Tai Kamiya, ¿el Dorado?
Davis se paro en lo alto del edificio donde vivía y observo la ciudad. Era de noche y las luces de los edificios resplandecían ante sus, ahora despiertos, ojos. El jovencito alzó la mirada y se pregunto que se sentiría el poder volar por encima de la ciudad mientras veía todas aquellas brillantes luces por debajo de su propio cuerpo. Luego se rio por lo bajo. Según lo que sabía ahora del Digimundo solo tenía que aprender la Magia del Aire, combinarla con la de la Luz y podría salir volando de su hogar en cualquier momento para irse a algún otro sitio.
- En la residencia de la familia Kamiya -
Tai observaba por la ventana de su habitación y suspiro cansadamente. Habían pasado dos días desde su última aventura pero desde que habían salido de aquel lugar aquellas preguntas no cesaban de rondarle la cabeza, se preguntaba que se sentiría ser instruido. ¿Sería doloroso o emocionante? ¿Y cómo era la vida de un Cambriel? ¿Qué pasaría si él también tuviese poderes?
-hermano- la voz de Kari lo saco de sus pensamientos y él se giro a verla justo cuando ella abría la puerta para salir de la habitación –vuelvo en un momento, mamá me llama- Tai asintió y su hermana salió de la habitación. Gatomon estaba en la litera de Kari jugando entre las sábanas de la chica. Aunque Tai sabía que ese "juego" tenía que ver con Veemon, por eso prefería no acercarse a ver qué hacia la gata Digimon
-uff…- el chico dio un pequeño resoplido y cerro perezosamente los ojos mientras intentaba pensar en cosas más agradables, como cuando jugaba soccer con los chicos o cuando paseaba por el mall con sus amigos o cuando…entre todos sus pensamientos se le vino uno. El momento en el que habían llevado a sus familias a ver el Digimundo. Recordó que la familia de Davis también había ido y como se habían preocupado por él 'genial, Tai…' se reprendió mentalmente 'recuerda esas cosas ahora que ya no debes consolar a Davis porque todo el mundo lo crea un tonto'
El joven se recostó en el alfeizar de la y miro hacia afuera mientras pensaba en eso. No solo la familia de Davis se había asustado al comprobar lo que él había estado haciendo mientras ellos no lo veían. Las familias de Cody y Yolei también se habían mostrado impactadas ante este hecho pero había algo, por encima de todo eso, que Tai no podía olvidar. La expresión de Yun. Tai sabía que Davis y su hermana nunca se habían llevado muy bien pero él siempre lo había atribuido a los típicos pleitos entre hermanos que hay en cada familia. Sin embargo, en aquella ocasión Yun le había sorprendido cuando, lejos de asustarse o sorprenderse por lo que su hermano estaba haciendo, ella bufo molesta, se cruzo de brazos y espeto –ese idiota se está metiendo en cosas que no entiende otra vez.
Tai sacudió la cabeza mientras se preguntaba que habría querido decir Yun con aquellas palabras, pero cuando centro su atención en la ventana observo una especia de robot con forma de lagartija que lo miraba impasible. Toda su piel era metálica y de color gris, salvo por sus ojos que eran dos enormes canicas rojas con dos puntos verde oscuro en el centro (Tai asumió que eran sus pupilas) el robot puso una pata en el vidrio y este se desintegro convirtiéndose en arenilla de cristal, el chico miro impactado aquella arenilla y luego miro a la criatura –hola- dijo la criaturilla, ahora Tai la identificaba como un Digimon puesto que cuando abrió la boca alcanzo a ver sus colmillos y la carne en el interior de su boca –el profesor Lombardo me pidió que te invitara a conocer nuestra guarida
-¿Lombardo?- se pregunto Tai en un susurro –él fue…
-¿derrotado?- pregunto el digimon sonriendo tensamente –no, humillado tal vez, pero no derrotado. Ahora, ¿vienes conmigo? Me temo que tus opciones son aceptar o ver como toda tu familia es masacrada por mis camaradas- añadió en cuanto Tai abrió la boca para soltar una negativa
-entonces supongo que los visitaré- dijo el jovencito y la lagartija entro en su cuarto para posarse sobre sus hombros
-abre la puerta al Digimundo y vámonos, nadie tiene que saber a dónde fuiste aún
-entiendo- dijo el chico e hiso lo que le indicaban. Un instante después de que se hubiese marchado su hermana abrió la puerta de la habitación para llamarlo a cenar, la chica se sorprendió de ya no verlo en su habitación y de encontrar a su compañera digimon dormido en su cama como si no tuviese ningún problema.
- Donde Davis -
Esta vez se había sentado en el techo del edificio a disfrutar de la brisa nocturna mientras los sonidos de la ciudad invadían sus oídos. A lo lejos una mujer cantaba una dulce canción de cuna para arrullar a su travieso par de gemelitos y él podía escuchar los bostecitos y las risitas de los bebés mientras caían en la inconsciencia. Su oído amplificado era de lo mejor, l voz de esa mujer era de lo mejor, sobre todo porque se parecía mucho a la de Mimí.
El chico sonrió para sí al pensar en eso, solo había oído cantar a la chica en una ocasión pero nunca olvidaría lo hermosa que le había parecido aquella voz. Se imagino a sí mismo recostado en las piernas de Mimí mientras ella le cantaba y no pudo evitar sobresaltarse, ¿desde cuándo pensaba así de una chica que no fuese Kari? En ese momento su PS3 vibro y él lo tomo para revisar los mensajes, era un mensaje de Tai.
Davis abrió el mensaje y lo leyó rápidamente. Un instante después corrió hacia dentro del edificio y fue a su cuarto a toda carrera. El mensaje decía: Lombardo no murió. Me tienen. Estoy en su guarida. Adiós.
- En el Digimundo -
Tai entro en la cueva a la que el digimon lagartija le había indicado que se dirigiera, el digimon tenía una suerte de lanza metálica saliéndole de la boca y apuntaba directo a la garganta del joven, y observo con espanto al ser que estaba delante de él. Estaba de más decir que Lombardo era espantoso –bienvenido, jovencito- saludo Lombardo, aunque su voz sonaba como si se estuviese ahogando con su propia saliva –soy el profesor Lombardo
-Davis…- musito Tai –Davis no nos dijo que usted estuviese tan acabado
-ten cuidado, chico- advirtió la lagartija pero Lombardo rio desganadamente
-ciertamente no lo estaba cuando conocí a tu amigo, esto solo es el resultado de lo que ha ocurrido por involucrarlo con ese sin nombre hijo de perra- aquello lleno a Tai de una ira profunda. Yoru era la persona más leal, valiente y gentil que él hubiese conocido; fuera quien fuese ese monstruo no le permitiría hablar así de su amigo
-ese sin nombre hijo de perra se llama Yoru ahora, monstruo
-¿Yoru?- se pregunto Lombardo mientras la lagartija acercaba más su filosa lengua a la cara del muchacho, ambos se miraban con rabia –Yoru- pareció aceptar Lombardo –es un nombre apropiado- luego se alejo para seguir observando una pantalla diminuta de la que manaba una luz azul, Tai y la lagartija se le quedaron mirando y luego intercambiaron una mirada confundida antes de que Lombardo volviera a pronunciarse –dime, joven Kamiya, ¿sabes por qué las Bestias Sagradas trajeron a los Niños Elegidos al Digimundo?
-creía que era para proteger a los digimon, pero supongo que estaba equivocado
-pues, en cierto modo sí, estabas equivocado- respondió Lombardo mientras tomaba unas hojas y comenzaba a escribir en ellas –los Niños Elegidos fueron elegidos en primer lugar para limitar el poder de Brushogun, verás, para invadir las Zonas Protegidas los Ghouls tenían que obtener la capacidad de entrar en ellas en primer lugar, pero eso era imposible debido a que las Bestias Sagradas limitaban sus opciones. Fue por esa razón que Brushogun comenzó a reclutar digimons para que se unieran a él y entraran en estas zonas. Esos son los que ustedes llaman digimons malignos, lo cierto es que ellos fueron obligados por Brushogun a huir de sus hogares. Algunos de ellos querían conquistar estas zonas para ser liberados del control de los ghouls, pero lo cierto es que muchos otros no tenían opción
-entonces…¿estuvo mal derrotarlos?
-si lo ves desde el punto de vista de que ellos solo buscaban ser liberados de la tiranía de los ghouls entonces sí, estuvo terriblemente mal. Pero si lo ves desde la perspectiva de que salvaron las Zonas Protegidas de esa misma tiranía, entonces no, no estuvo mal
-¿Por qué me cuentas todo esto?- pregunto Tai
-porque debes saberlo, debes saber estas cosas para que puedas comprender el porqué ustedes son especiales. Muchos de ustedes fueron elegidos con la esperanza de encontrar las auras de la profecía entre tanto humano
-Davis- espeto Tai finalmente entendiendo la razón por la que los escogieron
-Davis- acepto Lombardo –para encontrarlo a él y a aquel que lleva el aura dorada ellos decidieron traer a cientos de ustedes al Digimundo porque pensaban que todos serian capaces de soportar el Despertar. Son tan especiales que ellos creían que podían cambiar sin riesgo a morir o enloquecer…
-déjame ver si entendí- espeto Tai súbitamente irritado -¿estás diciendo que las Bestias Sagradas decidieron que nosotros debíamos arriesgar nuestras vidas para salvar este mundo aunque pudiésemos morir solo para que tres individuos cuya existencia pudo ser una mentira llegaran hasta aquí?
-así es- dijo Lombardo luego de considerar la pregunta un momento –aunque sea difícil de aceptar la razón por la que muchos de ustedes están aquí es para servir como filtro, todos eran innecesarios salvo Davis y los otros dos. Pero como Yoru nació en el Digimundo eso le resta importancia a muchos de ustedes que eran posibles candidatos para tener el aura negra, claro que los plateados también han perdido relevancia ahora que tu amigo apareció
-entonces ahora solo importan los dorados, ¿cierto?
-así es, esa es la razón de que te haya traído hasta aquí, joven Kamiya
-¿por qué? ¿Piensas que yo soy el dorado de la Profecía?
-así es- respondió Lombardo sin dudarlo, Tai le miro sorprendido por un momento antes de fruncir el ceño y señalarse a sí mismo con su mano izquierda
-¿tengo aura dorada?
-tú y algunos otros Niños Elegidos las tienen. Por eso estas aquí
-¿Qué vas a hacer? ¿Despertarme para ver si soy el Dorado de la leyenda?- aunque intentaba parecer desafiante a Tai no podía escapársele que la perspectiva de ser Despertado era atractiva…y aterradora. Por un lado estaba la posibilidad de convertirse en uno de los seres más poderosos del Digimundo y ayudar a derrotar al verdadero mal que lo aquejaba pero, por el otro, estaba la posibilidad de volverse loco o quedar en estado de coma de por vida
-pensaba hacerlo pero, siendo honesto, eso me serviría tan poco como no hacer nada. No, creo que averiguare si eres el Dorado de una manera diferente- Tai palideció cuando Lombardo sonrió –esta manera me garantizara también que, aunque seas el Dorado, jamás podrás intervenir en nuestros planes.
- En la guarida de Yoru -
Davis se dirigió al acantilado donde Yoru había derrotado a un Ghoul por primera vez delante de él. Se suponía que los restos de lo que había sido el vehículo del cerdo aun estaban ahí y Yoru, Nicolás y Palamedes estaban viviendo en ellos, aunque a Davis le parecía una locura estaba seguro de que sus amigos habían usado sus habilidades para reparar esa carcacha y convertirla en un sitio decente para vivir. Al instante divisó la casucha, pero al acercarse esta se transformo en una casa blanca de dos pisos, aun hecha de metal, pero con ventanas de vidrio resplandeciente enmarcadas de metal azul, una puerta de madera roja había aparecido en donde antes solo había un hueco. En el costado derecho de la casa se distinguían perfectamente una puerta doble de madera que daba acceso a lo que él supuso que debía ser el sótano. Davis se acerco y miro pasmado el lugar para luego sacudir la cabeza e ir hacia la puerta, antes de que lograra tocar Nicolás la abrió y lo miro preocupado –Lombardo nos mando un mensaje, sabemos que tiene a Tai
-¿entonces porque siguen aquí?- preguntó el joven plateado visiblemente molesto
-porque te esperábamos- respondió Yoru saliendo de la casa, aun tenía su ropa andrajosa, pero esta vez estaba limpia
-vamos- ordeno Palamedes, traía puesta su armadura y empuñaba un hacha de batalla. Davis asintió y todos se pusieron en camino. Nicolás fue el último en seguirles porque se quedo cerrando la puerta
-espero que lleguemos antes de que Lombardo haga alguna estupidez- dijo el clon
-¿cómo qué? ¿Despertarlo?- pregunto Davis
-bueno, si podría hacer eso- reconoció Nicolás –y tal vez sobreviva gracias a su aura dorada
-espera- espeto Davis mirando fijo a Nicolás pero sin dejar de avanzar -¿Tai tiene aura dorada? ¿Entonces él podría ser…?
-podría- dijo Nicolás haciendo una mueca de dolor fingida –pero yo lo dudo, las Bestias Sagradas están casi seguras de que él es uno de los Cambriel elegidos pero yo nunca he estado seguro la verdad. Es que hay algo que…no cuadra
-odio admitirlo- soltó Palamedes –pero Nicolás tiene razón, que dos Niños Elegidos resulten ser los mismos de la Profecía seria mucha coincidencia
-es cierto- dijo Yoru –y, en lo personal, no creo en las coincidencias
-¿o sea que no es posible que Tai sea el dorado?- preugnto Davis frunciendo el ceño
-es posible, pero muy difícil- respondió Nicolás.
- En la guarida de Lombardo -
El científico observo sonriente al chico mientras su subordinado más nuevo, una gigantesca araña con cabeza de mono, ataba al muchacho al improvisado altar que el científico había construido para llevar a cabo su siguiente experimento. Los Niños Elegidos eran especiales por sus auras y por otras características propias de cada uno. Y Lombardo iba a poner a prueba las de Tai sometiéndolo a una prueba que había matado a muchos humanos en el pasado. El científico planeaba someter al chico a un proceso para convertirlo en Ghoul.
