ERASE UNA VEZ… UNA MÁGICA HISTORIA.

10

Nuevo curso, nuevos problemas

El verano estaba en todo su esplendor. Varios niños reían e iban a los lagos a nadar por el sofocante calor que hacia. Pero, él solo podía verlos desde la ventana de su dormitorio. Había tenido una discusión con su padre acerca de... No podía decirlo. Le dolía mucho. Le dolía pelearse con su padre. Nunca en su vida lo había hecho. Pero lo que más le dolía era que ya sabía el porqué de su problema.

Siempre pensó que la persona que había sido culpable de su "enfermedad" padecía las mismas penas que él. Que lo había contagiado sin mala intención y por ello lo había perdonado. Pero con lo que había oído en la discusión de su padre con el responsable, hizo ver su error. Ese hombre lo había hecho con toda la intención del mundo. Sólo por una tonta venganza.

Lloró. Se sentía deprimido en la confusión que había en su mente, sin saber que la puerta de su habitación se abría.

Sintió la suavidad de una mano acariciando su cabello. Levantó su miraba y se encontró con la tierna mirada de su madre.

—Remus, no me gusta verte triste—dijo su madre tiernamente.

—Soy un monstruo, mamá —dijo mientras abrazaba a su progenitora—. Soy como ese hombre.

—No, hijo. Tú no eres como él —dijo su madre tratando de tranquilizarlo—. Tú eres diferente. Y no sólo lo digo yo, sino tu padre y el profesor Dumbledore que te admitió en Hogwarts sin ningún prejuicio. Hijo, posees un corazón tan grande y noble. En cambio él, es un hombre sin corazón.

—¿Por qué? —preguntó el niño—. No tenía derecho a hacerlo. Sólo porque ofendió a papá. Es ilógico.

—No sabemos como piensan las personas. Debes entender que hay personas que desean hacer mal en este mundo.

—Como Voldemort—dijo Remus recordando lo ocurrido el año anterior.

Su madre tosió incómodamente.

—Sí, hijo como él. Ahora, creo que tu padre te debe una disculpa al igual que tú a él

El pequeño asintió sonriendo tenuemente.

—Levanta esos ánimos —lo animó su madre—. Recuerda que pronto iras al colegio y te encontraras con esos amigos fantásticos que me contaste.

—Yo creo que dejaran de ser fantásticos cuando descubran quien soy —comentó tristemente Remus.

—Yo no lo creo.

—¿Por qué lo piensas?

—Pues por lo que me contaste de ellos, yo también creo que son fantásticos —respondió con una sonrisa—. No hagas esperar a tu padre. El pobre está muy afligido con la discusión.

Remus asintió mientras su madre salía de su habitación.


Su madre tenía razón. Él no era monstruo porque no tenía la intención de lastimar a nadie. No tenía la intensión que había tenido ese hombre. Eso era lo que le diferencia a él de ese... hombre-lobo.

El final del verano llegó más rápido de lo que los mellizos Potter habrían querido. Se habían divertido mucho con Thomas en todo este verano que el tiempo de vacaciones les pareció muy corto. El primer día de vacaciones, cuando sus padres los esperaban en King Cross, ellos le presentaron a su amigo Thomas. Sus padres se mostraron muy hospitalarios con su amigo, haciendo que Thomas se sintiera como en casa.

Pero, el hecho de estar de vacaciones no les impidió a los muchachos hacer de las suyas. Los hermanos estaban tan empeñados en entrar en el equipo en este nuevo curso que practicaron junto con su amigo para solicitar el puesto de los jugadores que habían dejado el equipo y el colegio. Jimmy quería ser uno de los golpeadores y había encontrado una pareja perfecta en Thomas, pero James no se decidía: solicitar el puesto de Carmichael o el puesto de Darius Spinnet, uno de los cazadores de Gryffindor.

Cuando la carta de Hogwarts, en la cual mencionaba los nuevos implementos para el segundo curso, les llegó a una semana de volver al colegio. Los tres decidieron ir un día antes de ir al colegio y trataron de contactarse con Sirius y Remus, para ir juntos al callejón Diagon. Lo malo fue que Remus no estaba en casa cuando lo llamaron a traves de la red flu. Extrañados pero sin perder más tiempo, los tres niños usaron los polvos flu para llegar a la chimenea de la heladería Florean Fortescue, en donde su amigo Sirius Black los esperaba sentado en una mesa.

—¿Y Thomas¿Qué tal el verano? —preguntó Sirius a su amigo, mientras caminaban hacia el banco mágico Gringotts.

—¡El mejor de mi vida! —contestó Thomas sonriente—. Es la primera vez que lo pasó sin Tom.

—Sí, eso es mejor que pasar el verano con las dos locas de tus primas.

—Así que aquí estás, Sirius.

Los niños se voltearon a ver. Sirius frunció el ceño y emitió un suspiro que sopló el pelo que le caía en el rostro. Frente de ellos estaban tres muchachas. La que le había hablado era una niña de casi su misma edad y tenía el cabello negro, brillan­te y espeso, y párpados caídos, en los que escondía una fría mirada. La otra hermana, que parecía tener unos aproximadamente dieciséis años, era una rubia hermosa como la mayor pero por la expresión de su cara daba a entender que su belleza solo era por fuera y tenía la misma mirada frívola que la menor. La única que no tenía esa mirada era la mayor de todas que parecía tener entre los veinte o veintiún años.

Las tres muchachas se acercaron a los niños. Algo que molestó mucho a Sirius.

—¿Qué demonios hacen acá?

—Vinimos buscar los útiles del colegio y a molestarte —contestó la de los parpados caídos—. Sabes que mi tía te dijo que vinieras con nosotras.

—¿Y tener que soportarte? —contestó Sirius—. ¡Olvídalo!

La niña iba a responderle, pero la rubia se le adelantó:

—¿Y quienes son ellos?

—Sí, Sirius —dijo James—¿quienes son ellas?

—Dos de las más grandes escorias del planeta.

Las dos muchachas abrieron la boca, indignadas.

—¿Cómo te atreves a decir eso? —le replicó la mayor.

—¡Ya veras cuando mi tía se entere! —chilló la menor.

—¡Cálmense! —dijo la mayor de todas pasivamente, calmando a sus hermanas y se dirigió a Sirius—. Sirius, esa no es forma de expresarte con ellas.

—Lo siento, Andrómeda, pero es la verdad...

—¡Oye, aún no nos has dicho sus nombres! — interrumpió Jimmy.

La mayor sonrió amigablemente.

—Permítanme presentarme —dijo la chica con cortesía—. Soy Andrómeda Black y ellas —miró a las dos niñas—, son mis dos hermanas: Narcissa y Bellatrix. Somos las primas de Sirius. ¿Ustedes son?

Los tres niños se ruborizaron cuando ella les sonrió.

—Soy Thomas Ryddle —contestó Thomas sonrojado.

—Y nosotros somos los hermanos Potter —dijo James con un leve rubor.

—Sí, yo soy Jimmy y él es James, señorita... —añadió Jimmy del mismo color que su mellizo.

—¡Es un placer conocer a los amigos de mi primo! —contestó con una sonrisa que hizo que los tres niños se pusieran rojos por completo.

—¿Thomas Ryddle? —preguntó Bellatrix, la menor, mirando al niño con desprecio—.Tu apellido es muggle. Supongo que eres sangre sucia¿verdad?

—¡Bellatrix! —le reprendió Andrómeda indignada.

—Déjela, señorita —dijo Thomas mirando a la niña con una mirada fulminante—. No hay problema. Escucha, so pedazo de... —empezó a decir molesto, pero al notar la mirada sorprendida de Andrómeda, terminó—:... de persona. No soy hijo de ningún muggle, pero el bastardo de mi pa... —volvió a mirar a Andromeda—... quiero decir, mi padre sí lo fue. Es por eso que llevo ese apellido muggle.

—Pero igual eres de esa sangre inmunda —contestó Narcissa frunciendo el ceño.

—Pues tan inmundo como tú no podría ser ¿verdad, Sirius? —contestó Thomas ásperamente.

—¡Por favor! —contestó Sirius sarcástico—. No hay nadie que sea tan inmundo como ésta.

—¡Sirius, por favor! —dijo Andrómeda incomoda por la situación tan conflictiva.

Narcissa los fulminó con la mirada y se dirigió a los mellizos.

—Los Potter... Hemos escuchado hablar de ustedes —dijo indiferente—. Mamá dice que los Potter son de esos bichos raros que no les importa juntarse con asquerosos muggles.

Los mellizos la miraron mal.

—¿A quienes llamas "bichos raros"? —saltó James.

—Pero al menos son de sangre pura, Cissy —dijo Bellatrix a Narcissa—. Imagínense que sean de sangre impura. ¡Seria vergonzoso!

—La sangre no tiene nada que ver —dijo Andrómeda mirando seriamente a su hermana.

—Por favor, Andrómeda —dijo Bellatrix asqueada—. No salgas de nuevo con la tontería de la unión entre los muggles y los magos. Es asqueroso.

—¿Tan asqueroso como verte a ti?—preguntó Sirius mordazmente.

—¡Ya estoy harta! —dijo Narcissa molesta—. No voy a seguir escuchando tus insultos que no tengo tiempo. Quede con Lucius para ir a Hogsmeade y no voy a hacerlo esperar sólo por discutir con un mocoso como tú. ¡Vámonos, Bella!

—¡Sí! —le gritó Sirius mientras la muchacha se iba con su hermana menor—. ¡Anda, largarte a revolcarte con ese idiota que tienes por novio y déjame en paz!

La muchacha con la cara roja, lo miró furiosa y se alejó con la niña.

—Ahora sí que la hice —comentó Sirius a sus amigos—, la loca de Narcissa le va a decir a mis padres como me porté con ella y me castigaran.

—No debiste decirle esas cosas —dijo Andrómeda—. Pero no te preocupes, yo me encargaré que ellas no le digan nada a la tía.

—Gracias, Andrómeda —sonrió Sirius.

—Bueno, tengo que irme. Disfruten su paseo. ¡Adiós! —se despidió la joven.

—Adiós... —contestaron los tres niños embobados mientras la veían como se alejaba entre la gente que iba y venia de compras en aquel callejón.

—Es muy linda —comentó Thomas sin dejar de mirarla.

—Por ella seria capaz de dejar a Evans —suspiró James.

—Sí... —añadió su hermano pero se dio cuenta de lo que había dicho y preguntó: — ¿A quien!

—A Eva... ¡Quiero decir, al quidditch! —añadió ruborizándose por completo.

Tanto como su mellizo y sus dos amigos lo miraron divertidos.

—¡Te gusta Evans!

—¡Claro que no! —se excusó James, rojo de la vergüenza, quitándose la gafas y limpiándolas con un trapito—. ¡Por favor¡Es una niña! Y Andrómeda en cambio —suspiró embobado—, es una diosa...

—Sí... —suspiraron los dos niños.

Sirius se rió por el suspiro de sus tres amigos.

—¿De qué te ríes? —le preguntaron los tres a la vez molestos.

—De cómo pierden el tiempo mirando algo que no les pertenece —dijo entre risas y subiendo las escalinatas de la escalera al banco Gringotts—. Mi prima Andrómeda tiene novio y por lo que sé, esta muy enamorada de él.

Los tres niños lo miraron decepcionados.

—¿Novio? —preguntaron a la vez.

—Sí, eso fue lo que me dijo ella misma —respondió Sirius—. Se llama Ted Tonks. Lo mantiene en secreto su relación porque si mis tíos se enteran, la matan. Tonks es hijo de muggles y los idiotas de mi familia piensan que es incorrecto involucrarse con alguien así...

—Al parecer, tu prima es la una mancha blanca de tu familia —comentó Thomas.

—Yo diría que la mayoría de mi familia es una mancha negra para mi prima —contestó Sirius.

Al llegar a la puerta, dos gnomos los hicieron al amplio vestíbulo de mármol del banco. Como era normal, un cen­tenar de gnomos estaban sentados en altos taburetes, detrás de un largo mostrador, escribiendo en grandes libros de cuen­tas, pesando monedas en balanzas de cobre y examinando piedras preciosas con lentes.

—Éstos no se cansan de hacer todos los días lo mismo ¿no? —susurró Jimmy a los demás.

Al llegar al mostrador donde estaba un gnomo desocupado, se le quedaron mirando hasta que el gnomo se dio cuenta de su presencia y les preguntó:

—Buenos días¿puedo ayudarles?

—¡Hola! —contestó James con una sonrisa en la cara—. Hemos venido a sacar algunos galeones de nuestras cajas de seguridad.

El gnomo lo miró desconfiado.

—¿Cuál es su apellido?

—Potter —dijo Jimmy.

El gnomo sacó un enorme y grueso libro y empezó a revisarlo, buscando el apellido.

—Potter... Aquí sólo hay un Potter pero es un hombre no un niño.

—Somos sus hijos —respondió James—. James y Jimmy Potter.

—James y Jimmy... —siguió revisando el gnomo—.Veamos... Familia Potter... mmm... Ah, aquí está: James y Jimmy Potter hijos de... mmm... sí, todo está en orden. ¿Tienen su llave, los señores?

—Sí, la tengo por aquí —dijo James hurgando sus bolsillos del pantalón.

—¡Oye! —exclamó Jimmy mirando a su mellizo darle la llave al gnomo —¿por qué tú tienes la llave?

—Porque soy el mayor.

—¡Sólo por dos minutos! —chilló el mellizo.

—¡Da la mismo! —respondió James indiferente.

—Ya veras lo que... —dijo Jimmy arremangando su camisa.

—¡Jimmy! Recuerda que estamos en un banco —le susurró Thomas con los dientes apretados mientras le sonreía forzadamente al gnomo que los miraba aturdido.

—Todo esta en orden —dijo el gnomo examinando la llave e ignorando los derechos que Jimmy Potter quería exigir a su "hermano mayor"— ¿Y ustedes dos?

Thomas y Sirius sacaron sus llaves.

—La cámara 711, del señor Alphard Black —dijo Sirius entregándole la llave y una nota—. En esa nota está el permiso.

—¿Quién es ese Alphard Black? —preguntó James.

—Mi tío —dijo Sirius.

—La cámara 354 —dijo Thomas entregándole la llave.

—Mmm... Usted es el señor Ryddle hijo ¿verdad?

—Desgraciadamente, sí —contestó Thomas con indiferencia.

—Su padre ya arregló los tramites para que usted utilice su cámara —dijo el gnomo—. ¡Griphook!—dijo el gnomo mirando la actitud de los niños.

Griphook era otro gnomo. Los mellizos y sus amigos siguieron a Griphook hacia una de las puertas de salida del vestíbulo. El gnomo les abrió la puerta. Estaban en un estrecho pasillo de piedra, iluminado con antorchas. Se inclinaba hacia abajo y había unos raíles en el suelo. Griphook silbó y un pequeño carro llegó rápidamente por los raíles.

—¡Que eficiencia! —exclamó Sirius.

Subieron, empujándose unos a otros. El carrito, que a simple vista parecía que era de andar con normalidad, no tenía nada que envidiarle a esos carros de Formula Uno, porque ni bien los niños subieron, el carrito se puso en marcha atravesando un laberinto de retorcidos pasillos, que era tan enredado como una montaña rusa, de una manera tan acelerada que era imposible saber lo que había en los costados. El gnomo disfrutaba el viaje como si fuera un paseo en un automóvil a velocidad normal; pero los niños estaban tan aferrados al carrito como un gato que no quiere desprenderse de su cojin favorito. El carrito sabía por donde iba, ya que Griphook no lo dirigía, algo que asustaba un poco a los niños.

—¡Llegamos! —dijo el gnomo muy sonriente saliendo del carrito ante la pequeña puerta de la pared del pasillo. Parecía que no había nadie más en el carro, pero de pronto, unas manos aparecieron aferrando la manija del carito, para después levantarse, poco a poco, unos niños totalmente despeinados, aunque en los mellizos Potter no parecía notarse ese detalle.

—Creo que voy a vomitar... —masculló James saliendo del con la cara verde.

Era la cámara de los Potter. Jimmy y James, aun mareados por el veloz viaje, se acercaron. Griphook abrió la cerradura de la puerta. Una oleada de humo verde los envolvió. Cuando se aclaró, había miles de montículos de monedas de oro, de plata y de bronce. Los mellizos se quedaron pasmados de ver tantas monedas en una sola cámara. Thomas y Sirius se acercaron a ver y se quedaron con la boca abierta del asombro.

—¿Todo esto es suyo?—preguntó Thomas.

—Increíble —musitó Jimmy—. Sabía que papá tenía una buena cantidad pero no tanta.

—¡Con esto podríamos comprar un equipo de quidditch completo! —exclamó James emocionado—. ¡Compremos a los Montrose Magpies o los Chudley Cannons para hacerlos ganar de una buena vez en la liga!

—Este, señores… —empezó a decir Griphook.

—¿Y si compramos a ese equipo peruano que vino a participar en la liga?—sugirió Jimmy

—¿Tarapoto Tree-Skimmers? —preguntó James y su hermano asintió con la cabeza—. Sí, puede ser. Son muy buenos, pero lo malo es que tendríamos que ir a Perú constantemente y eso queda muy lejos. Y ya sabes como se pondría mamá.

—Señores, me temo que no podrían hacer eso.

—¿Por qué? —preguntaron los mellizos.

—Son menores de edad y su padre es el único que dispone del dinero de esta cámara —contestó Griphook—. Además, la codicia no es buena consejera. Muchos se dejaron llevar por el pecado de la codicia y ahora son tan pobres que no tienen ni un knut de bronce en sus bolsillos.

Los mellizos suspiraron desalentados. Metieron unos puñados de monedas en unas bolsas de cuero de cada uno, y dentro de un minuto (después de otro vertiginoso paseo en el carrito), llegaron a la cámara 354.

Thomas se sorprendió al ver la enorme cantidad que Tom le había dejado. No se imaginaba como ese tipo, huérfano y que no tenia a nadie más en el mundo mágico solamente a sí mismo, había logrado hacer de su cámara, una casi bóveda del tesoro. Sospechó con desprecio que ese dinero provenía de algo ilegal o prohibido. Seria absurdo pensar que Tom lo había ganado honradamente, ya que el hecho de haber asesinado a más de doscientos muggles daba mucho que pensar. Con indiferencia, sacó lo necesario para ese año. Por su parte, Sirius sacó lo que el tío Alphard le había dicho en la nota y salieron del banco.

Pasearon por el callejón mirando las diversas tiendas. Los niños se quedaron mirando con las narices pegadas en el escaparate de Artículos de calidad para el juego de quidditch, la nueva escoba de carreras: Nimbus 1001, que era espectacular desde el principio hasta el final de las astillas. Podían contemplarla todo el día sino fuera porque se obligaron a comprar mas tinta y pergamino en la puerta de al lado. En la tienda de artículos de broma Gambol y Japes compraron los abastecimientos para las bromas del siguiente curso. Mientras que Sirius y Thomas median su dinero al comprar «Fabulosas bengalas del doctor Filibuster, que no necesitan fuego porque se prenden con la humedad», Jimmy y James pusieron su atención en una caja de barajas muggles.

—¿Qué es esto? —preguntó James.

—Son barajas muggles —explicó el tendero—. Los muggles las usan para jugar un juego llamado Poker entre otros que llaman juego de azar.

—Interesante —dijo Jimmy.

—¿Qué de interesante tiene esto, chicos? —preguntó Sirius poniendo en la mesa del tendero una gran cantidad de Bengalas del doctor Filibuster—. Sólo son cartas.

—Un galeón por ellas —dijo el tendero mirando el interés de los mellizos.

James pagó el galeón y se volvió a Sirius.

—Quien sabe si algún día se lleguen a necesitar.

Una hora después, volvieron a la Heladería Florean Fortescue para comprar unos helados que devoraron con avidez los mellizos mientras se encaminaban a la tienda de Flourish y Blotts para comprar la lista de libros del segundo año. Al entrar en a la librera; James divisó, como un perro cazador que divisa a la libre desde lejos, una conocida cabellera roja que estaba casi oculta por un estante lleno de libros. Sonrió con diversión, sin saber porqué, y se separó de sus amigos con la excusa que buscaría un libro que había deseado buscar desde hace mucho tiempo.

Se acercó. La niña portadora de esa cabellera y había subido a la escalera corredora que había en el estante para coger un libro que estaba en la última fila y estiraba un brazo para coger el dichoso libro que estaba casi a unos centímetros de su alcance, mientras que con el otro brazo, aferraba el palo de la escalera. Estaba a punto de alcanzarlo, si no fuera por...

—Hola, Evans —dijo James debajo de ella. La niña se sobresaltó y se inclinó hacia delante, cayéndose encima del muchacho que la había saludado que, sin querer, había retenido su caída.

Nunca creyó que saludar a Evans pudiera ser doloroso y que la niña, aparentemente grácil, fuera muy pesada en el sentido literal. Emitió un quejido de dolor y abrió los ojos al mismo tiempo que la pelirroja levantaba el rostro para ver quien había amortiguado su caída. Sintió como sus mejillas se tornaban del color del cabello de la pelirroja, que en ese momento le caía sobre su rostro. Al ver sus verdes ojos mirándolo con asombro, sin saber porqué, sintió mariposas revolotear en su estomago mientras notaba como un ligero rubor se acentuaba en las níveas mejillas de la muchacha mientras su cabello rojo.

Todo parecía ser lindo si no fuera porque la muchacha se incorporó rápidamente del niño muy ruborizada. El color de su cara combinaba con el color de su cabello, pero el niño no sabía si era por la vergüenza o por la furia que tenia.

—¿Cómo te atreves a asustarme de esa manera, Potter! —le acusó—. ¿No ves que casi pudiste matarme!

—¿Qué dices? —saltó él—. ¡Si la que estuvo a punto de matarme fuiste tú!

—¿Yo¿En qué momento?

—¿Cómo que en qué momento¿Acaso crees que soportar semejante peso sobrevive uno?

Lo que dijo James Potter en ese momento fue una de la larga lista de insinuaciones hechas en su vida que nunca debió decir delante de una chica, especialmente a Lily Evans, porque...

—¿Me estás llamando gorda!

—Bueno, yo creo que unos kilitos menos no te harían mal, Evans. ¡Porque con ese peso eres capaz de matar al primero que esté debajo de ti!

He allí otra más para esa lista... La pelirroja se estaba poniendo roja pero no de vergüenza, sino del coraje. Coraje que se plasmó, minutos después, en la cara del mellizo Potter. Específicamente, en uno de los ojos del niño, aparentemente protegidos por las gafas, dado que éstas se quebraron al recibir el impacto de una buena derecha de la pelirroja.

—¡No tenias que tomarlo de esa manera! —le dijo James cuando la niña se alejaba furiosa.

Adolorido y despotricando mentalmente su manera de meterse en líos, chocó con un muchacho que llevaba una pila de libros que por el choque cayeron al suelo.

—Disculpa —dijo James ayudándole a recoger los libros del muchacho—. Aquí tienes tu libro de... —leyó la portada del libro—... ¿Introducción a las Artes oscuras? Pero¿qué clase de libro es esto?

El muchacho le arrebató el libro rápidamente. Era un muchacho alto de tez pálida y tenia el cabello negro y muy grasiento. La nariz grande y ganchuda y sus ojos negros denotaban enfado. A simple vista, parecía que el chiquillo no conocía lo que significaba la frase "arreglo personal"

—¿Artes Oscuras? —preguntó James, el chico lo miraba como si en cualquier momento James iba a sacar su varita—. ¡Oye, las Artes Oscuras están prohibidas!

—¡Eso a ti no te importa, Potter!

—¡Oye¿Qué manera es esa de contestar a...? —pero se calló al darse cuenta de algo—. ¿Tú me conoces¿De dónde?

—¡Por favor¿Quién no conoce al famoso y estúpido James Potter? —dijo el chiquillo de cabello grasoso—. El mocoso de Grynffindor que hizo una verdadera guerra de comida en Halloween. Me pregunto por qué Dumbledore no los expulsó a tus amiguitos y a ti. Supongo que te habrás vuelto su consentido¿no?

James se quedó perplejo. Pero¿qué demonios le pasaba a ese chiquillo de cabello grasoso¿Por qué saltaba hacia él con ese tipo de acusaciones?

—Yo no soy el consentido de nadie—contestó con frialdad.

—Pues no parece —dijo el niño—. ¿Y tu hermano? Es raro no ver al otro Potter con su mellizo. ¡Los dos hacen un espectáculo cirquero a donde van! Parece que les gusta ser los payasos¿verdad, Potter?

—Pues, a mi me parece que a alguien mete su nariz ganchuda en asuntos que no le conciernen —espetó James.

Las mejillas del niño se tiñeron de un ligero rubor.

—Yo no soy el que siempre discute una asquerosa sangre sucia pelirroja.

James sacó la varita y le apuntó al niño, quien soltó los libros y sacó la suya apuntándolo.

Todos los compradores de Florish y Botts se acercaron a ver lo que pasaba. Thomas, Sirius y Jimmy se acercaron con sus libros en mano a ver lo que pasaba con su amigo.

—¿Qué diantres está haciendo, James, con ese chico? —preguntó Jimmy a sus amigos—. ¿Es qué acaso se ha olvidado que no puede hacer magia fuera del colegio?

—¡Es asco! —exclamó Sirius.

—¿Qué cosa? —preguntó Thomas.

—¡Cómo se ve que ese chiquillo no sabe como lavarse el cabello! —contestó el niño.

Los dos niños se miraban con mutuo rencor y mantenían las varitas en alto por si a uno se le ocurría agarrar al otro desprevenido. A ellos no les importaba las amenazas del dueño de la tienda si rompían sus libros; o los cuchicheos que hacían las brujas viejas y alcahuetas de las familias de los muchachos. Estaban muy concentrados en la mirada del otro.

—¡Severus Snape!

—¡James Potter¡Baja esa varita en este instante!

Los dos niños se voltearon a sus emisores. Dos mujeres estaban en los lados opuestos del pequeño gentío que miraba expectante. La señora Potter era una mujer de avanzada edad y aunque era muy cariñosa con sus hijos no podía dejar que sus pequeños hicieran de las suyas. Y en ese momento cumplía su labor de madre tratando de que uno de los dos hijos que la vida le había dado no iniciara una pelea con el hijo de un matrimonio problemático. La otra madre tenia las cejas pesadas y una cara larga y pálida y por su expresión daba a entender que estaba molesta por lo que pasaba, pero eso no inmutó a su hijo.

Pero, siempre hay que reconocer el poder de convencimiento de las madres, porque al ver a la suya, James bajó su varita.

—¡Mamá¿Qué estás haciendo aquí?

—Vine a comprar una lechuza y me doy cuenta que uno de mis hijos es el protagonista de una pelea de niños —dijo la señora Potter con seriedad y miró a la mujer que estaba al lado opuesto de ella—. ¿Cómo has estado, Eileen? Disculpa si mi hijo se ha metido con el tuyo.

James iba a reclamar pero su madre lo silenció con la mirada. Eileen Snape esbozó una ligera sonrisa, algo que parecía raro de ver en ese rostro tan huraño.

—Los niños siempre pelean —dijo Eileen—. Yo creo que una disculpa de ambos les enseñara a no volverlo hacer.

Los niños miraron a sus madres como si a ambas les hubieran salido tentáculos en el cuerpo.

—Pero, mamá...

—Hazlo, James —ordenó la señora Potter.

—¡Estás loca!

—Severus, es mejor eso que discutirlo en casa —dijo Eileen frunciendo el ceño.

Severus bajó la varita y musitó una frase apenas audible:

—Lo siento...

—James... —dijo la señora Potter mirando al suyo.

James susurró una maldición entre dientes y musitó lo mismo.

—Lo siento...

Las dos mujeres sonrieron complacidas. La señora Potter al ver la gente de alrededor, dijo en voz alta.

—¡Es muy raro ver que, aunque fuera una pelea de niños, la gente fuera muy chismosa!

La mayoría de personas se ruborizaron y volvieron a los sus cosas murmurando. Eileen Snape, sin dejar esa expresión huraña en su rostro, se llevó a su hijo dando una última disculpa a la señora Potter.

—Ahora —dijo la señora Potter a su hijo James—, me vas a decir ¿cómo te golpeaste el ojo para que te quedara así? y ¿en dónde está tu hermano Jimmy?

James señaló a sus amigos, pero en el lugar estaban Thomas y Sirius. Jimmy Potter había desaparecido. La señora Potter alzó una ceja y se acercó a los dos muchachos.

—Apártense, niños —dijo la madre de James dulcemente pero con un dejo de autoridad.

Los niños no lo pensaron dos veces y se apartaron. No nada detrás de ellos, pero las madres tienen un sexto sentido que a los hijos les resulta increíble. Así que largó su mano y jaló una capa plateada en donde estaba Jimmy Potter agazapado. Al notar que era visible y que su madre lo miraba tiernamente pero una sonrisa divertida, exclamó:

—¡Traidores! —dirigiéndose a Thomas y Sirius.

—¡Que traidores ni que nada! —le increpó la señora Potter, no molesta pero muy seria—. Ya les he dicho a los dos que por ser mellizos deben estar unidos. No me gusta que cada uno se dedique a lo suyo. Son hermanos, se necesitan mutuamente.

—Pero si somos unidos —dijo Jimmy abrazando a su hermano—, ambos pensamos igual. Somos mentes gemelas.

—No me refiero al arte de bromear, Jimmy —dijo la señora Potter mirando a sus mellizos—. Si son tan unidos, explíquenme¿cómo es que uno tiene un ojo morado y el otro no?

Todos los niños miraron a James en busca de una explicación pero el niño se excusó diciendo:

—¡Los libros¡Mira la cola que se ha formado!

—James Potter, me vas a explicar ¿cómo te hiciste ese...?

Pero sus hijos se habían ido a buscar los libros del siguiente año, escapando de su madre.

Esa noche, la señora Potter no le preguntó a su hijo acerca del ojo morado. Se concentró en la cena por fin de vacaciones. Hizo aparecer, por medio de un conjuro, una cena suntuosa que incluía todos los manjares favoritos de los niños, dejándolos saciados y junto con el señor Potter alabando su cocina. Después de una última taza de chocolate caliente, todos se fueron a la cama.


A la mañana siguiente, los tres niños se pelearon por meterse a la ducha primero. Algo que hizo que la señora Potter interviniera diciendo que los invitados primero. Aunque hubiera cinco personas en dicha casa, el ajetreo era enorme. La señora Potter estaba histérica, el señor Potter, pasivo y alegre en las peores situaciones, trataba de calmar a su mujer ayudándola, mientras que los mellizos junto con Thomas metían de contrabando en su baúl, todas las bromas que habían comprado en la tienda Gambol y Japes. Cuando la señora Potter subió al dormitorio para cerciorarse de que sus hijos no planearan nada, los encontró sentados en el baúl de Thomas, leyendo disimuladamente "Animales Fantásticos y donde encontrarlos"

Al llegar a King's Cross, los mellizos estaban tentados en querer hechizar a un niño gordo que los empujo cuando ponían sus baúles y útiles en el carrito. Lo malo era que la señora Potter estaba detrás de sus hijos por lo que podía pasar, algo que hizo reír a Thomas y al señor Potter. Cuando ya estaban en el anden nueve tres cuartos, después de instalar los baúles en un compartimiento vacío, la señora Potter dio unas últimas recomendaciones a sus traviesos hijos con una cara de reproche.

—Ahora, escúchenme bien ustedes dos. Se tienen que portar bien.

—Nos portaremos bien, mamá —contestó James cansinamente. Las indicaciones de su madre era el sermón de toda la vida.

—Hazle caso a tu madre, James —dijo el señor Potter sonriendo—. Si recibimos una lechuza de parte del profesor Dumbledore diciéndonos que han he­cho algo que no deben, van a desatar la furia de su madre.

La señora Potter miró mal a su esposo mientras se reía.

—¡No bromees con ellos!

—¡Discúlpame, amor! —dijo el señor Potter sonriendo débilmente—, pero es que es tan fácil hacerte enojar.

—No quiero quejas —les advirtió la señora Potter—. Nada de maniobras suicidas con las escobas; ni encantar calderos flotantes llenos de mocos.

—¿Cómo es la cosa¿Calderos flotantes? —se extrañó Jimmy—. Nosotros no haríamos eso.

—Pero es una idea tentadora ¿no? —le dijo su hermano guiñándole el ojo.

—¡Lo digo en serio!

—¡Está bien! —la tranquilizó James—. Prometemos que no te enviaran ninguna nota de alguna queja nuestra...

—...Durante un mes —terminó Jimmy sonriendo malignamente. Su madre cruzó sus brazos—. ¿Qué¡Tienes que considerar que la carne es débil!

El señor Potter se rió mientras que su mujer ladeaba la cabeza de un lado a otro, resignada.

—¿Por qué será que nunca puedo regañarlos sin que me contradigan? —se quejó la señora Potter tratando de no reírse.

—¡Porque te somos encantadores! —contestaron los mellizos zalameramente.

En ese momento se oyó un silbido y el tren empezó a moverse.

—Cuídense mucho —dijo la señora Potter abrazando a sus dos hijos y a Thomas—. Fue un gusto tenerte en nuestra casa, Thomas...

—Muchas gracias a ustedes —agradeció Thomas.

—Puedes venir cuando quieras —sonrió el señor Potter—. Ahora, apúrense que el tren los va a dejar—los mellizos y Thomas subieron al tren y se despidieron de los Potter mientras el expreso se alejaba.

Los mellizos y Thomas se encontraron con Remus, Sirius y Peter, a quien habían encontrado, sentados en un compartimiento vacío. El carro de dulces ya había pasado y los asientos estaban llenos de golosinas. James notó algo raro en su amigo Remus. Parecía más demacrado y cansado de lo estaba el año pasado. Pero omitió ese detalle cuando se sentó al lado de Sirius.

—Ustedes no esperan¿verdad? —dijo James cogiendo una caja de Grageas de Todos los Sabores.

—¿Y qué tal el verano, Remus? —preguntó Jimmy sacando una rana de chocolate y sentándose al lado del muchacho.

—Podríamos decir que no me fue tan mal —contestó Remus sonriendo débilmente.

—¿Por qué dices eso?

—Bueno, he tenido algunos problemitas pero nada sin importancia —dijo Remus un poco incomodo.

—Bueno, al menos ya estás en Hogwarts —dijo Jimmy palmeándole la espalda suavemente pero haciendo que Remus diera un quejido de dolor—. ¿Qué te pasa?

—Nada... Sólo es que me duele un poco la espalda.

James y Thomas lo miraron fijamente. Ese dolor de espalda era muy raro. Remus notó la mirada de sus amigos y cambió de tema.

—¿Y cómo les fue a ustedes tres?

—Bien —dijo Jimmy sonriendo—, hemos estado practicando para pertenecer al equipo.

—Sí —afirmó James tirando a su boca una gragea—. Este año estamos en el equipo sí o sí.

—Pero McGonagall no les dejó porque se estrellaron al suelo el año pasado —dijo Peter.

—Lo que pasó, pasó —respondió Jimmy—. Así que no me contradigas, Peter. Además, Thomas también va a presentarse a las prácticas.

—¿Eso es cierto, Thomas? —preguntó Sirius.

—Bueno, sí —dijo Thomas algo avergonzado.

—Entonces, va a ser un gusto para mí animar los partidos de quidditch de está temporada —dijo Sirius muy alegre—. ¡Ojalá de nuevo ganemos la copa!

Pero Remus no los oía. Estaba pensando en lo que Jimmy le había preguntado¿Cómo le había ido esas vacaciones? Pues, nada fuera de lo común: Estar en casa, recluido de todo ser humano para no hacer daño a nadie durante esos días de luna llena. Pero sí había pasado algo fuera de lo común. Algo que recién había descubierto y que lo tenia muy confundido en su mente de niño, porque aun era un niño. Pues era difícil tratar de comprender la maldad de una persona. Porque el culpable de estar condenado de por vida a recluirse como un animal salvaje, lo había hecho a propósito.

—Remus...

El susodicho salió de sus pensamientos y se volvió a sus amigos.

—¿Qué decían?

—Estábamos hablando de la cantidad de bengalas del doctor Filibuster que hemos traído sin que nos viera mamá mientras estabas perdido en tu mente —contestó James un poco preocupado.

—Lo siento, es que estaba pensando en algunas cosas —se excusó Remus—. Pero¿cómo hizo su madre para no descubrirlos?

—Disimular que estábamos leyendo Animales Salvajes y donde encontrarlos—dijo James—. Buen libro. Lo voy a leer bien.

—¡Es algo que ya deberías haber hecho, Potter!

James sonrió al ver a su "dulce" amiga Lily Evans en la puerta del compartimiento junto con Ann McCainer, Agnes Daniels, de Ravenclaw, y Deborah Dawson. Las cuatro niñas estaban con el uniforme puesto.

—Parece que te gusta verme¿no Evans?

—Me gusta tanto como un caldo de moco, Potter —contestó la pelirroja—. Nosotras vinimos a saludar a Thomas y Remus.

—¿Y se puede saber por qué a ellos y a nosotros no? —preguntó James molesto.

—No, Potter, no se puede saber —contestó la pelirroja haciendo que los demás sonrieran.

—¿Qué tal su verano, chicos? —preguntó Deborah.

—Pues muy bien —respondió Thomas sonriendo—. Es mejor que pasarla con Tom.

—¿Quién es Tom? —preguntó Agnes.

—Una persona desagradable, Agnes —contestó Thomas.

Thomas y Remus salieron a hablar con las niñas. Cuando se fueron, James se acercó a los otros tres apartados de la conversación.

—¿Desde cuando Thomas y Remus tienen popularidad con las niñas?

—Sinceramente, no lo sé —respondió Sirius mientras Jimmy desenvolvía un paquete de Goma de Mascar Explosiva, Sabor a Cereza (N.A¡Me encanta el sabor de cereza en los chicles!) y metía un pedazo a su boca—. Además, eso que importa.

—¡Claro que importa! —saltó James.

—¿Y se puede saber por qué, amigo? —preguntó Sirius.

—Pues... Pues... —titubeó James ligeramente ruborizado—. ¡Porque a Jim le gusta McCainer!

A pesar de estar en un vagón más delante de ellos; Thomas, Remus y las niñas se sobresaltaron al oír un gran estallido similar a una bomba. En el compartimiento de los niños, Jimmy Potter tenía la cara llena de restos de Goma de Mascar, con una expresión en el rostro que parecía que hubiera visto lo más espantoso del mundo (N.A: Creo que voy a considerar muy bien la idea cuando me ofrezcan un paquete de chicle con sabor a cereza). Cuando reaccionó, se dirigió a su mellizo.

—¿Qué cosa¡¿Cómo es eso de que a mí gusta quién!

—¡Oh, vamos¡Admítelo¡McCainer te gusta!

—¿Y se puede saber de dónde sacaste esa absurda idea? —preguntó Jimmy muy ruborizado.

—¡Pues viendo cómo te pones al estar a tres metros de ella! —dijo su hermano mirando maliciosamente a su mellizo—. Te pierdes en tu mundo.

—¡Mentira!

—¡Verdad!

—¡Mentira!

—¡Verdad!

—¡Mentira!

—¡Verdad!

—¡MENTIRA! —gritó Jimmy—. ¡A mí no me gusta McCainer¡Es sólo una compañera!

—¿Quién? —preguntó una voz de niña.

Jimmy se ruborizó totalmente al ver a Ann McCainer, mirando escéptica de lo que estaban hablando, que James y Sirius se miraron divertidos.

—¿Se puede saber que está pasando aquí? —preguntó Ann—. Escuchamos como si hubieran reventado una bomba. ¡Oh, Jimmy¡Tienes la cara llena de goma de mascar!

La niña se acercó a Jimmy sacando un pañuelo para limpiarle el rostro pero el muchacho se separó de ella mirándola con la misma cautela con la que miraría a un animal feroz.

—¿Qué te pasa?

—No quiero... que me limpies, McCainer.

La niña lo miró sorprendida.

—Nunca me habías llamado por mi apellido, Jimmy.

En su interior, Jimmy se estaba preguntando qué demonios le pasaba. Sentía una placentera satisfacción ver a Annie pero a la vez una fastidiosa sensación de querer alejarse.

—Lo que pasa es que Jimmy está negando lo obvio, McCainer —dijo Sirius divertido.

—Lo obvio? —preguntó Ann—. ¿Qué es lo obvio?

—Jimmy estaba diciendo que no le gustas, McCainer —respondió Peter ganándose una mirada gélida de Jimmy.

Annie lo miró perpleja. Mientras que Jimmy hurgaba ya en planes para torturar a Peter Pettigrew. Tenia que ser una tortura dolorosa y lenta...

—¿Es verdad¿No te agrado?

Jimmy desvió la mirada de la niña y dijo indiferente metiendo otra goma de mascar explosiva en su boca:

—Es verdad. No me gustas, McCainer.

La niña lo miró sorprendida por unos instantes. James y Sirius dejaron de sonreír al notar que los ojos cafés de la niña se cristalizaban y cerraba sus manos fuertemente. Jimmy la miró mientras hacia un globo con la goma de mascar de nuevo, más grande que el anterior.

—¡TE ODIO! —gritó la niña saliendo del compartimiento y chocándose sin detenerse con Remus y Thomas, quienes la vieron irse muy confundidos

—¡Annie! —era lo que iba a decir Jimmy para retenerla pero el globo de la goma de mascar se rompió al sentir su voz, haciendo que se volviera a oír un estallido más fuerte en todo el compartimiento.

Thomas y Remus asomaron temerosamente sus cabezas al compartimiento para ver a unos James, Sirius y Peter con unos rastros de goma de mascar y a Jimmy Potter, traumatizado por la segunda explosión y a punto de desmayarse.


Al llegar al castillo de Hogwarts, después de haberse limpiado de goma de mascar. Los niños se sentaron en la gran mesa de Gynffindor. Mirando con ansiedad sus platos esperando que aparezcan ya, los majares de esa noche, mientras se escogían a los nuevos alumnos en las casas que debían estar.

Jimmy miraba de reojo a Annie, quien lo fulminaba con la mirada. El niño estaba muy arrepentido por lo que le había dicho. ¡Estúpidos James y Sirius¡Sino fuera por sus tonterías, Annie le seguiría hablando! Es difícil de entender la mente de un niño adicto a las bromas, de once años aún–porque cumplirá los doce en Halloween– que siente algo muy agradable al ver a una niña pero a la vez, algo muy desagradable cuando sus amigos lo ven al lado de ella.

Remus estaba en su propio mundo. Recordó la conversación que había tenido con su madre la noche pasada. La señora Lupín tenía razón al decirle que tenía que hablar con sus amigos. Pero¿es qué ella no se imaginaba lo que podía pasar si él les decía la verdad a sus amigos? Lo repudiarían y lo dejarían de lado. Estaba la posibilidad que lo ayudaría como habían ayudado a Thomas, pero el caso de Thomas era distinto. Thomas no tenia que convertirse en un horrible y feroz monstruo y no podía hacer daño a nadie. En cambio él...

Miró a Albus Dumbledore, quien estaba sentado en el medio de la mesa hablando con el profesor Fliwitck. Le estaba muy agradecido al director por permitir estudiar en el colegio. El sabía su problema y había encontrado una solución para ello, pero se sentía muy mal al no poder contarles a sus amigos de ese problema. Pero sabia que si lo hacia, ellos se alejarían de él.

Cuando terminó la Selección, el profesor Dumbledore se levantó para dar sus características y peculiares palabras de bienvenida:

—¡Bienvenidos¡Bienvenidos a un nuevo curso en Hogwarts! Supongo que esas cabecitas, llenas de conocimientos el año pasado, ya están vacías para adquirir nuevas cosas que aprenderemos en este curso. Bueno, antes de proceder a comer nuestro fantástico banquete, tengo algunas cosas que decirles a todos—Dumbledore se aclaró la garganta y continuó—: Está ya por demás decirles no se acerquen al bosque Prohibido y lo digo por ciertas personas que ya están hurgando planes para acampar allí —añadió como quien no quiere la cosa, haciendo que James y los demás se miraran ¿Es qué ya lo sabia o era una acertada y extraña suposición?—. Por ello, Madame Sprout ha tenido la amabilidad de plantar un sauce boxeador en los límites del bosque con el colegio. Así que habrá otro motivo porque no se podrá atravesar el bosque prohibido.

La profesora Sprout era una bruja pequeña y rechoncha que llevaba un sombrero remendado sobre la cabellera suelta y era la profesora de la materia de Herbología. La profesora sonrió débilmente mientras escondía los brazos vendados debajo de la mesa. Al verla, los Potter se miraron asustados.

—¡No nos tiene confianza! —musitó indignado Sirius a los demás.

—Cambiando de tema —continuó el director—, este año estoy encantado de volver a dar la bienvenida a nuestro colegio a un antiguo colega, dado que el profesor Mulciber, nuestro profesor de Pociones, presentó su renuncia por motivos que no les voy a ocultar: Seguir a Lord Voldemort —la mayoría de los alumnos omitieron un grito—. Sin embargo, tengo el agrado de anunciar que su lugar lo ocupará nada menos que al profesor Horace E. F. Slughorn, que ha accedido a retomar la enseñanza que había cedido al profesor Mulciber.

Un anciano gordo y calvo, de ojos prominentes, bigote enorme y plateado como el de una morsa, se levantó. Su cabeza apenas alcanzaba la barbilla de Dumbledore. Los alumnos más antiguos de Slytherin estallaron en aplausos, al igual que los alumnos de otras casas.

—¿Por qué será que lo aclaman tanto? —preguntó Thomas.

—¡Tal vez porque es el reemplazo de Mulciber! —contestó James.

—Bien, después de este grato recibimiento, sólo me queda dos palabras que decir—dijo Dumbledore—¡A comer!

Las fuentes doradas y las copas que tenían delante se llenaron de pronto de comida y bebida. Los mellizos junto con sus amigos se sirvieron de todo lo que estaba a su alcance.

Jimmy iba a coger una pierna de pollo pero su mano chocó con la mano de Annie, que también iba coger la misma pieza. Se ruborizó y alejó su mano, diciendo:

—¿Quieres... esa pierna? Tómala...

Annie lo miró sorprendida por unos segundos para luego fruncir el ceño, levantarse de su asiento, y alejarse hacia donde estaba Deborah y Lily.

—¡Annie¡Annie! —la llamó.

—McCainer para ti, Potter —le dijo duramente.

Jimmy estaba muy convencido que había metido la pata en el tren y fulminó con la mirada a su mellizo y a Sirius Black, quienes devoraban una tarta de melaza que había aparecido.

Remus apenas probaba la comida. Estaba muy pensativo mientras jugaba con el tenedor. Miró a sus amigos. A James y Sirius, quienes en ese momento se despotricaban mutuamente por querer quedarse con otra tarta de melaza que había aparecido; a Thomas, que estaba muy animado conversando con Deborah; a Jimmy, que miraba fulminante a James y a Sirius por sus tontos comentarios acerca de McCainer y él; a Peter, quien estaba muy atento creyendo en las mentiras que decía Christian Carter a John Parker y Samantha Armstrong acerca del origen de los banquetes en Hogwarts. Todos ellos muy alegres y despreocupados. ¿Quién podría sospechar que están cenando alrededor de un monstruo como él? No podía decirles la verdad a sus amigos. Los perdería y eso seria funesto para él. Nunca había tenido amigos por su condición, por el temor de lastimar a alguien. Y ahora que los tenia, no podía perderlos. Simplemente no podía.

—¿En que estas pensando, Remus?

Remus soltó el tenedor. Lily Evans lo miraba con una tierna sonrisa en los labios. Sonrisa que hubiera puesto de todos los colores a James Potter, se decía él. Remus concentró su mirada en su plato.

—Nada, sólo en algunas cosas.

—Lo mismo me decía Thomas, el año pasado, cuando algo "terrible" le pasaba —dijo Lily mirando como su amigo Thomas conversaba de lo mas alegre con Deborah—. Nunca supe que era ese algo terrible pero que ya lo ha superado.

—Sí —afirmó Remus recordando la batalla en la cámara de los Secretos.

—Ahora, tú eres el que tiene un problema —declaró Lily.

—¿Yo¡Para nada! —evadió Remus metiendo a la boca un trozo de pastel de chocolate—. ¡Mmm¿Has probado este pastel, Evans¡Está delicioso!

—Lily, Remus, soy Lily.

—Lily¿puedes pasarme la sal? —preguntó James al costado de Remus.

—¡Ya te dije que para ti, soy Evans.

—¿Y se puede saber porqué a todos tratas bien y a mí no? —preguntó James molesto.

—¿Por qué no te soporto!

—¡Yo no te he hecho nada!

—¡Pero si a los demás¡Te crees la gran cosa!

—¡Ay, sólo porque no sabes apreciar mis grandes bromas!

—¡Tú y tu hermano son unos locos irresponsables¡El idiota de tu hermano hizo sufrir a Annie!

—¡Yo no tengo la culpa que Jimmy ponga sensible a McCainer!

—¡Cállense! —exclamó Remus, quien estaba en medio de la conversación. Los dos niños lo miraron sorprendidos. Remus Lupin no era un muchacho que perdiera la calma.

—Por si no lo sabían, todo el colegio está escuchando sus "problemas conyugales" —dijo Sirius a Lily y James mirándolos divertidos.

Los susodichos se volvieron a todos y confirmaron lo que había dicho Sirius. Las cuatro casas de Hogwarts junto con la mesa de profesores estaban muy pendientes de lo que discutían esos dos niños de segundo curso. Lily se puso como el color de cabello mientras despotricaba mentalmente a James Potter. Por su parte, James se dedicó a seguir comiendo en silencio pero con la cara roja de la vergüenza, mientras los espectadores se dedicaban a lo suyo.

Cuando terminó la cena, los prefectos llevaron a los alumnos a sus respectivas casas. Lily se levantó sin siquiera dirigirle la mirada a James y se fue junto con Annie, quien a su vez seguía muy molesta con Jimmy.

—¿Es que es algo innato en nosotros ser groseros con las niñas? —preguntó James a su mellizo, quien se encogía de brazos.

—Parece que te gusta ser el centro del mundo¿verdad Potter?

Los mellizos se volvieron. El mismo niño de cabello grasoso que había visto en Florish y Botts estaba frente a ellos mirándolos con odio. Al verlo, Sirius y Thomas se acercaron con Peter y Remus. James se puso a la defensiva.

—Severus Snape ¿así te llamas, verdad? —preguntó James—. No se que manía tienes conmigo pero me estás hartando.

—Típica reacción de un papanatas con tú, Potter —dijo Snape con desprecio—. ¿Ya ves que tenía razón? Te gusta pelearte con sangre sucias inmundas.

—¿Quién te crees que eres para hablarle así! —saltó James siendo sujetado por Thomas.

—Es típico. Tu hermano y tú se dedican a pelear boca a boca con inmundas sangres sucias y para vergüenza de los dos, salen perdiendo. ¡No podían caer tan bajo!

Jimmy sacó su varita y se la apuntó a Snape.

—¡Retira lo dicho!

—¿Y qué si no lo hago?

—¡Potter¡Snape!

Los dos niños se volvieron a la mujer que había pronunciado esas palabras. La profesora McGonagall parecía tener un sexto sentido para saber cuando hay problemas.

—¡Nada de peleas aquí¡Vayan a sus casas sino quieren empezar el curso con puntos menos!

Jimmy bajó su varita y James se soltó de Thomas. Ambos se acercaron a Snape, mirándolo fulminante.

—No vuelvas a llamarlas de esa forma delante de nosotros —le advirtió James

—Porque sino lo pagaras bien caro, Snape —terminó Jimmy.

—No les tengo miedo, Potter —dijo el muchacho.

Los Potter le dirigieron una mirada de desprecio y se alejaron de allí junto con sus cuatro amigos.


Al día siguiente, mientras se apuraban para cambiarse e ir a desayunar. Los niños del segundo curso comentaban de lo que habían hecho el verano. John Parker se había ido de viaje a España y había conocido a un amigo llamado Alejandro. Por su parte, Timothy Carter había ido a un viaje junto con su padre y había conocido muchos animales raros y mágicos. Remus escuchaba lo que sus amigos comentaban mientras se cambiaba de ropa en silencio. Al ponerse la camisa, James dejó de escuchar lo que John decía sobre las maravillas de España, para poner atención en otra cosa. La espalda de su amigo estaba completamente llena de heridas profundas, hechas por un animal. Algunas estaban cicatrizadas; otras, recién se estaban curando en su espalda. Eso lo alarmó completamente. Y recordó los quejidos que su amigo daba cada vez que le tocaban la espalda.

Sin darse cuenta que lo observaban, Remus se puso por completo la camisa y el uniforme. Se dirigió a sus amigos.

—Voy a la biblioteca, los veo en el desayuno.

Todos asintieron y Remus salió del dormitorio llevándose su mochila. Cuando todos estaban listos, James llamó a sus amigos mirándolos muy preocupado, algo que los desconcertó a todos.

—¿Qué ocurre, James? — preguntó su mellizo—. Parece como si hubieras visto algo horrendo. Y eso que todavía no nos hemos topado con el idiota de Snape

—Chicos, algo muy raro le pasa a Remus —declaró James.

—¿Por qué lo dices, James? —preguntó Sirius extrañado.

—¿No han visto su espalda¡Está llena de heridas y cicatrices! Parece como si se hubiera peleado con un monstruo.


Notas de Autora:

¡Hola de nuevo! Después de haber demorado por casi dops meses, estoy aquí. Discúlpenme por no actualizar pero como dije en el capitulo anterior estaba muy ocupada por estudiar para ese examen de admisión a la universidad. Lamentablemente no pude ingresar por unos puntos que me pudieron hacer clasificar a la segunda prueba. ¡Estuve muy bien en la parte de Dominio del Lenguaje y Habilidad Verbal! Pero en Habilidad Matemática... ¡Grrrr¡Cómo las detesto¡Odio las matemáticas! Aunque a mi enamorado (novio) le guste ese curso que más detesto. Así es el amor, un poco raro para dos personas distintas Para mí, la leche, la mazamorra de calabaza y las matemáticas son la peor escoria del planeta. Aparte de los congresistas, el presidente, su familia (por no decir Panaka) y los políticos de mi país. Bueno, él que la sigue la consigue y yo seguiré intentando. Con el dolor de mi corazón trataré de aprenderme ese maldito curso mientras estoy estudiando una carrera corta de diseño grafico que va con mi creatividad loca a la que debo domesticar.

Bueno, ya hablamos de mí, aunque no quieran hablar de eso. Disculpenmepor cambiar el titulo del capitulo, perono me convencia ponerlopara la trama de este capi. Espero que este capitulo les haya gustado ya que empezamos un nuevo curso en Hogwarts para mis grandes, mi ídolos, mis mentores, mis... Esteee... ¡Sorry, pero me emociono al hablar de ellos!. Ya terminamos con el pequeño Thomas Ryddle y su complejo de ser el heredero de Slytherin después de Voldemort. Me da gusto que les haya cautivado el pequeño Thomas, ya veremos si seguirá siendo cautivante cuando sea un joven ya formadito y atractivamente guapo y... Esteee... ¡Sorry de nuevo! Ahora comenzamos con Remus, discúlpenme por no poner mas pensamientos en este capitulo por parte de Remus pero quería acentuar un poco más la relación de James y Jimmy con Severus Snape .que recién hace su aparición en mi historia; la relación entre Lily y James. Son niños, aun no pueden demostrar algún afecto entre ellos. Él aun piensa en bromas y ella lo repudia... ¡Esperen y verán¡Esperen y verán! Así comienza una relación, por lo menos así comenzó la mía. Jejeje... Voy a tratar de dedicarme bien en el próximo capitulo a Remus para que la historia de ese gran profesor, sea placentera para ustedes.

Trataré de publicar lo más pronto posible el próximo capitulo. Aunque prefiero esperar hasta que publiquen el sexto libro para ver que puedo poner sin meter la pata. Ya veremos que pasa.

Ya saben, para críticas, comentarios, chiste, amenazas de muerte menos declaraciones de amor porque con mi enamorado tengo suficiente, mandadme un review.

Ah! Casi lo olvido. La entrevista que me pidieron hacer fue:


Entrevista a Lord Voldemort.

Sábado, 24 de setiembre del 2005.

Autora: ¡Skakespeare¡Al fin termine! Ahora puedo irme a la camita a dormir porque mañana será un día un poquito pesado... (Tocan la puerta) ¿Quién es?

Mikodani: ¡Hola! Vengo a hacer una entrevista a Voldy –poof.

Autora: (Extrañada)¿A quién?

Mikodani: A Voldemort o Tom Ryddle.

Autora: ¡Ah, ya¡Pasa! (Mikodani entra al dormitorio desordenado de la autora) Disculpa el desorden, lo que pasa es que tengo una mala costumbre de no guardar los libros que sacó para estudiar.

Mikodani: No hay problema. ¿Puedo hablar con Voldy?

Autora: (Pensando) ¿Qué le habrá visto a Tom para decirle Voldy? (hablando) Espérame aquí, ahorita lo llamó

(La autora sale del cuarto y regresa con un hombre de cabellos y ojos negros)

Autora: ¡Aquí está!

Tom: Espero que esto sea una broma de mal gusto, asquerosa muggle.

Autora: ¡muggle pero a mucha honra! (pensando)¿a mucha honra?

Mikodani: (un poquito aturdida) Ejem... ¿Podemos empezar?

Autora: ¡Sí, claro! Tom, siéntate.

Tom: ¿A quien llamas Tom?

Autora¡A ti¡Ese es tu nombre!

Mikodani: Ejem...

Autora: No es por molestarte, pero un ejem mas y vas a parecerte a la loca de Umbridge.

Mikodani: ¡NO ME COMPARES CON ESA VIEJA LOCA!

Autora: (sonriendo débilmente) Perdón...

Tom: (tocándose la frente): Eso me pasa por estar con muggles... ¿Y si los mato?

Autora: Muy bien, Tom. No planees mi muerte porque todavía tengo mucho que hacer. ¡Empecemos!

Mikodani: Pregunta 1¿en realidad estabas enamorado de Sylvia o solo era para pasar el tiempo?

Tom: ¡Y a ti que te importa saber si Sylvia y...! (mirando a la autora, quien lo mira fulminante y suspira resignado) ¿tengo que responder eso?

Autora: ¡Sí!

Tom: (pensando) ¡Maldito mocoso¡Debiste aceptar tu misión y yo no tendría este tipo de problemas con estos muggles!

Autora: ¡Tom¡Es para hoy!

Tom: Al principio, solo era una mujer para pasar el rato. Que iba a estar enamorado de ella. ¡Por favor¡Deja esas cursilerías para la loca de la autora!

Autora: No insultes a J.K

Tom: Me refería a ti...

Autora: ¿Qué!

Tom: Pero, Sylvia era única... Si no se hubiera enamorado de mi, ahora estaría viva.

Mikodani: Entonces¿por qué lloraste cuando murió?

Tom: (aturdido)¡Yo no lloré!

Autora: Sé sincero...

Tom: ¡Está bien¡Está bien¡Yo quería a Sylvia¿Contenta? (mirando mal a la autora) Yo... la quería a mi manera pero no para sacrificarlo todo por ella. Nuestra relación iba lo bastante bien, hasta que apareció ese mocoso.

Autora: ¡El lindo de Thomas!

Tom: ¡Estúpida muggle!

Mikodani: Pregunta 2¿porque te gusta ser malo, es decir pudiste ser un gran auror o no se yo, pero porque malo?

Tom: ¿Auror? (Se rió) ¡Por favor, no me hagas reír¡Esos inútiles no sirven para nada! Aparte¿tú crees que yo voy a vivir bien siendo mandado a arriesgar mi vida por un idiota que se hace llamar ministro¡Por favor! A mí no me interesa ser malo o bueno. Lo único que yo quiero es tener poder. Ser el mago más poderoso de la tierra... ¡El más poderoso! Incluso más que ese viejo loco de Dumbledore.

Mikodani: ¿Y por qué mas poder?

Autora: Sí, Tom ¿Por qué mas poder?

Tom: Para alcanzar la inmortalidad y poder cumplir lo que el mocoso de mi hijo no ha logrado hacer: limpiar este mundo de los muggles.

Autora: ¡Eso es imposible!

Tom: Es muy posible, muggle. ¿Te imaginas un mundo sin ellos¿En donde habite lo puro¿Lo ideal? Para lograr eso ellos deben ser exterminados. ¿Crees que a ellos no rechazan nuestro mundo¡Lo repudian! Son los peores seres arrogantes que pueden existir. ¡Y tú, eres parte de ellos!

Autora: ¡Vaya, este si que es un resentido social!

Mikodani: Justo de eso quiero preguntarte en la siguiente pregunta¿porque detestas a los hijos de muggles, porque según sé: tu padre era muggle, y te entiendo el fue un desgraciado infeliz al abandonar a tu madre, pero ¿porque el odio a los hijos de muggles?

Tom: Los muggles son la peor escoria que ha habido y por ello, los sangre sucia llevan esa sangre infectada en sus venas. Serán magos y poseerán magia, pero... llevan también esa sangre infectada en sus venas que los hace despreciables. ¡Que se hacen llamar magos solo porque poseen magia, pero que no tienen sangre pura de un mago y nunca la tendrán por más que se unan a uno!

Mikodani: ¿Eso no debería pasarte a ti también?

Tom: ¡Mi padre era un inmundo muggle! Y esa es una carga que llevare toda mi vida! Mi padre fue un muggle desgraciado que abandono a mi madre, Merope Gaunt, solo porque era una bruja. No merecía vivir y por eso lo mate con esa estúpida familia que también llevaba ese apellido que mi madre tuvo que ponerme. Yo soy diferente. También mi linaje esta manchado con esa escoria de sangre muggle en mis venas, pero mi verdadero padre fue Slytherin. Y por ello, me hace su heredero.

Autora: ¡esto se pone bueno!

Mikodani: ¿Y porque tanto miedo a Dumbledore?

Tom (Burlándose) ¿Miedo¿Yo¡Por favor!

Autora: ¡Ah, no te hagas! Bien que te mojas cuando ves a Dumbledore.

Tom: ¡Ya me canse de estarte escuchando...!

Autora: ¡Alto al fuego, compañero¡Mira tu serás un asesino y el mago mas peligroso de mundo mágico, pero aquí solo eres un personaje de una historia y te limitas a hacer lo que yo quiero. Así que solo responde a la pregunta...

Tom: No quiero...

Autora: Entonces yo lo haré. Tom le tiene miedo a Dumbledore solo porque este es más poderoso que él y teme que le pueda perjudicar sus planes.

Tom: ¡Eso es...!

Autora (terminando por él)¡verdad! Así que no lo niegues.

Mikodani: Mejor sigamos con la entrevista... Pregunta 5: Digamos que pronto, no se, dentro de siete, ocho años nace un niño que a lo mejor tenga el poder suficiente para acabar contigo, dime ¿que harías? y ¿porque?

Tom: ¡Por favor¿Un niño¿Un niño va hacer lo que ningún estúpido auror ha hecho¡Por favor¡Eso es imposible!

Autora (pensando)Si supieras...

Tom: Pero si en caso existiera esa posibilidad... Lo mataría. Así de simple. Ningún mocoso va intervenir en mis planes.

Mikodani: Pero Thomas ya lo hizo.

Tom: Ese mocoso ganó la batalla solo porque me confié de que yo seria mas poderoso que el, pero la próxima vez ya no será así.

Mikodani: Pregunta 6¿Por qué piensas que Lily tiene la belleza de Sylvia?

Tom: ¿Lily¡Ah, esa niña!... ¡Eso no tengo porque responderlo!

Autora: ¡Hazlo o lo hago yo!

Tom: (suspira y responde)Esa niña llamada Lily es casi idéntica a Sylvia. Cuando convivíamos, Sylvia y yo; una vez ella estaba guardando unas fotos en la aparecía ella de pequeña. Y era idéntica a esa niña. Es posible que Sylvia se haya reencarnado en esa niña o que sé yo, pero si en caso fuera verdad. Ella volverá a mí y no dejare que ningún mocoso me separe de ella, jamás.

Autora: ¡Oye, estas obsesionado con Sylvia que la ves en una pobre niña¡Pedofilo!

Tom: ¡Cállate!

Mikodani: y por ultimo¿me darías un autógrafo?

Tom: ¡No¿Acaso me has visto con cara de artista o cantante famoso?

Autora: ¡Hazlo!

(Tom suspiró y cogió el cuaderno de Mikodani. Firmó su autógrafo y se lo tiró a la chica, quien lo cogió encantada)

Mikodani: ¡Gracias!

Tom: Bien, si ya no hay más estupideces me voy. No sin antes... (Sacó la varita) Supongo que no pasara nada si te mato ¿verdad?

Autora: ¡Claro¡No pasara nada porque ahora mismo te largas!

(La autora lo empuja a la puerta y la cierra en las narices de Tom. Mikodani corre a la puerta, la abre pero no hay nadie)

Mikodani: (reprochándola): ¿Por qué hiciste eso?

Autora: ¿Y dejar que nos mate¡Por favor! Yo no quiero morir. Todavía tengo que terminar esta historia y hacer varias cosas como leer el 6to libro y saber que le pasara a Harry, y que le podré hacer a Rosalie por lo que pasara.

Mikodani: (extrañada) ¿Quién es Rosalie?

Autora: (se reprende golpeándose la cabeza con su puño)¡Shakespeare¡Lo hice otra vez¡Es que no puedo mantener mi boca cerrada! (Se dirige a ella) Rosalie es un personaje que aparecerá más pero mucho más adelante ¿sí? Ahora, si me disculpas, me tengo que dormir porque mañana tengo un almuerzo familiar en la casa de mi madrina.

Mikodani: (más extrañada)Pero...

Autora: (se la lleva hasta la puerta)Hasta luego, Good bye¡Adiós¡Sayonara! Fue un gusto conversar contigo y sigue leyendo ¿si? Ahora me tengo que ir (Cierra la puerta y suspira) ¡Caray, mejor apago la computadora antes que papá me descubra aquí y me mande a dormir como a una niña de 5 años.

Reviews:

karipotter: Hola de nuevo, Karipotter. Me da gusto que te haya gustado los últimos tres capítulos y te agrade el lindo Thomas, es uno de mis personajes favoritos aparte de Jimmy y James. Con respecto a lo que vaya a hacer Voldemort con Lily eso es un misterio que todavía no trataré. Será para mucho mas adelante. Lily y Voldemort no se verán las caras hasta un muy buen tiempo. Es verdad que Lily se parece a Sylvia de pequeña y sea idéntica salvo por su pelo rojo y ojos verdes. Ya veras que a medida que transcurra la historia se verá el porqué se parece tanto a la fallecida Sylvia Smith, aunque ya te dije una de la razones. Sigue escribiéndome review ¿vale?

Mikodani: Gracias por tu review, me gustó mucho. Ah, creo que ya viste la "entrevista" que le "hiciste" a Tom. Espero que te haya gustado. Con respecto a tu duda la respuesta es no. Dumbledore todavía no sabe de la existencia de la profecía porque James y Lily todavía son unos niños y peor aun no se ha entrevistado con la loca de Trelawney. Cuando Dumbledore dijo que no precisamente tenía que ser él el que iba a detener a Tom, se refería a cualquier mago. Una vez leí que Voldemort hacia cosas que a Dumbledore le parecía increíbles, que aunque él pudiera hacerlas nunca las haría por no ponerse a la altura de Voldemort para eliminarlo. De eso me basé para poner esa frase de Dumbledore. También porque con lo que había pasado en la Cámara de los Secretos, hasta el momento, Thomas parece ser el único que puede detenerlo. Ya veremos si puede detenerlo o no. Son cosas que reservo hasta el final. Bueno, muchas gracias de seguir leyendo y mandame otro review.

Andy Yogima: Este fue el review mas largo que tuve. Gracias por decir que mi historia no es tediosa y que al contrario es interesante, trataré de hacer que la historia se mantenga así. Pero si me desvió, házmelo saber. No hay problema por recién mandarme un review, es mejor tarde que nunca. Con respecto a tu historia de los merodeadores. No hay problema. Yo me inspiro de otras autoras para ver que puedo poner en mi historia. Me da una idea de lo que puede o no ser la trama siempre y cuando concuerde con lo que Rowling dice. Tu historia de Matrimonio Perfecto es muy bonita, me gusta la trama. La parte que más me gusto fue la boda de James y Lily y la pedida de mano que pusiste en un flash back. Mi historia es para rato pero yo no tengo ningún problema en que hagas una historia de los merodeadores, más bien me gustaría leerla, pero lo que me disgustaría es que se copiaran de algunos de mis personajes sin mi permiso. A veces pasa pero no creo que pase contigo, eres una autora original por lo que puedo ver en Matrimonio Perfecto. Disculpa si no te he escrito un review pero como tú dices, las ocupaciones de una no la dejan. Con respecto a la ultima pregunta, que yo recuerde no me he registrado para no recibir reviews anónimos.

Respondiendo a lo que me enviaste:

A mí también me gustan los encantadores Jimmy y Thomas. ¡Sí, son tan lindos! Estos dos personajes los invente para meter a otros dos personajes que aparecerán al final de esta historia.

Es cierto en parte de que Thomas es como la cara opuesta de Voldemort. La razón es porque fue criado por su madre durante los primeros diez años y todo un año con Tom, lo que lo hizo ser un resentido social al principio pero que olvido cuando conoció a Jimmy y James. Creo que los mellizos lo han influenciado porque Thomas puede llegar a ser más gamberro que el propio Jimmy Potter cuando se lo propone.

Con respecto al momento tierno de Voldemort, parece imposible decir que este tipo lo tuvo. Voldemort quería a Sylvia Smith a su manera, ella era una obsesión que no quería eliminar, pero como para Voldemort, el poder antepone a esa obsesión y sabiendo que Thomas tenía el poder necesario como para ser más poderoso que él, mató a Sylvia, porque sabía que no iba a dejar que su hijo se convirtiera como su padre.

Con respecto a tu pregunta acerca de las frases de los libros, te diré que sí. Tenia que incluir algunas frases para quitarme de aprietos al momento de redactar una parte. Un ejemplo es la entrevista con la "arañita" de Hagrid al estilo único de James Potter. Además, me baso en lo que dice Rowling para hacer la historia.

Acerca de tus dudas de Tom y Thomas, trataré de que Tom se vea como el "adorado" Voldemort que todos conocen. Al momento de redactar como era Tom con Sylvia y Thomas, lo asemeje un poco a un personaje antagónico de una novela peruana que estaba viendo que era igual de malo. Por eso se veía un poco "tierno" de vez en cuando.

Sí, la historia de Sylvia es muy triste. Sylvia siempre amó a Tom, a pesar de que la haya dejado y la haya llamado ramera; pero Sylvia quería olvidar ese amor porque le hacia daño.

Lily y James es un amor que decidí hacerlo a primera vista por parte de James, porque la linda pelirroja no se deja. Yo también me muero por verlos ya creciditos.

Tienes razón al decir que odio a Peter Pettigrew (como al felón de Snape), pero no me parece bien catalogarlo como la rata que es porque estamos en los tiempos en que Peter era un niño y por el momento es imposible odiarlo.

Los poderes de Deborah sí significaran algo en el futuro.

La bromas de los merodeadores es lo que le pone humor a esta historia. La broma que más me gusto fue del cuy (cobaya) y la guerra de comida.

Esperemos que Remus le cuente la verdad a sus amigos en el próximo capitulo, pero eso es algo que ni siquiera yo sé, y también esperemos que no se alargue la historia porque generalmente tengo la tendencia de hacerla larga.

Lo que pasó con Tom después esa matanza de muggles es darse un viaje por diversas partes del mundo para adquirir más poder. Este tipo está tan hambriento de poder que ha sucedido muertes extrañas en todo el mundo. Eso lo escribí en una parte.

Dumbledore no puede hacer nada al respecto por ser el director de un colegio y su figura tiene que permanecer allí para la seguridad de sus alumnos, además porque no es del ministerio.

Tom no va a dejar tranquilo a Thomas durante toda su vida, pero por el momento no fastidiara a nuestro amigo.

Con respecto a la obsesión por Lily prefiero no adelantar nada porque ya se me han salido algunas cosas en los capítulos anteriores. Lo único que te puedo decir es que Tom ve a Sylvia en Lily y por ello querrá recuperarla.

Bueno, este también es la respuesta mas larga que doy. Sigue leyendo y darme tus opiniones. ¿Vale?

Bueno, con los reviews contestados, me despido hasta el próximo capitulo.


Avances del próximo capitulo 11: Algo muy raro le ocurre a Remus.

¿Ustedes creen que en vacaciones haya tenido un accidente? —preguntó Peter.

No —refutó Thomas—. Remus ha estado así desde el año pasado. ¿Recuerdan la primera vez que se fue a visitar a su madre¿Recuerdan que dijo cuando le preguntamos porque le dolía la espalda?

Dijo que se había caído de las escaleras de espalda —respondió Jimmy.

Pues¿y si no fue eso? — arguyó Thomas—. ¿Y si no eran golpes de escalera lo que le dolía sino heridas hechas por un animal?

¿Qué estas sugiriendo, Thomas? —le preguntó Sirius—. ¿Qué nuestro amigo se pelea con un monstruo todos los meses¡No es posible!

No, Sirius. Sí es posible —comentó James meditando la propuesta ...

Nota: El contenido de este avance puede variar o aumentar a medida que se me vengan las ideas. ¡Para no prometer en vano!


Advertencia: Los personajes que aparecen en los libros de Harry Potter son propiedad exclusiva de la señora J.K. Rowling. Los demás personajes son invención mía. A las nuevas autoras, les pido que no toquen los apellidos de mis personajes. Háganlo por cuestión de ética profesional.