En el gremio de Sabertooth se preguntaban el por qué del comportamiento de su nueva integrante. Todos la habían tenido en un mismo concepto en sus mentes.

Seria, Solitaria, Ingenua, Orgullosa y competitiva. Una persona a la cual no debes hacer enojar bajo ninguna circunstancia, a menos claro que quieras sufrir una muerte dolorosamente lenta. Ninguno se creía la escena que pasaba ante sus ojos, sus mentes no habían estado ni de lejos preparadas para la ocasión. Llevaba ahí un pequeño tiempo y había adquirido cierta reputación por decirlo, "admirable" para los más jóvenes y "solitario" para los demás. Desde que Kira y Jill se unieron a los dragones gemelos, el gremio era más explosivo cada que ellos se presentaban. El choque competitivo entre el Dragon Slayer de luz y la nueva caza dragones oscura hacía colisión cada que los humos se calentaban. Por ahora todos sabían que si estos dos personajes iniciaban una pequeña discusión, era mejor no interponerse de por medio. ¿Por qué? Bien, pregúntenselo al pobre de Olga Nanagia que trató de parar el debate y se ganó un vuelo VIP al cielo. Nadie trató de interrumpir después de eso.

A pesar de todos los rostros de sorpresa y desconcierto, ninguna le ganaba a la que mostraba nuestro proclamado Sting Eucliffe. Él era la víctima de todo este asunto. Desde el día en que Kira dejó de usar su capucha, él no lograba que ella se despegara de su lado. La chica había inhalado el exquisito aroma natural que él desprendía y no quería dejar de olerlo. Una fuerte atracción la tenía atada a ese aroma como si de cadenas se hablasen, el efluvio de cítricos y rayos de luz la hacía sentir en paz y tranquila. La hacía recordar al bosque en que fue criada. Cuando de niña se pasaba sus descansos sentada al pie del mismo árbol y bañarse con los rayos de Sol. Cerrando los ojos y percibiendo cada aroma, cada sonido y vibración de la tierra. No podía ni siquiera creer que no se haya dado cuenta antes de eso. Era algo que no pasaba desapercibido así como así, menos para sus sentidos de dragón.

Ahora se encontraba pegada a su brazo izquierdo como si de un trofeo se tratase. El equipo de Dragon Slayers estaban sentados en una mesa disfrutando de su desayuno… Más bien solo uno no lo hacía. Se podía notar desde millas de distancia el disgusto de cierto rubio, con un plato de comida sin tocar frente a él y con tenedor en mano mostraba una expresión molesta. Una vena saltaba de su frente y trataba de controlar un leve tic facial. ¿Cómo siquiera comería al mismo tiempo que alguien se aferraba a su brazo y lo olfateaba con descaro? Fijó su vista a sus demás compañeros de equipo que trataban de ignorar la escena por un momento. Rogue como siempre mostraba tranquilidad e ignoraba el caso, Lector y Frosch trataban difícilmente de no reírse mientras que Jill parecía estar bastante molesta. Sus ojos azules destellaban como lanzas en dirección a la maga frente a ella. Oh, sí que estaba molesta.

- ¿Cuánto tiempo más piensas estar así? – gruñó Sting por milésima vez. Su respuesta solo fue un gruñido por parte de Kira. Parecía una niña pequeña que no quiere separase de su juguete favorito. Les pareció percibir un pequeño brillo de hambre en sus ojos antes de cerrarlos y volver a aspirar profundamente. Sting suspiró y volvió a pedirle ayuda a sus compañeros.

- Deberían quitármela de encima en lugar de…

- Grrr – se interrumpió por un leve gruñido.

- Whaaaa! – Un punzaso de dolor en su brazo lo hizo exaltarse y alejarlo abruptamente de su lugar. Todos en el gremio lo observaban sorprendidos al percibir los pequeños hilos de sangre sobresaliendo y marcas de colmillos perfectamente formados.

- ¡Kira! – Reprendió la felina al momento. La aludida pasaba tranquilamente su lengua sobre sus labios tratando de borrar el rastro de sangre. - ¿Por qué lo has hecho?

- Quería probar que tal era su sabor. – respondió encogiéndose de hombros – No fue tan bueno como pensé.

- ¡Tú estás loca! – Señaló Sting en acusación. No era ni mucho menos una herida grave, pero sí que había dolido. Debió pensarse mejor el haber invitado a una semi-salvaje a su equipo.

Jill voló hasta Kira y tomándola del brazo la arrastró fuera del gremio. Aún sin tener una pista de lo que pasaba, la maga se dejó guiar por su compañera. ¿Qué querría decirle? Esperaba que no se tratara de esos intentos de volverla más civilizada y le siga reprochando sobre la moral.

- Kira, sabes que eso estuvo mal – Y ahí va. Habían tenido la misma discusión (más bien solo Jill era quien discutía) desde que salieron del bosque hace casi un año.

- ¿Por qué estuvo mal? Solo quería probar si el sabor era bueno – dijo como si nada malo ocurriese.

- No puedes ir por ahí mordiendo a las personas. No entiendo muy bien qué tiene de especial ahora, pero no quiere decir que lo puedas hacer. Tienes que ir a disculparte con Sting-kun

- Tsk – Chasqueó la lengua y desvió la mirada con disgusto. Odiaba disculparse.

- … - La felino adoptó un aspecto entre enojado y divertido. No podía negar que el comportamiento poco civilizado de Kira le hacía reír en el fondo, sin embargo tenía que enseñarle al menos lo básico para no dejar que viva en el bosque desnuda a base de animales a los que le de caza… No de nuevo. – Ve a ofrecerle disculpas ¿Si? – pidió con una sonrisa amable. Sabía que ella tenía una debilidad con los gatos y debía aprovecharla tanto como pueda.

- Que más me queda – suspiró girándose sobre sus talones en dirección al gremio. En realidad no se habían alejado demasiado, solo unos cuantos metros de la puerta del edificio.

Lector ayudaba a Sting a vendarse el brazo, el mago refunfuñaba cosas ininteligibles pero bien podía adivinarse que no eran para nada amables. Los magos pudieron sentir de inmediato un aura peligrosa en la zona. Algo que se estaba acercando. Todos fijaron su vista en la entrada esperando algún indicio de peligro pero lo único que encontraron fue a una chica de cabellos negros con azul caminando hacia ellos con una mirada aterradora. A decir verdad esos ojos no le ayudaban a verse dócil.

Kira hizo el trayecto desde la entrada hasta pararse frente a su compañero que había terminado de vendarse. Él la miraba con recelo esperando hostilidad o algo que iniciara otra discusión o riña. Sus ojos sangre eran tan penetrantes que era difícil apartar la vista, su semblante serio la hacía ver impredecible e impune. La maga se movió un segundo haciendo que Sting se pusiese en posición de ataque, sin embargo, lo desconcertó el ver que tan solo había alzado el brazo para ofrecerle la mano.

- Siento haberte mordido hace un momento. – Unas casi imperceptibles arrugas se le formaron en el entrecejo. Odiaba tener que disculparse cuando solo se dejaba guiar por sus instintos. No entendía lo que estaba remotamente mal.

- Jill –que se encontraba unos pasos detrás- sonreía con orgullo y satisfacción. Casi nunca le resultaba fácil hacer que la morena se disculpase, se trataba de toda una hazaña.

El rubio observó a su compañera con recelo. ¿Se trata de una trampa? Observó durante unos silenciosos segundos la mano extendida frente a él, fijó su vista en los ojos tétricos y frunció un poco el ceño.

Al no mostrar ningún indicio de engaño en ellos, lentamente estiró su brazo bueno para estrechar las manos. Por una milésima de segundo sintió una extraña corriente eléctrica recorrer sus dedos. Se sentía como cuando frotas tus calcetines en la alfombra y tocas a alguien, no sabía si era estática o solo su imaginación. Pero se sentía agradable. Sus hombros se relajaron y una extraña mueca fundida con una media sonrisa surcó su rostro.

- Está bien - Kira curvó la comisura de su labio al escucharlo. Sin que nadie pudiese evitarlo, tiró del brazo de Sting y volvió a enterrar sus finos colmillos en su antebrazo.

El rubio volvía a tener una vena saltando en su frente con una mueca acompañándola.

- ¡Kira! – reprendió Jill con el rostro rojo de enojo. La interpelada fijó su vista en ella como quien no quiere la cosa, encogiéndose de hombros.

- Me he disculpado del anterior, no del de ahora.

Podía verse como más de la mitad del gremio caían de espaldas con gotas de sudor en la frente. Otros reían ante su "lógica" completamente válida y solo uno permanecía callado con un aura blanca emergiendo de él.

- ¡No se quedará así!

Y con ese grito de furia, dio inicio a una pelea entre dos Dragon Slayers. Es completamente notable la diversión que traía el tener nuevos miembros.

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ En Fairy Tail ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

El olor a vainilla y fresa inundaba su fuerte sentido del olfato. Ya hacía días que su cuerpo se encontraba en unos extraños cambios. No sabía el por qué simplemente no quería, o más bien no PODÍA mantenerse lejos de ella. Cada noche permanecía despierto anhelando ese delicado aroma que solo pertenecía a alguien, en los días, agradecía poder inhalar con suavidad su delicioso perfume. Sin embargo, cada minuto y hora se hacía más difícil mantener la distancia, cada noche se dirigía a su acogedora casa tan solo para percibirlo con mayor profundidad. No le parecía suficiente.

Natsu Dragneel. Uno de los magos más famosos en Fary Tail presentaba problemas desconocidos. ¿Qué diablos le estaba pasando? No solo espiaba por las noches a su rubia compañera mientras dormía, sino que también no soportaba el verla cerca de los demás chicos del gremio. Cada que Grey o Elfman le hablaban tenía la inmensa necesidad de gruñir y llevarla lejos. Había veces que trataba de alejarse, suponiendo que era algo pasajero, sin embargo, antes de siquiera saberlo ya se encontraba de camino a su casa o buscándola por todo el gremio.

Hoy era uno de esos días. El pelirosa estaba sentado en una mesa con la mirada ausente, movía la pierna de arriba abajo con impaciencia. El exceed azul comía su pescado de las mañanas mientras lo miraba con extrañeza.

- ¿Pasa algo, Natsu?

- ¿Por qué no ha llegado? – murmuró para sí mismo, sin embargo fue escuchado por el gato.

- ¿A quién esperas? – después de preguntar, Natsu fijó la vista en dirección a las puertas del lugar, su semblante mostrando alivio y cierta felicidad.

- ¡Buenas, chicos! – Saludó una dulce voz proveniente de una linda rubia.

- Hola, Lucy. – saludó de regreso Happy. - ¿Sabes? Natsu está muy raro hoy.

- ¿Eh? – inclinó la cabeza en confusión y miró a su compañero - ¿Sucede algo, Natsu?

El ligero movimiento de cuello había logrado que unos cuantos mechones de cabello se movieran, segundos después el Dragon Slayer pudo sentir la adictiva fragancia. Una extraña calidez y sensación recorrió su espina dorsal, sentía una infinita atracción hacia aquel aroma. ¿Por qué después de tanto tiempo conviviendo nunca lo había sentido? Se levantó abruptamente y caminó con rapidez hacia la barra. Estaba evitando hacer algo estúpido ahí mismo. Sus compañeros que lo veían mostraron expresiones confusas. ¿Qué rayos le sucedía?

A las pocas horas el gremio más fuerte de Fiore estaba en medio de peleas, risas y pláticas. Los magos de siempre eran los protagonistas del ruidoso lío. Lucy, Wendy, Erza, Loke y los exceeds entablaban una trivial plática. El espíritu estelar había aparecido por su cuenta con la excusa de visitar el gremio. Nada se encontraba fuera de lo normal hasta el momento, si no fue hasta que alguien cometió un leve error.

Elfman fue arrojado por alguno de los miembros y justo fue a caer a espaldas de Loke. El peli-naranja perdió el equilibrio cayendo justo encima de la persona que tenía enfrente. Lucy.

Ambos cayeron al suelo estrepitosamente. La rubia emitió un leve grito de sorpresa cuando cayó de espaldas. El espíritu estelar trató de levantarse con una pequeña vena saltando en su frente. Usó su mano como apoyo.

- ¿mmm? – En lugar de sentir el frio tacto del suelo, su mano sentía algo cálido y suave. Miró hacia abajo, primero observando la sonrojada cara de Lucy con sus ojos muy abiertos, bajó más la vista a donde su mano debía estar y no pudo evitar sonrojarse con ligereza. Su mano estaba ubicada encima del pecho de su dueña.

Incluso antes de decir algo o apartarse, una llamarada de fuego lo lanzó lejos. Un gruñido amenazante se escuchó por todo el gremio haciendo que todos callasen. Natsu ahora sostenía a Lucy sobre sus hombros, mirando con amenaza a Loke.

- No te atrevas a tocarla

- ¿N-natsu? – La maga estelar no entendía ni un ápice del comportamiento de su amigo, nunca antes había actuado de esa forma y menos amenazar a uno de sus compañeros.

El peli-rosa salió con Lucy aún sobre su hombro dejando a todos pasmados.

Una de las magas, Levy Mcgarden trataba de asimilar lo que había visto. Ella se había fijado en el extraño comportamiento que su amigo tenía desde hace días. Había estado recopilando y observando sus acciones desde que leyó ese libro. Un libro viejo que había encontrado en la biblioteca antigua de Magnolia, después de leerlo creyó que solo se trataban de cuentos o suposiciones que alguien había escrito, sin embargo, después de ver los "síntomas" y cambios de Natsu pudo darse el lujo de la duda. Se mantuvo vigilando y comparando. Todo lo que se había escrito dentro del texto era cierto. Lo podía corroborar ahora mismo. El libro sobre dragones y sus relaciones era cierto.