Hoy no habría clases. Era un 3 de noviembre, día de la cultura, y como nuestra facultad era dedicada a eso, organizamos una exposición de todo lo que hemos realizado hasta el momento. Obras de arte, pinturas, poemas, esculturas… todo inundaba el patio principal.

Ino hizo una escultura, algo abstracto… ella le gustaba lo raro e inusual. Sai hizo una pintura muy al estilo de la etapa Sengoku, donde los ninjas y todas esas cosas predominaban, tus trazos gruesos lo hacían ver una autentica pintura de esas épocas. Naruto realizó un pequeño documental acerca de la historia de Japón, sonará algo aburrido, pero él, usó su ingenio y quedó de una forma muy entretenida y divertida para el público. Hinata, junto conmigo y algo de cooperación con Ino, preparamos una obra.

–Lo invitaste, ¿verdad? – me dijo Ino emocionada.

–No me quedo de otra, si no lo hacía seguro lo grabarías o algo así.

–De que te preocupas si tú no sales, solo diriges, eso es todo.

–Hmp.

–Creo que se te comienzan a pegar sus "palabras"–rió ante eso.

Y no era de esperar, sus estúpidos monosílabos se me quedaban pegados.

–Bien–se acercó Hinata hacia nosotras– ya todo está en orden, en cinco minutos empezaremos.

Ocupamos todos nuestros lugares, el auditorio está casi lleno, y pude divisar al frente del público a mi serio y atractivo novio. Al parecer aun no me había notado.

Más que una obra eran monólogos. Chicos y chicas con problemas de amor. El guión fue escrito por todos y corregido por Hinata y yo, ya que era nuestra especialidad, también me encargaría de la dirección de la misma, mientras que Ino se encargaría de ajustar el vestuario indicado para cada personalidad que se presentara, desde ricos, pobres, rockeros, entre muchos más, en total eran 15 monólogos con duración de tres a cinco minutos cada uno.

Algunos daban risa, otros te ponían a pensar, y juro que por la mente de varios pasó la idea de "demasiado tarde", "mejor consigue otra pareja", "lucha por tu amor" o "eso si es amor".

Para cerrar con broche de oro, pasó el último monologo, en el cual me reflejaba a mí misma en mi situación actual, claro se cambió de nombre y muchas cosas, no me iba a poner en evidencia, pero el problema era claro, "amor de lejos". Cuando leí ese monologo, me dijeron que yo debería decirlo, pues lo expresaba con tal sentimiento que era muy creíble, pero si Sasuke iba a venir, yo no podría decirlo así como si nada, mis piernas flaquearían y seguramente por el micrófono hubiera gritado cosas demás.

"…Me gustaría saber si sientes lo mismo por mí,

Aun cerca mi partida, traté de hacer mis días los más felices, traté de mostrar mi sonrisa para que la grabaras en tus recuerdos y no te olvidaras de mí…

…Cada quien tiene sus sueños y sus metas, caminos que inevitablemente nos separan, pero aun si estoy lejos de ti, estoy segura que jamás dejare de sentir esto que siento, estoy segura que pese a lo que pase, jamás se desvanecerá este sentimiento…

…Porque hoy, a mis más de 3,000 kilómetros de distancia, este amor se está haciendo más fuerte…"

El auditorio rompió en aplausos cuando se terminaron los monólogos, todos salimos para dar gracias a los espectadores por habernos escuchado, a mí me dieron un ramo de flores –algo exagerado, no había hecho gran cosa– por haber dirigido aquella actuación. De nueva cuanta dimos las gracias y el telón se cerró, todos estaban felices por lo que habíamos realizado. Salimos del escenario para ir a la parte de abajo y reunirnos con nuestros amigos.

–Les ha quedado muy bien chicas–dijo Naruto entusiasmado.

–Ni que lo digas, Sakura se ponía como fiera cada que no lo hacíamos bien– dijo Ino fingiendo tristeza.

–Eso es mentiría– negué.

–Qué tal si vamos a ver lo demás, ya falta poco para que se acabe todo esto–alegó Sai.

Yo iba con Sasuke tomada de la mano, cosa que ya no se hacía rara para mi grupo de amigos, no cuestionaban ni decían nada. Dimos un pequeño tour por la galería improvisada que se hizo en el patio. Ese día no se trabajaba, así que había mucha gente en la universidad. Sasuke y yo nos separamos del grupo, alegando con que iríamos a otro lado, nos bombardearon con miradas picaras y raras.

Maldita sea sus mentes pervertidas.

Me acompañó al salón por mis cosas, el cerró la puerta tras nosotros y se fue acercando a mí, cuando me volteé para tomar camino y salir de ahí, fui prisionera de sus brazos, me sorprendió un poco por lo que había hecho. El silencio invadía aquel salón de clases.

–Creo que yo… también siento lo mismo…–susurró.

Por un momento no sabía a qué se refería, sentí que el abrazo se hacía más fuerte, por un momento sentí mis ojos arder, pero no lloraría ante eso.

–Sasuke… yo.

–No digas nada, no rompas este momento…

Nos separamos un poco y pude ver su mirada llena de pasión, me hacía sentir pequeña, pero a la vez querida y protegida. Me besó lentamente mientras apoyaba sus manos sobre mi cintura y yo dirigía las mías a su cuello. Me sentía tan perdida en el acto. Por mi mente pasó todos aquellos momentos en los que hemos estado juntos, desde la primera vez que lo vi, hasta ahora, todo aquel odio que según sentía por él se iba alejando con cada beso que nos habíamos dado hasta el momento. Antes que no recordaba su nombre, ahora no podía sacarlo de mi mente.

Mordió mi labio suavemente para darle paso a su juguetona lengua y dar paso a una danza sin fin. El beso se tornaba más apasionado, inclusive más de cuando nos encerrábamos en la bodega. Me sentó en la mesa del pupitre y abrí mis piernas para acercarlo más a mí. Sus manos fueron bajando un poco mientras aquel beso se intensificaba más, acariciaba cada parte de mis muslos, mis manos pasaban de su cuello a su espalda y a su cabello de una forma rítmica. Pese a que nos faltaba el aliento aun seguíamos en aquel beso. Uno lleno de sentimientos inexplicables.

Escuchamos ruido y de forma abrupta nos separamos, yo sólo reí ante eso mientras que él me ayudaba a bajar de aquella mesa y desviaba su mirada, logré ver que se había sonrojado un poco.

Salimos del salón y vimos que los ruidos eran de alumnos que también iban a sus salones para tomar sus cosas.

Sasuke me llevó a casa y sin pensarlo dos veces le dije que se quedara. Ordenamos comida y a la media hora nos trajeron nuestro pedido. Ino no llegaría a casa, seguramente iría a la galería para ayudar, puesto que por ser día de la cultura, seguramente tendrían más gente de lo normal. Era bueno trabajar en un dojo.

Nos fuimos a mi habitación, la televisión estaba encendida pero no le hacíamos mucho caso. Platicamos de cosas banales, algunas ocasiones le hacían bromas con su hermano, y decía que era muy lindo y educado, con esto sólo provocaba celos y por arranque me besaba, terminamos en una posición algo indecorosa, él encima de mí, pero sin que yo sintiera su peso. Y como en automático aprisionamos nuestros labios con un beso cargado de pasión y lujuria, mis manos jugaban torpemente con su cabello mientras que las suyas recorrían cada parte de mi cuerpo.

Comenzaba hacer un calor inexplicable, con cada caricia y beso sentía un torrente de lava recorriendo mis venas. Bajó sus labios a mi cuello y con su lengua lamia cada parte del mismo, suspiré un poco ante el acto.

Jamás había sentido algo así, era tan hermoso y lindo, mi mente poco a poco se nublaba mientras que nuestras caricias aumentaban de ritmo. Mis manos ya no eran torpes, ahora tocaban cada parte con firmeza y decisión pero dejando un toque de lujuria y sensualidad sobre él. Una de sus manos se aventuró por debajo de mi blusa hasta llegar a uno de mis senos, sentí un cosquilleo agradable, pero a la vez, una alarma en mi cabeza se activó.

Esto estaba llegando a "ese" punto.

Lo separé un tanto brusca, traté de desviar mi mirada apenada de la suya.

– ¿No quieres hacerlo…?–me dijo.

–No es eso… es que…– mi mirada comenzó a nublarse, traté de reprimir con todas mis fuerzas mis lágrimas.

Él tomó mi cara y posó un pequeño beso que sin duda yo correspondí.

–No va pasar nada que no quieras que pase…

Con esas palabras se tiró a un lado mío y me abrazó con fuerza. Me sentía un poco impotente. Claro que quería hacerlo, claro que quería sentir esa experiencia, lo quería con demencia aunque no se notara. Pero tenía miedo, que tal si no le gustaba, que tal si después de eso él y yo nos separábamos. Además tenía miedo porque sería mi primera vez…

Patético ¿verdad?

Pero a mis veintiún años aún no había vivido esa experiencia, quería entregar lo más valioso a la persona que amaría por el resto de mi vida, una fantasía a la vez estúpida, pero para mí, así es el amor.

3 de noviembre. Sabía que él era el indicado, él que por mucho tiempo había esperado. Pero aún era demasiado pronto, lo sabía, así que es mejor esperar y frenar mi deseo.