Disclaimer: Si Harry Potter me perteneciera habría graves conflictos morales, acercamientos al lado oscuro y mucho sexo oral. Y probablemente los protagonistas fueran Zac y Justin.
Quidditch y amarillo
«Well, you only need the light when it's burning low,
only miss the sun when it starts to snow,
only know you love her when you let her go.
Only know you've been high when you're feeling low,
only hate the road when you're missing home,
only know you love her when you let her go.
And you let her go».
Let her go, Passenger.
Ese año llegó pronto la primavera.
El invierno se retiró discreto, convirtiendo la nieve en pequeños riachuelos con fecha de caducidad, y dejando abrigos y bufandas obsoletos.
A Pansy le gustaba la primavera. Bueno, a todo el mundo le gustaba la primavera menos a idiotas depresivos como Theodore, así que tampoco era nada extraordinario.
Aun así, el universo parecía estar compinchado para torturarla, porque con la primavera llegaron los cada vez más pronunciados escotes de Daphne —que a hacían sentirse más plana que nunca— y, lo peor, el partido de quidditch Hufflepuff-Slytherin.
Incluso ella, que tenía una alta tolerancia al efecto «Draco Malfoy», acababa encontrándolo insoportable en época de partido.
Y ese año ya no se sentía con la necesidad de fingir que le interesaban sus monólogos estratégicos, basados fundamentalmente en «voy a meterle la escoba por el culo a Potter» —sí, incluso si el susodicho cuatro ojos no participaba en el juego—. Así que Draco había acabado con Vin y Greg como únicos espectadores de sus «estallidos de homosexualidad reprimida», como los llamaba Blaise —que también solía rondar cerca del rubio para recalcar su obsesión con la puerta trasera de Potter—.
A veces —muchas, de hecho, pero ese sería un secreto que se llevaría a la tumba—, Pansy añoraba su antigua relación con el rubio. Quererle siempre había sido duro; esforzándose toda su vida por ser un suficiente al que nunca se acercaba. Pero la distancia que ahora se obligaba a mantener entre ellos —el desprecio tenía un límite y ella una dignidad— le producía un dolor casi físico.
No estaba segura si era más o menos doloroso el saber que Draco lo pasaba peor que ella.
Tampoco estaba segura de si se alegraba o no de que Smith decidiera llamarla a gritos en vísperas del gran partido.
―¡Eh, Parkinson!
Ella se giró entre el tumulto de alumnos que la empujaban hacia la salida del Gran Comedor, dejando que Daphne y los demás la adelantaran. Muy a su pesar, había reconocido la voz.
(Muy en el fondo, quizá pudiera admitir que su llamado no la había disgustado en absoluto).
Y allí estaba, abriéndose paso hacia ella con el uniforme del equipo de quidditch dándole un aspecto casi ridículo ―a Pansy nunca le ha gustado ese absurdo deporte y la indumentaria necesaria para jugarlo todavía menos―, y el ceño fruncido de siempre.
A Pansy no se le aceleró el corazón ni se le llenó el estómago de mariposas, pero sí sintió que le ardían las mejillas al recordar cada beso compartido a escondidas ―y no todos necesariamente en la boca, como podréis imaginar―.
La verdad es que apenas habían quedado unas cuantas veces ―la mayoría solo para manosearse, unas pocas para hablar en las que acaban insultándose mutuamente porque, bueno, eran Pansy Parkinson y Zacharias Smith y nunca se llevarían del todo bien―, pero a Pansy le resultaba extraño porque nunca había tenido ese tipo de relación con nadie.
Que, a ver, tampoco os vayáis a pensar que era una chica sin experiencia que solo había babeado por Draco toda su vida, porque no. Como he dicho, ella tenía dignidad, maldita sea. Luchar por lo que quieres no te convierte en alguien humillante, por mucho que la gente tienda a pensar eso.
La gente es estúpida, después de todo.
¿Por qué razón sino iba a salir Cho Chang con Harry Potter, eh?
(Y que conste que ella no se inventaba nada, los vio juntos de camino a Hogsmeade el día de San Valentín. Hay que tener mal gusto).
El rubio consiguió llegar hasta ella mediante empujones y codazos. Le brillaban los ojos por la excitación previa al juego; Pansy resistió el impulso de poner los ojos en blanco ante su entusiasmo.
—¿No vas a desearme suerte?
Por un momento, creyó que había escuchado mal. Smith la miraba enfurruñado y burlón, pero con un deje de auténtica curiosidad en la curva gruñona de la boca.
Pansy sintió en retortijón en el estómago y se preguntó con un deje de desesperación qué estaban haciendo.
—Por supuesto que no —contestó sin hacer caso ni a sus confusos sentimientos ni a como se apagaron los ojos de Smith al escucharla—. Odio el quidditch, pero eso no significa que no quiera que gane mi Casa.
Smith la estudió con una expresión calculadora nada típica en él que le puso los pelos de punta.
—¿En serio? —La sonrisa socarrona estaba de vuelta en su cara, y sin saber muy bien por qué, Pansy sintió ganas de golpearlo—. Pues para estar tan segura, tu gusto en el color de los complementos no deja de ser… curioso.
Antes de pudiera reaccionar, él llevó la mano a su pelo y le dio un tirón en absoluto delicado que la hizo soltar un gritito de indignación. Smith pasó de su dolor —gilipollas— y le enseñó sin dejar de sonreír el pasador amarillo que se había puesto esa mañana para sujetarse el flequillo.
Amarillo.
Pansy se dijo que era una estupidez y que no debería sonrojarse.
—Eso…
Pero antes de que lograra justificarse y decirle que es un imbécil que lo sacaba todo de quicio, Smith se había guardado el pasador amarillo en el bolsillo y la esquivaba para dirigirse a la puerta.
—¡Oye! ¡Devuélvemelo! —los demás estudiantes la miraron sobresaltados, pero Smith la ignoró sin ningún problema.
Pansy resistió las ganas de estrangularlo.
Cuando Hufflepuff perdió, Smith le echó la culpa al pasador de pelo maldito y Pansy trató de estrangularlo de verdad.
Aun así, él nunca se lo devolvió y ella nunca lo pidió de vuelta.
Notas finales:
1. Me encanta meterme con Draco por su obsesión con Harry.
2. Yo soy otra idiota depresiva como Theodore que odia la primavera.
3. Queda un capítulo y el epílogo, en el cuál volvemos al presente del prólogo (y ya son adultos).
4. Sé que es un capítulo corto y no dice nada especial, pero quería mostrar algo de su relación y su vida juntos antes del dramático final (no es tan dramático, todo el mundo tranquilo). Podría alargar la historia más y contar sus encuentros, pero creo que es innecesario para la historia. A fin de cuentas, esto es solo un interludio.
5. La canción que he puesto al principio me recuerda un montón a ellos.
6. Vuestros reviews del último capítulo fueron demasiado adorables.
7. El título es una mierda, ya lo sé.
8. El pasador amarillo es mencionado en el principio del capítulo cinco, por cierto, donde en el presente Zac lo sigue guardando.
Agradecimientos especiales por dejar review en el capítulo anterior a: Sam Wallflower, Mich, SrtaPoetry, Metanfetamina, MadGHater, Guest, y Filbuster. Sois adorables.
Pero también gracias de corazón a todos los que os tomáis un momento de vuestro tiempo para leer esto.
Os regalaría un Zac si pudiera.
Lils
