Bueno, sentimos el retraso, pero este capítulo viene cargado de muchas cosas, hay prácticamente de todo un poco. Así que esperamos que os guste y muchas gracias por vuestros comentarios, queremos más! :D
Capítulo 10. El desliz
El cuerpo de Regina se dejó caer en el sofá y antes de que pudiera tomar una bocanada de aire, los labios de Emma ya estaban atrapando su boca. Comenzó a quitarse la ropa, muy rápidamente, quería deshacerse de cualquier capa que impidiera que su cuerpo tocara el de la rubia. Estaba demasiado caliente después de lo que había pasado, como para detenerse con más preámbulos.
Pero sabía que Emma jugaría con ella un poco más, y lo confirmó cuando la rubia se separó de sus labios. Sus cuerpos desnudos estaban uno sobre el otro, el pecho de la morena subía y bajaba debido a su respiración agitada. Regina le hizo un gestito con el dedo, indicándole que se volviera a acercar a ella. La stripper se movió, pero cuando estaba a punto de alcanzar su boca se paró echándose hacia atrás y riendo.
-No seas mala…- la tomó por el cuello para que no tuviera escapatoria y se besaron apasionadamente.
Sus lenguas jugaron un rato mientras la mano de Emma se colaba entre las piernas de Regina -¿Vas a gemir para mí?- dijo apenas separándose de sus labios.
Al sentir el tacto de la rubia en su humedad Regina no pudo largar un gemido. Asintió mordiendo su labio inferior –Voy a gemirte como ninguna ha hecho, pidiéndote más y más-
Calló sus palabras con un beso y comenzó a mover los dedos sobre su clítoris, los movía en círculos lentos al principio y luego más rápido. Paraba por momentos sólo presionándolo, sabía que eso le encantaría y por las expresiones que estaba poniendo no cabía duda.
Los gemidos de Regina eran cada vez más fuertes, pegó su frente a la de Emma y la miró fijamente a los ojos provocándola con cada una de sus reacciones de placer. Notaba lo mojada que estaba –Dame más…- dijo en un suspiro, rogándole.
La rubia sabía lo que la otra mujer necesitaba, así que sin más introdujo tres dedos dentro de ella y los llevó hasta el fondo. Al ver la cara de Regina y escuchar el sonido de su voz no pudo evitar gemir también con ella. Comenzó a moverse en su interior mientras la morena la acompañaba con el vaivén de sus caderas.
Regina iba a explotar de puro placer, sus uñas se clavaban en la espalda de Emma y hundió la cara en su cuello mordiéndolo por momentos –Dios nena…-
La mano de la stripper se movía cada vez más rápido y más fuerte, entrando y saliendo de su interior sin piedad. Todo su cuerpo embestía contra el de Regina y se compenetraban a la perfección. Notó como su interior se contraía y sus gemidos se convertían en gritos, estaba teniendo un orgasmo muy intenso.
La morena se dejó caer hacia atrás, relajada al haber alcanzado el éxtasis y sintió cómo los dedos de Emma salían con cuidado de su interior. La miró sonriendo y vio cómo se los llevaba a la boca probando su sabor. Regina la tomó por el rostro acercándola a ella y se besaron, todavía con la respiración agitada.
-Wow…- alcanzó a decir la morena separándose un poco.
-Sí… ¡Wow!- la stripper rio acomodándose bien sobre la otra mujer y se quedó mirando fijamente sus ojos. Tenían un brillo especial –Qué bien ha terminado el almuerzo…-
-Bastante bien- se obligó a volver a la realidad mirando la hora –Tengo que irme en nada, Henry está a punto de salir de la escuela- lo que menos deseaba era separarse del cuerpo de Emma, pero debía hacerlo.
-No hay problema...- la besó antes de levantarse y buscó la ropa de ambas dándole sus prendas a la morena –Lamento informarte que se ha arrugado un poco-
Esas palabras hicieron reír a Regina –Vaya… seré el hazmerreír de todas las madres de la escuela- comenzó a vestirse.
-No te preocupes, no es para tanto. Si te preguntan, puedes contarles el porqué y serás la envidia de todas- Riéndose también.
-Eso es cierto- se colocó el vestido y se acercó a Emma de espaldas –¿Me ayudas con la cremallera?-
-Sí, claro- la subió y besó su cuello suavemente –Anda, que llegarás tarde y recuerdo lo feo que es cuando no llegan a buscarte…-
Cada vez que la rubia hacía mención de su infancia, Regina no podía evitar sentirse triste por ella. Caminaron hacia la sala y tomó sus cosas -¿Nos vemos el sábado como siempre?-
Emma asintió –Claro, aquí estaré- se acercó a ella para besarla tiernamente y luego abrió la puerta.
-Hasta luego- dijo sonriendo, y después de despedirse fue hacia su coche. No pudo borrar la sonrisa de tonta de la cara en todo el día.
Una vez que la stripper se quedó a solas volvió a pensar en su madre. Seguía estando mal por ella, pero las visitas de Regina realmente la alegraban y le hacían mucho bien. Emma tenía miedo de lo que pudiera llegar a sentir por la otra mujer si seguían actuando de esa manera. No sabía qué sentimientos tenía la morena hacia ella, quizás sólo la utilizaba como un juguete sexual para entretenerse y escaparse de su vida aburrida, o quizás… había una remota posibilidad de que también sintiera algo.
Los siguientes días fueron extraños para la Regina, cada vez que se acordaba de Emma se le dibujaba una sonrisa y el estómago se le encogía. Pero a la vez era un sentimiento agridulce, porque una parte de ella sabía que no podía permitirse sentir nada por la rubia. Lo suyo estaba bien como diversión, como un escape de su mundo de falsa perfección, disfrutaba con ella y tenían conversaciones interesantes, pero tenía que convencerse de que no era nada más. No podían permitirse que las cosas fueran más allá y por eso decidió que tenía que ser ella la que pusiera unos límites, por mucho que se muriera de ganas de verla ese sábado, tenía que inventar una excusa y retrasarlo para la semana siguiente.
El viernes por la tarde marcó su número –Hola Emma… ¿qué tal?-
-Hola Regina, todo bien, preparándome para ir a trabajar ¿Nos vemos mañana?- lo preguntaba por cortesía, pero estaba segura de que así era.
-Eh, no, para eso te hablaba- estaba algo nerviosa, pero intentó ocultarlo –Este sábado no puedo, la reunión del té se va a alargar más de lo normal, así que lo dejamos para la semana que viene ¿Te parece?- nada más decirlo se odió por no haber inventado una mejor excusa.
Emma enseguida se dio cuenta de la mentira de la otra mujer, pero sabía que no podía reclamarle nada. Tampoco entendía porqué el cambio repentino –Bueno, no importa. Nos vemos la semana que viene…-
-Vale, pues así quedamos, que vaya bien- colgó sin más y suspiró sintiéndose horrible. Quería ver a Emma, era lo que más disfrutaba en la semana, pero también sabía que debía establecer distancias, de lo contrario las cosas irían mal a la larga.
Al cortar la llamada la rubia se quedó pensativa. O se estaba arrepintiendo por lo que pasó la última vez o ya no quería que se vieran más. Estaba segura de que la excusa era falsa, y odiaba no saber el motivo de ese cambio de actitud. Pero tenía que ir a trabajar, así que terminó de prepararse las cosas y fue hacia el club.
Necesitaba desahogarse con alguien y quién mejor para eso que su única amiga y también compañera de trabajo, Ruby. Quizás no podía llamarla "amiga" con todas las letras, pero sí era lo más parecido que tenía y ya estaba al corriente de su no-relación con Regina. Así que le contó lo que había pasado con la llamada. La conclusión a la que llegó su compañera era que la morena le estaba mintiendo, que claramente iba a pasar de ella, y que lo mejor que podía hacer Emma ese fin de semana para quitársela de la cabeza era irse a una finca que tenían los padres de Ruby en las afueras. La palabra piscina terminó por convencerla.
Al día siguiente, y con un pequeño bolso con ropa de recambio y otras cosas, su amiga fue a recogerla en coche y se pusieron rumbo a la casita.
Regina se despertó el sábado feliz, pensando en que iba a ver a Emma y que pasarían una tarde estupenda. Pero su sonrisa se borró al instante cuando recordó que por su culpa esa semana no se verían. Eso hizo que estuviera de mal humor toda la mañana, ni hablar en la reunión de té.
Después de la reunión miró la hora, era muy pronto, le daba tiempo de sobra para ir a casa de la rubia. Se metió al coche y marcó su número, luego de un rato contestó.
-Hola Regina…- Emma tomaba el sol con Ruby mientras tomaban un margarita.
-Hola- la morena sonrió al escucharla –He salido antes ¿Te apetece que me pase?-
La stripper se quedó en silencio unos segundos –No puedo… no estoy en casa. Como dijiste que no vendrías, hice planes-
La sonrisa de Regina desapareció, no podía entender cómo había buscado otras cosas en tan poco tiempo –Ah genial- dijo sin ningún entusiasmo, dando a entender su enfado.
Emma enseguida notó la reacción de la otra mujer -¿Nos vemos entonces el sábado que viene?-
-Si no te surge ningún plan ni a mí tampoco, quizás- su tono era totalmente distinto.
-¿Perdón? No estoy entendiendo porqué usas ese tono conmigo… ¿Estás teniendo un mal día o qué?- realmente Emma no podía creer que la estuviera tratando así.
-No, estoy igual que siempre, pásalo bien Emma- colgó sin darle tiempo a más.
La rubia boquiabierta miró a Ruby -¡Me colgó! Como si me estuviera acostando con otra…- resopló sin comprender la actitud de la otra mujer.
Regina, con el teléfono todavía en su mano golpeó el volante, no podía creer que se estuvieran fastidiando así las cosas de la noche a la mañana. Luego de unos minutos arrancó el coche y se dirigió a su casa, a su vida sinsentido, sin su dosis semanal de libertad.
La sola imagen en su cabeza de Emma estando con otra persona la enfadaba muchísimo. Pero no podía reclamarle nada. Mucho menos cuando ella misma había pensado en tomar distancia con la rubia para que las cosas no se volvieran aún más intensas.
Mientras tanto el fin de semana de Emma continuaba, Ruby estaba dispuesta a levantarle el ánimo, para ello no dejaba de preparar tragos para ambas. Para su disgusto, la stripper no podía dejar de pensar en que Regina seguro se había enfadado y aunque intentaba despejarse no podía.
Su amiga la convenció para que se quedara a pasar la noche y como consecuencia siguieron bebiendo. Emma solía tener aguante para el alcohol cuando era más joven, tenía copas gratis en casi todos los antros donde había trabajado y cuando no bebieran durante su horario, pero ahora con cualquier cosa enseguida notaba la embriaguez.
Ruby, al verla tan afectada se aprovechó un poco de la situación, siempre había sentido algo por la otra mujer y la llevó al cuarto. Emma no era consciente de sus actos, sólo quería cerrar los ojos y dormir, pero una vez en la cama, su compañera de trabajo se puso sobre ella besándola y terminaron teniendo sexo.
A la mañana siguiente, la rubia se despertó debido a un gran pinchazo en la cabeza. Abrió los ojos y miró a su alrededor, Ruby estaba dormida y la rodeaba con el brazo. Pero lo peor de todo era que ambas estaban desnudas. ¿Qué había pasado? Tocó su hombro despertándola y lo primero que hizo la otra mujer fue acercarse a besarla, Emma se echó hacia atrás.
-Tengo que irme…- no podía creer que hubiera pasado algo con ella, nunca se le había pasado por su cabeza, era su amiga, nada más.
-¿A dónde? Es domingo, quédate- Ruby se incorporó un poco mirándola pero Emma ya se había puesto en pie y se vestía rápidamente.
-Tengo que hacer cosas en casa, aparte me explota la cabeza- antes de darle tiempo a la otra mujer para hacer o decir algo más ya estaba lista para irse. Sin apenas despedirse salió por la puerta.
De camino a casa no dejaba de darle vueltas a la cabeza, se sentía culpable, como si hubiera engañado a Regina, cuando en ningún momento habían hablado de una relación ni de exclusividad ¡Por Dios, estaba casada! ¿Por qué se sentía tan sumamente mal? Además ella no había sido consciente en ningún momento de lo que pasaba, nunca hubiera tenido sexo con Ruby en circunstancias normales.
El domingo en la casa de los Mills era muy distinto, se avecinaba el cumpleaños de Max y aunque la morena no estaba nada entusiasmada debía de organizar algo con amigos y compañeros de trabajo de su marido. Al menos tendría la cabeza ocupada con otras cosas que no fueran Emma.
Se pasó la mañana llamando a los invitados, la fiesta sería en casa. También se encargó de contratar un catering, así como la decoración y todo lo necesario para una fiesta de ese estilo. Su esposo odiaba esas fiestas, y cuanto más exagerado fuera más le molestaría, Regina encontraba así una pequeña forma de hacerlo sufrir y le encantaba.
Después de comer y cuando estaba sentada en el sofá descansando un poco, recibió un mensaje, era de Emma. Hola Regina ¿Cómo estás?
La morena suspiró al leerlo, estaba claro que sabía que estaba molesta y quizás había exagerado con su reacción, la rubia también tenía derecho a tener su vida y sus planes. Pero algo dentro de ella no podía evitar sentirse celosa. Perfectamente, organizando el cumpleaños de mi marido. ¿Y tú, lo pasaste bien ayer?
Sí, lo pasé bien… Bueno, no debes estar tan aburrida, te encanta eso de organizar fiestas y cosas por el estilo. A pesar de la aspirina que se había tomado la cabeza no dejaba de dolerle.
Emma, no hagas como que somos amigas, sólo nos acostamos. No tenemos que ser amables la una con la otra. Sabía que había sido dura, pero estaba en su carácter. Tampoco podía parar de serlo.
La rubia resopló al leer ese mensaje. Perfecto, entonces no voy a mandarte más mensajes. Pásalo bien en el cumpleaños de tu esposo. Adiós.
Regina notó el enfado en la otra mujer, sabía que nunca debían haber involucrado sentimientos en lo suyo, sólo debía haber sido sexo.
Por un momento pensó que aquellos sentimientos sólo venían de parte de Emma, pero luego de ese ataques de celos por la cita cancelada, no había dudas de que a ella también le pasaba algo con la rubia.
Pasaron unos cuantos días, ninguna de las dos se había puesto en contacto con la otra. Eran demasiado orgullosas para hacerlo a pesar de lo mucho que se echaban de menos.
El miércoles por la noche, Emma tenía que ir temprano a trabajar, ese día había una celebración especial y al parecer iba a acudir gente importante. Lo que ella no sabía era que se trataba del cumpleaños de Max. El esposo de Regina había organizado una fiesta aparte sin saber que su mujer le había preparado algo en casa.
Al llegar a casa después de trabajar se encontró con la sorpresa, intentó poner buena cara porque había muchos invitados reconocidos, pero la morena sabía que por dentro estaba odiando todo eso. Pasaron la tarde fingiendo ser la pareja perfecta, Regina improvisó su mejor sonrisa e hizo su papel de buena anfitriona aunque por dentro se sintiera vacía. Además ese tipo de eventos le hacían acordarse mucho más de Emma y de lo distinta que serían las cosas con ella.
Por suerte para Max, la fiesta en casa terminó temprano y tenía tiempo de sobra para ir a El Rabbit Hole donde estaría la verdadera celebración que esperaba. Con la mala excusa de que se iba a tomar algo con sus amigos se dirigió a su antro favorito.
Una vez que se marchó, Regina se quedó pensativa, estaba segura de que iría al local de Emma y pensar en la rubia bailándole desnuda y especialmente para él hacía que le hirviera la sangre por los celos. Sin darle vueltas e impulsada por su instinto decidió tomar el coche e ir a un sitio que pensaría que jamás volvería a pisar: El Rabitt Hole.
