Disclaimer: Todos los personajes y situaciones que reconozcan le pertenecen a Rowling, la perspectiva y comentarios son de mi imaginación.
Desde aquel viaje llamado muerte
By Ivenus - Valens.
N/A: Nada que decir. Sólo que aquí viene un capítulo desde la sequía como escritora en que me encontraba. Creo que tiene un poco de eso entre líneas, y el momento se condice con el estado de ánimo de Harry. Espero escribir más seguido, porque tengo muchos momentos en mi imaginación, y el final está escrito desde hace un año. ¡Saludos! Y muchas gracias a las que a pesar del tiempo me llenan de alegría con un Review.
Desde el Vacío.
–¡Ahí tienes! –chilló Harry–. Para que te la pongas el martes. Ahora a lo mejor hasta te queda una cicatriz, si tienes suerte... Eso es lo que te da tanta envidia ¿no?
Las palabras llenas de furia de Harry hacia su mejor amigo retumbaban en el vacío en que James Potter se encontraba. Los sonidos le llegaban difusos, como en un tono disonante o una frecuencia de radio mal sintonizada, el eco de la nada en que se encontraba se repetía infructuosamente y los sucesos acaecían sin que James notara el tiempo, el espacio o las circunstancias. En un momento James se encontraba feliz de que su hijo conociera a Sirius, su padrino, y de que al fin las cosas en su vida comenzaran a funcionar, y entonces de un momento a otro escuchaba a su hijo desbordando ira en contra de uno de sus seres más queridos, Ron Weasley. Todo había perdido sentido, su existencia se había derrumbado desde aquel momento en que el nombre de su hijo, de su pequeño y frágil hijo, había sido lanzado a través de las llamas del famoso Cáliz de Fuego.
Ellos estaban muertos, si, pero no por eso podían dejar de ser padres. No por eso podían olvidarse de su hijo y hacer como si nada sucediese, no por eso podían fingir que no había un asesino desequilibrado y poderoso fraguando un plan maestro y brillante para matar a su hijo, a su pequeño y frágil hijo.
Y es por eso que James Potter se encuentra en medio de la nada, rodeado de un vacío que ha llenado su existencia desde que Harry fue elegido como cuarto campeón del Torneo de los Tres Magos. Escuchar la voz de Albus nombrando a su primogénito, fue un balde de agua fría no previsto ni imaginado. La fracción de segundo en que la comprensión tardó en llegar a su mente fue el último recuerdo nítido que posee. Ver las imágenes de Voldemort ayudado por Peter, planeando infiltrar a un ex mortífago en Hogwarts para al fin lograr vencer a Harry, fue como morir nuevamente, como una tortura más lenta y más dolorosa que cualquier otra antes sufrida. Y desde entonces las imágenes de los sucesos en la vida de su hijo se traspasan unas a otras como en una carrera de alta velocidad, difusas y sin sentido, marcadas por los sentimientos de furia y soledad que ahora definen a Harry Potter en cada segundo de su vida, marcadas por la injusticia que significa el estar muerto, saber toda la verdad y no poder hacer absolutamente nada, impregnadas por la culpa que James destila por no haber percibido el peligro que se afrontaba para la persona más importante de su existencia. Ellos estaban muertos, si, pero no por eso podían dejar de ser padres, y no por eso podían haberse olvidado de su única y maldita función como muertos, proteger en todo momento a su pequeño y frágil hijo.
Los pensamientos de James divagaban sin orden ni claridad, mientras los sollozos de Lilian Evans se mezclaban con los murmullos de la multitud en la que comenzaban a caminar. La gente se estaba preparando para presenciar una competencia que no se había visto en más de cien años, la primera prueba del Torneo de los Tres Magos. Gloria eterna y mil galeones en metálico para el ganador, decían, pero James y Lily no podían sino pensar en las altas probabilidades de que en menos de lo que se dieran cuenta, Harry Potter dejara de respirar y estuviera ahí acompañándolos en la maldita muerte.
James procuró enfocar su mente, y acercándose a Lily, la estrechó en un fuerte abrazo contenedor.
–Tranquila, nada malo le ocurrirá... nosotros estaremos con él, infundiéndole seguridad y coraje, llenándolo de energía y magia como corresponde... ahora sí estaremos con él –concluyó James, con la voz vibrante y quebradiza, lo más fuerte que el nudo en la garganta le permitió formular.
Y tiene efecto. No sabe si es el abrazo, las palabras o ambas, pero Lily Evans deja de sollozar y al despegarse de su pecho le regala una pequeña sonrisa, rodeada de los últimos despojos de sus lágrimas.
–Por supuesto que estaremos con él –casi murmura la pelirroja– siempre lo hemos estado. –Lily le mira con ojos apenados, pero cargados de imperatividad, y entonces James se refugia en sus ojos y realmente sabe que es tal como ella lo dice, que nada de lo demás tiene sentido alguno–. James, nada de esto es tu culpa... sólo nos queda aguardar, y acompañarlo.
Un cañonazo suena y es ese único sonido lo que basta para sacarlo del vacío en que se encuentra, y todo es tan nítido, tan claro y tan brillante que tiene la sensación de recién estar despertando de un mal sueño. Pero nada es un sueño, la realidad se impone ante sus sentidos, ahora pendientes de cada mínimo detalle, y está a punto de desfallecer cuando ve la fragilidad de su hijo de pie junto a un dragón, estático, indefenso y armado con un palito de madera que parece ridículo frente a la gran criatura. Pero es entonces cuando todo cambia, cuando ve salir la Saeta de Fuego desde su pieza en la torre de Gryffindor y es entonces cuando James sabe, aún antes de verlo volar, que Harry tiene superada esta prueba.
Escoba en mano y saturado de alegría, James vuela invisible junto a su hijo, derrochando el máximo de seguridad y valor que su alma puede contener. Giran, se elevan, vuelcan, descienden, giran un poco más, padre e hijo sincronizados por la perfección de un vuelo jamás visto, apenas separados por la delgada línea que delimita el mundo de los vivos y de los muertos. Nadie puede observarlos ni escucharlos, pero es palpable en el aire, y la multitud se siente extasiada por la energía que de pronto se impregna en cada uno de ellos. Eso es magia, magia vibrando en el vuelo de Harry y en las graderías, magia ondulando junto al viento y a la dragona, magia en carne viva y aún más allá que la misma vida.
Y Harry siente la magia, esa magia que corre por sus venas y que le brinda las fuerzas necesarias para enfrentarse a un dragón y a lo que tenga que suceder. Y sabe lo que tiene que hacer, sabe que tiene que volar zigzagueante de un lado para otro porque en ese momento él es la presa y la dragona su cazadora. Se eleva poco a poco, de un lado para otro, y cuando al fin la dragona tiene que alzarse sobre sus patas para seguir observándolo, James grita "¡Ahora!", pero Harry no tiene que escuchar ese grito para lanzarse en picada hacia el suelo y coger el huevo de oro que está al centro del nido.
James respira profundo porque el hábito nunca se olvida, aunque ya no sea necesario el aire. Lily solloza de felicidad, y entonces ambos se dan cuenta que no son los únicos que sonríen. Una risa aguda y siniestra les retumba en los oídos, y es en ese minuto en que al fin abren los ojos y pueden ver todo con exacta claridad, la sonrisa del mago oscuro, sus planes para el futuro, los detalles para que él al fin pueda volver a la vida propiamente tal. Sólo en ese instante comprenden que el verdadero peligro jamás ha estado en el Torneo de los Tres Magos, sino al finalizar éste, sólo ahí comprenden que Harry pasará todas las pruebas para poder ser transportado al cementerio. Y están llenos de impotencia, de furia y de frustración, porque tienen toda la información en las manos y no pueden hacer nada para que los otros conozcan la verdad. James golpea con un puño una mesa que no sabe cómo ni porque apareció, y Harry tiene la necesidad de levantarse de esa misma mesa porque la adrenalina no le permite estarse quieto. James y Lily pueden sentir su alegría, su euforia y su tranquilidad, y ese sentimiento los desespera más porque no quieren que su hijo esté confiado, porque necesitan que esté alerta, que esté preparado para todo lo que se le viene encima, y ellos no pueden hacer nada para prepararlo en el camino.
Pero Harry cambia de humor, se queda tenso y nervioso en cuestión de fracción de un segundo. Por esa pequeña fracción de segundo Harry vuelve al limbo en que ha estado durante el último mes, sintiéndose extremadamente sólo y rechazado, y James comprende que el vacío en el que ellos han estado proviene del miedo que le invade a que Harry permanezca siempre así. Porque ellos están muertos, sí, pero no por eso se han olvidado de ser padres, y la desesperanza de su hijo es también su desesperanza.
Ronald Weasley se encuentra parado en frente de su hijo, con el rostro blanco y las facciones inmóviles, y al fin habla.
–Harry –dijo Ron muy serio–, quienquiera que pusiera tu nombre en el cáliz de fuego, creo que quería matarte.
Y entonces tanto James Potter como Lily Evans pueden sentir explotar la pesada carga que Harry ha llevado desde hace un tiempo, y pueden notar que su corazón se llena de alegría. Para Harry, fue como si las últimas semanas no hubieran existido, como si Harry viera a Ron por primera vez después de haber sido elegido campeón.
Hermione los abraza a ambos y comienza a sollozar, y James y Lily no pueden contener el impulso de unirse en ese abrazo. Saben que lo peor está por venir, saben que el futuro de Harry y del mundo mágico se oscurece, pero también saben que él no está sólo, que tiene a sus amigos que le llenan de fuerza y confianza para seguir, que tiene a su familia desde la muerte acompañándolo incondicionalmente en todo momento. Y es todo lo que Harry Potter necesita para ser feliz. Y es todo lo que James Potter y Lily Evans necesitan para ser felices, incluso después de la muerte.
