Blaine, Kurt y Warblerlandia nacieron de otra mente (RM) y pertenecen a otros dueños. Yo nada más los hago caminar por otros mundos :D
Capitulo 10. Tu boca es mi por qué y yo seré destino.
-Entonces- dijo Nathan con ganas de tomar a Blaine de los cabellos y hacerlo volar por la habitación- ¿no le dijiste nada de nada? ¿Absolutamente nada? ¿No lo besaste?
Apenas llevaba cinco minutos en aquella habitación después de haber pasado una semana entera lejos de Dalton a causa de la competencia nacional de soccer- en la que por cierto, habían pasado a la final que se llevaría a cabo el próximo fin de semana- y resultaba que en lugar de encontrarse con la feliz noticia de que Blaine se había decidido ya de una buena vez a decirle a Kurt Hummel que lo amaba, resultaba que todo seguía igual a como él lo había dejado. Definitivamente, su mejor amigo era un rotundo desastre en cuanto a acciones de seducción se trataba.
Blaine miró a Nate, que parecía en medio de un ataque de desesperación aunque no quisiera que él lo notara y un poco avergonzado movió negativamente la cabeza en señal de que su mejor amigo tenía toda la razón: sí, oficialmente Blaine había demostrado con creces que los infalibles cursos de seducción de Nathan Bailey sí tenían un margen de error y él era la prueba viviente de ello.
La verdad, él sabía que merecía la regañina de Nate, pero… bueno, lo único que podía agradecer de todo aquel asunto era que el regaño había demorado un poco más de lo normal a causa del viaje de Nathan.
-¿Por qué no, Blainey?- dijo el joven de los rizos cobrizos sentándose a su lado y tratando de mantener la compostura- ¿qué te detuvo esta vez?
-Sólo… no era el momento, Nate.
-¡Dios Blaine!- dijo Nathan sin poder evitar subir el tono de su voz- vas con el chico a la ciudad de Nueva York, a esa ciudad, a ese lugar ¿sabes cuantas películas románticas, libros e historias se han inspirado en esa ciudad? Vas solo con él, pasas otro fin de semana a su lado y simplemente tú… ¿qué hiciste entonces?
-Pasar tiempo en familia- dijo Blaine recordando con una sonrisa melancólica- tuve la oportunidad de conocer a la familia de Kurt. Todos llegaron el domingo a la ciudad y pasamos un rato realmente agradable.
-¿Y eso fue todo?- dijo Nathan con ganas de arrancarse los rizos cobrizos de raíz- Blaine, estoy más que seguro de que podías encontrar un momento de tomar a Kurt de la mano, llevarlo al parque, al centro o ¡Yo qué sé! Blaine, sé que te gusta llevar las cosas con calma pero… ¿no crees que ya fue demasiado?
-Nathan- dijo Blaine con la mirada un poco triste- ¿cómo iba a decirle a Kurt lo que siento por él cuando antes me dijo que él ya tenía a alguien a quien amar?
-¿Qué te dijo qué? ¡Eso es absurdo!- dijo Nathan al borde del colapso nervioso.
Con esa experiencia estaba más que seguro que o bien, él era un fracaso como Cupido o simplemente el universo se estaba poniendo en su contra. Además no le cabía en la cabeza que Kurt le dijera algo así a Blaine ¡Por Dalton! Era evidente de ahí a China que Kurt estaba enamorado de Blaine.
-Él me dijo que… que le contara acerca de las estrellas y que… él quería saber eso porque pensaba que ya había encontrado una estrella para él. Entonces yo… ¿qué caso tiene, Nate?
-Al menos lo sabría- dijo Nate, aunque aquella historia de Blaine seguía sin cuadrarle para nada- al menos lo habrías puesto a pensar que tú eres una mejor opción para él. No lo entiendo Blainey, hubiera jurado que él… bueno ¿qué más te dijo?
Blaine suspiró antes de contarle todo a su amigo. De verdad, recordar aquella conversación le llenaba el alma de un terrible desasosiego porque, bueno, mentiría si dijera que no habría esperado que Kurt empezara a sentir algo más por él tomando en cuenta todo lo que habían vivido en los últimos meses. De verdad, si Blaine dijera que no había tenido ninguna esperanza en lo que a lograr que Kurt Hummel pudiera amarlo respecta, estaría engañando completamente a su alma.
Tal vez, habían existido momentos en los que de verdad pensó que algo más sería posible, como aquella noche en el laberinto, como en aquel día en el que compusieron la canción de Kurt o como en aquel sueño en el que sintió la boca de Kurt en la suya, tan real y tan tangiblemente que todavía le parecía poder saborear el dulce aroma de los labios de Kurt cuando recordaba aquel instante trozo de un sueño.
Sí, decir que no había tenido esperanzas era equivalente a decir que estaba mintiendo. Pero ¿cómo reaccionar después de lo que Kurt le dijera? Aquella conversación había sido el fin de todas sus esperanzas. Pero sin importar nada de lo que le hiciera sentir, Blaine empezó a hablar, esperando que en nombre de todos los dioses que aún no lo habían abandonado, su amigo pudiera llegar a entenderlo. De verdad Nueva York seguía siendo sólo un lugar triste para él. Parecía que en aquella ciudad, sólo podía perder lo que amaba.
-Blainey, Blainey- dijo Nathan respirando profundamente para calmarse después de que su amigo terminara de contarle acerca de su viaje- ¿Puedo matarte ahora o dejo que compongas tu epitafio?
-¿Por qué quieres matarme ahora?- dijo Blaine.
Hubiera esperado que su amigo se mostrara comprensivo, que le prestara su hombro para llorar pero no una amenaza de muerte. Si esas eran las nuevas técnicas de apoyo moral de Nathan, Blaine no estaba muy seguro de que llegaran a funcionar.
-¡Por torpe!- dijo Nathan levantándose y empezando a caminar rápidamente en frente de él- aunque ¿sabes? Hummel también merece que le diga unas cuantas cosas ¿es que de verdad son tan ciegos? De verdad, ¿de verdad les da tanto miedo saberlo? ¿Por qué Blaine? ¿Por qué lo hacen todo tan complicado?
-¿Saber qué?- preguntó Blaine con el rostro lleno de confusión- ¿miedo de qué? ¿Hacer complicado qué?
-¡Todo!- gritó Nathan y Blaine saltó al oír la de por si estridente voz de su amigo elevándose un par de octavas más- ¡Todo, Blainey! Tengo ganas de… es que no es posible, de verdad que no lo es… no entiendo por qué les da tanto terror el saber que se aman el uno al otro y que ya no pueden negarlo…
Un hondo suspiro salió del pecho de Nathan quien se tiró en la cama como si se encontrara de verdad cansado. Le parecía imposible, pero más que eso, intolerable, que a aquel par de atolondrados aún les quedara la duda de que ¡Por todos los Warblers de la historia! Estaban más que enamorados y hechos el uno para el otro y contaban con su bendición para casarse y traer niños de rizos negros y ojos azules al mundo ¿de verdad era tan difícil aceptarlo?
Blaine miró a su amigo y sus palabras tardaron más de lo normal en tomar sentido dentro de su cerebro ¿quién amaba a quién? Porque él sólo estaba seguro de que amaba a Kurt pero de que Kurt no lo amaba a él… ¿o sí?
-Nate…- dijo Blaine sintiendo el corazón latir como potro desbocado- Nate… ¿Por qué dices que Kurt y yo… es decir… bueno, en todo caso creo que te escuché mal…
-¿Qué si Kurt Hummel te ama?- dijo Nate en voz baja y ausente- Sí, lo hace, pero eso no me corresponde decírtelo a mi…
-Nathan- dijo Blaine sintiendo que un huracán se había desatado en su interior con las palabras de su mejor amigo- ¿por qué lo dices? No juegues conmigo, por favor. Sé que estás molesto pero no puedes decirme estas cosas solo porque yo, bueno… sí, soy un torpe pero ¿cómo querías que supiera que ese era el momento? Cuando él me dijo que había encontrado una estrella lo único en lo que pude pensar fue en no dejar que el dolor que eso me hacía sentir me arrastrara otra vez a las sombras. Por eso Nate, perdóname, no quería decepcionarte pero ¿qué querías que hiciera? Estaba concentrándome en no llorar y en ser un buen amigo porque… Kurt es mi amigo y yo quiero que sea feliz aún si no es feliz conmigo…
El joven de los ojos verdes se levantó de la cama despacio y miró a Blaine con una sonrisa comprensiva antes de hablar otra vez. Nathan suspiró tristemente. A lo mejor estaba siendo demasiado duro con Blaine. Tomando en cuenta el historial de su amigo de verdad era todo un milagro que el joven Anderson hubiera querido ir de viaje con Kurt. Quizá Nathan se había acostumbrado muy pronto al nuevo Blaine, al Blaine que Kurt había hecho renacer pero, lo cierto era, que bajo todo aquel nuevo chico latía aún un corazón demasiado lastimado, un corazón al que le costaba todavía un trabajo enorme creer que era amado.
-Vas a hacer que muera muy joven, Blainey- dijo Nate con voz suave- perdóname, no quería gritarte así es que… bueno, esperaba encontrarte totalmente feliz en los brazos de Kurt Hummel y la verdad es que me dejé llevar por mis propias expectativas pero… tienes razón, supongo que fue demasiado para ti, pero olvidaste lo esencial amigo…
-¿Qué?- dijo Blaine realmente confundido- ¿es por lo de tus cursos de seducción? De verdad lo intenté… bueno, al menos pensé en intentarlo.
-No, torpe- dijo Nathan con una sonrisa divertida- te olvidaste de lo que Elena se pasaba diciéndonos a los dos…
-¿Qué cosa?- dijo Blaine intrigado.
-No leíste entre líneas, no escuchaste con tu corazón.
-¿Cómo?- dijo Blaine sintiéndose un poco más tonto si era posible. Le parecía algo totalmente extraño que Nate recordara tan bien las enseñanzas de Elena y él, al parecer, no.
-Ya te dije que no me corresponde a mi decírtelo- contesto Nathan revolviendo los rizos oscuros de su amigo- pero si vuelves a escuchar las palabras de Kurt otra vez, pero escuchándolas con todo el corazón puesto en ellas, descubrirás algo que te hará querer besarme por mi sabiduría…
-Bailey- dijo Blaine divertido- deja de flirtear conmigo, de verdad, a veces no sé si lo dices en broma o no…
-Obviamente es broma Blaine Torpe- dijo Nate riendo- no tienes la suficiente suerte para poder ser la estrella de este súper hombre. Pero de verdad Blainey si no me vas a hacer caso a mí, escúchate a ti mismo, no creo que sea tan difícil darse cuenta de algo tan evidente…
-¿Qué es lo que tengo que escuchar?- dijo Blaine- es que no es posible Nate, de verdad que no lo es ¿cómo puede ser que Kurt…? Ni siquiera puedo decirlo, él es… no es posible Nathan, de verdad no lo es.
-No lo es ¿eh?- dijo Nathan dispuesto a guardar la calma y a hacer que Blaine leyera entre líneas lo que se había negado a escuchar - y entonces ¿cómo te explicas que te haya elegido a ti y no ha Sebastian para ir a Nueva York? ¿Cómo me explicas que sus ojos se iluminen cada vez que te mira? ¿Cómo me explicas que siempre quiera caminar contigo de la mano? ¿Cómo explicas la sonrisa que siempre está en su cara cuando le hablo de ti? ¿Cómo te explicas Blaine, que él haya querido saber de las estrellas desde que tú le contaste que siempre has estado esperando por una de ellas?
-Pero eso…- dijo Blaine siendo consciente de pronto de que lo que decía Nathan tenía mucho de verdad- pero ¿por qué yo, Nate? Es decir yo soy… mírame Nate, puedo estar un poco mejor vestido y todo lo que quieras pero ¿por qué yo si él puede estar con quien quiera?
-Pues él quiere estar contigo- dijo Nate suavemente- quizá porque eres tú ¿qué más da el por qué? ¿Puedes tú explicarme realmente por qué tú lo amas a él? ¿Tienes razones lógicas y coherentes para decírmelo? El amor no soporta que lo examinen, Blaine, pensé que lo sabías… siempre me lo has dicho, Elena nos lo decía, el amor es amor y listo. No hay razones más que su propio ser. Sé que tienes miedo y que por mucho tiempo no creíste que algún día volverías a sonreír pero Blainey ¿no crees que ya fue demasiado? Creo que esta vez vale la pena que tengas miedo porque lo que viene Blaine, será más grande que todo tu temor ¿sabes?
-Es que no puedo creerlo…- dijo Blaine con un nudo en la garganta.
Nathan podía ser el rey del humor y de la vida despreocupada, pero Blaine sabía que su amigo era una persona muy madura cuando se lo proponía. No por nada era cuatro meses mayor que él, como a Nate le encantaba recordarle.
-¿Por qué no?- dijo Nate tomándolo en sus brazos y dejando que las lagrimas de Blaine cayeran sobre su pecho- no seas tonto Blaine ¿quieres que te mire y que te diga lo que veo? Veo a un chico maravilloso, al mejor amigo que alguien podría desear, veo al compañero de todas mis aventuras, a mi hermano. Veo a un chico realmente guapo que ha logrado salir a flote a miles de cosas dolorosas, a un chico que merece ser feliz ahora. Te miro y veo a un pequeño torpe que a pesar de ser condenadamente lento, tiene la valentía suficiente para ir y luchar por eso que quiere. Blaine, no todos tenemos la suerte de encontrar algo como lo que tú has encontrado en Kurt, tienes que luchar por ello, ir por él y decirle "Kurt, te amo" y sé que él te dirá "Y yo a ti Blaine" y ya, fin de la historia y felices a partir de hoy ¿vale?
-Nathan Bailey- dijo Blaine entre sollozos- ¿por qué no puedo ser como tú?
-Pues porque el mundo no resistiría tanta perfección, supongo- dijo Nate haciendo reír a Blaine entre lágrimas.- además ¿Qué sería del mundo si tú no existieras? Ni yo ni cierto chico de ojos azules que conozco podríamos vivir en paz si tú no estuvieras aquí.- sonrió
-Pero no puedo creerlo Nate- dijo Blaine- quiero creerlo con toda el alma, moriría por que fuera verdad pero… no puedo, no sé qué es lo que me impide verme como… como la estrella de Kurt.
-Se llama miedo- dijo Nate- pero ya no debes temerle a nada. Si no logras creerlo aún, ve y pregúntale a Kurt, él te dirá todo lo que quieres saber y en el momento en el que se lo digas, se acabaran tus dudas, cuando él te lo diga no tendrás que dudar de nada, es más, ve ahora mismo por Hummel y no es una petición, es una orden ¡Corre!
-Tendría que correr hasta Nueva York- dijo Blaine sin separarse de Nathan.
-¿Eh? ¿Por qué?- dijo Nate con mucha curiosidad
-El mismo domingo en el que pensábamos volver, los profesores de NYADA le pidieron a Kurt que se quedara una semana allá para preparar el festival navideño de la academia. Él tendrá un número especial para presentarse como futuro alumno de la escuela. Él no regresó conmigo aquí, sus padres se quedaron con él. Todos estábamos muy felices. Kurt volverá hasta el próximo viernes, antes de las vacaciones de navidad.
-Vaya- dijo Nate con mucha admiración- de verdad los dejó sorprendidos a todos ¿verdad? No esperaba menos de mi futuro cuñado, así que está bien, tomate un respiro, pero cuando vuelva, no más espera pequeño torpe.
-No más- dijo Blaine decidido- sea como sea, tiene que saberlo.
-Sí- dijo Nate limpiando las lagrimas de su amigo- imagino que has pasado toda la semana encerrado en esta habitación extrañándolo, ¿verdad?
-Como no tienes idea- dijo Blaine- pero traté de distraerme con algo, estuve dándole lecciones a Jeff en el piano, salí con él a comprar los obsequios navideños para su familia y para Nick. Aunque, aún así…
-Ya veo- dijo Nate, contento de que Blaine no hubiera sucumbido a la tristeza- oye, ese Jeff ¿no crees que pasa mucho tiempo contigo? No es por intrigar pero algo me dice que pronto le dará calabazas a Nick por el influjo de unos ojos color avellana que para qué te cuento más, son hermosos…
-Bailey…- dijo Blaine con molestia.
-¿Qué?- dijo Nathan- no es de extrañarse que otras personas se enamoren de ti. Blaine, eres muy ciego en cuanto a ti respecta, amigo.
-Pero Jeff ama a Nick. Él es sólo mi amigo ¿por qué no puedo ser amigo de alguien sin que todos piensen que…? Además, si pasamos tanto tiempo juntos es porque él es el único con el que comparto todas mis clases, es mi pareja de estudios y en última instancia, las lecciones de piano también son por Nick ¿lo olvidas?
-Oh bueno, déjame disfrutar la novela de tu vida ¿Qué tiene de malo que otros chicos se sientan atraídos por ti? Si Hummel no se apura, créeme que tendremos fila fuera de esta habitación para los aspirantes a "estrella de Blaine Anderson".
-Pero yo no quiero a nadie más que a Kurt- dijo Blaine en voz alta y la risa suave de Nathan hizo que se sonrojara. Nunca había dicho aquello para nadie más que no fuera su propio silencio.
-Esa es tu respuesta entonces, amigo- dijo Nate- si ya sabes lo que quieres, no tienes más que luchar por ello, oye y ¿no has vuelto a hablar con él?
-He intentado llamarle- dijo Blaine- pero no me contesta, creo que debe de estar ocupado por los ensayos y esas cosas y bueno… creo que mi teléfono murió.
-¿Cómo?- dijo Nate- ¿y no has buscado uno nuevo?
-Ya lo hice- dijo el chico- pero sigo sin recibir respuesta…
-Bueno, tarde o temprano contestará y le dirás "Kurt, te adoro"
-Cierra el pico, Nate- dijo Blaine sintiéndose un poco mejor.
-Amas este pico- dijo el muchacho- no puedes negarlo.
-Claro- dijo Blaine riendo- la verdad es que, no sé qué haría sin ti, Nathan Bailey…
-Vaya, vaya ¡qué conmovedor!- dijo una horrible voz conocida detrás de ellos. Nate y Blaine voltearon hacia la puerta que, como era su costumbre, estaba entreabierta y por la cual se asomaba la sonrisa cruel de Sebastian Smythe.
-¿Qué quieres de nosotros Seb-Seb?- dijo Nathan con una enorme sonrisa.
-De ti nada mi querido capitán del próximo equipo campeón nacional de soccer de la Academia Dalton- dijo Sebastian con una reverencia- me gustaría hablar con tu pequeño amigo Nerdy…
-¿De qué?- dijo Blaine poniéndose de pie rápidamente- dilo aquí, Nathan puede oírlo también.
-Bueno, en realidad no soy yo quien quiere hablar contigo… Kurt me pidió que te dijera que ha estado intentando llamarte desde el martes y que no ha recibido respuesta, lo tengo aquí, al teléfono y me dijo que me iba a cortar los… los cabellos si no te pasaba la llamada ¿vas a contestar, o no?- dijo Sebastian con una mueca de disgusto total. Sólo eso le faltaba, ser el mensajero de Kurt y Nerdy Anderson.
Nathan miró a Blaine con una enorme sonrisa brillante y le dio una palmadita en la espalda para animarlo a hacer algo.
-Vamos Blaine- dijo Nathan en voz baja- deja de extrañarlo y hazlo feliz a él también. Y tú- agregó el chico- mi querido y dulce Sebastian Smythe ¿me concedes el honor de desaparecer de esta habitación conmigo? Creo que algo me dice que esa llamada es algo privada, vamos.
Y sin decir más, arrebató el teléfono de la mano de Sebastian, se lo entregó a Blaine y tomando el joven Smythe del brazo se apresuró a salir de la habitación no sin antes gritar un "¡Trátalo bien, Hummel" al celular que seguía en la mano de Blaine antes de que él pudiera llevárselo al oído para escuchar a aquella voz que le había hecho falta a pesar de todo, la semana entera.
-Hola Kurt- dijo, sintiéndose feliz de escuchar la respiración que estaba al otro lado de la línea y la risa suave que las palabras de Nathan habían suscitado en la persona que lo llamaba en ese momento- perdóname por…
-Blaine…- escuchó el chico y su corazón se llenó de dicha con sólo escuchar su nombre pronunciado por aquellos labios. Le parecía estar ahora.- te he extrañado tanto…
-Y yo- dijo Blaine sentándose en la cama, sonriendo como bobo- ¿qué tal va todo? ¿Será un número digno de recordarse? Bueno, claro que lo será, vas a cantar tú.
-Eso espero- dijo Kurt con voz dulce- aunque sería mejor si pudieras estar aquí, si te contara ¿sabes qué canción me han asignado?
-No…- dijo Blaine sin poder reprimir un suspiro- ¿cuál fue?
-Una nueva versión de "Baby, it´s cold outside" y ¿sabes qué es lo peor? ¡Tengo que hacer el dueto con Rachel Berry! Ella también entró a NYADA, pues bien, ahora no deja de darme órdenes, de decir "Kurt esto, Kurt aquello, Kurt, tu voz no suena igual que siempre ¡Kurt, Kurt, Kurt, Kurt! ¡Creo que voy a explotar!- dijo el chico con verdadera pena.
-Pero bueno Kurt- dijo Blaine divertido por esa situación, aunque comprendía perfectamente: los duetos entre divas, nunca iban tan bien como uno pensaría que irían. – creo que a pesar de eso será algo hermoso, piensa en ello. Vale la pena soportar a Rachel si los dos harán un dueto mágico y así será…
-¡Pero Blaine!- dijo el chico y Blaine lo imagino levantando una ceja en señal de disgusto- no sólo es por la canción ¿sabes? Rachel es mi amiga pero cuando se pone así me dan ganas de ponerle un calcetín en la boca. No deja de parlotear acerca del regalo que le dio Finn para navidad.
-¿Regalo? ¿Tan pronto?- dijo Blaine sin dejar de sonreír- vaya que les ha llegado muy rápido el espíritu navideño.
-¡Finn tuvo la culpa!- dijo Kurt casi gritando- Le regaló a Rachel un certificado que la hace dueña de una estrella ¿puedes creerlo? Si ella vuelve a mencionar otra vez ese regalo, creo que moriré de ¡No sé de qué! pero ya fue bastante…
-Kurt, relájate- dio Blaine tranquilamente- sólo dile a Rachel que sabes que está feliz porque su novio se lució con el regalo pero que ya basta… ella entenderá…
-No conoces a miss Berry- dijo Kurt con una risa forzada- pero bueno, eso no importa ¿cómo estás? ¿Cómo están las cosas en Dalton? ¿Sebastian ha sido malo contigo? ¡Porque ya le dije que correrá por mi cuenta el que no sea capaz de traer descendencia al mundo!
-Creo que no lo había visto hasta hoy- dijo Blaine riendo animadamente- así que, no le he dado oportunidad de hacer o decir algo. Aún no estamos libres de la epidemia de gripe y Nathan llegó hoy ¿puedes creer que disputará el título nacional de soccer el viernes?
-¡Vaya!- dijo Kurt alegremente- ¡Felicita a Nate por mí! Debe de estar muy contento por lograr otro campeonato ¿puedes comprarle un helado de menta para felicitarlo en mi nombre? ¡Qué buenas noticias, Blaine! Y tú… ¿qué has hecho? ¿Por qué no contestabas el teléfono?
-¡Oh!- dijo Blaine con un poco de vergüenza- es que… mi teléfono cayó al agua el lunes que acompañaba a Jeff en el centro comercial, fuimos a buscar un regalo para Nick y por eso… intenté llamarte desde mi nuevo número pero no contestabas y supuse que estarías muy atareado por lo del festival en NYADA y…
-¡Dios mío! ¿Eras tú?- dijo Kurt con un tono de voz que denotaba mucha molestia- ¡Debí saberlo! Perdona por no contestarte es que… bueno sí, estabamos un poco atareados, perdona.
-No te preocupes- dijo Blaine muy suavemente- ahora puedo hablar contigo, eso es lo que importa Kurt yo…
-¿Qué, Blaine?- dijo Kurt sintiendo que en sus labios se dibujaba una enorme sonrisa de satisfacción al oír esas palabras de Blaine.
-Ya quiero que regreses- dijo el chico- quiero verte y decirte…
-Yo también quiero verte Blaine- dijo Kurt, sintiendo que sus voces, casi susurrándose el uno al otro a través de la distancia, eran como una caricia para su corazón- tengo tantas ganas de abrazarte…
-¿De verdad?- dijo Blaine sintiendo en su cara todo el calor del mundo.
-Totalmente- dijo Kurt, decir aquello ya no le causaba angustia alguna- ¿sabes algo? Compré un hermoso regalo para ti, espero que te guste cuando lo veas ¿te agrada la idea?
-¿Regalo?- dijo Blaine con voz emocionada- ¡No debiste! No tenias que comprar nada para mí, yo…
-Pero quise hacerlo y es hermoso ¡Te encantará! Oye Blaine, no quisiera pero… Rachel está a punto de tirar la puerta abajo si no le abro así que… te veré muy pronto Blaine, de verdad quiero verte ya…
-Yo también- dijo el chico, con ganas de derretirse de felicidad en ese justo instante- Kurt… rómpete una pierna en tu debut en Nueva York ¿sí? Cuando vuelvas te daré un regalo hermoso también.
-El sólo verte de nuevo será mi mejor regalo- dijo Kurt con convicción- nos vemos Blaine, cuídate… de verdad, aunque quiero seguir hablando contigo hasta mañana, no me puedo quedar…
-But baby it´s cold outside- cantó Blaine haciendo que Kurt riera al otro lado de la línea.
-I´ve got to go away- cantó Kurt siguiendo la corriente a Blaine y haciendo caso omiso de los gritos de Rachel que de verdad, parecía querer tirar abajo la puerta de su habitación.
-But baby it´s cold outside…
- This pone call has been…- cantó Kurt modificando un poco la letra de la canción
-Been hoping that you drop in…
-So very nice…
-I´ll hold your hands, they´re just like ice…
-Rachel will start to worry…
-Beautiful what´s your hurry?
-My father will bepacing the floor…
-Listen to the fireplace roar
-So really I´d better scurry
-Beautiful, please don´t hurry…
-But maybe just a half a drink more…
-Put some records on while I pour…
-Rachel might thinks…
-Baby, it´s bad out there…
-Say what´s in this drink?
-No cabs to be bad out there…
-I wish I knew how
-Your eyes are like starlight right now…
-To break this spell…
-I´ll take your hat, your hair looks swell…
-I ought to say no, no, no sir…
-Mind if I move in closer?
-At least I´m gonna say that I tried…
-What´s the sence of hurting my pride?
-I really can´t stay…
-Baby don´t hold out…
-Oh but it´s cold, outside…- cantaron los dos, sintiendo que aunque estaban lejos, en aquel momento, se encontraban en el mismo lugar, diciéndose las mismas cosas que se decían en la canción sin verse, sin tocarse, pero lo cierto es que sus almas estaban en estrecho contacto.
-¡Kurt Hummel!- se oyó una molesta voz femenina- ¿con quién estás cantando nuestro dueto? ¡Abre ya! ¿Por qué no puedes cantar así cuando cantas conmigo? ¡Kurt!
-Blaine, lo siento- dijo Kurt riendo- es hora de irme, pero volveré pronto. Te quiero, Blaine…
-¿Cómo?- dijo el chico de los ojos color avellana sin saber si había escuchado bien.
-¡Que te quiero!- dijo Kurt saboreando cada una de las palabras en su boca- ahora debo de irme, Rachel debe de estar asustando a la mitad de nuestros compañeros, nos vemos…
-Kurt yo también te…
El sonido que indicaba que la llamada había llegado a su fin, llegó a los oídos de Blaine sin que él pudiera terminar de decir lo que quería decir. Decirle a Kurt Hummel que él también lo quería con toda el alma. Pero Nathan tenía razón: había sido ciego y sordo a propósito sólo por miedo pero ahora… esas palabras dichas por Kurt eran todo lo que él necesitaba. Kurt lo quería ¿qué más necesitaba?
-Terminaste ¿Nerdy?- dijo Sebastian un par de minutos después. Blaine aún seguía sosteniendo el teléfono en su mano, mirándolo como si nunca antes en la vida hubiera visto maravilla igual.
-Sí, toma- dijo Blaine sonriéndole a Sebastian quien tomó su teléfono con un gesto de asco- gracias…
-No lo agradezcas- dijo el joven evaluando a sonrisa feliz de Anderson- me obligaron a hacer esto igual pero … luces muy contento…
-Sí –dijo Blaine sin dejar de sonreírle y haciendo que Sebastian lo mirara realmente intrigado-¿Y Nathan?
-¿Alguien dijo Nathan Bailey?- dijo Nate entrando a la habitación.
-Sí, yo- contesto Blaine- ¿tienes algo que hacer esta tarde?
-No, para nada ¿por qué?- dijo Nate con una enorme sonrisa
-Insisto en que estás demasiado feliz Anderson- dijo Sebastian mirándolo con una sonrisa burlona en el rostro. Todo iba bien, demasiado bien, incluso más de lo que él habría esperado que fuera- disfrútalo mientras puedas, claro…. Bueno, los dejo.
-No le hagas caso- dijo Nathan cuando Sebastian salió de la habitación- está celoso porque a él nunca nadie lo amará como tú a Kurt… o bueno, eso es lo que él cree… como sea ¿qué quieres hacer conmigo? Pero te advierto que no me gustan los tríos ¿está bien?
-No tienes tanta suerte Nate- dijo Blaine con una sonrisa que dejo a Nathan casi deslumbrado- vamos al centro comercial.
-¿Por qué?
-Tengo que comprar un regalo de navidad…
-¿Los chocolates que te pedí?
-No… bueno… si me acompañas te compraré una caja enorme de ellos, pero necesito tu ayuda Nate, tú sabes más de esto que yo…
-¿Por qué creo que compraremos un regalo para Kurt Hummel?
-Porque eso haremos… ¿sabes que me dijo?
-¿Qué fueras por él a nueva York para crear la nueva versión de "Sex and the city"?
-No Bailey- dijo Blaine sonriéndole a su amigo.
-¿Entonces?
-Dijo que me quería…
Nathan sonrió de oreja a oreja al escuchar las palabras de Blaine. Así que por fin Hummel había dado el primer paso ¡ya era tiempo! Estaba seguro de que muy pronto Blaine y Kurt caminarían de la mano por toda la academia siendo la pareja más terriblemente adorable del mundo entero.
Quería ver eso. Quería ver ya la sonrisa sorprendida y feliz de Blaine, la cara enamorada de Kurt que no era capaz de esconder todo lo que Blaine significaba para él. Iba a ser todo un verdadero placer ver a esos dos torpes juntos, como siempre habían tenido que estar. Definitivamente, Blaine y Kurt hacían que Nathan creyera en el amor otra vez.
-Ya era hora, amigo- dijo Nate tomándolo del brazo- bueno pues ¡Vamos de compras! ¿Qué quieres? ¿Un anillo de compromiso? ¿Un viaje a Hawaii para consumar su amor? ¿Condones?
-¡Nathan!
-Sólo bromeo, sólo bromeo- dijo Nate- pero Blainey, si vas a empezar a serme infiel, más vale que te cuides como se debe ¿entendido?
-Sólo camina, nunca vas a cambiar ¿verdad?
-No- dijo el chico de los ojos verdes- anda vamos, que el regalo de una estrella tiene que ser estelar…
Y sin decir más Nathan lo obligó a salir de su habitación rápidamente. Blaine se dejó guiar por su amigo porque, después de oír decirle a Kurt que lo quería, Nathan podía decir y hacer lo que quisiera. Para Blaine, sólo tres palabras tenían sentido en todo el universo "Te quiero, Blaine", y nada más importaba en realidad.
Los chicos pasaron toda la tarde entre miles de adornos navideños. Era evidente que la temporada decembrina estaba en todo su apogeo, y las miles de tiendas departamentales exhibían en sus escaparates miles de objetos diversos que prometían ser el regalo perfecto para aquella persona especial. Nathan y Blaine caminaron horas sin detenerse pero por más que buscaban no pudieron encontrar el regalo perfecto para Kurt.
Nathan insistía en que uno de los abrigos de piel del gran escaparate de la tienda de ropa masculina era el regalo perfecto para Kurt, pero a Blaine, por algún extraño motivo, nada parecía lo suficientemente grande o brillante para Kurt Hummel ¿qué puede uno regalarle a una estrella que todo lo ilumina?
-¿Qué te parece un Ipod nuevo? Podemos grabar todas tus canciones y regalárselas a él, apuesto a que morirá de amor por ti…
-Parece buena idea- dijo Blaine distraído, tratando de encontrar entre los miles de escaparates algo que valiera la pena de verdad.
-¿Pero?- dijo Nathan reprimiendo un suspiro.
-¿No crees que es muy poca cosa?
-No, es tu voz ¡El ama tu voz! Bueno, el ama todo de ti en realidad…
-Entonces puedo cantarle cuando quiera- dijo Blaine- por eso no es buena idea regalarle canciones que ya son suyas de todos modos.
-¡Blaine!- dijo Nathan riendo- ¡Deja de hacer eso!
-¿Hacer qué?
-¡Estar adorablemente enamorado!
-¡Oh vamos, Nate!- dijo Blaine con una sonrisa complacida- ¿quién te entiende?
-Es que me das envidia, de la buena, claro…
-Envidia ¿por qué?
-Pues… es obvio, lo has encontrado por fin ¿no? Eso debe ser maravilloso, que alguien te ame así…
-¿Y Jason no te ama así?- dijo Blaine algo confundido
-¿Jay? ¿Bromeas? ¡Jay es muy joven para saber amarme! Y aunque lo supiera, terminé con él hace una semana.
-¿Algún día sentarás cabeza?- dijo Blaine, entrando a una pequeña tienda de antigüedades que antes había pasado inadvertida para él.
-Soy muy joven para eso- dijo Nate con un suspiro- quizá deba resignarme a que seré siempre un soltero codiciado nada más…
-Vamos Nate- dijo Blaine la mar de sorprendido por los miles de objetos maravillosos de aquella tienda- si yo pude encontrarlo, tú, mi súper popular, guapo y admirado amigo, tendrás el doble de aspirantes a "estrella de Nathan Bailey" de los que yo pudiera tener.
-Así hablan los afortunados en el amor- dijo Nate fingiendo desdicha mientras paseaba la vista por un montón de objetos brillantes que llamaron poderosamente tu atención- Oye Blaine ¡Mira esto!
-¿Qué?- dijo Blaine deteniendo su búsqueda y evaluando un hermoso cuadro al oleo que colgaba de la pared.
-¿No crees que este es el regalo perfecto para Kurt?
Blaine se acercó a dónde su amigo lo había llamado y sus ojos se iluminaron con genuina alegría al descubrir que sí, aquel sin duda era el mejor candidato a convertirse en el regalo de su estrella.
-Buena elección- dijo un hombre de cabello cano y voz profunda que señalaba el objeto que Nathan y Blaine miraban embelesados- fue hecho para alguien muy especial ¿quieren verlo de cerca?
Blaine y Nathan asintieron de inmediato y el hombre sacó el objeto dentro de una cajita dorada. Blaine lo tomó en sus manos y una sonrisa feliz se dibujó en su rostro: si ese objeto había sido diseñado para alguien muy especial, esa persona especial llevaba sin duda el mismo nombre que su estrella. Nathan asintió lentamente cuando pudo mirar el objeto y sonrió también. Estaba seguro de que aquella víspera de navidad, el mejor regalo que aquellos dos chicos podrían encontrar, no estaba en la cajita que Blaine sostenía con mucho cuidado en las manos, sino más bien en los labios de su amigo que estaban curvados en una enorme sonrisa que el joven Bailey esperaba, nunca más fuera a desaparecer de ellos.
-Me lo llevo- dijo Blaine sin preguntar el precio. De verdad no importaba. Cuando se trataba de Kurt Hummel, nunca nada era suficiente.
El muchacho de los ojos azules miraba el panorama que se extendía ante sus ojos. Su padre dormía totalmente extenuado por el viaje a casa, pero él seguía sonriendo con verdadera alegría. A cada minuto que pasaba, sentía que estaba más cerca de Blaine, más cerca de abrazarlo y de decirle por fin todo lo que había estado callando hasta entonces. Blaine lo quería, él sentía eso en cada latido de su corazón. De verdad lamentaba no habérselo dicho aquella noche en Central Park, pero es que simplemente… no sabía por qué se había quedado callado.
Quizá no había sido el momento indicado o tal vez, algo lo había detenido para hacer aquello de una mejor forma, de una forma inolvidable y especial. Kurt sonrió al pensar en la cara iluminada de Blaine al oírlo decirle que lo quería como nunca había querido a nadie. Era en realidad todo un milagro que en aquel mundo que una vez se le presentara como el lugar más terrible del universo, hubiera podido encontrar, sin quererlo a aquel muchacho que le había arrebatado el corazón con sólo oírlo cantar, a aquel chico que lo hacía querer sonreír como bobo todo el día, a Blaine Anderson que después de creer por mucho tiempo que no era nada, se había transformado en un todo para él. "Te quiero, Blaine" pensó, y la sonrisa en su cara era una muestra de lo fácil que era decir aquello "Te quiero Blaine, una y mil veces te quiero…"
-Deja de suspirar, hijo- dijo Burt frotando sus ojos y con una sonrisa adormilada en el rostro- sé que lo has extrañado pero vamos, lo verás en unas horas.
-¡Papá!- dijo Kurt un poco sobresaltado, no sabía que su padre había notado que… ¿a quién engañaba? Su padre lo conocía demasiado bien.
-¿Papá, qué?- dijo Burt divertido- no me dirás ahora que todo lo que vi fue un engaño de mi mente… es él ¿verdad? Has encontrado por fin lo que mucha gente jamás encuentra en su vida…
-Blaine es…
-Tu todo- dijo Burt sonriendo alegremente- no es nada de lo que debas avergonzarte, ya te dije que eres afortunado, ese muchacho te quiere tanto como tú a él y más le vale que lo haga y si no, bueno, un día de estos visitaré tu Academia y lo pondré al tanto de lo que se está perdiendo…
-¡No lo asustes!- dijo Kurt alarmado.
-¿Asustarlo? ¿Por qué? sólo estaría diciéndole la verdad, sería un tonto si no te amara, hijo.
-De verdad crees que… es decir ¿cómo lo sabes? Me cuesta creer que él…
-¿Nunca has notado cómo te mira, Kurt?- dijo su padre, recordando la mirada de Blaine cada que veía a su hijo- es como si tú fueras lo único que le importara en el mundo, como si no hubiera nadie más valioso en el universo para él. Como si fueras la única estrella encendida en el firmamento, la única que aleja las sombras de él es... Solamente otra vez en la vida he podido ver una mirada igual a la suya, ¿sabes?
-¿En quién?- dijo Kurt realmente interesado.
-En los ojos de tu madre, Kurt.
El muchacho de los ojos azules sintió que un nudo se formaba en su garganta pero no era por tristeza ni nada de eso. Se sentía feliz porque si recordaba las veces que había visto a su madre mirando a su papá, había sentido el enorme amor que los unía y si la mirada de Blaine era igual a la de su madre eso sólo podía significar una cosa… las lagrimas comenzaron a caer por sus mejillas y la sonrisa de su padre se hizo un poco más grande aún.
Kurt sería feliz de ahora en adelante, pensaba. Si bien es cierto que la vida de su hijo había sido mucho mejor después de que decidiera mandarlo a aquella Academia privada en Westerville, siempre había intuido que le faltaba algo y le alegraba sobremanera que ese algo fuera Blaine Anderson. Le agradaba ese pequeño muchacho. Blaine le parecía una persona sumamente encantadora, amable, algo serio pero muy cálido. Pues bien, si ese Blaine era lo que su hijo quería, tendría que asegurarse de que la escopeta que guardaba en el sótano estuviera bien guardada y dejar que Kurt fuera tan feliz como él esperaba que fuera. El hombretón sonrío al pensar en ello.
-Venga muchacho- dijo limpiando las lagrimas de Kurt- esto no es algo por lo que debas llorar, alégrate. Pero dile a ese Blaine que te respete y respétalo a él. Sigues leyendo tus panfletos ¿verdad? El chico me agrada pero no por eso voy a permitirle que haga lo que quiera contigo, sé que ustedes los jóvenes tienen sus urgencias pero… ya te dije que puedes poner en práctica "eso" en tu cumpleaños número treinta…
-¿De verdad tenemos que hablar de eso ahora?- dijo Kurt algo avergonzado.
-Nunca está de más ser responsable- dijo Burt terminantemente- sólo dime algo Kurt…
-¿Qué?
-¿Blaine te hará feliz?
-Sí- dijo el chico con total seguridad- desde que lo conozco sólo ha hecho que me sienta muy contento.
-Entonces- dio Burt suspirando- una vez que llegues a la Academia nuevamente, no esperes ni un segundo más y corre a sus brazos ¿vale? Pero una vez que estés en ellos, sé responsable y no te dejes llevar ¿entendido?
-Lo prometo- dijo Kurt abrazando a su padre.
-Eso espero Kurt Hummel- dijo Burt acariciando el cabello castaño de su hijo- creciste demasiado pronto ¿sabes? A veces me cuesta creer que ya no eres mi niño… ¡Un novio!- agregó Burt con voz emocionada- ahora tendré que acostumbrarme a la idea de un novio…
Kurt sonrió al escuchar las palabras de su padre. Ciertamente Burt parecía a primera vista el tipo de hombre que pareciera no tener ningún conocimiento en materia de sentimientos pero lo cierto era que el padre de Kurt tenía un corazón tan enorme que terminaba desbordándose en momentos como aquel. Kurt se quedó quieto en los brazos de su padre, en esos brazos que siempre lo habían sostenido en las noches de tormenta, en los días en los que más se había sentido triste.
Esos brazos siempre lo habían protegido, habían sido su refugio. Pero, esos brazos también lo habían enseñado a ser fuerte, a ser valiente, a luchar por todos los sueños que quisiera volver realidades en su vida. Era momento de lograr uno más y de entregarse por fin a uno de los sentimientos más poderosos del universo entero. Ese sentimiento que estaba en su pecho haciéndolo sonreír. Quizá no había un momento perfecto para decirle a Blaine que lo quería, quizá el simple hecho de decirlo cuando fuera, sin planearlo, haría perfecto cualquier instante. Y con esa certeza, dejó que los brazos de su padre lo rodearan y se fue sumiendo lentamente en un sueño reconfortante que lo llevó a un mundo que se pintaba del color de la mirada de Blaine. Sí, dormía en los brazos de su padre pero la verdad es que estaba soñando con el calor de los brazos de Blaine Anderson.
El chico estaba sentado en uno de los sillones de la sala del coro. Miraba por la ventana, sonriendo al ver que las nevadas se habían adelantado mucho aquel año. Los copos de nieve caían al suelo lentamente dándole a la Academia Dalton el aspecto de una postal navideña de ensueño. Los exámenes de aquel semestre por fin habían terminado y hasta hacia apenas un momento, Blaine había estado tratando de componer algo sin lograrlo, hasta que finamente, había decidido que era una mejor idea simplemente sentarse a la orilla de la chimenea que ardía lentamente invadiendo la sala de un calor muy agradable.
Las llamas crepitaban alegremente haciéndolo sentirse contento y el aroma del pino enorme, bellamente adornado en medio de la sala lo hacía sonreír. Pronto sería navidad, para ser exactos, en una semana. Blaine suspiró. Al iniciar aquel semestre había pensado que el tiempo pasaría agónicamente lento para que pudiera volver a la seguridad y tranquilidad de su casa y olvidarse de la tortura de la preparatoria, pero en ese justo instante creía que el tiempo había pasado sencillamente demasiado rápido. No era posible que una sola persona pudiera hacer que el tiempo se alterara de aquel modo. De verdad, no parecía posible que una sola persona le hiciera desear que el reloj se detuviera para evitar que el tiempo siguiera su marcha. Esa persona era Kurt.
El chico sonrió al observar la cajita dorada que sacó de su bolsillo. La tomó entre sus manos y volvió a abrirla. El brillo del objeto iluminó su cara y la constancia de que no había mejor regalo para Kurt en todo el universo lo hizo suspirar. Kurt… se suponía que el chico de los ojos azules llegaba a Dalton aquella tarde para poder entregar los trabajos que los profesores de la Academia le habían pedido como requisito para poder quedarse en el festival de NYADA. Ninguno había tenido inconveniente con que lo hiciera, para ellos, Kurt Hummel era un orgullo así que habían accedido sin complicaciones a exentar al talentoso vocalista de los Warblers de los exámenes finales. Blaine miró el reloj de la sala. Ya no faltaba mucho para el chico llegara. Pero más que el reloj, era su corazón quien lo sentía cada vez más cerca, cada vez más cálido, cada vez un poco más suyo.
Blaine se levantó del sillón y contempló cómo la nieve caía lentamente a través de la ventana. Era sin duda un bello espectáculo. Un blanco manto cubría los jardines de la academia haciéndole pensar en el frio que debería estar haciendo afuera, pero ahí dentro y no sólo en la sala, sino más bien, en su interior, no había día helado que pudiera cambiar el calor de su alma. Sí, hacia frio afuera pero ¿qué más daba? La primavera había decidido instalarse en su corazón para no abandonarlo nunca, el suyo era un calor eterno.
Blaine tomó su cuaderno azul que descansaba sobre las teclas del piano. Lo abrió en una nueva página en blanco y colocando uno de los sillones cerca de la ventana y del fuego, empezó a escribir una de esas páginas que siempre escribía para Kurt y que en la última semana habían aumentado considerablemente:
Te quiero, dijiste… no sé aún si me lo creo de verdad. No sé en todo caso por qué lo dijiste. Te quiero… puedo decirte mil veces lo mismo, te quiero Kurt, siempre te he querido. Recuerdo la primera vez que vi tu rostro, sonriendo. Cantabas aquella canción… ¿cuál era? Ni siquiera supe qué canción era. Sólo sabía que te miraba, que en el justo momento en el que vi tus ojos todo desapareció a mí alrededor. Incluso mi dolor. Habían pasado dos semanas desde la muerte de mi abuela cuando te miré y al hacerlo, me sentí culpable por sentir lo que sentí. Porque sentir una emoción tan cálida cuando moría de frío me hizo pensar que estaba siendo irrespetuoso con mi dolor hacia la muerte de Elena. Pero, aquella vez tampoco me lo creí del todo. Tú eras más de lo que alguna vez hubiera podido desear y luego, cuando escuché tu canto, cuando en silencio me vi envuelto por la magia de tu voz supe que no había marcha atrás, mi corazón lo supo, pero yo supe callarlo mejor. ¡Cuánto tiempo pasé temiéndole a todo! Ahora pienso que pude haber hecho algo mejor con todo ese tiempo perdido. Si tan sólo hubiera sabido que eras como mi corazón sabía que eras y no como mi mente se empeñaba en verte. Si tan sólo hubiera hecho lo que me abuela me decía que hiciera, si tan sólo hubiera visto con el corazón lo que es invisible a la mirada… si tan sólo hubiera luchado por ti desde el principio ¿Me creerás tú que te quiero como nunca querré a nadie más? ¿Alcanzarán mis palabras para hacerte sentir lo que anega mi alma? No sé siquiera si pueda explicarlo y poder decirte con toda la seguridad que antes me faltaba: te quiero Kurt Hummel, esa estrella que me prometió mi abuela, siempre has sido tú…
-Hola- dijo la suave voz que llevaba tanto tiempo deseando escuchar- parece que Santa llegará pronto este año, ¿verdad?
El cuerpo de Blaine se giró lentamente hacia la puerta, sonriendo. Le parecía algo extraño que ahora que tenía a Kurt justamente en frente de él esa ansiedad que sentía dentro de su pecho se hubiera calmado de golpe. Estaba con él ahora, ni siquiera toda la nieve del mundo había impedido que Kurt llegara a su lado porque, lo estaba buscando a él ¿verdad? El muchacho de los ojos azules se acercó a Blaine con una enorme sonrisa. Ese era el momento que había estado esperando toda la semana y quizá, el momento que había estado esperando la vida entera. Dejó el paquete plateado que traía en las manos, adornado con un enorme listón de seda azul sobre el sillón en el que Blaine había estado sentado y tomó a Blaine entre sus brazos, sintiéndose vivo de golpe.
-Creo que la nevada es obra del calentamiento global- dijo Blaine embriagado por el perfume de Kurt, quien se separó de él con una suave risa divertida.
-Le acabas de quitar todo el romanticismo al paisaje- dijo Kurt sin dejar de reír.
-Lo siento- dijo Blaine sonriendo como iluminado- suelo ser un desastre para el romance ¿verdad? La verdad es que… no sé qué decir…
-No te preocupes- dijo Kurt pensando en la posibilidad de simplemente arrojarse a los brazos de Blaine otra vez y ya. No hacía falta decir nada, en realidad no.
El chico miró el cuaderno que Blaine llevaba en la mano y señalándolo agregó:
-¿Qué hacías? ¿Es tu, tu diario?
-No- dijo Blaine mirando su cuaderno azul. Si Kurt supiera todo lo que en él había escrito, seguramente se reiría de él. Quizá al hablar era un desastre para el romance pero lo cierto era que en aquel cuadernito, había escrito más que una historia de amor- o bueno… algo así yo… Elena me lo regaló hace mucho tiempo, cuando era un niño. Me dijo que en él yo… en él escribiría una historia magnifica. Sólo me gusta escribir, son tonterías, la verdad…
-¿Tonterías?- dijo Kurt sin creérselo- nada que venga de tu corazón puede ser tonto ¿entendido?
-Bueno- dijo Blaine sintiendo que Kurt se acercaba a él una vez más- Y a ti ¿cómo te fue?
-Bastante bien- dijo Kurt sonriéndole- finalmente la señorita Rachel Berry decidió cooperar con el dueto y fue algo muy bello, tenías razón…
-¿Sí?- dijo Blaine siendo consciente de que Kurt parecía estar cada vez más cerca suyo y que sus voces se iban convirtiendo más en un susurro que en otra cosa.
-Sí…- dijo Kurt tratando de contener su ansiedad y volviendo a separarse de Blaine para tomar el paquete que había dejado sobre el sillón- ¿recuerdas el regalo que iba a traerte? Toma, es este, ábrelo…
Blaine tomó el hermoso paquete entre sus manos con la mirada emocionada. Retiró la cinta azul con mucho cuidado y retiró el papel plateado que cubría una hermosa bufanda de color azul. Kurt sonrió al ver la cara de Blaine y tomando de las manos del chico la suave prenda, la enredó en el cuello de Blaine que sintió en seguida el calor que ese acto le producía, un calor que poco tenía que ver con la protección propia de las bufandas.
-Del color de tu mirada- dijo Blaine sintiendo la suave prenda en su cuerpo- muchas gracias Kurt, es hermosa.
-¿Te gustó?- dijo Kurt encantado por el comentario de Blaine.
-Mucho- dijo el chico- cada vez que la mire pensaré en ti y sonreiré… será como mirar tus ojos.- terminó Blaine con una enorme sonrisa.
-Blaine…- susurró Kurt con el alma llena de dicha
-Yo también tengo algo para ti- dijo Blaine pensando en el pequeño paquete que estaba aún en su bolsillo derecho.
-¡Oh Blaine!- dijo Kurt con suma emoción- ¡No debiste! No te dije que te compraría un regalo para que me compraras uno, de verdad no debiste…
-De todos modos lo habría hecho- dijo Blaine sacando su pequeña cajita dorada- toma, espero que te guste…
Kurt tomó la cajita entre sus manos. Cuando miró el objeto que estaba adentro sintió que su respiración se detenía por un minuto completo. No era posible, en todo caso ¿por qué Blaine le había comprado algo así? Kurt recordaba haberle dicho en una de sus muchas platicas que deseaba con todas sus fuerzas tener uno de los anillos de la última colección de Elizabeth Taylor pero… aquella estrella finamente tallada en diamante blanco que lucía engarzada en un bonito aro dorado, era demasiado para él. Definitivamente, Blaine se había pasado un poco con aquel regalo y por ello, el chico de los ojos azules se quedó sin palabras, contemplando los hermosos arcoíris que se dibujaban sobre su estrella de diamante.
-No puedo aceptarlo, Blaine- dijo el chico después de un rato.
-Pero si es tuyo- dijo el joven de los ojos color avellana- una estrella, para otra estrella. Dile a Rachel que alguien bajó una de ellas para ti del cielo…
Blaine tomó la mano de Kurt, quien seguía sin saber cómo reaccionar a aquel regalo y colocó el anillo en uno de sus dedos. Sí, pensó el joven pelinegro, aquel anillo había sido hecho para alguien muy especial y ese alguien era sin duda alguna ese muchacho que lo miraba con tanta felicidad en sus ojos celestes. Blaine sólo pudo sonreír cuando contempló la cara emocionada de Kurt, sí, sin duda alguna había atinado al regalo perfecto para su estrella.
Kurt miró los destellos del diamante que bailaban a la luz de las lámparas de la habitación, pero pensó que ninguno de esos destellos era equiparable a la luz de los ojos de Blaine. No sabía por qué de golpe había olvidado lo que tenía planeado decirle a Blaine. No entendía por qué de pronto todo el elaborado discurso que había tenido en mente para decirle a Blaine que lo quería le parecía realmente insulso e insuficiente. Pero pensándolo mejor, mirando la boca de Blaine curvada en una dulce sonrisa que llenaba el silencio en el que habían caído después de que recibiera su regalo, Kurt entendió que había cosas que podían ser mejor dichas sin palabras y lo que Kurt sentía en ese momento era exactamente una de esas cosas…
Kurt se acercó un poco más a Blaine y venció la distancia que lo separaba de su cuerpo tomándolo en sus brazos. Kurt sintió que el joven Anderson temblaba al sentirlo así de cerca pero Blaine no dejó de sonreír. Y entonces, sin decir nada más y haciendo de aquel instante uno de esos momentos que nunca, ninguno de aquellos dos chicos podría olvidar, acercó su boca a la de Blaine quien recibió el impacto de los labios de Kurt sobre los suyos con verdadera alegría. Aquel era el beso que había estado esperando desde un tiempo inmemorial.
Sentir aquella descarga eléctrica que lo invadía, elevándolo al cielo, haciéndole pensar que no había más mundo que el que sus labios y los de Kurt se encargaban de crear era todo lo que quería. No sabía muy bien si el movimiento de sus labios era el correcto o si Kurt sentía como algo desagradable la torpeza de sus labios moviéndose sobre los suyos pero… a Kurt tampoco parecía importarle su inexperiencia, en realidad, el joven Hummel era quien lo guiaba, quien sin palabras le decía todo lo que le hacía sentir, todo lo que él significaba. Blaine no podía creerlo pero, estaba besando a su estrella. No sabía muy bien cómo lo había logrado pero tal parecía que la promesa de Elena, se había cumplido al fin.
Se quedaron así un momento que pareció eterno mientras la nieve seguía cayendo lenta afuera, enmarcándolos a los dos en un cuadro francamente bello: el frio del exterior podía haber sido remitido con el solo calor que aquellos dos chicos despedían con su beso. Kurt sentía que toda su vida se resumía a aquel beso y que cada paso dado había tenido como destino aquella sensación cálida que los dulces labios de Blaine Anderson le provocaban. Quería morir ahí mismo de amor, de ternura, de dulzura. Quería que sus labios nunca se separaran de los de Blaine porque… porque nunca un beso lo había hecho sentirse tan seguro de que el amor existía y que el amor tenía el rostro y la mirada color avellana de aquel chico al que tampoco parecía importarle mucho la idea de que en algún momento necesitarían oxigeno e inevitablemente tendrían que separarse. Cuando ese momento llegó, Kurt no se separó mucho del rostro de Blaine. Mantuvo su frente pegada a la del muchacho que seguía abrazándolo, manteniendo sus manos enlazadas a su cintura.
-Fue mejor que mi sueño- dijo Blaine sin abrir los ojos. Si aquello era otro de sus sueños, no quería que nadie fuera capaz de despertarlo…
-No lo soñaste- dijo Kurt sabiendo perfectamente al sueño del que Blaine hablaba.
-¿Ah no?- dijo Blaine abriendo los ojos suavemente y encontrándose con el hermoso celeste de la mirada de Kurt frente a él, quien sonreía como si nunca más fuera a dejar de hacerlo.
-No- dijo Kurt acariciando su mejilla- yo hice exactamente lo que acabo de hacer y lo que haré justamente ahora de nuevo…
Blaine volvió a sentir los labios de Kurt sobre los suyos y no pudo evitar sonreír en medio de su beso. Así que no lo había soñado, así que, técnicamente, aquel no había sido su primer beso pero ¿qué más daba? El verdadero encanto de todo aquel momento, era la feliz promesa de saber que seguramente aquel beso no sería el último y que tal vez, él había nacido sólo para crear un paraíso en la tierra a lado de Kurt porque, si aquello no era el paraíso él no sabía cómo nombrar la sensación de ser besado por aquel chico que lo quería por algún extraño motivo. Aquello era un milagro de verdad, un milagro que sin embargo estaba disfrutando con toda el alma. El infinito empezaba ahí donde los labios de Kurt se deslizaban suavemente, acariciándolo, llenándolo de una felicidad más grande de la que antes hubiera podido imaginar que sentiría…
Cuando se separaron un momento más para tomar aliento y seguir sonriendo, Blaine levantó su mirada hacia la ventana pensando en que aquel quizá sólo había sido uno de los tradicionales besos navideños bajo el muérdago pero… encima de su cabezas no había nada, sólo la cortina de terciopelo que enmarcaba la ventana. Blaine sonrió acariciando el rostro de Kurt con verdadera dicha. No existía el tiempo, ni el temor, ni la duda para él en aquel momento.
Lo único real era Kurt suspirando y acariciando con su aliento su piel. Afuera, la nieve seguía cayendo lenta y blanca, preparando a la tierra para un largo invierno. Ahí, dentro, en la sala del coro, rodeados de adornos navideños y luces de colores Kurt y Blaine se preparaban para crear un mundo eterno donde la idea de frio no tenía lugar: ellos seguirían creando la primavera a fuerza de besos… La boca del otro era la razón. Estar juntos como en aquel momento, había sido siempre su destino, el destino que desde siempre había estado escrito en las estrellas…
CANCIÓN: Baby it´s cold outside- Darren Criss/ Chris Colfer
NdA: :3 Este capítulo siempre, siempre me hace feliz :3
