Capítulo 10:

La cena en Alfredo transcurrió entre risas y alegres charlas. Kate se sentía cada vez más integrada y acogida en esa familia, o como le decía Rick constantemente, su familia.

Martha estaba pletórica y les estuvo contando muchas anécdotas de la audición, como la de aquella actriz que apareció totalmente ebria y terminó cayéndose, o aquella otra, bastante dura de oído, que a cada rato, preguntaba: "¿Cómo dice chico?", refiriéndose al director.

Alexis no paraba de reír, estaba feliz por su abuela, y por su padre, le encantaba que estuviese con Kate.

Por su parte Castle estuvo un buen rato mortificándola, porque no había leído la obra, menos mal que contaba con el apoyo incondicional de las otras dos mujeres.

-¿Os podéis creer que Kate no ha leído la obra? – preguntó con tono falsamente sorprendido – ¿a que es inconcebible?, pero yo me he encargado de enmendar eso y le he traído mi ejemplar.

-Por supuesto que me lo puedo creer – contestó su madre – no todo el mundo lo lee todo como tú, hijo, que hasta te entretienes leyendo las etiquetas del champú y de los cereales, vamos cualquier cosa que tenga letras – y dirigiéndose a Kate – no le hagas caso querida, cuando se pone pesado no hay quien lo aguante.

-Yo también te quiero madre.

-Gracias hijo, pero piensas que todo el mundo tiene que ser un ratón de biblioteca como tú, y hay personas que tienen otros gustos literarios o simplemente no les gusta leer.

-A Kate si le gusta leer, soy su autor favorito, y eso me halaga, pero ya le dije que no me importa que lea a otros colegas.

-¡Tan modesto como siempre! – intervino Kate.

-De verdad hija – comentó Martha – no entiendo cómo eres capaz de aguantarlo.

-Ni yo misma lo sé – respondió riendo ella.

-Yo si lo sé – respondió con tono meloso y sorprendiéndola con un beso – ¿queréis que os lo cuente?

-Rick por favor – comentó ella apurada.

-Papá, que hay menores delante – dijo alegremente Alexis.

Y así siguieron durante toda la cena. Después de los postres pidieron champán para brindar, menos Alexis que lo hizo con agua. Al terminar la cena, Rick llevó primero a su madre y a su hija a la casa, y allí se despidió de ellas diciéndoles que no lo esperaran ya que él y Kate tenían mucho trabajo esa noche.

Kate se sonrojó bastante.

-Por favor Rick, ¿Cómo le dices eso a Martha y a Alexis?

-No te preocupes Kate, él es así – dijo la niña – ya estamos acostumbradas, porque a pesar de todo se hace querer.

-Es verdad que tenemos mucho trabajo, vamos a leer un libro entero – dijo muy serio – pero mira que sois malpensadas, me ofendéis.

-Buenas noches papá, buenas noches Kate.

-Buenas noches – se despidió también Martha.

Llegaron a casa de Kate. Ésta fingiendo estar enfadada le preguntó:

-¿Piensas quedarte a dormir aquí?

-Pues claro.

-Te prepararé el sofá, recuerda que yo tengo que leer un libro – dijo intentando aparentar una seriedad que no sentía.

-De eso nada detective, esta noche vamos a trabajar otros aspectos, el libro y lo leerás mañana.

Y antes de que ella pudiera volver a protestar la cogió en brazos y fue con ella hasta el dormitorio, donde la dejó encima de la cama, acostándose a su lado y mientras le iba quitando la ropa, besaba cada lugar que descubría. Empezó a acariciarla, de esa manera que a ella la volvía loca y la dejaba sin voluntad. Ella tampoco perdió el tiempo, respondía a sus besos y caricias, y también le ayudó a deshacerse de su camisa y pantalones. Entre susurros, jadeos y palabras de amor se amaron plenamente.


Durante las siguientes semanas, su relación siguió como hasta entonces. Castle iba cada vez que podía a la comisaría, aunque algunos días se quedaba escribiendo. Se mantenían como siempre, aunque los dos estuvieran deseando lanzarse el uno a los brazos del otro.

Sus compañeros tenían la mosca detrás de la oreja, aunque ellos no decían nada, las miradas de los dos eran distintas. Se creían que disimulaban, pero no podían evitar que algo se les notara, sobre todo, porque algunas veces no podían resistir la tentación de meterse en la sala de descanso y a pesar de tener mucho cuidado para que no los pillaran besándose, si entraba alguien que los conociera bien, si notaba que algo pasaba entre ellos.

Solo cuando iban a ver a Lanie para algún caso, podían actuar con naturalidad ya que la forense era la única que seguía sabiendo que ya llevaban algún tiempo, juntos. Castle, quería de una vez por todas gritarle al mundo su amor por Kate, pero esta seguía renuente a que se enteraran. En el fondo seguía sintiendo miedo, a que aquello acabara algún día y todos sus amigos la compadecieran, como otra que dejó Richard Castle.

Pero Lanie en esto apoyaba totalmente a Castle, pensaba que ya era tiempo de que hicieran pública su relación, pero en eso Kate era terca como una mula, y no había modo de convencerla.

Uno de los días que fueron por la morgue, acudiendo a la llamada de Lanie, la encontraron totalmente absorta analizando unas muestras.

-¡Hola Lanie!, ¿Qué tienes para nosotros?

-Pero si está aquí mi pareja favorita, anda daos un besito para que yo lo vea, porque como seguís de incógnito, a veces me pregunto si lo vuestro no será un espejismo.

-No vamos a exhibirnos besándonos delante de ti – protestó Becket indignada.

-¿Y por qué no? – la contradijo Castle – es la única junto con mi madre y mi hija, que sabe lo nuestro, así que bien podemos aprovecharnos – mientras la sorprendía con un beso en los labios y un apretón en el culo.

-¡Castle!, no hagas eso – protestó ella – aquí no.

-Pues en otros sitios bien que te gusta – dijo sorprendiéndola de nuevo con un abrazo, mientras sonreía.

Ella se separó enfadada, como no queriendo que su amiga presenciara los cariños que Castle le hacía. Él muy serio, se dirigió a la forense:

-Lo ves doctora Parish, la inspectora Becket solo me quiere como un objeto sexual. Solo le sirvo para calentarle la cama, después de eso ya no le sirvo para nada más.

-¡Castle! – gritó Becket horrorizada – ¡como dices eso, sabes de sobra que no es verdad!

-Entonces, ¿por qué no quieres que nadie se entere de lo nuestro?, en la comisaría todos se han dado cuenta de lo que sentimos el uno por el otro – se estaba exaltando un poco – a todos nuestros amigos les alegraría saber que por fin estamos juntos, ¿no es cierto Lanie?

-Pues claro que si – respondió la aludida, que estaba empezando a sentirse un tanto violenta al tener que presenciar la discusión de sus amigos – yo ya me alegro y estoy segura de que los chicos también lo celebrarían.

-Todavía no estoy preparada para que el mundo se entere de lo nuestro, ¿vale? – respondió bastante enfadada – dijiste que no tenías prisa, que no querías estropearlo. Pues bien, Richard Castle, no lo estropees y cállate la boca.

-De acuerdo inspectora, cierro mi boca y me callo, no te preocupes no volveré a hablarte de este tema, no quiero presionarte – dijo con un cierto retintín en la voz.

-Estupendo – seguía enfadada – te espero en el coche – y salió dando un portazo.

-¡Espera! – gritó Lanie, pero ya se había ido – no le he dicho lo que he descubierto del caso – dijo dirigiéndose a Castle.

-Si te sirvo yo – respondió Castle con cierto tono de tristeza – te juro Lanie que no sé qué le pasa a Kate, no entiendo porque este secretismo sobre lo nuestro.

-Tiene miedo, chico escritor, en el fondo tiene miedo, prométeme que no le vas a decir nada de lo que voy a contarte, pero Kate se ha enamorado de ti como no lo ha hecho nunca de nadie, y eso la aterra.

-¿Yo le doy miedo? – preguntó sorprendido – pero si soy totalmente inofensivo.

-Le da miedo lo que siente por ti, porque se siente vulnerable, no soportaría que lo vuestro saliera mal, que le hicieras daño, y ¿sabes qué?, yo tampoco te lo permitiría, si la lastimaras, usaría contigo toda mi nueva colección de bisturís y escalpelos y me convertiría en tu Lorena Bobbit particular.

-¡Huyss, doctora, que sanguinaria! – dijo con un escalofrío al pensar en lo que proponía hacerle Lanie.

-No lo sabes tú bien, Kate es mi mejor amiga, y no voy a permitir que nadie le haga daño, si está en mi mano evitarlo.

-Yo nunca le haría daño Lanie – dijo Castle ahora muy serio – por lo menos de manera consciente. Quiero a Kate con toda mi alma y te juro que preferiría morir antes que lastimarla.

-Te creo, Castle, sé que la quieres y que eres lo mejor que le ha pasado, así que deberás tenerle paciencia. Toma – dijo dándole unos papeles que acababa de imprimir – llévate una copia del informe para que pueda verlo, y que me llame si tiene alguna duda y anda ve con ella, que estará harta de esperar.

Castle salió a la calle y se dirigió al coche aparcado. Entró dentro, ella miraba por su ventanilla y estaba muy seria.

-Ya era hora – dijo todavía enfadada – estaba a punto de macharme.

-Me quedé mientras Lanie imprimía una copia del informe, al final no te quedaste para que te contara lo nuevo que había descubierto.

-No iba a seguir aguantando tus tonterías.

-Siento si te he molestado, no era mi intención, te prometo que nunca me volveré a mostrar cariñoso contigo en público, dejaré los arrumacos y los cariños para nuestros momentos de intimidad, eso si no estás muy enfadada conmigo, claro.

Ella se volvió y lo miró seria.

-Yo también siento haberme puesto como me puse, no sé qué me pasó, pero entiende que no quiera que nadie sepa lo nuestro todavía.

-Claro – dijo él recordando lo que había hablado con Lanie, pero sin entender nada – seguiremos siendo amantes secretos – sonrió mientras lo decía – eso le dará un cierto aire de misterio a nuestra relación. ¿Nos vamos?

-Si claro – dijo ella – ¿me vas leyendo el informe mientras conduzco?

-Por supuesto – contestó él, que empezó a leerle el informe, como si estuviera dando un discurso, interrumpido por algunas expresiones de asco, al leer algunas partes muy detalladas de la autopsia, lo que provocó en ella más de una carcajada, por las tonterías que hacía, lo que sirvió para distender la tensión que hacía solo un rato se había interpuesto entre ellos.


Fueron pasando los días y su relación seguía siendo secreta, menos para las únicas tres personas que lo sabían. Ellos, lo llevaban bastante bien, eran felices así, aunque Castle seguía esperando pacientemente a que ella se decidiera a contarle al mundo lo suyo. Él seguía yendo a la comisaría, aunque a veces se quedaba escribiendo, se seguían viendo por las noches, casi siempre en casa de ella, y hasta repitieron un fin de semana en Los Hamptons.

Habían hecho planes para aquella tarde de viernes. Habían estrenado una película que ambos tenían interés en ver, así que pensaron ir al cine, cenar en algún sitio tranquilo y luego terminar la noche en casa de Kate. Casi era la hora de salir cuando a Kate le sonó el teléfono. Era una llamada de Castle.

-¡Hola Rick!, ya casi estoy lista, ¿me vienes a recoger o nos vemos en el cine?

-¡Hola!, lo siento – dijo con pesar – pero no voy a poder salir esta noche.

-¿Ha ocurrido algo? – preguntó preocupada.

-Es Alexis, no se encuentra muy bien, le están saliendo dos muelas del juicio, y le está doliendo bastante, además parece que tiene un poco de infección y tiene algo de fiebre, y como mi madre está ensayando no quisiera dejarla sola.

-¡Vaya, sí que lo siento!, no te preocupes, lo dejamos para otro día.

-Oye, ¿Por qué no te vienes a casa?, pedimos algo de cenar y vemos una peli aquí, en mi sofá.

-¿Y Alexis no querrá estar tranquila sin nadie que la moleste? – preguntó indecisa.

-¿Y por qué ibas a molestarla? – inquirió él – ¿acaso vas a sentarte encima de ella? ¿vas a tirarle de los pelos?, ¿Le vas a dar un cachete?, ¿vas a…?

-Ya, ya – rió ella – claro que no iba a hacerle nada de eso – pero lo mismo no le apetece que vaya nadie.

-Lo he consultado con ella y me ha contestado que si no te importa verla en pijama, no tiene ningún inconveniente en que pases la velada con nosotros.

-Por supuesto que no me importa verla en pijama, iré para allá en cuanto salga, ¿quieres que lleve algo?

-No hace falta, ya cuando estés aquí decidimos que vamos a cenar y lo encargamos,

-Pues hasta dentro de un rato.

-Hasta ahora.

Kate llegó al cabo de un rato. Le abrió Rick, Alexis permanecía acurrucada en el sofá. Se acercó a ella para preguntarle cómo estaba. La niña intentó sonreír pero solo le salió una mueca.

-¿Te duele mucho?

-Bastante – suspiró Alexis – esta mañana fui con papá al dentista y me mandó antibióticos y un calmante, pero hasta que no salgan del todo y se pare la infección no me las podrán quitar.

-Las muelas del juicio ya no le salen a todo el mundo, es un rasgo evolutivo – señaló Castle – pero mi niña es tan juiciosa que le van a salir las cuatro.

-Más que juiciosa, primitiva en mi especie – intentó sonreír – ¡aucch!

-¿Qué queréis pedir de comer? Preguntó Rick.

-Yo no tengo mucha hambre – dijo Alexis – además solo de pensar en masticar me dan ganas de llorar.

-Pero tienes que comer algo – le respondió su padre – no puedes tomar las medicinas con el estómago vacío.

Kate observaba la escena, le encantaba ver a Rick tan solícito y ejerciendo de perfecto papá.

-Bueno, pero algo muy blandito.

Al final encargaron comida italiana. Para Alexis pidieron un caldo y luego ella picoteó algo del plato de pasta de su padre. Se tomó las medicinas, y se sentó con Kate un rato a ver la tele, mientras Castle recogía todo lo que habían utilizado durante la cena.

-¿Te encuentras mejor? – preguntó Kate cariñosa.

-Si, parece que las medicinas empiezan a hacer efecto.

-Me alegro, creo que se te está poniendo mejor cara.

-¡Oye Kate! – dijo titubeante.

-¿Si? – la invitó a seguir.

-Yo quería disculparme por haberos arruinado la noche.

-No has arruinado nada – contestó tajante – estás enferma y si tu padre no se hubiera quedado a atenderte me hubiera enfadado mucho con él.

-Por cierto – siguió insegura – quiero que sepas que puedes quedarte a dormir aquí siempre que quieras – volvió a titubear – vamos que yo ya no soy una niña, aunque mi padre siga pensando que sí y no me importa que te quedes a dormir con papá cuando te apetezca, es más, me encantaría que te vinieras a vivir con nosotros, pero entiendo que quizás sea pronto para eso y que mi padre puede llegar a ser un auténtico plasta a veces, y no quieras aguantarlo tanto rato seguido.

-¡Vaya muchas gracias! – dijo Kate un poco sonrojada y sonriente por las palabras de la niña respecto a su padre – es bueno saber que me das permiso.

-Verás – ahora era Alexis la sonrojada – papá nunca ha traído a la casa a ninguna de sus… sus amiguitas, siempre nos ha respetado mucho a la abuela y a mí, pero tú no eres como las otras, tu eres distinta, de verdad, y tanto la abuela como yo estamos encantadas de que formes parte de nuestra familia.

-Gracias – dijo Kate emocionada – muchas gracias por considerarme de la familia.

-¿De qué hablan mis mujeres favoritas? – interrumpió Castle, totalmente ajeno al momento de confidencias de su novia y su hija.

-De ti, por supuesto – contestó Kate.

-Gran tema de conversación – sonrió Rick.

-Yo mejor me voy a la cama – anunció Alexis – la medicación me está empezando a hacer efecto y me está dando sueño.

-¿Quieres que te acompañe? – preguntó su padre solícito.

-No gracias, puedo ir sola.

-Llama si necesitas algo – y volviéndose a Kate – ¿de qué hablabais tan entretenidas?

-Tu hija me ha dado permiso para que me quede a dormir aquí siempre que quiera – dijo mirándole inquisitiva.

-¿Qué? – preguntó él, al verle como le miraba.

-No habrá sido idea tuya ¿ah?

-Claro que no, ¿por quién me tomas? – preguntó con tono falsamente ofendido.

-No sabría decirte – sonrió ella.

-¿Qué película te apetece ver? – le preguntó él.

De repente ella recordó la conversación que mantuvo con Lanie hacía unos días.

-¿Tienes "El amor tiene dos caras"?

-Por supuesto – la miró extrañado – es de las favoritas de mi madre y Alexis, pero pensé que preferirías ver algo de más acción.

-Bueno, alguien me habló de esa peli, y como no la conozco, me apeteció verla.

-Sus deseos son órdenes – dijo levantándose y dirigiéndose al mueble donde guardaba los DVD – ¿sabes?, mi madre asegura que ella hubiera interpretado mucho mejor el papel de Hannah Morgan, la madre de la protagonista – le aclaró – aunque yo sigo pensando que Lauren Bacall estuvo gloriosa.

Puso la película y a Kate le encantó, una vez terminada Castle se empeñó en poner otra, esta vez de ciencia ficción, pero esta ya no la aguantaron y se quedaron dormidos. Así los encontró Martha a las tantas de la madrugada, cuando volvió del ensayo. Sonrió al verlos abrazados, hacían una pareja preciosa, se acercó a su hijo y dándole unos golpecitos en el hombro, para despertarlo, le dijo:

Deberíais iros a la cama.

-¡Hola!, no creo que sea capaz de subir las escaleras – dijo con voz de sueño.

-Vais a terminar con un horrible dolor de espaldas, allá vosotros, os traeré una manta.

-Muchas gracias.

-No hay de qué hijo, buenas noches.

-Buenas noches – y se acurrucó junto a ella para seguir durmiendo.

CONTINUARÁ…