Para los que me daban por muerta les puedo decir que dejen de preocuparse, la verdad es que al notar que no podían vivir sin mi empecé a escribir este capítulo, lamentablemente me olvide de guardar el archivo y lo perdí todo pero después lo volví a escribir todo en poco tiempo.
Espero les guste y la verdad es que me está costando escribir porque estoy un poco demasiado metida con otros fandoms como el de Gravity Falls y viendo Steven Universe.
Sigo con los mismos planes de fics, solo que puede que tarde porque vuelvo a mi curso de arreglo de pc, de esa forma podre hacerme la mejor pc del mundo o arreglar la mía sin pagar un peso.
Ludwig estaba nervioso y la verdad es que no se le podía culpar, lo que estaba por hacer era una de las tareas más complicadas de su vida y la verdad es que no tenía idea de cómo proceder. Tenía que ser algo especial, algo que fuera digno de la persona a la que estaba tratando de agasajar.
Porque lo que iba a hacer era pedirle matrimonio a su amado. Claro que pudo haberlo pedido en Alemania pero en ese lugar no había nadie de la familia de Feliciano, eso y que estaba seguro que de hacerlo, muchos de los familiares de su amado italiano harían fila para matarlo, claro que sus hermanos le dejarían sordos de quejarse a los gritos, en especial Gilbert que, Dios sabe porque se había vuelto bastante sobreprotector desde que lo viera en este país.
Como no tenía idea de que hacer llamo por teléfono al medio hermano de su amado, la verdad es que no confiaba mucho en ese francés, en serio le parecía demasiado extravagante pero gracias a eso podría saber cómo hacer algo romántico y eso era lo que él necesitaba en ese momento.
Durante la llamada telefónica lo noto bastante nervioso pero siempre diciéndole que no se preocupara y le estaba interesando mucho el ayudarle con su problema, que lo vería en el restaurante de Antonio, donde podrían hablar más tranquilos.
Simulando estar tranquilo entro en el restaurante y pudo sentir como desde la cocina lo estaban mirando como si lo quisieran matar, sabía quién era la persona que lo estaba mirando de esa forma pero no que hacer para que parara.
Tratando de ignorar eso se fue a sentar a la mesa de la cual lo estaban llamando con una seña de mano y cuando se sentó lo estaba mirando con una gran sonrisa.
— Sera un placer ayudarte a entrar a la familia, en serio creo que eres lo mejor para el pequeño Feli — dijo con gran felicidad conteniendo las ganas de abrazarlo, ya le habían advertido que eso no le gustaba, un poco como su amado inglés, pero pensar en eso sería salirse del tema que estaba ocupándose en ese momento, un tema muy importante para él que amaba tanto a su familia.
— No se me ocurre como hacerlo, en serio quiero hacer algo especial, algo que sea digno de él pero no sé qué hacer — estaban los dos pensando en eso cuando de la cocina apareció un enloquecido Lovino revoleando un cuchillo, mientras que gritaba insultos en italiano, cosa que no entendía por lo que la única razón por la que sabía que lo estaba insultando era por el tono con el que le estaba gritando y amenazando con un arma blanca.
Por suerte no llego a mucho porque Francis lo sentó a la fuerza y le saco el cuchillo mientras trataba de tranquilizarlo, cosa que le costó bastante y solo logro al decirle que Feliciano no estaría nada feliz si le mataba a la persona que amaba.
— No me gusta este tipo, no quiero que este cerca de mi hermanito, no se lo merece — fue lo que dijo mirándolo con odio contenido, en serio estaba seguro que la única forma en la que esa persona lo pondría feliz sería si le podía acuchillar.
— Lovi, trata de llevarte bien con él que dentro de poco estará en la familia y sé que eso es importante para ti — eso era verdad y solo por eso fue que decidió calmarse y ayudar.
Después de eso Ana María fue a tomar lo pedidos, pegarle a su novio e ir a la cocina, Lovino sabía que ese golpe en la nuca era solo un aviso de una charla larga que iba a tener después, una en serio larga.
— Ignóralo, ¿Qué es lo que tienes en mente? — preguntó el francés a lo que el alemán solamente mira a la mesa tratando de tener una idea, algo que no lo hiciera quedar como un idiota pero solo pudo decir.
— Estaba pensando en una cena romántica pero no sé cómo hacer para que sea especial — al escuchar eso Lovino golpeo la mesa con el puño antes de hablar.
— Si quieres una cena romántica, la hare yo, después puedes hacer algo ridículamente cursi como ponerle el anillo en un postre, cosa que a él le podía llegar a gustar, él es muy fanático de esas cosas — esa idea le gustó a Francis que abrazo al italiano, cosa que a este no le gustó para nada pero no hizo mucho más que tratar de separarse de él, cosa que le costó bastante.
— Esa es una idea fantástica, en serio le encantara, me gustaría poder ayudarte pero no puedo tengo que ir a buscar a mi hijito e ir a la casa de un amigo — pidiendo permiso para irse, cosa que a Ludwig le molesto bastante porque lo iba a dejar solo con Lovino pero este solamente le dijo que iba a preparar el menú y que después le avisaba cuando lo tuviera listo, que iba a tener que comer lo que le sirviera sin quejarse, cosa que acepto y se iba a asegurar de ir con el estómago lo más vacío posible, recordando la vez que Feliciano le hubiera hecho una cena italiana, eran demasiados platos y le costó mucho llegar vivo al final.
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Eso había pasado antes de que Francis fuera a la casa de Arthur y la verdad es que en ese momento estaba arrepintiéndose un poco de haber ido a la casa de este.
Arthur le estaba pidiendo que se quedara lo más callado que pudiera porque en serio no quería que su mamá se despertara, porque estaba seguro que no sería nada gentil con Francis, y no era algo que en serio le gustaría ver o que los niños vieran.
Por suerte los niños podían jugar en el jardín, lugar donde tenía varios juguetes con los que podrían jugar sin hacer mucho ruido.
Eso le gusto a Francis, que pudo estar con su amado, tratando de tranquilizarlo, cosa que en serio no era para nada fácil, en serio estaba aterrado con la idea de que su madre se despertara.
— No puede ser tan malo, ella te ama y no creo que me pueda hacer daño si sabe que tu me amas — eso era lo que había usado con Lovino y estaba seguro de que lo podría usar con la madre de Arthur, de que funcionara no estaba tan seguro pero podía tratar.
Lamentablemente no se había acordado de lo cortas que eran las siestas de su familia y por eso fue que la madre de inglés entro en el living para ver a su niñito sentado en el sillón abrazando a la persona que actualmente estaba liderando la lista de personas que ella más odiaba.
— Suéltalo en este instante o te juro que no te quedaran más manos — en serio estaba furiosa, lo bueno fue que se separaron pero para odio de ella el maldito que estaba corrompiendo a su hijo fue a donde estaba ella y haciendo una leve reverencia se presentó.
— Es un placer conocerla señora, me llamo Francis Bonnefoy y espero poder seguir con su hijo — con eso solo consiguió que le mirara con odio, un odio que rara vez viera antes.
— No me gusta que estés con mi hijo, por eso quiero que dejes esta casa en este instante — lo dijo apuntando la puerta pero lo único que consiguió fue que su hijo lo mirara con odio, cosa que le dolió.
— Esta es mi casa mamá, no puedes echarlo, es muy especial para mi y no quiero que se largue, vas a tener que acostumbrarte a él o te tendrás que volver a casa — eso era en serio lo que menos esperaba.
— Pero Artie, no puedes elegir a este frog en lugar de tu familia, en serio no te crie para que actúes de esta forma — estaba más sorprendida que ofendida, en serio había esperado que él se pusiera de su lado, era lo que harían los otros miembros de su familia, por lo menos así era como ella se lo imaginaba.
— Madame Kirkland, no tiene por qué enojarse, en serio amo a su hijo y lo respeto mucho, no le forzare a hacer nada que él no quiera y no sé qué es lo que piensa de la gente de mi país pero le puedo asegurar que no soy de esa forma — como respuesta la señora solamente se cruzó de brazos, antes de comentar de una forma más que fría.
— Esta bien, pero me quedare unos días para asegurarme de que lo que dices no es solamente una mentira y si no les importa iré a preparar la cena. Supongo que te quedaras a comer — no era una pregunta, esa era su forma de hablar a las personas que no le agradaban mucho pero sabía que a otro miembro de la familia si.
— Si, yo y mi hijo nos quedaremos a comer, Mathew come cualquier cosa que le pongan en frente así que no presentara problemas para comer — ella no le dijo nada y siguió caminando a la cocina donde después de una leve pelea con el japonés lo mando a comprar algunas cosas que pudiera llegar a necesitar pero igual pudo empezar a cocinar.
No tardo en volver Kiku con las cosas que le había mandado a comprar y la señora Kirkland ya estaba por terminar el pescado para freírlo, que era como le gustaba a su niñito.
Una de las cosas que había pedido que fuera a comprar eran más papas, al parecer no tenían suficientes como para hacer la cantidad de papas fritas que ella quería y eran más que necesarias para el plato que estaba haciendo.
Aparte hizo una ensalada, para tener una opción más saludable, algo que le convendría comer a su nietito, que el pobre estaba un poquito gordito y era una lástima que su niñito no lo viera.
En la mesa todos comieron de una forma poco tranquila, los únicos que no parecían notar la tensión en el ambiente era los niños, bueno la verdad que solo Alfred porque Mathew noto como la señora lo estaba mirando y en serio no le gustaba para nada, pero no se animaba a decir nada.
Cuando la cena termino, se despidieron de la forma más cortés posible ignorando la mirada de odio de Eileen y se fueron.
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Antonio estaba pensativo, Lovino le había pedido que le dejara la cocina para él solo que iba a preparar algo especial para una cena que su hermano iba a tener con ese idiota con el que estaba saliendo. No le gustaba para nada que salieran pero tampoco iba a aceptar que el momento más importante de su vida fuera algo improvisado y carente de buen gusto.
No quería admitirlo pero iba a necesitar ayuda para hacer todos los platos que había planeado, por eso era que Antonio estaba en la cocina con Lovino, los dos viendo en unos libros de receta, más que para saber cómo se preparaban, solos leían los nombres y anotaban en una libreta los que les parecían ser los más adecuados para la ocasión.
La lista al principio fue muy larga pero después de descartar varias cosas llegaron a una lista mucho más corta. Tenían que elegir los dos platos y el postre, hasta algún aperitivo, porque como muchos italianos consideraban que la comida era una de las cosas más importantes y más para el evento que iba a pasar después de esta.
El alemán llego exactamente a la hora que dijo que iba a llegar, cosa que le preocupo un poco al italiano pero no lo demostró, estaba por encima de eso, pero eso no le evito que lo mirara con su peor cara de culo.
Le dio el anillo que había comprado, era una ridícula cosa que tenía un tomate como joya, aparentemente había gastado bastante en eso, pero no le quitaba lo ridículo. Si tanto a él como a su hermano le gustaban los tomates pero no era algo que él pensara que fuera digno de estar en un anillo.
Lo puso en el postre, que era un elaborado tiramisú, generalmente serían frutas pero quería agasajar a su hermano y ese era su postre favorito.
El italiano llego a las pocas horas sorprendido cuando viera que el lugar estaba cerrado pero como Ludwig le había dicho que se iban a encontrar ahí ignoro el cartel y entro igual.
Fue a la mesa en la que vio que Ludwig estaba sentado y se sentó en la silla que estaba delante a la de él.
Como lo que estaba pasando parecía ser algo importante, los dos se pusieron sus mejores trajes. No eran de tener muchas citas, por eso era que cuando tenían una se lo tomaban extremadamente en serio.
Hasta Lovino estaba siendo serio y preparo todos los platos que a él le gustaban y lo más gracioso fue que Ludwig parecía estar nervioso, pero Feliciano no lo comentó, solamente se divertía con verlo así. Ya cuando se fueran a casa le podría comentar y hasta burlarse un poco.
Eso era algo que había aprendido del alemán y en ese momento se iba a comportar como su amado quisiera, sin importar lo mucho que no quisiera actuar de una forma más divertida.
Cuando llegaron al postre vio que traían un hermoso tiramisú, algo que en serio le encantaba y más le gusto el anillo que estaba en este, era en serio hermoso pero no entendía porque estaba en su postre.
— Feli, eres la persona más importante de mi vida, no sé cómo podría vivir sin ti, por eso te pregunto ¿Quieres casarte conmigo? — espero no animándose a respirar pero fue por pocos segundos porque el italiano se le tiro encima abrazándolo con fuerza mientras que repetía a los gritos que si aceptaba. En serio lo amaba y no quería separarse de él y al parecer su familia lo aceptaba, cosa que le había preocupado porque para él la familia era una de las cosas que más quería y de no aceptarlo le habría costado decir que si.
Mientras tanto en la cocina Antonio y Ana María estaban festejando mientras que Lovino miraba la puerta con un poco de enojo, bueno, ya no había nada que se pudiera hacer, solo admitir que se había perdido y empezar a soportar a ese idiota.
Por otro lado Ana María había estado un poco demasiado emocionada con ayudar en el plan, lo único que le faltaba era que ella también se quisiera casar, pero para eso tenía tiempo ¿no?
Espero le haya gustado el fic a los que le gusta acepto halagos y a los que no, pueden criticar todo lo que quieran. Es cosa mía si les acepto las críticas o los mando a freír espárragos.
Ahora mi auspiciante:
Vamos Manaos
