Disclaimer: Los personajes que se presentan en esta historia son propiedad de la autoría de Masami Kuromada y Toei Animation. La historia que se presenta es ficción ya que nunca ocurre en la serie original, y su fin es meramente de entretenimiento sin intención de ofender o plagiar a alguien.
"El fuego de la vida"
Décimo capítulo: "Revelaciones inoportunas"
-¡Máscara!-
Afrodita se acercó velozmente al de Cáncer sin saber exactamente qué hacer. Sacudió el cuerpo del otro santo esperando que volviera en sí, pero estaba pesado y endeble. Su rostro perdió el color y la palidez era notable en su rostro inmóvil, la frialdad de su piel cual cadáver aumentaba la preocupación del doceavo guardián. Era la primera vez en mucho tiempo que el Caballero de Piscis sentía verdadero pánico en pocos instantes; se sentía desesperado y confundido pues jamás había pasado nada similar con el Caballero de la cuarta casa. Intentó invocar su cosmo para hacer despertar a Máscara Mortal, no era la clase de hombres que pedía ayuda a los demás, así que intentó resolver esa situación lo más rápido que pudiera tratando de mantener la cabeza fría. Sin embargo no resultó como esperaba. Una pequeña y débil aura difusa rodeó su cuerpo y por más que intentaba no lograba más de eso. Trató desesperadamente recurrir a su energía una y otra vez, pero vanos eran sus esfuerzos en cada intento. Algo extraño ocurría.
-¡Carajo!- gritó con impotencia.
No tenía otra opción. Athena debía enterarse, tenía que ir al templo principal en su búsqueda. Pero no quería dejar así al santo de Cáncer. Tomó uno de sus brazos para sostener su cuerpo y levantarlo; lo llevó hasta uno de los sofás de su sala y lo recostó con cuidado; lo vio de nuevo, estaba aterradoramente pálido. Tocó su frente y entonces supo que debía apresurarse pues el calor abandonaba lentamente su cuerpo. Salió a toda prisa del templo, corriendo veloz, aunque no a su máxima capacidad. No alcanzó la velocidad luz para llegar más rápido y eso le frustró aún más. El templo de Leo estaba próximo, pero de pronto, su visión se nubló y lo que tenía al frente se difuminó. No dejó de correr, no podía detenerse en esos momentos aun cuando sentía que caería sin fuerzas.
…
La ninfa evitó la mirada inquisidora del santo de Sagitario que la interrogaba con insistencia. Había hablado demasiado. Aioros cerró de golpe el libro que sostenía en las manos provocando un eco que hizo dar un pequeño salto a la joven castaña. Su mirada era decidida, aunque intimidante.
-Euclíome- repitió impaciente.
-No insistas, no puedo decirlo- contestó ella esquivando la mirada.
Comenzaba a sentirse presionada ante la obstinación del santo. Escuchó que la silla de él hizo ruido y entonces volvió su vista al frente, dándose cuenta que Aioros se levantaba rodeando la mesa y yendo hacia las puertas, pensó que se iría, sin embargo se sorprendió al notar que él en realidad colocó el seguro interno de la entrada.
-No me dejas otra opción- dijo él.
-¿Qué pretendes?-
-No saldrás de aquí hasta que me digas todo-
-Estás siendo extremista Caballero de Athena- dijo ella con intimidación en la mirada.
-Esa información que necesita mi Diosa, ¿Se aplica a toda la Orden?- preguntó mientras se acercaba a la mesa y tomaba asiento frente a la ninfa.
-Te dije información que jamás debieron abandonar mis labios- contestó simplemente- pero no sucederá otra vez, y no creo que a tu señora le agrade la idea de tu comportamiento hacia mí-
-A mi señora no le gustan las mentiras, y a mí menos, así que comienza a hablar- dijo con decisión; ella sólo dibujó una sonrisa irónica.
-Si no le gustaran las mentiras…- dijo con malicia- ya sabrías el por qué de nuestra estadía en este Santuario-
-¿A qué te refieres?- preguntó incrédulo.
-¿No te resultan extraños los motivos de nuestras presencias aquí si Athena ha vivido enemistada durante siglos con los tres hermanos?- planteó con misterio.
-Ciertamente no pude evitar pensar en el uso de la extraordinaria elocuencia con que deben contar los Dioses para convencer a mi Diosa de un pacto de paz y remitirlas a ustedes para tenerla vigilada bajo una falsa fachada de alianza- dijo mientras se cruzaba de brazos- pero… estoy seguro que sólo debe ser mi imaginación- terminó con una sonrisa serena.
-Eres bastante astuto Aioros- dijo sorprendida- Athena sin duda ha elegido bien a sus guerreros para que la representen en todos los aspectos-
-Sin embargo nuestra plática no consistía en exaltar mis cualidades- recordó con la mirada fija en ella.
-Has dicho bien en que se tendrá vigilada a Athena- confesó- pero no es como crees, Zeus de verdad quiere darle una oportunidad a su hija para convivir en la tierra y con ustedes los humanos, sobre todo con los que se nombraron sus Caballeros-
-Continúa- pidió serio.
-Ustedes han regresado del abismo de la muerte gracias a la insistencia de Athena para con Zeus- explicó Euclíome- han pasado tres años desde su desaparición en el Muro de los Lamentos y del término de la guerra con Hades-
-Realmente no necesito que me recuerdes fechas- dijo turbado.
-Paciencia Caballero, paciencia- pidió tranquila- como decía- retomó la narración- desde ese entonces y tras el regreso a la tierra, Athena ha tenido varios concilios con el rey del Olimpo, todo para implorarle le permitiera regresarles la vida a todos ustedes, y a pesar de que es sabido que Zeus no le niega nada a su hija predilecta… no hizo caso a sus peticiones-
-La única forma en que Zeus negara algo a Athena… sería sabiendo de consecuencias de gran magnitud en su petición- Aioros calló con los ojos muy abiertos.
-¿Lo has descubierto no es así?- preguntó mientras se levantaba de la silla- sus cuerpos han sido materializados de nuevo la igual que sus almas por el poder de Athena, incluso con la energía de Zeus, pero…- se detuvo a espaldas del Sagitario- no hay estabilidad entre sus espíritus y cuerpos, no cuentan con sus cosmos como debieran, incluso no todos están conscientes- recordó ella.
-Shaka…- susurró el castaño.
-Y lamento decir que no será el único- mencionó volviendo hacia Aioros- habrá otros que caigan en crisis, inclusive puede que no despierten en tiempo indefinido-
-¿Quiénes?-
-No lo sé, puede ser cualquiera-
El santo abrió los ojos y la duda asaltó su mente. Con brusquedad se levantó de su asiento y la respiración agitada hacía más difícil la asimilación de esa verdad; con nerviosismo notable se peinó el flequillo. Era verdad, todo explicaba la debilidad que sentía desde su regreso. La imagen de Aioria vino a su mente, no pudo evitar pensar que algo similar al sexto guardián le ocurriera a su hermano.
-Todos están vulnerables- dijo ella en voz baja y acercándose al castaño- por eso debo ayudar a Athena a encontrar la manera para reestablecer la unión vital entre alma, cuerpo y cosmo, de otra manera existe la posibilidad de que aún contando con parte de la energía de Zeus…- se detuvo justo tras él- es probable que…- dudó un momento.
-Sólo dilo- pidió Aioros.
-…Que desaparezcan para siempre…-
Aioros se alejó de la ninfa y se encaminó a la salida. Quitó el candado de las puertas par abrirlas.
-¿Qué piensas hacer ahora que sabes la verdad?- preguntó haciendo que se detuviera.
-Recurrir a la honestidad de mi Diosa- contestó sin mirarle- quiero oírlo de sus propios labios- terminó de decir y salió del lugar.
…
Athena calló unos momentos y reflexionó la petición de los recién llegados. El silencio que se presentó fue incómodo, pero nadie se atrevió a interrumpirlo. Shion permanecía quieto tras su Diosa y tampoco mencionó palabra; a lo lejos se escuchaba el graznar de las aves recorriendo el cielo azul y, si se prestaba atención lo suficiente, el fluir del río en el bosque cercano. La Diosa miró directo a los ojos azules de Munin y entonces habló.
-Así que desean sellar la armadura de Odín- dijo Athena- ciertamente había olvidado que debe ser resguardada en la estatua una vez utilizada- reflexionó la Diosa.
-Tengo entendido que, el Dios Hefesto creó para Asgard las armaduras divinas una vez les fue concedido el permiso de Athena para utilizar las estrellas de una de sus constelaciones, y además prestó su mazo a Völundr para crear la indumentaria del mismo Odín- recordó el Patriarca evocando esa historia.
-Sí- afirmó Athena- pero después de la batalla que tuvimos en su pueblo, la armadura sagrada de Odín ha quedado expuesta, por lo que debe ser sellada de nuevo hasta que él la necesite- explicó con serenidad.
-Hefesto ayudó a resguardar en varias ocasiones la armadura de nuestro señor- dijo Hugin- sin embargo no hemos podido contactarle directamente en esta ocasión. Por eso, requerimos de tu ayuda Athena-
-El contacto con mi familia en el Olimpo es casi nulo- aseguró la sapiente deidad- sin embargo pueden estar seguros que le informaré a mi hermano sobre su situación-
-Agradeceríamos que fuera pronto- dijo Munin.
-Mi palabra es firme como las columnas que erigen este recinto, puedes estar seguro de ello- respondió Athena con seguridad y por un instante Munin pudo ver un destello gris en sus ojos.
Athena se levantó de su trono y bajó los escalones que le separaban de los míticos mensajeros de Odín en forma humana. La luz solar de la temprana hora se dispersaba por el salón y aún en su radiante iluminación las paredes de mármol tenían un matiz gris que delataba lo temprano del día. Se acercó a sus visitantes y brindó una sonrisa amplia y cálida.
-El viaje ha sido largo sin duda- recitó con su serena voz- ¿Por qué no recuperan fuerzas y se quedan hasta que decidan la hora de su partida?- invitó la deidad- puedo disponerles una habitación, comida y vino-
-Muy amable de tu parte Athena- mencionó Hugin- y ciertas son tus sospechas pues el viaje nos ha dejado agotados, partiremos al atardecer-
-Muy bien entonces- dijo ella- Shion, lleva a nuestros invitados a las habitaciones superiores y llama a tres de nuestras damas para que les brinden lo que dispongan- ordenó la Diosa con nobleza.
-Como ordene- le hizo una reverencia- por aquí por favor- anunció el Patriarca indicando con la mano.
Los gemelos le siguieron, pero la joven que les acompañaba se acercó a la Diosa.
-Señora Athena- le habló ella.
-¿Pasa algo Lillean de Asgard?-
-Quisiera pedirle un favor- aseguró- deseo ver a mi hermana y yo no sé dónde encontrarla, ella es…-
-Lorin- terminó- sí, la recuerdo, yo misma te llevaré a su habitación si lo deseas- ofreció con una sonrisa.
De pronto, las puertas del salón se abrieron y se anunció la llegada del santo de Sagitario. Entró con paso seguro y una extraña luz en sus ojos hasta cierto punto inexpresivos. Athena le miró en silencio. Llegó ante ella, arrodillándose al instante.
-Mi señora- habló sin verla.
-Lillean, deberé dejarte sola- se dirigió a la elfa- sigue por ese corredor y llegarás a una antecámara donde se izan escaleras de madera, arriba en la cuarta puerta, se encuentra tu hermana- le indicó la Diosa.
-Gracias Athena- se despidió.
La elfa se perdió de vista en el pasillo, y una vez a solas, la deidad regresó a su asiento y miró con intriga al santo de la novena casa. Sus ojos estaban serios y expectantes, ciertamente la identidad de la Diosa más sabia del Olimpo se revelaba en el joven rostro de su mortal reencarnación, y una vez en silencio, ella habló.
-¿Qué sucede Aioros?- cuestionó con calidez.
-Nos mintió…- susurró apenas y la vista perdida en el suelo. Athena abrió ligeramente la boca y sus ojos expresaban demasiado.
-¿Cómo dices?- cuestionó temblorosa.
-Lo sé… lo sé todo- dijo sin moverse- las reuniones con Zeus -comenzó a nombrar- sus peticiones para volvernos a la vida; nuestra falsa condición de bienestar- se detuvo y tragó saliva- …la amenaza de desaparecer irreversiblemente- levantó la mirada y sus ojos verdes expresaban miedo- ¿Por qué lo ha hecho Athena? ¿Por qué nos ocultó la verdad?-
La Diosa se levantó de nuevo y comenzó a dar vueltas nerviosamente, sus manos temblaban y en su mente se formulaban miles de respuestas para esas preguntas, pero no logró articular ninguna.
-Somos hombres dedicados a protegerla y venerarla, pero… nos ha mentido sobre nosotros mismos con la esperanza de arreglar las cosas sin hacer crecer el miedo en todos- se levantó de su posición- y quizá merezca ser azotado por estas palabras, pero a eso Athena… yo le llamo egoísmo-
La Diosa posó sus ojos verdes en los de él, intentaba explicar el por qué de su decisión para mantenerles oculta la verdadera situación y sin embargo no halló las palabras. Con su voz temblorosa se dirigió al santo.
-Tienes razón- admitió bajando el semblante- eso he sido al exponerlos a un nuevo sufrimiento, pero entiende- pidió volviendo su vista a él- yo sólo quería devolverles lo que les arrebaté sin derecho-
Violentamente las puertas del salón se abrieron y ambos se giraron en su dirección; en el umbral se divisó la figura del Caballero de Piscis con respiración agitada, acercándose rápidamente hasta la Diosa, mas al estar a escasos metros, cayó sin fuerza. Aioros abrió los ojos con desmesura y se apresuró a estar a su lado; Athena bajó y tomó entre sus brazos al doceavo santo, llamándole con desesperación.
-¡Afrodita! ¡Afrodita!- repetía con miedo y su corazón acelerado.
-Athena…- susurró débilmente mientras abría los ojos- Máscara… Máscara está…-
-¿Qué sucede con él?- cuestionó Aioros.
-Él… él…- logró articular. Perdió el sentido.
La Diosa miró al centauro con obvia culpa en sus ojos.
-Iré a Cáncer- anunció Aioros levantándose- usted hágase cargo de Afrodita- pidió intranquilo. La Diosa asintió.
-Aioros- llamó al santo antes de que se fuera- …perdóname-
El Caballero de Sagitario la miró y después salió del gran salón en dirección a la cuarta casa.
…
El territorio de combate estaba delimitado por las líneas de caliza en la tierra, y fuera de esa área las rocas más grandes bajo los árboles rebosantes de hojas servían de asientos para los cortos descansos en los entrenamientos. El sol imperaba en lo alto y el calor de su radiación pronto dominó el ambiente. Eran pocas realmente las mujeres que se encontraban en ese momento al servicio de la Diosa de la sabiduría, pero aún así su rutina era constante. Como era de costumbre la primera en llegar había sido la guerrera de Ophicus que impacientemente movía de arriba abajo sus puntiagudos zapatos, cruzada de brazos y la vista fija en el bosque que rodeaba el recinto. A unos metros, se encontraba sentada sobre una gran piedra Marin del Águila con la serena postura que le caracterizaba.
-Recuérdame por qué tenemos que esperar a Dysis cada vez que entrenamos- comentó con impaciencia Shaina.
Pronto comenzaron a hacerse notables los pasos de alguien que se acercaba, y cuando vieron en su dirección descubrieron a la chica de Serpens, la cual vestía las características mallas adheridas desde sus caderas hasta el término de lo muslos en color negro acompañadas de una estola amarilla en la pelvis, un corsé también negro y los protectores de metal en lo superior del torso.
-Llegas tarde Serpens-
-Tenía guardia en las montañas y mi turno acaba de terminar- se disculpó la peliazul.
-Tu guardia terminó hace veinte minutos- replicó la de Ophicus.
-Tuve que ir a quitarme la armadura- dijo mientras se colocaba los guanteletes de cuero negro en sus manos y avanzaba al área de entrenamiento.
-Te vuelves más lenta con los días- bufó molesta Shaina.
-Tal vez sea porque yo la distraje- habló una voz conocida por Dysis.
Marin y Shaina se volvieron hacia la persona que había hablado, y para su sorpresa, pues no se percataron de su presencia, la guerrera de Caelum se encontraba sobre una de las rocas bajo un árbol. Shaina se acercó a ella con su particular manera de andar segura e intimidante.
-¿Quién eres tú?- preguntó despectiva.
-Vaya, tal parece que todo mundo está de mal humor cuando me ve- dijo bajando de la enorme piedra- mi nombre no es relevante si se me pregunta con descortesía- aseguró con un tono de diversión- sin embargo creo que al menos deberían saber que también soy guerrera de Athena-
-No es necesario que esté aquí Shaina- intervino de pronto Dysis; miró a Naiara- ella ya se iba-
-De hecho pensaba quedarme a entrenar- aseguró la pelinegra. Dysis calló e hizo puño sus manos.
-¡Pero claro!- dijo con burla la peliverde- ¡Tú eres la desertora!- expresó dando una palmada- ¿Naiara, cierto?, ¡Pero que honor nos brinda tu presencia hoy mujer!-
Naiara quedó muda ante los comentarios venenosos y sarcásticos de Shaina quien llevó sus manos a las caderas.
-No veo por qué no pueda quedarse- dijo mientras se alejaba al terreno de entrenamiento- será divertido ver qué puede hacer-
Naiara resopló molesta, la cobra había provocado su enojo y por más que no quisiera admitirlo estaba un tanto insegura sobre combatir con ella, tenía mucho tiempo sin estar en una pelea de rutina del Santuario, pero no era algo que quisiera mostrar frente a ella. Se acercó hasta quedar frente a Shaina.
-¿Lista?- preguntó Shaina.
Tomaron posición de combate y el silencio se cernió sobre el lugar. Las máscaras de plata no delataban los planes de la otra, pero aún así trataban de leer el primer movimiento. Shaina comenzó a correr en dirección a la pelinegra, soltó una patada al aire que Naiara esquivó por escasos centímetros, sin embargo, ese era el plan de Shaina; dio una vuelta rápidamente y con la otra pierna asestó un golpe pesado en el abdomen de la pelinegra. La Amazona de Caelum sintió el aire abandonar sus pulmones mientras abría la boca. Sin duda la cobra era más fuerte que ella. Pero no tuvo tiempo de pensar en nada más, pues los puñetazos que le infringía la cobra eran fuertes y rápidos, no podía verlos venir y la desesperación comenzó a apoderarse de ella.
Marin y Dysis permanecían inmóviles observando la batalla. Por dentro, la Amazona de Serpens estaba satisfecha con la paliza que la cobra le proporcionaba a Naiara y no pudio evitar sonreír con malicia cuando vio cómo Shaina conseguía fácilmente derribar a su oponente con una patada en la cabeza. Aquello terminaría pronto. Sin embargo también le sorprendió que la de Caelum devolviera varios de los golpes con sus manos hechas puños directamente al estómago de la peliverde, quien retrocedió varios pasos.
-Maldita…- susurró Shaina a la defensiva.
Difícilmente Naiara tomó aire. Haciendo uso de su extraordinaria velocidad, Shaina le dio un puñetazo en el rostro mientras la tomaba del cabello; rió con burla al ver la máscara sucia y la sangre correr por el cuello de la pelinegra. La soltó. Naiara se levantó rápida a pesar del dolor en su cuerpo, torpemente trató de asestar golpes a la de Ophicus, sin embargo ésta la esquivaba con facilidad. Hizo puño su mano para darle otro golpe al abdomen de Caelum. Después tomó impulso y dio un gran salto, su pierna derecha se extendió hacia el cuerpo de Naiara. El impacto fue brutal y rápido. Cayó apenas consciente. Shaina se sacudió las manos en seña de terminar; resopló con fastidio, aquello había sido rápido y eso le aburrió. Dio la media vuelta y se alejó del área.
-Vámonos- dijo seca.
Dysis se acercó hasta donde yacía Naiara. Se posó en cuclillas y miró con desgano a la chica.
-Lástima que Saga no esté aquí para ayudarte ¿Verdad?- mencionó fastidiada; le habló entre dientes- la próxima vez piensa dos veces antes de meterte con Shaina o yo misma me encargaré de dejarte peor que ahora-
Se levantó y se adelantó al igual que sus compañeras, dejando a Naiara. Todo su cuerpo dolía demasiado; se levantó torpemente con la respiración agitada y la visión nublada. La cobra era realmente fuerte y ella estaba en desventaja física, no podía negarlo, la humillación sufrida había sido producto de su confianza.
-Espera- dijo entrecortada mientras se levantaba- esto aún no se ha acabado- tomó posición de combate de nuevo.
Shaina se había detenido, y al escuchar aquello se volvió hacia ella.
-Tal parece que las perdedoras nunca aprenden- mencionó burlesca mientras volvía sobre sus pasos.
-Anda Ophicus, ven- retó Naiara.
-¿Qué dices estúpida?- reaccionó la Amazona con disgusto- ¿Acaso quieres que te mate?- preguntó con las manos en la cintura ya frente a la otra.
-Inténtalo- escupió arrogante.
-Te voy a desfigurar- aseguró sacando las garras que caracterizaban su ataque.
-Shaina ya basta- pidió Dysis- no vale la pena- dijo mirando a Naiara.
-Si la matas, Athena te castigará por derramar sangre impulsivamente, déjala ya- pidió la pelirroja. La cobra bufó molesta y se retiró.
Naiara perdió la fuerza y sus rodillas le fallaron. Marin la tomó para que no cayera de lleno al suelo.
-Has sido realmente tonta al provocar la ira de Shaina- dijo Marin ayudándola a sostenerse- te llevaré a la cabaña- mencionó comenzando a caminar.
-No, déjame- trató de alejarse.
-El orgullo no te llevará lejos con esas heridas- mencionó la pelirroja seria.
Después de eso ambas permanecieron en silencio, caminando por el sendero que llevaba a las residencias de las Amazonas. Se acercaron al conjunto de casas en medio de un área rodeada de árboles y Marin se dirigió a la que estaba más cerca del caudal del río. Era una modesta cabaña apta para una persona, máximo dos. Abrió la puerta, dirigiéndose a la habitación, y una vez ahí, recostó a la pelinegra.
-No te conozco- habló Marin tomando un botiquín de primero auxilios- ni siquiera sé tu nombre y rango, pero debo advertirte que con Shaina no se juega, y tu has sido ingenua al pensar que podrías ganarle sin haber entrenado tantos años-
-¿Cómo sabes que…?-
-Dysis nos contó un día sobre ti- aplicó alcohol en el hombro de ella- cuando Athena volvió de su batalla con Hades, mandó a llamar a los Caballeros que se encontraran fuera del Santuario, pues había pocos, y Dysis fue una de ellas- explicó mientras terminaba de limpiar- el resto de los detalles sobre cómo nos conocimos son relevantes, pero nos hemos llegado a comprender y estimar-
La Amazona de Caelum detuvo las manos de Marin que pretendía vendar las heridas abiertas. Lentamente invocó parte de su cosmo que se presentó como un aura blanca con destellos azules, y de a poco las heridas en su cuerpo se fueron cerrando, al igual que los moretones desaparecían de su piel. Se levantó del lecho y miró por la angosta ventana de la habitación.
-¿Alguna vez has sentido ganas de matar a quien amas?- preguntó Naiara de espaldas a Marin. La pelirroja permaneció callada- porque esa es la razón por la que me fui de aquí hace tanto tiempo…- dijo quitándose la máscara con cansancio y una vez libre de ella perdió la mirada en el paisaje- seguro ella les habló sobre mi deserción, fue obvio con Shaina, pero…- apretó los puños- yo no quería matar a Saga-
-¿Por qué me estás diciendo esto?- preguntó Marin inmóvil, pero sorprendida por la confesión.
-Porque necesito desahogarme- susurró afligida- porque estoy confundida y no sé qué hacer ahora, mi voluntad se desmorona, estoy comenzando a perder la fuerza- se volvió hacia Marin con los ojos humedecidos- quiero venganza, pero también paz con los que me rodean, y ambas cosas parecen inalcanzables-
-Deberías buscar paz contigo misma primero- contestó la de Águila- pero me confundes, no entiendo por qué motivo quieres venganza y que relación tiene con amar a Saga-
-Es fácil de deducir- contestó con una sonrisa irónica- Saga mató a alguien que yo quería- mencionó con dolor- Saga mató a mi hermano…- confesó fríamente. Marin abrió los ojos con terror.
…
Aioros entró al cuarto templo, rápidamente comenzó a buscar indicios del santo de Cáncer. La entrada al área residencial estaba oscura pues ninguna ventana estaba abierta. Se aproximó a la sala, y ahí lo vio. Su figura recostada e inmóvil en el sillón el indicó al de Sagitario que definitivamente nada estaba bien con el santo de Cáncer; se acercó rápido, pronto comenzó a revisar sus signos vitales. Respiraba, sí, demasiado débil, pero aún estaba vivo.
-Máscara, Máscara- le llamó firmemente.
Nada. Estaba frío y pálido. Escuchó pasos, se aproximaban hasta él. Mu apareció oportunamente por el umbral del arco de la sala, al verlo, el arquero se aproximó a él. Estaba asustado aunque no lo demostraba.
-Necesito que nos lleves a la Fuente de Athena- pidió sin explicaciones.
Al ver el rostro turbado de Aioros y al santo de Cáncer inmóvil decidió no hacer preguntas y movilizarse rápido. Fue hasta donde Máscara y le tomó el brazo al igual que a Aioros, y en un momento ya no estaban.
Cuando se encontraron en el sagrado templo de sanación, se dirigieron a una habitación cercana. Una vez adentro, Aioros acostó a Máscara Mortal en una cama amplia y pulcramente cubierta de sábanas blancas. Había una ventana que daba vista al hermoso bosque colindante, y custodiando el lecho dos pequeñas cajoneras. Y enfrente una consolita con toallas limpias y un recipiente con agua; sobre ella un gran espejo. Aioros volvió a revisar al Cáncer. Salió de la habitación aún sin decirle nada a Mu. Corrió por el pasillo principal, y en el camino su sorpresa fue grande al ver a Athena salir de otra habitación acompañada de las cuatro mujeres que habían arribado al Santuario, además de la última que vino con los de Asgard. Su mirada se cruzó con Athena.
-Máscara está aquí- habló de prisa.
La Diosa se acercó hasta donde el noveno santo y con la expresión de sus ojos imploraba su perdón, pero también discreción. La dirigió hasta la habitación donde yacía su compañero. Entró y se encontró con la imagen del Cáncer inconsciente sobre la cama, sus ojos se contuvieron y se aproximó hasta él. Miró a Mu y después a Aioros. Cerró sus ojos colocando una mano en la frente del santo, acudió a su cosmo dorado y poderoso, transmitiendo ondas al cuerpo de su Caballero. Lentamente el color regresó a las mejillas de Máscara Mortal, y la respiración ya era notable, pero no despertó. Aioros suspiró aliviado al verle estable, pero aún así temía por lo que fuera a suceder después. La Diosa se levantó del lecho y Salió de la habitación, indicando a sus Caballero que le siguieran. Siguió por el corredor principal del templo, yendo a las afueras del mismo.
El paisaje del exterior era sublime con los árboles teñidos en ocre en sus coronas por el otoño y el caudal del río fluir frente al edificio, y un poco más allá, estatuas que representaban el recinto de la deidad. Ya se encontraban en el exterior las mujeres que acompañaban a Athena. Se paró frente a ellas y los santos.
-¿Cómo está Afrodita?- preguntó antes que nada.
-Estable- anunció la Erinia pelirroja- aunque su cosmo comienza a disminuir- anunció fríamente.
-¿Dónde está él?- interrumpió Aioros preocupado.
-En otra habitación en el templo, Shion me ayudó a traerlo- respondió la Diosa con pesadumbre.
-¿Qué va a pasar ahora Athena?- insistió el arquero.
-Esperar…- respondió mirando al cielo.
-¿Esperar?- igualó desconcertado- ¿Esperar a que uno a uno vayan cayendo?- preguntó confundido.
-No Caballero, tenemos que encontrar la manera para reestablecer el orden en ustedes- siguió la hija de Hades.
-¿Qué pasa aquí?- cuestionó Mu mirando a Athena- ¿Qué sucede con todos?-
-No quiero extender el caos en la Orden- dijo juntando sus manos- lo único que deben saber es que yo haré todo lo necesario para que nada les pase, lo juro- miró directo al castaño- y como ya sabes Aioros… no puedo hacerlo completamente sola, por eso ellas me están ayudando con esta inclemente situación, por eso…- se acercó a sus santos- les pido que no digan nada al resto-
-¿Quiere que yo también les mienta?- replicó Aioros con un dejo de reproche.
Athena se alejó de ambos, los miró con súplica y la culpa opacando el brillo de sus ojos. Aioros suspiró resignado, comenzó a adentrarse al templo con intenciones de ir a ver a Máscara Mortal.
-La verdad siempre llega, quizá no será de mis labios… pero el resto lo sabrá pronto- dijo de espaldas a todos. Continuó la marcha.
-No se preocupe Athena- le habló la nereida- nosotras nos encargaremos de sus hombres, todas tenemos dones curativos- aseguró sonriente.
-Gracias Victoria- mencionó la Diosa aún apesadumbrada- necesito que sigan buscando la forma de controlar todo esto- se dirigió a la ninfa y la erinia- y Lillean, ¿Podrías ayudar a Victoria y tu hermana a custodiar a uno de mis guardianes? Ya son tres y ya he asignado a ambas a cuidar a uno-
-Puedo serle útil en lo que resta del día- contestó cortés la gemela de Lorin.
-Ahora es cuando más necesitaré su ayuda- vio hacia los templos-justo cuando mis Caballeros estén entre la vida y la muerte-
…
El sol se retiraba lentamente del cielo, y lo que una vez era nítido poco a poco se volvía oscuro con el paso de la naciente noche. Pronto las antorchas fueron encendidas en las afueras del templo principal y el resto del camino zodiacal permanecía normal. Las guardias en los distintos puntos estratégicos del Santuario cambiaban de vigilantes a esa hora. Los Caballeros que habían tenido vigía anterior ahora se retiraban, pasando el puesto a otros.
En la fuente de Athena permanecían Victoria y Lorin cuidando de Afrodita y Máscara Mortal respectivamente. La habitación donde se encontraba el cuarto guardián permanecía carente de luz. Lorin se encontraba con él, vigilando su condición. No era de su agrado tal tarea. Miró indiferente al santo de Cáncer, aquel era uno más de los hombres que ella tanto odiaba. Escuchó un quejido salir de la boca de Máscara Mortal. Se acercó apenas y miró sus movimientos. Su entrecejo estaba arrugado, parecía sufrir en sueños; las manos se movían temblorosas. Después nada. Volvió a quedarse quieto y sin despertar.
…
El ascenso hasta Géminis parecía largo, sin embargo Saga había subido por esas escaleras tantas veces que era corto el tiempo en que lograba divisar las imponentes figuras de los gemelos en la entrada. El turno de su vigía en la parte norte de las montañas apenas había terminado. Caminó a paso rápido. Pronto se encontró bajo las regias columnas que sostenían el pesado techo del edificio. Se adentró silencioso entre las sombras, y aún con la escasa visión, pudo adentrarse a la parte residencial, yendo directamente a su habitación. Una vez adentro despojó a su cuerpo de la indumentaria de oro, la cual fue acogida por su cofre de inmediato. Soltó un suspiro cansado y se peinó el flequillo con los dedos. Se quitó la camisa, pues sentía calor. Dio un paso al frente con intención de dirigirse al baño, pero se detuvo. Sentía otra presencia oculta por la oscuridad, permaneció quieto y por el rabillo del ojo izquierdo visualizó a su acompañante. Y solamente dibujada por la luz de la tarde y de pie frente al ventanal, una silueta esperaba paciente. Arrugó el entrecejo y permaneció inmóvil.
-Deberías dejar de seguirme, odio ser acosado- dijo malicioso- ¿Por qué estás en mi habitación?- preguntó con molestia.
-No me digas que…- la figura se aproximó a él- ahora te es incómodo tener a una mujer en tu alcoba- terminó acercándose hasta tenerlo frente a ella.
Saga entrecerró los ojos en seña de preguntarse qué tramaba. Cruzó sus brazos esperando alguna explicación de la intromisión a su espacio privado, sin embargo sólo recibió una risa de la otra.
-No creas que vine a verte a ti y me quedé esperando cual Julieta a que el idiota de Romeo aparezca- contestó sarcástica.
-Que romántica- dijo con burla- lástima que no me guste la dramática inglesa-
-Ya me iba, sólo vine por esto- le mostró un relicario cerrado colgando de una cadena de plata- lo dejé aquí hace tiempo y quería recuperarlo, seguro lo recuerdas-
-Debiste pedirme permiso antes de entrar- contestó cansado.
-¿Para qué?, si yo ya conozco tú habitación y el camino hacia ella-
Se acercó más a él haciendo jugar sombras con la escasa luz sobre su cuerpo. Rodeó lentamente el cuello del santo y desapareció cualquier espacio entre ellos, revelando reluciente su máscara en el rostro sin movimiento expresivo. Saga hizo una mueca de hastío, odiaba esa cosa.
-¿A qué estás jugando Naiara?- preguntó en un susurro.
Ella dio un sobresalto saliendo del momentáneo trance en que se encontraba totalmente hipnotizada por el Caballero de Géminis. Se reprendió mentalmente una y otra vez. Bajó los brazos liberando el cuello de Saga y trató de alejarse rápidamente. El santo le tomó ambos brazos y localizó sus ojos que sabía estaban evitando el miramiento.
-Debo, debo irme- balbuceó confundida la Amazona.
-¿No habías dicho que me odiabas?- atacó Saga apresando a Naiara- ¿Acaso no fuiste tú la que juró un día destruirme?- hizo que retrocediera varios pasos sin soltarla- ¿Entras a mi habitación y luego intentas irte?- mencionó con un tono de falsa confusión- realmente comienzo a creer que ya no piensas claramente- dijo divertido.
-Déjame ir-
-¿Por qué no dejas de engañarte a ti misma?- mencionó mordaz y la mirada helada.
-No sé de que hablas-
-Sí que lo sabes- suavizó el agarre en sus brazos- tú no me odias…- bajó su cabeza y comenzó a besar el femenino cuello.
-Es tan típico de ti- mencionó molesta- crees que lo sabes todo, no estás en mi piel para saber lo que siento-
-Sólo dilo- Llevó sus manos hasta el broche que mantenía sujetos los protectores en el pecho de Naiara, despojándola de ellos.
-Basta- dijo ya con la respiración agitada.
Saga hizo que retrocediera hasta topar con el borde de la cama. Entonces se ocupó de tomar el trozo de plata que le impedía ver las expresiones de la Amazona y la arrojó al suelo con fastidio. Comenzó a desatar los cordones del corsé azul que acompañaba la vestimenta de ella, y una vez libre de él la tomó de la cintura con fuerza.
-Solamente deseas que alimente tu ego- se mordió el labio inferior al sentir los labios de Saga en medio de su pecho- y si te digo que no te odio sería una mentira- trató de alejarlo con desesperación, consiguiendo que Saga le infringiera más fuerza.
-Te contradices- susurró contra su piel.
Ascendió tortuosamente por la barbilla hasta los labios. Hizo que ella cayera al lecho, y seguidamente se recostó sobre su cuerpo, sintiendo el cálido contacto entre sus pieles desnudas. La Amazona hacía acopio del poco autocontrol que lentamente destruía el Caballero de Géminis cada vez que se encontraba cerca.
-Tus acciones te desmienten Naiara- sonrió arrogante- anda…- dijo entre dientes- dime una vez más que me odias- mustió a su oído- dilo-
-Suéltame ya- ordenó jadeando.
-¿Qué esperas?, quiero oírlo de tus labios otra vez-
Estaba en una encrucijada mental que la carcomía lentamente. Realmente sentía rencor y desprecio por el santo de Géminis, pero… no lo odiaba, no podía, porque… ella también lo amaba. Y a pesar de los años y la distancia, ella mantenía intacto el sentimiento que Saga había creado en ella, una enfermiza mezcla de amor y aborrecimiento. Se sintió presa otra vez del Caballero, esclava de su cuerpo y su cama. Sí, Naiara ya era parte de Saga, y era una maldición de eterna condena. Aquel cuerpo la rodeaba, aquellas caricias la hacían desfallecer, su aliento, su voz, su mirada, todo derrumbaba la fortaleza de cordura que ella se obstinaba en mantener.
Un gemido de placer abandonó sus labios al sentir las caderas del guerrero moverse sobre su pelvis, y entonces Saga lo supo… había cedido ante él. Una sonrisa de triunfo curveó los labios del Caballero ante la reacción de la Amazona, estaba totalmente vulnerable ante él como si de un predador se tratara, uno que gustaba de torturar a su presa. Sonrió con arrogancia, le indicaría que estaba equivocada, le refutaría en la cara sus palabras, sus acciones y su ingenuidad para tratarlo; lo demostraría haciéndola suya otra vez. Su torso fue rodeado por los muslos de Naiara y una vez así el espacio entre ellos desapareció por completo; se posesionó de su estrecha cintura con las gruesas manos, y sus labios marcaron el camino hasta sus senos. Sus cuerpos se movían en un ritmo lento y continuo. Los dedos de ella se enredaron en la melena de azul profundo en seña de haber sido derrotada, sucumbió ante la presencia del santo de Géminis, lo sabía; era una batalla fallida más no la guerra entera.
-¿Saga?- llamaron tras la puerta.
Ambos se detuvieron. El gemelo menor había regresado de su guardia de la tarde en la entrada principal. Saga permaneció inmóvil, tratando de controlar su respiración.
-¿Qué sucede?- respondió con voz ronca.
-Necesito hablar contigo- insistió el menor.
-Ahora no Kanon, no es el momento-
-Claro… nunca es el momento para ti- dijo en voz baja; se retiró de la puerta yendo a su propia habitación.
Naiara se apartó rápidamente de Saga, tomó sus ropas y comenzó a vestirse.
-¿Qué haces?- preguntó Saga con el seño fruncido.
-Kanon no puede saber que estuve aquí, estaría en un serio problema si alguien se entera-
-No me interesa que alguien lo haga- se acercó a ella acariciando sus hombros- quédate- pidió atrayéndola a su cuerpo.
No respondió, se alejó de nuevo y terminó de sujetar los cordones de su ceñidor azul. Tomó la máscara del suelo y sin decir nada más salió cautelosa de la habitación de Saga. Éste resopló molesto y peinó los mechones de cabello sobre sus ojos. Salió de la alcoba en busca de su gemelo. Una vez frente a la puerta dudó un momento en tocarla.
-Kanon, abre- pidió decidido. Nadie respondió- Kanon no seas infantil, abre- ordenó de nuevo.
Pero nada sucedía. Saga izó una ceja, no le gustaba ser ignorado. Hizo puño su mano derecha y con fuerte golpe destrozó la aldaba que se mantenía bloqueada. Empujó levemente la puerta, se adentró silencioso. Sus ojos se abrieron con terror; tratando de sostenerse del marco de la puerta del baño y sosteniéndose el abdomen, Kanon chorreaba sangre de la boca, manchando en gran cantidad su camisa.
-Saga…- susurró Kanon perdiendo el sentido.
Continuará…
Notas de la autora:
Hola! Siglos sin actualizar jeje, pero aquí está, y como recompensa pues… es un cap más largo, ya se han revelado algunas cosas y la situación se está poniendo tensa. Un final un poco parecido al anterior, pero con obvias diferencias. Espero les haya gustado. Gracias por todo el apoyo y los comentarios que me dejan. Hasta luego!!
Agradecimientos a:
La Dama de las Estrellas, Sunrise Spirit, Memories666, darckacuario, Leonis Alterf, ZAFIRO DE GEMINIS, Kate Goddess, Sweet Viictory, Akane Kido.
Muchas gracias a todas ustedes!
