Capitulo 10
Alcancé a apagar el reloj antes de que sonara la alarma. Reprimí un bostezo, intentando zafarme de los brazos de quien me tenía como si fuera un oso de peluche.
Si había dormido tres horas era mucho, pero… ¿Quién podría dormir teniendo a la razón de su felicidad abrazándote tan tiernamente?
Logre levantarme sin hacer mucho ruido, pero eso no evitó que se despertara. Se tapó la cara con una mano; (la luz había vuelto hacia una hora mas o menos). Rápidamente la apagué.
-¿Leo, que hora es?
-Aún es temprano, vuelve a dormir Don, yo te despertaré cuando sea la hora.
Se removió en la cama y luego se levantó desperezándose.
Quiero bañarme antes de entrenar.
-Como quieras.
Salimos juntos hacia el pasillo.
-Prepararé el desayuno, no te tardes mucho.- le dije antes de verlo cerrar la puerta del baño.
Dejé la tercera tostada untada con queso frente a mí, y eché tres cucharadas al café.
Se sentó mientras se terminaba de atar la bandana.
-mmm... amo el olor a café en la mañana- dijo soplándolo.
Yo amaba el color café de sus ojos.
-Leo, ¿no desayunaras?
Salí de mi ensimismamiento.
-Ya lo hice… quería esperarte pero te tardaste bastante…
Apoyé el codo en la mesa recargando mi mejilla sobre la mano, mientras lo miraba bostezar.
-¿Estas cansado?
Una sonrisa tímida se asomo en sus labios antes de tomar el café.
-Estoy bien, ¿y tu?
-¡Ah yo estoy excelente! ayer dormí muy bien.
Estaba tan sonrojado que creí que se había quemado con el café o algo. Pero entonces comprendí que lo que dije me había salido en un tono seductivo.
Sentí como me quemaban las mejillas levemente. Estire mi mano libre sobre la mesa y tomé la suya, acariciándola.
Una ligera vocecita en mi interior me preguntó: - ¿no tendrías que estar haciendo los ejercicios de meditación?
Me regaló una de esas sonrisas que tanto me gustaban ver.
- Puede esperar.- Me contesté.
-Buenos días.
Vi el horror expresado en la cara de Donatello. Rápidamente soltó mi mano y en un movimiento brusco tiró la taza que le había regalado.
Sensei llego justo a tiempo para alcanzar a atraparla antes de que cayese al suelo.
Se la entregó y Don se levantó para ir a lavarla.
-Iré a mi laboratorio.
El maestro se sentó en el lugar en el que hace unos segundos lo ocupaba Donnie.
-Veo que no has meditado Leonardo- dijo mientras revolvía su té. Iba a responderle pero continuó
– Ahora ya es tarde, ve a despertar a tus hermanos, no quiero que se retrasen nuevamente.
-Hai Sensei.
No vi a Donatello en toda la tarde. Luego de la práctica, que por cierto, la hizo con Raphael; no conmigo, se encerró en su laboratorio y no salió más.
Sentí miedo de que tal vez se hubiera enojado, rebusque en mi mente si había dicho o echo algo que le hubiera molestado, pero no había nada malo.
Ya era de noche, pronto tendríamos que ir a patrullar.
Raphael se sentó a mi lado y me quitó el control de las manos. Pero estaba demasiado concentrado como para protestar.
Me golpeo el hombro, entregándome una soda.
–Así que…. -Se detuvo un instante para darle un trago demasiado largo. Mientras estrujaba la lata, tomé un sorbo. – Así que ya te has cogido a Donnie.
Escupí toda la bebida y comencé a toser desesperadamente.
-¿Donnie te contó?- le pregunte cuando pude calmarme.
-No, lo acabas de hacer tú. Leo, ¡eres un pervertido!
Casi me desmayo.
-Deberías ver tu cara- dijo limpiándose las lágrimas mientras reía a carcajadas.
-No es gracioso.
-¡Si lo es!
Esperé unos segundos, ya cuando estaba más calmado le pregunté: - ¿Terminaste?
-Ahhh- soltó un suspiro de cansancio, tocándose el estómago como si le doliera. – Si.
Se me quedó viendo, con una mirada que decía "cuéntamelo todo"
-¿Qué, quieres que te cuente como fue?
¡-Ah! No, Leo. Guárdate los detalles para ti.
-¿Entonces porque me ves así?
-Solo… estoy feliz de que al menos uno de nosotros haya conseguido lo que quería.
Se giró, mirando el televisor, fingiendo que veía, su expresión había cambiado de alegría a tristeza.
-Tu también podrías, si tan solo le dijeras a Mikey lo que…
-Muchas gracias Leo, me has hecho imaginar el trasero de Donnie.- dijo interrumpiéndome y subiéndole el volumen de la TV.
Le arrebaté el control, y lo puse en mute.
- Hablo en serio Raphael.
-Yo también hablo en serio ¿puede ser que tenga un lunar justo en…
Se calló al lanzarle una mirada poco agradable.
-Primero; No, no tiene ningún lunar. Y segundo; Miguel Ángel te ama.
-Si, como hermano.
-Sabes que no es así. La forma en que te abraza, te toma de la mano, te muerde…
-Si, son todas cosas que las hace porque así es su personalidad.
-¿PUEDES DEJAR DE INTERRUMPIRME?
Bajé mi puño frente a su cara.
-Gracias…. – Respondí al ver que se había puesto recto y me prestaba completa atención.
- Ahora es mi turno de decir que se nota a kilómetros que Mikey te quiere Rapha, él está haciendo exactamente lo mismo que yo hacía con Donnie antes, sólo que tu eres muy tonto para notarlo. El no te muerde porque nos ve a nosotros tiernamente, eso es solo una excusa, créeme.
Vimos a Miguel Ángel salir de su habitación y dirigirse hacia la heladera. Volvió por el mismo camino con un trozo de pizza. Le enseñó la lengua a Raphael antes de encerrarse a jugar videojuegos.
-Lo ves… Intenta al menos acercarte. No te pido que te le confieses- le aclaré al ver que abría la boca para protestar.- pero intenta un beso "supuestamente accidental" a mi me sirvieron.
-Si porque ustedes son unos ñoños Leo, yo no haré esas cosas.
Me levanté, resignado.
- Al menos intenta algo, no te quedes esperando que de la nada se te confiese porque no lo hará, más como es Mikey. Él ya hizo su jugada, ahora te toca a ti…
Decidí que dejar pensar con claridad a Raphael sería lo mejor.
Fui hasta el laboratorio de Donnie, aunque le daba su espacio, ya había pasado demasiado tiempo sin hablarle.
Entré sin golpear y me senté encima del escritorio, sin querer tiré uno de sus frascos, pero ni siquiera se molestó; parecía demasiado concentrado en la computadora.
Me echó una rápida mirada al sentir la mía.
-¿Qué? – preguntó sin quitar la vista de la máquina.
-Nada…- Le sonreí.
Tecleó por unos minutos más. Luego, inesperadamente, la apagó.
-¿Sucede algo Leo?
-Quería saber si estabas bien, no has salido en toda la tarde y ya falta poco para el patrullaje.
-¿tan rápido se pasó la hora?
-¿En qué estabas trabajando?
-En nada importante en realidad.
Se paró, quedando a mi altura, aún seguía sentado sobre el escritorio.
-¿Vamos con los demás?
Negué con la cabeza.
Lo tomé por la cadera con mis piernas para acercarlo más a mi.
-Leo… nos pueden ver.
Me paso las manos por el cuello.
-No pasará nada Don
La falta de cariño desde la mañana se hacía presente en el pecho. Corté la distancia entre nuestros labios y sentí una oleada de emociones ¿uno podía hacerse adicto a los besos?
La necesidad de tocarlo, de sentir sus manos en mi cuello….
El contacto de sus labios sobre los míos….
De su lengua con la mía….
Era simplemente embriagador. Simplemente no podía alejarme, por más que una parte de mi cerebro me rogara que estuviera alerta.
Me separé unos centímetros y me quedé mirándolo detenidamente, algo me llamó la atención.
-Tienes un chupón.
-¿En serio? ¿Dónde?
-Ahí- le acaricié el cuello en la parte donde estaba aquella mancha levemente de color.
-¿se nota mucho?- preguntó alterado.
-Aún no.
Lo abracé y enterré la cara en su cuello, mordiendo y succionando en la misma zona.
-¡Leonardo!
-¡¿Qué están haciendo?!
-S-Sensei….
Me alejé tan rápidamente, deseando que no hubiera alcanzado a ver nada. Para mi suerte, estaba de espaldas a él, pero la cara de Donatello demostraba que no estaba contento.
Volví a acercarme a su cuello y lo olfatee sonoramente, sintiendo el olor de mi saliva. Donnie me miró pidiendo una explicación acerca de lo que estaba haciendo.
-Iugg hueles muy mal Donatello. Deberías bañarte.
-¿Qué?
Miguel Ángel se acercó a él y lo olfateó. Al parecer había llegado al escuchar a Splinter.
-Leo tiene razón, Donnie hueles a… a… A ALCANTARILLA. ¿Quieres oler Sensei?
Me bajé de la mesa y lo miré, esperando ver en su cara aquella reacción de credulidad.
-No gracias.
-Sensei, ¿necesitas algo?- se tapó aquel chupón que ahora resaltaba mas.
-No Donatello, solo vine a ver si ya se habían ido al patrullaje. Será mejor que te bañes pronto.
-Hai Sensei.
Se fue detrás del maestro y antes de cerrar la puerta me lanzó una mirada de odio.
¡Bah!, bañarse dos veces al día no le hace mal a nadie.
-Ufff... eso estuvo cerca.
-¿En serio Mikey? ¿a alcantarilla?
-¿Qué tiene de malo?
-VIVIMOS EN UNA.
-Encima que les salvo el caparazón, se quejan.
Gracias a todos por sus reviews, saludoos :)
