PARTE III

Capítulo 2: Entrenamiento


Notas: Os dejo con el siguiente capítulo de esta tercera parte.

Espero que os guste :-D


Capítulo 2: Entrenamiento

—¿A que ahora prefieres el entrenamiento de la bici? —preguntó mordaz Victor después de que Yuri llegara deslomado tras subir tres veces corriendo hasta la cima del castillo.

Yuri apenas podía respirar. El entrenamiento que le había impuesto Victor esos últimos días era demoledor. Definitivamente, quería empezar a entrenarle cuanto antes. En menos de una semana habría recuperado su forma física sin lugar a dudas.

—No te preocupes. Te dejaré descansar cinco minutos, pero luego deberás entrenar saltos.

Resopló acercándose el banco más cercano. Si hubiera estado solo, no sólo se habría tumbado en el banco en vez de sentado como estaba, sino que habría descansado por media mañana. Estaba agotado.

Yuri miró a Victor, el cual observaba el horizonte. Tenía la vista perdida en algún punto lejano, pero mostraba un semblante sereno. Sólo habían pasado cuatro días desde que Victor llegara y revolucionara su vida, pero aún se le hacía extraño tenerle tan cerca. Siempre había soñado conocerle en una competición de patinaje. De hecho, habían aparecido por su cabeza situaciones de lo más variopintas en referencia a ello. Pero jamás habría ideado algo ni remotamente similar a lo que le estaba sucediendo. ¿Victor en Japón, viviendo con él y siendo su entrenador?

Era surrealista. Y por eso mismo, tenía la sensación constante de que en cualquier momento se despertaría en su habitación, borrando este tiempo con él.

—Parece junio —comentó Victor sin más—. Es raro que en dos días se haya fundido toda la nieve que había.

—Bueno, en realidad, lo raro fue que nevara. De hecho, este año los cerezos han florecido algo tarde. Ya deberían haberse caído todas las hojas y sin embargo aún lo están haciendo. —Como Victor no dijo nada, siguió—: Esto es el sur del país; el buen tiempo llega pronto.

—Sigue siendo raro. —Victor centró su atención en Yuri—. Sólo viajo cuando empieza la temporada de competiciones, por lo que, para cuando llega el buen tiempo, siempre estoy en casa. Imagino que aquí, en verano, hará bastante calor, ¿no?

—Sí, se llega a pasar los treinta grados. Pero lo peor es la humedad. Al este del país el clima es más seco y se sobrelleva mejor.

—Wow, más de treinta grados —dijo con sorpresa—. En mi ciudad sólo ves esa temperatura si nos viene una fuerte ola de calor. Y no es que sean habituales. Si quieres pasar un verano caluroso y soleado, tienes que viajar al mediterráneo.

Yuri se guardó el comentario de que sufriría esas temperaturas cuando llegara el verano. Aún se le hacía extraño saber que se quedaría allí para entrenarle y por eso, como si fuese a gafarlo si hablaba, prefirió no mencionarlo.

Se levantó y comenzó con el entrenamiento de saltos. Aún sentía los músculos cansados de haber corrido subiendo escaleras, así que prefirió no forzarlos mucho.

—¿Qué tal te fue el entrenamiento ayer por la tarde? —preguntó Victor volviendo sus ojos al paisaje que tenía en frente.

Puesto que a Yuri se le había prohibido entrenar en la pista de hielo, no se podía acercar allí ni cuando la instalación cerraba al público. De modo que se había ido a entrenar ballet con su antigua profesora.

—Bien, supongo. La profesora Minako es muy exigente —le explicó Yuri, siguiendo con los saltos—. Y encima, está demasiado emocionada con la idea de que estés aquí entrenándome, así que se ha puesto dura con los ejercicios.

—Eso está bien. —Victor se giró para mirarle, siguiendo con sus ojos cada salto que hacía—. ¿Es buena profesora?

—Para mí es la mejor. Siempre me ayuda cuando quiero entrenar y ha sido mi profesora desde que casi tengo conocimiento. —Yuri se detuvo mientras le explicaba aquello—. Cuando era pequeño siempre estaba en su estudio. Pasaba más tiempo allí que en mi casa —explicó con cierta nostalgia de su infancia—. Fue la que me animó a probar con el patinaje sobre hielo. Si no llega a ser por su perseverancia y motivación, nunca habría llegado hasta aquí.

—Hablas muy bien de ella.

—Si excluyes a mi familia, es la persona a la que más unida he estado siempre. Me ha apoyado incondicionalmente e incluso me ha seguido a todas las competiciones a las que ha podido asistir.

Victor le observó con atención, recabando esa nueva pieza del puzle que estaba resultando ser Yuri. Si de inicio había conseguido sorprenderle por aterrizar allí, también él se estaba llevando su propia dosis de sorpresa. Tenía una idea muy diferente sobre cómo era Yuri, marcada por la primera impresión que se llevó en la fiesta.

—No deberías parar —dijo al fin, haciendo que Yuri se pusiera nervioso y retomara sus saltos con más energía que la empleada momentos antes.

Victor volvió a mirar al frente mientras le dejaba fortaleciendo su pierna. Había pensado que una vez se fuese haciendo a la idea y cogiera confianza con él, su personalidad extrovertida se iría soltando más. Pero estaba siendo más difícil de lo que pensaba volver a verla y, hasta la fecha, tampoco le había visto ser demasiado cálido con sus seres queridos. A pesar de todo, se le hacía difícil creer que su círculo de amistades se redujera a las personas que había conocido. Tenía que haber más…

—Yuri, ¿sientes algo por Minako? —soltó de pronto.

—¡¿Qué?! —Se agachó al momento abochornado—. ¡No, no! ¡Claro que no!

—Y ¿tienes novia?

Había patinadores que no tenían problemas en propagar por el mundo que tenían pareja, pero también los había que lo ocultaban para no perder popularidad entre las féminas. ¿Podría Yuri pertenecer a este grupo?

—No… —dijo desanimado.

—¿Y qué hay de exnovias? —contraatacó motivado.

—Prefiero no hablar de ello.

¿Eso significaba que sí había más personas en su vida pero no quería hablar de ello? Como parecía reacio a responder, Victor pensó que podría incitarle a contárselas si le hablaba de las suyas.

—Bueno… pues entonces, hablemos de mí. Mi primera novia…

—¡Para, para! —le detuvo incómodo—. No quiero saberlo.

Victor suspiró, volviendo a su posición inicial de mirar el paisaje por ese rechazo a entablar conversación tan fulgurante. Daba igual cómo lo intentara. A Yuri le incomodaba hablar sobre sus temas personales y, a la vez, parecía también incómodo con los temas personales de los demás.

Maccachin se puso a ladrar y Victor se giró para supervisarle. Estaba ladrando al castillo y eso le dio pie para cambiar a otra conversación que no hiciera que Yuri se cerrara en banda.

—Oye, Yuri, ¿qué es este castillo? —Yuri lo miró de arriba abajo antes de contestar.

—Es el castillo de Hasetsu. Dentro hay un clan ninja.

—¡¿De verdad?! ¡¿Ninjas?! —preguntó entusiasmado observando el castillo con una nueva luz. Se levantó del banco sacando su móvil al mismo tiempo—. ¡Hazme una foto! Siempre me han gustado esas cosas. ¡Maccachin! —gritó llamando a su perro a la vez que le pasaba el móvil a Yuri.

Maccachin se acercó a su dueño al momento, saltando de alegría mientras revoloteaba a su alrededor. Victor le agarró y se juntó a él para posar ante la cámara.

—¡Ninja! —gritó para la foto. Yuri sonrió con sus ojos fijos en la pantalla. Comprobó que la foto no estuviera borrosa y le devolvió el móvil—. Déjame verla —dijo emocionado—. La subiré con el hastag «Ninja». Tendrá un montón de visitas.

Y definitivamente las tuvo.

Esa misma tarde, el balneario de su familia sufrió una oleada de periodistas como no las había tenido antes, todos preguntando por Victor. Hasta ese momento, Yuri no se había dado cuenta de que el paradero de Victor en realidad era desconocido. Se había ido de Rusia y los rumores decían que para entrenarle, pero no se había confirmado. No sólo podría no estar en su casa, sino que podría incluso no estar en el país.

Nadie se había acercado al balneario hasta que Victor subió la foto posando delante del castillo de Hasetsu. Entonces era cuando todos los interesados habían dado por hecho que estaría en casa del patinador célebre local.

Pero a él nadie le hizo caso en los siguientes días, con todos los ojos pendientes de Victor. En sus entrenamientos, mientras estuviera solo, no le molestaba nadie. Victor decidió no entrenar con él en público hasta que se fuesen calmando las aguas. En el fondo, Yuri pensaba que no había esperado esa atención desmesurada, pero debía entender que su ciudad tenía un dormido sentimiento hacia el mundo del patinaje sobre hielo que sólo necesitaba de un empujón para despertar.

En el Ice Castle, por cierto, estaban encantados. El número de clientes subió con la noticia de que se podía encontrar a Victor por allí. Eso también ayudó a que los propietarios incluso se ofrecieran a cederles la pista algún día, si fuese necesario, para que pudieran entrenar. En realidad, nunca le habían puesto objeciones a que entrenara cuando cerraban al público. La diferencia era que ahora se habían ofrecido a cerrarla al público para ellos.

Y por supuesto, no podía olvidar a sus padres, que también estaban encantados de que se hubiera difundido la noticia. Que Victor estuviese hospedándose allí también tuvo su propio efecto llamada. Yu-Topía ocupó todas sus reservas, tanto de hospedaje como de entrada a los baños. Visto cómo se había desarrollado todo, Victor había tenido suerte por haber subido esa foto después de haberle asignado una habitación normal.

Victor se había convertido en todo un acontecimiento para las gentes de Hasetsu… y, por supuesto, eso también incluía a su profesora.

—No sé por qué no queréis hacer exhibiciones de vez en cuando —protestó Minako supervisando la ejecución de la última pirueta de Yuri—. Eso motivaría a los niños para querer patinar y me ayudaría en mi negocio.

Se encontraban en la última sesión antes de que pudiera volver a pisar la pista de hielo. Había recuperado su forma física tras una intensa semana, por lo que al día siguiente comenzaría su entrenamiento con Victor. Se sentía impaciente y aterrado a la vez, de ahí que fueran las diez y media de la noche y fuese incapaz de salir de allí.

—Victor no está aquí para eso. —No podía evitar pensar que si se le molestaba lo suficiente, acabaría cansándose de todo y volviendo a su casa.

—Ha pasado más de una semana y sigues manteniéndolo en tu pedestal.

—Porque sigue siendo el mejor patinador del mundo —argumentó molesto porque se metiera con sus emociones—. No hay forma de que cambie eso.

—Pero también es una persona de carne y hueso. He estado menos tiempo que tú con él y es fácil ver que es bastante animado para todo. Estoy segura de que si se lo comentas, se ofrecería encantado.

—No pienso molestarle con algo así.

Minako refunfuñó disconforme.

—Es un crimen no aprovecharse de él. Podríamos revivir el interés por el patinaje en toda la región. ¿Sabes lo que es eso?

—Sí —contestó con voz plana—: una ayuda para tu negocio.

—¡Exacto! ¿Por qué sólo te ibas a aprovechar tú?

—Aún no me he aprovechado de él.

—¿Cómo que no? ¿Y qué me dices del hecho de haber tenido la experiencia de convivir bajo el mismo techo que tu ídolo?

—¡No pienso pedirle que haga una exhibición! —Por mucho que insistiera o le intentara hacer sentir culpable, no pasaría por ahí.

Minako se cruzó de brazos mientras dejaba que Yuri ensayara varias combinaciones de saltos. No terminaba de ver por qué seguía manteniendo esa pared frente a Victor. Yuri nunca había sido una persona muy abierta, pero cualquier otro en su situación estaría exprimiendo al máximo la situación. Era algo que se daba cero veces en la vida. Y Yuri había tenido la incomprensible suerte de que sucediera.

Dejó escapar el aire con fuerza, exasperada. Ella no era tan mojigata como él y debía pensar en su negocio. Si Yuri se negaba, ella misma hablaría con Victor al día siguiente. Había sido acosado por los periodistas y los fans y ni siquiera se había mostrado mínimamente disgustado. Se veía de lejos que era una persona que tenía esto bien integrado en su día a día. No se lo imaginaba negándose a algo así.

Era una oportunidad única en la vida. Y si Yuri no colaboraba, ella lo haría en su lugar.


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Fin de Capítulo 2 - Parte III

17 Octubre 2017