—Eh, despierta rubita. Hemos llegado, vamos a descansar.
Me desperté más cansada que si no hubiera dormido nada. Me dolía todo el cuerpo por el traqueteo del caballo y la postura. Por lo menos estaba resguardada del frío.
—¿Dónde estamos? —Miré a mi alrededor por encima de la manta—. Está anocheciendo…
Era un claro de hierba frondosa y árboles espesos, estaba oscuro pero no sabía si era por la caída del sol o porque los árboles no dejaban pasar bien la luz. La hierba tenía tonos rojizos y dorados del pespunte de los últimos rayos de luz otorgando al bosque un aspecto mágico.
Me ayudó a bajar del caballo y me estiré en cuanto pisé suelo firme. Seguía entumecida pero empezaba a despejarme con el aire fresco. Les miré desafiante pero no me devolvieron la mirada, de hecho evitaban mirarme directamente a los ojos. Lo menos que me apetecía en ese momento era una confrontación por lo que lo dejé pasar, dejé que siguieran descargando las alforjas y desensillando los caballos.
—Ve a por agua, vamos a encender un fuego. —Una voz grave rompió el silencio.—No te alejes mucho.
Obedecí de buena gana, quería salir de allí y me moría de sed. Se escuchaba el arroyo muy cerca y fui a investigar. No tardé en encontrarlo, el agua bajaba rápido pero apenas tenía unos centímetros de profundidad. Me enjuagué la cara y noté el frío recorrerme hasta las puntas de los pies. Me quedé mirando el agua sin mirarla, absorta en mis pensamientos: albergaba un cúmulo de sentimientos enredados y rabia, sobre todo rabia. No entendía su comportamiento, esa sobreprotección absurda. Supuse que me resultaba extraño porque nunca había experimentado nada parecido, no tuve a nadie que se preocupara por mí y tampoco lo había pedido ahora. Pero en lo más profundo de mi ser me gustaba la sensación, me gustaba ese contacto, el calor de ser arropada.
En el momento en el que me apartó del alcance de los dos hombres y se interpusieron ante ellos y mi cuerpo... Era consciente de esa parte y no me gustaba nada. Me dará problemas...
No sé cuánto tiempo transcurrió, era hora de volver o vendrían a buscarme y por el ambiente que se respiraba acabaría atada a un árbol o peor, a uno de ellos para el resto del viaje. Fui rápidamente hacia el campamento.
Cuando llegué habían encendido una hoguera y apañado una lona atada entre dos árboles por si el tiempo encrudecía. Una manta desplegada señalaba el lugar para dormir. Nada mal.
Llevé el cubo con agua hacía el fuego como me pidieron y me senté a calentarme.
—Toma, te irá bien! Uno de los pelirrojos me arrojó un trozo enorme de tela que me cayó encima. Era pesada, una capa de viaje verde oscura y buena.
—Estaba dentro de una de las alforjas de los caballos. Es para ti, te protegerá del frío, al menos hasta que te consigamos otras ropas así llamas mucho la atención.
Miré hacia mis pies descalzos subiendo por el vestido sucio hecho girones. Suspiré. Sabía de dónde procedía pero me la puse de todas formas.
Cuando el agua estuvo lo suficientemente caliente aparté un poco para las medicinas y las vendas, tenía que mezclar las hiervas antiinflamatorias y antisépticas para la pierna del hombre del parche. Ya estaba cicatrizando pero prefería no correr riesgos a que se le infectara con la suciedad del camino. Como una rutina y sin muchos miramientos cogí todo lo que necesitaba y me acerqué a él.
—Es hora de curarte, —dije con tono seco y monótono—. Sin más precedentes se giró hacia mí y estiró la pierna. Apenas intercambiamos una mirada, ignoraba cómo se sentía: ¿Estaría enfadado conmigo o molesto? Tal vez simplemente no suponía nada para él, solo una chica arrogante que no paraba de quejarse.
Me miró y me acercó la mano, —Gracias. —No esperaba entablar una conversación pero mucho menos algo como eso. Continuó. —Por esto, ya sabes, podrías…
— ¿Haberme ido con ellos? ¿Huir? —Me salió solo, sin pensar.
— Quería decir atenderme, curarme! —Su mirada se volvió tensa pero no retiró la mano, el agarré era firme pero sin ser doloroso.
—¡Que te quede claro! —me solté de un tirón—, No lo hago solo por ti! Lo último que quiero es que se te infectara la pierna y tener que arrastrarte por medio reino, febril y enloquecido. Solté parte de la rabia contenida en esa frase y luego me marché.
No quería tener que gritar y hacer de todo esto algo insoportable. Pasé el resto del tiempo sola en la linde del claro.
Llegó la cena y permanecimos alrededor de la hoguera, no hubo ni una palabra entre nosotros. El fuego estaba bajo y el frío comenzaba a azotar cuando alcé la mirada por primera vez en esa noche. El pelirrojo de las patillas encontró una botella en el equipaje cuando buscaba algo que echar al cazo de la cena y desde entonces no la había soltado. Echó más leña y permanecimos allí una vez terminamos.
—¿No vas a seguir recriminándonos? La segunda mirada de la noche, un momento antes de ignorar el comentario. Una mirada dura, cargada.
Las llamas me tenían hipnotizada, me arrullaban cuando de repente una figura oscura se abalanzó contra mí tirándome al suelo e inmovilizándome:
—¿Me has oído? ¿Crees que no los hubiéramos matado? ¿Crees que de no estar tú allí no hubiéramos acabado con sus vidas?
—Brom estás borracho, suéltame. —Me agarraba de las muñecas.
—Si piensas que no los hubiéramos matado a sangre fría es que no sabes con quién te has comprometido.
—Brom me haces daño, —estaba tan cerca que podía oler el alcohol.
—¡Brom! Ya basta! —Gritó el otro pelirrojo.
—Estaba dispuesto a matar por ti, si te tocaban, habría saltado sobre ellos. ¿¡Me oyes!? Forcejeaba bajo esa bestia enorme que me sujetaba contra el suelo y me gritaba que estaba dispuesto a aquello por mí? Agachó la cabeza y aflojó el agarré. Después se levantó y quedó de rodillas frente a mí. Medio borracho.
Me eché a llorar después de aquello pero la rabia afloró junto con las lágrimas.
—¡No te lo pedí! ¡No quería que me protegieras sólo quería ayudar! Matando a aquellas personas no hubieras ganado nada, solo condenarnos más. No era justo…
Se agachó de nuevo para encararme, —La vida aquí fuera no es justa. ¡Fuiste tú la que quiso venir, fuiste tú la que quiso formar parte! Las personas son crueles y te habrían matado de haber estado lo suficientemente desesperados.
Me incorporé para ponerme a su altura. —Esos hombres solo querían volver a casa, ayudar a sus familias!
—Nosotros también, esta es ahora tu familia, te guste o no. Accediste y esto es lo que somos. Te habrías largado de haber podido ¿no es así?
—Es ridículo. —El silencio se mantuvo durante varios segundos después de aquella frase, tenso y desquiciante—. No lo habría hecho. No me habría ido.
Una risa profunda se extendió por el silencioso bosque. —Ojalá pudiera creerte. Susurró al tiempo que se alejaba de mí.
—¡Eso es, lárgate! —Grité—. No me has dado ninguna posibilidad! Pero sabes qué? Estas equivocado y no voy a ser tu prisionera. Enfurecida pensé en clavarle una flecha pero eso tampoco serviría de nada, de todas formas acabaría tendido en cuanto acabara con la botella de alcohol.
—Puedo demostrarlo... —Susurré—. Un sudor frío bajó por mi nuca. Me giré y fui hacia Byron que había presenciado todo.
Ven, voy a enseñarte algo.
Estaba dispuesta a revelar mi última carta, puede que no fuera el momento idóneo pero quizá me ayudara y, de veras, esperaba que lo hiciera. Necesitaba que confiaran en mí.
Sin decir más fui hacia el otro hermano y me senté sobre sus piernas. Brom estaba fuera de juego. Comencé a desabrochar su jubón de cuero, sería mucho más rápido que explicarlo, si lo hiciera con toda certeza no me creerían y volveríamos a estar como al principio.
—¡Eh! Qué haces!? —Replicó sorprendido—. Está bien rubita, más despacio…
Me agarró fuerte por el culo, metiendo sus enormes manos por debajo de mi vestido, me esperaba la reacción pero no tan inmediata, al tiempo que traía más cerca su rostro de mi escote. Fue cuando alcé su camisa y le obligué a subir los brazos. Rápido volvió al ataque pero sus brazos quedaron enganchados en la camisa pues no alcancé a quitársela por completo, era demasiado alto.
—Quieto, no es lo que crees, —susurré—, casi rozaba mi boca. Mira siento haberte hablado así antes pero necesito que me dejes hacer esto. Tengo que ver esa cicatriz.
—Claro que lo es, pero puedes hacer que te perdone... El hombre sin perder de vista mi boca sacó un brazo de la camisa y señaló la parte baja de su abdomen. Volvió a sonreír, la línea que surcaba su vientre desaparecía por debajo del pantalón. Entonces un beso hambriento me distrajo del objetivo, era cálido y desesperado, jadeé pero no pude separarme hasta que fue necesario para coger aire. Volvió a besarme pero esta vez me retiré, no lo suficientemente rápido, y su boca cayó sobre mi labio inferior atrapándome. Una oleada de calor me abrasó el cuerpo y me encontré devolviendo el beso. Provocándole. Pero cuando acabó me retiré de su alcance. Sabía lo que pensaba, la riña con Brom me había dejado en el lugar de la despechada, o tal vez por resentimiento solo lo utilizaba como una distracción pero no era así.
—Quiero verla, —señalé hacia la herida cerrada—. Él, obediente, dejó paso para que mirara y tocara cuanto quisiera. Pasé la mano por su piel pálida y sus músculos duros como el mármol, podrían estar esculpidos si pasáramos por alto el vello rojo. Dejé que jugueteara con los cordones de mi corsé para distraerlo mientras inspeccionaba la zona.
—Puedes desatarlo si es lo que deseas, —Dijo despreocupado—, y miró hacia el cinturón de sus pantalones.
Le miré directamente a los ojos, él quería que lo hiciera de eso no había dudas. Se me escapó una sonrisa, no se esperaba lo que estaba a punto de pasar. Desabroché el cinturón, notaba su respiración agitada. Jugar con él no beneficiaba mi credibilidad pero me lo estaba poniendo muy fácil, le acaricié para distraerlo. Gimió bajo mi contacto pero logró deshacerse de los nudos que sostenían mi pecho, iba a ser complicado concentrarse.
Estábamos frente a frente, escuchaba su jadeo y yo sólo quería volver a comerle la boca. Admito que me estaba dejando llevar más de lo estrictamente prudencial, estos tipos me estaban volviendo loca, estaban hechos de fuego. Me contuve y aprovechando la distracción separé un mechón de pelo.
Él se bajó un poco más los pantalones.
