CAPITULO 9

EL DÍA DESPUES

El lamentable estado en el que terminaron Quinn y Ashley, fue el motivo por el que Rachel era la encargada de detener el coche de la rubia frente al hotel donde Spencer y Ashley se alojaban. Se había convertido en la conductora oficial de aquella noche tras el desesperado intento de Spencer por mantener controlada la euforia de su chica y de Quinn, que aprovechaban cualquier ocasión para formar revuelo cantando y bailando en el interior del coche. Por no hablar de lo complicado que fue convencerlas para que se montasen en él, no sin antes vivir una autentica persecución por las calles de Lima, porque las dos compañeras de ron, como así se hacían llamar, decidieron escapar a plena carrera para que Rachel evitase llevarlas de vuelta y acabar así con la fiesta.

Más de media botella de ron entre las dos, fue el causante de que Ashley apenas lograse mantenerse de pie y necesitara el apoyo de su chica después de abandonar el coche entre excusas, y alguna que otra reprimenda de Spencer, más los continuos abrazos que Quinn le regalaba para evitar que lo lograse.

Solo la perspicacia de Spencer, que no dudó en utilizar sus mejores armas para convencerla, logró que ambas pudiesen despedirse de Rachel, y ésta pusiera rumbo hacia el siguiente de los objetivos.

Y esa despedida de Spencer lanzándole un beso y Rachel retomando el trayecto, fue lo que logró que Quinn terminase por calmar su alterado estado, y recuperase su cotidiana seriedad y el silencio que tan nerviosa ponía a Rachel, sobre todo si iba conduciendo un coche que no era suyo en mitad de la madrugada. No obstante, observarla a través del espejo retrovisor y descubrir como utilizaba la ventanilla para apoyar su cabeza, al tiempo que sonreía sin motivo alguno, no era un mal plan para serenarse.

Quinn—habló tras varios minutos de trayecto— He pensado que te vas a quedar a dormir en casa...

Ni se inmutó. Rachel esperó alguna reacción por parte de Quinn, pero ésta ni siquiera se molestó en mirarla. El sueño parecía empezar a acusarla de tal manera, que el movimiento del coche solo lograba que su parpadeo se hiciera más pausado conforme pasaban los minutos. Faltaba poco para el amanecer y Rachel no estaba dispuesta a permitir que Quinn condujese hasta su casa, y menos aún ser ella quien tuviese que regresar en taxi hasta la suya. Tampoco era una idea tan descabellada que Quinn descansase en su casa. En aquel instante no puso impedimento alguno, y si lo hacía por la mañana, tendría la mejor de las excusas para justificar aquella decisión. De hecho, en vez de replicarle tendría que empezar a agradecerle que estuviese tomándose todas aquellas molestias, sobre todo cuando llegaron a su casa y tuvo que servir de apoyo a la chica para evitar que terminase perdiendo el equilibrio.

Quinn, con su brazo rodeando los hombros de Rachel , se limitaba a caminar con dificultad y emitía una leve risa apenas perceptible mientras subían las escaleras camino de la habitación, pero que en el silencio del hogar, se hacía tronador.

—Shhh—siseo Rachel—Quinn…deja de reírte, vas a despertar a mis padres—le susurró un tanto preocupada.

—Shhh—replicó la rubia sin dejar de sonreír—¿Tus padres…son…geniales? Si, si lo son…—balbuceó en mitad del pasillo—Me gustan…mi padre es un…

—Shhh—volvió a interrumpirle la morena al tiempo que la obligaba a entrar en su habitación.—Vamos Quinn, deja de hablar y entra…

—¿Tu habit…habitación?—murmuró sin perder la sonrisa.

—Sí, mi habitación—susurró hasta dejarla junto a la cama, donde terminó sentándose mientras la morena regresaba al pasillo para asegurarse de que todo estaba bien, y sus padres seguían tranquilamente dormidos.

Nada, apenas un par de segundos le bastó para regresar al interior, y encontrarse con una escena que le hizo sonreír con dulzura.

Quinn se había dejado caer sobre la cama, y tendida boca arriba ocupando la mayor parte de la misma, sonreía con los brazos extendidos y los ojos cerrados.

Estoy en la cama de Berry…— balbuceo mientras seguía sonriendo

¿Y es cómoda?— preguntó Rachel divertida.

¿Vamos a dormir juntas?— preguntó buscándola con la mirada por la habitación.

No lo creo, estás ocupándola toda– respondió Rachel mientras rebuscaba en los cajones de su armario—Toma— se giró hacia la cama — esto te puede servir de pijama—añadió ofreciéndole un par de shorts y una camiseta– Yo dormiré en ese sofá.

No replicó.

La rubia se reincorporó como pudo y comenzó la ardua tarea de lograr desvestirse, mientras la sonrisa seguía implantada en su rostro y miraba divertida a Rachel, que tuvo que desviar la suya en varias ocasiones por el pudor que comenzaba a sentir. Tanto que incluso se excusó con ir al baño para abandonar la habitación, y dejar que terminase de vestirse a solas. Varios minutos después, regresaba y volvía a ocupar su rostro con una dulce sonrisa al descubrirla ya perfectamente ataviada con el pijama, y con signos evidentes de haber cedido al sueño. Al menos eso pensó al notar la respiración pausada de la rubia, que torpemente se había dejado las sabanas bajo ella. Verla allí, completamente calmada y aun con una leve sonrisa en su rostro, le hizo desistir en su intento de arroparla con las sábanas, por miedo a despertarla, y prefirió optar por una manta, y colocársela por encima con extrema delicadeza.

Apenas supo que seguía despierta cuando se decidió a apagar la luz y buscar acomodo en el sofá.

¿Rach?— susurró con los ojos entrecerrados.

Duérmete Quinn— respondió en la oscuridad de la habitación.

Ven aquí por favor, duerme aquí— murmuró con apenas un hilo de voz provocando la sorpresa en Rachel, que rápidamente se reincorporó tratando de asegurarse que Quinn estaba dormida, y hablaba en sueños— Ven por favor.— Insistió y Rachel ni se lo pensó.

¿Estás despierta?—musitó mientras se acercaba lentamente y descubría como buscaba algún tipo de cobijo bajo la manta.

Mmm—suspiró a modo de respuesta, y Rachel terminó por acceder a su petición.

Sin apenas esfuerzo, después de ver como Quinn le dejaba parte de la cama libre, consiguió sacar las sabanas y logró taparse con ellas, al igual que hizo con Quinn, que con un movimiento rápido se giró, y permitió que la cercanía entre las dos, hiciese más sencilla aquella tarea para la morena.

Seguía con los ojos cerrados y la sonrisa se había estado esbozando durante toda la noche, se convirtió en una mueca de serenidad y tranquilidad que traspasó a Rachel.

Nunca antes había tenido oportunidad de observarla de aquella manera, menos aun cuando notó como Quinn, alargando su brazo, rodeó su cintura y se abrazó a ella de la forma más delicada y tierna de cuántas veces la habían abrazado. Como cuando abrazas a tu almohada o tu peluche favorito antes de dormir.

Rachel no quiso evitarlo y permitió que sucediera sin más. Aquella situación era demasiado tierna y no podía dejar de pensar que su amiga de la infancia estaba allí. Seguía siendo la pequeña Lucy, la que nunca pedía un abrazo pero siempre lo necesitaba. Sin embargo, tal vez se sentía bien por saber que había regresado alguien tan importante para ella, pero sus ojos aunque su mente tratara de convencerla, no veían a Lucy, sino a Quinn.

Quinn Fabray, la chica más popular del instituto, por la que todos los chicos morían. Finn la dejó para estar con ella, y seguro que la había tenido entre sus brazos de aquella manera, y no solo Finn, sino que también lo habría hecho Puck, y a saber cuántos más desearían estar en su lugar en aquella noche. ¿Qué no darían por estar allí, con ella entre sus brazos y viéndola dormir con la ternura con la que lo hacía?

No pudo evitar sonreír al ser consciente de que sería la envidia de prácticamente todo el instituto, sobre todo cuando la rubia volvía a aferrarse aún más a su cintura, y un leve suspiro se escapó de su pecho. Un suspiro que hizo que el movimiento de Quinn se alargase y la dejó a escasos centímetros de su rostro, donde incluso podía notar su respiración chocar de frente con sus labios. La leve ráfaga de luz que atinaba a entrar por la ventana, le permitió descubrir la silueta del rostro. Donde quedaban sus ojos, perfectamente cerrados, su nariz, casi rozando la suya y por supuesto sus labios, terriblemente encantadores, llamativos, embriagadores, tanto que tan solo le bastaron un par de segundos para no poder dejar de mirarlos con detenimiento.

"¿Cómo puede ser tan tentador?" pensó ensimismada en ellos, perdiendo la noción del tiempo y su cordura. Ni siquiera supo cuando su cerebro le dio aquella orden, ni tampoco el motivo que le llevó a ello. Solo supo que tenía que hacerlo y lo hizo.

Fue tan delicado, tan sutil que Quinn ni siquiera se movió al recibirlo. Rachel posó sus labios sobre los de ella apenas un par de segundos, lo suficiente para notar como todo su cuerpo se estremecía, y le hacían recuperar la cordura.

La había besado, y no supo por qué lo hizo, pero tampoco sintió remordimiento alguno por hacerlo. De hecho, si se separó de ella fue por evitar que se despertarse, ya que un leve suspiro de la rubia la puso en alerta. Fue entonces cuando la necesidad por abrazarla no se hizo esperar por su parte. Y así se mantuvo durante toda la noche, hasta que el sol permitía que sus rayos entrasen por la ventana y las despertara. Aunque la primera en abrir los ojos fue Quinn , y su primera imagen no pudo ser mejor que aquel amanecer. La cara de Rachel a escasos centímetros de la suya era algo para lo que no estaba preparado, por mucho que la hubiese deseado en otra ocasión.

La dulce y tierna sonrisa que mostraba Rachel en sueños, mantuvo a Quinn embelesada por algunos minutos, hasta que la realidad regresaba a ella de la forma más certera y molesta que podía; con un terrible dolor de cabeza provocado por la resaca que evidentemente, iba a terminar padeciendo en aquella mañana.

Supo que tenía que levantarse cuando fue consciente de donde estaba, aunque era lo que menos deseaba en ese momento. Y sin hacer mucho ruido fue destapándose poco a poco, utilizando las escasas fuerzas que el alcohol le permitía mantener en su cuerpo, para evitar despertarla.

Se sentó en la cama dispuesta a abandonarla cuando algo la detuvo. La curiosidad, la necesidad de volver la mirada hacia ella y contemplarla una vez más sin que ella lo supiera. Observar su respiración pausada y aquel halo de serenidad que mostraba, y que empezó a convertirse en un extraño canto de sirena para ella.

No había nadie más allí. No había nada que pudiese interrumpirla si llevaba a cabo lo que había empezado a rondar por su mente. Ni siquiera Rachel se iba a enterar de lo que estaba dispuesta a hacer. Tan dispuesta que cuando quiso darse cuenta, ya acortaba distancias con ella. Lentamente sin tocar nada, sin mover siquiera el aire que las separaba, acercó su rostro al de Rachel, y deteniéndose un instante dejó un suave y ligero beso sobre los labios de la morena, segundos antes de volver a alejarse de la misma forma en la que se había acercado.

Daba igual que siguiese dormida, daba igual no haber sido correspondida en aquel gesto, daba igual si nunca llegaba a enterarse. No podía dejar pasar la oportunidad de sentir aunque sea por un instante, aquello que había anhelado desde hacía años, aquello por lo que todo en su vida cambió.

Sonrío, aquél centro para curar la homosexualidad había sido una pérdida de tiempo para ella. Todos aquellos supuestos médicos que curaban a los chicos confundidos, no tenían ni idea que lo que ella sentía, y mucho menos era una estúpida confusión. Ellos jamás sabrían que adoraba a aquella chica por cómo era, por como miraba o como sonreía, por sus excentricidades y su dulzura, por su voz. Nada tenía que ver que fuese una chica.

Quinn terminó por levantarse con todos aquellos pensamientos regalándole una leve sonrisa, y se vistió segundos antes de salir de la habitación para hacer uso del baño. Fue en ese instante, cuando Rachel abrió sus ojos al escuchar el sonido de la puerta. Busco a Quinn sin moverse de la cama, recordando que la rubia había dormido con ella y no era producto de su imaginación, pero al no verla junto a ella estuvo a punto de hacerle ver que ya era demasiado tarde, y se había marchado. Si no fuese porque le bastó descubrir que sus zapatos seguían en el suelo, junto a la cama.

Un par de minutos después, notaba como la puerta de la habitación se habría, y Quinn regresaba al interior mientras ella, en un acto reflejo entrecerró sus ojos, tratando de pasar inadvertida ante la chica. Quinn se acercó hasta la cama recuperando sus zapatos, y mientras trataba de ponérselos, alzó su vista hacia el cuadro con el trozo de madera que tanta curiosidad le había provocado la mañana anterior, y su colgante.

Rachel se limitó a observarla sin que ésta se percatase de ello, y pudo ver cómo tras colocarse los zapatos, fue directa hacia el cuadro, donde se detuvo por algunos minutos sin dejar de mirarlo mientras acariciaba la estrellita dorada que colgaba fielmente de él.

Si quieres te la puedes llevar – susurró Rachel asustando a la rubia, que no esperaba que estuviese despierta.—Lo siento…no pretendía asustarse—se excusó.

No sabía que estuvieses despierta.

—Me acabo de despertar—sonrió débilmente—¿Te la quieres llevar?—insistió desviando la mirada hacia el colgante, y Quinn la imitó.

¿Por qué me lo voy a querer llevar?, es un regalo— dijo volviendo en si tras el susto.

No sé — respondió mientras colocaba una almohada sobre el cabecero de su cama y se reincorporaba sobre él.—Tal vez estés arrepentida de habérmela regalado.

No digas tonterías—respondió recuperando su bolso que había pasado la noche en el suelo—Los regalos se hacen porque se quieren hacer. Nunca me arrepentiré de haberte regala…—se detuvo al tiempo que fijaba su mirada en Rachel, y recordaba que hacía apenas unos minutos, la había besado pensando que estaba completamente dormida— Ok—desvió el tema de conversación nerviosa.— Será mejor que me vaya, mi madre me va a matar si no doy señales de vida…

Está bien, espera que me levante y te acompaño – musitó la morena, que hizo el intento de salir de la cama.

No…no – la detuvo sujetando sus pies bajo la manta– no te muevas. Es domingo y deberías aprovechar para descansar.

—Oh…no te preocupes, suelo levantarme a ésta hora y…

Insisto—la interrumpió ejerciendo más presión sobre sus pies—Quédate, ya me marcho yo…sola.

¿Estás…estás segura?—balbuceó extrañada por la necesidad de no dejar que le acompañase hasta la salida.

Completamente segura—respondió apartándose de ella— Nos vemos mañana en el coro, ¿Ok?

Oh…ok, claro…por supuesto.—Musitó observando como Quinn solo iba a volver a mirarla para regalarle una tímida sonrisa, y ella se quedaba allí, completamente embelesada y comenzando a sentir como un alud de recuerdos de la noche vivida, empezaban a rondar por su mente. Recuerdos que ya nunca más se iban a escapar de ella, y menos aún si estaban relacionados con los besos, y sus labios. Los labios de Quinn.