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Hechizo

-Como estudiantes de periodismo queridos alumnos, la antropología es una materia muy importante y no es para tomársela a la ligera. Es importante durante el estudio de la carrera y aún después de ser alumnos egresados—el profesor Marco recorría con sagacidad toda la clase mirándonos a todos por encima de sus gafas que colgaban vacilante en la punta de su nariz. Ángela estaba a mi lado susurrando cosas en mi oído como "Este maldito nos hará estudiar este fin de semana", "Perro de porquería, seguro que tomará otro parcial, "¿Qué no tiene vida propia?", "Agh! Lo odio, lo odio, te juro…" mientras yo trataba de ignorarla, a ella y a los pensamientos calientes que sucedieron este fin de semana. -A lo largo de la carrera seguramente harán estudios etnográficos para los cuales necesitaran un previo conocimiento para saber cómo tratar a las personas que serán su objeto de investigación. Por eso y para ello, harán un trabajo grupal relacionado con el campo etnográfico en el que se mueven habitualmente, el trabajo, la escuela, la familia, etc. Será un trabajo de práctica y lo harán en pareja para ser entregado el fin de semana siguiente—

-Te lo dije!—Ángela refunfuñó moviendo maniáticamente la pierna como cuando está nerviosa - pobre esposa si la tiene, aunque estoy casi segura que es un soltero amargado-

Rodé los ojos y me puse a copiar los apuntes que ella había hecho en la primera hora, cuando mi cabeza aún no coordinaba con mi cuerpo, me sentía cansada, agotada física y mentalmente, abrumada y perturbada por todo lo me había sucedido desde el jueves. Hoy mi madre y Phil se irían, tendría que ir a ese aeropuerto y fingir que no estoy demasiado triste, que no me estoy derrumbando por dentro, fingir que mi tristeza no es más de lo que mi rostro aparenta… quería que mi madre fuera feliz y si para eso había que cortar lazos y cordones, lo haría. Mi vida se había vuelto un caos en tan solo un par de semanas, la presencia constante de Edward, que a pesar de no estar a mi lado lo estaba, la inminente ida de mis pilares más fuertes en mi vida, mi mudanza, la Universidad, cielos… estaba colapsada.

A pesar de todo una sonrisa se encendió en mis labios al pensar que luego de clases lo vería de nuevo, cielos… no podía permitirme pensar en él más de lo que ya hacía, pero era inevitable, él se me estaba metiendo por los huesos y por cada célula de mi cuerpo. Si conociera lo que es la adición de alguna droga lo compararía con ello, él se estaba comenzando a convertir en mi adicción, sin buscarlo, sin insistir… él simplemente se presentaba en mi vida y absorbía todo, era como una presencia constante, Edward Cullen se estaba convirtiendo en más que un juego para mí y temía que eso sucediera. Él era un hombre de mundo, exitoso y avasallante que con solo mover un dedo podía romperme, por todos los cielos, no quería romperme, no… no quería. Pero no podía hacer nada para evitarlo, porque simplemente no quería alejarlo.

El jueves comencé mi vida de mujer independiente, al fin había pedido permiso a León en el restaurant y me mudé a mi nuevo y recién adquirido departamento, aunque estrenado el domingo pasado… mierda, con solo pensar en ese momento mi cuerpo sufría pequeñas combulciones. Los chicos del club, Jake, Eric y otro de los meseros, Jason, me había ayudado en la mudanza, al igual que Phil y Leydi, aunque ella solo había estado dando vueltas alrededor gritando ordenes y maldiciendo en español.

-Leydi, no hace falta que los regañes así—tuve que intervenir cuando ella le pegó una colleja a Jake por haber soltado con algo de fuerza mi nuevo sofá -ellos lo hacen por hacerme un favor, si los tratas así nunca más ayudarán en nada— ella rodó los ojos.

-Cariño, es tu nuevo sofá—dijo con énfasis –tú solo tienes derecho a romperlo, tú y el papi cuando entren en acción, pero eso no cuenta… Jake es un bruto—

La que rodó los ojos ahora, mi amiga estaba exagerando… o eso era lo que yo creía. De todos modos, tenía razón después de todo, porque Eric rompió uno de los cuencos decorativos de cristal que con René habíamos comprado hacía una semana.

-Perdón… lo pagaré—Eric parecía asustadizo como siempre que me miraba, yo negué con la cabeza y le quité importancia al incidente con un movimiento de mi mano.

-Está bien Eric, no importa… son cosas que pasan en cualquier mudanza—

-Pero es de cristal!—gritó Leydi mirando a Eric, el chico se encogió un poco y podía jurar que hasta dio un pequeño salto –te costará un mes de sueldo para pagarlo! Cristal genuino!—

-Leydi—gemí con algo de vergüenza –es solo un cuenco, déjalo ya...es reemplazable—ella rodó los ojos nuevamente. Aghh… a veces era exasperante.

Media hora después estábamos terminando de meter las últimas cajas del camión que Jake consiguió, Leydi ordenaba dónde debían dejarlas y yo abría algunas sacando los vasos y platos para ir ordenándolos en los armarios de la cocina.

-Bella cariño—mi madre entró al departamento canturreando mi nombre y con mi celular en la mano –sonó, creo que un mensaje… por cierto ¿Edward?—ella alzó las cejas con una sonrisa acusadora. Yo me mordí el labio inferior mientras estaba de rodillas sobre la mesada colocando uno a uno los vasos en su alacena, ella dejó el celular sobre el desayunador y se acercó a ayudarme -¿quién es?—susurró confidente.

-Alguien que conocí… - me alcé de hombros –en el club, no es nadie importante por ahora, solo nos estamos viendo de vez en cuando—

-¿Está guapo?—mi madre sonrió moviendo las cejas de arriba abajo mientras desenvolvía un vaso del papel de diario y me lo tendía -¿tuvieron ya algún encuentro cercano?—

-Oh cielos mami—reí nerviosamente, sentí como la sangre se juntó en mis mejillas como pocas veces solía sucederme. Me alcé de hombros mordiendo mi labio.

-Oh si! Tuvieron un encuentro ya?—mi madre festejaba ese hecho como si fuera una de sus amigas, eso era lo que más me gustaba de ella, no me juzgaba ni se escandalizaba por nada que yo le contara. Desde el inicio de mi adolescencia y aún más temprano, ella fue mi consejera y mi amiga en momentos que necesitaba una amiga más que a una madre, ella me enseñó cómo colocarme un tampón, ella me llevó a mi ginecóloga cuando le conté que tenía novio a los dieciséis años, ella fue la que me daba mis pastillas anticonceptivas cada mañana antes de salir al instituto hasta que yo me acostumbré a tomarlas, ella fue la que me dio mis primeros condones para usarlos cuando se diera la ocasión, a ella le conté cuando dejé de ser virgen… oh mierda, la iba a extrañar. -¿Cómo es él? Cuéntame… ¿lo hace bien?—

-Mamá!— miré encima de mi hombro para ver si alguno de los otros había escuchado y reí cuando vi a Leydi hacer equilibrio con una caja que le tendía Jake que llevaba unas bolsas llenas de ropa. Miré de nuevo a René –no lo hicimos aún, pero me dio… varios orgasmos—

-Wauu, esto es como para hablarlo hoy por la noche con un pote de helado en casa. Será tu última noche allí nena y quiero que la disfrutemos al máximo. – dijo arrugando la nariz, señal de que iba a emocionarse.

-Entonces despacha a Phil, porque esta noche es tuya y mía—dije con una sonrisa acuosa.

-Hecho… que se valla con sus amigos—dijo riendo. Entonces ambas saltamos cuando oímos algo estallar contra el suelo.

-Oh mierda!—Leydi miraba aterrada por encima de la caja que estaba dejando encima del desayunador -¿Qué caí?, ¡¿Qué caí?—miré al suelo al tiempo que ella dejaba la caja completamente sobre el desayunador y jadeé al ver mi celular desarmado en el suelo.

-Mi celu!—grité saltando de la mesada y corriendo a mi aparato destartalado, recogí algunas piezas y traté en vano de armarlo. Mierda! Edward me había enviado un mensaje y no iba a poder leerlo, mierda, mierda.

-Mírala tú_ rió Jake desde algún lugar –cuidando que no rompamos nada y mira lo que haces Leydi, ahora le tendrás que pagar un celular nuevo a Bella – dijo regodeándose de su hermana, que me miraba con mil disculpas en la cara, parecía a punto de llorar.

-Perdón—gimió ésta ignorando a Jake. –no lo vi— ella caminó hacia mí y se agachó recogiendo otras de las pequeñas piezas en la que había estallado la pantalla.

-Edward—dije simplemente.

-Oh… el papi—susurró sobrecogida mi amiga –perdón, perdón… soy una tonta—miró a su hermano – y tú no deja de reírte pedazo de idiota!—

Jake continuó riéndose, Eric parecía algo aliviado, Jason no entendía nada y mi madre me miraba con un dejo de tristeza. Yo lamentaba estar incomunicada, las llamadas y los mensajes era lo único real que tenía de él y no iba a poder tenerlos al menos por algunos días hasta poder comprar un nuevo celular.

Maldición.

El viernes fue la última vez que dormí en mi cama de la infancia, en mi casa de la infancia y de mi adolescencia y fue la última vez que desayuné en la cocina con mamá y Phil. Ellos saldrían de viaje el martes y yo me quedaría sola en esa enorme ciudad, eso era lo que quería, pero iba a costar despedirme de ellos en el aeropuerto. Maldición, ya podía sentir mis lágrimas venir.

-¿En serio no quieres quedarte con ella?—preguntó mamá cuando me estaba maquillando ligeramente en mi baño… por última vez, para luego salir al trabajo. La sentí merodear por mi habitación sacando las sábanas de mi cama, que esa noche había usado por última vez, maldición!

-No… llévatela. Quiero que esté en tu casa nueva, armada y lista para usar para cuando valla a visitarte en las vacaciones—dije colocándome un poco de sombra negra en mi parpado superior.

-Hija, la puedes llevar y usarla hasta cuando puedas comprar tu cama nueva—ella se paró contra el marco de la puerta con las sabanas en la mano –de todas formas ¿por qué no quieres que te la compre? Te la regalaría amor—

-Porque esa cama que compre, será mi primera cama de mi vida adulta mamá, quiero elegirla yo y pagarla yo… el lunes iré de compras con Leydi y la voy a elegir, el colchón ya lo llevaron hoy, para principios de la semana siguiente estaré durmiendo en mi cama nueva de dos plazas—

-Encuentro esa idea muy ilógica teniendo tu propia cama aquí—

-Si, bueno, ésta es mi cama de la infancia, fue mi cuna mamá… quiero una cama de dos plazas con la que no me sienta culpable de deshonrar al tener sexo sobre ella—

-Oh, buen punto—murmuró asintiendo –esta estará a salvo en casa y la cuidaré de no tener que vivir depravaciones—rió. Ella se acercó a mí y besó mi frente para luego recostar su cabeza sobre mi hombro y mirarme a través del espejo mientras yo me colocaba un poco de máscara en las pestañas. –Mira que hermosa eres cariño…- sonrió –no dejes que este hombre que dices que conociste, rompa tu corazón y quite de tus ojos ese brillo tan hermoso—

-Mamá—me estremecí solo de pensar que él podía hacer eso, no… no podía, él no parecía ser la clase de persona que fuera por el mundo rompiendo corazones. –mi corazón estará intacto y bien cuidado, lo prometo—

Ella asintió y palmeó mi brazo antes de separarse de mí y dejar un suave beso en mi mejilla –Eso espero, porque si algo pasa, ese tal Edward se las tendrá que ver con una mujer menopáusica muy enojada— enfatizó la palabra "muy" y no pude evitar reír como desquiciada.

-Lo tendré en cuenta, nadie quiere a una menopáusica corriendo detrás con un palo de amasar—reí más al verla rodar los ojos.

-Ja – ja… sabes que no amaso, Phil me prestaría su bate, créeme—

-Ok, mensaje recibido—

Esa noche llegué a mi nuevo apartamento luego de un largo día en el trabajo y en la universidad extrañando los mensajes y las llamadas de quien se estaba convirtiendo en una constante en mi vida. Mi dibujante de sueños.

-¿Qué estarás haciendo papi?—susurré con una sonrisa triste mientras esperaba frente a mi cocina que calentara mi leche, era noche ideal para sentarme en mi nuevo sofá a mirar una película con una leche con chocolate en mano. –Te extraño…- suspiré sacando la leche a punto de hervir y volcándola en una gran taza blanca que decía en letras grandes y de colores rosa y turquesa "Sexy Bitch", regalo de Leydi en su época de fan numero uno de David Guetta.

Fui hasta mi sofá nuevo pasando antes por mi mueble biblioteca que había sido lo primero que había ordenado luego de que todos se fueran el jueves, mis libros. Recorrí con la mirada los lomos de todos mis bebes hasta encontrar el que quería, saqué "Interludio" de Desiree Holt y me lo llevé al sofá junto a mi taza de chocolate caliente. No me apeteció una película una vez que estuve sentada cómodamente con una manta ligera cubriéndome, en su lugar abrí el libro en una página cualquiera y comencé a leer tomando un sorbo de mi leche.

"- Mientras esperamos por nuestras bebidas, porque no vas al baño de señoras y te quitas las medias? Siempre he creído que son una invención del diablo. – Él se acercó a ella, su respiración calentando su oreja. – Y las braguitas, también.

Si! Ella había imaginado algo así. Un hombre ordenándole quitarse la lencería y mostrarle su coño desnudo. Ella asintió con la cabeza y, cuando él se movió para que ella pudiese salir, caminó todo lo tranquilamente posible hacía el baño. Como todo en el pequeño bar, tenía paneles de madera y estaba enmoquetado en los más finos materiales. El tocador era de mármol y la grifería de metal macizo."

Oh mierda… bueno, no había elegido Orgullo y prejuicio precisamente, mi gusto por la literatura pasaba exactamente por libros como el que tenía en la mano, literatura erótica y caliente, amaba leer mientras me masturbaba con mi pequeño juguete, por lo que dejé el libro sobre la mesa junto a mi taza y corrí a mi closed a buscarlo. Me fijé si aún tenía la batería cargada y satisfecha volví a mi lugar en el sofá. Allí mismo y antes de recostarme de nuevo me saqué mis jeans quedando solo en mis pequeñas bragas, luego me acomodé entre los almohadones blancos y tomé mi libro.

-Oh papi, quisiera que me veas haciendo esto… enloquecerías ¿no?—sonreí buscando la pagina que había dejado marcada. –algún día—prometí antes de seguir con mi lectura.

Quince minutos después estaba jadeando sobre mi sofá con mi didlo metido hasta fondo de mi coño gimiendo el nombre de mi papi.

-Maldicion!...—gruñí enojada –puto teléfono! Edwaaard…-

Mi mano se movía frenéticamente penetrando una y otra vez el didlo en mi vagina húmeda y dilatada, la punta torcida rozaba deliciosamente mi punto G haciéndome temblar con cada envestida. Mi mano libre, había dejado caer el libro olvidado en el suelo de linóleo y se aferraba fuertemente a uno de mis pechos pellizcando mi pezón hinchado.

-Edward!... oh por dios, quiero que estés aquí, aquí… ahh…- cerré los ojos pensando en él, en sus ojos mirándome con deseo, en sus manos recorriendo mi cuerpo con desenfreno, en sus dedos penetrándome mientras sus ojos encapuchados me comían, en su lengua… oh su lengua. Abrí más las piernas sobre el sofá y sentía cómo mi vagina se hinchaba abriéndose como una flor, me iba a correr fuerte e iba a ensuciar un poco. –mierda, mierda bebé… mierda—

De un salto me senté en la orilla del sofá sin dejar de bombear dentro mío, cerré los ojos mordiéndome el labio y gemí una vez más tensionándome entera,

-Oh por… dioooos—gemí mirando mi coño, mi didlo entraba y salía y me preguntaba en un segundo plano de mi mente, si se sentiría igual la polla de Edward. Oh cielos, obvio que no se sentiría igual como iba a comparar un pene de plástico con uno real y caliente, mojado y duro. Iba a comprobarlo pronto, la próxima vez no iba a dejar pasar la oportunidad, que se abriera la tierra y me engullera entera si lo dejaba pasar.

Abrí más mis piernas sosteniéndome del respaldo del sofá con mi mano libre, mi culo a penas sentado en el filo, mi otra mano bombeando y bombeando sin tregua, hasta que sentí esa picadura premonitoria en la pared frontal de mi coño.

-Si…- gemí sin dejar de mirar, continué con el movimiento hasta que sentí apretar mis entrañas sobre el didlo –AAAggg…- mi cuerpo entero tembló y como si de una avalancha se tratara, la picazón se hizo más y más grande hasta que me corrí. Me desconecté del mundo mientras los jugos de mi liberación salían de mi vagina, saqué el didlo y dejé que mi eyaculación manchara mi piso… por segunda vez esa semana.

Así fue como atravesé mi primera noche, dormida en mi cómodo sofá luego de un orgasmo descomunal, soñando con que mi papi recibía todos mis jugos en su boca… oh sí, algún día.

El sábado fue más llevadero, aún no podía comunicarme con él pero sabía que esa noche tal vez iba a verlo, eso atenuó un poco la ansiedad y el nerviosismo, ¿me habría llamado él? ¿se estaría preguntando por qué no contesto sus llamadas o sus mensajes? Yo me estaba carcomiendo la cabeza pensando en que no podía contactarme con él y tal vez a él eso no le importaba, tal vez se hubiese olvidado. No, no… él no se olvidaría de mí, él era el que me buscaba, el que daba siempre el primer paso, esa noche sabría si era así.

Me reuní con Leydi en el club como a las ocho de la noche, iba a ayudarla un poco a ordenar las mesas y a hacer un poco de papeleo antes de vestirme y hacer mi número y tal vez buscar a Edward y llevarlo a la parte trasera del club para comprobar mi teoría.

-¿En qué piensas?—Leydi me sacó de mis pensamientos cuando estaba reponiendo las pequeñas velas de los cuencos de cristal rojo que cada mesa vestía en su centro durante la noche –por esa cara que tienes no creo que estés pensando en azules mariposas—

Sonreí negando con la cabeza – Creo que ni hace falta que preguntes eso—

-Oh si, el papi domina tus pensamientos ¿he?—ella alzó una ceja usando el apodo que yo misma usaba con él sin que ella lo supiera, me moriría de vergüenza si ella supiera que en nuestros momentos más cachondos le llamaba así.

-Ajá… no sé nada de él desde el jueves y no he podido comprarme un nuevo celular, no se si esta noche vendrá, tal vez piense que lo ignoro deliberadamente y sabes que no es así—

-Oh nena—Leydi dejó las servilletas que estaba doblando y se aproximó a mí abrazándome por la cintura –perdón, perdón, perdón… soy una tonta ¿quieres que te preste el mío? Tal vez puedas llamarlo o no sé…-

-No… ni siquiera se el numero, a demás no quiero parecer desesperada o que piense que comienzo a depender mucho de él, no es así—

-Aún—aclaró mi amiga –porque no me vas a decir que entre los dos no se comen cada vez que se ven—

Reí cuando lo dijo, ella susurró un "puta madre" por lo bajo en español, imaginando tal vez nuestros encuentros. Ella sabía del "bautizo" literal que hicimos en el suelo de mi nuevo hogar. Esa tarde en que se lo conté tuvo que salir a tomar aire afuera de su casa, exagerada sí, ella convertía todo en un evento.

-Define "comemos"—dije con una sonrisa presumida. Sentí un golpe en mi brazo,

-Perra desquiciada!—gritó escandalosamente –no me refriegues tus aventuras en la cara, mierda nena… comes delante de los pobres, a ver si hoy Jason me invita unos tragos, tal vez tenga suerte y me lleve a su departamento—

-Jake lo matará y lo despedirá… o tal vez suceda primero el despido— advertí.

-Que se meta su "protección de hermano" por donde no le da el sol, hoy Jason va a tener que satisfacer a esta hermosa latinoamericana—sonrió señalándose a sí misma con una sonrisa traviesa.

Reíamos a la par cuando oímos el sonido de la puerta abrirse y cerrarse, Jake venía con una pequeña caja de seguridad donde guardaba el cambio de la caja.

-¿Con qué nos deleitaras hoy preciosa Sabella?—preguntó él sonriendo mientras acomodaba los dólares en cada compartimiento. Yo mientras tanto continué reponiendo las pequeñas velas en sus respectivos cuencos de cristal.

-Shaila me mostró un video, de una bailarina ucraniana que bailas con un timbal como elemento, ya verás… es muy sensual y más jugado que los bailes anteriores, tendré que hacer gala de mi gran sentido del equilibrio—dije con ironía.

-Bueno, ten cuidado, no quiero ningún accidentado en el club hoy—dijo con su habitual tono de hermano mayor, Jake se preocupaba por todos sus empleados y eso era lo mejor de trabajar con él. A pesar de ser dueño de un lugar de éxito y donde el dinero corría como agua entre los dedos, él tenía sus pies en el suelo.

-Oh créeme hermanito, los únicos accidentados hoy serán los pobres tipos con sus pollas hinchadas e insatisfechas— murmuró Leydi haciéndome jadear, Jake largó una carcajada y a mí se me subieron los colores a la cara.

Dos horas después mi pierna derecha temblaba nerviosa mientras espiaba por un pequeño espacio detrás de la cortina que separaba la pista de baile de los camarines. Los pellejitos de mis dedos estaban mordidos y arrancados y no podía más de los nervios. ¿Por qué me importaba tanto su presencia? ¿Por qué si nunca había sentido nervios antes de salir al bailar, esta noche me sentía como si fuera la primera vez?. Admitirlo era lo más difícil, pero reconocía que su presencia había comenzado a ser importante para mí. Sentía que, si él no se encontraba entre los presentes mirándome con deseo y lujuria, no era lo mismo, mi actuación no tenía sentido.

Y a la vez que me maldecía por pensar así, por depender tanto de la mirada de un hombre, de la opinión de éste, mi mente conjeturaba cientos de preguntas que no tenían respuesta alguna. ¿Por qué él no había venido aún? ¿qué lo entretenía? ¿Había alguien más que lo entretenía más que yo? ¿Se habría olvidado de mí?

Mierda Bella!, nunca fui insegura, nunca, ni siquiera con Gabriel, mi primer novio. Pero ahora sentía que él podía conmigo, podía hacerme sentir insegura con solo faltar a una cita implícitamente concordada entre ambos y eso me estaba doliendo, demasiado o más de lo que podía reconocer.

-Bella cariño—Leydi estaba detrás mío con una toalla en su mano y una botella de agua en la otra. –Es hora de que salgas allí afuera y mates a todos esos machos que quieren ver a su hembra en acción—sonrió guiñando un ojo.

-No vino Ley—dije con un suspiro mirando nuevamente hacia la pista entre la tela del cortinado.

-Que se joda, que no te amargue la noche Bella. Si no vino se lo pierde—

Me mordí el labio, Leydi tenía razón… si no venía se lo perdía. Esta noche era yo, yo y todos los que me habían venido a ver, era Sabella. Era la mujer que arrasaba con todo, la diosa, la sensualidad hecha carne, esta noche no había quién me detuviera, ni siquiera ese ser precioso de ojos verdes y cabello cobrizo.

Esperé unos minutos más hasta que vi cómo las luces del lugar se apagaban para recibirme, era mi hora. Suspiré sacudiendo las manos y haciendo vibrar mis piernas, tomé mi timbal árabe entre mis manos y salí a la pista.

Lo vi a penas él llegó, mi mente concentrada en el baile mis ojos pendientes de sus movimientos, por momentos perdiéndolo de vista por la coreografía de mi número. Pero allí estaba él, impecablemente vestido con un traje de los caros y su camisa desabrochada en sus primeros botones, su mirada deseosa y anhelante y ese cabello que me llamaba, me instaba a peinar con mis dedos.

Gracias papi por venir, gracias por devolverme la dicha de verte…

Bailé y bailé, aún con más entusiasmo que con el que salí. Arrasé, arremetí, hipnoticé y abrume a muchos, me sentí poderosa moviendo mis caderas, oí los aplausos cuando me paré sobre el timbal y sentía la electricidad en mi piel, su mirada haciendo estragos en mí.

Cuando terminé solo lo vi una vez más antes de desaparecer detrás del escenario, Leydi entregándome la toalla para secarme el sudor y mi botellita de agua para saciar mi sed.

-Increíble!—gritó ella dando pequeños saltitos –mierda nena, quisiera bailar como tú, pero sabes que solo se me da y mas o manos, la salsa, tal vez la rumba y un poco de lambada… oh si, lambada—

-Practica Ley, es apasionante— dije tomando un sorbo de mi agua, -Sheila estará feliz de recibirte, puedes aprender algunos ejercicios para relajación y elongación antes de comenzar a moverte, son buenísimos, René los hacía…-

-Quizá, si así consigo conquistar algún papi como tú lo has hecho, me tiro de cabeza al baile árabe—

Reí mientras doblaba la esquina para llegar a mi vestidor… y allí estaba. Cielos… casi me corro cuando lo vi venir hacia mí con esa mueca de poseído en su rostro, ira, lujuria, deseo, enojo, todo mezclado exquisitamente para darme otro orgasmo descomunal en cuanto me tocara. Me veía a mi misma desfallecer en sus brazos en ese mismo pasillo.

Perdí el hilo de mis pensamientos allí, la noción del resto del mundo, en ese corredor, cuando él me besó sin miramientos y me acorraló contra la pared para follarme con los dedos sin piedad alguna. Rudo, pasional, un papi… hecho y derecho castigando a su nena. Podía sentir como sus dedos entraban y salían de mi húmedo y resbaladizo coño, sus ojos me hechizaban, pues estaban cargados con una mezcla de lujuria y enojo que lo hacía verse demoníaco y peligroso. Oh por todos los cielos…

En un momento en que mi cabeza estaba abrumada por tantas sensaciones, él me preguntó porqué no contestaba sus llamadas o los mensajes, le expliqué por qué y entonces él arremetió sobre mí con más intensidad, me besó extasiado y me folló fuerte haciendo que los sonidos húmedos de sus penetraciones aceleraran aún más mi excitación. ¿Cómo podía tener tanta suerte al gozar de la presencia de este semejante hombre dándome placer en medio de un corredor? ¿Cómo había logrado atraer su atención tan desbocadamente? Cada vez que el me veía parecía desesperarse por tocarme, por mirarme y hasta por hablarme, cielos… era todo muy abrumador y era algo que mi mente aún no era capaz de manejar. Con esos pensamientos en mi cabeza mientras él me follaba con intensidad, me corrí fuerte sobre su mano.

Y luego él se fue, cuando bajé lentamente de mi alta sintiendo sus labios suaves en los míos, él simplemente me dijo que debía irse a una cena familiar. En sus ojos veía la contradicción de sus deseos, pero supuse que la cena con sus padres era más importante para él o al menos, era lo que debía ser. Por lo que él se despidió de mí entre jadeos y besos suaves y se fue, sus ojos… por dios, sus ojos me gritaban que no quería hacerlo y me retuve a detenerlo, no pude evitar gemir al ver el bulto en su entrepierna, él no había tenido su liberación. Dio unos cuantos pasos hacia atrás y resignado dio la vuelta para desaparecer de allí.

Minutos después, ya recuperada de mi éxtasis intenso, continué caminando por el corredor cayendo en la cuenta de que en ese lugar cualquiera podría habernos visto, nosotros habíamos estado tan metidos en nuestra burbuja que si el mundo se caía a nuestro alrededor no hubiésemos sido capaces de darnos cuenta. Cuando entré al vestidor me sorprendí al ver a una Leydi jadeante, abanicándose con las manos mientras caminaba de un lado a otro, se detuvo en seco cuando me vio.

-Jodida mierda mami! ¿Ya terminaron?... menos mal!, creí que no terminarían nunca e iban a seguir torturándome aquí—gimió con las mejillas sonrojadas y los ojos destellantes.

-Perdón Ley— supliqué avergonzada –oh mierda, ¿se escuchó mucho?— tapé mi boca con ambas manos.

Ella me miró sobresaltada -¿Qué si se escuchó mucho?... oh cariño, creo que tendrás que dar muchas explicaciones a Jake y a los demás, se escuchó hasta en Siberia!- ella continuó abanicándose con las manos, reacción demasiado exagerada he de decir.

Reí entre dientes, -¿Te quedaste caliente Ley? Creo que es tu momento… ve a buscar a Jason—dije tratando de tomar esa situación incómoda en lo que era, solo una situación demasiado incomoda, la verdad era que agradecía que la que oyó todo fue Leydi y no otros oídos indiscretos, tendría que tener mayor cuidado si llegaba a suceder lo mismo, me reproché mentalmente, para luego recordar que esta no había sido la única vez que lo habíamos hecho en ese mismo corredor. Maldición. No solía ponerme a pensar en presencia de Edward.

-Lo iré a buscar, créeme… esta noche no iré sola a casa—dijo convenciéndose más a si misma, ya sabía yo que Leydi no era de esas mujeres que se tomaban el sexo como cosa de una noche nada más, a pesar de su rudeza y su sensualidad abrumadora, Leydi creía en el amor como una romántica empedernida. Lamentablemente no había hombre lo suficientemente bueno en el mundo que la mereciera.

-Déjame vestirme amor y nos vamos a tomar unos chupitos, tienes un hombre que conquistar—dije caminando hacia mi mochila de ropa. Me despojé del atuendo de Sabella y me coloqué una falda de jean corta, unas botinetas negras de tacón y una remera de tiras que anudé a la altura de mi cintura dejando al aire mi piercing, me gustaba lucirlo.

Salimos al club y fuimos hasta la barra a sentarnos para disfrutar de unos cuantos chupitos. La noche pasó entre Leydi coqueteando con Jason, otro de los cantineros del club y yo hablando esporádicamente con Jake, mientras tomabamos algunos tragos ligeros de alcohol.

Llegué a casa a eso de las tres de la madrugada aún sobria y con ganas de que la noche no se terminara, pero así debía ser, al otro día tenía pensado desempacar todo lo que aún aguardaba en las cajas apiladas en la esquina de la sala y limpiar mi nuevo hogar. Después de sacarme y lavarme los dientes fui a pagar las luces de la casa sin antes echarle un vistazo a la panorámica vista de Chicago que tenía desde las ventanas de mi departamento. Me sentía tan lejana, pero tan privilegiada al mismo tiempo. Chicago era una ciudad hermosa y desde esa altura me sentía la diosa del Olimpo mirando a todos los mortales desde su trono, un pensamiento tonto, porque alrededor de mi edificio habían otros edificios aún más altos que tendrían aún mejor vista, Lincoln Park era solo la antesala de los grandes edificios, pero yo era una chica humilde y soñar no me costaba nada. Me alejé de la ventana con una sonrisa y me fui a acostar a mi colchón de dos plazas luego de apagar la luz.

*O*

Estaba segura que no había pasado más de una hora que había caído dormida en mi almohada, cuando unos golpes insistentes azotaron mi puerta, bueno… tal vez no la azotaron, pero en mi mente aún entumecida por el alcohol que mi sistema retenía y adormilada, se sentía como feroces golpes contra la madera de mi puerta.

-Va…- gemí despegando mi rostro de la almohada, la luz del sol en lo alto del cielo entraban en mi habitación a través de las amplias ventanas que mi madre se había negado encortinar. Miré el reloj despertador que yacía sobre el suelo como mi colchón, a la espera del perfecto juego de cama que ese lunes Leymi y yo íbamos a elegir. Gemí enterrando mi rostro en la almohada mientras los golpes persistían… en serio, ¿quién mierda era el inhumano golpeando la puerta un domingo a las nueve de la mañana?

Me levanté de la cama, si llegaba a ser Leydi la ignoraría y volvería a el cálido capullo que se había convertido mi cómodo nuevo colchón durante la noche.

Como la sed apremiaba más que saber quien golpeaba a esas horas, pasé por la cocina y tomé un largo vaso de agua fresca que atenuó un poco la resaca que entumecía mi mente, fui hasta la puerta.

-Va, va!... quiera dios que no seas tú Leydi porque…-

Dejé la frase sin concluir, porque precisamente no se trataba de Leydi la persona que me miraba divertida frente a la puerta.

Mis piernas parecían un flan, mi corazón en el pecho replicaba como un maldito tambor y mis manos se aferraban al marco de la puerta como si se me fuera la vida. No lo podía creer… ¿él ahí? ¿En la puerta de mi departamento? ¿a las nueve de la mañana? Oh mierda…

-Buenos días preciosa—sonrió con arrogancia, sus ojos recorrieron mi cuerpo con descaro y sus ojos se tardaron un poco en mis pechos y piernas, mordió su labio inferior volviendo a clavar sus ojos verdes en los míos y alzó las cejas -¿Desayunamos?— levantó dos vasos de esos blancos descartables de Starbucks.

Negué con una sonrisa mezclada con un bostezo, él sonrió casi con ternura…

-¿Trabajas los domingos también que estas levantado tan temprano?—mascullé abriendo más la puerta de lugar, ni siquiera me molesté en ir a ponerme un pantalón, él me había visto con menos que un par de bragas y camiseta de tiras.

-En realidad anoche me acosté medianamente temprano, aunque apenas si pude despegarme de mi ventana, estaba hermosa la noche—sonrió torcidamente. Lo miré frunciendo el ceño. Él entró caminando como si fuera asiduo al lugar y dio una vuelta sobre si mismo lentamente observando mi poco mobiliario y cajas que aún estaban apiladas en una esquina de la sala esperando paras desembalar.

-Hermosos sofás—dijo sentándose en uno de ellos, puso los vasos sobre la mesa baja delante de él y me miró sonriente palmeando sus muslos, -Ven con papi bebé—

Rodé los ojos pero no pude evitar una sonrisa, cerré la puerta y lentamente caminé hacia el sofá con algo de provocación, subí un poco mi camiseta y acaricié mi piercing, algo que lo hizo morderse el labio fijando su mirada en esa zona. Cuando llegué frente a él me posicioné entre sus piernas y me incliné hasta apoyar mis manos en el respaldo del sofá detrás de su cabeza, sin dejar de mirarlo.

-Bienvenido a mi hogar dibujante…- susurré con voz de chica mimosa –y gracias por el café…- acerqué un poco mi rostro al suyo y lo besé picoteando sus labios. –Leydi ayer me trajo muffins que hizo su mamá ¿quieres compartir conmigo?—

-Claro bonita—me iba a separar pero él tomó mi rostro entre sus manos y me besó más intensamente, haciéndome sentarme a horcajadas sobre él con una pierna a cada lado de las suyas. Me acerqué más a su pecho apresando su cuello con mis brazos y lo pude sentir… listo y duro para mí y por mí –oh mierda, mi nena—gruñó sobre mi boca –te extrañé pequeña—

Me limité a besarlo, lamiendo sus labios y penetrando su boca con mi lengua, él bajó sus manos desde mis mejillas por el contorno de mi cuerpo hacia mis caderas, sus pulgares se detuvieron un momento a acariciar mis pezones hinchados por encima de la tela de mi camiseta. Mi respiración se aceleró y mordí su labio entreabriendo mis ojos, los suyos me miraban con lujuria contenida, oscuros, peligrosos, casi perdidos. Él se separó solo un par de centímetros de mí y sonrió con arrogancia.

-¿Me extrañaste?—dijo con voz gruesa, no sabía que decir, mis ojos estaban atentos a sus labios y mi mente atenta al movimiento de estos, la punta de su lengua entre sus labios casi me da un espasmo entre mis muslos. De repente salté en mi lugar emitiendo un gritito por una bofetada en mi culo -mi nena bonita, pregunté si me extrañaste—él alzó una ceja expectante y yo… yo, no podía estar más excitada. Moví mi cadera sobre su tremenda y dura erección y gemí mordiendo mi labio,

-¿Qué te parece a ti papi?—gimoteé lastimosamente, me derramaba entre mis muslo, mis jugos producto de mi excitación se escurrían por mis bragas. –Estoy tan, tan húmeda que puedo… calmar la sed de toda una ciudad—

Oí un gruñido, -Ese precioso líquido es solo para mí ¿oíste?, mierda nena… puedo olerte. Hueles tan bien, tan bien a cómo sabes— él sin pudor ni contemplaciones, coló su mano por debajo de mis bragas y recorrió mis labios vaginales de arriba abajo con dos dedos, recogiendo mi humedad. Sacó su mano de mis bragas y los lamió sin dejar de mirarme, mis piernas temblaron por lo jodidamente erótico de la imagen ante mí.

Bajé mi mano hacia su entrepierna abultada, colmada por unas ganas inmensas y repentinas de tocarlo, sentirlo, tanto en mi mano como en mi coño. Lo quería dentro tan mal que dolía. Pero cuando ya había desabrochado los botones de su bragueta, sus manos detuvieron las mías apartándolas hacia mis costados.

-El café se enfría mi nena y no me gustaría eso, prefiero beber las cosas calientes y en su punto—

Oh maldito embustero… ¿cómo podía decirme esas cosas y esperar que yo no convulsionara de placer allí mismo?

Respiré profundo cerrando los ojos recomponiendo mi actitud, él quería hacerme desear, yo también lo haría… vamos, tenía una caja completa de condones esperando en el segundo cajón de mi closet, a demás había ido a principio de la semana al ginecólogo y había comenzado con la píldora. No había hecho todo eso por nada…

-Ok dibujante, a desayunar!—dije parándome de su regazo y caminando hacia la cocina a buscar los muffins que Sue me había enviado con Leydi ayer al mediodía. Estaba colocando un par en un pequeño plato mientras mi piel se estremecía por esa familiar corriente eléctrica que me recorría cada vez que él tenía sus ojos en mí. Sonreí ligeramente llevando el plato de vuelta a la sala, lo dejé sobre la mesa baja junto a los cafés y fui hasta mi ipod conectado al reproductor de música que aún estaba a medio armar en un rincón de mi sala. Elegí mi lista de reproducción preferida, Alicia Keys y me fui a sentar en el regazo de mi papi de espaldas a su pecho, con mi culo justo sobre su tan dura erección, lo sentí gruñir.

Sus manos enseguida atraparon mi cintura y yo me acomodé de tal manera que cada una de mis piernas estaban dobladas a cada lado de sus muslos, entre mis nalgas su hinchada entrepierna.

Alargué mi brazo y tomé mi moka latte y el café negro que supuse que sería para él, se lo tendí y tomé el plato con los muffins.

-¿Quieres uno de arándano o fresas?—lo miré sobre mi hombro, sus labios entreabiertos dejaban pasar su respiración agitada, me mordí el labio.

-Compartiremos el que tú elijas cariño— asentí y tomé el de fresas, amaba las fresas. Él comenzó a tomar largos sorbos de su café y yo me dispuse a disfrutar el mío removiéndome de vez en cuando sobre él, complacida con sus gruñidos. –Maldición—susurró por lo bajo –así que cuéntame bebé, ¿tu madre y su marido ya se fueron?-

Oh cielos… justo esa pregunta.

-El martes—dije tratando de mantener bajo control mis emociones. Toda la maldita semana yendo de aquí para allá fingiendo que todo estaba bien me había agotado, tan solo quería quedarme sola y llorar de una vez por todas. No quería darles rienda suelta a mis emociones aún cuando mi madre estaba allí, no quería que se preocuparan y reconsideraran su decisión, ellos no se merecían eso. Pero eso de controlar mis emociones se estaba haciendo cada día más difícil, mi casa de la infancia ya estaba vendida, una familia la habitaría al día siguiente en que mi madre y Phil se fueran y eso me tenía perturbada, el día que me enteré pasé toda la noche llorando.

-¿Estas preocupada por eso?—Edward acarició mi espalda detrás de mí, agradecí que no podía verme a los ojos, porque lo asustaría con mi pena.

Me alcé de hombros –Algo, en realidad…- carraspeé –me estoy tratando de hacer a la idea, solo dos días y se van, hoy iré a casa por la tarde y estaré con ellos el resto del día, mañana igual…- sus manos subieron y bajaron por mi espalda hasta mis hombros reconfortándome. Edward era un hombre provisto de todo al parecer, no tenía por qué importarle mis sentimientos, pero él estaba allí reconfortándome y eso, era demasiado para pensar en ese momento.

Mordí mi muffin y tomé un sorbo de mi moka latte, -Mamá es de esas locas lindas que nacen libres y viven libres, me gustaría volver a verla así… como cuando era una niña y recorríamos las mesetas del Colorado en un descapotable, ella sacando fotografías en cada parada, el Gran Cañon, Colorado Springs, las inacabables montañas coloradas, el río…- negué con la cabeza sonriendo por los recuerdos –por la noche bailábamos juntas en nuestra habitación de hotel alguna canción country y caíamos rendidas para salir temprano al otro día hacia algún otro estado.—

-¿Qué edad tenías?—susurró sobre mi hombro antes de besar mi piel desnuda allí.

-Siete años, recorrimos cada estado hasta que a mis diez años nos establecimos aquí—suspiré con una sonrisa triste –Nací en algún hospital de Pheanix y creo que estuvimos allí hasta que cumplí dos años, nos mudamos a otra ciudad, creo que esa vez fue Filadelphia, estuvimos otros dos años y luego nos mudamos a Carolina del sur, nos aburríamos del frío y volvíamos a el calor, así sucesivamente, hasta que cuando tuve siete nos establecimos en California hasta que cumplí diez. Me gustaba California, me gustaba la ciudad, los paseos, los bulevares, me gustaba ver a la gente y conocer a algunos actores y actrices, me gustaba ir a las premieres de cine… pero luego me gustó más Chicago—

-¿Puedo preguntar por qué?— sentí un nuevo beso en mi hombro y su mano acariciando mi vientre bajo mi camiseta, mientras que la otra acariciaba mi espalda subiendo y bajando.

-Los edificios—dije alzando la vista hacia los amplios ventanales –amé los edificios desde la llegada, ya sabes la atracción que tuve por la Torre Sears a penas llegué y quería quedarme a vivir en su azotea—reímos ambos –luego el Loop, es algo increíble, el lago Michigan y más tarde el Millenium… cuando lo terminaron y lo inauguraron creo que fui la primera en hacer fila allí para la apertura, todos los domingos iba a escuchar las bandas que improvisaban en el pabellón de conciertos, es un lugar mágico… me atrajo misteriosamente desde el primer momento…-

-Tu corazón te llevaba allí, sabías que mi mano de alguna manera te acariciaba—murmuró abrazando mi cintura con ambos brazos y escondiendo su rostro en mi cuello -¿por qué no te conocí antes cariño? ¿Por qué? ¿Cómo es que no te vi nunca?... en la calle, en el Millenium, a veces voy a sentarme allí a inflar mi ego—rió sobre mi hombro –pero nunca te vi—

-Tal vez no era el momento—dije simplemente dándole el último sorbo a mi moka –tal vez, no lo sé, tenías mejores opciones que no hubiesen resultado lo mismo para ti si me conocías antes, tal vez nuestra mutua atracción no hubiese sido tan intensa en ese momento… no lo sé—

-Bonita, ten en claro que sea el momento que sea, mi polla se iba a levantar con solo verte, en eso no hay tiempos premeditados o cálculos del destino. Mi cuerpo reacciona a ti, es como una extraña química que se activa tan solo con olerte, tal solo con verte, mi mente hace sinapsis descomunalmente ante tu presencia y es suficiente para que todo mi cuerpo se active… es irremediable—

-Creo que entonces sabes cómo me siento—dije volteando sobre su regazo para quedar frente a él. Mis piernas a cada lado de sus muslos, mis brazos rodeando su cuello y mis labios a centímetros de los suyos.

-Dime mi dibujante… ¿cómo es que tienes ojos tan hermosos?—murmuré acariciando con las puntas de mis dedos por debajo de sus ojos verdes y brillantes,

Él sonrió rezagadamente mientras sus brazos fuertes envolvían mi cintura y dejaba caer su cabeza sobre el respaldo del sofá sin dejar de mirarme –Mi madre… Esme, es la dueña del color de ojos, un rasgo que comparto con mi hermana Alice. Mi hermana Rose y mi padre comparten el color azul en sus ojos. También mi madre es la dueña del cabello cobrizo y de la extrema sensibilidad para ver las cosas hermosas como lo que son, arte, belleza, exquisitez—sus dedos acariciaban mis nalgas por debajo de mis bragas causándome escalofríos, sus ojos parecían querer penetrarme.

-Oh… eres un niño de mamá—dije con voz sugerente mientras mi cadera se removía sobre la suya, besé sus labios tiernamente –y yo soy la nena de papi… creo que se de dónde viene esa necesidad tuya de nalguearme—

-Si bonita, esa necesidad de la que tú hablas viene del deseo inexplicable que siento por ti y que crece a cada minuto llegando a doler. ¿Cómo eres capaz de hacerme esto cariño? ¿Aún no sientes cómo me tienes desde que llegué? ¿he?—jadeó contra mi boca mientras su mano tomaba la mía y la llevaba hasta su entrepierna dura y siempre lista para mí –de eso estoy hablando cuando digo que eres como un afrodisiaco que activa toda la química de mi cuerpo, nena, tan solo verte menear ese redondito culito tuyo se me pone la verga dura como un puto mástil—

-Oh mierda—gemí cerrando los ojos y dejándome llevar por su boca sucia, sucia –sigue hablando papi y me voy a correr sin que siquiera me toques…-

-No—gruñó –no te correrás así, mi nena se correrá con mi polla enterrada hasta el fondo de su coño, como que me llamo Edward Cullen—sentí una nueva nalgada en mi culo que me hizo saltar al tiempo de emitir otro gritito, mis piernas temblaron por la descarga eléctrica que aquello disparó en mi clítoris –Date vuelta nena, apoya tus rodillas a cada lado de mis muslos y tus manos en la orilla de la mesa, vamos… que te huelo y te juro que me estoy muriendo aquí—

Hice lo que dijo. Me puse en cuatro con mi culo frente a su rostro y mis manos en la orilla de la mesa frente al sofá, expectante, palpitante y esperando que me tocara porque sinceramente ya no daba más.

-Puta madre nena, mírate… ¿no te da vergüenza? Estas tan mojada que escurres por tus muslos—gemí ante una nueva nalgada, no tan fuerte pero que causó un estremecimiento en mi coño –tus bragas están empapadas bonita—sentí como sus manos tomaban la orilla de mis bragas y las tiraba hacia abajo, dejando mi culo descubierto. Sus caderas se movieron hacia arriba mientras un gruñido salía de su sucia boca, -Mírate!... descarada nena de papi, tu coño hinchado y rosado me está rogando—sus dedos iban y venían a lo largo de mi raja, recogiendo todo el jugo acumulado entre mis labios, podía sentirlo rozar mi entrada sin meter sus dedos. Quería matarme y lo estaba logrando. –Dime amor, ¿qué quieres? ¿Qué deseas que papi te haga? ¿Quieres castigo o recompensa? ¿he?—una nalgada sacudió mi trasero –responde bonita—

-Aahhh…- suspiré audiblemente –chupa, chupa y bebe de mí, dame esa recompensa… me he portado bien toda la semana—

-Nuhu…- dijo él acariciando mis muslos internos de arriba abajo, sus manos mojaban con mi excitación toda mi piel y acariciaban mis nalgas calientes pos sus nalgueadas –no me has tomado las llamadas ni me has respondido los mensajes, me tenías como loco preciosa… ¿crees que eso merece una recompensa? No lo creo…-

-Oh!—sentí un pellizco en mi clítoris, sus dedos se había puesto a jugar allí –no tenía celular y aún no lo tengo, lo iba a comprar mañana papo, por favor, por favor…- gemí como puta en celo.

-Bien, entonces ¿sabes por qué te daré una recompensa en este mismo instante?—su mano derecha recorrió todo el camino por mi espalda hasta la altura de mi omóplato, rodeó mi torso y tomó uno de mis pechos en toda su mano apretándolo con fuerza, pellizcando mi pezón. –mañana vas a recibir un par de regalos de mi parte y me darás la satisfacción de recibirlos y gozar de ellos, tu recompensa te la daré ahora así estaré segura de que cumplirás con tu parte ¿está bien?—

Eso era chantaje… y lo sabía, pero no podía decir que no, mierda santa, necesitaba esa liberación.

-¿Está bien?—mi culo se azotó con otra nalgueada.

-Si!, si, lo que tú quieras! Si!-

Y sin más preámbulo sentí su lengua penetrando entre mis pliegues, una, dos tres veces, ohhh por todos los cielos! Fallándome sin piedad mientras sus dedos retorcían mi clítoris haciéndolo crecer y dilatarse al máximo, orillándome cada vez más al orgasmo devastador. Mis ojos voltearon hacia atrás al sentir cómo sus dedos abrían mis labios para penetrarme más profundamente, su lengua entraba y salía sin tregua alguna y un hondo lamento comenzó a salir de mis labios.

-Edward!—grité entre dientes, necesitaba más, más, necesitaba todo lo que él me pudiera dar. –Fóllame Edward, fóllame! Aggh-

-¿Quieres que te coja duro pequeña? ¿he? ¿Estás así de caliente por que deseas mi puto pene en tu coñito? ¿Eso quieres?— sus dedos penetraron con profundidad y comenzaron a bombear mientras su sucia boca hacía todo lo demás.

-Si, si- gemí incoherentemente, si en ese momento él me pedía pasearme desnuda por la calle lo haría sin chistar.

-Mierda!—sus dedos abandonaron mi interior y me levantó a volandas sosteniéndome de la cintura, parecía una muñeca de trapo en sus manos. Sus brazos me aferraron a su pecho y se levantó del sofá. –Tu habitación nena! Vamos…-

Señalé con un dedo tembloroso la puerta de mi habitación y el caminó hacia allí llevándome como una masa temblorosa en sus brazos, de mi garganta aún salían gemidos extasiados, jadeos entrecortados, quería mi liberación y sabía que después de obtenerla no iba a ser suficiente.

Entramos y a él no pareció importarle el solitario colchón de dos plazas en el suelo, caminó rápidamente hacia él y se inclinó sobre él soltándome, caí boca abajo como un cuerpo desmadejado sobre las sábanas blancas algo revueltas. Sobre mí sentí cómo él se despojaba de sus jeans, se sacaba las zapatillas y el resto de su ropa, moví un poco mi cabeza para mirar sobre mi hombro y me sorprendí al verlo con sus ojos fijos en mi culo, una mirada hambrienta, salvaje, oscura… al tiempo que sus manos despojaban de su cuerpo al infame bóxer negro, dejándolo totalmente desnudo.

Él jadeó haciendo que su polla erguida y bien dura se tambaleara, desde mi posición podía ver el hilo de pre-sémen que de la punta caía… me relamí los labios.

Y él me vio.

-Oh nena ¿quieres chupármela?—sonrió torcidamente, yo me removí sobre mis sábanas alzando mi culo –si linda, quieres que te coja esa boca con mi verga caliente y dura ¿he?, bueno nena, siento decepcionarte… pero eso lo dejaremos para después, ahora muero por hundirme hasta el fondo dentro de ti—

-Aaggh, Edward, por favor, por favor—lloriqueé necesitada, una de mis manos se escurrió por debajo de mi cuerpo hasta mi clítoris, presioné allí y gemí llamando su atención, él estaba buscando algo en el bolsillo trasero de su pantalón.

Un condón! Oh… él había pensado en eso.

-Tsk, tsk… saca ese dedo de allí—gruñó casi con posesividad mientras se colocaba el condón –ese es mi trabajo nena, no me insultes así..—sonrió arrogante –yo suelo hacer muy bien mi trabajo, créeme que no necesitaras tu dedito nunca más—entonces sus ojos se oscurecieron profundamente –oh mierda, aún me tienes que mostrar ese juguetito tuyo amor, ¿dónde está?—

-Allí—dije señalando mi almohada mientras volteaba mi cuerpo hacia arriba -no se compara bebé, créeme, no se compara—dije entre jadeos. Él metió una mano debajo de la almohada y la sacó llevando consigo mi querido didlo rosa.

-Puta madre nena—gimió él tomando con su mano libre su dura erección, comenzando a bombearse entre mis piernas abiertas –así que este es tu pequeño amiguito bonita- el levantó una ceja junto a una sonrisa perversa -¿no sería mejor un gato?—quise reír, negué con la cabeza.

-Un gato no me daría el placer que él me da—

Él vino hacia mí acechante –Oh bebé, ese es mi trabajo… mi puto trabajo—sus labios susurraron sobre los míos antes de besarme con una fuerza descomunal, mi lengua batallaba contra la suya para ganar el territorio, él ganó… porque tomó la mía entre sus labios y la chupó haciéndome sentir dolor y placer al mismo tiempo.

Entonces se separó de mí y me miró con intensidad, tanta que un miedo recorrió mi columna vertebral, -Acomódalo bonita—

Sabiendo a lo que se refería, bajé mi mano entre nuestros cuerpos y tomé su pene grueso por la base con mi mano y coloqué la punta entre mis pliegues, justo en mi entrada. Jadeé ante la expectación…

-Penétrame, fállame, cógeme, hazme tuya papi… toda tuya—susurré mimosa. Sus ojos relampaguearon y en un solo empellón entró invadiendo mi interior hasta la empuñadura.

-Mía!—gritó al mismo tiempo, sus ojos se cerraron cuando se quedó quieto, abrumado por la sensación, al igual que yo… que no tenía palabras para describir el momento en que su pene me atravesó como una lanza. Estaba perdida, irremediablemente perdida en Edward Cullen. No había vuelta atrás para mí. –mía, mía, solo… putamente mía—susurró sobre mis labios.

-Solo tu nena, tuya… de nadie más! Solo tuya, tu nena, tu bonita nena—mi voz temblaba, era una verdad tan jodidamente cierta que me daba miedo. Mucho miedo.

Él salió un poco de mí y nuevamente empujó sus caderas penetrándome con fuerza, duro, áspero… me sostuve de la orilla del colchón, su boca tomó uno de mis pezones mordiéndolo y mamándolo como si de ello dependiera su vida. Sus envestidas se fueron haciendo cada vez más intensas, el precalentamiento había casi terminado conmigo por lo que estaba próxima a correrme, mis paredes lo exprimieron y apretaron hasta que él lo sintió, las venas de su cuello sobresalieron y sus caderas comenzaron rebotar contra la mía con énfasis y brutalidad.

Oh ssiii…

-Bella!—gimió llamándome con urgencia, fijé mis ojos en él y lo vi extasiado, ya no podía más. Su pene rebotaba contra mi vientre una y otra vez llevándome al delirio. Pensé que iba a seguir hasta terminar pero se salió y rápidamente alzó mi pierna poniéndola sobre su hombro, se arrodilló en el colchón y colocando su polla en mi entrada empujó entrando totalmente en mí. –Tócate!—gruñó comenzando a envestir cada vez más rápido.

Sintiéndome osada busqué detrás de mí con una mano hasta que encontré mi didlo, temblorosamente lo activé poniéndolo en su máxima potencia y coloqué la punta en mi clítoris, mis ojos se fueron hacia atrás.

-AAAAh!—grité tensionando todo mi cuerpo. Apreté mi didlo más en mi clítoris y lo bajé por mis labios hasta que la punta tocó la base del pene de mi papi, que entraba y salía furiosamente de mi coño.

-Puta madre Bella!—sus manos se aferraron en garras a las sábanas debajo de mí, a cada lado de mi cabeza, sus bíceps se marcaron denotando el esfuerzo que estaba haciendo quedando casi suspendido sobre mí, solo su cadera chocaba con ímpetu la mía, mi pierna aún se sostenía sobre su hombro. –mierda, mierda, nennaa…-

-Edward, me corro, me corro…- contuve mi respiración sintiendo esa abrumadora necesidad de liberar mi orgasmo, estaba allí, en mis entrañas preparado como un látigo para atacar.

-Córrete en mi polla nena! Córrete en mi polla, ensúcialo vamos!... ordéñame amor!—

Y me corrí… si, si, si… solo hizo falta su boca sucia para venirme de una manera que nunca antes había experimentado. Me arqueé como un arco en el colchón apretando su pene entre mis paredes palpitantes, oleadas y oleadas de placer recorriendo cada célula de mi ser, sus gruñidos en el fondo de mi mente, mi grito de lamento al sentir que mi último ápice de voluntad había sido doblegado, mis temblores incontrolables respondiendo a esos espasmos de placer que me recorrían. Uno tras otro, uno tras otro… parecían nunca acabar.

Finalmente mi respiración tratando de normalizarse fue lo primero que traté de controlar, mi cuerpo era un caso perdido, entumecido, adormilado, agotado y satisfecho como nunca, yacía sobre mi cama totalmente sensible. Edward estaba en algún lugar a mi lado, solo sentía sus brazos aferrándose a mi cintura y su respiración cálida y jadeante en mi espalda.

Con el paso de los minutos pude abrir los ojos y dejar que una lánguida sonrisa se apoderara de mis labios, había tenido el mejor sexo de mi vida.

-Bonita ¿estás viva?—susurró Edward con la voz rasposa –porque juro que mi alma abandonó mi cuerpo—no supe cómo fue capaz de decir tanta cosa de corrido.

Suspiré anhelando un trago de agua fresca, mi garganta lo deseaba después del trabajo duro y los gritos. Edward fue dejando besos pequeños por toda mi espalda hasta llegar a mi cuello, su lengua jugueteo con el lóbulo de mi oreja y su mano se coló por delante de mi cadera hasta tazar mi sexo. No fue algo sexual, solo acarició la zona mientras besaba mi cuello.

-¿Fui muy duro?— dijo luego de un par de minutos.

-No—susurré –eres grande y pensé que dolería recibirte… pero el deseo era tan intenso que no sentí dolor, solo placer… gracias Edward—

Él besó mi hombro –Gracias a ti preciosa, fue el mejor desayuno en mucho tiempo—ambos reímos extasiados. Él me envolvió bien con sus brazos por la cintura y cerré mis ojos agotada, sentí como una sábana tapaba nuestros cuerpos y me acomodé mejor entre sus brazos y en algún momento entre sentir un suave beso en el tope de mi cabeza y un "descansa mi nena", me quedé dormida.

Desperté por el sonido de un trueno lejano… ¿en qué momento de la mañana se había nublado? Porque cuando abrí los ojos y tras mirar a través de mi ventana, el cielo estaba abarrotado de nubes oscuras amenazando lluvia. Miré el reloj a mi derecha y cuando vi la hora salté de la cama con un pequeño grito… las tres de la tarde! Y se suponía que hoy pasaría la tarde en casa de mi madre. Mierda.

Me levanté rápido y sentí una punzada en mi entrepierna, ahí caí en la cuenta de que no había estado sola esta mañana. Edward había aparecido en mi puerta con dos cafés y habíamos tenido sexo como si viniera el fin del mundo. Miré sobre la cama y sonreí al ver un pequeño papel doblado cerca de donde yo había estado durmiendo, lo recogí y lo desdoblé…

"Bella, tuve que irme nena. No quise despertarte, te veías tan hermosa durmiendo… espero que hayas descansado de mi intromisión tan temprano en la mañana. Me llevo tu olor pegado en mi piel y tu sabor en mi lengua… volveré por más cariño, porque te aseguro que soy un hombre muy hambriento.

Edward Cullen"

Sonreí como tonta mientras dejaba la nota en mi tocador, entré a la ducha para comenzar con un nuevo día, mi madre esperaba.

El lunes casi me voy de espaldas cuando temprano a la mañana, antes de salir hacia el restaurant, apareció un hombre alto de traje oscuro con unos paquetes del señor Edward Cullen. Dijo llamarse Diego y venía con otros hombre atrás… me hice a un lado mientras pasaban con algo que parecía ser… una cama!

-¿Qué…?— gemí al ver las maderas de roble aguardando en la sala de mi apartamento, mi mente a penas captaba algo de lo que estaba sucediendo.

-el Señor dice que permita a los trabajadores armar la cama en su habitación, a demás viene con el juego completo, dos mesas de noche y un sifonier, a demás le envía esta nota explicando algunos detalles—Diego me entregó un papel doblado que en seguida desdoblé.

"Nena, no te enojes… pero tú me dijiste que no renegarías de ninguno de los regalos que te enviaría hoy ¿recuerdas?. ¿Tu recompensa… el sofá de tu sala…?

Bueno, el juego de cama es uno de ellos… el otro Diego, mi chofer, te lo entregará listo para usar.

Espero que te guste, si no puedes decirme y enviaré a que cambien todo. Un beso cariño, donde más te guste.

Papi"

Oh por dios, cómo podía enviarme una nota así con su chofer. Sentía mi cara inflamada de vergüenza, miré a diego y asentí avergonzada. Él no dijo nada pero me entregó una pequeña caja envuelta en papel blanco y un lazo azul, lo desenvolví y jadeé al ver que se trataba de un celular… mierda, no, no cualquier celular. Un Nokia N9!

Ok… Leydi fliparía…

Agradecí a Diego y dejé que los trabajadores ensamblaran la cama y acomodaran el colchón en ella en mi habitación, nerviosa porque no planeaba que ningún hombre a demás de Edward entraran a mi lugar. Traté de que eso no me afectara. Cuando se fueron suspiré aliviada y traté de no sentirme mal cuando le ofrecí una propina a Diego y el la rechazó aludiendo de que solo hacía su trabajo.

Rápidamente a penas ellos se fueron busqué mi chip anterior y lo coloqué en el teléfono, lo encendí y luego de venir a la vida con gran desparpajo, logré enviarle un mensaje de texto a Edward que me llevó casi quince minutos escribir… iba a tener que acostumbrarme a escribir sobre esa pantalla y no morir en el intento.

"Llámame cuando puedas, muchas gracias por la habitación completa y por el Smartphone. No sé en qué estaba pensando cuando acepté la recompensa… oh si! Tu polla dentro de mí. Nota mental: no negociar en plena sesión de sexo…"

Guardé el teléfono con suavidad en mi chaqueta y tomando mi mochila salí al trabajo, ahora no tenía que tomar el metro para llegar, el restaurant estaba solo a unas cuantas cuadras.

Reí media hora después cuando recibí un mensaje de texto con un cursi alerta, "Movit on baby!", procuré recordar luego cambiar el tono y revisar los otros.

"Bonita, ojalá que sigas pensando en mi polla dentro de ti, no sabes cómo me tienes con solo ese mensaje. Disfruta tu nueva cama… mientras resista ;)"

*0*

-¿Estas preocupada por algo Bella?—Ángela llamó mi atención nuevamente cuando la clase terminó. El profesor Marco nos había dejado sobre la mesa una copia de los pasos a seguir para hacer el trabajo práctico, lo doblé en dos y lo metí en la mochila.

Tomé una respiración profunda y negué con una sonrisa.

-Es solo que mi madre y Phil se van hoy, tengo que ir al aeropuerto luego de salir de la universidad para despedirlos— dije con voz contenida.

-Oh Bella—gimió ella apretando mi hombro confortablemente –no lo sabía, perdón… yo con mis quejas y tú tan triste—

-Está bien Áng, es para bien, me costará acostumbrarme pero estaré bien, ellos necesitan su tiempo a solas—

Salí de la sala de audiencias de la Universidad y caminé hacia el estacionamiento abstraída en mis pensamientos, no había hablado con Edward desde la noche anterior y no me había enviado mensajes, sabía que estaba ocupado en su trabajo, era un magnate, no podía exigir tiempo que no tenía para mí porque simplemente no éramos nada, no había etiquetas entre nosotros, teníamos sexo sí, pero… ¿qué éramos?. No me sentía con derecho de exigirle nada, seríamos lo que el tiempo y la vida quisieran que fuéramos. Aun con ese pensamiento en mente, sentía tristeza y muchas ganas de que sus fuertes brazos me envolvieran en este momento tan triste de mi vida.

Maldición.

Alcé la mirada y mi hermana del alma estaba allí esperándome recostada sobre su auto, no dijo nada, mi cara lo decía todo. Simplemente me abrazó unos momentos y me sostuvo allí hasta que pude ser capaz de suprimir las lágrimas, subimos al auto y salimos de allí hacia el aeropuerto.

*o*

-Temía perderme aquí dentro! Mira la cantidad de gente que hay, por un momento pensé en atarme una cuerda en la muñeca que a su vez estuviera atada a la muñeca de Phil—rió mi madre en un intento de aligerar el ambiente.

Estábamos en la sala de pre-embarque en el aeropuerto, esperando por la llamada para abordar el vuelo que llevaría a mamá y Phil a Jacksonville, Florida.

Phil estaba despachando sus maletas y mamá se había quedado conmigo y Leydi esperando, estábamos torpes la una junto a la otra, mi madre se retorcía las manos nerviosa con una sonrisa igual de nerviosa en el rostro, pero con sus ojos brillando de lágrimas. Leydi a mi lado estaba silenciosa como nunca observando a la gente alrededor y yo estaba parada sobre mis dos pies, solo allí… existiendo, con mi corazón dividido y mi alma clamando un solo lamento que no quería exteriorizar, quería que mamá se fuera tranquila sabiendo que yo quedaba bien.

Pero era tan difícil… tan jodidamente difícil, que me estaba costando horrores no dejar ir las lágrimas.

-¿Llevas las revistas que compramos mami?—pregunté con mi voz algo distorsionada.

-Si, las llevo a mano para mirar en el avión… Phil caerá dormido en cuanto toquemos el asiento—rió entre dientes –serán tres horas largas de viaje en las que me enteraré de la vida y obra de las estrellas de oro de Hollywood—

-Queremos fotos de ti en bikini René—señaló Leydi a mi lado –y nos guardas unos lugarcitos en las tumbonas porque no pienso dejar que en el verano Bella sola tenga el privilegio de lucir una piel dorada por el sol—

-¿Irás también?—preguntó entusiasmada mi madre.

-Obvio—dijo mi amiga aturdida –pienso hacer desmayar a más de uno en las playas luciendo mis atributos— alzó su pecho destacando sus tetas.

Leydi era así, aligeraba el ambiente tenso haciéndonos reír de cualquier estupidez. Cómo la amaba.

El timbre de mi celular nuevo rompió el ambiente por un momento, era el timbre de Edward "Fallín´" de Alicia Keys, por lo que me aparté un poco de mi madre y Leydi que se quedaron hablando de bañadores y atendí mi celular.

-¿Edward?—mi voz aun sonaba compungida, a pesar de las risas, la tristeza seguía allí…

-¿Bella? Hey… ¿dónde estás?. Estoy en fuera de tu departamento, el conserje me dijo que aún no volvías… ¿bebé?—

-Estoy en el aeropuerto, mamá se va…- detuve mi frase, mi voz ahogó un sollozo. Respiré profundo una vez mirando a mi madre, Phil había vuelto y la tenía abrazada sobre los hombros. Largué el aire en un suspiro y carraspeé –se va en unos minutos y vuelvo, aún… estamos esperando la llamada del vuelo—peiné mi cabello nerviosamente

-Oh mi nena—susurró él sabiendo la enormidad de mi tristeza –mi bebé… no estés triste—

-Es… imposible—dije mordiendo mi labio. –Mira… no quiero llorar, no quiero que me ella vea llorar, te veré en otro momento ¿si? Hoy no soy material para pasarla bien—

-Lo sé nena—dijo casi ofendido –está bien, nos vemos luego ¿si?—

-Si, adiós—

Corté la llamada y respirando profundo volví al lado de mi madre. Estuvimos hablando por diez minutos más cuando la voz de mujer por el altavoz anunció el vuelo N°3257 con destino a Florida.

Oh cielos…

Tragué saliva y sentí las manos de mi madre aferrándose a las mías,

-Bebé, mírame—dijo ella con voz entrecortada, la miré a regañadientes, porque sabía que si lo hacía no iba a poder resistirme – te amo cariño… ¿sabes?—una lágrima rompió camino hacia su mejilla, ella no la apartó… y eso desbocó las mías. Sentía una enorme presión en mi pecho, sentía que quería gritar, era la primera vez que me separaba de mamá y me dolía, solía mucho.

-Lo sé—susurré ahogadamente.

Ella me soltó para luego abrazarme intensamente y con todas sus fuerzas por mis hombros, yo me aferré a su cintura como cuando era niña y tenía una pesadilla o como cuando a los cuatro años me perdí en el super y ella me encontró.

-Oh dios, tenía tantas cosas que decirte mi chiquita—murmuró ella entre lágrimas –tantas, tantas, que ahora que lo pienso no tienen lógica, porque lo único que deseo que escuches de mí, es que te amo…- ella tiró su nariz y sus brazos enfatizaron sus palabras en un abrazo más apretado –te amo mi amor, eres lo más hermoso que me ha sucedido en la vida cariño, lo único más hermoso que me llenó de fuerzas cuando apenas me quedaban… estoy tan orgullosa de ti Bella—se separó de mí y tomó mi rostro entre sus manos maternales –te quiero en el verano conmigo, si sucede algo no dudes ni por un segundo Bella, ¿oíste?... ni por un segundo en llamarme—asentí tirando de mi nariz.

-Te amo mamá—dije como pude –yo estaré bien aquí, lo sabes… Sue, Billy, Jake y Leydi me cuidarán—

-Lo sé amor, no sabes cuánto agradezco eso—miró a Leydi que estaba a mi lado lloriqueando en silencio y la tiró en un fuerte abrazo –eres como una hija para mí nena, cuídala ¿si?—

Leydi asintió y lloriqueó un poco más antes de separase de mamá.

Phil vino a mí y me sonrió con tristeza,

-Hazla feliz—le dije cuando me abrazó –por favor Phil, ella se merece lo mejor, hazla feliz—

-Es una promesa nena, cuídate ¿si?—él se separó y besó mi frente –llama a la hora que sea Bella, no lo dudes. Si necesitas algo me llamas, por favor… hazlo por tu madre—

Asentí secando mis lágrimas, -Lo haré—

Una segunda llamada hizo que la despedida se acelerara, mamá me dio un último abrazo fuerte, fuerte y nos besamos por última vez, abracé a Phil por última vez y tomé la mano de mi amiga, mirando como mi mami y su amor, caminaban de la mano hacia la puerta de embarque.

Antes de llegar a la puerta mamá volteó sobre sus pies y me miró con una sonrisa en los labios, levantó la mano y la empuñó al aire,

-Carpen Diem bebé! Carpen Diem!—gritó rompiendo el bullicio monótono del aeropuerto.

Vive el ahora…

Lo haría mami, por ti.

Los segundos pasaron y me quedé mirando allí una puerta que ahora estaba vacía, mamá y Phil ya habían subido al avión, una última llamada resonó por los altavoces y un sollozo explotó en mi pecho.

Y otro… y otro… y un volcán hizo erupción en alguna parte de Hawái, porque mi llanto comenzó a salir como ríos de lava caliente por mis mejillas. Sentí que mis rodillas me fallaban pero me sostuve del brazo de Leydi que con palabras que no oía trataba de calmarme.

Solo fui consciente de un par de brazos familiares que me tomaron por detrás enroscándose en mi cintura, unos labios besando mi cuello y un aroma embriagador que embotaban mis sentidos, solo sentí esa voz familiar arrullándome en medio de ese gentío,

-Aquí estoy mi amor, aquí… mi nena bonita, aquí estoy, llora preciosa porque ahora estoy contigo, sácalo bebé—

Y no pasó un segundo que me hundí en sus brazos para dejarlo ir… dejarla ir…


Uff… llegó, llegó calma nenas, llegó el papi, ¿creían que no llegaba? Medio triste pero al final se que les gustó.

AMORES, ESTA VEZ NO PODRÉ RESPONDER LOS REVIEWS DEL CAPITULO ANTERIOR, ME QUEDÉ DORMIDA Y NO ALCANZO! SON MUCHAS… PARA EL LUNES QUE VIENE PROMETO HABRÁ RESPUESTAS!

Muchisimas gracias a todas las nenas nuevas! Y a todos los reviews que me hacen tan feliz. En especial a:

Issy, nikyta, dracullen, pamelahdz , Mayla, mayla2110, V, Reti, Sayriina, Ximena del Caos, sofyy29, vanecullenswan, CindyLis, PaTysev, anamart05, Ligia Rodriguez, NENACULLEN, SamyPatt, Indacea, lourdescullen90, Vale27, zujeyane, Elmi , Alejandra, LAUCAMI, Sully YM, vhica, pili, gpattz, AglaeeCullen810, mirgru, yomi, A. Cullen, L'Amelie , Aliena Cullen, DarkWardObsession, Elizabeth Valero, ALEXANDRACAST, PRISGPE, Lunagotik Masen Cullen89, Shar0n EspiPPirifLautik CulleN, nydiac10, mv1824, Leyswan, janalez, patymdn, EsteVas, Anita90, ely, Bella-Nympha, Angie CullenHale, Valentine89, PotterZoe, JavieraCullen, Martha , IxaFreakBedoya, V1V1, karlita carrillo, Deathxrevenge, nini18, Marie Alexis Masen, Romina, Nikelback, Dark, RoseDeCullen, suckarmen

MUCHAS GRACIAS A TODOS LOS "GUEST" QUE DEJAN SUS REVIEWS, GRACIAS A LAS NENAS DE "EXÓTICA FANFIC" EN FACEBOOK, GRACIAS A LAS QUE SE HACEN ESAS PORTADAS TAN BONITAS: Robsten love, L´Amelie, Zujeyane, Ximena Bronte del Caos, Mirna Mariela Grudina… GRACIAS!

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