Capítulo 10
Espectro armónico
Los días posteriores al extraño episodio de la tina calentándose de golpe condicionaron los resultados posteriores; Twilight recayó de nuevo una vez más y volvió a recluirse ella sola, sin querer saber nada más del exterior. Ante esa situación, Sunset prefirió obrar con cautela y dejar la apertura del cofre para cuando la situación lo pidiera.
Para los demás tan solo fue un paréntesis en el que los acontecimientos se sucedieron con un poco más de ritmo, como si alguien hubiera adelantado un reloj cinco minutos de golpe. Applejack volvió a recuperarse del todo, tranquilizando a su familia, pero no les contó nada acerca de su relación con Blacksmith, ya que aún no veía el momento para anunciarlo. Eso no le importó a él, por lo que también guardó silencio.
Para Rarity y Fluttershy la felicidad también comenzó a formar parte de sus vidas gracias a sus romances, pasando tiempo con quien más querían. Tanto el señor Frame como Wild Wind se convirtieron en el nuevo motor de sus vidas, lo que las hacia salir adelante y afrontar lo que les viniera sin miedo ni temor. Hasta Fluttershy comenzó a verse más decidida y no tan vulnerable y frágil.
Esa mañana, como otras tantas, Pinkie se encontraba abriendo la pastelería aprisa y corriendo, ya que se había dormido cuando hace ya como unos quince minutos que debería estar abierta; antes había estado calentando el horno previamente, pero la cola afuera ya empezaba a ser bastante larga.
-¡Ya era hora!-exclamó un vecino.
-¡Llevamos esperando un cuarto de hora!-dijo otro.
-¡Lo siento, lo siento, vayan pasando y les atenderé en breve!-masculló Pinkie.
Regresó a la trastienda, pero en ese momento chocó contra un poni que le era familiar, el cual la saludó tras un fugaz beso.
-Buenos días, mi terroncito rosa…
-Ahora no Candy, por favor, estoy ocupadísima… ya tendría que haber abierto, es la primera vez que abro tan tarde…
-Deberías descansar más por las noches…
-Sí, debería, pero hay alguien que no me deja…-murmuró ella, mirándole por el rabillo del ojo con una sonrisita picarona.
Desde que se conocieron, Pinkie y Candy habían empezado a estar juntos, más o menos, ya que tampoco se habían pedido salir formalmente ni siquiera. Como los Cake aún no habían vuelto de su viaje, le dejó que se quedara con ella el tiempo que necesitara.
-¿Necesitas ayuda?
-Sí, me vendría bien que me echaran un casco… voy a ver cómo va el horno, ve atendiendo a la gente ¿vale?
-Bien.
El chico salió afuera, la gente se quedó un tanto extrañada al verle a él en vez de a Pinkie.
-¿Dónde está Pinkie?
-Está en la cocina, controlando el horno… vayan pasando, por favor.
-¿Y tú quién eres?
-¿Yo? Soy…
En ese momento llegó Pinkie y le dijo.
-¡Candy, necesito de unas patas fuertes como las tuyas para bajar unos sacos de harina! ¿Me ayudas? Ya me encargo yo de la caja.
-Claro nena, ya sabes que yo lo tengo todo fuerte-asintió él, guiñándola un ojo y yendo a la trastienda.
Pinkie se rio picaronamente y cuando se dio la vuelta vio a la gente que esperaba mirándola bastante sorprendida, algunos algo avergonzados y otros bastante chocados.
-¿Quién va primero?-inquirió ella, sin darle importancia.
-Eh… yo, yo…-murmuró uno de ellos.
Entre los dos pudieron coordinarse bien y el horno estuvo a punto enseguida, haciendo el pan para esa mañana; la cola se fue estrechando poco a poco, los últimos en llegar fueron Lyra y Bon Bon.
-¡Hola Pinkie! Ponnos lo de siempre.
-¡Dos barras de pico! ¡Marchando!
Pinkie se ausentó un momento y regresó con el pan, en ese momento apareció Candy, el cual la dijo.
-He terminado con el horno ¿necesitas algo más?
-No, casi hemos terminado… no te me vayas muy lejos ¿eh?
-Tranquila, estando tu por aquí cerca no me iré a ningún lado-murmuró él, guiñándola un ojo.
Las dos ponis se quedaron bastante sorprendidas y Bon Bon comentó.
-Anda, Pinkie ¿es tu novio?
-Bueno, novio, novio… tan solo es un amigo, ya me entendéis-explicó ella, guiñándoles un ojo.
Ambas se miraron, bastante impresionadas; se fueron con el pan después de pagar y mientras se iban Lyra comentó.
-Vaya, no me esperaba algo así de Pinkie…
-Ni yo… con lo poco espabilada que parece, mira, y parecía tonta cuando la compramos….
-Desde luego…
Hablando de sus cosas se dirigieron hacia su casa, pasando al lado de la biblioteca, donde una carroza real tirada por dos pegasos de la Guardia Real esperaba al lado de la puerta.
-¡Twilight, ya está aquí la carroza!-llamó Spike.
La aludida salió sin pena ni gloria de la biblioteca y montó en ella, mirando a la nada.
-Oh, vamos, alegra esa cara, por favor… la princesa Celestia te ha llamado expresamente, al menos podrías sonreír. Siempre que te llamaba acudías encantada…
-Parezca que conjugas los verbos sin razón aparente…-murmuró ella, sin mirarle.
Spike contuvo un respingo y masculló.
-Vale, sólo… compórtate ¿de acuerdo? Hazlo aunque sea por la princesa Celestia, ella también está preocupada por ti-añadió él, mientras se subía con ella.
Twilight no dijo nada, tan solo miró por un lado del carruaje, sin mirar a nada en concreto; en ese momento Sunset salió a despedirles y Spike se dirigió a ella.
-Bueno, nos vamos a Canterlot, a ver que quiere la princesa… estás al cargo de todo, Sunset.
-Sin problemas.
-No sé cuándo volveremos, pero espero que para la hora de comer esté todo arreglado.
-Vale, yo os espero.
Spike indicó a los guardias que podían irse y Sunset observó el despegue de la carroza hasta que ésta desapareció rumbo hacia el norte; una vez sola, la unicornio esbozó una satisfactoria sonrisa y murmuró.
-Estupendo, tengo vía libre….
Tras ese inciso cerró la puerta tras de sí, internándose en la biblioteca.
El viaje no duró mucho, los pegasos que les llevaban volaban bastante rápido a pesar del peso de la carroza y en menos de un cuarto de hora se presentaron en el patio del palacio, junto a la cochera real.
-Ya estamos aquí… y recuerda, muéstrate amable ¿vale?
-No me pidas imposibles, Spike, estoy aquí porque es la princesa, pero… mi alma sigue rota.
Ante ese comentario no dijo nada más y la observó andar hacia el interior del palacio; recorrió sus pasillos como un zombi, sin apenas ganas ni determinación. Entró en el salón del trono y vio a la princesa al fondo del todo, revisando algunos papeles. Tocó la puerta con su casco e inquirió.
-¿Se puede?
Al oírla, la princesa soltó los documentos y masculló.
-¡Twilight!
Al instante desapareció de la vista e inmediatamente después reapareció junto a ella, dándola un gran abrazo y envolviéndola con sus alas.
-¡Lo siento tanto, Twilight! ¡Supe de tu afección pero no pude atenderte hasta ahora, he estado muy ocupada! ¡Perdóname, por favor!
La aludida se mostró algo sorprendida por la reacción, pero al final murmuró.
-Claro, princesa… no pasa nada.
-Oh, gracias, si supieras la de papeleo que he tenido… vamos, ven conmigo.
Las dos se apartaron hasta el trono y ya allí estuvieron hablando.
-¿Qué te pasa, Twilight? Recuerdo que cuando regresasteis a Ponyville después de la capitulación de Chrysalis estabas bien…
-Yo también lo pensaba, pero… desde que volví cada vez iba notando que algo faltaba, algo que no me dejaba dormir y me quitaba el sueño. Las horas se hacían pesadas, sentía como se me iban las ganas con todo y que todo perdía sentido. Es horrible, princesa…
Las dos se miraron por un momento y Celestia murmuró.
-Normalmente las depresiones ocurren por alguna razón… debe de haber algo que te marcó, tienes que contármelo Twilight. No es bueno que te recluyas en ti misma ni pagues tus penas con tus amigos, porque lo único que harás con eso es romper todo lo que has construido hasta ahora. Tienes que sincerarte conmigo para que pueda ayudarte, por favor.
Ante eso, Twilight se levantó y contempló el paisaje desde la ventana más próxima; Celestia tan solo la miró desde donde estaba, muy preocupada por ella.
-A veces siento algo que me quema las entrañas… como un fuego intenso que nunca consigo apagar. Y luego está ese sueño…
-¿Sueño?
-Sí… sueño con fuego, mucho fuego, fuego cayendo del cielo, fuego saliendo de la tierra e inundando los valles, fuego bajo mis cascos. Yo siendo fuego…
La princesa se quedó bastante chocada por semejante revelación, sin comprender del todo sus palabras; aunque una cosa le quedó bastante clara, y es que a Twilight la estaba pasando algo raro. Y por alguna razón, supo que no se trataba de una simple depresión.
-Pero… ese sueño que dices tener ¿se hace recurrente?
-Es constante… cuando cierro los ojos veo un mar de llamas rodeándome, mientras que volcanes a mi alrededor escupen fuego desde sus cráteres. Por un lado siento miedo, pero por otro… me siento bien, a gusto con el calor que me rodea, como si yo fuera parte de ese todo. Y es… demencial-masculló ella, bajando la cabeza y dejando escapar un sollozo.
Celestia no pudo más y corrió a abrazar de nuevo a su estudiante, para intentar consolarla; pero quiso comprobar algo más y en cuanto tuvo la ocasión, junto su cuerno con el suyo. A continuación se adentró en su mente y buceó en ella, para encontrarse con algo inenarrable. Había fuego, llamas, destrucción y caos; los suelos se abrían, los cielos caían y la tierra ardía. Y en medio de todo ese pandemónium había un poni en llamas, que la miró a los ojos, abrasándoselos. Celestia no pudo reprimir un grito y se apartó de ella por instinto.
-¿Princesa?-inquirió Twilight.
Ambas se miraron a los ojos, la unicornio lavanda la devolvió la mirada con un deje inquisitivo y Celestia masculló.
-Oh, mi querida Twilight… ¿Qué te han hecho?
Ante esa frase, la aludida tan solo miró al suelo, buceando en recuerdos que no compartiría con nadie más, ni siquiera con la princesa.
-Vamos… sólo un poco más-masculló Sunset, con una cara de concentración tremenda.
Le estaba costando más de lo que ella estimó, el hechizo que protegía la cerradura era muy fuerte y necesitaba mantenerlo anulado con su magia mientras que por otro lado trataba de forzar el mecanismo usando su misma magia, todo ello a la vez. Para concentrarse usaba una técnica mental que la enseñaron durante su entrenamiento y que ella misma había perfeccionado. Y más allá de lo que podía parecer, no era nada del otro mundo.
-Cincuenta y dos ovejas, cincuenta y tres ovejas, cincuenta y cuatro ovejas, cincuenta y cinco ovejas…
Se trataba de mantener la mente ocupada para poder desplegar el máximo potencial con su magia, y para ello se necesitaba absoluta concentración, tanto con lo que estaba haciendo con su magia como con la técnica mental, todo al mismo tiempo. Sunset respiró con calma mientras iba comprobando los engranajes de la cerradura, buscando cual debía de tocar. Tras tres minutos más que le parecieron horas, le pareció notar algo y susurró.
-Ya está.
Tras eso la cerradura emitió un suave clic y la tapa del cofre se abrió un poco; la unicornio esbozó una gran sonrisa de satisfacción y abrió el cofre, encontrándose para su sorpresa con lo que parecía un diario.
-Vaya, así que un diario… no hay nada más objetivo que un diario personal, con esto podré enterarme de más cosas. Veamos…
Abrió el diario por el principio, comenzando a leerlo; Twilight lo había adquirido con cinco años y lo había estado usando desde entonces, anotando en él no el día a día, sino todas las cosas importantes que le iban pasando a lo largo de su vida. Leyó acontecimientos como la obtención de su marca de belleza y su consiguiente entrada en la academia de magia de la princesa Celestia, así como todos sus logros estudiantiles, llegando hasta su llegada a Ponyville, donde se ponía interesante. Se sorprendió mucho cuando descubrió que ella era el elemento de la Magia, y el resto de sus amigas el resto de los elementos en sí.
-Vaya, sabía que los elementos habían llegado a un nuevo nivel, pero no de esta forma…
A partir de ahí siguió comentando cosas importantes, ésta vez de forma algo más diaria, pero llegó a un momento que estaba marcado con un marcador de hilo pegado a la parte superior de la página. Como ése había unos cuantos más, pero prefirió empezar con ese, suponiendo que era el primero de todos y que debía de ser más importante que el resto.
"Hoy he conocido a una yegua que me ha llamado mucho la atención, no por su aspecto en sí, sino por cómo era. Apareció de repente una mañana, después de mis prácticas diarias de magia con Spike. Había reunido a un gran grupo de ponis en la plaza para mostrarles sus habilidades mágicas, pero enseguida quedó patente que hablaba más que hacer magia. Su pelaje era azul celeste, con una crin y cola de color plateado y ojos color magenta. Su marca de belleza era una varita rodeada de un halo mágico y se autodenominaba la gran y poderosa Trixie. Tenía un ego muy grande, y era muy presuntuosa, pero enseguida pude ver algo que los demás parecieron ignorar. No parecía que lo hiciera por quedar bien en realidad, sino por algo más; yo no busco fama ni fortuna con esto de la magia, pero algo me dijo que Trixie fanfarroneaba en un intento desesperado de que todos la oyeran y prestaran atención, como si necesitara desesperadamente ser oída por los demás. Me instó a medirme con ella, pero yo no quería ponerme a su altura, ni mucho menos, por lo que me fui.
A pesar de eso, en las horas siguientes no pude dejar de pensar en todo lo que había pasado; ¿por qué Trixie necesitaría reafirmarse de esa manera? ¿Sólo para sentirse mejor que los demás? ¿O por algo más? Spike me estuvo echando en cara mi supuesta cobardía, pero no se trataba de eso. Yo no era más que los demás por hacer magia, no soy la única que puede hacer magia, hay muchos más unicornios por ahí más talentosos que yo que también podrían hacer magia; no quería que todos me tuvieran por alguien que se vanagloria por el simple hecho de hacer magia, como Trixie. No. Ella no lo hacía solo por eso, de eso estaba segura. Pero por más que le di vueltas no supe sacar ninguna explicación satisfactoria.
Quise olvidarme del asunto leyendo un poco, pero esa noche hubo una buena movida y todo por culpa de Snips y Snails, los cuales tuvieron la gran idea de traer al pueblo una ursa menor para que Trixie la hiciera desaparecer, como bien dijo ella que hizo en Hoofington. Pero resultó que eso tan solo fue una mentira para engalanarse un poco y yo me tuve que ocupar del entuerto. Todo el pueblo me vitoreó y me trató como si fuera una estrella, nada más lejos de la realidad, tan solo hice lo que tenía que hacer, no quería nada más. Traté de hablar con Trixie, pero ésta se fue antes de que pudiera decirla nada. Me quedé preocupada por ella, solo espero que esté bien a partir de ahora."
Una vez que terminó de leer el apunte, Sunset miró ceñuda el pasaje, sin comprender del todo por qué escribiría algo así, si ni siquiera parecía relevante.
-Qué raro, esto no es tan importante… ¿Por qué lo incluiría?-se dijo a sí misma.
No le dio más importancia y siguió leyendo. Dejaba claro desde el principio que sólo apuntaría en él acontecimientos importantes en su vida, cosa que siguió a rajatabla, pero una vez que llegó a Ponyville esa intención se fue diluyendo poco a poco y para cuando ya llevaba un año en el pueblo, abandonó esa premisa, convirtiéndose en un diario más. Así, iba relatando sus experiencias con sus amigas, contando sus vivencias diarias con ellas y su amistad. No lo leyó todo, fue saltando días, buscando algo más consistente que la explicara más cosas acerca de Twilight. Lo siguiente interesante fue el lapso de dos días en los que Discord regresó, estaba escrito en dos párrafos, uno de ellos con una caligrafía bastante irregular, como si lo hubiera estado escribiendo con los sentimientos a flor de piel; y debió de ser eso, puesto que vio varias ondulaciones pequeñas en el papel, dando fe de que se había mojado hace tiempo.
-Debió de escribirlo llorando-obvió ella.
Ése párrafo en concreto aparecía enteramente tachado y rayado, con una anotación en el margen en la que ponía: "Discord. No vale". Sunset entrecerró los ojos y en ese momento aplicó un hechizo de limpieza de tinta que le sirvió para ver lo tachado y poder leerlo; decía.
"Nada vale ahora, estoy rodeada de ponis que solo se miran a sí mismos y no hacen nada por evitar el desastre. Mientras que mis llamadas amigas no hacían más que pelearse entre ellas, yo trataba por todos los medios de hacer algo para poder derrotar a Discord ¿y qué he recibido a cambio? Nada, absolutamente nada. ¿Quién quiere enemigos si no hay amigos que te ayuden para tratar de pararlos? Esto no es más que una farsa, una enorme y estúpida broma. Y ya he tenido suficiente broma. Me iré para no volver. Se acabó Ecuestria, se acabó la amistad y se acabó todo."
En cambio, el siguiente párrafo narraba.
"¡Por fin hemos derrotado a Discord! No ha sido fácil y por un momento casi gana él, pero gracias a la princesa Celestia y mis antiguos reportes de la amistad pude recuperar mi verdadera identidad. Ese condenado Discord era capaz de todo con tal de volver a reinar en Ecuestria, incluso de volvernos contra nosotras mismas. Nada del anterior párrafo es real, lo escribí estando bajo su influencia, por lo que ahora puedo tacharlo. ¡Volvemos a ser felices! Y eso es lo que importa."
-Vale, ya veo… nada que no supiera ya, aunque resulta curioso…-pensó Sunset, revirtiendo el efecto del hechizo y volviendo el párrafo a estar tachado.
A partir de ahí fue un medio año sin novedades algunas, el diario se siguió dando hasta el día de la boda real entre Shining Armor y la princesa Cadance; fue todo un buen surtido de información, ya que se pudo enterar de que Twilight estaba emparentada con la realeza. Los últimos acontecimientos relataban la venida de Jake y el resto de los humanos, donde pudo ver que se había enamorado del propio Jake.
-Venga ya ¿enamorada de un humano? Qué ridícula eres, Sparkle…-murmuró ella, algo anonadada.
Un poco más adelante vio que había mucha más cosas escritas, e incluso vio una nota en la que ponía: "Importante", pero en ese momento oyó la puerta arriba abriéndose y reaccionó enseguida. Devolvió el diario al cofre, cerrándolo de golpe y volviendo a activar el hechizo que lo bloqueaba y subió arriba tratando de aparentar normalidad; ya allí vio a Spike y a Twilight.
-Hemos vuelto… ¿Qué tal?-inquirió el dragón.
-Ah, bien, todo bien, estaba mirando varias cosas en el registro…
-Eres una poni bastante eficiente Sunset, he hecho bien en contratarte-murmuró Spike, asintiendo con la cabeza.
-Oh, gracias por el cumplido... ¿Qué tal en Canterlot?
-Bien, aunque…
-Nada del otro mundo… ni siquiera la princesa puede ayudarme, estoy sola en este mundo gris…-masculló Twilight, subiendo las escaleras.
Sunset y Spike se miraron, algo apenados por ella; pero en cuanto el dragón se fue a la cocina, cambió su semblante momentáneamente, mirando hacia el piso de arriba con una mueca de susceptibilidad.
-Tienes mucho que contar, Sparkle… a ver si mañana puedo seguir leyendo-pensó ella.
Mientras tanto, al otro lado del pueblo, en la nave de Jake la mañana pasaba de forma fugaz; éste se encontraba trabajando junto con su mujer realizando remixes nuevos para utilizar durante los fines de semana, mientras que Humphreys limpiaba un poco. En cuanto terminó con el salón se pasó a la biblioteca, donde, en el primer piso, se encontró con Winona leyendo un libro.
-Hombre, señora Waterbury… la hacía en boutique Carrusel…
-Rarity me ha dado el día libre y me he vuelto…-explicó ella.
-¿Ah, sí? Qué raro, la señorita Rarity no es de las que descansan tan de seguido…
A ese comentario, Winona esbozó una ligera sonrisa, sin contestar; ella sabía bien por qué, de hecho lo había visto esa mañana. Como todos los días habían abierto pronto, pero a los pocos minutos trabajando la puerta sonó y Rarity fue a abrir; la sorpresa fue mayúscula cuando se encontró con el señor Frame en la puerta, el cual había venido para darla una sorpresa y pasar el día con ella. Según él lo hacía porque hasta ahora había sido Rarity la que había tenido que estar viajando continuamente hasta Canterlot para poder verse, por lo que ésta vez había preferido hacer él lo mismo pero al revés. La unicornio blanca se derritió con el detalle y la dio el día libre, cerrando la tienda para poder estar enteramente con él.
-Bueno, de vez en cuando viene bien descansar… no es bueno tanto trabajo…-murmuró ella, pasando una página.
-Depende del trabajo, eso sí… después de todo, señora Waterbury, sé que usted es muy entregada en su trabajo.
-Oh, vamos, llámame Winona tonto, que nos conocemos…
-Oh, claro… Winona.
Ambos se miraron por un momento y ella esbozó una graciosa sonrisa, observándole limpiar.
-¿No te ayuda alguien en tu trabajo, Albert? Porque limpiar toda la nave debe de ser agotador… ¿Jake no te ayuda?
-De vez en cuando, pero el señorito sabe que siendo yo el mayordomo soy perfectamente capaz…
-No lo dudo, pero que usted solo haga todas las tareas…
Ante eso Humphreys sonrió y murmuró.
-Llevo sirviendo a esta familia durante más de quince años, empecé cuando el señor Warthington, el padre del señorito, aún estaba vivo y se encontraba construyendo esta nave. El padre de mi padre ya había estado sirviéndoles, por lo que yo también estaba destinado a hacer lo mismo, tan solo seguí los pasos que mi familia dio.
-Vaya, toda una generación al servicio de los Warthington entonces…
-Sí, de toda la vida. Mi padre me enseñó a ser un buen mayordomo, a cuidar de la casa y a respetar a los señores de la misma. Limpiar entra dentro de mis obligaciones y lo realizo como mejor sé hacer.
Winona le observó por un momento y entonces inquirió.
-En ese caso, según tu ¿Qué cualidades debe de tener un mayordomo?
Ante esa pregunta, Humphreys respondió sin dudar.
-Ser responsable, respetuoso, fiel y diligente, sin duda alguna.
-Vaya, lo tienes grabado.
-Por supuesto.
Los dos se sostuvieron la mirada por unos segundos y Humphreys siguió a lo suyo, mientras ella le observaba hacer.
-Eres un hombre con prioridades, Albert… y eso me gusta-pensó ella, divagando consigo misma.
Mientras tanto, desde el colegio, los hijos de los Ehrlichmann volvían de clase para ir a comer; los dos, un chico y una chica de unos diecisiete y dieciséis años respectivamente, iban hablando entre ellos en alemán, si bien con el resto hablaban en inglés con un marcado acento alemán.
-Bof, en serio te lo digo Adalia, estoy hasta las narices de esto… que no es que esté poniendo en duda a Cheerilee, ni mucho menos, pero es que después de haber sobrevivido al apocalipsis lo último que me apetece es volver a estudiar…
-Oh, vamos, no seas así Friedrich, sabes que está haciendo todo lo que puede por adaptarse para poder enseñar a ponis y humanos por igual, si apenas le das una oportunidad…
-No se trata de eso, se trata de que ya no quiero estudiar. Dentro de un mes voy a cumplir ya los dieciocho años y me gustaría trabajar para ganar mi propio dinero y no depender tanto ni de papá y mamá ni del pobre Jake… tan solo estamos de bulto…
-¡Sabes que eso no es verdad, Jake nos dio un hogar en su nave, no somos ningún estorbo, estoy segura de que hasta él te lo diría! Además, ¿en qué tienes pensando trabajar, si no quieres terminar tus estudios?
-Pues no sé, cualquier cosa me vale para empezar… tengo entendido que en el tablón de anuncios del ayuntamiento siempre hay ofertas, podría empezar a mirar cosas allí…
-Mira, si realmente quieres ponerte a trabajar terminarías al menos los estudios…
-¿¡Pero que hay que terminar, Adalia? Si me dijeras que hay un temario establecido para humanos pues todavía, ¡pero hasta ahora lo único que tiene en común el temario poni con el nuestro son las matemáticas más básicas que se dan en primaria!
-Eres un cabezón, Friedrich…-masculló ella.
-Pues claro, soy alemán, y tú también-le recordó él, con tono obvio.
Por un momento los dos se quedaron en silencio y pasaron al lado de la plaza, donde vieron a una pareja de ponis de tierra hablando en la terraza de un bar, haciendo "manitas" debajo de la mesa. Friedrich vio esto y en ese momento algo se le vino a la mente.
-Adalia…
-¿Sí?
-Ya sé que no procede, pero… bueno, tampoco es que haya donde elegir, pero si tu quisieras… no sé, formar una familia…
En ese momento, la chica abrió mucho los ojos y masculló.
-¡Pero Friedrich! ¿¡Te has vuelto loco?!
-¡Que no es eso, burra, yo me refiero en general!-masculló él, espantado.
-Ah… bueno, sigue entonces…-murmuró ella, algo cortada.
-Si tú quisieras formar una familia con alguien, pero sabes que apenas hay alguien con quien poder formarla… ¿Qué harías?
Ante semejante situación, su hermana se quedó algo chocada y sin saber bien que contestar.
-Eh… bueno… es que claro, como bien tú dices sería muy complicado… no sé, la verdad, ni me lo he planteado… ¿a qué viene esto, por cierto?
El chico se mostró algo nervioso, pero al final dijo.
-Oh, no, por nada en especial… me voy un momento al ayuntamiento, a echar un vistazo a ese tablón.
-¿Ahora? Pero si vamos a comer…
-Es igual, ve yendo tú, luego te alcanzo.
El chico se desembarazó de su hermana rápidamente y se coló por un callejón para atajar cuanto antes; evidentemente no iba al ayuntamiento, ni mucho menos, pero tenía algo en mente completamente distinto. Al pasar por la siguiente callejuela vio algo que le paró en seco; un grupo de tres unicornios con muy mal aspecto estaban rodeando a una pegaso de ojos violeta, de crin y cola revuelta y de color azul grisáceo blanquecino y pelaje gris persa azulado. Su marca de belleza consistía en una estrella fugaz rodeada por tres estrellas blancas y pequeñas.
-Hola, guapa pegaso ¿Por qué estás tan solita en este oscuro y lúgubre callejón?-inquirió uno de los unicornios.
-Pobrecita, debe de haberse perdido… deberíamos ayudarla ¿no os parece?
-Sí, tú lo has dicho, deberíamos…
Pero en vez de eso, los tres unicornios la arrinconaron, con no muy buenas intenciones; Friedrich no esperó más y salió del otro lado del callejón, interponiéndose.
-¡Eh, basta, alejaos de ella ahora mismo!
-¿¡Pero esto que es?!
-¡Piérdete humano, no te metas donde no te llaman!
-¡Precisamente, alejaos ya de ella u os arrepentiréis!
-Oh, qué miedo, el humano nos amenaza… sacad a este mierdecilla de aquí-indicó uno de ellos a los demás.
Los otros dos fueron a atacar a Friedrich, pero éste se movió enseguida y golpeó al que más se acercaba con el dorso de su mano justamente en el cuello, cayendo éste al suelo inconsciente; su amigo fue a socorrerlo mediante magia, pero él le agarró del cuerno antes de que pudiera hacer nada y luego hizo una extraña filigrana con sus manos, dando como resultado a otro poni en el suelo y sin moverse. El que acechaba a la pegaso se despegó de ella y fue a atacarle con sus cascos, pero Friedrich se movió con rapidez y se apartó a tiempo, al tiempo que le sostuvo de los cascos y le golpeó en ellos de manera muy suave pero efectiva, flaqueándole las fuerzas.
-¿¡Pero qué forma de moverse es esa?!-masculló el unicornio, asombrado y con algo de miedo.
-¡Se llama jiu jitsu, y como no te largues ya de aquí tú serás el siguiente!-avisó él.
El unicornio prefirió dejarlo correr y se largó rápidamente; una vez solos, humano y pegaso se dieron un efusivo abrazo.
-¿Estás bien?
-Sí, menos mal que has venido… eres mi héroe.
-Te dije que esperaras en el parque…
-Lo sé, pero no podía quedarme quieta durante mucho más tiempo… quería verte.
Los dos se sonrieron y apoyaron sus frentes una contra la otra, mirándose fijamente a los ojos.
-¿Vamos a la campiña?-inquirió ella.
-Sí, vamos.
Los dos comenzaron a caminar hacia la salida oeste del pueblo y no pararon hasta llegar a una extensa campiña no muy lejos de allí, solitaria y con muy buenas vistas.
-Entonces… ¿has hablado con tus padres?-inquirió la pegaso.
-No, todavía no… no encuentro el momento ni reúno el valor suficiente…-masculló él.
-Pero tú me dijiste que…
-Lo sé, lo sé, pero aun así… hace poco que he intentado un acercamiento con mi hermana, pero no me ha dado una respuesta clara…
La pegaso miró al suelo, algo contrariada, pero al final levantó la vista y le dijo.
-No pasa nada, de verdad… puedes intentarlo en otro momento.
Friedrich suspiró y se la quedó mirando, escudriñando sus ojos y sus facciones; ella se percató de esto y al verle inquirió.
-¿Qué?
-No, nada… te observo.
-¿Y eso por qué?
-Bueno ¿no es evidente?
Los dos se quedaron en silencio breves momentos, antes de sonreírse mutuamente. Un ligero sonrojo se dejó ver en la cara de la pegaso.
-Realmente sabes cómo hacer sonrojar a una yegua…
-He estado practicando…
Los dos se rieron como tontos y ella apoyó su cabeza en su regazo, mientras que él la acariciaba la crin; en esa pose vieron al tiempo pasar, al viento meciendo las copas de los árboles y el sol alumbrando el valle y haciendo brillar la hierba a su alrededor. Todo se reducía a una única cosa, el estar los dos solos, y el simple hecho parecía ser más que suficiente para ellos. En ese momento ella inquirió.
-¿Te acuerdas de cuando nos conocimos?
-Como me voy a olvidar… mi estómago también lo recuerda-murmuró él, rascándole la crin.
Ella se rio, divertida, y él comenzó a recordar; era una tarde de domingo, se encontraba algo aburrido y había salido a dar un paseo por los campos colindantes al pueblo, encontrando la campiña en la que en ese momento se encontraban. A Friedrich le gustó mucho el sitio e inmediatamente se enamoró del paisaje, admirando las vistas. Pero al segundo siguiente, algo pasó zumbando delante de él y un segundo después se encontró tirado en el suelo; se había caído de espaldas, algo había chocado con él, y en cuanto abrió los ojos se encontró con un par de ojos de color violeta preciosos.
-Caíste del cielo justo encima de mi… si no hubiera sido por el golpe, hasta lo hubiera agradecido…
-El sol me deslumbró e iba muy rápido… además, ya me disculpé…
-Claro, lo sé, tranquila… casi lo hubiera preferido así, la verdad. De hecho, todo lo demás pasó tan deprisa… casi tanto como el golpe.
Ella esbozó una feliz sonrisa y se echó más sobre él, aspirando con fuerza.
-Me gustó todo de ti… tu sonrisa, tu pelo, tus ojos… fue como una caída. Y ahora que lo pienso con más calma todo lo que pasó ese día fue como un preludio de lo que sucedería a continuación.
-Ahora es cuando todo cobra forma-añadió la pegaso.
Los dos se miraron por un momento y no se apartaron de donde estaban; no quisieron, y tampoco lo pidieron, por lo que ninguno de ellos dijo nada. Los minutos siguientes pasaron rápidamente y sin que apenas se dieran cuenta. Estaban demasiado ocupados como para fijarse en cosas tan banales como esa. Los dos se buscaron con los labios y se encontraron enseguida, compartiendo un mismo sentimiento. Y así pasaron el resto de minutos, él se olvidó por completo tanto de comer y como de volver a clase, pero en cuanto vio en su reloj la hora masculló.
-¡Ostras, las cinco, y yo sin comer!
-Oh, perdona, no quería distraerte…
-No me distraes, tranquila, es solo que contigo el tiempo pasa más rápido… y me encanta.
Ella sonrió, halagada, y antes de que se fuera se despidió de él con un último y rápido beso en los labios.
-Adiós.
-Nos vemos.
La pegaso observó irse a su amor secreto y una vez sola alzó el vuelo, más feliz que nunca; se dirigió hacia Cloudsdale y por el camino se cruzó con Rainbow Dash, la cual llevaba a Scootaloo en su lomo y la había recogido recientemente del colegio.
-¿Esa no era Cloudchaser?-se dijo ella, extrañada.
Pero enseguida lo dejó estar e inquirió.
-¿Y qué tal en clase, Scoots?
-¡Genial, Cheerilee nos ha enseñado hoy a dividir!
-Oh, qué guay ¿y qué tal, se te ha dado bien?
-Bueno, más o menos, aunque los números no me gustan mucho… ¡me gusta más la clase de gimnasia!
-¡Eso es bueno! ¡Necesitas ejercitar bien los músculos de las alas para adquirir más resistencia y poder ponerte cuanto antes a volar! ¡Pero no te preocupes, en cuanto tengas lo suficientemente trabajadas tus alas yo te enseñaré!-anunció entonces ella.
-¿¡De verdad?!
-¡Claro! ¡Ahora eres mi hermana, yo te enseñaré lo que tienes que saber para que puedas volar tan rápido como yo!
Ante eso, la pequeña pegaso no pudo evitar emocionarse y al abrazó con fuerza del cuello.
-¡Te quiero, Rainbow Dash… hermana!-masculló, soltando unas lágrimas.
En cuanto llegaron a casa lo primero que hizo fue darla un gran abrazo.
-Yo también te quiero, Scoots.
Antes de entrar en casa comprobó el correo del buzón, varias cartas eran facturas, pero una de ellas le llamó la atención debido al escudo que salía en ella.
-Un momento… ¡es de la academia! ¡Sí, es de la academia de los Wonderbolts!-masculló la pegaso, emocionadísima.
-¿De veras? ¿Y eso?
-¡De cuando estuve una semana en pruebas para evaluarnos a un grupo de cadetes seleccionados previamente, entre los que yo me encontraba! ¡Me llegaron a ascender a líder del grupo después de un incidente, y acabé entre los diez mejores pero sin saber la posición exacta, y sólo cogen a los tres mejores! ¡Oh, cielo santo, eso significa que…!-musitó ella, abriendo la carta.
La leyó como una bala hasta llegar a la cláusula que lo confirmaba: había sido seleccionada y ahora era, oficialmente, una Wonderbolt.
-¡Sí, sí, sí, lo conseguí, soy una Wonderbolt!-chilló ella, como loca, y abrazando a su hermanita.
-¡Eso es genial, hermana! ¡Me alegro tanto por ti!-exclamó Scootaloo.
-¡Oh, esto es perfecto, primero llegas tú y ahora esto! ¡No puedo pedir ser más feliz!
Las dos se dieron otro gran abrazo y fueron al pueblo a celebrarlo con un gran helado de varios sabores; lo comunicó también a sus amigas y todas se alegraron por ella, deseándola suerte.
-Ahora tengo que ir allí para firmar y formalizar el contrato, no tardaré mucho… en cuanto vuelva iré a buscarte ¿vale?
-¡Vale, estaré con Sweetie Belle y Applebloom en nuestra casa club!
Rainbow la dio un beso de despedida en la frente y alzó el vuelo como una bala; saber que ahora era una Wonderbolt la dio más fuerzas que nunca y voló lo más rápido posible, para llegar cuanto antes a su destino. En su viaje hacia allá pasó al lado de la nave de Jake, de la cual se encontraban saliendo tanto Jake como Black Luck.
-Vale, quiero que hagas un trabajo extra por mí, esta tarde tengo sesión de acrecentamiento en el reino changeling, pero no voy a poder ir porque Lindsay tiene precisamente una sesión de relajación para embarazadas en Canterlot y yo tengo que estar presente. Necesito que vayas allí, estate un buen rato con ellos, entrégale todos estos regalos y para las últimas horas quiero que estés con la reina, Chrysalis. Dila que vas de mi parte, con eso debería bastar-explicó el chico.
-Espera, espera ¿cómo?-inquirió el poni, extrañado.
-¿Qué pasa, no sabes que ahora estamos en paz con ellos?
-Sí, claro, pero… ¿Por qué yo? O sea… es que no entiendo lo que tengo que hacer…
-Es sencillo, tan solo tienes que ir allí y darles todo tu cariño y amor para que ellos se alimenten de él, es como un simple trámite, solo que en vez de materiales se da amor, sentimientos buenos y positivos.
-Pero, pero… ¿y cómo se supone que tengo que hacer eso?
-Pues siendo cariñoso con ellos, mostrándoles tu afecto, haciéndoles ver que realmente te preocupas por ellos… cosas así.
-Oh, venga ya, eso es ridículo… ¿en serio tengo que hacerlo? Porque no me veo…
En ese momento Jake cambió el semblante y le miró con seriedad.
-¿Acaso tengo que recordarte tu situación? Si no te gusta, ya sabes lo que te toca…
Black Luck se tuvo que tragar sus palabras y gruñó.
-Está bien, lo haré…
-Así me gusta, que cooperes… no te olvides de los regalos, y toma, para el billete de ida, han ampliado la línea, por lo que ahora se puede ir en tren-añadió él, cargando los paquetes en sus alforjas y dándole dinero para el tren.
El unicornio negro no pudo decir nada más y resignándose, se dirigió hacia la estación de tren; se pasó por la taquilla para sacarse un billete de ida y estuvo esperando un cuarto de hora hasta que apareció el tren. El viaje se le hizo eterno, pero tras casi una hora de viaje se presentó en el reino para entregar los regalos. Cada uno de ellos llevaba apuntada una dirección, por lo que no le fue difícil localizar las ubicaciones y pudo entregarlos sin problemas. Le sorprendió ver que había muchos más ponis por allí, todos habían venido por la misma razón que él y se encontraban dando su amor y cariño a los changelings. Black no se consideraba racista, ni mucho menos, pero los changelings tenían un aspecto algo intimidante y los colmillos daban reparo, al menos a él. Aunque lo que realmente le daba reparo era las casas y el extraño material con el que estaban construidas, era como una especie de baba verde seca y tan dura como el acero que confería un aspecto bastante espeluznante a toda la ciudadela. Estuvo lo justo y necesario con ellos, para cumplir cuando antes con el recado y marcharse de allí.
Una vez que terminó con los regalos se dirigió directamente hasta el palacio, llamando a la puerta previamente; le abrió una changeling del servicio, la cual le miró con una adusta indiferencia.
-¿Sí?
-Hola, vengo de parte de Jake a ver a la reina, me dijo que me pasara…
-Muy bien, pase.
Le hicieron esperar en el hall, el cual era bastante amplio y estaba vigilado por dos guardias que clavaron la vista en él nada más poner una pezuña dentro. Black trató de no mostrarse nervioso ante su presencia, pero sus miradas fijas y sus afilados colmillos no ayudaban mucho. Al cabo de unos pocos minutos reapareció la changeling, la cual le guio hasta la habitación real donde se encontraba la reina.
-Majestad, aquí está el poni negro.
-Hazlo pasar.
Black entró en la estancia y se quedó algo chocado ante lo que vio; una especie de alicornio extraño, mezcla de poni e insecto, se erguía ante él de manera intimidante. Era casi tan alta como la princesa Celestia, su crin verdosa estaba agujereada como sus alas, sus patas y su cola. Sus ojos eran verdes zafiro y portaba una corona pequeña con las puntas rematadas con pequeños boliches oscuros.
-Así que vienes de parte de Jake…-murmuró ella.
Black tardó unos pocos segundos en contestar.
-Eh… sí.
-¿Y dónde está, por qué no ha venido?
-Porque tenía que acompañar a su mujer a una sesión de relajación para embarazadas… eso me dijo él.
-Oh, es verdad, me dijo que iba a ser padre dentro de poco…
Hubo un momento de silencio bastante incómodo, los dos se miraron algo cortados y sin saber bien que decir; Black decidió tomar la pablara.
-Eh, bueno… me dijo que estuviera con usted hasta que terminara la jornada…
-Sí, siempre termina su turno conmigo.
-Ya… me llamo Black Luck-añadió él.
-Yo soy Chrysalis, la reina de los changelings.
Otro denso silencio se echó sobre ellos, aumentando un poco más la incomodidad entre los dos.
-Esto… ¿y qué es lo que tengo que hacer?
-Ah, bueno… con Jake nos sentábamos en el sofá y hablábamos de nuestras cosas mientras él me acariciaba la crin…
Ante eso, Black dibujó una mueca en la cara y masculló.
-¿¡Qué?! Quiero decir… o sea…
Chrysalis le miró ceñuda y él murmuró, algo colorado.
-A ver, que no es que no quiera, pero… es que te acabo de conocer y no veo muy… apropiado estar tocándote la crin…
A pesar de sus explicaciones, Chrysalis se quedó algo molesta con él y murmuró.
-No pasa nada, si no quieres lo entiendo, total, ¿Quién querría tocarme la crin?
Black bufó, molesto, y la espetó.
-Pues Jake bien que te acaricia y tú no le dices nada…
-¡No es lo mismo, con él tengo mucha más confianza! ¡Además, no procede que tú digas eso, si ni siquiera lo has hecho!
-¿¡Perdona?! ¡Tú has entrado al trapo, yo tan solo me he rehusado, nada más!
-¡No, perdona, tú te negaste de seguido y pusiste una cara como de asco!
-¿¡Asco yo?!
-¿¡Cómo que no?! ¡¿Te tengo que recordar la cara que pusiste cuando te dije lo de la crin?!
-¡Hombre, te diré, acabo de llegar y vas tú y me pides que te acaricie la crin así por las buenas, pues vaya!
-¿¡Que yo te he pedido qué?! ¡De eso nada, yo solo te he informado de lo que hacemos Jake y yo cuando él está aquí!
-¡Claro, pero eso no quita lo contrario!
-¿¡Qué insinúas?!
Black abrió la boca para hablar, pero en ese momento no le salió nada y se la quedó mirando, tratando de no parecer un rematado idiota.
-¡Pues que no pienso hacerlo, punto!
-¡Muy bien, pues si solo era eso lo podrías haber dicho desde el principio y nos habríamos ahorrado todo esta absurda conversación!
-¡¿Sólo la conversación?! ¡Venga ya, todo esto es absurdo! ¡Éste recado es absurdo, mi estancia aquí es absurda y no sé qué hago hablando contigo porque hasta eso es absurdo!
-¿¡Qué?! ¡Nadie me llama absurda delante de mis narices, tú sí que eres absurdo, que vienes aquí como obligado a cumplir una pena por trabajos sociales!
-¡Vaya, por lo que veo has hablado con Jake!-masculló él, con sorna.
-¿¡Qué?! ¡No, nada de eso, no inventes!
-¡Yo no invento, eres tú la que inventa!
-¡Encima eso, poni desagradecido!
-¡¿Y yo por que iba a estar agradecido, a ver?! ¡¿Lo ves como todo es absurdo?! ¡Si ni siquiera sabes de lo que hablas!
Chrysalis procuró de todo su autocontrol para no estallar, pero ya estaba harta, el vaso se había desbordado.
-¡Ya está, se acabó! ¡Guardias!
Al punto, un par de changelings con armadura irrumpieron en la estancia.
-¿¡Majestad?!
-¡Sacadme a este poni de mi vista, que no vuelva a poner ni una sola pata en el palacio!
-¡Sí, majestad!
Al punto, entre los dos cogieron a Black y se lo llevaron mientras que este se quejaba todo el rato.
-¡Pero bueno! ¿¡Y tú que te has creído, reina de las narices!?
-¡Largo de aquí, y no se te ocurra volver o yo misma te echaré de mi reino a coces! ¿¡Me has entendido?!
-¡Ni falta que hará, no te preocupes!
Y así, entre forcejeos y quejas, Black fue echado del palacio por los soldados hasta los límites del mismo.
-¡Y como vuelvas por aquí a levantar la voz a nuestra reina, te las verás con nosotros, sucio poni!-le dijo uno de ellos, cerrándole la verja en las narices.
Black se levantó del suelo mascullando y farfullando por lo bajo.
-Maldita sea… ni se te ocurra volver a pedirme algo así, Jake…
Y sin volver a darse la vuelta, se dirigió hacia la estación para volver al pueblo, más cabreado y molesto que nunca.
Por otro lado, Chrysalis también estaba bastante enfadada y no dejaba de dar vueltas por su habitación pisando fuerte.
-Menudo idiota… en serio ¿cómo ha podido enviarme Jake a semejante intento de poni? Gracias por nada…-se decía a sí misma.
En ese momento una de sus changelings de cámara tocó a la puerta, llamándola la atención.
-¿Se puede, majestad?
-Oh, sí… ¿Qué querías, Bugchaser?
-¿Se encuentra bien? No la había visto tan alterada desde que estamos en paz…
-Sí, sí, es solo que… ha sido ese estúpido poni que ha venido aquí para nada…-masculló ella, algo azorada.
-Perdone mi impertinencia, majestad, pero me ha recordado a sus padres…
Ante esa frase, Chrysalis se quedó algo extrañada e inquirió.
-¿A qué te refieres?
-Bueno, ya sabe que su padre era muy temperamental… siempre andaba discutiendo con su madre, por cualquier tontería, y… no he podido evitar recordarles al ver la escena.
La reina se quedó algo cortada, notando como un extraño calorcillo repentino le subía los colores.
-Bueno, no hace falta que sigas, puedes retirarte…
La changeling no dijo nada más y se retiró, dejando sola a Chrysalis, la cual esbozó una mirada algo melancólica. Realmente los echaba de menos. Ha pasado tanto tiempo ya, desde que la dejaron sola… gracias a ellos se garantizó su puesto en el trono, recayendo sobre ella la supervivencia de su especie. Confiaron en ella y trató por todos los medios de no defraudarlos. Quizás si las cosas hubieran sido algo más diferentes, no tuviera que estar en ese momento recordándolos. El dolor regresó y trató de bloquearlo, pero por alguna extraña razón volvió a acordarse de Black.
Varios kilómetros más allá, casi al otro lado de la región, Rainbow ya había llegado a la academia de los Wonderbolts, cerca de las cataratas Winsome y al norte de la última posición de Cloudsdale; y es que, al estar compuesta de nubes, es fácil que el viento la haga moverse algo más de la cuenta. A veces, cuando el viento es más fuerte de lo normal, la ciudad entera suele mecerse a su antojo, como si la quisiese llevar a dar una vuelta con él. Pero los pegasos la tenían controlada en todo momento y no había nada que unas buenas sogas pudieran hacer de vez en cuando.
La academia se encontraba en lo alto de un promontorio en el que llegaban algunas de las aguas de espectrum natural que manaban desde ese lado de las nubes; nada más verla Rainbow no pudo evitar esbozar una gran sonrisa, recordando aquella trepidante semana. Pero también recordó a cierta poni con la que llegó a congeniar muy bien hasta aquel incidente; no la volvió a ver durante el resto de la semana, nadie lo hizo, incluso todos pensaron que se había retirado antes de tiempo.
-Espero que la haya ido bien…-pensó ella, sin poder evitar preocuparse.
Se dirigió directamente hasta la oficina de Spitfire, la directora, y se presentó.
-¡Señora, Rainbow Dash viniendo a firmar para la rendición del servicio!
-¡Descanse, soldado!-exclamó ella, al verla.
Las dos se miraron por un momento y la capitana de los Wonderbolts sonrió con alegría.
-Enhorabuena Dash, sabía que lo conseguirías… si te soy sincera a mí ya me convenciste aquella vez con ese Sonic Rainboom, pero no estaba en mi mano nombrarte así sin más.
-Lo comprendo señora, el esfuerzo ha merecido la pena.
-Ya lo creo que sí, el mejor resultado de tu promoción… una vez más, enhorabuena y bienvenida a los Wonderbolts.
-Muchas gracias, señora-masculló Rainbow, muy emocionada.
Spitfire la observó detenidamente y al final inquirió.
-¿Has traído la carta?
-Sí, está aquí.
Rainbow la sacó de sus alforjas y la pegaso amarilla la estuvo mirando por encima para comprobar el certificado; luego estuvo buscando el expediente de la pegaso multicolor y una vez con él sacó el contrato.
-Muy bien, pues aquí vamos… recuerda que tienes veinticuatro horas después de la firma para prepararte todo y venirte para acá, después de eso comenzará tu servicio-le recordó ella.
-Oh, cielo santo, que emoción, en serio… ojalá estuviera aquí Scootaloo…
-¿Scootaloo?-inquirió ella, mientras firmaba su parte.
-Sí, es una potrilla a la que acabo de adoptar hace poco como mi hermana, estoy tan feliz con ella y ahora esto que... no hay palabras-masculló Rainbow, con lágrimas en los ojos.
Pero al oírlo, Spitfire dejó de firmar de golpe y se quedó en el sitio, congelada.
-¿Cómo?
-¿Algún problema, señora?-inquirió la pegaso, extrañada.
Spitfire dejó la pluma en su mesa y la miró fijamente.
-¿Me estás diciendo que has adoptado a una potrilla y te has comprometido legalmente a cuidar de ella?
-Pues sí… ¿Qué problema hay con eso?
-Pues uno muy gordo, Dash, esto demuestra que no te has leído el contrato.
-¿¡Qué?! ¡Claro que me lo he leído, no entero, pero si por encima!
-¡Pues mal, Dash, los contratos se leen de arriba abajo y tú no lo has hecho! ¡Y ahora me temo que no podemos hacer esto!-masculló Spitfire, contrariada.
Rainbow la miró como si no lo hubiera entendido del todo, sin poder comprenderlo; por un momento pensó que la estaba gastando una broma y soltó una carcajada.
-¡Ja! ¡Qué buena, señora, he de admitir que le ha salido muy convincente, no la hacía tan bromista!
Sin embargo, Spitfire no cambió el gesto y se inclinó sobre la mesa, dirigiéndose a ella.
-¿Tengo cara de estar bromeando, Dash?
En ese momento Rainbow captó el tono y masculló, aterrada.
-No puede ser… ¿por qué, que tiene de malo querer a una potrilla sin hogar?
-Pues me temo que sí, Dash… sección tres, cláusula sesenta y dos: el Wonderbolt contratado deberá estar totalmente a disposición de la academia para cualquier acto presencial, incluyendo entrenamientos diarios, viajes, exposiciones y cualquier otro acto de esa misma índole, a tiempo completo y sin intermediarios. A tal efecto, se aplicó una nueva cláusula de recomendación que siempre se añade en la normativa y se repite hasta la extenuación para conocimiento de los futuros Wonderbolts: el aspirante a Wonderbolt debe ser alguien comprometido por la causa, capaz y disponible.
Un denso silencio cayó sobre ellos como una losa pesada. Rainbow no podía creerse nada de lo que le había dicho. Negó con la cabeza, sin decir nada, mientras que varias lágrimas se asomaban por sus ojos.
-¿Por qué?
-Porque ser Wonderbolt requiere sacrificio, honor y causa, por eso mismo, Dash.
-Pues con todos mis respetos, señora, eso es del todo abusivo y discriminatorio…
-¡No me vengas con esas, Dash! ¡Está en el contrato, está en la normativa, se repite en las escuelas de vuelo para que quede bien claro y a nadie se le olvide! ¡Pero claro, esto es lo que pasa cuando no se lee el contrato ni se escucha en clase!
-¡Pero no es justo, maldita sea! ¡Es mi sueño de toda la vida, desde que era una potrilla! ¡Toda mi vida deseando con que llegara este momento y cuando llega, resulta que no es posible sólo porque quiero lo mejor para una potrilla sin familia!
-¡Ni se te ocurra echarle la culpa a la potrilla, Dash! ¡Si la adoptaste es por algo, ahora tienes una responsabilidad para con ella y no puedes desatenderla bajo pena legal!
-¡Nadie me dijo nada, nunca oí tal cosa en la escuela de vuelo!
-¡Pues se dijo, Dash, ya lo creo que se dijo, hasta yo misma lo dije muchas más veces! ¡Además, el desconocimiento de una norma no exime de cumplirla!
Ambas se miraron a los ojos, Rainbow no pudo más y dejó escapar varias lágrimas; justo después azotó el contrato con su pata, tirándolo al suelo, y se fue de allí, dando un fuerte portazo que hizo temblar la pared entera. Spitfire se sentó en su silla, soltando un forzado suspiro. Se quedó mirando el contrato y finalmente masculló.
-Maldita sea…
Una vez fuera, Rainbow echó a volar como una bala, en un intento desesperado de soltar una rabia que se la estaba comiendo por dentro de una manera endiablada; alzó el vuelo acelerando lo indecible, pero no lograba su propósito, tan solo hizo aumentar aún más su impotencia. Cayó en picado y aterrizó sobre una frondosa nube, con la que comenzó a pelear para tratar de descargar todos sus sentimientos. La golpeó, la mordió, la arañó, la gritó y la estrujó entre sus patas. Finalmente no pudo más, se echó sobre ella y lloró amargamente. Su sueño hecho trizas. Disuelto en el aire, desaparecido en el cielo. Y era culpa suya. No podía echarla la culpa a Scootaloo, no podía, ahora era su hermana y simplemente no podía. Toda la culpa era suya, por no haberse leído el contrato ni haber escuchado en clase de vuelo. Spitfire tenía razón, ella lo sabía y eso la quemaba por dentro. Tampoco era culpa de Spitfire, ella tan solo aplicaba las reglas. Aunque sí que era cierto que esa cláusula era un tanto abusiva, pero aun así la culpa seguía siendo suya. Y lloró, lloró todo lo que pudo, viendo que era la única forma de liberarse de toda esa presión que sentía en el pecho. Tardó bastante calmarse, dejando salir todo, mientras que el sol del atardecer bañaba sus lágrimas.
Y, una vez más, la suerte volvió a cebarse con él; Black no podía creérselo, simplemente no podía. Él sabía que tenía la negra, valga la redundancia, pero esto ya superaba lo indecible. En cuanto llegó a la estación estuvo esperando al tren para volver al pueblo; un cuarto de hora, dos cuartos, tres, una hora… y al cabo de todo ese tiempo de espera paciente llega el encargado de la estación para anunciarle que esa línea ya había cerrado hasta mañana por la mañana. Black se había quedado con unas ganas tremendas de increparle al poni, pero se reprimió; después de todo, no era culpa suya, su suerte le concernía a él, no al encargado.
-Maldita sea… maldita sea, maldita sea, maldita sea…-pensó él, hastiado.
Había estado recorriendo toda la ciudadela, buscando algún hotel donde pasar la noche, pero debió de extenderse la noticia de que le había gritado a la reina, puesto que los changelings con los que se encontró le dieron la espalda. Sin saber que hacer y sintiéndose desamparado, regresó hasta la verja del palacio, la cual permanecía cerrada. Dudaba de que le dejaran entrar después de lo que había pasado, y supuso que si Chrysalis le volvía a ver le estamparía la cabeza contra el suelo. Aun así rodeó la muralla hasta llegar a un sitio donde esperaba que no estuviera muy vigilado; se aseguró de que nadie más le veía, concentró energía en su cuerno y después desapareció, para volver a reaparecer al otro lado del muro. Había aparecido en un laberinto de setos, por lo que estuvo un buen rato caminando hasta encontrar la salida. Parecía haber acabado en los jardines del palacio, no vio a ningún guardia changeling a la vista, pero aun así fue con todo el cuidado posible. Le pareció oír varios pasos cerca de donde estaba y se escondió tras varios setos; esperó y entonces vio aparecer a Chrysalis, la cual paseaba tranquilamente bajo la tenue luz de la luna y de los farolillos encendidos del camino, los cuales emitían una débil luz verde. Desde donde estaba la pudo ver bien y se quedó un tanto sorprendido por lo que vio; la reina mostraba una lánguida mirada, dándola un aspecto menos intimidante y más cercano. La luz de la luna se mezclaba con la luz verdosa del camino y las dos se reflejaban en ella, añadiendo un toque un tanto etéreo que a Black no se le pasó desapercibido. Incluso pudo verla cierto encanto que le turbó un poco.
En cuanto pasó de largo se movió un poco antes de salir, pero en ese momento le apreció sentir una presencia justo a su lado y se topó de bruces con ella, la cual le miraba con furia reprimida.
-Dame un motivo para no cocearte el trasero-masculló ella.
-Puedo explicarme…-musitó él.
-Hazlo ya antes de que llame a mis guardias y ellos se encarguen.
El poni escogió con cuidado sus palabras antes de hablar.
-Verás… antes que nada quería decirte que lo siento, fui un imbécil integral y discutimos sin razón aparente solo porque me dio reparo acariciarte la crin.
A pesar de eso, Chrysalis le siguió mirando impertérrita.
-Continua.
-Yo fui a la estación para volver a Ponyville, pero al final llegue tarde y ya habían cerrado la línea… no tenía a donde ir y en la ciudadela todos parecían darme la espalda, así que pensé en una improbabilidad.
Los dos se miraron a los ojos, Black albergando posibilidades, y Chrysalis sin pensar en nada, aparentemente.
-De nuevo lo siento…
Se miraron una vez más y finalmente ella apartó la mirada, soltando un breve suspiro.
-Está bien… pero solo por esta noche.
-Gracias…
Los dos se quedaron en silencio de nuevo, Chrysalis admiró la luna y él la observó a ella.
-Antes te vi y me pareció ver algo de melancolía en tus ojos… como si te sintieras sola-murmuró él.
-¿Y a ti que más te da?
-Bueno, no creas lo contrario… no debí de rechazarte de esa forma, fue muy egoísta por mi parte. De hecho, me recordaste a mí.
Ante esa frase ella le miró extrañada y él explicó.
-Apenas hay ponis negros… y normalmente se los consideran un mal augurio o un signo de mala suerte. Y, desde luego, no soy ninguna excepción. Desde pequeño no he dejado de tener mala suerte. Mis padres me abandonaron por ser negro, todos los padres adoptivos que he tenido me han acabado dejando por ser negro… y nadie me daba ningún trabajo por ser negro. Normalmente basta la cosa más tonta para rechazar a alguien… y yo he sido lo suficientemente estúpido como para hacer lo mismo contigo. Como si yo fuera mejor…
Chrysalis le miró comprensivamente y por un momento sintió que percibía sus anhelos.
-Yo… tampoco he sido perfecta. Mis padres murieron por una insurrección en el reino hace miles de años y no tuvieron tiempo para cuidarme, salvo para arreglar los asuntos y que así yo heredara el trono. Me he tenido que cuidar yo solita desde pequeña y luego encargarme de un reino que se caía a pedazos desde que ellos murieron. Al menos ellos tenían contentos a los demás mediante el amor que les podían dar pero que luego quitaban a los demás. Así perecieron las tribus del sur, como la de las cebras o la de los jirafantes… desde entonces apenas quedan. Y sin embargo yo no pude darles lo que ellos sí que les pudieron dar. Por eso me vi obligada a atacar Ecuestria, porque vi que aquí había el suficiente amor y armonía como para dar de comer a todo el reino durante generaciones.
De nuevo otro silencio se echó sobre los dos, los cuales se miraron fijamente.
-Pues tampoco somos tan diferentes…-observó él.
-No…
En ese momento las tripas de Black rugieron y el poni enrojeció de golpe, a lo que Chrysalis respondió.
-¿Tienes hambre? Ven, tenemos algo de fruta en el salón.
Algunos guardias, al ver al poni, fueron a por él para echarle de nuevo, pero su reina les detuvo, para su sorpresa. El resto de la noche la pasaron hablando entre ellos, conociéndose mejor y sin estar discutiendo. Afuera, la luna en cuarto menguante brillaba con fuerza.
En el otro lado del reino, Scootaloo todavía seguía esperando a su hermana en la casa del árbol, algo preocupada por ella; no había vuelto desde entonces, recordando que llegaría pronto, pero aun así aún no había aparecido. Por ello, estaba algo desanimada.
-¿Dónde estás, Rainbow?-murmuró ella, inquieta.
En ese momento llegaron Applebloom y Applejack para hacerla compañía.
-No te preocupes dulzura, seguro que llega ahora…
-¡Claro! Igual se ha retrasado un poco por alguna razón…
A pesar de sus ánimos, la potrilla no se quedó más tranquila y Applejack miró afuera con el ceño fruncido.
-Ésta yegua, anda que ya le vale…-pensó la poni anaranjada.
Justo en ese momento oyeron una fuerte corriente de aire por encima del tejado y Rainbow apareció en el umbral de la puerta.
-Ya estoy aquí, vámonos…
-Ya era, Rainbow, tenías a tu hermanita preocupadísima… anda que ya te vale-le espetó su amiga por lo bajo.
-Perdona, unos asuntos me retuvieron-murmuró la pegaso, con voz queda.
Applejack quiso responder, pero en cuanto Scootaloo subió a su lomo ella despegó de golpe y dejó a su amiga con la palabra en la boca.
-Adiós…-masculló ella, algo molesta por su pasota actitud.
El viaje de regreso a casa fue rápido y silencioso, Scootaloo no abrió la boca debido al mutismo de su hermana mayor, algo que la preocupaba en demasía; quiso preguntarla, pero su cara era un poema, por lo que prefirió dejarlo así de momento. Una vez allí Rainbow fue a preparar la cena, pero Scootaloo la paró.
-Oh, no tengo hambre, he estado comiendo antes con Sweetie Belle y Applebloom…
-Vale, mejor, no tenía ganas de cocinar…
Las dos se miraron por un momento y la potrilla comentó.
-¿Y qué tal en la academia? ¿Firmaste ya el contrato?
Rainbow la miró fijamente, pensando en las posibilidades; podía decirle que todo estaba bien y dejarlo así, pero por otro lado le estaría mintiendo a su hermana pequeña, y eso la dolía. Y por como la miraba, ella sabía que la potrilla se olía que algo andaba mal.
-Veras Scootaloo, yo… no he podido firmar-anunció ella, con voz quebrada.
Ante semejante confesión, la potrilla se quedó con la boca abierta, incapaz de creérselo.
-¿¡Qué?! ¿¡Por qué?!
-Porque… he pensado que lo mejor ahora que estás conmigo es enfocarme en ti… ser Wonderbolt exige mucho sacrificio y trabajo, no me verías durante mucho tiempo y yo no podría dejarte sola así sin más…
Le costó un poco pronunciar sus palabras, pero ella sabía que era mejor así; después de todo, no estaba diciendo ninguna mentira.
-¡No! ¡Quiero decir, era tu sueño Rainbow, lo que más anhelabas, por todo lo que has pasado hasta ahora! ¡Sé cuidarme yo sola!-masculló la potrilla, dolida.
-Lo sé, pero has de entenderlo Scootaloo, ahora eres mi responsabilidad y no puedo dejarte sola…
-¡Pero eso no es justo ni para ti ni para mí, tu ibas a ser una estrella y yo sería tu hermana, la hermana de la estrella! ¡Has dejado escapar tu sueño solo por mí!
-¿¡Y que querías que hiciese!? ¿¡Entonces para que te he adoptado?! ¡¿Para nada?! ¡Eso no es ninguna excusa, Scootaloo, no te equivoques! ¡Me ha costado mucho tomar esta decisión y ahora que lo he hecho no pienso echarme atrás!-sollozó Rainbow.
-¿¡Lo ves?! ¡Ahora soy yo la que se siente mal!
Y tras esa jura, la potrilla echó a correr, saliendo afuera y corriendo por las nubes.
-¡Scootaloo, espera!
Salió detrás de su hermana y la localizó cerca de allí; pero en ese momento dio un tropezón y empezó a caer hacia el suelo, batiendo sus pequeñas alas en un intento desesperado por volar.
-¡Scootaloo!
Al segundo siguiente Rainbow se lanzó y rasgó el aire en dirección hacia su hermana, rescatándola a tiempo a escasos metros del suelo; la dejó en tierra firme y una vez allí la dio una torta.
-¡Que sea la última vez que sales corriendo así! ¿¡Me oyes?! ¡Casi te matas!
La potrilla, con la cara adolorida, levantó la vista y la miró con lágrimas en los ojos; Rainbow no pudo más y la abrazó con todas sus fuerzas, intentando mantener la compostura. En cuanto se vio en condiciones, habló.
-Escúchame Scootaloo… sé que debería haber firmado ese contrato, pero creo que debes saber lo que realmente ha pasado. Porque no quiero que haya secretos entre nosotras ahora que somos hermanas. No he firmado el contrato porque cuando le dije a Spitfire que te había adoptado había revocado automáticamente una de las cláusulas que estipulaban que el Wonderbolt contratado, o sea yo, debe de estar enteramente disponible para la academia. Esto significa que al haberte adoptado había adquirido una responsabilidad legal sobre ti y debo de cumplirla sí o sí.
La potrilla se le quedó mirando, asimilando sus palabras, hasta que al final musitó.
-Entonces… es culpa mía…
-¡No! ¡No, no, esto no es culpa tuya! ¡Es culpa mía, por no haberme leído el contrato! ¡Tú no tienes ni tendrás nunca la culpa! ¿Vale? Te he adoptado por una razón, porque no quiero que estés sola nunca más, ya te lo prometí en su día y te lo vuelvo a prometer ahora, no vas a estar sola nunca más porque me tienes a mí. Y si eso significa que debo de renunciar a mi sueño por ti, que así sea.
-Pero… es tu sueño…
-No importa, ya tendré otras oportunidades en la vida…
-¡Eso no es verdad, y lo sabes!
Rainbow suspiró y murmuró.
-Mira… ahí tienes razón, Scootaloo, pero me da igual. Si es tu felicidad la que está en juego, todo merecerá la pena…
-Pero ya te he dicho que sé cuidarme yo sola…
-¡Pero no sería justo, Scootaloo! ¿Entonces para qué te he adoptado? Si hubiera firmado ese contrato hubiera sido el acto más egoísta por mi parte que hubiera hecho en toda mi vida y eso… eso no lo quiero, ni para ti ni para mí. Y si alguien me dice algo, por mí se pueden ir a patear nubes.
Lo dijo de una forma tan cómica que Scootaloo no pudo evitar reírse y Rainbow se rio con ella, mientras la limpiaba los ojos de lágrimas.
-En parte lo entiendo, Rainbow, pero… ¿por qué? Es tu sueño, todo el mundo tiene derecho a que se cumplan sus sueños ¿Por qué renunciarías a tus sueños por mí?
Rainbow sonrió ante la bondad de la pequeña pegaso y murmuró.
-¿No es evidente? Porque te quiero.
Scootaloo no pudo más y se abrazó a su hermana con todas sus fuerzas, mientras lloraba de alegría.
-Yo también te quiero, Rainbow Dash.
Fue entonces cuando la pegaso cian sintió un agradable calor envolviéndola tanto por dentro como por fuera; supuso que era así como se sentía el verdadero amor fraternal, el mismo que sentía por ella. Y eso le dio más motivos para seguir abrazándola con fuerza. Soltó unas pocas lágrimas y abrió los ojos, lo que le permitió verla.
-Anda ¿y esta luz tan colorida?
Todas las cosas que estaban cerca de ellos como los árboles y los arbustos estaban iluminados por una luz de diferentes colores que parecía provenir de detrás de ella, cosa que la extrañó bastante. Además, ella misma vio que ondeaba, lo que la extrañó aún más.
-¿Pero qué demonios?-masculló por lo bajo, al ver que las sombras también ondeaban y se movían.
En ese momento oyó a Scootaloo gritar de sorpresa y la vio mirándola con el desconcierto dibujado en su cara.
-¿Qué te pasa, Scoots?
-¡Rainbow, tu crin, tu… todo!-masculló la potrilla, sin salir de su asombro.
Ese comentario la extraño aún más si cabe y se miró por un momento los cascos, sorprendiéndola lo que vio; en vez de color cian eran completamente blancos, como si su pelaje se hubiera decolorado por completo.
-¡Ah! Pero… pero… ¿pero esto que es?-masculló, algo asustada.
Vio cerca de allí una pequeña charca y fue a ver su reflejo; en cuanto se acercó a la orilla ahogó un grito de sorpresa y contempló, atónita, su nuevo aspecto. Su pelaje se había vuelto completamente blanco, como la nieve, en su cuello lucia el collar de su elemento, el de la lealtad, del cual no tenía ni la más mínima idea de cómo había llegado hasta allí. Sus ojos se habían vuelto rojos, un rojo muy intenso, sus alas se habían tornado más grandes de lo habitual y una sola pluma era más grande y larga que tres plumas juntas. La nube de su marca de belleza había pasado de ser blanca a un gris tormenta, pero solo eso, el resto de ella seguía luciendo idéntica. Aunque lo más impresionante y característico era su crin y su cola; centelleaban como el fuego, eran como lenguas de fuego que se mecían lentamente y en una luz multicolor que conseguía alumbrar un radio bastante amplio. Y, evidentemente, era la misma luz que había visto antes.
-Rainbow… ¿Qué te ha pasado?-inquirió su hermana, algo asustada.
-No lo sé, Scoots… pero solo sé una cosa…
-¿El qué?
Rainbow la miró por un momento y al final exclamó.
-¡Que es impresionante! ¡Mírame, me veo genial! ¿No crees? ¡Cómo molo!
Rainbow alzó el vuelo y sus grandes alas resplandecieron, iluminando un poco más la oscura noche.
-Vaya, pareces un ángel…-observó su hermana.
Ninguna de las dos se pudo explicar este hecho, pero a Rainbow le gustó y Scootaloo no puso reparos; volvieron a casa dejando tras de sí un rastro de fuego multicolor que se disolvía en el aire, y a pesar de que la potrilla tocaba su crin, no parecía quemarse de ninguna manera. Esa noche fue como una gran fiesta privada en la que ni los Wonderbolts ni los malos sentimientos existían, solo estaban ellas dos y nada más, acompañadas de una armoniosa felicidad que inundaba cada rincón de la casa. Fue entonces cuando Rainbow lo percibió, su vida ahora estaba completa y se sentía feliz, a pesar de las circunstancias. Tenía a Scootaloo a su lado y con eso le bastaba.
La pequeña pegaso no tardó mucho en caer medio dormida y ella la llevó hasta su cama, donde terminó de dormirse.
-Descansa, mi pequeño rayo de luz… gracias por entrar en mi vida-susurró ella, dándole un beso en la frente.
Cerró la puerta y se dirigió a su habitación, en el baño se miró al espejo y observó su nuevo aspecto, con su crin llameando lentamente; se sonrió a sí misma, sintiéndose la poni más afortunada del mundo.
-Ahora eres un 20% más guay, Dash…-murmuró ella, guiñándose un ojo.
Se fue a la cama enseguida y apagó la luz, pero no sirvió mucho porque la luz que emitía su crin iluminaba toda la estancia, aunque era más tenue que antes; y así, pensando en su futuro, llegó a conciliar el sueño y su llama se apagó.
A varias millas de Ecuestria, un equidna rojo contemplaba la estrellada noche con un deje de preocupación; en ese momento se dio un resplandor azulado y masculló.
-Otra vez…
Se acercó a un altar donde había un total de siete gemas expuestas, una de ellas, la azulada, brillaba intermitentemente; el equidna rojo frunció el ceño, pensando en alguna posibilidad, hasta que al final la gema se apagó.
Bueno, se acerca el punto de inflexión de la trama, al igual que en la primera historia. Espero que os esté gustando, me he esmerado bastante en este capitulo en especial, hasta me ha salido algo que ni siquiera tenia planeado... comentad, dejad reviews (please) y decidme que os ha parecido ¡nos leemos!
