—Stiles... —Lydia apretó mi mano con fuerza y me arrastró hasta la salida del Loft. Cada vez que nos acercábamos más hacia la puerta principal, el sonido se hacía mucho más fuerte. Si a mi me molestaba, no me podía imaginar lo que estaba sintiendo Lydia, que se tapaba un oído con su mano libre.

Ya llegando afuera, ella se quedó quieta mientras cerraba los ojos con fuerza. La miré preocupado.

—Stiles, se que tu también escuchas...eso —me dijo ella, sollozando.

Noté como Lydia se esforzó para tratar de describir el sonido, pero este era tan extraño que no tenía punto de comparación con nada común ni conocido. La tomé de los hombros y me agaché para quedar de su tamaño.

—Si, Pelirroja, lo escucho —le susurré, tratando de calmarla—. Shh, tranquila, estoy aquí —continué, al ver que ella botaba una lágrima traicionera. Me acerqué a aún más a ella.

—¿Qué es lo que todo el mundo tiene pero nadie puede perderla, Stiles? ¿Qué? —ella abrió sus ojos, dejando a la vista todas las lágrimas acumuladas que guardaban sus ojos, sus preciosos e incomparables ojos verdes que enamoraban a cualquiera. Ella pasó un brazo por mi hombro y tomó cuidadosamente una de las flechas de mi carcaj. Cuando la tomó con sus dos delicadas pero fuertes manos, Lydia se tranquilizó.

—El acertijo me está comiendo entera, una voz grave y entrecortada se superpone sobre ese molesto ruido. Pero cuando veo tus flechas, me tranquilizo, ¿sabes? —continuó ella— ¿Qué nos está pasando?

La miré fijamente. Sus ojos perdieron ese brillo singular que poseían. Se veían oscuros, llenos de tristeza y miedo.

—No lo sé —le acaricié la mejilla con mi mano y Lydia se apoyó en ella—. Pero estamos en esto juntos, ¿de acuerdo?

—Si —asintió ella, apretando con fuerza la flecha—. Juntos.

El ruido aumentó. Cerré los ojos por un instante mientras Lydia soltaba una lágrima. Se la limpié con mi dedo pulgar, y ella sonrió de lado. Era una sonrisa sincera, que me transmitía paz y calidez por todo mi cuerpo. Sentí como los nudos se apretaban y soltaban más rápido que nunca.

—Una alma gemela —susurré.

Lydia me miró extrañada.

—¿Qué?

—Una alma gemela —volví a repetir—. Ese es la respuesta del acertijo.

Lydia miró el techo y al parecer se puso a pensar. Luego de un rato asintió y se empezó a reir.

—Eres muy inteligente, Idiota.

—Oh, pero si la respuesta salió de mi boca sin más. No lo procesé ni nada, solo...

—No importa —Lydia estaba tan cerca que podía sentir su corazón chocar con mi pecho. Me levanté para volver a mi estatura normal, sin dejar de mirarla. Estaba tan hermosa. Dios, el amor te vuelve estúpido, tan estúpido como para besar a alguien sin pensarlo dos veces.

Los labios de Lydia sabían a frutilla y un poco de alcohol. Ella posó sus manos en mi cuello mientras yo entrelazaba mis dedos con su pelo. Un calor desconocido subió por mi pecho. Ya no existía nada que no fuera Lydia. Sus labios eran como una droga, no de las que te llevan directamente a la muerte, si no del tipo que te hacen olvidar tu horroroso pasado y el futuro que seguramente arruinarás. Era de esas drogas que curan, de esos venenos dulces que te hacen querer volver a vivir. Era mágico e inexplicable, como una chica me hacía sentir de tal manera. Personas corrientes usarían la expresión de estar en el cielo, pero no, ambos nos estábamos quemando en un lugar especial del infierno, jugando con nuestros sentimientos y destruyendonos por dentro. Así me hacía sentir Lydia Martin, mi alma gemela.

—Stiles, tenemos que irnos —susurró ella después de separarse bruscamente y dejando mi flecha en su respectivo carcaj.

—Lydia...

—De verdad tenemos que irnos —puso un énfasis en las últimas palabras y se marchó hacia las escaleras. Yo la seguí, todavía sin creer todo lo que había pasado.


Las sucias y descuidadas escaleras nos llevaron a la azotea, que mostraba gran parte del pueblo. Se notaba vacia, pero esa solo era la entrada de esta. Mientras más nos acercábamos, menos se escuchaba el molesto ruido en mis oidos. Lydia caminaba a un paso rápido, como si quisiera evitarme. Me golpeé en la frente repetidamente mientras subía en las escaleras. ¿Acaso a ella no le gustó besarme? , ¿Acaso solo me ve como un amigo?

Ahora mismo, me lo está demostrando.

Lydia me sacó de mis pensamientos cuando ahogó un grito. Corrí hacia ella.

—¡Pelirroja! —a Lydia le temblaban las manos— ¿Qué pasó?

—Velo tu mismo —estaba tan preocupado viendo a Lydia que no noté que a unos metros delante de nosotros se encontraba un hombre de mediana edad, vestido con una gruesa chaqueta y pantalones casuales. Lo acompañaban dos chicos de aproximadamente mi edad y los tres se alejaban de una chica que reconocí de la fiesta, pelo negro y rasgos japoneses. Miré a Lydia y le pregunté si la conocía, a lo que la pelirroja me respondió de que la había visto unas cuantas veces en la escuela. Pero eso no era lo más relevante, si no que la chica sostenía un cable de luz cortado que con la otra mano tapaba, para que no saltaran las chispas. Cualquier persona estaría totalmente electrocutada a ese punto.

—Stiles, mira sus ojos.

Y ahí lo noté, ella no era una persona normal. Sus ojos eran de un tono anaranjado intenso, como si fueran de la familia de los amarillentos de los licántropos. La chica seguía pasando su mano sobre el cable, atónita al ver su mano intacta.

—Derek... —susurró Lydia y salió corriendo hacia uno de los chicos, el más alto y, al parecer, de mayor edad. Yo la seguí sin dudarlo, pero me detuve frente a la chica de ojos naranja.

—Hey —me acerqué lentamente y con voz suave, desprendiendo confianza. Ella se sorprendió al ver a alguien que no le tuviera miedo. Bajó el cable de luz y sus ojos se tornaron al típico café oscuro. Yo, por mi parte, me detuve a analizar sus ojos, como siempre hacia—. Tranquila. Soy Stiles —extendí mi mano de forma amigable y sonreí de lado.

—H...hola —ella estiró su mano para estrecharla con la mia. Su labio inferior temblaba. Cuando toqué su mano, noté lo fría que estaba —. Me llamo Kira. Creo haberte visto en la escuela con Scott.

Ella suspiró, aliviada de que no le hubiera preguntado sobre sus extraños ojos o su habilidad para soportar la electricidad. Tenía claro que no debía hablar de eso por experiencia propia, ya que cuando tenía mis ataques de pánico lo último de lo que quería hablar era sobre ellos. Preguntas básicas y amigables ayudaban.

—¿Conoces a Scott? Él es mi mejor amigo.

Ella negó con la cabeza y se mantuvo en silencio.

—Ven aquí, no te haremos nada. Lo prometo —dije mientras me acercaba a ella. Kira se agarró de mi brazo mientras yo avanzaba hacia donde estaba Lydia y los otros tres chicos.

—¡Stiles! —gritó Lydia al notar que nos acercábamos. Avanzó hacia nosotros, después de avisar a los otros chicos que la siguieran. Miré sus ojos, brillantes como siempre, pero su mirada estaba fija en Kira. Frunció el ceño.

—Oh, lo siento. Kira, ella es Lydia. Es mi amiga, tranquila —dije tratando de romper el hielo. Lydia saludó a Kira con la mano y ella sonrió. Luego la chica asiática nos observó por un largo rato, después a nuestras manos, y finalmente a nuestros rostros otra vez.

—¿Están seguros que no son novios? —preguntó Kira, tímida.

Lydia sonrió sarcástica mientras yo me sonrojaba hasta las orejas. Negué con la cabeza rápidamente mientras Lydia estaba más calmada que nunca.

—Nop, no somos nada —dijo la pelirroja.

Algo se quebró dentro de mi. Lydia, ¿Acaso ese beso no significó nada para ti?

Cuando abrí la boca para responder, los tres chicos se acercaron y me quedé helado. Ellos emanaban poder y agresividad, así que preferí mantenerme quieto y callado para no arruinar las cosas.

—Kitsune —dijo cortante el más alto de ellos, mirando a Kira.

—¿Qué? —respondió ella.

—Kitsune. Eres una Kitsune. Lo acabo de descifrar. Todo calza —siguió él—. Seguramente puedes ver cosas que nosotros no.

—¿Podrías explicarte mejor, por favor? —dije, cruzandome de brazos.

Él me miró seriamente y entrecerró los ojos. Sus ojos eran verdes, pero un verde claro y limpio, totalmente distintos a los de Lydia. Su pelo negro y su barba del mismo color lo hacían ver más intimidate de lo que ya era.

En ese instante, lo noté. Él era el Alfa, el Alfa de la Manada Hale.

—Lo que estoy tratando se decir —prosiguió él —. Es que la madre de esta chica le ha escondido muchas cosas —hizo una pausa, y se quedó mirándome fijamente—. ¿Quién mierda eres tú, a todo esto?

—Me llamo Stiles, soy humano, sin poderes, no sentidos especiales, ni colmillos como los de Scott.

—Ah, con razón me parecías tan irrelevante. Soy Derek.

—Lo sé —dije rodando los ojos.

—Okay, dejen esa pelea estúpida ahora y volvamos al tema —se giró para ver a Derek—. Tenemos que ayudarla, Derek, ella no saba nada de su condición. Kira me recuerda...

Derek la interrumpió tomándole los hombros a la pelirroja. Aparté mi vista al ver ese gesto.

—La vamos a ayudar, por supuesto, pero esto va a hacer más complicado —él y Lydia se giraron para ver a Kira—. Esto viene de familia, Kira.

—¿Osea que...? No, ellos no me lo ocultarian.

—Bienvenida al mundo sobrenatural —Derek sonrió.


—¿Estás bien? —pregunté a Kira, que estaba sentada en un oscuro sillón ubicado en el segundo piso del Loft de Derek. Ella asintió.

—Si, pero nunca en mi vida crei que yo podría ser una Kitsune. Conozco la leyenda, por supuesto, pero siempre creí que solo eran cuentos.

—Creo que así es como funciona. Si Scott no se hubiera convertido en licántropo, seguiría creyendo que no hay lobos en California —sonreí.

Ella me miró extrañada.

—Espera, ¿Scott es un hombre lobo? Ahora todo me queda más claro.

Me limité a reirme. Esta chica era muy observadora, y estaba empezando a deducir que había estado observado a Scott durante un largo tiempo.

—Si. Y Derek también lo es. Lydia es una banshee.

—¿Estás completamente seguro de que tu y ella no son nada? —mi sonrisa desapareció y los nudos se quedaron quietos por primera vez desde hace mucho tiempo—. Lo siento, estoy siendo de verdad muy molesta. Es que vi algo raro en ustedes...

Fue interrumpida por Derek y Lydia, que salieron de una habitación donde la pelirroja le había pedido al Alfa que hablaran. Ambos estaban tensos.

—¿Kira, estás bien? —preguntó Lydia esta vez.

—Si, si, estoy bien.

—Creo que la Manada tiene que hablar formalmente con tu familia, Kira. Ya sabes, estamos al tanto de todas las criaturas para que no ocurran más conflictos y peleas entre ellas —dijo Derek—. Tenemos que descubrir todas tus habilidades para mantenerte a salvo.

—Déjame hablar a mi con ellos —respondió Kira cortante—. Es mi estado, mi responsabilidad. No aceptaré un no por respuesta.

Derek sonrió, convencido.

—Esa es una Kitsune en acción.

—No te imaginaba tan simpático, Lobito —solté.

—Silencio —me susurró Lydia.

—Deberías llevarte a tu prometido, Lyds, me está sacando de mis casillas —dijo Derek.

Me mordí el labio para no gritar. El nivel de confianza que Derek tenía con Lydia me desesperaba.

Se llaman celos, Stiles. Susurró una voz en mi cabeza.

—Él no es nada mio. Hablando de Stiles, necesito hablar contigo, idiota

—dijo Lydia ahora dirigiéndose hacia mi. Me hizo una seña para que entrara en la misma habitación donde hace unos segundos había estado con Derek.

—¿Qué pasa? —pregunté preocupado.

—No te hagas el estúpido, ambos sabemos lo que ocurrió.

—¿Qué ocurrió? —pregunté, pensando en todos los acontecimientos del día de hoy.

—¡Stiles! —me golpeó en el hombro y yo me quejé—. Todo lo que te diré es que te entiendo. Se como es pasar por una ruptura, las ganas que tienes de llenar ese vacio con alguien más...

—Lydia, no...

—Espera. Se lo que se siente. Te entiendo. Yo también busqué distracciones para llenar el vacio que te deja una ruptura. También fui la distracción de otros. Es completamente normal, somos humanos, necesitamos el amor de otros. Solo te pido que te busques a otra persona. No es que no quiera besarte, dios, ame besarte si te soy sincera. Pero no quiero salir herida.

—No estás entendiendo nada, Pelirroja —susurré.

—No digas nada, lo vas a empeorar.

Me besó en la mejilla y se marchó, dejando todas mis palabras y sentimientos en el aire. Lydia, Lydia Martin, no me dejaste explicar que eras más que una distracción para mi.


Por primera vez en mucho tiempo, no soñé con los ojos de Lydia.

En realidad, no soñaba con nada. Todo era azul, un vacio azul, que no me recordaba a nada existente. De vez en cuando, se escuchaban voces que susurraban el acertijo del cual Lydia y yo fuimos victimas. Abrí los ojos de golpe, esperando encontrarme con mi desordenada habitación con posters de los Mets.

En cambio, yacía en un frio suelo que aparentemente pertenecía a un sótano. Traté de levantarme, completamente asustado, pero mi pie estaba encadenado a un pilar central. Con solo mi pijama como vestuario, no tarde en ponerme helado y extrañar mi manta. Grité unas cuantas veces, pero sabía que era inútil.

Stiles, que orgulloso estoy, por fin has podido descubrir la respuesta de ese hermoso y perfecto acertijo. Si, estabas en lo correcto, un alma gemela es lo que todos tenemos. La mayoría nunca se da cuenta donde está, pero tu eres afortunado. La has encontrado, gracias el don que tú y Lydia recibieron. Me encantaría decirte en que consiste, pero no, eso va al final. Todo lo que te adelantaré ahora, es que serás el primer ser humano en perder a su alma gemela. O mejor dicho, que tendrá que matarla.


Ay dios, siento que me asesinaran por este capítulo. Desde ahora, estoy completamente segura de que me odiaran.

Bueno, mejor dejo de aburrirlos.

Moii.