente e ir a casa? ¿Acaso no veían que el alma de la rubia estaba saliéndose por su boca para dirigirse al más allá? ¿No podían socializar otro día, cuando ella no estuviera presente?
"Hola." Escuchó cerca de ella. Fate volteó con cansancio. ¿Y ahora qué querían de ella? ¿Más peluches? La rubia miró a quien la llamaba, era una de las chicas que hablaban con Nanoha, sólo que ahora se dirigía a ella, Fate no sabía quién era ni por qué la hablaba. "¿Pasa algo?" Preguntó con aburrimiento, de verdad que sería capaz de dormirse de pie. Aquella chica la miraba con una jovial sonrisa que pretendía encandilarla. Las había visto más bonitas, sinceramente.
"Eres muy guapa y el kimono que llevas es precioso, ¿podría hacerme una foto contigo?" Fate no reaccionó. ¿Había escuchado bien? ¿Una persona le pedía permiso para hacerse una foto con ella? ¡Era un milagro! Estaba tan acostumbrada a que sus fotos rondaran por ahí sin ella haber accedido que casi no recordaba que tenía derecho a la intimidad. "Claro, por qué no." Fate sonrió. Por fin se había encontrado con una persona normal y educada. ¿Cuándo se había rodeado de locos?
Aquella chica se pegó a ella y sacó su móvil con actitud experta. Fate no le dio importancia a la repentina cercanía ni al agarre de la muchacha que parecía algo posesivo. Simplemente sonrió a la cámara intentando salir sin gesto raro y de mortal cansancio. Cuando la chica terminó, la besó en la mejilla y se dirigió a su grupo como si nada. Fate suspiró aliviada ignorando cuanto ocurría a su alrededor. ¿Por fin podrían irse de allí? Pero dos personas no perdieron detalle de la interacción entra la rubia y aquella chica, y cuando ésta se fue Vivio se acercó a Fate con el ceño fruncido de indignación. "No deberías haber hecho eso Fate-mamá." Dijo mientras tiraba de la mayor para acercarse a su mejilla y limpiarla. Había restos del carmín de la chica. Fate la miró confusa ¿Y ahora qué había hecho ella?
Miró a Nanoha para ver si ya había terminado de charlar con aquellas personas, y se encontró con su mirada típica de enfado y los brazos cruzados. ¿Qué había pasado? ¿Esa gente la había molestado? Fate se acercó a ella, a lo mejor podría hacerla reír de algún modo, pero nada más hacerlo Nanoha se adelantó y a pasos agigantados se marchó de allí. ¿Pero qué le pasaba ahora? Fate no entendía absolutamente nada de lo que ocurría. Escuchó un suspiro de Vivio. ¿Y ahora por qué se ponía la niña así? ¿Por qué Fate sentía que había hecho algo mal? Miró a Erio y a Caro en busca de respuestas, pero sólo se miraron entre sí y negaron con la cabeza.
Lo que faltaba.
Fate siguió a ambas mujeres intentando averiguar qué se había perdido. ¿Por qué nunca le decían lo que pasaba? ¿Tan difícil era explicar por qué ambas parecían molestas al mismo tiempo? Definitivamente, esto de prestar atención no era fácil. ¡Si hace nada estaban tan alegres y sonrientes! A lo mejor esas personas sí que les habían dicho algo que les había molestado. Si era así, Fate no tenía la culpa. No entendía por qué lo pagaban con ella de esa forma. Qué injusticia.
Caminaron en silencio hacia la tienda de alquiler. Los niños se despidieron porque ya tenían a alguien que les llevaría a casa y no era necesario que las dos les acompañaran. Fate les regaló la enorme bolsa de peluches. Vivio abrazó a Nanoha y le susurró algo al oído y se fue sin despedirse de Fate nada más que con una mirada de repentino odio. ¡Eh! ¡Pero qué maleducada! ¿Eso le enseñan las monjas? ¿Dónde había quedado eso de ayudar al prójimo? ¡Y eso que le había comprado cosas! Fate y Nanoha se quedaron solas, como al inicio, y la rubia se sintió repentinamente incómoda. ¿Y ahora qué tenía que hacer? Era evidente que la cobriza estaba enfadada por algo y Fate estaba segura de que le mordería una mano antes que darle una explicación coherente de lo que le ocurría. Suspiró exasperada. Bien, pues si no quería hablar no lo haría. Fate era más que capaz de estar en silencio.
Devolvieron los kimonos y se dirigieron a la estación de tren. Ninguna hablaba de nada. El silencio se prolongó hasta que llegaron hasta la estación de Uminari y salieron a la calle. Quizá la cita no había ido tan bien como parecía, pensaba Fate. Repasaba una y otra vez ese momento en busca de aquello que pudiera haber cabreado a Nanoha. Pero no parecía encontrar nada, la cobriza hablaba con aquellas chicas y ella se hacía una foto con una desconocida. ¿Qué habría sido? Todo estaba yendo estupendamente bien antes de eso.
"¿La conoces?" Una voz la sacó de sus pensamientos. Cierto, estaba todavía caminando con Nanoha a pesar de que no hablaran. Fate no entendió a lo que se refería y la miró con confusión "¿Qué?". Nanoha entrecerró los ojos y dirigió su vista a la mejilla donde la chica la había besado. Mala señal, Fate, mala señal. "Te he preguntado si conoces a Ginga de algo." Gruñó. ¿A quién? ¿De qué estaba hablando ahora? ¿De una película? ¿Un libro? ¿Una serie? ¿Habían pasado a las preguntas personales sobre gustos y no se había enterado?
El cerebro de Fate siguió pensando a toda velocidad. Más valía darle una respuesta, fuera cual fuera. Sabía de buena tinta que no responder era peor. Nanoha suspiró sabiendo lo que se le pasaba por la mente a Fate. Era evidente que no sabía de quién hablaba. "Me refiero a la chica que se ha hecho la foto contigo y que te ha besado. ¿La conocías?" Preguntó de nuevo. Se sentía como una madre exasperada al intentar explicarle con detalle algo a un niño cabeza hueca. Fate era ese niño.
La rubia entendió por fin. "No la conozco de nada." Dijo con indiferencia. ¿Acaso tenía que saber quién era? ¿Era importante? ¿Nanoha quería presentársela? ¿Eran amigas? Nanoha asintió, se esperaba esa respuesta de Fate, pero tampoco mejoró las cosas. El enfado resurgió. "¿Entonces te haces fotos con cualquier desconocido que se te acerque?" No pudo evitar preguntarlo con resentimiento, las fotos que tenían con Fate del día de hoy habían sido principalmente gracias a Vivio. La rubia notó el cambio en el tono de voz, se diría que se había adaptado a cualquier cambio de Nanoha que pudiera poner su vida en riesgo. Como ahora. ¿Tanto revuelo por una foto con aquella chica? ¿A dónde quería llegar Nanoha con eso?
"Me lo pidió por favor. No es para tanto." Lo dijo sin pensar, pero enseguida sintió que había dicho algo indebido. Nanoha se detuvo tras ella y Fate temió darse la vuelta. Estaban cerca de la casa de Nanoha. Por Dios bendito. ¿Y ahora qué? "¿Así que si unos desconocidos te lo piden por favor sí te haces fotos con ellos pero con quien se supone que estás en una cita no?" La cobriza maldijo por lo bajo su desliz pero ya era tarde. Fate había oído eso último. ¿Una cita? ¿Así que sí que lo era? ¿Entonces por qué le había dicho en un principio que no lo era? ¿Cuál era el problema? Fate se giró para encarar a Nanoha. ¿Por qué una chica como ella se complicaba tanto las cosas? A Fate no le parecía tan complejo.
La rubia miró la expresión de Nanoha. Esa mirada ya era característica. Fate diría que se estaba volviendo inmune a ella y al enfado que profesaba. ¿Así que estaba enfadada por no hacerse la foto con ella pero sí con una desconocida? ¿Por eso Vivio le había dicho que no debería haber hecho eso? Fate suspiró y se acercó a Nanoha. Lo que tiene que hacer una para ser amable. Ser tan buena debía ser pecado, Fate.
Estaban bajo una de esas farolas tan magníficas que alumbran alrededor de un metro cuadrado y dejan más de la mitad de la calle a oscuras facilitándole el trabajo de huida a los malhechores. Como tenía que ser.
Fate agarró a Nanoha de la cintura mientras sacaba su móvil y apuntaba hacia a ellas con la cámara. Nanoha intentó apartarse pero el agarre de Fate era lo suficientemente firme como para impedirlo, y a regañadientes dejó de moverse. No es como si estuviera cómoda en esa postura, claro. "No suelo hacer estas cosas, pero veo que lo de la foto te ha molestado así que voy a arreglarlo, ¿de acuerdo?" Debía hacerlo, la cita aun no había acabado y para Fate existía la posibilidad de no ser perdonada aun. Nanoha tembló al escuchar la voz de Fate tan cerca de su oído e irremediablemente se sonrojó. Fate lograba avergonzarla con las cosas más simples. ¿A qué se refería con arreglarlo? "Sonríe, Nanoha." Dijo.
La rubia levantó el móvil mientras Nanoha hacía lo que le había pedido y sonreía sin saber qué estaba pasando por la cabeza de la rubia. Cuando estaba apunto de aparecer el flash de la cámara Fate se giró de improviso y le plantó un beso en la mejilla. Nanoha tardó un momento en reaccionar debido a la repentina iluminación. El clic de la cámara indicaba que la foto se había hecho.
Fate se alejó de ella y Nanoha parpadeó velozmente todavía cegada por la luz y también debido al repentino frío en su costado. La mejilla le ardía y su corazón galopaba dentro de su pecho. ¿Fate la había... besado? El sonrojó se extendió hasta las orejas y sintió que le costaba respirar de la impresión. Miró a la rubia con evidente confusión y asombro. Fate miraba sonriente el móvil y veía cómo asentía apreciativamente. "Estupendo. No ha salido borrosa." Dijo sin importancia.
Nanoha aun sentía su calor. "Dame tu número, te la enviaré en un momento." La cobriza lo hizo de forma mecánica, mientras que Fate apuntaba con rapidez el número en la agenda y lo guardaba, ajena a todo lo que había provocado en el interior de Nanoha. El sonido de un mensaje sonó en el bolsillo de Nanoha, sería la foto. Fate guardó su teléfono como si nada. "Listo, ya tienes la foto. Y debo decir que salgo mejor que en la que me hice con aquella chica." Sonrió con orgullo. Debido al enfado de Nanoha, Fate había despejado su mente para poder averiguar qué pasaba y como consecuencia no salía con esa cara de cansancio y aburrimiento en la foto. Había estado bien, casi una obra maestra.
Se dirigieron hacia la casa de la cobriza, unas calles más allá de donde estaban. Iban en silencio pero Fate podía darse cuenta de que el enfado y la frialdad previas habían desaparecido. Eso de apaciguar la ira de Nanoha casi se le estaba dando bien, aunque fuera agotador y peligroso. Llegaron a la entrada de la casa de Nanoha, Fate no estaba dispuesta a ir más allá, no después de todo lo que había ocurrido por la mañana. Se preguntaba si Nanoha había entrado alguna vez al cuarto de Miyuki. No lo creía, si así fuera habría puesto el grito en el cielo y la habría culpado a ella. Porque siempre era culpa suya, claro, no de la loca de su hermana.
"Ya hemos llegado, Nanoha."
La cobriza salió de su tregua silenciosa y la miró aun roja. De verdad, esa enfermedad extraña era un incordio. Ni si quiera Fate cuando iba a la playa adquiría ese color, y eso que era pálida como la nieve. Nanoha asintió y rápidamente se dirigió a la puerta ante la mirada curiosa de Fate. ¿Y ahora qué cosa le había picado para que huyera así? Se encogió de hombros. Estaba apunto de irse cuando sintió cómo su mano era agarrada de la nada. No por dios, otra vez Momoko, no.
Nanoha se abrazó a ella y le dio un rápido beso en la mejilla, o eso creía porque Fate estaba segura de que ese era su ojo. "MuchasgraciasFate-chanporlodehoyyporhacertelafoto. Hastaluego." Dijo ininteligiblemente para después salir corriendo y adentrarse en su tenebroso hogar, dejando pasmada a Fate. ¿Qué diablos?
Un maullido la despertó de su ensoñación y confusión. ¡Bardiche estás bien! Qué alivio compañero, pensé que te habría sentado mal comer hurón. El gato volvió a maullar entendiendo sus pensamientos. "Eliminé la amenaza, no te preocupes." Fate sonrió con felicidad y se agachó para cogerle en brazos y acariciarle hasta dejarle calvo, ese animal merecía un monumento.
Bardiche maulló con gusto por los mimos y se relamió con placer al pasar por un callejón oscuro en brazos de Fate. Sí, definitivamente había eliminado tanto al hurón como al mapache idiota. Fate no se dio cuenta, pero los pies de Hayate se dejaban entrever bajo múltiples cartones sucios y basura del callejón que acababan de dejar atrás. Lamentablemente no había podido destruir las fotos y grabaciones que habían hecho de Fate aquel día. "Lo siento, compañera." Pensó con lástima.
Pero Fate sólo pensaba en una cosa. Había cumplido su objetivo, ya podía dejar de sentirse mal por hacer llorar a Nanoha.
¡Pedaaaaaaaazo de capítulo os he traído! Me ha costado, para qué mentir, y más de una vez he querido subirlo y dejaros en la estacada de nuevo jajajaja pero lo prometido es deuda así que...
Espero que os haya gustado, de verdad. Nos vemos en el prox (que no sé cuándo será XD)
Anécdota personal y que es totalmente irrelevante: He visto una tienda que nada tenía que ver con MSLN, con el nombre de "Signum". Decir que casi me ahogo por la risa en mitad del centro comercial es poco xDD
