Just one look into your eyes
One look and I'm crying
'Cause your so beautiful
Just one kiss and I'm alive
One kiss and I'm ready to die
'Cause you're so beautiful, yeah

Just one touch and I'm on fire
One touch and I'm crying
'Cause you're so beautiful
Just one smile and I'm wild
One smile and I'm ready to die
'Cause you're so beautiful


Capítulo 39

El Error

Beautiful

Para la mañana del sábado Ichigo se despertó tarde, luego de un muy bien merecido sueño, que esperaba cubriera sus desveladas nocturnas con Kokoa de cada día. Había logrado dormir bien esa noche a pesar de su preocupación por no saber dónde estaría Inuyasha, a quien no sintió en toda la noche en ningún sitio cercano. Definitivamente no estaba en esa dimensión.

De todos modos se levantó, se aseó y salió para el edificio principal a tener su desayuno. En el camino y como no podría ser de otra forma, se encontró con Kokoa. Ella lo recibió seguramente con la misma cara de extrañeza que traería él al no saber nada de la gente que les importaba.

—¿Encontraste a Inuyasha?

—No. No pasó la noche en este lugar.

Ni caso tenía preguntarle a ella sobre su hermana ni sobre el resto de esa gente, porque el Ichigo mismo no los había sentido en todo ese tiempo desde que notaran sus ausencias. Ambos sabían que, aunque Inuyasha no se llevara de lo mejor con Moka y posiblemente con las otras, sus ausencias juntas no podrían significar nada bueno. Como ya habían comprobado, tanto él como Moka eran bien capaces de trabajar juntos a pesar de que se llevaran como perros y gatos, pero quizás fuera mejor no estirar demasiado esa delgada línea.

—¿No te preocupa? —de todas formas, Kokoa quería saber lo que Ichigo pensaba al respecto, mientras ambos caminaban hacia el edificio principal.

—La verdad no —fue la casi sincera respuesta de Ichigo—. Ése loco es bien capaz de cuidarse solo.

—Sí —coincidió Kokoa—. Debería estar preocupada por Moka-oneesama, pero estoy segura que… o más bien no.

No pudieron evitar una sonrisa que les duró hasta que llegaron al comedor y terminaran su café, que ahora ambos se tomaban junto al resto de su desayuno. Al menos mirarse las caras el uno al otro, mientras el resto de los estudiantes iban y venían y hablasen o no de ellos, les ayudaba a no preocuparse demasiado pos sus respectivos rompederos de cabeza. Al menos en caso de Ichigo, si dejaba a Inuyasha solo en una época o sitio que estaban a quinientos años de sentido común a él, las consecuencias podrían ser catastróficas.

Al terminar su desayuno salieron de vuelta a los terrenos. Los días perdían más y más su calor de verano y en algún punto en unas semanas ya no invitarían a quedarse fuera, pero por ese entonces no había nada mejor. Su visita a Necrópolis y el entrenamiento de Kokoa no sería hasta en la noche, por tanto la mejor manera de pasar el tiempo allí sería estar afuera. Era en momentos como ese en que Kokoa se preguntaba si estuvo bien haber rechazado simbólicamente el volver al Club de Periodismo, ya que al fin y al cabo su hermana y los demás la querían bien, y ahora que se habían tranquilizado con sus sospechas hacia Ichigo la verdad era que lamentaba un poco haber hecho las cosas tan abruptamente.

—¿Te pasa algo?

Ichigo era ahora un experto en descifrar las expresiones de Kokoa, y en ese momento algo en ella le decía de conflictos internos elementales. Lo podía decir sólo al ver su forma de caminar y su rostro de perfil.

—Estaba pensando que tal vez no debí apresurarme en dejar el Club de Periodismo —dejó ir Kokoa sencillamente. Le era muy fácil ser sincera con Ichigo, aunque el rojo en sus mejillas no desapareciese así como así al hacerlo.

—Hum… —pero a Ichigo esa afirmación lo atrapó en curva—. Quizá no debiste. Así tal vez tendrías mejores cosas qué hacer que estar simplemente dando un paseo por sitios más que conocidos sin nada mejor qué hacer.

—¡No! —Kokoa interpretó bien la incomodidad de Ichigo cuando la vio—. ¡No es que esté aburrida ni que no quiera estar todo el tiempo contigo! —notó lo que dijo y se sonrojó aún más, maldiciendo su honestidad. Hizo un gran esfuerzo por recomponerse y seguir hablando, ignorando su rubor propio y el de Ichigo que la miraba estoico—. Sólo que creo que los dos tendríamos ahora algo qué hacer, pues estoy segura que ellos también te amarían si te conocieran…

—Wow. ¿Eso crees?

Les era muy difícil no mirar a otro lado y más aún mantenerse las miradas sin pestañear, sonreír o echarse a llorar. Kokoa se tropezaba con frecuencia al caminar, mientras que él, divertido y acalorado, Ichigo la ayudaba a mantener la compostura y la estabilidad sólo agarrándola del brazo de rato en rato. La verdad era que no le importaba no estar en otra parte con algo mejor que hacer.

Pero esa sensación de calma no evitó que Ichigo sintiera de pronto la horda de presencias que entraron de pronto al radio de su percepción. Era malísimo y siempre lo fue con lo de sentir y controlar energías, pero tuvo que mejorar en ese campo a la mala al estar con Kokoa. Le había costado mucho, pero ahora era mejor que antes en la materia y por eso pudo sentir, en vez del retorno de Inuyasha, la aparición de un montón de energías desde la entrada a la dimensión donde sabía que se iba al túnel. Eran rápidos, tanto que no parecían estar caminando. Estaban todos juntos, como apretados en lo que sea que los estuviera transportando. Ichigo soltó a Kokoa y ella lo miró extrañada mientras su burbuja imaginaria se rompía.

—¿Qué sucede?

—Vienen…

—¿Moka-oneesama e Inuyasha?

—No.

Parados ahora en medio de la arboleda muerta, Ichigo y Kokoa se acercaron al camino principal, por donde de seguro venía esa comitiva de Youkais. No parecían agresivos según Ichigo podía sentir, pero eso no evitó que mantuviera a Kokoa tan cerca de él como fuera posible.

Al fin pudieron distinguir a los que venían. Eran varias camionetas con gente dentro, Youkais desde luego. La primera camioneta pasó junto a Ichigo y Kokoa en dirección a la academia y todos sus ocupantes los miraron al pasar. Pasaron una y otra camioneta más y cuando la cuarta estuvo cerca, esta se detuvo y tras ella las otras dos que venían detrás. Kokoa se agarró a la túnica negra de Ichigo cuando una de las puertas se abrió y las siluetas negras de adentro comenzaron a moverse para salir. Primero salió un hombre, Youkai obvio en forma humana, que vestía de traje y que más parecía un guardaespaldas. Detrás de él salió una hermosa chica de cabello largo y rubio claro y piel morena, ataviada en un vestido blanco de una pieza sin mangas y largo hasta los tobillos, y con aberturas casi desde el nacimiento de los morenos muslos.

—Kokoa… qué linda te has puesto…

Kokoa se soltó un poco de Ichigo al tiempo que veía las lágrimas de alegría en los ojos de su hermana mayor y mientras los tres vehículos que los adelantaron se detenían al ver que el vehículo principal se detuvo tras ellos.

—Kahlua… onee-sama…

Ichigo estaba aturdido. ¿Esa belleza morena era hermana de Kokoa? Esa piel tan bonita no podía ser bronceada. ¿Sería su media hermana o algo así? Ambas parecían querer acortar las distancias, pero Kokoa como siempre no podía por su inseguridad y la otra tampoco daba el paso para alejarse de la puerta del coche y abrazar a su hermana pequeña.

—¡Muévete ya!

Kokoa se volvió a agarrar con más fuerza a Ichigo, y esta vez lo hizo a su brazo directamente, apretándolo con fuerza al oír la segunda voz de adentro. En cuanto Kahlua se apartó, del interior del vehículo salió otra hermosa chica de apariencia pequeña y cabello negro. Salía con los ojos cerrados en un ademán de intriga y expectación. Vestía una blusa morada y por encima la cubría una capa negra. También una falda corta, roja a cuadros y botas de cuero. Se paró junto a Kahlua y abrió los ojos para ver a Kokoa y su acompañante. Sus ojos eran de pupilas rojas, muy parecidos a los de Moka, y brillaban al ver a Kokoa otra vez.

—Akua-neesama.

¿Otra más? Ichigo no recordaba haber oído de ninguna reunión familiar de la familia de Kokoa: los Shuzen. Kokoa siempre sacaba pecho cuando hablaba algo de ella, su familia y sus tres hermanas. Ahora Ichigo podía ver a las otras dos completando el cuarteto, aunque la menor del medio todavía faltase.

—¿Dónde está Moka?

Ichigo alzó una ceja. La tal Akua parecía estar contenta de ver a Kokoa, pero lo primero que hizo fue preguntar por Moka.

—Moka-oneesama está… no está en la academia.

—¿Ah no?

Akua dejó de mirar a Kokoa para centrar su atención en Ichigo, al igual que Kahlua. De los vehículos salieron el resto de los Youkais vestidos de negro que escoltaban a las dos chicas, rodeando a Ichigo y Kokoa como sin querer la cosa. Ichigo sintió algo de bronca al recordar que Naraku tenía gente parecida, pero se contuvo al recordar que los de Naraku traían metralletas fusionadas con sus miembros y cosas peores.

—Dime Kokoa. ¿Quién es este… lindo chico? —le pidió Kahlua, mirando a Ichigo de arriba abajo.

—Él es Ichigo —respondió Kokoa mansamente—. Me está ayudando a entrenar.

Aiya —Akua posó su codo derecho en su brazo izquierdo flexionado y con su mano derecha se agarró la barbilla en gesto de ligera duda—. ¿Para qué necesitas entrenar ahora?

—Pues yo…

—Así es querida —dijo también Kahlua, mirando a Kokoa comprensiva—. Ya eres bastante fuertecita.

—Pero yo…

—¿Cómo te llamas, chico? —le preguntó Akua a Ichigo, acercándose más a ellos.

—Kurosaki Ichigo —le respondió Ichigo con firmeza—. Shinigami.

—Eso se puede ver —observó Kahlua al mirarlo—. ¿Qué hace un Shinigami en esta dimensión? Aquí no hay hollows.

—Vine a… estudiar…

—¿Y todos tus siglos de vida no te han bastado para ello? —le inquirió Akua, acercándose más.

—Tengo diecinueve años.

—Sorprendente.

Akua bajó los brazos y alzó uno de ellos desde abajo contra Ichigo, que apartó a Kokoa para alejarla del peligro y se hizo atrás para evitar la letal trayectoria del brazo de Akua en su pecho. Kokoa dio un gritito de sorpresa y reproche, mientras Kahlua la agarraba y la sujetaba por los brazos por detrás y los tipos de negro se ponían en posición de combate contra Ichigo.

—¿Otra vez? Ustedes hermanas son muy cansinas…

Ichigo los miró a todos, molesto. Pero su mirada se suavizó cuando miró a Kokoa y su expresión suplicante: "No les hagas daño". Ichigo suspiró. Eso sería muy difícil.


Mientras Inuyasha se debatía entre mandarlos a todos al diablo y subirse al techo del bus mientras avanzaban en plena mañana por la ciudad, estaba sentado como un perro de verdad junto al conductor, apenas sintiendo a dónde iba y sin atreverse a mirar atrás, donde sabía que tenía varios pares de ojos escrutándolo de rato en rato.

Impensable le era la actitud de Tessaiga. Si había necesitado a Tenseiga para poder viajar por el tiempo sin usar el pozo de su época, como Inuyasha no era de pensar mucho no había previsto que traería consigo semejante poder. La figura de Akasha Bloodriver suspendida en el aire y regenerando su cuerpo en medio de ese lugar, aun flotaba en su mente. ¿Sería por eso por lo que Sesshomaru nunca usaba a Tenseiga en su tiempo? ¿Era porque tal poder era demasiado para cualquier mortal? Inuyasha se tuvo que replantear el pensamiento porque estaba seguro que Sesshomaru no usaba a Tenseiga por egoísta.

—Chico… Eso que hiciste es… impresionante.

El conductor trataba de hacerle conversación a Inuyasha, y él sopesó el excusarse diciendo algo como que él no había hecho nada, pero decir eso era demasiado cobarde y él no era uno. Todo el rollo era su responsabilidad ahora y lo que ocurriera en adelante lo debería presenciar y asumir, aunque no se lo hubiera imaginado jamás. Él había llegado a las vidas de esos mocosos y ahora la madre de una de ellos estaba allí cuando ya no se suponía que lo estuviese, para felicidad o desgracia de los implicados.

—Es increíble que la legendaria espada sanadora esté aquí.

—¿Te parece?

Ni siquiera tenía ánimos de ser mordaz. Se animó a mirar atrás y con lentitud giró la cabeza cuando pasaban por una calle llena de personas yendo y viniendo y autos sonando y bocinando. Ninguno de los chicos pegaba ojo, sino que miraba a la Moka normal y a la Moka de rosada cabellera, ambas todavía durmiendo cubiertas y arropadas por las ensangrentadas ropas de Inuyasha. Lo de Moka no podía culparse, pues había sido poseída por un ángel maligno que por poco acaba con su existencia, y tenerla con ellos y saber que estaba bien y a salvo era un alivio, incluso para Inuyasha, quien sentía que lo mejor de tan desastroso viaje había sido eso. Dormir podía ser un remanso entre tanto tren de pensamientos, e Inuyasha la envidiaba al querer dormir él.

Maldiciendo, Inuyasha se levantó otra vez, consciente que todos dejaban de mirar momentáneamente a las dos vampiresas para mirarlo a él y qué haría. Pero Inuyasha sólo se tumbó en dos asientos detrás del conductor, puso las manos debajo de la cabeza y cerró los ojos, seguro de que ya no podría dormir ni en un millón de años aunque quisiera.


Ichigo pudo sentir la intención asesina de Akua cuando lo atacó, y a pesar de ser enormemente más rápido que ella, tuvo que contenerse incluso en ese momento por Kokoa. Algo tenía el brazo y la mano de Akua para causarle más de un problema si acaso llegaba a tocarlo. Y como estaba siempre conteniéndose para no incomodar a Kokoa le sería aún más problemático lidiar con ellos "sin lastimarlos".

—Dime Shinigami. ¿Cuáles son tus intenciones? —inquirió Akua, mientras Kokoa trataba de zafarse de Kahlua.

—Por favor, Akua-oneesama —pidió Kokoa con respeto y desesperación—. Ichigo sólo está ayudándome.

—¿Y bien? Aiya…

Akua sintió el chispazo de enojo que Ichigo logró contener a tiempo, y una tremenda pulsación de energía. ¿Qué era ese Shinigami? Akua sabía que eran remarcablemente poderosos, pero este definitivamente era algo más. ¿Qué escondía? Akua se dio vuelta y miró a Kokoa y con lentitud de vuelta a Ichigo. Tal vez pudiese matar dos pájaros de un tiro…

Akua se dio vuelta, ignorando la sorpresa en Ichigo, y corrió hacia Kokoa todavía sujetada por Kahlua,, con una mano extendida dirigida a su pecho. Pero antes que pudiera llegar a las espantadas Kokoa y Kahlua, una mano apareció de la nada y la agarró por detrás del cuello para estamparla bruscamente en el suelo haciéndolo temblar. Sumado a eso sintió que el aire se presurizaba a su alrededor, básicamente dejándola sin respiración en los aplastados pulmones, al tiempo que veía las lindas piernas morenas de Kahlua doblarse y hacerla caer sin Kokoa, y tendiéndola frente a ella.

—Ustedes son de verdad molestas —pronunció Ichigo, sujetando posesivamente a Kokoa contra sí, que definitivamente se veía mejor que ellas y el resto de su comitiva, ya que todos estaban arrodillados o tendidos en el suelo directamente por la potencia en el mismo aire que los empujaba hacia abajo—. Su hermana era igual. ¿Por qué no pueden entender las cosas a la primera que se les explica?

—Esto es impresionante —dijo Akua, levantándose con dificultad en medio del distorsionado ambiente—. Así que este es el reiatsu. Muy impresionante de verdad.

—Tu…

Ichigo estaba sorprendido. La cantidad de reiatsu era considerable para neutralizar a los demás, pero la resistencia de esa mujer era lo impresionante para él. Kahlua también se movía, tratando de incorporarse en medio del estropicio.

—Ichigo, por favor déjalas —le suplicó Kokoa, mirándolo con ojos brillantes—. Ellas sólo estaban probándonos.

—¿Qué?

Ante la petición de Kokoa, Ichigo levantó su reiatsu y todos pudieron respirar. Los que no habían resistido estaban desmayados y regados por el terreno.

—¿Cómo que probando? ¿Quién te pone a prueba matándote? —le preguntó Ichigo a Kokoa agarrándola por uno de sus hombros. A pesar de su pregunta, se le venían un par de rostros a la mente, con recuerdos bastante vívidos como ejemplos.

—Hiciste lo mejor, querido —le dijo Kahlua respirando mejor, mientras Akua se sacudía la falda ante ellos—. No mataste a mi hermana, y la manera en que reaccionaste cuando viste que atacaba a Kokoa… Es un alivio…

Ichigo seguía confundido con las palabras de Kahlua.

—Entonces…

—Ya no importa —dijo Akua incorporándose—. Lo que sí importa es que sabemos que estás de nuestro lado. ¿Dónde está el otro?

—¿Cuál otro?

—El Hanyou cosplayer.

Lo sabían todo. Akua y Kahlua habían venido hasta la academia sabiendo que se encontrarían a Ichigo e Inuyasha allí. Era lo que Ichigo podía deducir por la información que ellas manejaban.

—¿Quién les habló de nosotros?

—A pesar que ahora este lugar esté básicamente en manos de Tsukune-san —explicó Kahlua amablemente—. Los adultos aún tienen algo de control también. Hay profesores aquí, ¿sabes?

—Joder.

—¿Pero en qué puedes estar ayudando a mi pequeña hermanita? —preguntó Akua, dando vueltas alrededor de Ichigo y Kokoa, que dio un respingo—. Yo creo que ustedes ya pasaron el punto de no retorno hace rato.

—¡No digas tonterías, Akua-oneesama! —exclamó Kokoa, roja de pena mientras Ichigo se rascaba la cabeza confundido y Akua y Kahlua se reían.

—Aiya. Eres muy tierna cuando te pones así —le dijo Akua a Kokoa guiñándole un ojo. Luego dijo más seriamente—. ¿En serio Moka no está aquí?

—Ya te dije que no.

—Qué mala suerte.

—¿A qué han venido? —les preguntó Kokoa, algo más en confianza con sus hermanas y con un decidido tono de reproche por las burlas.

—A ver quiénes son estos dos visitantes repentinos —explicó Akua, volviendo a mirar a Ichigo—. No es común que aparezcan de la nada un Shinigami y un Hanyou en un sitio donde hasta hace poco sólo los Youkai tenían cabida.

—Moka-oneesama decía algo parecido —se lamentó Kokoa moviendo la cabeza.

—¿En serio? ¡Por eso es que la amo tanto!

—Y luego de comprobar que no son un problema, ¿qué harán después?—siguió preguntando Kokoa, ignorando a Akua y su amor por Moka.

—¿Qué no son un problema? Aiya. Claro que lo son, Kokoa-chan.

—¿Por qué?

—Porque nos informaron que estos dos encantadores invasores estuvieron implicados en los incidentes en Tokyo de hace días —Kokoa e Ichigo maldijeron en silencio al escuchar las palabras de Akua—. Y al poco tiempo están aquí esperando que todo les vaya de perlas. Pudo ser —añadió sonriente, mirando a Ichigo—, mientras ustedes dos no estuvieran en este lugar con Tsukune.

Ichigo suspiró.

—La verdad es que sí —se decidió a hacer lo que no hizo con Moka y sus amigos por seguridad, pero llegados a ese punto ya no importaba—. Inuyasha y yo perseguimos a dos fugitivos que son muy problemáticos y letales, y un peligro a donde quiera que vayan. Tenemos indicios que este puede ser su siguiente destino. Por eso vinimos a interceptarlos antes de que ocasionen algún mal.

—¿Dijiste Inuyasha? —preguntó Kahlua, riendo un poco por los jóvenes de entonces y sus ocurrencias— ¿El Hanyou cosplayer se hace llamar Inuyasha?

—Él es Inuyasha. El InuYasha —les dijo Kokoa antes que Ichigo se molestara en explicarlo.

—Pero el informe dice que el Hanyou es joven —dijo Kahlua mirando atrás a su sequito de trajeados—. ¿Cómo es posible que Inuyasha esté en esta época?

—Él vino de hace quinientos años —explicó Ichigo—. Allí fue donde lo conocí y de donde vinimos persiguiendo a Naraku. ¿También han oído de él, no? —les preguntó al ver en sus expresiones algo de comprensión y duda por los tiempos que manejaba Ichigo—. A Naraku y a otro más. Un Shinigami renegado.

—¿A quién?

—Aizen Sousuke.

—Bueno. Ya comprobamos las palabras de Nurarihyon —dijo Akua suspirando para sorpresa y otra vez irritación de Ichigo, y ella lo notó—. Oh sí. Dado que muchas de esas cosas sucedieron en las cercanías de Ukiyoe Town, pues fuimos en persona a ver qué sucedió.

—¿Era necesario tanto teatro para poder comprobarlo? —las cuestionó Ichigo irritado, pensando en lo que les habían hecho pasar a él y Kokoa.

—Claro que sí —le respondió Akua con naturalidad y cinismo—. Pero gracias a eso casi podemos dejar nuestras espaldas descubiertas contigo cerca.

—Mierda…

Akua sonrió y su sonrisa contagió a Kokoa y a Kahlua, hasta que Ichigo no pudo sino dejarse llevar por ellas.

—Bueno… Ahora a ver dónde se fue mi querida Moka. Aunque creo que ya sé…

Ichigo estaba a punto de preguntarle a Akua dónde creía que estaba Moka, porque a lo mejor allí también estaría Inuyasha, cuando lo sintió otra vez. Un montón de presencias, conocidas esta vez, entraban desde donde debería estar el túnel, en el borde de los límites de la academia.


—Ya casi llegamos —le anunció el conductor a Inuyasha y a todos los que estaban detrás velando por Moka y Akasha.

—Estupendo —dijo Inuyasha sin ganas y con sueño, pero sin pegar ojo a pesar de haber estado recostado en los asientos durante casi todo el viaje de regreso, ni tampoco había visto nada por la ventana que tenía a un lado de su cabeza mientras Tokyo y todo lo demás pasaba rápidamente por allí. Los olores a los que se había acostumbrado le eran imperecederos ahora, y en especial los dos que se parecían mucho y que tenían mezclada su propia sangre en ellos. Oía murmullos desde los asientos de atrás, pero no se esforzaba por entender de qué hablaban. Tampoco tenía idea del tiempo que pasó en esa posición ni cuándo terminaría, pero al menos el conductor le había dicho que pronto.

Muy pronto sintió a Ichigo y Kokoa cerca, pues seguro que ya salían del túnel y entraban en los terrenos de la academia hacia el bosque de árboles muertos. Realmente no podía esperar para treparse a su árbol y con suerte allí sí podría dormir…

—Ay, mi Dios.

El conductor se levantó de su asiento luego de detener el bus, e Inuyasha se quedó extrañado pues no era posible que ya hubieran llegado al edificio que era donde debía dejarlos. A lo mejor tuviera que ver con las energías que sentía junto a las conocidas de Ichigo y Kokoa, que estaban nada más salir afuera al bosque.

Inuyasha se levantó y efectivamente por la ventana pudo ver que Ichigo estaba con Kokoa, tan cercanos como siempre. Y rodeados por un montón de tipos vestidos de negro…


Ichigo estaba aliviado al ver que el bus regresaba y, como Akua había mencionado, las energías de Moka e Inuyasha estaban allí. Esperó junto a Kokoa pacientemente a que el conductor los viera y se detuviera cerca para hacer los reconocimientos que exigían las dos hermanas mayores.

Pero su decepción inicial se convirtió en exasperación cuando del bus detenido Inuyasha saltó desde adentro, rompiendo el techo de metal con su torso desnudo, con dos terribles heridas en el cuerpo y ensangrentado por completo. ¿Qué diablos hacía ese imbécil?

—¡Bastardos! ¡¿Dónde está Naraku?!

—¡Inuyasha, no!

Ante las sorprendidas miradas de Akua y Kahlua, Inuyasha se acercó al primer tipo que las estaba escoltando y lo estrelló contra el suelo sin miramientos. Alterados por ello, el resto de los trajeados de la comitiva atacó a Inuyasha a la vez, pero él se deshacía de ellos con facilidad y movimientos molestos. En su bronca los mandaba a abrir grietas en el suelo, romper árboles y abollar los vehículos en los que se estrellaban al ser arrojados como trapos. Akua y Kahlua adoptaron una irritada pose de combate para embestir al loco Hanyou, pues habían notado sus rasgos característicos.

—¡Inuyasha!

Ichigo estaba a punto de intervenir cuando escuchó las voces de Kurumu y Mizore, que salieron preocupadas por las ventanas de la parte de atrás del bus, y dentro poco se podía distinguir por la cantidad de personas agolpadas cerca en los asientos. Sin embargo las dos chicas salieron a apoyar a Inuyasha.

—¡Ya van a ver!

Kurumu desplegó sus alas y sus garras crecieron peligrosamente, y la mañana se hizo más fría cuando Mizore casi los congeló a todos con su presencia. Inuyasha sonrió al sentirlas apoyándolo, listo para seguir, hasta que el puño de Kokoa y el de Ichigo lo estamparon a él en el suelo de tierra, y lo hundieron en ella de cara.

—¡Estúpido! ¡Nunca piensas antes de actuar!

—¡Mira lo que hiciste! ¡Mis hermanas van a matarnos!

—¡Esos imbéciles trabajan para Naraku! ¡Déjenme ir!

Akua y Kahlua no se habían movido a pesar de su deseo inicial de neutralizar al Hanyou, por la explicita mirada que Kokoa e Ichigo les dieron. A su pregunta sin palabras de '¿Es este?' la respuesta no verbal de los dos tortolos fue: 'Desgraciadamente sí'.

—¡Ichigo, bastardo! ¡Como me levante…!

—No lo hagas, entonces. Y no trabajan para Naraku, tarado. Sólo visten igual…

Ichigo le propinó otro golpe que tendió a Inuyasha en el suelo y lo hundió unos centímetros. A pesar de lo grave en sus acciones, seguía siendo bastante cómico verlos a ambos reñir: el uno en el suelo y el otro exasperado delante de él.

—¿Tú eres Inuyasha, querido? —le preguntó Kahlua acercándose y parándose ante Inuyasha tendido en el suelo.

—¿Quién diablos eres tú?

—Ara. Eres muy agresivo.

—Eso se arregla fácilmente —dijo Akua acercándose también y acuclillándose frente a él e Ichigo, que sostenía a Inuyasha contra el suelo con un pie encima de él para no dejarlo levantarse.

—¡Sólo inténtenlo, brujas!

—Esa palabra puede resultar muy peyorativa a veces —observó Ruby bajándose del bus. Se notaba que acababa de pasar un gran susto al ver las acciones de Inuyasha y la pelea, o más bien paliza, que siguió cuando salió del bus.

—¡No lo digo por ti! ¡Tú eres una bruja muy buena!

—Aiya. A pesar de ser un claro idiota, puedes resultar muy galante —observó Akua al ver que Ruby se quedaba sin palabras con qué contratacar.

—Es más idiota que galante, no lo dudes —afirmó Moka, bajando del bus con lentitud y algo de torpeza.

—¡Moka! ¡Quería verte tanto!

Akua se abalanzó sobre Moka, e Ichigo pudo notar que Inuyasha se tensó al notarlo. Debió notar que Akua no tenía malas intenciones, porque no lo arrojó al intentar levantarse, sino que se quedó ahí tumbado para ver el reencuentro como todos los demás.

—Akua-neesama…

—¡Moka, Moka! ¡Sigues tan hermosa! —exclamó Akua, feliz apretando a Moka y hasta casi besándola de emoción. Se separó un poco junto a la puerta del bus para ver a Moka bien—. ¿Es esta una nueva moda, amor? —observó al ver que Moka sólo estaba cubierta por una ensangrentada túnica roja con sangre que gracias a Dios no era suya—. No te digo que no me guste… —añadió sonrojándose y tratando de ignorar el seductor olor de la sangre en ella.

—Ay… verás…

Moka miró a Inuyasha tendido en el suelo y desvió la mirada molesta y conflictuada.

—¿Este lindo Hanyou tiene algo que ver? —preguntó Kahlua con su carácter infantil de siempre, acuclillándose para jalarle las orejas a Inuyasha con suavidad.

—Algo así… —reconoció Moka, roja y mirando a otro lado—. Kahlua-neesama también. Hay algo más…

—¡Qué hiciste esta vez, estúpido!

—¡Nada, demonios!

Ichigo y Kokoa molieron a Inuyasha a golpes, haciendo que Kahlua lo soltara y los mirara confundida y divertida. A su alrededor sus subordinados apaleados por Inuyasha no se movían del suelo.

—Tranquilos Ichigo-kun, Kokoa-chan —les instó Tsukune bajando solícito del bus y acercándose a Moka para ayudarla, aunque Akua la cargaría si no fuera más bajita que ella. Todos notaron que uno de sus brazos estaba severamente lastimado.

—¿Qué hiciste ahora-desuka? —le preguntó Yukari a Inuyasha, bajándose del bus con Gin y Fanfan y luego acuclillándose para verlo de cerca. Mientras tanto Akua miró a los otros dos y se le paró el corazón.

Ambos traían, el uno en brazos tratando de no mirarla y el otro con toda la mejor intención de ayudar y no dejarlo propasarse con ella, a una mujer a cuestas y vestida sólo con una túnica amarilla manchada en sangre. Era la misma sangre que la túnica que Moka traía y que había manado de las heridas tan severas que tenía el Hanyou. Pero lo que casi hizo que Akua se desmayara, era que traían a otra Moka. El rostro igual, pero con un cabello que… era imposible.

—¿Qué clase de broma es esta?

Akua agarró a Moka con firmeza, y la alejó de la puerta del bus de un salto, desconfiada de repente. Gin y Fanfan salieron del bus para depositar a Akasha en una camilla flotante que Yukari y Ruby conjuraron de la nada.

—Akua-neesama, ella es…

—Onee-sama… —musitó Kokoa, tan sorprendida como Kahlua y Akua y con los ojos muy abiertos por la impresión. Ichigo estaba muy confundido por cómo estaban sucediendo las cosas y quería saber quién sería la chica que ahora dormía en la camilla. Oyó a Inuyasha suspirar debajo de su pie y se lo retiró para dejarlo levantarse. Seguro tenía algo qué decir al respecto.

—Así es… Akua-neesama —le confirmó Moka, agarrándole una manga a Akua, que retrocedió agitada—. Es mi madre.

—¿Cómo…?

—Este idiota la revivió —intervino Kurumu más calmada al ver que no atacaron a Inuyasha y parada junto a Mizore señalándolo casualmente.

—¡Oye!

—¿Y no es la verdad?

—Pero… debe haber mejores formas de explicarlo…

—¿Vas a ser tú quien me dé lecciones de tacto? —ironizó Kurumu, sintiéndose satisfecha con la mirada exasperada de Inuyasha en ella.

—Anoche… fuimos a ver algo que estaba afectando a la gente que el ministro de defensa dejó para investigar el sitio donde peleamos con Alucard —explicó Moka, mirando a Akua y luego a Kahlua. Ichigo miró a Inuyasha y este le confirmó con un gesto las palabras de Moka—. Allí ellos cavaron un hueco enorme en la tierra y descendimos para ver lo que ocurría…

Ella estaba omitiendo ciertos detalles, como el hecho que Inuyasha lo había hecho casi todo, movido por su impaciencia e impetuosidad.

—Abajo descendimos aún más, hasta dentro de un lago subterráneo en el fondo del agujero. En las profundidades estaba el origen del problema. Era…

Moka calló, al no saber exactamente lo que la había poseído. Miró a Inuyasha expectante, esperando respuestas.

—Yo había estado siguiendo el rastro que Tessaiga me marcaba —siguió contando él—. Estaba reaccionando a la energía de… Afra, creo que se llamaba esa cosa. Y también a la cruz que Tsukune tenía consigo.

Todos miraron a Tsukune, que asintió.

—Una vez tuve en mis manos esa cruz nadé con ella hasta el fondo del lago donde estaba Afra. El bastardo nos dijo después que era un ángel condenado a permanecer allí desde hace miles de años o algo así —al oír que Inuyasha decía eso, Ichigo buscó la mirada de Kokoa y al mirarse ambos supieron que pensaban lo mismo—. El muy maldito había logrado atrapar el alma de esa mujer —Inuyasha señaló a Akasha, dormida en la camilla—, antes que ella pudiera partir bien al otro mundo.

El silencio sólo lo cortaba una ligera brisa. Todos estaban sobrecogidos con la idea de perder el camino así por el capricho de otro y tremendamente shockeados al pensar que Akasha pudo no haberlo logrado.

—Y… poseyó a Moka cuando ella tocó esa cruz —Inuyasha señaló la cruz que colgaba del cuello de Akasha— que yo clavé donde sentía que fluía la energía de ese bastardo.

—¿Por qué hiciste eso? —le preguntó Ichigo exasperado.

—Supuse que así podría erradicar el problema antes que se convirtiera en el lio de después —explicó Inuyasha sin alterarse, demostrando así que se sentía responsable de lo ocurrido—. No quise lastimarla… —añadió mirando a Moka, todavía entre los brazos de Akua—. En serio que no…

Nadie podía culparlo más. Porque no era común ni bueno verlo tan movido por algo.

—Yo perdí la noción de las cosas —siguió contando Moka, luego de mirarlo a él por un rato—. No puedo recordar nada, porque en un momento estaba en el fondo del lago hablando con Inuyasha y al siguiente seguí hablando con él pero afuera del agua.

—Esa cosa la poseyó y armó un gran problema ahí abajo —explicó Mizore, que ahora parecía más parlanchina—. En un punto todos la atacamos, pero no podíamos con ella. E Inuyasha tampoco la atacaba con todo por temor a lastimar a Moka.

—¡Keh!

—Ese ser que poseyó a Moka nos derrotó a todos. Y al final cuando parecía que hasta había derrotado a Inuyasha porque lo lastimó mucho —siguió contando Tsukune y en ese momento Moka miró la túnica roja que la cubría, la prenda amarilla que cubría a Akasha, y las heridas en el cuerpo de Inuyasha. Apretó la tela con pesar y remordimiento al ver lo terrible de las heridas, que se veían graves, que le había infringido a Inuyasha—, su espada reaccionó otra vez. Me dijeron que tiene una espada legendaria forjada en su interior.

—¿Tenseiga? —quiso saber Ichigo mirando a Inuyasha al reconocer la situación.

—Sí —siguió Inuyasha—. Tenseiga fue quien pudo derrotar a Afra al final. Pude separar a Moka de Afra gracias a Tessaiga y luego la destruí con el poder de Tenseiga.

»Cuando ya nos íbamos de allí, Tessaiga reaccionó de nuevo y me guio a los restos de la cruz de Moka, que habían quedado destruidos por culpa de Afra. Sólo… agité a Tessaiga sobre ellos y al restaurarse, también restauró el cuerpo de esa mujer que llaman Akasha.

—Pero…

Luego que Inuyasha terminó, Akua soltó a Moka con suavidad y se acercó a Akasha sobre la improvisada camilla.

—Esto debe ser un sueño.

Moka se le acercó por detrás y la abrazó por los hombros. No era muy afecta a demostrar sentimientos así, y además siempre había sido un poco incómodo estar con Akua debido a su cariño por ella, por Moka. Pero ahora, al haber pasado todo el camino de regreso cara a cara con su madre, Moka veía las cosas desde otra perspectiva y ni siquiera lo sabía.

Kahlua y Kokoa se les acercaron también y se aferraron a ellas en el momento familiar. Las cuatro se quedaron abrazadas, mirando a la mujer tan parecida a Moka y que dormía plácidamente, sin creérselo todavía. Esa situación planteaba muchísimos y futuros dilemas, pero Akua decidió apartarlos mientras sentía a sus queridas hermanas junto a ella rodeando a la legendaria líder de la familia y de los tres señores oscuros.

—Issa-san va a estar muy contento —sonrió Tsukune.

A Moka, Akasha, Tsukune, Gin, Fanfan, Ruby, Yukari, Mizore y Kurumu los llevaron dentro a la enfermería para tratarlos, pues a pesar de verse normales habían recibido una seria paliza de parte de Afra hacía unas horas. Akasha no se había despertado todavía y cuando la examinaron pudieron ver que estaba en perfectas condiciones. Esa espada de seguro era algo temible a la vez que sorprendente.

Inuyasha se había esfumado antes que pudieran insistirle en ir con ellos a hacer tratar sus terribles heridas. Como siempre sanarían solas pues no eran las peores que recibió en su vida ni de lejos. Ahora tenía la certeza que ellos tratarían de preocuparse por él y eso no le disgustaba, pero aun así no se sentía capaz ni tenía ganas de dejarlos. Sólo quería cerrar los ojos por un rato en lo alto de su árbol.


Cuando Kurumu y los demás notaron la ausencia de Inuyasha, trataron de armar una búsqueda por la academia que incluía a los guardaespaldas de Akua y Kahlua, pero Ichigo los detuvo a todos a tiempo, asegurándoles que Inuyasha estaría bien. Estaba seguro de ello tanto como de que Inuyasha deseaba estar solo por un rato. No lo culpaba, pues lo conocía lo suficiente para saber que toda esa situación le era muy pesada al manejar semejante poder sin querer ni desearlo. Ninguno de los dos se lo había imaginado hasta ese momento, lo que era tener a Tenseiga con ellos, aparte de permitirles el salto en el tiempo y el espacio, como Urahara le decía a esa habilidad. Cuando Sesshomaru les dejó a Tenseiga junto a un moribundo Inuyasha, no se creían ni imaginaban que su poder sería tal, que sería tan indescriptible y mucho de una responsabilidad enorme. Y por como Inuyasha les había relatado lo ocurrido, más bien parecía que Tenseiga lo había guiado todo ese tiempo para liberar a Akasha Bloodriver de las manos de Afra. Seguro era que Inuyasha había llegado a esa conclusión también y que se lo comía por dentro, aunque no fuera de la mala manera, pues al fin y al cabo su cara se iluminaba cuando veía a Moka y sus hermanas con lágrimas de alegría sobre el cuerpo de Akasha.

Ya eran bien pasadas las horas en la tarde, e Inuyasha hasta se había perdido el almuerzo por estar en su árbol. Y no pudo pegar ojo a pesar de que lo deseaba más que nada. Había estado pensado en todo lo que les había ocurrido, desde que comenzó su viaje otra vez, desde que tuvo que separarse de Kagome y dejarla atrás porque ella no podía acompañarlo en esa travesía. Y en sus recuerdos y pensamientos ella flotaba siempre, en alguna parte junto sus recuerdos de Gitsune y Setsura, dos mujeres que conoció no hacía mucho pero que habían hecho de su viaje algo más soportable y hasta divertido. De Tsurara, a quien agradecía mucho el poder que le había conferido sin pensarlo dos veces. Y Kikyō siempre estaba con él en pensamiento y no había día en que no pensara en ella, en algún momento. Las imágenes de ellas entraban y salían, mezcladas con sus batallas y cómo las cosas tomaban rumbos insospechados. Nunca fue de pensar y odiaba hacerlo, porque le quitaba el sueño que tanto necesitaba ahora, pero pensar ahora era lo inevitable.

—Pronto será hora de cenar. ¿Por qué no bajas?

Moka estaba apoyada en el tronco su árbol. La había podido sentir hacía rato, cuando salió del edificio separándose de las presencias de su madre, sus hermanas y sus amigos que se quedaron juntos en el mismo lugar. Hasta Ichigo estaba con ellos por Kokoa.

—¿No estás molesta?

—Serás idiota. ¿Qué clase de monstruo se puede molestar en tener a su madre consigo otra vez?

Inuyasha sonrió a pesar que ella no podía verlo desde abajo. Había tenido esperanzas de que estuviera molesta.

—¿Y tú? ¿Tú sí estás molesto?

Moka se levantó del tronco para mirar a Inuyasha.

—No. Yo tampoco soy un monstruo.

—¿Entonces por qué pareces como si vinieras de un funeral?

—Estoy muy confundido —Moka sintió de verdad esa confusión, al no esperarse en absoluto semejante comportamiento, puesto que él era orgulloso y arrogante, y ahora se mostraba confundido y extraviado—. Creí que sólo usaría el poder de Tenseiga para poder ir a donde debiera, para detener a Naraku y Aizen. Y… tal vez este tipo de poder sea demasiado para mí…

—El orgulloso Inuyasha… ¿Inseguro de manejar un poder así? Y por poco me parecías valiente.

Inuyasha se dio vuelta en su rama para ver a Moka allí abajo. Ella le sonreía burlona desde el suelo y él, molesto por ello, se dejó caer de la rama aterrizando de pie frente a ella. Ella tenía las manos en la espalda, lucía su vestido de una pieza blanco y no se le borró la sonrisa al verlo irritado.

—Qué sabrás de valentía tú, pequeña tonta.

—Tal vez menos que tú. Pero es cierto cuando digo que te creí más valiente que esto.

Inuyasha movió las orejas con pesadumbre. La luz se iba desvaneciendo pues ya anochecía, muy lentamente.

—¿Pero sabes? Aún puedes hacer tu mejor esfuerzo en restregarme lo contrario.

—¿Ah?

—Te oí —le dijo Moka, sonriendo con las mejillas rojas—. Creí al principio que era mi imaginación cuando pensaba en ello, pero era un recuerdo. Esperaba que fuera sólo mi imaginación, pero la verdad es que sí te escuché, ya sabes… cuando Afra me poseyó —Inuyasha no pudo evitar fruncir el entrecejo con el hecho—. Todo el día de hoy pude recordar lo que me dijiste. Me dijiste que luchara contra eso que me poseía. Me decías que me odiabas, pero que te divertías estando conmigo. Me decía que como tu rival, no debía decepcionarte. Ahora yo te digo: como mi rival, tú no me decepciones a mí.

—Yo…

Él se calló cuando Moka avanzó un pequeño paso y lo encerró en sus delgados pero fuertes brazos, enterrando la cara en su torso con sangre seca porque ni siquiera se dignó en limpiarse al estar tan confundido. Pero a ella parecía no importarle, pues se apretó como pudo contra él.

—Cuando los vi a ti y a Kurosaki la primera vez tenía muchas dudas sobre ustedes —le dijo Moka sin soltarlo y respirando en uno de los mechones plateados que le caía en el pecho—. Y tal vez algo de rencor también porque los Shinigami no movieron un dedo cuando la pasamos tan mal con lo de Alucard. Me eran sospechosos y traté de ponerlos en evidencia varias veces. Ahora me estremezco al pensar en lo que hubiera perdido si Kurumu y Mizore no te hubieran acercado a nosotros… Si no hubieras ido en este viaje junto a nosotros… En mi vida entera podré agradecerte esta alegría…

Inuyasha abrió la boca inseguro, pero no dijo nada porque la sintió llorar. Algo cálido mojaba su pecho.

—Nunca podré…

Antes que Inuyasha pudiera pesar en nada más, los ojos de Moka tenían la mirada perdida cuando ella alzó la cabeza para encararlo y elevarse de puntillas a la altura de su rostro e inclinar su cabeza en dirección de su cuello, con una sonrisa que dejaba al descubierto sus ávidos y blancos colmillos…

—¡Moka! ¡Moka!

Ambos oyeron que Kurumu volaba hacia ellos, y los ojos de Moka estaban enfocados cuando se separó de Inuyasha y rompió el abrazo que le estaba dando.

—¡Moka! Sabía que aquí estarían —suspiró Kurumu al aterrizar junto a ellos. No había visto lo ocurrido al parecer—. ¿Todavía no le devuelves su ropa a Inuyasha? ¡Hazlo ya porque tenemos que volver!

—¿Por qué? ¿Qué pasó? —quiso saber Moka preocupada y extendiéndole a Inuyasha su túnica de las Ratas de Fuego y su prenda amarilla interior, que estaban limpias ahora. Kurumu la miró con seriedad para responder:

—Tu madre se despertó.


Beautiful, de HIM. Akua ama a Moka. En serio, y eso es muy Beautiful.