VIII
Desde las profundidades del agua se veía la sombra de un bote en la superficie. Se escuchaba una voz hablar—Maestro —y sonaba preocupada—El durazno de la sabiduría celestial se ha secado. Intenté que volviera a como estaba usando mi chi, pero fue inútil…
Una voz de más edad habló—Bueno, tiene más de quinientos años, en algún momento se debería haber secado. Todo tiene un principio y un final.
—Tiene razón… —Unos ojos color verde resaltaban con tanta luz—Hemos conversado pocas veces a lo largo de estos años. Me ha contado toda su historia desde que nació, pero hay una duda que siempre ha estado rondándome la cabeza desde que regresé al valle después de la derrota de Kai —Estaba tranquilo, usaba una capa dorada en cuya parte trasera fue tejido en un circulo la hermosa y elegante representación de un dragón, también llevaba su sombrero de paja y su vestimenta era de tres colores, rojo, negro y blanco, siendo este último el predominante. Iba sentado sobre un pequeño bote en medio de un enorme mar sin fin en un mundo de piedras flotantes que se perdían a la distancia, y de destellos dorados provenientes de un lugar que no es visible. El reino de los espíritus estaba en paz. El bote navegaba ondulando el agua en su trayecto.
Frente a él, Oogway escuchaba atento, vestido solo con su capa verde cuya parte trasera llevaba representado el símbolo del yin yang. Ambos estaban sentados en paz, observando a lo que sería el origen de la hermosa luz dorada. No había viento, solo paz.
—¿Cuál duda? —preguntó la tortuga con su tierna y anciana voz. Le sonrió con dulzura.
Exhaló fuerte y lo miró a los ojos—No es una pregunta, pero estoy tan confundido. No me había atrevido antes a hablar sobre esto. Se que me ha de tomar mucho tiempo para alcanzar el nivel de sabiduría que usted obtuvo en vida, incluso no lo he de alcanzar ya muerto. Quiero ser tan sabio como usted. Temo a fallar de nuevo —A pesar de estar nervioso seguía mostrándose tranquilo.
Seguía con la sonrisa—Hmmm —exclamó pensativamente—Fallar de nuevo… alcanzar mi nivel de sabiduría… —observaba atento al panda.
—Sí, eso fue lo que dije —nervioso, se rascó la nuca.
La tortuga observó a la luz pensativamente—Ésta es la última vez que tú y yo nos veremos por aquí —Posó sus largos dedos en el hombro del guerrero dragón, no lo miró con pena, lo miró con un rostro radiante y sonriente.
Po abrió los ojos sorprendido con aquella declaración—¿Por qué? ¿He hecho algo malo? —Dijo alarmado. La tortuga sonrientemente negó con la cabeza. —Usted es el único con quien hablo en estas partes, es verdad que una vez hablé con Tai Lung, pero fue muy rápido. Y con Shifu no he podido hablar, no lo he visto desde esa vez.
—Shifu no quiere hablar contigo —seguía sonriendo, pero retiró de a poco su brazo.
Una lágrima recorrió su mejilla, pero se la secó rápido—¿Por qué? ¿Está enojado conmigo?
—No, pero el tiempo te responderá esa pregunta, mi buen amigo. Shifu ha sido muy sabio, y creo que debo seguir sus pasos —Se abalanzó contra el panda dándole un fuerte abrazo— Adiós Po.
El panda lo abrazó y palpó la capa de la tortuga—¿Por qué su capa es tan sedosa?
—La lavo y cepillo todos los días—. Po quedó conforme con la respuesta, pero siguió acariciando la tela. Seguían abrazados. —El tiempo resolverá tus dudas… —Siguió abrazándolo con mucho cariño, el grandulón apenas sonreía. La luz ante sus ojos se volvía de a poco oscura. Apenas se escucharon las últimas palabras de Oogway—Eso espero…
Los rayos del sol nacían victoriosos ante la oscuridad de la noche, cada hoja desde la punta más alta de las montañas hasta cada una de las hojas que yacían en el desértico valle fue iluminada y brillaban con sus tonos verdosos, rojizos, amarillos y anaranjados. Las sombras de las cumbres y montañas, de los árboles y de las construcciones, nacían largas y se extendían por varios metros. El viento hacía danzar por los aires cada cosa de peso insignificante. El otoño iba en camino a su más alto punto de gloria. Las estrellas desaparecían en el oeste a medida que el hermoso astro se elevaba.
Dormía cerca del barranco con su sombrero tapándole el rostro. Se despertó de a poco, primero bostezó, luego se estiró extendiendo sus regordetes brazos y piernas. Con esfuerzo inútil intentaba darse vuelta para levantarse, pero no pudo. Se arrastró de espalda y se sentó, acomodándose bien el sombrero, a los pies del durazno. La vista al valle no era tan hermosa, pero tampoco se veía mal a pesar de que no hubiera vida allá abajo, las hojas lo adornaban con ternura.
—Tiempo… —Inspiró profundo. Ahí estaba él, adentrándose en sus recuerdos. Los ciudadanos del valle lo querían mucho, era un maestro de pecho y lomo. Era totalmente admirado por los que alguna vez fueron sus vecinos, en aquellos días en que vivía con su padre y no solo por los vecinos, más bien por todos. Después de la gran celebración del chi realizada tras la derrota de Kai, visitaba de vez en cuando al señor Ping. Ahí estaban aquellas hermosas tardes con ese rico olor a sopa recién salida de la olla. Él seguía siendo visto como el amigable Panda que alguna vez en su juventud llevó pedidos de comida a varios de ellos, era visto como el héroe que salvó al valle de Tai Lung, era visto como el héroe que salvó a China del gobierno opresor que tenía planeado Lord Shen, o también como el héroe que protegió el legado de Oogway. Muchos niños le pedían autógrafos, querían jugar con él. Adultos lo saludaban con respeto, ya no era solo un héroe del valle por el cual muchos aclamaban a los cuatro vientos su admiración, se había convertido en un maestro con quien podías conversar tranquilamente y hacer una reverencia con total tranquilidad. Incluso hasta se podía jugar Mahjong cerca de los diferentes ríos mientras se saboreaban algunos bocadillos. Incluso recordaba esas tardes en las que trabajaba por mero gusto con su padre, Ping. O también las visitas ocasionales de Li con algunos pandas dentro de ese año.
Los recordaba frente a él, los cinco furiosos, almorzando felices en la cocina mientras lo observaban con una sonrisa. Tigresa llevaba puesta su vestimenta de colores amarillos y dorados, Mono con sus habituales muñequeras, Mantis llevaba lo de siempre, Víbora utilizaba sus dos flores en la cabeza y a su lado tenía una sombrilla color rojo, Grulla llevaba su sombrero, pero sus pantalones eran verdes muy oscuros, casi acercándose al negro. Él estaba entrando recién por la puerta, llevaba un sombrero parecido al de grulla y usaba su vestimenta de Kung fu de tonos claros, traía su largo bastón que le fue entregado por Oogway. Junto a él estaba Shifu, quien vestía sus ropas habituales y llevaba consigo el bastón restaurado que heredó de Oogway. Con una sonrisa ambos pandas le indicaron a un cerdo que entrara, este traía un cuadro de tela vació en su espalda, un atril en su brazo izquierdo y una maleta con tintas en su interior. Como si se movieran en cámara lenta los cinco furiosos se levantaron con alegría para después posicionarse todos sonrientes bajo la luz blanca y amarillenta que entraba por la ventana y que hacía brillar los platos, las ollas de jade y de metal, los estantes de madera, etc. Po se puso al lado de Tigresa, en el medio. Grulla se puso a la izquierda de Po, Mono se puso a la derecha de Tigresa, Mantis en el sombrero de Grulla. Y Víbora se puso al lado del panda rojo, al frente, abriendo su sombrilla como fondo propio. Tigresa tenía su rostro serio mientras el cerdo posicionaba el atril y preparaba los materiales. El guerrero dragón miró a Tigresa con risa—Sonríe Tigresa —. Y le indicó sonriendo él mismo—Este debe ser el mejor recuerdo de todos, los maestros de Kung Fu del valle de la paz enfrentándose a una misión difícil… salir bien en un retrato… —. Los otros la reprocharon, pero con cariño.
—Lo haré, Po —Una tierna sonrisa nació con espontaneidad.
—¿Ves? No es tan difícil —También le sonrió.
El cerdo habló—Está todo listo para empezar. Pidieron a color ¿Verdad? —. Tenía enormes ojeras y se notaba cansado.
Habló Shifu—Efectivamente —Se dio media vuelta para ver a los cinco y a Po. Todos sonreían —Puede empezar —Justo cuando dijo eso Tigresa agarró con su mano el brazo de Po, pero sin inclinarse hacia él, pero si apegada a él. Mantenía su sonrisa.
El cerdo con una sola bocanada de aire inició sus trazos veloces como un rayo, iba detalle a detalle retratando la imagen de todos ellos. Primero fue Shifu, segundo fue Po, tercero fue Grulla, cuarto fue Mantis, quinto fue Mono, sexta fue Víbora y por último fue la sonriente Tigresa aferrada tiernamente al brazo del panda. Las últimas pinceladas se acercaban, terminando con los ojos vidriosos y amarillentos la felina. Y esos recuerdos se esfumaron y la pintura se desvanecía con un montón de hojas secas que rozaron el rostro del panda. Exhaló profundamente—… Tiempo.
Se levantó ayudándose con el tronco y se sacudió el polvo. Se devolvió al lugar donde se suponía estaban los demás, a las habitaciones y la cocina. Caminó con total tranquilidad por el sendero de piedra. Las ramas de los árboles parecían murmurar entre ellos, y sus sombras eran un espectáculo poco convencional que cambiaban de forma, como si hablaran cosas interesantes. El guerrero dragón se veía como un pequeño punto descolorido en todo ese lugar abundante de colores cálidos.
Finalmente llegó, entró por el agujero en la pared y para su sorpresa estaba todo en silencio. Se dirigió a las habitaciones. La luz iluminaba la barnizada madera y las puertas rotas de papel. No había rastro de Zeng, ni de Li, ni Xiao, ni Jin. En la cocina no había nadie, todo estaba ordenado. —¿Dónde estarán…? —susurró para si mismo y se acomodó su cinturón. Ya en el patio y sin buscar algo que comer, observó atento a su alrededor viendo el palacio, los árboles y las estatuas a su izquierda. Más abajo a la derecha, se lograba apreciar apenas, a causa de los frondosos árboles, la zona de entrenamiento resguardada por un muro que se extendía por la mayoría de su perímetro. Se acomodó el sombrero y agarrando un palo de bambú, de los montones que había secos a un costado, inició su caminata hasta allá.
En medio del sendero se topó con una enorme enredadera de dos metros de alto que abruptamente cortaba el paso, aunque en el medio fue podado un agujero que permitía el paso. A unos metros logró apreciar de donde nacía aquella enredadera—Entonces la semilla de Víbora no era de arbusto pequeño… —Se dijo a si mismo con una sonrisa viendo como la planta se extendía desde el lugar donde alguna vez la reptil enterró con esmero una pequeña semillita. Pasó a través del agujero. Dentro de este la luz era de colores violeta, azules y rosado. Palpó y analizó con detenimiento y por dentro de la enorme enredadera estaba lleno de flores, de aquellas que crecen solo si el sol no les llega directamente. Saliendo de ese pequeño bioma siguió su pequeña travesía hasta llegar a una entrada con las puertas abiertas.
Desde afuera vio a Jin sentada en el suelo junto a Li Shan, ambos comiendo sobre una sábana y conversando. La ardilla giró rápidamente la cabeza y agitó la mano saludando a Po con una sonrisa—Hasta que te dignaste a despertar.
—Saca lo que quieras —dijo Li señalando los platos con comida.
Po se acercó, pero sin sentarse—No, muchas gracias —Jin lo miró extrañada, le iba a decir algo con burla, pero no se atrevió. Se veía serio—¿Dónde están Xiao y Zeng?
Li habló—Zeng está perdido en sus ideas ordenando y limpiando algunas cosas de la sala de entrenamiento. Y Xiao se entusiasmó y empezó a jugar con algunas cosas de ahí.
Jin se dirigió a Po—Al fin conocí a Zeng, lo nombrabas con gran estima, lamentable lo que le ha sucedido… —bebió un poco de jugo.
—Tengo planes que tomarán casi todo el día —Observó distraído a la verdosa montaña.
—¿Planeas llevarlo por la gruta? —preguntó Li Shan.
—Algo así —respondió Po.
—¿Vas a llevar comida para el camino? —preguntó Jin.
—Por supuesto —dijo con una sonrisa—. El camino es largo y empinado, además, mi idea es quedarnos unos días allá.
Jin se rascó la frente—Si planeas enseñarle a más profundidad Kung Fu ¿Por qué no lo haces acá? —expandió un poco sus brazos señalando a todo el lugar—Se ahorrarían un camino tan complicado —. Poniendo su pequeña mano sobre sus ojos observaba las piedras y rocas de la montaña a lo lejos.
—No sería lo mismo, pasando ese largo camino la zona tiene mucha energía, la paz misma lo gobierna.
Li Shan habló—¿A qué se debe eso? —tenía curiosidad.
Contestó de inmediato—Se debe a la llegada de Oogway al valle —. Li Shan afirmó con la cabeza, satisfecho con la respuesta. El guerrero dragón se alejó de a poco hacia la sala de entrenamiento, con su hermoso techo verde y aquellos ocho pilares de madera frente a la puerta. Estaba casi intacto, subió por los veintidós peldaños de la escalera de piedra. Entró en silencio, las antorchas estaban encendidas, los pilares que mantenían todo en pie seguían con sus púas. A un costado estaba Xiao, quien golpeaba al "adversario", aquel saco de arena con orejas que Po enfrentó inútilmente hace mucho.
Sabía movimientos demasiado básicos de Kung Fu, pero aún no era capaz de golpear algo sin desequilibrarse y caer. Estaba totalmente sucio y con una que otra raspadura en el codo. Po lo quedó observando atento, el tigre blanco le ponía mucho empeño, pero la mayoría de las veces el "adversario" le devolvía el golpe haciéndolo caer.
Una vez más en el suelo y golpeándose fuerte en la nariz se levantó firme mordiéndose el puño para aguantar el dolor, fue lanzado casi al otro extremo de la sala. Po esperaba que dijera alguna frase, pero solo hubo silencio. El tigre blanco no se daba cuenta de la presencia del panda. Poniéndose en cuatro patas hizo un pequeño rugido observando con ira al muñeco relleno de arena. Sus ojos reflejaban todo lo que lo rodeaba, la pupila se contrajo de inmediato.
El guerrero dragón susurró para sí mismo—Corre —. Como si lo hubiera escuchado corrió a toda velocidad contra su oponente sin vida. A mitad de camino dio un salto de pie contra el muñeco—Gira la cadera —Volvió a susurrar, y nuevamente como si lo hubiera escuchado, así lo hizo el felino en el aire—Retrae… —Así lo hizo con el pie con que planeaba golpear. —¡Extiende! —. Xiao golpeó con toda su fuerza al "adversario", no solo lo lanzó a toda velocidad contra la pared, sino que hizo un agujero y quedó incrustado en la pared de madera. La luz se filtraba de color rojo a través de la arena y la tela. Esta vez sí escuchó al oso.
Firme y de pie se quedó estupefacto ante la presencia del panda, estaba cerca de las trampas del "juicio de los guerreros de madera", aquellos monolitos giratorios con púas de metal, pero en uno de los bordes, específicamente el derecho. Le sonrió al panda con alegría—¿Qué le pareció eso señor Po? —corrió a la entrada hasta quedar frente a su único espectador, estaba todo empolvado. Lo abrazó ensuciándolo a él también. Lo soltó de inmediato. Se observaba el pie maravillado y lo extendía orgulloso—¡Lo hice añicos! —Dijo con felicidad.
—Lo hiciste muy bien —También sonreía. Con al bambú tocó el muslo del pequeño—Tu pierna es muy fuerte.
—¡Me acordé del primer movimiento de Kung Fu que usted vio! Y pensé, ¿Por qué no intentarlo?
Po quedó sorprendido—¡Ooooooh!, cuando los cinco furiosos hicieron equipo por primera vez contra ese enorme jabalí en las afueras del valle. Si, me esmeré en contártela. Pero tendré que enseñarte a amortiguar bien la frenada para que no sientas dolor en la cadera—Inmediatamente Xiao lanzó un pequeño gemido de dolor palpándose, para variar, la cadera—Pero dentro de todo lo hiciste de maravilla. Y felicidades, acabas de completar el nivel cero.
—Gracias…auch —Estiró la pierna y ésta tronó un poco.
El grandulón caminó por el lugar observando todas las trampas—Esto me trae muchos recuerdos—Pasó al lado de la primera trampa—Estos son "los clubs de balanceo del olvido instantáneo" —El felino rayado lo seguía entusiasmado, escuchando atento y sin interrumpirle.—. Estos clubs pesados, modelados después de los puercoespines acrobáticos Eshan de la provincia de Yunnan—Apuntó arriba señalando a las piezas con púas—Entregan dos tipos de castigo: Un golpe desde el lado de madera plana hace que sus víctimas queden al instante inconscientes, mientras que solo un rasguño del lado de las púas produce un final rápido pero agonizante. Solo un maestro ha tenido la elegante habilidad de cruzar los troncos giratorios de la serpiente, y usar el Kung Fu para destruir estos objetos colgantes, la maestra Tigresa—Le dio un tiritón de susto con solo ver toda la trampa.
—Wooooooooooow —expresó Xiao.
—Sí, Wow —Luego a mitad del lugar bajaron por una pequeña escalera al medio de la sala. Ante ellos había una especie de piedra gigante y cóncava de piedra jade. Habló de forma dramática—¡Esta es "La tortuga de Jade de la sabiduría"! Cuando el gran maestro Oogway viajó a un pueblo minero perdido, que se ubicaba en las montañas grises, recibió un regalo muy poco convencional, una losa masiva de jade. O al menos así dice la historia—Empujó un poco el enorme objeto. Luego sonrió—Oogway se declaró indigno de tal regalo y dividió la piedra preciosa entre los aldeanos como símbolo de su respeto. La cáscara restante fue llevada a este Dojo, donde el maestro Grulla practicaba sus técnicas aéreas de combate bloqueando flechas desde diversas direcciones y golpes provenientes desde tierra —Apuntó a uno de los costados del techo—Disparos de práctica lanzados desde el lugar en que se encuentra Zeng —El ganso barría con la mirada perdida.
—Me gustaría verlo en acción —dio vueltas sobre si mismo imitando a un ave volando.
—A mí me gustaba cuando se preparaba y daba la orden para que le lanzaran las flechas. Se veía épicamente bárbaro al decir solo una palabra —Hizo girar sobre sí misma la losa.
—¿Qué palabra decía?
—Gaga-guigui —Tras decir tan solo esa palabra, Zeng se puso como loco y de las veintitrés ballestas a su lado se puso a disparar una por una y a toda velocidad contra ambos.
Po puso a Xiao detrás suyo y golpeando con su panza la enorme losa de jade le dio vuelta y la usó como escudo contra todas las flechas. Las paredes, las trampas, los pilares, casi todo se llenó de flechas en un santiamén. Afuera, Jin se llevaba un dumpling a la boca, pero este desapareció mágicamente, había sido clavado en la pared por una flecha. La ardilla y Li se miraron asustados, aunque ella miró con molestia a la sala de entrenamiento.
—Eso estuvo cerca… —dijo Xiao con los pelos de punta.
—Si… —dijo Po agitado.
—¡Felicidades maestro Grulla! ¡Fue un excelente entrenamiento! —Dijo Zeng volando al otro extremo.
—¿Qué está haciendo? —preguntó el más pequeño observando con atención al ganso.
—No lo sé…
Cuando llegó gritó fuerte—¡Inicio de segunda ronda!
—Ya lo sé… ¿Cómo se me pudo olvidar? —dijo Po mirando al suelo pensativo. Rápidamente dando un giro sobre si mismo y golpeando de arriba hacia abajo con su talón hizo rebotar a "La tortuga de Jade de la sabiduría" por los aires cubriéndolos de las flechas que justo Zeng empezó a disparar.
Todas revotaron incrustándose en diversas partes. Mientras, Li Shan se acercaba a la flecha con el dumpling en su extremo. Lo olió y lo agarró con la boca masticándolo con gusto. Al mismo tiempo una de las flechas salió del dojo y tomando una dirección curvilínea, y a muy baja velocidad debido al rebote, iba directo al trasero del padre del guerrero dragón.
Po levantó el caparazón y justo después se escuchó un grito proveniente desde afuera.
—¡Ese fue Li! —dijo Xiao
—Se le debieron de haber acabado los Dumpling. Pero mira este desastre —Ninguna de las trampas de madera se salvó de la masacre de Zeng. —Hemos aprendido una importante lección.
—Nunca subestimar a un ganso loco… —dijo viendo las flechas.
—Más respeto con Zeng. Pero la lección es… jamás decir esa palabra…
Zeng habló fuerte—¡Felicidades maestro Grulla, es muy agradable a la vista verlo entrenar!
—Jamás decir esa palabra… —dijeron ambos, y mirando al ganso se golpearon suavemente el pecho dos veces para terminar con un choque de palmas.
Po continuó—Y sobre nosotros se encuentran "Los siete anillos de la garra" —Sobre ellos colgaban siete círculos de madera con cuchillas de metal. —. Son los homenajes a la mítica serpiente demoniaca de siete dedos que custodiaba los legendarios tesoros de la cueva Xing Yun Jin. Y cualquier chatarrero valiente, o tonto, o suficientes para aventurarse después de los vastos depósitos de oro que se cree que alinean las paredes de las cuevas, nunca regresaron para confirmar su existencia. En esta sala de entrenamiento, pasar ileso a través del centro de los siete anillos y volver para contar aquella digna historia, es una hazaña honorable. También resulta ser que este era el ejercicio favorito del maestro Mono.
—¡Lo imagino pasando por esos anillos! Pero usted sería el único incapaz de lograrlo —Po lo miró rápido cuando Xiao dijo eso. —Digamos que… —En el aire y extendiendo los brazos a los extremos tomó las dimensiones aproximadas de los anillos—Son así… —Luego extendió mucho más sus brazos midiendo en el aire la barriga del panda—Y usted es así… —Infló un poco los cachetes simulando ser gordo.
Po dijo un poco molesto—Eso me ofende… —Luego se miró la panza y la golpeó con sus dos brazos—Pero tienes razón —dijo más relajado. Aunque la panza tardaba en dejar de moverse, por lo que tuvo que cesar esos gelatinosos movimientos tocando con el dedo.
Momentos antes una de las flechas había cortado a medias una de las cuerdas que sostenía un anillo que colgaba justo sobre la losa de Jade. Jin entraba furiosa llevando las dos flechas en su mano. Justo se cayó ese anillo y deslizándose por la concavidad de la losa tomó vuelo en dirección a la entrada.
—¡Ustedes, retratos hechos de Hollín barato! ¡¿Qué creen que están haciendo?! —Gritó la ardilla mostrando ambas flechas sobre su cabeza. Las puntas de estas desaparecieron con un fuerte sonido causado por el anillo que se incrustó en la pared detrás de Jin. Ella se quedó totalmente inmóvil, los otros dos se miraron nerviosos. Para sorpresa de ambos la roedora vio con un rostro totalmente inexpresivo los dos palos que le quedaron en la mano, los lanzó lejos, se sacudió un poco. —Me iré a preparar sus bolsos…
El panda seguía mirándola nervioso—Gracias Jin…
Lo calló dando un fuerte golpe con su pata en el suelo. —No me lo agradezcas —Seguía inexpresiva—Después de todo… —Frunció el ceño airada y viendo al suelo parecía que su cara se volvía sombría—Quiero vivir más tiempo y ustedes me lo hacen más difícil —Se dio media vuelta—Si me disculpan… —. Se retiró a paso lento con sus dos brazos detrás, manteniendo una digna posición erguida. El panda y el tigre se miraron espantados. Nunca la habían visto transformada de esa forma.
—¿Por qué va a preparar bolsos? —preguntó Xiao.
—Te llevaré por una gruta, solo tú y yo —No dejaban de ver la puerta. Po se giró de a poco y apuntó con su dedo índice a los monolitos de madera—… Todos estos son "El juicio de los guerreros de madera" … —Tragó fuerte e hizo que Xiao viera dándole vuelta con la vara de bambú, seguía aterrado con aquella mirada—… Estas figuras de madera están lejos de ser maniquíes. Se basan en los legendarios combatientes del clan de cocodrilos Ngoh Wan, cuyas pieles podían resistir las flechas de hierro de los arqueros espirituales de Shaanxi, aunque puede que hayan sido armaduras —Volvía a usar ese tono épico—. Deslizarse a través de estos requiere rapidez, buen uso del tiempo y una entrenada percepción de lo que te rodea. El maestro Mantis habituaba esta trampa, porque necesitaba enfrentarse a enemigos de mayor tamaño y que podían llegar a ser impredecibles. Ésta con el tiempo se volvió una de mis favoritas.
El tigre se acercó para apreciar mejor los detalles. Sus enormes ojos azules se reflejaban en cada una de esas púas. Y finalmente Po habló sobre la última de las pruebas—Aprecia ante ti, el "Campo de la muerte ardiente". Un maestro es tan equilibrado como su postura, una perogrullada ilustrada por este formidable dispositivo de entrenamiento. —Corrió y saltó sobre la plataforma llena de agujeros de metal. Al caer se equilibró en una sola pierna mientras aferraba la vara con su mano derecha y apegándola por su antebrazo, espalda y hombro izquierdo—Los orígenes de la muerte ardiente han sido fuente de disputa. —Hacía movimientos de pelea al aire con el bambú. Xiao estaba escuchando y trepó para subir a la plataforma—Algunos creen que un maestro olvidado lo inventó después de ver una flor de durazno flotar con gracia sobre un campo de lava —Saltaba de un extremo a otro realizando rápidos y precisos movimientos de Kung Fu. El tigre lo seguía pendiente con la mirada. —Otros dicen que fue creado por un enojado granjero tratando de mantener a los insistentes vendedores alejados —Saltó sobre el felino cayendo sobre un pie, flexionando el otro y dando un salto afuera de la prueba—De cualquier manera, la maestra Víbora utilizaba sus llamas para perfeccionar sus reflejos similares a un rayo y su fluida flexibilidad.
—¡Este lugar es lo mejor del mundo! —Xiao gritó emocionado.
—No has visto nada todavía —sonrió caminando lentamente en dirección a la puerta.
Lo siguió de bien cerca—¿A qué lugar vamos seño Po?
—Todo a su tiempo…
—¿Cómo hizo esos movimientos en "el campo de la muerte ardiente"? ¿Me los enseñará?
—Te enseñaré la barbarosidad en todo su esplendor, pero como dije, todo a su tiempo —retomó el paso. En silencio, Xiao hizo un sí de victoria con sus puños.
Al sol le faltaba la mitad del camino para llegar a su punto más alto, las sombras se achicaban. Li Shan sobre la manta, y tirado de rostro al suelo esperaba a que se le pasara el dolor del trasero. Zeng barría inútilmente la tierra lanzándola a la cabeza del viejo panda, lo más probable es que lo confundiera con un basurero, pero de todas formas Li no le dijo nada, ya estaba muy ocupado con su dolor.
Xiao y Po estaban a punto de irse con los bolsos ya en sus espaldas
—Nos vemos hasta… hasta que lleguemos —dijo Po a Li y a Jin, quien, sentada en la escalera tejía una pequeña bufanda color anaranjado oscuro.
—No vuelvan… —No quitaba la mirada de los puntos que hacía.
El tigre la miró preocupado, se sacó el bolso y corriendo al lado de la ardilla le dio un beso en la mejilla y un abrazo—No vemos —Ella le abrazó también y le dio una palmadita suave en la cabeza.
—Adiós, tesoro —le apretó fuerte las mejillas.
—¡Ay! —se sobó fuerte.
—Ahora váyanse antes de que me maten —. Asintió alegre y fue a ponerse el bolso. La ardilla lo miraba con una sonrisa muy maternal.
—¡Adiós señor Li Shan! —dijo Xiao
—Adiós papá —dijo Po. El viejo con una montaña de polvo sobre su regordeta cabeza levantó su mano haciendo el gesto con el dedo pulgar. De Zeng no se despidieron, ya se había ido a hacer otra cosa.
El pequeño salió entusiasmado por la puerta. Po vio por última vez a la ardilla, se despidió agitando el brazo. Los ojos ámbar de la ardilla lo miraban con intenciones de matarlo—Ay mamá… —. Salió rápido tras Xiao.
Ya fuera de vista, ella aplaudió con carcajadas incluidas—Cómo amo hacer eso… —siguió tejiendo.
El tigre esperaba al fondo del camino en el lado externo de la pared. Avizoraba la neblina delante suyo. Po llegó con mucha apacibilidad—Y la travesía comienza…
Rocas musgosas y un liso camino fue el primer tramo. Frente a ellos y detrás del lugar de entrenamiento una gran hondura llena de plantas color violeta se extendía por todo su ancho. Caminaron a través de ésta parsimoniosamente, evitando así hacerles daño. Después una ladera muy inclinada que terminaba en un barranco por el lado izquierdo yacía totalmente verde y cubierta de aquella espesa pero relajante neblina. Los árboles crecían a una gran distancia entre ellos. Y como todas las enormes rocas del palacio de jade y las rocas que están a sus alrededores, estas vislumbraban entre sus colores grises enormes franjas de piedra jade.
Por el lado derecho enormes montañas de roca crecían varios metros de altura y por toda la cima se lograba apreciar más vegetación verdosa. Y por todas las montañas a la distancia su superficie era completamente verdosa.
—Señor Po, las hojas no son amarillas ni rojizas —los rayos del sol hacían ver la neblina más blanca. Las sombras de los árboles parecían solidas sobre aquella blanca superficie.
—Hay muchas nubes por aquí, la neblina riega todo el año por estas partes.
—¿Es verdad que el maestro Oogway creó el Kung Fu? —preguntó de la nada.
—Oye, tranquilo, todo a su tiempo. Pero sí… —habló frustrado—solo espero que esto no afecte la sorpresa… ¿Te lo contó Li?
—¡Sí!
—Bueno… solo sigamos caminando… —suspiró fuerte haciendo una mueca con sus labios.
A cada paso que daban marcaban un camino donde la niebla no estaba presente, pero después de unos segundos volvía a la normalidad. Con cada paso que daban sus piernas se mojaban un montón. Xiao se agachaba y extendiendo sus brazos lateralmente dejaba dos estelas pasando sus patas entre la niebla. Hacía de diferentes formas, ya sea onduladas, triangulares y cuadradas. Algunas veces hacía dibujos que duraban muy pocos segundos. Otras él se sumergía bajo ésta como si de un lago se tratara y lo único que se veía era la mochila y la cola erguida. Yendo directo a un árbol se sacó el bolso para acostarse y hacer un ángel de nieve.
Po seguía caminando, aunque igual jugaba con la niebla a su manera. Usaba el bambú girándolo sobre su cabeza logrando de esta forma que se generara un torbellino de vapor alrededor de él. Ya no era posible verlo.
—¿Cómo hizo… eso? —Al desaparecer el torbellino, Po no estaba. Quedó con la boca abierta. Alguien le tocó el hombro por detrás, era el panda.
—Mejor apresurémonos, nos queda un buen tramo.
—Hay tantas coas que debo aprender… — Continuaron hacia su destino.
Al final de la ladera rocas irregulares formaban una subida muy inclinada. Escalaron obligados, era el único camino viable agregando que el sendero continuaba por arriba. Pero el panda sin dificultas saltaba y se agarraba hasta llegar arriba. El otro le siguió, con dificultad, pero de todas formas lo logró. El siguiente tramo era más largo y muy escabroso. La niebla no estaba presente, algunas flores blancas crecían solitarias entre las grietas y las rocas. Más delante de la montaña caía agua que por diferentes partes. Era un gran espectáculo, parecían hilos que se fragmentaban en fino polvo blanquecino. Una larga pero angosta cascada descendía a lo lejos a nivel del sendero, cascada donde al parecer caían algunos de estos chorros de agua. Las nubes más allá de la cascada ocultaban a medias una vasta área de color verde oscuro.
—Cuidado… —Paró en seco, frente a ellos todo cambió drásticamente. El escabroso camino fue reemplazado por rocas largas separadas entre ellas. Al fondo, una dolorosa y larga caída. Al final de este obstáculo el sendero retomaba camino doblando por la izquierda—Tienes que saltar después de mi ¿Entendido?... —Xiao ya estaba al otro lado.
—¡Apúrese señor Po! —saludaba del otro lado.
El panda de inmediato salto pilar por pilar hasta llegar—¿Cómo aprendiste a hacer eso? —preguntó exhausto.
—Cuando tuve que poner las trampas para espantar a los intrusos que se atreviesen a pasar por el territorio de la cueva y la cabaña… —Mostró sus muñecas—Me raspé un montón al tener que subir a los árboles, al menos quedaron firmes en toda la hilera de árboles. Tuve que saltarlas de ida y vuelta tres veces… —Se llevó las manos a la espalda sonriendo orgulloso.
—Que bárbaro, aunque espero que esas trampas asusten bien… —Y así era, cerca de la cabaña algunos delincuentes que se atrevían a pasar por sus cercanías salían corriendo y gritando muy agudo a causa de los supuestos fantasmas que caían de los árboles, aunque solo eran sábanas blancas rellenas con un poco de hojas—Siempre han funcionado, pero es la primera vez que hacemos tantas con Jin.
Siguieron y al doblar a la izquierda la entrada a una enorme cueva era decorada con los hilos de agua. Todavía algunas rocas no dejaban ver muy bien, pero al avanzar se dejaba apreciar el pequeño santuario con un lago en miniatura cuyo fondo era de color gris y turquesa. Pero lo que impresionó al pequeño fue la estatua de un dragón al fondo de la cueva, un dragón lleno de musgo que daba la sensación de rodear una montaña en medio del mar y asomarse en la punta como si se fuera a atacar. Su pata delantera izquierda se extendía hacia adelante y la derecha iba en espera para un golpe final a la roca verdosa al frente suyo. Dos bigotes largos de oro salían de su hocico abierto. Y de sus dos enormes ojos, dos bolas de oro que simulaban ser sus pupilas resplandecían como tesoro codiciado por piratas.
—Ésta es La cueva del Dragón —Dijo Po. Detrás del dragón, en la pared, escurría cera derretida de vela. Xiao miraba hipnotizado a la estatua—El maestro Shifu frecuentaba este lugar como su camino para hallar la paz interior. Meditaba la mayor parte del tiempo, esa era su propia senda.
—¿Y lo logró?
—Si, lo logró… —Sonrió mirando a la roca—… lo logró…
—¿Qué es la paz interior?
—La paz interior es una de las enseñanzas finales de Oogway. Es un estado de paz de la mente y el espíritu. Es la capacidad de "aprovechar el flujo del universo", lo que permite a uno hacer lo aparentemente imposible.
—¿Usted logró la paz interior? —preguntó inocentemente.
—Sí… —Su mirada estaba perdida en el dragón desvió su mirada a la izquierda—Debemos apresurarnos, el siguiente camino es más largo que el que acabamos de hacer—Se encaminó esquivando los chorros de agua.
—Pero quiero saber más de este lugar… —Ya estaban saliendo de la cueva.
—Pregúntame mientras caminamos —Un largo sendero de tierra se apegaba a la montaña.
—¿Quién la construyó?
—Oogway
—¿Qué representa ese dragón?
—No representa nada… —Po iba con la vista al frente, pero Xiao daba vistazos hacia atrás.
—¿Cómo es eso? ¿Se construyó por qué a alguien simplemente se le ocurrió?
—Tampoco. Ese dragón y el del palacio son el mismo. Hechos en honor a una bestia que existió en el oeste, que Oogway conoció en persona. Un dragón que escupía viento helado, mucho más que la misma nieve, capaz de quitarte las ganar de orinar con tan solo pensar él. Permaneció culto en una de las tierras extranjeras, donde se libraron batallas que obligaron a muchos a buscar un nuevo hogar. Pero el principal causante de aquello fue aquel dragón sin nombre.
—¿Hace cuánto tiempo sucedió eso?
El panda miró al cielo intentando recordar—Hace mil años, y tal vez un poco más…
—¡Eso no tiene sentido! ¿Cómo el maestro Tortuga pudo conocerlo hace mil años? —se contaba los dedos calculando el tiempo—Nadie puede vivir mil años…
—Mejor continuemos, esa es una larga historia que debo contarte. Primero quiero que lleguemos al "Lugar" —El camino ascendía cada vez más. El verde de las montañas imponía con su presencia escénica. Detrás de ellos la cueva se achicaba.
Tras muchos minutos el sol ya estaba sobre ellos. Po respiraba muy agitado a punto de caer de espalda, pero el tigre evitaba que se diera un fuerte golpe agarrándolo del brazo.
—Moriré —se apoyó en una roca—Tú sigue sin mí… los cocodrilos bandidos no deben salirse con la suya… las barras de jabón de la señora Lailai deben ser recuperadas, osino nadie olerá a flores silvestres… —Se le caía la lengua.
—¡Está delirando! —Fue darle una palmadita en la cara. Le tocó el ojo, pero no reaccionó—Ay no… —Asustado le dio una enorme bofetada, luego otra y otra y otra.
—Deja a mi papá, sopa de fideos malvada… —Seguía con la lengua afuera y los brazos totalmente relajados. Recibió otra cachetada—Tu falta de fideos es una deshonra para toda China… —Y otra cachetada. Esta vez sí reaccionó—Xiao… —Recibió otra más—¡Auuuch! Espera… —Y otra más.
Se alejó por el camino—¡La travesía no ha llegado a su fin! —Dijo ufano con lo que acababa de hacer.
—Aaaaaajjj… —De un bolsillo lateral extrajo una cantimplora bebiendo casi toda el agua.
El viento aumentaba, los alrededores cambiaban. Ahora avanzaban entre varios pilares de rocas, formadas naturalmente gracias al tiempo. La niebla les impedía ver a más de cinco metros. Caminaron y caminaron sin rumbo fijo, solo siguiendo el sendero. Se lograba apreciar apenas algunos árboles.
Lo más extraño era que parecía como si la neblina les susurrara canciones vigorizantes, como un intento de darles ánimo. Nuevamente se encontraban ascendiendo, pero el sendero desaparecía entre el pasto que crecía salvajemente. Pero el pasto salvaje se veía cada vez más corto.
Ahí estaba frente a los dos, un estanque con agua. El tigre blanco, cansado, se sacó su bolso y de inmediato se agachó para beber de aquella agua de apariencia refrescante. Aprovechó de lavarse la cara.
Po se sentó en posición de meditación frente al estanque—Xiao, no nos lavamos la cara en el Estanque de Lágrimas Sagradas… —Había cerrado sus ojos.
—Ay caramba… —Se secó sin vacilar tras escuchar eso.
Po se levantó con un rostro radiante y mirando al frente y con sus brazos detrás de la espalda—Aquí, el maestro de mi maestro, Oogway… —La nebilna y las nubes desaparecían rápidamente, la luz del sol alteraba el gris por un amarillo— desenmarañó los misterios de la armonía y la concentración. Este sitio vio nacer al Kung Fu… —. Xiao se llevó las manos a la cabeza totalmente anonadado. Fue como algo mágico, el símbolo del yin yang era dibujado en el terreno donde estaban, era como ver el ojo del Maestro Oogway, era como verlo saltar a la roca frente a ellos dos con otra roca que se equilibraba perfectamente en su punta. Era como ver tras un movimiento rápido de Kung Fu, al panda rojo que entrenó a Po haciendo sus movimientos típicos. Pero ahora quien estaba allá arriba era Po, el sol lo iluminaba por detrás, las cascadas de las montañas al fin decidieron aparecer. El panda preguntó desafiante pero lleno de vigor—¡¿Quieres aprender Kung Fu?! —apuntó con su dedo índice al pequeño.
—Sí —dijo con una sonrisa temblorosa.
—¡Entonces yo… soy tu maestro! —Empuño su mano hacia arriba.
—¡Ajá… Sí! —Pudo notar como el panda empezó a escurrir lágrimas mientras aspiraba con un fuerte sonido sus mocos—No llore…
—Está bien… —se secó las lágrimas y la nariz con su antebrazo y se limpió en su ropa. Se bajó de un salto—Sígueme...
En un prado de fino pasto color verde claro y con extrañas rocas, Xiao y Po estaban cara a cara. El pequeño juntaba frente a su pecho su puño con su palma, el grandote sus dos brazos detrás de la espalda.
—Cuando te enfocas en el Kung Fu, cuando te concentras… eres una maravilla. No puedo entrenarte como mi Maestro hizo conmigo. Pero si puedo entrenarte como él entrenó a los cinco... aunque tal vez…—Una risilla malvada salió de su boca. El felino esperaba ansioso— Empecemos…
Y así sucedió, diversos tipos de entrenamientos siguieron por los siguientes seis días y seis noches. Fue un duro entrenamiento que estuvo presente tanto en la mañana, la tarde y la noche. Empezaron por cosas básicas, tales como sentadillas, trabajo de abdominales, flexiones de brazos, hacer a Xiao correr por todas partes, etc. En su tiempo de relajo a Xiao le encantaba tallar en madera, pero el guerrero dragón aprovechó esto en un bosque de bambúes. Pillándolo por sorpresa lanzó varios golpes contra el tigre, pero a diferencia de la montaña nevada en la ciudad comercio esta vez sí le pego fuerte hasta romperle su tallado de madera. No pudo esquivar nada ni bloquear.
Otras veces la idea era que le atinara algún golpe al Panda con sus propios puños, pero todo era inútil, esa bola de pelo y grasa era demasiado rápida. Luego vino el equilibrio en la punta de las rocas más grandes, no le costó.
Los momentos de furia por parte del rayado no estaban ausentes. Se enojó tanto con su maestro que intentó botarle su plato de sopa. Pero el otro seguía bebiendo sin problemas y con una sonrisa retadora tras esquivar con elegancia y hacer malabarismo con la cuchara y el plato.
—¡Pare de comer…! —agarró un palo para pegarle, pero sin ningún esfuerzo se le fue arrebatado y se le hizo una zancadilla para que cayera de boca al suelo. El panda degustaba feliz su sopa. Xiao se levantó para pegarle, pero el panda lo esquivó y con una cachetada lo tumbó de espalda en el suelo. De un salto fue contra el panda, quien con el palo lo hizo dar media vuelta desde el hombro mirando para el otro lado. El tigre miró se miró desconcertado.
En sus ratos libres decidió golpear rocas, golpear y golpearlas solo por placer. Se sentía como un gran aprendiz al hacer esto.
Seguía golpeando las rocas, la luz de la luna lo acompañaba. La cicatriz en su hombro izquierdo era más presente que nunca, formaba una línea perfecta sin pelo. Su sombra era la única que se movía con tanta agilidad.
Los entrenamientos continuaron, los días también. Xiao cometía cada vez menos errores. Po lo guiaba con tacto, enseñándole cada movimiento que conocía. Corrían por los bosques, nadaban por los estanques aledaños, trepaban las montañas, dormían al aire libre.
Los golpes en la roca seguían. El tigre blanco se podía defender cada vez mejor. Sus golpes al panda cada vez eran más armoniosos y con un propósito específico.
Los golpes seguían aún más y su sombra se veía más alta. Ya no era un tigre de doce años, era uno de trece. Continuaron por largos periodos los entrenamientos, cada vez más ágil en las disciplinas, pudiendo correr por los troncos de los bambúes sin romper ni uno. Viajes de ida y vuelta fueron programados desde la primera visita al valle de la paz, el único lugar donde se podía entrenar en paz.
Los golpes seguían con más potencia, en cualquier lugar donde estuviera en paz, ya sea en una roca oculta a la vista cerca de la cabaña, o al aire libre cerca del estanque de las lágrimas sagradas. Otro año más, con catorce años Xiao realizaba maratones de ida y vuelta desde el valle hasta el estanque. Po observaba contento aquel entusiasmo. Jin fue una que otra vez, pero no fue más desde el tercer viaje, tenía su propia vida, aunque los despedía con mucho cariño vestida siempre con su traje anaranjado oscuro. Li tampoco frecuentó mucho en el viaje, dejó de ir desde la cuarta visita, hicieron tres por año. Y al igual que Jin, tenía que cuidar a su pueblo en la aldea secreta. Pero eso no significó que no fuera a la ciudad comercio, aunque tuvo que acostumbrarse a tener que usar el tinte negro de la ardilla para pasar más inadvertido, eso porque en las épocas de calor era infernal ir por las calles todo tapado. De Zeng su historia fue más sencilla, se lo llevó a fuerzas y vivió los siguientes años en la cabaña con Po y Xiao. Limpiaba si cesar, se acomodó bastante a pesar de siempre ir con la mirada perdida. Era el que despedía junto a Jin a sus dos compañeros de hogar, pensando que eran Oogway y Shifu.
Hubo algo que al pequeño le fascinó desde su segunda visita, la lectura de los pergaminos en aquel salón del palacio, con pilares rojos adornados con dragones de piedra jade amarilla. Aquellas lecturas le fascinaban, podía pasar horas bajo la luz de una pequeña vela. Se instruía cada vez más. Pero no estaban todos los rollos que alguna vez hubo, siendo la mayoría destruidos por Kai en el pasado. Los registros más actuales fueron destruidos, lo que incluía los datos del guerrero dragón.
Lectura, meditación en la zona mística, entrenamiento duro… los golpes en las piedras seguían, las maratones continuaban, con un saco de arena en cada lado. Sus hombros se hacían un poco más anchos, su altura se acercaba a la de Po. Otro año más se notaba en su silueta con la luna menguante de fondo. Ya tenía quince años.
Las peleas entre él y su maestro eran mucho más equilibradas, ambos atacaban con precisión y se defendían con precisión. La pelea de palos era cada vez más dinámica, saltaban por las rocas. Se equilibraban en las cimas haciendo giros y dando golpes al suelo, mientras el polen con luz propia los rodeaba y los hacía ver épicos al tener una perfecta sincronización.
Meditaban juntos en la cueva del dragón. Y el dojo se volvió parte del entrenamiento. La flexibilidad del estudiante crecía.
La lluvia caía torrencialmente, pero seguía golpeando las rocas. Durante esos años nunca pudo romperlas, pero ahora era el momento decisivo. El guerrero dragón en su calidad de maestro observaba oculto a su aprendiz, con una sonrisa de orgullo en su rostro. La luna llena iluminaba con potencia y hacía brillar las gotas. La roca retumbaba con cada puñetazo, con cada patada. De un salto se impulsó hacia adelante, dio un giro y estirando su pierna con toda su potencia le pegó con su tobillo a la superficie de aquella enorme y dura masa grisácea. Un relámpago azul iluminó todo el cielo. Po seguía observando, anonadado y expectante.
No sucedió nada. Él miraba serio y con el ceño fruncido. Equilibraba en un solo pie y con los brazos en posición de defensa. Su cola se mantenía erguida. Solo llevaba pantalón y sandalias. Una enorme grieta partió aquel monumento de la naturaleza de diez metros de altura. Y no solo eso, en el suelo se ramificó la misma grieta, parecía un fractal perfecto. El trueno fue lo que siguió, estruendoso y tan potente que podría hacer palpitar de más a cualquier corazón.
El maestro susurró para si mismo—En verdad es él… —. Y el rostro de ese tigre blanco denotaron ira y tristeza por un momento. Sus ojos combinaron con las estrellas y el hermoso satélite natural. Pero su rostro cambió con una simple sonrisa y para su movimiento final la única acción que realizó fue relajarse.
La lluvia cesó. La luz del sol dio los primeros indicios de su presencia, no una luz amarilla, más bien una parecida al dorado que de a poco reveló el color rojo de las hojas de esos largos árboles. Desde ese día aquel bello lugar tuvo al fin un nombre, y fue conocido por ellos dos como "La pradera del tobillo estruendoso de las mil grietas".
Y con esto se puede decir que han pasado veintidós años desde que aquel retrato en la pared de la cabaña fuera dibujado en los aposentos del palacio de Jade. También se puede decir que el peligro ha estado más presente desde pocos meses después de su primer viaje. Pero si nos ponemos más exactos, ochenta y ocho días después de regresar de su primer viaje.
