.Tercera persona.

Los días pasaron con rapidez para la alcaldesa, y con tan solo unos pocos cambios extraños que no le habían pasado desapercibidos. Algunos habitantes del pueblo la miraban ya sin tanto odio en sus ojos, solo con algo parecido al aceptamiento, lo cual dejaba perpleja a la morena. ¿Se debería este repentino cambio al hechizo que lanzó junto a Rapunzel aquella noche desde la torre del reloj? La verdad era que la saludaban de vez en cuando, cuando se cruzaba con alguien en alguna de las tiendas o locales del pueblo, tanto si iba acompañada de la pelirroja y los gemelos como si estaba sola, lo cual era más usual en su rutina. Incluso algunas de las monjas le habían preguntado por el estado de los niños, pues no se les solía ver por las calles normalmente.

Y de repente la aparición de Neal había alborotado la monotonía de Storybrooke, provocando la histeria de la Salvadora entre otros, pues se había empezado a temer que había sido convertido en uno de los monitos voladores de la Bruja Malvada desde el principio. Había sido ingresado en el Hospital, pues estaba en un estado lamentable cuando le encontraron, y también presentaba una extraña quemadura en la palma de su mano. El ratón de biblioteca recordó convenientemente que tal vez habría intentado resucitar a su padre durante el año perdido, y dadas las pistas halladas en aquella granja, tal vez era posible que el ladronzuelo hubiera tenido éxito. Todos conocían la importancia del Ser Oscuro, ya fuera por sus poderes o por sus conocimientos, pero era crucial encontrarle por que estaba bajo el poder de la Bruja Mala y sabría decirles cual era su verdadera identidad en el pueblo.

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Por su parte, Emma recorría el bosque con David tratando de seguir el rastro de Rumpelstiltskin, encontrándose con uno de los monos de la Bruja que trató de emboscarles para impedírselo, consiguiendo solo separarlos y que la Sheriff continuase sola su trabajo, encontrando a Neal en mitad del bosque. Tras ponerse al día, intentaron buscar al Ser Oscuro juntos, encontrándolo encerrado dentro del cuerpo de Neal tras una llamada de Bella que llamó a Emma para informarle del significado de la marca que su compañero llevaba grabada a fuego en la palma.

Tras la muerte de Neal, Rumpel informó de la identidad de la Bruja a una destruida Emma.

Descubrir que era Zelena, la buena samaritana que se había ofrecido a ayudar a Mary Margaret durante el embarazo y el inminente parto los dejó a todos paralizados. A todos, salvo a la Reina, quién se dio prisa en colocar el hechizo de protección más potente que conocía en el apartamento del matrimonio Charming, el mismo hechizo que colocó en la cabaña perdida en el bosque donde se ocultaban sus seres más queridos: sus dos hijos y sus nietos.

Rapunzel había convencido a su hermanastro de hacer acampada con ella en el bosque durante algunos días, manteniéndolo protegido en todo momento, y de vez en cuando acompañándolo por el bosque para enseñarle su hogar y sus costumbres. Los campistas no eran molestia, pues los mantenía alejados con su magia para que no los detectasen cuando salían a pasear a media tarde. Henry parecía cómodo con ella. Tal vez fuera por que la muchacha era una de las pocas personas que no lo trataban como a un niño pequeño aunque no le contara la verdad acerca de los asuntos que los habían traído a él y a su madre desde Nueva York, por que él sabía que no era uno de los trabajos que la rubia solía aceptar para su empresa de fianzas. Había algo más que nadie quería contarle, y eso le molestaba.

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Durante el velatorio de Neal en Granny´s, Rapunzel se acercó a Emma para consolarla, consiguiendo sacarle una entristecida sonrisa cansada. Era la segunda vez que veía morir a Neal sin poder ella hacer nada por evitarlo. La primera vez Había recibido un disparo que iba dirigido a ella y caído a través de un portal al Bosque Encantado, donde fue encontrado y cuidado por Aurora, Felipe y Mulán, pero Emma sabía que esta vez la muerte de su primer amor era real e irrevocable, pues ni siquiera su propio padre había podido salvarle. Regina estaba en la barra pidiendo una nueva copa de alcohol que la ayudase a pasar el mal momento cuando Campanilla se le acercó con intención de consolarla, o tal vez solo quería ofrecerle su compañía, cuando Robin se les acercó a las dos e intentó hablar con la morena sobre ese momento extraño que habían compartido los dos en la granja de la bruja horas antes, dejando a la vista su tatuaje del antebrazo al irse, que ambas mujeres vieron y reconocieron, lo cual solo consiguió enfrentar de nuevo al Hada y a la alcaldesa.

De pronto, la puerta se abrió por sí sola, estrellándola contra una de las sillas. La mujer que entró lo hizo con una sonrisa provocadora y palabras burlonas. A Zelena no le importaba haber sido descubierta tan pronto pues teniendo en su poder al Ser Oscuro sabía que nadie podría enfrentarse a ella. Embriagada por la sensación de poder e invencibilidad de quien se sabe ganador, así como de una enfermiza necesidad de hacer pagar a Regina por todas las humillaciones y privaciones que sufrió durante su vida, disfrutó de su estupor al enterarse de quién era ella: su hermana mayor, la primera hija de Cora, la hija más poderosa que tuvo en vida, la mujer que acabaría con ella y le robaría todo cuanto amase.

Xxx...xxX

.Regina.

Estaba en estado de Shock. Escuchaba las palabras de esa mujer repetirse en su cabeza una y otra vez. "Soy tu hermana mayor" "Soy tu hermana mayor" "Soy tu hermana mayor" "Soy tu hermana mayor" pero su cerebro parecía no querer asimilarlas. Con su mejor sonrisa desdeñosa se plantó ante esa pelirroja diciéndole que Cora solo había tenido una hija, sin ver que a su espalda dos mujeres se miraban una a la otra con expresiones más incrédulas que las del resto de los allí reunidos, pues sabían que eso no era cierto tan bien como la propia bruja, aunque no conociesen su existencia.

Rapunzel estaba detrás de Regina, mirando a Zelena con extrañeza. Ella creía sus palabras, pues podía ver algunos rasgos de Cora en el rostro y en los altivos gestos de esa mujer, gestos que compartían con ella tanto Regina como ella.

Sin pensarlo Regina se acercó a su supuesta hermana robándole parte de su espacio personal, una táctica de intimidación aprendida de su madre que siempre le había funcionado, encontrándose con que la otra hizo exactamente lo mismo. Estaban tan pegadas que podían ver perfectamente su propio reflejo en los ojos de la otra. "Te Robaré todo lo que ames" había dicho esa mujer antes de marcharse, mirando significativamente a Rapunzel y los niños "y después te destruiré" concluyó con la misma sonrisa malvada que había heredado de su descorazonada madre, marchándose sin más tras retarla a encontrarse con ella esa misma noche ante la torre del reloj para demostrarle quién de las dos era la hermana más poderosa.

La campanilla que había sobre la puerta no había dejado aún de sonar cuando todos los allí reunidos se volvieron hacia Regina cada uno con diferentes grados de acusación en la mirada, ya fuera por un motivo justo o no. No se detuvo más que para asegurarse de que su familia estaba segura. Rapunzel asintió, comprendiendo su necesidad de marcharse y buscar las respuestas que podía ver reflejadas en su verde mirada. Un segundo después, de ella solo quedaban los restos del humo púrpura que se la llevaron lejos, a su cripta familiar. Por supuesto, la Salvadora y su madre la siguieron minutos después con la excusa de intentar ayudarla. Pudo enviarlas de regreso al restaurante, pero conocía de sobra la tozudez de esas dos mujeres y sabía que volverían asique solo suspiró y les dijo que no rompiesen nada. Ella por su parte se dedicó a apartar algunos abrigos y vestidos de un alto baúl para poder alcanzar los pequeños cajones ocultos al fondo. Abrió y cerró frenéticamente cada uno hasta hallar lo que buscaba, un viejo trozo de papel que leyó pese a conocer su contenido de memoria, solo que esta vez las palabras le revelaban un significado completamente distinto. Sus compañeras se dieron cuenta del repentino cambio en su comportamiento, pues cesaron la búsqueda y le preguntaron que había encontrado, para encontrarse como respuesta la nueva desaparición de la morena.

...

¿Cómo pudo hacer algo así? Su propia madre… le mintió durante años. ¿Abandonó a su propia hija solo por sus ansias de poder y venganza? ¿Acaso se paró a pensar en el sufrimiento que la pobre criatura padecería? Cada cosa nueva que descubría sobre Cora le mostraba una nueva faceta de su madre que la desconcertaba tanto como le mostraba el ser en el que nunca jamás querría convertirse. Abandonar a un bebé que no tenía culpa alguna de haber nacido… Sin pensar, sus pasos la habían conducido hasta lo más profundo del bosque cerca de la cabaña de Rapunzel y los niños, así como del infame campamento de cazadores. Perdida en el fondo de su mente acabó sentándose en un tronco caído, rumiando tanto el contenido de la carta como todo aquello que esas palabras implicaban, por lo que no escuchó como alguien se acercaba hasta que las hojas de un helecho se apartaron para dar paso al tal Robin, ese que según Campanilla y su polvo de Duende era su alma gemela.

Hablaron durante unos minutos sobre el contenido de la carta, que le robó del bolsillo, y de lo que pensaba hacer al respecto. ¿Se enfrentaría a Zelena esa noche ante la torre del reloj? Por supuesto, pero hacerlo requeriría de algunos preparativos y algún que otro truco sucio. Pensar en ello le hizo esbozar una de sus viejas sonrisas de su tiempo como Evil Queen. A veces un buen truco es incluso mejor que la propia magia.

Robin se marchó de regreso al campamento, no sin antes advertirle que tuviera los ojos abiertos. Esa zona del bosque era peligrosa. Ella se quedó allí durante algunos minutos más, pensando y haciendo planes para el enfrentamiento que tendría lugar en unas pocas horas. Estaba ya a punto de marcharse cuando vio delante suya la figura de una mujer parada observándola. Al levantarse ya tenía una bola de fuego crepitando sobre su mano enguantada, lista para enfrentarse a la nueva amenaza. ¿Zelena habría estado escuchando su conversación con Robin? De ser así, le demostraría que no necesitaba espiar para descubrir su plan, pues se lo iba a lanzar a la cara en ese instante… pero la figura avanzó tranquilamente hacia ella, sin temor, desconcertándola y enfureciéndola a partes iguales.

- Calma tu corazón, Regina, solo soy yo… -la voz de Rapunzel flotó hasta ella, apagando el fuego de la mano y de la sangre de su madre/pareja – Nos has tenido esperando un buen rato. Empezaba a pensar que ibais a santiguar el bosque a la manera antigua. ¿Debería ponerme celosa?

Rapunzel ya estaba casi frente a su madre cuando dijo esas palabras, consiguiendo que la alcaldesa se ruborizara por sus palabras.

- Eres una desvergonzada, ¿Sabes?

- Si, algo me habían dicho… -respondió la pelirroja con una socarrona sonrisa, y añadió con una mueca libertina: - me viene de familia. De cualquier forma, querida, hemos venido a contarte algo… importante. Algo que tal vez te sea de ayuda si decides enfrentarte a ese guisante mutante que llamas Hermana…

- … ¿Hemos? Rapunzel, ¿Qué…? –fue entonces cuando se percató de que había una mujer más en el claro con ellas. Cuando se reunió con ellas Regina la reconoció como Anjélica, una de las amigas de Mary Margaret y de Rapunzel en el pueblo desde los tiempos de la maldición. Frunció el ceño al no comprender que hacía allí.

- Ven con nosotras a "casa", allí estaremos a salvo de oídos indiscretos –por la entonación que Rapunzel le dio a la palabra "casa" Regina comprendió a que casa se refería. Directamente aparecieron en la cabaña para evitar que alguno de los esbirros de Zelena les siguiera hasta allí.

Una vez en la casa se encontró con que la madre de Anjélica estaba esperándolas allí, con varias tazas esperando sobre la mesa del salón mientras jugaba afablemente con los pequeños gemelos sentada en el suelo como si eso fuera lo más corriente del mundo. Al parecer no le importaba en absoluto ni su traje ni el espectáculo que estaba dando, pues los niños parecían estar disfrutando de lo lindo y eso era lo único que le importaba. Nada más ver aparecer a sus madres, ambos niños lanzaron estruendosos chillidos de felicidad y se precipitaron hacia ellas todo lo rápido que sus pequeñas piernecitas podían permitirles avanzar. Por suerte ninguno se cayó de bruces, pues sus dos madres los cogieron a tiempo de evitarlo, y los colmaron de besos y mimos.

- No es que me moleste, pero si no es mucho preguntar… ¿Qué hacen… aquí? – las palabras "Con mis hijos" sonaron en la estancia pese no haber sido pronunciadas. Regina se las apañó para sonar como la Reina Malvada aunque tenía a un bebé en brazos que al que sonreía con dulzura.

- Han venido a ayudar, no seas descortés… -Respondió la pelirroja con un ligero tono de reproche. Llevó a su bebé hasta su parque para que jugase con sus juguetes seguida de Regina que hizo lo mismo para poder tener las manos libres, solo por si acaso.

Anjélica ayudó a Rapunzel a servir café en las tazas que estaban ya preparadas. Regina estaba impaciente, pues ese rato de entretenimiento social le impedía usar su tiempo en prepararse para su inminente enfrentamiento contra la Bruja de su hermana, literalmente, pero parecía que esas mujeres tenían otra idea en mente. Ella empezaba a ponerse de los nervios, y no tuvo reparos en hacérselo saber tamborileando con sus cuidadas uñas contra la pulida madera de la mesa. Al notarlo, Anjélica y Rapunzel cruzaron una mirada cómplice. La alcaldesa no era famosa por su paciencia precisamente. Solo con mirarse decidieron acortar la angustia de la reina, y en cuanto terminaron de servir el café, Anjélica miró a su madre para hacerle saber la decisión que había tomado con un simple gesto, recibiendo un asentimiento de comprensión por su parte.

- Regina, hemos pensado que ya es momento de que sepas algo que tu madre te ocultó durante toda tu vida… -comenzó Anjélica, eligiendo bien las palabras antes de hablar.

- Llegas un poco tarde para eso. Es cierto que Zelena es mi hermana, lo he comprobado esta tarde, para mi desgracia… -comentó la morena con amargura.

- Regina, Zelena no es la única hermana de la que Cora no te habló jamás. –Dijo Viviane con una elocuente mirada hacia Anjélica. Ante la atónita mirada de la Alcaldesa y su hija, un humo púrpura igual que el de Regina cubrió a Anjélica y al desvanecerse del todo, ante ellas estaba sentada mirándolas una copia exacta de la morena, salvo por la ropa. Regina y Rapunzel se miraron incrédulas, pese a que la pelirroja ya conocía esos hechos pues ambas mujeres la pusieron al tanto poco después de la desaparición de la reina en Granny´s esa tarde.

Regina se levantó de un salto y se apartó de ellas, colocándose delante de los niños para protegerlos con su cuerpo de ser necesario.

- ¡Imposible!

- Cora era aficionada a deshacerse de aquellos que pensaba que le eran inservibles. Si abandonó a una hija, ¿Qué te hace pensar que no pudo hacer lo mismo una segunda vez? –la voz de Anjélica sonó con total naturalidad, incluso con algo de perversa diversión, al dirigirse a su hermana mayor.

- Nunca… ella nunca me dijo…

- Era de esperar. Me ordenó que me deshiciera de tu hermana a los pocos minutos de nacer. No quería que nada te distrajera de los malévolos planes que tenía para ti. Ni tu padre, ni el palafrenero… ni tu hermana pequeña. –Viviane procedió a relatarles lo que ocurrió aquella tarde en el que ambas hermanas vinieron al mundo en los aposentos de la Princesa Cora, y del funesto destino que le aguardaba a la pequeña Anjélica, como ella se la llevó lejos y la crió como hija suya llevándola de vez en cuando al reino en el que nació para que pudiera conocer a su hermana y jugar con ella así como protegerla desde la sombra cuando ambas crecieron. Regina parecía en estado de Shock, recordando algunas de esas ocasiones y creyendo en la verdad de las palabras de la hechicera. Conmocionadas ambas, se acercaron tímidamente una a la otra para poder mirarse a los ojos por primera vez conociendo ambas la verdad de su parentesco. Regina miraba a su hermana pequeña con ojos brillantes de lágrimas no derramadas. Rozó su labio con dedos temblorosos al ver la misma cicatriz adornar la boca de su gemela.

- Lo se. Las lecciones de historia eran aburridas, ¿eh? –Angie sonrió para quitarle importancia. Recordaba perfectamente el como y cuando se produjo esa cicatriz, ganándose una leve sonrisa de Regina. – Siento no haber podido protegerte entonces, Regina, pero déjame hacerlo ahora. Eso es lo que hacen las hermanas…

- O al menos deberían… - bromeó la reina. El silencio duró tan solo unos segundos hasta que fue roto por un estallido de carcajadas de todas las mujeres allí reunidas.

- Bien, cuéntanos tu plan y te ayudaremos en todo lo que podamos…

- Rapunzel, tú no vas a moverte de aquí –la negativa de Regina era tajante. No expondría a la joven a los perversos ojos azules de Zelena. En la cabaña estarían a salvo ella y los niños y no había discusión.

- Yo creo que debería ir. Yo me quedaré con los gemelos, no te preocupes. Si Zelena la ve, tratará de atacarla, momento que tú deberías aprovechar para… -comentó Viviane, dejando en suspenso la frase pero todas pensaban lo mismo. Debían parar a la Bruja Malvada, por la seguridad del pueblo y de la familia.

Se pusieron a discutir, urdir planes y posibles estrategias, sin darse cuenta de que el tiempo se les echaba encima...

Y a partir de aqui empieza la marcha!

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