Siento haber tardado tanto en subir la historia. No he pasado buena época y ni siquiera era capaz de leer una sola linea de un libro. Ahora estoy mejor, y quiero acabar de contaros una historia, que quiera o no , todavía sigue viva en mi mente. Sus personajes, que parecían haber quedado sumidos en un largo letargo, han vuelto a nacer, quizás descontentos con que no sepáis el final de su historia y me han obligado, de nuevo, a alejarme de mi mundo para sumergirme en el suyo.
La historia es mia, los nombres de los personajes son de Stephanie Meyer, pero el añadido de su personalidad, solo es mio.
Katie POV
Ellos eran…eran….
Félix y Alice.
No puede ser― murmuré mientras mi boca se abría de par en par.
La verdad es que últimamente había notado como entre los dos se había establecido una extraña complicidad, pero lo había atribuido a las circunstancias de paz que estábamos viviendo. Ni siquiera con dos copas de tequila encima me habría podido llegar a imaginar que la razón principal era que se atrajesen o que estuvieran saliendo.
¡Qué estuvieran saliendo! ―volvió a exclamar una voz dentro de mí.
Esta era una de aquellas cosas que desbordaban el vaso del surrealismo en el que se había convertido mi vida .
― ¿Te encuentras bien?― murmuró una voz que me resultó familiar.
Ladeé la cabeza para recuperarme de la sorpresa , alzándola lentamente para encontrarme con la última persona que había podido imaginar toparme en aquella extraña situación: Jasper.
Como no le respondía, me miró detenidamente intentado buscar una explicación para mi comportamiento. Ante mi silencio, siguió la trayectoria que hasta hace unos segundos habían trazado mis ojos. Noté como su rostro se tensaba y a pesar de sus intentos de mantener la calma, se contraía de pesar.
― ¡Oh, Jasper!―me lamenté, notando como algo dentro de mi se resquebrajaba.
Me levanté inmediatamente y me acerqué a él. No sabía como actuar, y tampoco quería invadir su intimidad. Nunca se me había dado bien consolar a alguien aunque siempre había sentido una necesidad arrolladora por hacerlo. Miles de palabras atravesaron mi mente en una décima de segundo pero, por experiencia propia , sabía que cuando el corazón te dolía por amor no había palabras que pudiesen aplacar tu mal. Así que me limité a hacer lo único que había querido que hiciesen conmigo cuando David me rompió el corazón: lo abracé con todas mis fuerzas.
No estás solo, yo estoy contigo― pensé.
Él seguía paralizado pero cuando me separé de él me miró como si me estuviese viendo por primera vez y pude sentir como la muralla que habíamos ido construyendo durante todos estos años se empezaba a resquebrajar. Miré su interior de la misma forma que lo había hecho de pequeña y lo vi más frágil aun que cuando era un tímido niño pequeño capaz de convencernos a todos para hacer una tontería.
Entonces, sin tener oportunidad de detenerlo, empezó a correr.
Durante un segundo, sentí como mi mano quedaba suspendida en el aire. Podía notar como mis dedos intentaban encontrar aquello a lo que se habían aferrado instante atrás. Después, pasada la confusión, salí detrás de él, dejando todas mis pertenencias al lado de la tienda.
Atravesé la carretera, esquivando todos los automóviles que encontraba a mi paso y haciendo caso omiso de los pitidos de los conductores que amenazaban con aplastarme y hacían que mis oídos bullesen. Salté a la acera , agarrándome con todas mis fuerzas a una farola cuando casi caigo por resbalar en un charco.
― ¡Jasper!―grité con todas mis fuerzas, mientras veía que se sumergía entre la multitud de personas que abarrotaban la calle.
Maldije mi torpeza una y otra vez mientras corría y me adentraba en la marea de personas que atravesaban la calle. Miré en todas las direcciones intentando encontrar a mi amigo pero después de media hora de búsqueda, llegué a la conclusión de que seguramente ya estaría muy lejos de ese lugar y que era una pérdida de tiempo seguir buscándolo.
Me froté el rostro con impotencia y decidí que lo mejor sería volver a casa y acabar ya con aquel día tan malo y extraño. Pero, cuando me giré para recoger mis cosas y reprender el camino de vuelta ,y vi los rostros de Alice y Félix mirándome estupefactos, me di cuenta de que mi día no había hecho nada más que comenzar.
―Royce…―murmuró Rosalie, besándolo dulcemente.
Él le respondió al beso con fiereza y comenzaron una danza de labios, caricias y besos, que parecía no acabar nunca.
― Mañana te voy a echar de menos ―dijo Rosalie, acariciándolo en la mejilla―He quedado para dar una vuelta con las chicas.
La expresión de Royce se descompuso mientras decía:
― Yo pensaba que íbamos a estar juntos… ¿No quieres estar conmigo?
―Claro que si Royce, pero tengo ganas de pasar tiempo con ellas―replicó Rosalie, mirándolo a los ojos.
― ¿Es que no te lo pasas bien conmigo?― exclamó, mientras sus dedos se aferraban al vaso que sostenía.
―Claro que si, Royce, no te enfades. ― dijo Rosalie, sonriéndole dulcemente,
Los dedos de Royce seguían clavados en aquel vaso y ahora parecían pétreas garras que amenazaban con romper la fragilidad del cristal.
―¿Royce?―susurró Rosalie, abriendo de par en par sus ojos.
¡PUMMMMMMMM! El vaso explotó en miles de pedazos y pequeños trocitos de cristal se clavaron en la mano de Royce, provocándole pequeñas heridas por toda la palma.
―¡Royceeeee!―gritó Rosalie, mientras acudía en su ayuda.
Kate POV
Mis ojos se abrieron. Dejé que el primer momento del día recargara todas y cada una de las células de mi cuerpo. Adoraba ese momento; un momento en el que no sabía que había pasado; un momento en el que lo único que sentía era una paz absoluta.
Luego, la imagen de David llegó a mi mente como un azote a mi tranquilidad, y poco a poco ese dolor que me había perseguido durante el mismo día en el que lo conocí, se fue instaurando en mi conciencia.
Un día más de tortura―pensé, mientras miraba la pantalla de mi móvil.
Me levanté y subí la persiana de mi habitación, dejando que los sonidos de mí día a día me recordaran que había que seguir hacia delante; había que ser fuerte; había…
Me tiré en la cama y enterré mi cabeza entre las almohadas.
―Quiero seguir soñando―mascullé, mientras la conversación que había mantenido ayer con Félix y Alice llegaba a mi cabeza.
― Hola― murmuré, mirando sus manos entrelazadas.
― ¿Qué haces tú aquí? ¿Y qué hacías con Jasper?― exclamó Alice enfurecida, mientras se acercaba a mi y me apretaba la muñeca con fuerza― Ni se te ocurra decir nada de lo que has visto porque si no te arrepentirás ¿Entendido?
Su reacción me sorprendió tanto que me quedé paralizada. Ella interpretó mi silencio como algo negativo, porque sus dedos se empezaron a clavar en mi muñeca como zarpas.
― ¿Entendido?― volvió a exclamar, mientras apretaba mi muñeca con más fuerza.
Esa fue lo que me hizo despertar de mi ensoñación. Alcé la mirada y me enfrenté a sus ojos castaños que se habían convertido en dos rendijas oscuras que amenazaban mi mundo interior.
―No, no tengo por qué entender nada y visto lo visto creo que no estás en disposición de tratarme así ―respondí, zafándome de su apretón― Y, además, no creo que Jasper y yo tengamos que darte explicaciones de ningún tipo ya que no somos nada tuyo.
Félix se acercó y le pasó el brazo por la cintura a Alice mientras le susurraba algo al oído.
―Lo siento. Estamos algo nerviosos por este tema. Pero te agradecería que esto quedara entre nosotros. La verdad es que siempre has sido una persona de confianza, y espero que puedas mantener el secreto―dijo Félix.
― ¿De verdad? Porque tal y como me ha tratado tu novia, parecía más una criminal que una persona de confianza―repliqué, mirándola de forma acusadora.
―Está algo nerviosa, eso es todo. Lo siente mucho ¿Verdad, Alice?― le preguntó Félix, mientras le acariciaba el brazo. Alice no respondió, se limito a devolverme la mirada con un odio cuya procedencia desconocía.
― ¿Me quieres decir que te pasa conmigo?― exclamé, harta de tanta tontería.
― ¿Quieres que te diga lo que me pasa?―respondió, gritando tanto que estuve segura de que la mitad de la gente de la ciudad la podía haber escuchado― ¡Estoy harta de ti! No te he soportado nunca. Eres desagradable y totalmente molesta. Siempre eres la chica perfecta, siempre ayudas al que está mal… Pero yo te tengo bien calada. Solamente lo haces para sentirte mejor porque… ¿Sabes cual es la realidad? A nadie le caes bien ¿Pero cómo les va a poder caer bien si ni siquiera has conseguido que tu padre te quiera?
Dolió. Dolió demasiado profundo. ¿Alguna vez habéis sentido como alguien os clavaba una puñalada directa en el vuestro punto más débil, en vuestro talón de Aquiles? Eso fue lo que hizo Alice. Sin embargo, no me permití llorar. No allí, no delante de una multitud de personas que nos observaban como si fuéramos la nueva atracción del zoo.
Solo la miré y ella me entendió. Pude ver como se quedaba horrorizada con lo que había hecho y se empezaba a removerse en el sitio. Hice el amago de empezar a hablar pero…Esta vez fui yo la que corrió, alejándome de ese lugar y mezclándome entre la gente, mientras las lágrimas acumuladas recorrían mis mejillas.
Bella POV
Abrí de nuevo la nota que descansaba en mi regazo, deteniéndome para observar la perfecta caligrafía de Edward.
Cuarenta días y cuarenta rosas. Cada día tuvo la misma razón de ser : enviarte una rosa por un motivo por el cual quiero estar contigo. Mañana te espero a las nueve en nuestro escondite secreto para darte la última rosa.
Katie POV
Los recuerdos de lo ocurrido me taladraban la mente y los sentidos. Con esfuerzo, me levanté de la cama y me dirigí hacia el único sitio en el que me había sentido segura desde que Jacob se fue.
El viejo parque seguía tal y como lo recordaba. Los desvencijados columpios se movían con el impulso del viento y emitían un suave murmullo que parecía una nana para mis oídos. Los árboles donde de pequeña me había negado a subir por miedo, me miraban como viejos amigos y me invitaban a tocar sus ramas.
Uno de ellos me llamó la atención. Era un viejo cerezo, que parecía teñir el parque de tonalidades rosadas. Siempre me había sentido atraída hacia aquel árbol. Era un árbol hermoso, puede que el más hermoso de aquel parque. Sin embargo, eso no era lo que más me llamaba la atención. No eran sino los pequeños detalles como la forma en que parecía danzar cuando el viento movía sus hojas, o el tacto áspero y dulce de su corteza que mandaba chispas a mis dedos, los que lo hacían especial.
Una mano tocó mi espalda. Conocía ese tacto. Mi corazón se empezó a acelerar inmediatamente a causa de la sorpresa y del olor a canela. Su olor.
Mis extremidades respondieron antes que mi cerebro. Fue demasiado tarde cuando me di cuenta de lo que había hecho.
― Cuánto tiempo ― murmuró él.
Gracías por dedicar vuestro tiempo a mis locuras.
Un abrazo.
