¡Hola! Lamento tardar entre capítulo :( Estoy tratando de no demorar más de dos semanas entre cada uno. Me toma trabajo porque a veces me pasa que no sé muy bien por donde va la vida y... oh bienvenido el desanimo.
Noah Blacky gracias por tu comentario! :D


La espalda, específicamente a la altura del cuello, me ardía como si alguien hubiese encendido una fogata y ya no sentía las piernas. Trataba de que mi cerebro se llenara con la canción de My Chemical Romance que en ese momento sonaba en mi celular, cualquier cosa era mejor que el ruido de las máquinas del hospital. Las paredes blancas, insípidas y sin vida de la habitación me daban náuseas, pero no podía salir de allí.

Suspiré queriendo que todo no fuera más que un mal sueño, una pesadilla. Me sentía tan inútil. Maldije casi en susurro porque no quería sufrir otro regaño de la enfermera. Pausé la música, me recliné y casi en ese mismo instante se abrió la puerta de la habitación se abrió. Cerré los ojos esperando que al abrirlos mi mal humor se esfumara, creo que en estos últimos días estaba colmando la paciencia de Lysandro y él sencillamente no se lo merecía.

-¿Cómo sigue? -preguntó sacándose la chaqueta para luego doblarla con cuidado y dejarla a los pies de la cama.

-Igual que los otros malditos 10 días -guñi sabiendo que ya la había cagado.

-Vamos Castiel, sé que falta poco para que ella despierte -dicho eso me tendió una bolsa de McDonalds- Tienes que comer y descansar un poco

-Lo siento, hermano. Últimamente mi humor va de mal en peor. Tan solo… tan solo quisiera que ella despertara -Suspiré mientras la miraba. La cara ya no la tenía tan inflamada como el primer día y algunos rasguños ya casi eran invisibles, solo le quedaba un gran moretón en el ojo- Saldré a fumar un poco, después comeré lo prometo -agregué al ver su mirada de reproche- Llámame si pasa algo.

Lysandro asintió en silencio y tomó asiento donde yo había estado antes, en la habitación también había un sofá, pero ciertamente era más cómoda la silla. Llevaba más de una semana en ese lugar y lo único que quería era quemar esa cosa que la enfermera llamaba sofá cama.

La sien me palpitaba y el ojo izquierdo me escocía como si fuera el maldito fin del mundo, los nervios me estaban matando. Entré a uno de los baños del hospital y junté la mayor cantidad de agua entre las manos para mojarme la cara y poder despertar del menudo día en el que estaba. Quería despertar ya de esta pesadilla. Me miré al espejo y vi la sombra de lo que solía ser, mis ojeras eran enormes, estaba seguro que había perdido unos buenos kilos y mejor ni hablar de mi cabello, tenía cerca de diez centímetros de raíz negra. Pensé en no volverlo a teñir. Volví a suspirar, últimamente lo estaba haciendo seguido, saqué de mi bolsillo una cajetilla de Marlboros y me puse el jodido cigarrillo en la boca.

Caminé a paso lento por el pasillo y me crucé con la mirada inquisidora de Felicity y antes que pudiera decir algo me adelanté.

-El jodido cigarro va apagado

-Aún así es un pésimo hábito, jovencito -regañó para seguir con la nariz pegada en sus papeles.

Las puertas del hospital se abrieron e inmediatamente un rayo de sol me pegó de lleno en los ojos, por suerte me había quitado la chaqueta. A decir verdad, solo me la quité porque empezaba a apestar, el olor a hospital se me impregnó hasta las entrañas. Me senté en una de las banquetas de cemento que había a pocos pasos de la entrada y prendí mi cigarrillo.

Todo estaba jodido, muy jodido. Boté lentamente el humo.

Aún era difícil entender cómo Sucrette había había terminado inconsciente en esa cama de hospital. Todo fue tan rápido que sólo tengo fragmentos de lo ocurrido en mi memoria. Recuerdo que me dedicó una mirada mezclada de tristeza y rabia para cruzar decididamente la calle sin siquiera mirar, la vi trastabillar, la vi caer mover los brazos para evitar caer y me vi a mi corriendo para sujetarla, pero el auto blanco aquel fue más rápido y la embistió. Me gustaría algún día borrar ese ruido de mi cabeza, el de su cuerpo impactando con la carrocería, los vidrios quebrándose y las llantas veloces de un conductor del cual no supimos más.

Me arrodillé junto a ella suplicándole que no se durmiera y que se quedara conmigo mientras Viktor llamaba una ambulancia, él trata de visitarla esporádicamente. Las visitas de Lys y Rosa son más frecuentes, ambos me traen sus cuadernos para que yo no quede atrás en los deberes y a duras penas cumplo.

Soy el encargado de cuidarla, en realidad es un cargo autoproclamado porque Su no tiene a nadie más que a su jodido gato. Pensé en Lumiere e casi inconscientemente acaricie mi mano, el muy maldito me llenó de rasguños cuando intenté acariciarlo.

Volví al hospital contando los pasos casi de memoria, hoy debía ir a mi casa, tenía que darme una ducha. Puse la mano en el pomo de la puerta y Felicity me bloqueó por completo.

-Debes ir a tu casa a bañarte, Castiel -refunfuñó- El olor a cigarrillo no es bueno para los pacientes y menos para Sucrette.

-Lo dejaré, lo prometo Fel -di un paso hacia delante queriendo traspasar el bloqueo de la enfermera

-No me llames así, insolente

Vi una imagen que no pensé que vería hasta hace mucho tiempo, Lysandro no se daba por enterado porque había caído dormido justo a la altura de su mano, sus dedos estaban enredados en el cabello plateado de Lysandro y por primera vez en mucho tiempo me sentía feliz de estar vivo.

-Sucrette -dije en un tono un poco más alto que un susurro y Fel inmediatamente se volteó para ver a mi novia sentada en la cama- ¿Estás bien? ¿Te sientes bien? ¿Necesitas algo?

-Su, mírame... -pidió Felicity y ella le devolvió la mirada llena de dudas

-Oh dios mío -Lysandro salió de su siesta y me devolvió una mirada de espanto

-... Estás en el hospital porque sufriste un accidente -ella asintió

-¿Te duele algo? -pregunté acercándome

-Me molestan un poco las costillas, doctor

Esa frase con siete palabras me ancló al suelo ¿En qué jodido universo yo tenía las pintas de un doctor? ¿Por qué no decía mi nombre? ¿Dónde estaba mi abrazo? ¿Dónde estaba Su?