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Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

EL SENTIDO DE MI VIDA


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Capítulo IX


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-Bueno… pues te dejo para que puedas ducharte y descansar, ha sido un viaje muy largo… - Le susurré a Bella, nada más subir del garaje hacia la planta baja.

Tanya estaba en el comedor, pues escuchaba la televisión, pero parecía no haberse dado cuenta de que ya habíamos llegado. Bella me miraba aun como si no estuviera en este mundo. Estiré mi mano y cogí una de las suyas presionándola.

- Voy a hablar con Tanya. - Susurré. - Deséame suerte. - Pedí con una pequeña sonrisa. Ella mordió su labio inferior mirándome seria y cuando fui a alejarme a causa de su silencio ella presionó mi mano causando que me detuviera.

-Mejor habla con ella mañana… - Fruncí el ceño, pero negué con la cabeza antes de elevar su mano para besarla suavemente. Fue un simple roce pero lo bastante complaciente para darme fuerzas. Vi a Bella hacer unas muecas desesperadas a causa de mi gesto, pero no le hice caso y me alejé de ella. Cuanto antes acabara con esto, mejor.

Entre al salón. Como supuse la televisión estaba encendida y Tanya sentada en el sofá. Avancé hasta su lugar indiferente para sentarme, y comenzar mi petición, pero suspiré cansinamente cuando me di cuenta de que Tanya estaba profundamente dormida.

Observé y me di cuenta que estando dormida ganaba mucho más que despierta. Me senté en el sillón al que últimamente ya acostumbraba a sentarme y la miré.

Realmente no quería hacerle daño… Tanya y yo nos conocíamos desde siempre y nunca había sido un secreto el que sus padres desearan que se casase conmigo. No habíamos empezado con buen pie nada de esto, pero sin embargo, como me había dicho Emmett, nunca habría conocido a mi preciosa americana de no se por su paraplejia.

Muchas veces había maldecido mi matrimonio, muchas veces había deseado no haberle hecho caso ni a mi padre ni a Eleazar, pero lo cierto era que ahora bien podía agradecerles el simple hecho de que me atosigaran tanto con ese tema, porque sin dudas, si no hubiese sido porque estaba casado con ella, nunca habría conocido a Bella… Y si tuviera que pasar por esto otra vez solo para conocerla, lo pasaría.

Tanya se removió un poco en el sofá y miró hacia su alrededor con los ojos entrecerrados aun, deteniéndose en mi.

-¿Ya está aquí Isabella? - Preguntó con voz somnolienta, bostezando después.

-Sí, he ido a por ella, por eso he tardado. - En seguida frunció el ceño.

-¿Qué has ido a por ella? ¡Pero no era necesario! Encima que le pagamos el taxi… ¿por qué tendríamos que ir a buscarla? - Puse los ojos en blanco. La paz había vuelto a acabar en esta casa una vez más. Respiré hondo. - ¿Y dónde está?

-Se está dando una ducha, le he dicho que puede descansar, ha sido un viaje muy largo.

-Pues yo contaba con cenar decentemente esta noche.

-Puedo pedirte algo como hemos hecho otras noches y no te pasará nada. - Tanya arqueó una ceja.

-¿Tú no piensas cenar? - Me preguntó.

-No… me basta una lata de conservas o algo así, no tengo mucha hambre.

-¿Te pasa algo?

-No, no, ¿por qué?

-No sé… pareces… distinto.

-Estoy igual que siempre. ¿Llamo para que te traigan algo?

-No, déjalo, me arreglaré con cualquier cosa.

Fui directo a la cocina, notando como el estómago me daba un vuelco al pasar por la puerta de la habitación de Bella. Escuchaba el sonido del agua de la ducha golpear su piel y cómo deseaba ser yo quien estuviera ahí con ella.

Caminé hacia la cocina, preparé una ensalada para Tanya y yo solo comí una lata de caballas en conserva con un tomate pues no tenía mucha hambre. El saber que tenía que hablar con Tanya me inquietaba, pues sabía que no se lo iba a tomar bien, pero sabía que tenía que hacerlo.

En cuanto acabó la ayudé a subir a nuestra habitación. Sabía que estaba haciendo el idiota retrasando lo inevitable pero no me atrevía…

Tanya estaba dejando su cepillo del pelo sobre la mesita de noche, ya sentada en su cama, cuando salí del baño. Me senté en la cama y la miré.

-Tanya…

-¿Mmm? - Murmuró sosteniendo entre sus manos una revista.

-Tenemos que hablar.

-¿Sobre qué?

-Quiero… quiero el divorcio. - Dije sin más preámbulos.

Esperé su reacción por unos segundos. Ella parecía haberse quedado petrificada en la postura en la que estaba, aun con sus brazos flexionados y la revista abierta. Pero poco más duró; lanzó con toda su fuerza la revista al suelo y giró su rostro hacia a mi.

-¿Que, qué? Edward… ¿Me estás pidiendo…? ¿Tú… tú quieres que nos separemos? - Sus preguntas me confundieron pues precisamente ya había intentado hablar sobre el tema con ella, no debía haberla sorprendido de esa manera. Sus ojos estaban abiertos como platos y podía leer la desesperación en ellos.

-Tanya… - Dije acercándome un poco más a ella, sosteniendo su mano. - Yo ya te había hablado sobre esto. - Suspiré, ella no apartaba su mirada de la mía, perpleja. -No soy feliz y no puedo más con todo esto…

-¿Y yo? ¿Qué pasa con mi felicidad? - Bufé, pero intenté ser paciente con ella, tenía que convencerla.

-¿Tú crees que has sido feliz conmigo? Es más… ¿piensas que algún día podrás serlo? Este matrimonio nunca debió realizarse… Tú no eres feliz tampoco… y yo… no puedo ni podré hacerte feliz. - Comencé a escuchar sus sollozos y pronto su cuerpo se inclinó sobre mi regazo, apoyando su cabeza en mi pecho y aferrándose con sus manos en mi camiseta de algodón.

-No, Edward, no puedes hacerme esto. Yo te quiero.

-¿Estás segura? - Su cabeza se irguió al igual que su tronco con ayuda de sus manos mirándome como si la hubiese insultado.

-¡Claro que sí! Dios mío… esto solo puede tener una explicación… ¡No puedes dejarme, Edward! - Exclamó volviéndose a aferrar a mi con fuerza, sollozando de nuevo.

-Tanya, por favor… no hagas esto más difícil.

-Tienes una amante, la tienes, por eso quieres divorciarte de mi… - Elevé una de mis manos hacia el puente de mi nariz. Incapaz de aguantar ninguna acusación más por su parte me levanté dejándola allí tendida.

-¿Cuántas veces tengo que repetirte que no tengo una amante? Necesito el divorcio, Tanya… por favor. - No me atrevía a confesarle que estaba enamorado de su enfermera y aunque no quería hacerle daño respecto a ese tema, estaba empezando a perder la paciencia.

-No te lo voy a dar. - Su repentina seguridad hizo que me hirviera la sangre.

-¡Pues si no me lo das por las buenas, lo conseguiré por las malas! ¡No soporto más esto! Y… ¡y me voy a dormir abajo! - Exclamé encaminándome hacia la puerta.

-Edward, no… no…

-¿Vas a darme el divorcio? - Volví a preguntar. Ella agachó la cabeza, pero guardó silencio, por lo que me lo tomé como una negativa.

Con la rabia envolviéndome bajé las escaleras descalzo, haciendo el mismo camino que noches atrás, el cual me llevaba hasta la puerta de la habitación de Bella. Pero en ese instante me di cuenta de que no podía entrar allí… ella había vuelto.

Una sonrisa se implantó en mi rostro por aquel hecho. Al menos ella estaba ahí, al menos Bella había aceptado que me quería y yo iba a empezar con los trámites para conseguir el divorcio y poder ser libre.

Elevé la mano hasta el pomo, me moría de ganas por entrar y verla dormir pero seguramente no sería una buena idea y no podía arriesgarme a asustarla y que volviese a ver las cosas de otro modo. Con ella tenía que ir despacio…

Suspiré y caminé hacia el salón, tumbándome en el sofá y cerrando los ojos para recordar aquel beso que nos habíamos concedido tanto Bella como yo con aquella necesidad apabullantes, más propia de dos amantes que se habían separado por un largo tiempo que de dos personas que acababan de confesarse que se amaban. La amaba, Dios, la amaba tantísimo….

Sonreí, esa noche no dormiría con su perfume, pero a cambio dormiría con el mejor recuerdo de mi vida: nuestro beso.

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Mi despertador no había sonado… sin embargo la luz que entraba por el ventanal y el olor intenso a café consiguió despertarme. Me removí incómodo y toqué con mi mano algo acolchado y suave frente a mi rostro, provocando que tuviera que abrir los ojos y me encontrase con el respaldo del sofá.

En seguida me senté y miré hacia el pasillo… el olor a café… ¡Ella estaba aquí! Sin dudarlo me levanté aun con los ojos medio cerrados, pero necesitaba verla. Pasé mi mano por mi cabello dejando escapar una breve sonrisa cuando la vi ahí… en la cocina. Estaba de espaldas, frente a la cafetera.

Sin poder contenerme la observé con mayor detenimiento. Había recogido su cabello brillante y sedoso, aun algo húmedo, en una cola alta. Podía recordar todavía el tacto tan maravilloso al rozarlo con mis propias manos. Se había puesto un jersey turquesa, ajustado a las curvas de su cintura y el comienzo de sus caderas; aquella cintura que yo había rodeado el día anterior con mis brazos, presionando su cuerpo para que se amoldara al mío…

Y sus piernas recogidas en un pantalón de chándal oscuro, un poco ancho, pero aún así marcaba la curvatura de sus caderas y su trasero, haciéndolo parecer irresistible. Di un respingo al notar como algo en mi cobraba más vida de la necesaria e intenté controlarme. Aun así, intentando no hacer ruido, mientras ella en ese momento ponía una bandeja sobre la encimera y vertía un poco de zumo sobre un vaso, me acerqué a su espalda muy sigilosamente para dejar un suave beso en su mejilla.

Dio un fuerte respingo y reí entre dientes por ello, separándome en el acto. Ella se giró sorprendida, con los colores adornando sus mejillas.

-Me… me has asustado… - Dijo dirigiéndose al fregadero. Hasta ese momento no me había dado cuenta de que se había llenado las manos de zumo. Y di gracias a que fuera zumo y no café.

-Buenos días… siento lo del zumo.

-No… no pasa nada. - Tartamudeó fijándose en mi atuendo.

-Sí… es que esta noche he tenido que dormir en el sofá… - Frunció el ceño y después se giró para limpiar la bandeja, sobre la cual también se había derramado jugo. - Tanya no se ha tomado bien lo del divorcio y yo tampoco soporto dormir con ella. - Noté como ella se mordía el labio.

-Lo… lo siento. - Negué con la cabeza y sonreí.

-Estaba deseando pedirle el divorcio. - Respiré hondo, acariciando su mejilla y reflejándome en aquellos ojos que me absorbían. - Pronto seré libre… - Una pequeña y tímida sonrisa se escapó de sus labios de caramelo y fui incapaz de no quedármelos observando. - Y muy pronto podremos ser completamente felices. Solos tú y yo… - Su sonrisa se acrecentó pero esta vez retiró su mirada de la mía mirando hacia la cafetera.

-¿Quieres?

-Sí… - Suspiré. - Beberé el café y me iré directamente a la oficina. - Ella me sirvió el café y me lo dio, rozando en el acto nuestros dedos y notando una vez más aquella sensación sin la que ya era capaz de vivir. Mis ojos buscaron su mirada y me pareció que los suyos también lo hacían cuando se encontraron.

Ese momento era único y especial; era como si el mundo se hubiese detenido, sin embargo mis pensamientos y mis ganas por estrecharla contra mí se acrecentaban a medida que pasaban los segundos, sintiendo el tacto de sus dedos aun.

-¡Isabella! - La estridente voz de Tanya provocó que su mano se retirase de la mía al igual que su mirada.

-Debo… debo llevarle el desayuno a Tanya. - Asentí sin muchas ganas, pues deseaba estar con ella. La vi verter el café en una taza y ponerlo sobre la bandeja también, junto al zumo. - Te veo luego. - Dijo mirándome de nuevo sosteniendo la bandeja. Asentí.

-Espera… - Le pedí arrastrando las sílabas. Necesitaba hacerlo… ella se detuvo mirándome extrañada. Me acerqué a ella y me incliné besando la suave piel de su frente. - Hasta luego, Bella.

Besarla se había vuelto en una necesidad para mi y aunque me moría por besarla en los labios y saciarme de ella… no quería volver a asustarla. Su mirada se clavó en la mía por un breve segundo, pero al siguiente salió disparada por la cocina. Sonreí. ¿Se habría asustado? No podía reprimir las ganas de hacerlo… Desde luego.

Bebí mi café y subí las escaleras hasta mi habitación. Como supuse Bella debía estar con Tanya en el baño, pues podía escuchar ruido en el interior, así que cogí algo de ropa y fui al baño de abajo a asearme, no tenía ganas de cruzarme con Tanya.

En cuanto estuve listo, bajé directo al garaje, arranqué el Volvo y me dirigí a mi oficina. Podía sentir como mi vida cambiaba. El sentido que Bella le daba era tan distinto al que había tomado ya hacía tantos años, que me encontraba totalmente feliz aun sin poder estar con ella como a mi me gustaría. No me imaginaba si ya me sentía tan dichoso, como podría llegar a sentirme en un futuro, cuando por fin estuviese divorciado y cuando por fin ella y yo no tuviésemos ninguna barrera para poder querernos libremente.

-¿Edward?

-Ah, hola papá.- Saludé. Él se quedó mirándome un poco extrañado, parado frente al ascensor.

-¿Cómo estás?

-Bien, bien. - Respondí entrando junto a él.

-Sí, hijo, te veo… te veo bien. ¿Ha pasado algo con Tan…?- No dejé que acabara.

-No, no, con Tanya todo sigue igual, bueno… Anoche le pedí el divorcio. - Mi padre miró hacia el suelo y luego volvió a fijar sus ojos en los míos.

-Edward, ¿estás seguro de que eso es lo correcto y lo que realmente quieres? - Sonreí ante su pregunta y respondí lo más sinceramente que pude.

-Jamás he estado más seguro de algo en mi vida. Es más, necesito ese divorcio.

-Nunca te había visto así. Tienes una expresión tan distinta, pareces… - Hizo una pausa tragando saliva. -Hijo, tu semblante es tan parecido al de antes de que tu madre muriera…

El recuerdo de mi madre cruzó mi mente, pero no por ello dejé que mi ánimo cambiara. Esta vez sonreí, preguntándome si tal vez ella no tendría que haber tenido algo que ver con todo lo que había acontecido en mi vida desde hacía unos meses. Mi madre estaría también feliz de verme así, estaba seguro.

-Espero que algo más maduro. - Bromeé saliendo del ascensor.

-Es… increíble… - Murmuró mi padre. Suspiré.

-Algo ha cambiado en mi vida, papá. Y aunque aun no puedo decir qué es… quiero que sepas que por fin me he encontrado a mi mismo. He encontrado el camino que quiero seguir. - Mi padre estrechó sus ojos emocionado y sonrió. Fue en ese momento en el que me di cuenta de que realmente él solo quería mi felicidad.

-Supongo que Tanya no lo habrá tomado muy bien… ¿cierto? - Asentí. Él suspiró. - No me alegra que ella lo esté pasando mal, pero viéndote así… Estás tan diferente… - Dijo apoyando su mano en mi hombro. - Hijo, espero que por fin hayas encontrado tu felicidad.

Sonreí y avancé hasta darle un abrazo. Hacía tanto tiempo que no abrazaba a mi padre que se me había olvidado cuan bien se sentía ese calor. Él me abrazaba con fuerza, transmitiéndome con aquel gesto la alegría que sentía porque yo al fin hubiese encontrado mi sitio.

-No le digas nada a nadie aún…

-Edward, no tienes ni que pedírmelo. - Reí entre dientes.

-Lo sé, pero por si acaso. - Mi padre sonrió.

-No puedo creer aun que estés sonriéndome de esa manera.

-Pues a partir de ahora os tendréis que acostumbrar. Bueno... - Dije dando una palmada a su hombro. - ¿Nos ponemos a trabajar? - Mi padre sonrió de nuevo y me abrazó otra vez.

-Esto no puede haber sido obra más que de tu madre. - Reí por su ocurrencia, yo también estaba de acuerdo.

-Seguro…

Después de aquella satisfactoria conversación con mi padre y de quedar con él para comer, me encerré en mi oficina mucho más feliz de lo que había llegado. Si anteriormente no había podido concentrarme buscando la manera de quitarme a Bella de la cabeza, y más tarde tratando de encontrar la forma de conquistarla, esta vez la felicidad y el recuerdo del día anterior eran los causantes de mi falta de concentración.

Llamé a mi abogado por la tarde, concertando una cita con él para el día siguiente, ya que me informó que para ese día no podría ser, e incluso me hizo un favor aceptándome tan prontamente. Solo deseaba acabar con mi matrimonio cuanto antes para tener el camino libre con Bella.

Sobre las seis y media, salí de mi oficina y pasé a ver a mi hermana y a Clare, quien con mucho entusiasmo volvió a enseñarme los regalos que los reyes le habían traído y me recordó que tenía que asistir a su fiesta de cumpleaños, la cual celebraba en dos días más. Mi hermana, quien ya sabía que Bella había vuelto, me pidió que la llevara a la fiesta para conocerla. A ella tampoco se le pasó por alto mi cambio en mi estado de ánimo.

-Venga… algo muy bueno tiene que haberte pasado para que estés así. ¿No se lo vas a contar a tu hermana? - Reí entre dientes.

-Bueno… las cosas entre Bella y yo han mejorado mucho. - Declaré sonriendo abiertamente. Los ojos de mi hermana se abrieron y me sonrió de igual forma.

-¿En serio? ¡Oh, Dios mío! ¡Edward, que bien! - Exclamó abrazándome. - Me alegra que estés así, solo espero que esa Bella… no sea una Tanya… - Fruncí el ceño.

-¡Alice por favor! No hables sin saber. No la conoces…

-¿Y qué va a pasar con Tanya? - Arqueó una de sus cejas perfectas. - No estarás pensando en llevar una doble vida de casado… ¿no?

-¡Alice, por Dios! Claro que no… ¿cómo se te ocurre que yo…? ¡No! Le pedí a Tanya el divorcio anoche… - Mi hermana abrió sus ojos y su boca por la sorpresa y se enganchó a mi cuello.

-¡¿En serio? - Exclamó. - Edward, por Dios, hacia tiempo que no recibía una noticia tan buena…

-Exceptuando la de tu embarazo, ¿no? - Ella puso los ojos en blanco.

-Estoy tan contenta por ti, cariño… - Confesó dejando varios besos en mi mejilla. - Te mereces ser feliz después de todo… y… ¡y estoy deseando conocer a esa jovencita que se ha ganado el corazón de mi hermano! - Volvió a exclamar abrazándome y volviendo a besarme en la mejilla.

-¡Ey! ¿Qué es todo esto? ¿Debo ponerme celoso? - Preguntó mi cuñado nada más aparecer por el salón. Mi hermana corrió a su lado y le besó en los labios, después me lanzó una mirada cuestionándome si podía contarle a Jasper lo que habíamos hablado… Puse los ojos en blanco.

-Sé que igualmente vas a contárselo.

-Mi hermano le ha pedido el divorcio a Tanya… - Jasper cambió su expresión por una de sorpresa.

-Ya era hora, Edward. - Negué con la cabeza un poco divertido.

Llegué a casa sobre las ocho y media, esperando encontrarme a Tanya en el comedor, pero cuando subí del garaje no escuché la televisión encendida. Quizás estaría leyendo alguna revista.

Pasé al lado de la cocina y vi a Bella colocar algunos platos limpios, procedentes del lavavajillas. Caminé rápido hacia el comedor, comprobando que Tanya no estuviera allí y pronto me dirigí de nuevo hacia la cocina. Esta vez Bella estaba de frente y me vio entrar.

-Hola… - Saludó en tono neutral, algo que sinceramente me entristeció, pues me esperaba al menos una sonrisa por su parte.

-Hola, Bella. ¿Cómo ha ido el día?

-Bien… - Fruncí el ceño, algo no iba bien.

-¿Ha pasado algo? - Ella negó con la cabeza y apoyó su peso en la encimera, respirando hondo. - Bella. - La llamé al notar que no tenía intención de mirarme.

-Edward… creo que lo mejor es que sigas con Tanya… - Me acerqué a ella sin entender por qué hablaba de esa forma y acuné su rostro, aunque ella lo evitó y se alejó un par de pasos de mi.

-Pero… ¿qué estás diciendo, Bella? Ya he llamado a mi abogado y…

-No, no puedes divorciarte de ella. - Repitió. - Tanya está mal. Hoy se ha negado a hacer sus ejercicios. No ha habido manera de moverla. ¿Qué le dijiste anoche para que esté así?

-Na… nada.- Tartamudeé confuso. ¿Es que acaso iba a ser yo el culpable? - Simplemente le pedí el divorcio…

-¡Pero ella no quiere!

-¿Y qué tengo que hacer? ¿Atarme a ella sabiendo que me muero por ti, Bella? ¿Eso te parece bien? - Sus ojos me miraron apenados y agachó la mirada, aparentemente arrepentida. -Bella… - La llamé, pero parecía no tener intención de mirarme de nuevo. -Mi amor… - Dije cuando me acerqué y la obligué a mirarme acunando su rostro. - ¿Después de cómo te ha tratado piensas en el bien de ella?

-Ella… ella nunca me ha tratado mal…

-Sé perfectamente como es Tanya. Puede que no te haya pegado, pero sin embargo puedo hacerme una idea de cómo te habrá hecho sentir alguna vez que otra… - Su mirada volvió a evitar la mía y acaricié con mis pulgares sus mejillas esperando que me mirara de nuevo. - Bella… yo no puedo amarla, porque ya te quiero a ti.

-Pero ella va a negarse a hacer sus ejercicios si te divorcias de ella… Está pasándolo mal y no puede dejar de hacerlos ahora que ha mejorado tanto… Me ha estado diciendo que los días que estuve de viaje fue al hospital y allí fue capaz de mantenerse en pie durante unos segundos. ¿Y sabes lo que significa eso? - Negó con la cabeza. - No puedo hacerle esto…

-Pero Bella, yo… yo no puedo más con mi matrimonio, y más si sé que tú me quieres también. No voy a permitir que estemos separados por esto. - Ella levantó sus dos manos retirando las mías de su rostro y retrocedió dos pasos.

-No, no puedo.

-Yo sí puedo.

-Me iré si así puedo evitarlo. - No pude evitar sentirme peor. Lo estaba dando todo por ella y para ella era más importante la salud de Tanya que nosotros…

-Me divorciaré de igual manera.

-¡Eres imposible! - Exclamó con expresión impotente, pasando por mi lado con dos grandes zancadas en dirección hacia la salida de la cocina, pero yo no estaba dispuesto a que se fuera.

Necesitaba convencerla de que yo no podía vivir sin ella ya. Estiré mi brazo y como en el aeropuerto rodeé el suyo con mi mano, pero esta vez la atraje a mi cuerpo y volví a estrellar mis labios en los suyos. Ahora que sabía que ella también sentía lo mismo por mi no iba a permitir que se alejara de mi y haría hasta lo imposible por convencerla de que no tenía por qué seguir atado a Tanya.

Sus labios no tardaron en responder a mi beso, a diferencia del día anterior, y como en el aeropuerto sus brazos se cerraron en torno a mi cuello atrayéndome más hacia ella. Sus labios de sabor a caramelo me recibieron gustosamente y no pude sentirme más dichoso por ello, por darme cuenta que dijese lo que dijese, ella tampoco era capaz de contener las ganas de besarme. Me atreví a morder su labio inferior, poniendo especial atención al pequeño jadeo que dejó escapar.

Mi mano pasó por su espalda baja y la presioné más contra mi cuerpo, escuchando como aquel movimiento había provocado que de su cuerpo se escapase un pequeño y bajo gemido que me hizo enloquecer.

Abrí mis labios, incapaz de reprimir las ganas que tenía por acariciar con mi lengua aquella piel tersa, rosa y suave y que se movía bajo mis labios con tantas ganas. Fue entonces cuando su boca se entreabrió para mí, dejando escapar un suspiro y no me lo pensé dos veces: dejé que entrara en su cavidad buscando la caricia de la suya.

Por un breve momento, al sentir como aquella parte de nuestro cuerpo se unía y lentamente comenzaban a reconocerse por segunda vez, pensé que estaba soñando, que nada era real, no podía encontrarme tan bien. Por ello entreabrí mis ojos, dándome cuenta que realmente era ella y que sin duda aquel roce era mucho mejor de lo que había vivido en sueños alguna vez.

Bella había soltado sus manos de mi nuca para ascender por mi cuello hasta colocarlas a cada lado de mi rostro, las mías se habían perdido por su espalda, por su cabello y por su rostro…

Cuando noté como el aire comenzaba a faltar me retiré observándola fijamente a los ojos con una pequeña sonrisa, analizando la hinchazón de sus labios entreabiertos, pasando mi dedo pulgar por ellos, a través de los cuales aun salían pequeños jadeos a causa de su agitada respiración.

-¿Entiendes por qué no puedo dejarte? - Pregunté contemplando de nuevo sus ojos en ese momento cerrados, esperando que ella hubiese sentido en aquel beso todos mis sentimientos. - ¿Comprendes que lo que siento por ti es mucho más fuerte? - Ella solo apoyó su rostro en mi pecho y me abrazó con fuerza. - Mi pequeña americana… - Musité besando su coronilla.


Ains... Parece que Bella es la más sensata de los dos... ¿o solo es la más inocente? Jum...

En fin... muchas gracias a todas aquella que seguís el fic, en especial a:

saraes, Sarah-Crish-Cullen, valinight, Elyta, Iare, Cullen Vigo, Aliena Cullen, Milhoja, SsiL, Iare, Black Cullen, nany87, Paaameeelaaa, NuRySh, Jos WeasleyC, Cammixu, Denisse-Pattinson-Cullen, EdithCullen71283, joli cullen, bellaliz, Sky Lestrange, Yeya Cullen, Caro Bere Cullen, Chayley Costa, robsten-pattinson, lugardita, MaxiPau, codigo twilight, Ludwika Cullen, cutita2, Angeles Nahuel, liduvina, Nurymisu, marihel, Dra. Laly, Kelly hale cullen, Nishali Black Cullen, lady blue vampire, PattyQ, anita cullen.

Bueno chicas, pues espero poder subir pronto el próximo :)

Un besito