Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Círculo completo
(Full Circle)
Un fic de Nora Jeminsen
Traducción por Apolonia
Nota de Autora: Hmm... ¿entonces cuántos de ustedes estuvieron sorprendidos por saber la identidad del niño, eh? No mientan, saben que fueron engañados. Aww, ¿quieren decir que de verdad lo averiguaron? Awwwwww, hombre... ^_^
Pero no tengan miedo; quedan más sorpresas por venir. ^_^
Antes de que proceda con el capítulo 10, aquí están las usuales advertencias/asesoramientos/disclaimers: 1) Si les gusta dejen comentarios. 2) Este fic contiene todo lo que haría a una película clasificada R, así que si están en ese rango menos de 17 so sólo extremadamente cálidos y borrosos, no lo lean. 3) ¿Ven ese "10" En algún lugar por ahí? Eso quiere decir que está es la parte 10. En caso que estén preguntándose, eso es de 26 partes en total. Sí. 26. feliz lectura. =3D)
Así que aquí vamos... y el usual... profundo respiro ¡¡ESCRIBANME!! ¡¡¡POR FAVOR!!! =3D)
Nora
Dragon Ball Z: Círculo Completo
(Parte 10: La prueba del peón: ¡La sentencia a muerte de una ciudad!)
"Se ha dicho que el absoluto poder corrompe absolutamente. Al menos es cierto para los Humanos; sin embargo, los Saiyajin son probablemente únicos en la galaxia en que casi la raza entera tiene el potencia para poder absoluto. Pocos alguna vez se dan cuenta más de una fracción de ese potencial, por supuesto; aún así, el conocimiento que en cualquier momento, un camarada, un superior, un niño pueda repentinamente superar su propio poder y usurpar su lugar debe seguramente tener su efecto en la psique Saiyajin. Con su legendario egocentrismo, ¿cómo pueden suportar su perpetua incertidumbre? No lo hacen. El Saiyajin promedio existe en una elaborada prisión de auto-decepción, cada una creyéndose a sí mismo ser el más fuerte de sus compañeros, aceptando sólo el rígido marco de poder entregado por la tradición y sangre dentro de la sociedad Saiyajin para darse a sí mismo un sentido de lugar en su mundo, y un conocimiento de su propio potencial.
¿Y qué del más fuerte de los Saiyajin? ¿Esos cuyas categorías son seguras por sólo mientras puedan apretarla en sus puños? No tienen la comodidad de la negación. porque ellos deben encarar constante amenaza de ser usurpados. ¿Cómo viven con la incertidumbre, el constante miedo? No sabemos. Pero creo que el suyo debe ser la prisión más terrible de todas."
---El Líder, Memorias de la Ocupación, Cap. 4
Vegeta, Saiyajin no Oji, levantó sus dedos frente a él y contempló las estrellas, preguntándose cuanto tomaría conquistarlas todas una vez que empezara.
Estaba casi listo para comenzar. Su padre había empezado a irritarlo últimamente, y supuso que tendría que ir y matar al hombre; no gozaba con la idea de tomar las cargas de gobernar el Imperio, pero no tenía nada mejor que hacer. Siempre podría delegar los deberes más tediosos a los subordinados, como había hecho en la Tierra; su Élite había probado ser más que competente en gestionar los varios aspectos del liderazgo, y el planeta prosperó. Incluso un contratiempo tal como el que había ocurrido no era dificultad.
Se giró en su silla lejos de la vasta ventana, que mostraba el campo de asteroides y las estrellas más allá de él, y se centró de nuevo en la pantalla de comunicaciones. La cabeza de Kakarotto estaba gacha, como si anticipase el castigo; Vegeta casi frunció el ceño. El Señor Feudal sabía muy bien que su señor no estaba enojado. La resistencia era una molestia, nada más, y la pérdida de su líder, a pesar de irritante, no era un problema que valiese la pena para gastar recurso. Kakarotto sabía esto, Vegeta lo sabía. Le disgustaba, mucho más que la pérdida de un prisionero, que su segundo en comando lo entendiera tan completamente.
Pero había tomado los pasos para aliviarse de ese problema.
Aún así, se concentró en el tema a mano. "Han invadido mi casa," dijo suavemente. "Se han atrevido a entrar sin autorización dentro de mis paredes, y se han llevado algo que es mío." Cruzó sus dedos. "No deben irse impunes. Quiero que sufran, Kakarotto."
"Hai, Oji-sama."
Vegeta consideró eso por un momento, y luego sonrió. "Estos resistencia han estado tranquilos por algún tiempo, curando sus heridas después de mis últimas represalias. Fue sólo un pequeño grupo que redó mi palacio, y sospecho que esto es una señal que su movimiento está en sus agonías. Así que los dejaré morir en paz, y no me molestaré con ellos."
Kakarotto alzó la vista, frunciendo el ceño; era claro que el Señor Feudal de la Tierra quería una respuesta más fuerte. Tomaba tales ataques personalmente, Vegeta reflexionó para sí mismo. Otra señal de la creciente debilidad de Kakarotto.
Muy bien. Le daría a su teniente una miseria. "Sin embargo," continuó fríamente, "tengo en mente golpearlos con un disparo en el lugar más doloroso. La resistencia lucha, o eso dicen ellos, por la gente de la Tierra. Bueno, entonces. Dejemos que la gente de la Tierra sufra por las transgresiones de sus defensores." Entrelazó sus dedos juntos, luego los separó, contemplándolos un poco más.
"Elige una ciudad," le dijo a Kakarotto. "Una larga, preferentemente. Y destrúyela."
Kakarotto frunció el ceño de nuevo. "No tenemos ningún conocimiento de la ubicación de la base de la resistencia, Vegeta-sama"
"No me importa." Kakarotto lo estaba cuestionando. Respetuosamente, cuidadosamente, pero Vegeta no había pasado por alto la importancia de la declaración. El Señor Feudal lo pensaba despilfarrador, tal vez, destruir una ciudad cuando sus habitantes probablemente no tenían nada que ver con los advenedizos que habían cometido la redada en su palacio. Invisiblemente, los dedos de Vegeta se apretaron en su enrejado. Paciencia, se dijo a sí mismo. A pesar de lo mucho que lo divertiría momentáneamente matar a Kakarotto, era mucho más placentero permitirle el juego en el que había invertido tanto tiempo y energía para correr su curso natural.
"No importa si no matas a ningún resistencia," explicó fríamente. "Les dolerá, terriblemente, sin embargo. La gente los culpará a ellos, al manos en parte, por la masacre. Eso es todo lo que me importa. ¿Entiendes?"
Kakarotto asintió, su expresión cuidadosamente neutral. Como si Vegeta no pudiera ver sus pensamientos yendo detrás del rostro de su teniente. El tonto. "Hai, Oji-sama."
"Entonces vé." La pantalla del comunicador se puso oscura, y Vegeta la miró fijamente por un largo momento. Kakarotto. Vegeta podía difícilmente creerlo, pero parecía que su segundo en comando todavía estaba enojado por los nimios incidentes de doce años atrás. Era sorprendente que uno de los guerreros más fuertes de la raza Saiyajin pudiera ser semejante tonto. Pero la evidencia estaba allí, en los ojos de Kakarotto, a pesar de lo mundo que el Señor Feudal tratase de ocultarlo. Había hecho un juramento de lealtad a su Príncipe, y Vegeta no dudaba que lo confirmaría ---tal era la naturaleza del patético espíritu de Kakarotto, que realmente permitía a su sentido del honor paralizarlo. Él era de Vegeta, en mente y cuerpo... pero no en alma.
Y Vegeta demandaba absoluta lealtad de su Élite.
Presionando un botón en el panel ante él, se sentó de nuevo mientras la pantalla se encendía una segunda vez. Se aclaró mientras la llamada era respondida del otro lado, y el receptor parpadeaba y se reverenciaba en repentina sorpresa. "¡Oji-sama!"
"Zarbon," Vegeta respondió ligeramente. "Es bueno verte de nuevo."
El guerrero de piel azul asintió en amable reconocimiento, su siempre perfecto cabello brillando con iridiscentes reflejos. "Hai, Oji-sama. Ha pasado un tiempo. ¿Cómo puedo ayudarlo hoy?"
Vegeta ondeó una mano casualmente. "Nada más de lo que pedí de ti antes, Zarbon. Sólo observa, e informa cualquier cosa inusual que veas a mí. Confío que no tengo que recordarte ser circunspecto."
"No, Oji-sama." El Jefe de Personal de Kakarotto se reverenció de nuevo, luego miró al Príncipe cuidadosamente. "¿Hay algo más en particular que quiera que vea, Oji-sama?"
"No, Zarbon. Nada específico. Sólo tus observaciones, y tus siempre precisas evaluaciones de sus significados. Estoy preocupado que tu amo está perdiendo vista de sus obligaciones, eso es todo. Necesito tu ayuda en asegurarme que mantenga su perspectiva apropiada. Fuiste de gran ayuda para mí en el pasado. Aprecio tu ayuda esta vez."
"Hai, Oji-sama." Zarbon se reverenció profundamente, y Vegeta terminó la comunicación, oscuridad encerrando la cámara de nuevo mientras la luz de la pantalla se desvanecía.
El cuerpo de Bardock no había sido entre las casualidades en el palacio por los resistencias. Él no estaba preocupado; el niño era por lejos más fuerte que cualquier grupo de Humanos y semi-Saiyajin. Si los resistencia habían sido lo suficientemente tontos como para capturarlo de alguna manera, probablemente se liberará lo suficientemente pronto, matando algunos de sus captores en el proceso, y volviendo a casa con la invaluable información sobre su red. Tendría que ser castigado, por supuesto, por su falla, pero derrotaría los propósitos de Vegeta el matarlo. Casi le gustaba el muchacho, realmente. Era claro que había tenido la suficiente suerte de no heredar la débil sangre de su padre.
Vegeta rió para sí mismo. Una buena inversión de hace doce años.
Riendo suavemente, giró su silla de nuevo hacia la ventana, y contempló las estrellas otra vez.
Kakarotto frunció para sí mismo, y trató de decidir cual ciudad iba a morir ese día.
Una pantalla puesta en la amplia mesa en su cuarto de conferencia estaba ahora mostrando un mapa político del continente, con ciudades de al menos un millón de habitantes resaltadas como puntos en el mapa. Irónico que tales diminutos puntos representen tantas almas. ¿Era sentimental de él, se preguntó, sentirse incómodo sobre la destrucción que estaba a punto de causar? Se frunció el ceño en incomodidad. ¿Qué estaba mal con él últimamente? No tenía sentido para él sentirse así. Había destruido planetas enteros antes, y aniquilado especies enteras; la destrucción de una ciudad no debería significar algo para él. Pero aniquilar un planeta era una cosa ---eso tenía un propósito. No podían vender muy bien un planeta con su especie indígena todavía en el lugar; tales limpiezas eran necesarias. Lo que le perturbaba sobre la orden de Vegeta era lo absurdo de ella. ¿Destruir la ciudad serviría como un ejemplo para la población de la Tierra? Indudablemente, ¿Pero haría una diferencia? Él mismo había intentado usar tales "ejemplos" atrás en los días de la actividad de la resistencia, y no habían funcionado; la resistencia no se permitiría ser mantenida cautiva. Destruir la ciudad no ganaría absolutamente nada útil más que saciar el orgullo de Vegeta.
Pero él tenía sus órdenes, y las seguiría, a pesar de lo mucho que discrepara. Tomó un profundo respiro y se centró en la tarea a mano. "Esa," le dijo al ayudante mientras miraban al mapa en la pantalla, señalando a un gran punto en la Provincia del Sureste. "Informen a los Saiyajin aquí. Denles tres horas para desalojar la ciudad, y traigan tanto de sus pertenencias como puedan ---pero dejarán a sus esclavos atrás. Si cualquiera de nuestra gente está todavía allí cuando llegue, entonces morirán también, por ser lentos."
El ayudante palideció, pero se irguió de inmediato. "Hai, Kakarotto-sama." Giró sobre su talón y se fue. Kakarotto se dio vuelta del mapa en la pantalla y se dirigió al vestíbulo principal, poniéndose sus muñequeras mientras miraba sobre el paisaje en los alrededores desde el balcón. Había elegido tener su ciudadela puesta en el pico más alto de una de las más grandes montañas cubiertas de nieve que rodeaba a través de la tierra, a pesar de ---o tal vez por--- su pobre accesibilidad, su aislamiento, su escaso aire y perpetuo frío. El frío no le molestaba, y la majestuosidad de la vista más que compensaba las varias incomodidades del lugar. Los accidentados picos de nieve y traicioneros valles lo complacían, en una extraña manera; su magnificencia contradecía su austeridad. Este lugar era hermoso sin ser pretencioso, y todo el respeto que la vista inspiraba era bien ganado. Las montañas, reflexionó ociosamente, apelaban a su sentido de justicia.
Chi-chi, recordó, había amado la vista también.
No podía sacársela de la cabeza.
Vegeta reía a su lado, sobre ellos, Radditz había noqueado a Nappa en un cráter en el suelo, y Kakarotto intentó de nuevo concentrar su mente en el presente. Siempre había sido divertido mirar las ocasionales peleas que surgían entre su hermano y el severo Comandante de Ejército; a pesar del hecho que cada uno se consideraba el superior del otro, estaban equitativamente igualados. A decir verdad, era sólo cual de los dos tenía un ego más grande lo que estaba en cuestionamiento. A veces Kakarotto estaba seguro que Vegeta los mantenía alrededor más por su valor de entretenimiento que por cualquier utilidad de sus partes.
Nappa se salió de los escombros, su expresión asesina; Radditz lo estaba apuntando y riéndose de él. El calvo guerrero se limpió, ajustó su armadura... y se lanzó hacia Radditz, atrapando al más pequeño hombre por sorpresa con un puño en el medio de su risa. La risa de Radditz fue interrumpida bruscamente, y Vegeta rió de nuevo. El Príncipe miraba sobre su hombro a Kakarotto.
"Has entrenado bien a tu hermano," acentuó. "Tiene mucho más poder que el que debería, considerando que tenía tan bajo potencial. Solía pensar que tú eras alguna case de accidente extraño entre los guerreros de clase baja, pero parece que Radditz también encaja en tu patrón. Tal vez había algo más en la sangre de tu padre de lo que alguien pensó."
Kakarotto se encogió de hombros; apenas había conocido a su padre. Bardock había sido un soldado ordinario, que había seguido el usual patrón de la clase baja de interminables misiones y rápida vida antes de que muriese. Si hubiese habido algo especial sobre el hombre, no se hubo mostrado en su registro de servicio o nivel de poder. "Aa. Tal vez."
Su padre había sido considerado un compañero deseable, Kakarotto reflexionó para sí mismo mientras la batalla continuaba arriba de él, sin ser vista. Él nunca había una compañera, pero probablemente hubiera engendrado otra media docena de hijos si hubiese vivido; había sido apreciado entre los guerreros de clase baja. Kakarotto había sido afortunado, tal vez, en heredar la apariencia de su padre. Se encontró preguntándose, por un momento, si era atractivo. Luego frunció el ceño; él nunca se había preocupado por su apariencia antes. Guerreras mujeres de varios rangos parecían encontrarlo atractivo, y nunca le había preocupado si ellas habían estado interesadas por su personalidad o por su rango como un Élite; ellas iban y venían, ambas partes se divertían, y él seguía con sus asuntos. Pero ahora no podía evitar sino preguntarse.
¿Ella lo encontraba atractivo? se preguntó repentinamente. ¿A ella le gustaba ---y si es así, era por él, o porque él era su dueño? ¿Lo sabría alguna vez?
No si ella no volvía.
Él había estado en casa dos veces desde la última noche que ella había venido a hablar con él, y ella no había venido a visitar ninguna vez. Supuso que era de esperarse; le había dado una opción, después de todo. Tal vez no volvería de nuevo. Ella era una esclava; ahora que fue liberada de su obligación de venir a él, tal vez pensó que era prudente evitar el inusual interés de su amo. Tal vez ella simplemente le había seguido la corriente durante sus visitas previas, obedeciendo sus órdenes de hablar libremente ---y tal vez él había leído más de ello de lo que debería haber leído. Había pensado... había estado seguro que ella había disfrutado de sus charlas tanto como él. Pero tal vez se había equivocado. Le molestaba, más de lo que había pensado que le molestaría.
Fue sólo entonces que se dio cuenta que el Príncipe lo había estado mirando por un momento, y él se centró bruscamente en su señor, tenso. Vegeta alzó una ceja. "Pareces distraído hoy, Kakarotto," dijo con suavidad.
Kakarotto bajó su cabeza brevemente en reconocimiento, pregutándose que diablos lo había poseído para perder su concentración frente al Príncipe de los Saiyajin. "Sumimasen, Vegeta. Sólo tengo mucho en mente."
"Hmmph. Me han dicho que la resistencia ha estado incrementando su actividad entre las rutas de navíos, últimamente."
"Hai." Internamente liberó un suspiro de alivio que el Príncipe haya mal interpretado su distracción. "Son un problema."
"Radditz dice que han estado volviéndose más descarados, planteando operativos en las casas de guerreros de alto rango." Vegeta frunció el ceño, volteándose de nuevo a la protesta airada y retumbando sus dedos en el metal, irritado. "No tienen el poder para ser una verdadera amenaza, pero la molestia que crean está creciendo. Pronto tendremos que tomar pasos para eliminar esa molestia."
"Hai. Pero tengo poco miedo de los Humanos."
Vegeta rió, y asintió. "No te culpo. Pero no hay necesidad de ser descuidados. He escuchado historias que me perturban bastante últimamente." Cruzó sus brazos. "Está todo bien y tranquilo para los guerreros de clase baja distraerse con los Humanos. A nadie le importa algunos media razas más; las mujeres Humanas engendran como conejos, y es bueno para el mercado de esclavos de arena, de todas maneras. Pero algo más lamentable; he escuchado historias de guerreros, incluso esos en los altos rangos, manteniendo a sus mocosos semi-Saiyajin cerca, o manteniendo a una Humana como un consorte." El Príncipe frunció el ceño para sí mismo. "Ningún verdadero guerrero haría tal cosa. Tal vez nuestra gente está siendo excesivamente influenciada por la proximidad de esas patéticas, sentimentales criaturas."
Kakarotto sintió un frío en la boca de su estómago. "Hai, Vegeta."
Vegeta suspiró, alzando la vista de nuevo; Nappa y Radditz en una llave de cabeza, pero estaba teniendo dificultad de sostener al más pequeño porque el cabello de Radditz se mantenía sentado en su rostro. "Supongo que no se puede evitar. Nunca han habido suficientes hembras en nuestra raza, y supongo que al menos que podamos de alguna manera remediar ese problema, esta tontería continuará. Tal vez podríamos empezar a usar a la más fuerte de las hembras semi-Saiyajin como compañeras ocasionales, o algo. Lo consideraré más tarde." Ondeó una mano, descartando el problema.
Kakarotto asintió, y se quedó en silencio detrás de su señor.
Arriba, Radditz había logrado liberarse de la llave de cabeza, ambos hombres cerniéndose en el aire, colgando inmóvilmente con agotamiento y aún mirándose uno a otro, juntando la fuerza para luchar de nuevo. Vegeta suspiró una segunda vez, aburrido. "Suficiente," gritó, y ambos se sobresaltaron, volteándose para parpadearle en sorpresa. El Príncipe cruzó sus brazos, frunciendo el entrecejo. "Han estado así todo el día y no ha habido ningún vencedor; estoy cansado de mirarlos, y no estoy listo para permitirles matarse uno a otro hoy de todas maneras. Vayan a casa, límpiense, superen lo que demonios sea por lo que han estado discutiendo esta vez, y vuelvan a sus deberes."
Nappa suspiró y comenzó a bajar su poder; Radditz miró por un momento como si protestaría, pero entonces la prudencia se re-asentó y asintió en resentida aquiescencia, también dejando bajar su ki. Vegeta los miró un momento y luego dijo, sobre su hombro, "Tú, también, Kakarotto. Eres libre para irte hasta que te necesite de nuevo."
"Hai, Vegeta. Arigato." Estaban de pie sobre un acantilado mirando un vasto cañón, donde hay visto a ver la batalla de Nappa y Radditz; Kakarotto se levantó y se fue del acantilado, y voló sobre los peñascos y en las profundidades que se propagaban debajo.
No quería pensar en lo que Vegeta había dicho un momento antes. Sus implicaciones eran claras, y no había confusión alguna en la inherente amenaza en las palabras del Príncipe. Él no pensaba que las declaraciones de Vegeta estuvieran dirigidas directamente hacia él... pero lo estaban, sin embargo. El Príncipe mantenía su Élite en los estandartes más altos que el resto de los Saiyajin; podía dejar pasar "debilidad" en los otros, pero no en los tres guerreros que eran más cercanos a él. Y especialmente no en Kakarotto, el más cercano de todos.
¿Pero es debilidad? se preguntó de repente. ¿Lo que quiero de Chi-chi? Pero... qué quiero de ella?
Era una pregunta que ni él estaba seguro de poder responder.
El vuelo a casa fue breve, para el momento que aterrizó en la plataforma sintió como si hubiera dado vueltas por la Tierra unas varias docenas de veces. En un inexplicable mal humor, indicó al acercamiento de Zarbon y sus ayudantes con un cortante despido de su cola que se alejaran; no se sentía como para escuchar una lista de las trivialidades del día y las preocupaciones de mañana. Sólo quería ir a sus cámaras y dormir, y Ou-sama ayudara a cualquiera que se atreviese a interferir con su descanso ahora.
Sus guardias, tal vez sintiendo su humor, fueron lo suficientemente sabios en no decirle nada mientras subía los escalones, privándose de su usual saludo; simplemente abrieron las puertas y no lo miraron. Tampoco esperaba que tuvieran excepcionales poderes de observación, o un muy bien desarrollado sentido de la auto-preservación; de cualquier modo, les agradeció silenciosamente por ahorrarse sus vidas.
Sus apartamentos, mientras pausaba sólo dentro del umbral, dejando las puertas cerrarse solas detrás de él, nunca habían parecido tan... simples antes. Siempre se había considerado un hombre simple; los guerreros no necesitaban excesivos lujos en su opinión, y lo básico le servía bien. Oh, tenía suficiente para sentar bien su estación: la habitación principal misma estaba elegantemente diseñada y circular, con una gruesa alfombra y su favorito amplio, reclinable sofá; más allá de esto, sin embargo, sólo estaba su mesa (larga lo suficiente, al menos, para acomodar sus comidas), algunas sillas, una pantalla vista, y varios estantes vacíos. Ningún estante para libros, aunque él no tenía interés en la literatura de todas maneras, y ninguna decoración más allá de la arquitectura de la habitación misma. Había una cocina adjunta a la habitación principal, que los sirvientes mantenían bien provista con comida; no estaba siquiera seguro qué había allí dentro además de del armario y el refrigerador. Entre los cuartos de atrás estaba su habitación para dormir, la que apenas veía ya que usualmente dormía en su sofá, y la cámara donde guardaba su armadura, equipos, y otras cosas corporales, su arma preferida. Siempre le había gustado la simplicidad del apartamento antes; era el lugar de un guerrero. Espartano, lo hubieran llamado los Humanos. Pero ahora, por primera vez, parecía casi... vacío.
Con un cansado suspiro, cruzó la habitación dirigiéndose hacia su sofá, sacándose su armadura y traje mientras caminaba y los arrojaba sin cuidado al suelo detrás de él, donde los artículos aterrizaban con un pesado ruido. Sacándose sus botas, se arrojó en el sofá y cerró sus ojos, dispuesto para dormir.
Pero tan pronto como había cerrado sus ojos, sus sentidos lo alertaron de abrilos de nuevo; se sentó y miró alrededor, sospechoso. Todo parecía estar en su lugar habitual... pero había un espeso olor de comida en el aire, salado lo suficiente para hacer que su boca se humedezca inmediatamente. No había ordenado la cena ---y sin embargo miró a la mesa, vio entonces que una llena propagación de platos esperaba allí. Y mezclado con el aroma a comida esta esa ligera, más sutil fragancia de jazmín...
La puerta de la cocina se abrió bruscamente, y él miró fijamente mientras Chi-chi salía, cargando un amplio plato de algo al vapor que colocó entre los otros en la mesa y luego se enderezó para limpiar sus manos con satisfacción mientras evaluaba el banquete. Se volteó a la cocina, y se sobresaltó, viéndolo repentinamente, jadeando fuerte. "¡Kakarotto-sama!"
"Chi-chi," respondió automáticamente, sintiendo como si hubiera sido golpeado por un pequeño disparo de ki. "¿Cómo entraste?"
Ella se puso sobre una rodilla inmediatamente, reverenciando su cabeza. "Gomen nasai," tartamudeó inmediatamente. "Les pedí a los guardias que me dejaran entrar; ellos me conocen así que lo hicieron. No pensé---"
Él se levantó y fue hacia ella, inclinándose para levantarla suavemente por sus hombros. "No me molesta," le dijo. "Sólo estoy sorprendido de verte." Ella alzó la vista mientras él la sostenía por un momento, incapaz de pensar en algo más para decir; bruscamente ella bajó la vista y la alejó, incómodamente, y él la soltó. Para concentrarse en algo además de ella, se dio vuelta y miró fijamente en asombro a la mesa.
"Espero que no te moleste," explicó avergonzadamente. "Me gusta cocinar. Y tú tienes una linda cocina, así que..."
Él ciertamente no le molestaba, no cuando la comida que había preparado parecía y se olía mejor que la mejor comida que su propio chef usualmente preparaba. Haciéndole señas para que se siente frente a él, él mismo se sentó y se acomodó, y estaba bastante complacido en descubrir que sabía tan deliciosa como se veía. Chi-chi estaba en silencio mientras él comía, sin encontrarse con sus ojos a través de la mesa, y mientras él terminaba el último plato se sentó hacia atrás, frotando su barriga y exhalando fuertemente en placer. "Mataré al chef mañana," declaró, luego lo enmendó cuando la vio hacer un gesto de dolor. "O lo despediré. Lo que sea que quieras. Sólo cocina así para mí otra vez algún día."
Ella se ruborizó, bajando sus ojos, y él se encontró mirándola fijamente antes de hacer un esfuerzo y alejar la mirada.
Bruscamente ella se puso de pie, su nerviosismo claro en sus movimientos, y comenzó a juntar los platos vacíos. "Yo llevaré estos..."
Él se puso de pie también, y dio un paso alrededor de la mesa para tomarlos de ella, poniéndolos sin cuidado de nuevo sobre la mesa. "Déjalos," dijo sin cuidado. "Para eso están los sirvientes."
Ella alejó la mirada de nuevo, manteniendo sus ojos bajos. "Pero yo soy una sirvienta," dijo tranquilamente.
Él se tensó ante sus palabras. Era cierto; casi se había olvidado por un momento que ella era una esclava. ¿Cómo podía olvidarse de algo así de básico? No podía ser sólo que estaba usando otro de los vestidos de Zarbon, este era un adorable verde claro con diseño floral dibujado en la seda, en lugar del usual traje gris de los esclavos. Había más en su desliz que se meramente olvidadizo... ¿pero qué era? Sufrió un instante de consternación, mezclado con una vaga sensación de vergüenza.
¿Vegeta-sama tenía razón? ¿Estar alrededor de ella me está volviendo suave?
Pero mientras él la miraba... a la manera que su largo cuello se curvaba mientras ella alejaba su mirada, sueltos mechones de su cabello cayendo a cada lado... la vergüenza fue eclipsada por algo más. Algo más poderoso.
"No para mí," dijo en impulso, acercándose para tomar sus manos. Ella alzó la vista hacia él, sobresaltada y cuidadosa ---y repentinamente furiosa.
"Soy una sirvienta para ti y para cualquier Saiyajin que pase," dijo tajantemente. "Eso es lo que 'esclavo' significa, ¿recuerdas? Yo te pertenezco." Escupió lo último como si fuera veneno. Él la miró fijamente en sorpresa, y ella repentinamente arrebató sus manos lejos de las de él, dándole su espalda para cruzar sus brazos sobre su pecho. Curiosamente, él notó, el gesto la hacía parecer más vulnerable.
"Debería haber sabido," dijo, su voz suave con tensión. "Ni siquiera puedes ver cuan erróneo es esto. Dices que no soy una sirvienta para ti ---¿entonces que soy? ¿Una cocinera? ¿Una médica? ¿Qué soy para ti?"
No estaba seguro que decir. Nunca la había visto así. "Realmente no lo sé," admitió suavemente. "Me gustan nuestras charlas. Tus argumentos no tienen mucho sentido para mí, pero crees en ellos y estás dispuesta a luchar por ellos. Te respeto por eso."
Ella volvió a mirarlo sobre su hombro, frunciendo el ceño, sus ojos enterrados en los de él; incómodamente él se dio vuelta y fue a cubrirse en su sofá, descansando la parte de atrás de su cabeza sobre un brazo para mirarla, esperando que su casual postura ocultase la inexplicable incomodidad que se había movido a través de él con su mirada. Ella se volteó de nuevo, apretando sus puños; él se dio cuenta, con algo de sorpresa, que ella estaba temblando.
"¿Cómo puedes respetarme?" demandó al final. "Sólo soy una baja muchacha esclava, sólo una débil pequeña Humana que pensaste podría entretenerte por un tiempo. Pensé que ustedes los Saiyajin sólo respetaban la fuerza."
"Lo hacemos. Tú eres fuerte."
"No más fuerte que cualquiera. Que cualquier Humano que tenga que soportar este horrible sistema," escupió. "Eso es lo que no entiendo. ¿Cómo puedes respetarme, y todavía tratar a todos los demás Humanos como si no fueran personas?"
Él frunció el ceño. Habían llegado a un círculo completo, parecía, desde la primera vez que habían hablado, cuando ella le había hecho una pregunta similar. Sintió una repentina irritación, y se sentó.
"No conozco a todos los otros Humanos," dijo. "¿Por qué piensas que he estado hablando contigo¿ Tu especie no tiene absolutamente ningún sentido para mí, y la única manera que puedo incluso comenzar a entenderlos es a través de las discusiones que tengo contigo. No puedo juzgar a otros Humanos porque no los conozco. No como a ti."
Ella se volteó y sus ojos eran repentinamente fríos y duros. "¿Y tú crees que me conoces? ¿Es eso?"
Él la miró de nuevo a sus ojos y entendió entonces que este era su desafío, ese era el momento en que ella lo juzgaría y tanto lo querría o aceptaría. Su gente resolvía tales momentos con combates; tal vez esta era la manera de su gente. Los Saiyajin eran más simples, decidió. Había sólo dos posibles resultados; victoria o muerte. ¿Pero que significaría el resultado de su juicio para él? ¿Qué significaría el rechazo... o más perturbante, aceptación?
¿Y cuál quería él?
Él nunca quitó sus ojos de los de ella. "Sí," dijo él simplemente.
Su rostro se contorsionó en ira ---y ella saltó sobre él. Él se sobresaltó en sorpresa, luego se congeló, y sintió algo diminuto y filoso presionar en la piel de su cuello. Ella se sentó a horcajadas sobre él, con un simple dedo apuntando su garganta; si estaba tratando de pincharlo, su intento era para reírse... pero él inmediatamente sintió que esa no era su intención. El instinto lo urgió a luchar; un simple golpe a sólo una fracción de su poder, entregado con una velocidad que ella ni siquiera vería, y él podría matarla fácilmente. Pero... él miró en sus oscuros ojos y vio, mezclado con la dura determinación allí, algo más que lo hizo detenerse.
"No te muevas," dijo furiosamente, su rostro a pulgadas del de él. "Tengo una aguja en tu garganta, cubierta con uno de los pocos venenos que hemos encontrado que pueden matarlos a ustedes bastardos. Un movimiento ---un rasguño, y estás muerto." Sus ojos se angostaron. "Ahora me conoces Kakarotto, Ahora, sabes todo."
Escuchando un paso detrás de él, sintió el ki de Zarbon mientras su Jefe de Personal salía del balcón para unirse a él.
"Él Príncipe me ha dado sus órdenes, y estaré volando hacia el sur para destruir la ciudad allí," dijo, ajustando la banda izquierda. "Te sugiero que cuides cualquier artículo frágil en la ciudadela, Zarbon. Trataré de localizar el disparo, pero la onda podría alcanzar hasta aquí."
"Hai, Kakarotto-sama." Zarbon estuvo en silencio por un momento, y Kakarotto se volteó para fruncirle el ceño. El Jefe estaba frunciendo el entrecejo, su expresión preocupada.
"¿Qué?"
Zarbon agachó su cabeza rápidamente en disculpas. "Perdóneme, Kakarotto-sama, pero... sólo parece que no está enteramente complacido con la decisión del Príncipe."
Él volvió a mirar a Zarbon, y por un momento debatió confiarle sus verdaderos sentimientos a su Jefe... pero se decidió en contra de ello. Él era un guerrero, y un Élite, y sería inapropiado para él cuestionar las órdenes de su Príncipe, particularmente frente a un subordinado. "No es nuestro lugar dar una segunda opinión sobre Vegeta-sama," dijo tranquilamente. El viento sopló, filoso y frío desde las montañas cercanas, por el lado de arriba de la ciudadela y pasado el balcón; su cabello se movió un poco, poniéndose de nuevo en su lugar casi inmediatamente. Tan frío como la sensación en su corazón... pero esperaba la frialdad. Siempre venía a él antes de una batalla, y aunque esto sería más una masacre que un combate, le daba la bienvenida a la sensación. Él era un Saiyajin; si hubiera sentido algo más, lo hubiese perturbado profundamente.
Le dio la espalda al otro hombre. "Cualquiera sean mis sentimientos personales, Zarbon... tengo mi deber. Lo seguiré con la mejor de mis habilidades." Ajustó su otra muñequera, miró sobre el vasto paisaje de las masivas, enormes montañas, y cruzó sus brazos.
"Hai, Kakarotto-sama," dijo Zarbon, después de que un largo momento hubiese pasado. "Entiendo."
