AL ROJO VIVO
Estos personajes forman parte del CLAMP de Sakura Card Captor.
Los personajes han sido elegidos por mí haciendo referencia a un libro de lectura que me gustó mucho, ya que he leído varias adaptaciones de los libros de esta escritora y me gustaron mucho así que espero que también os guste a vosotros =)
La escritora de este libro Nora Roberts, por si los interesados, quieren leer las obras de esta maravillosa mujer.
Quien no este de acuerdo con las adaptaciones de historias, no esta en la obligación de leerlas. Si tu eres uno de esos, por favor, dale al clic de ATRÁS y busca un fic que en verdad quieras leer.
Summary: Rica y guapa, a Sakura Kinomoto le gustan los coches deportivos, las películas antiguas y los hombres peligrosos. Pero incluso su regalada vida entre la alta sociedad neoyorquina sufre un vuelco cuando un extraño vestido de cuero aparece en su coche justo antes de que las balas empiecen a silbar. Shaoran Li, ladrón de guante blanco, está acostumbrado trabajar solo. Pero apremiado por la necesidad de encontrar dinero para lo que puede ser la brillante cumbre de su carrera, acepta a Sakura como su socia. Y con los titulares de los periódicos locales clamando por la desaparición de la heredera de los Kinomoto, y una banda de criminales tras los talones, Shaoran y Sakura escapan hacia Madagascar a la búsqueda de un fabuloso tesoro datado en la Revolución francesa.
Capítulo 10
—No hemos comido.
—Ya comeremos luego.
—Siempre dices lo mismo. Y otra cosa —dijo Sakura—, todavía no entiendo por qué tenemos que marcharnos así. —Miró con una rápida mueca el montón de ropa «prestada» tirado en el suelo. No estaba acostumbrada a ver a nadie moverse tan deprisa como Shaoran en los últimos cinco minutos.
—¿No sabes que hombre precavido vale por dos?
—Pues con tanta precaución vamos a morir de hambre. —Sakura miró ceñuda los dedos de Shaoran en el alero de la ventana. En un instante habían desaparecido. Contuvo el aliento mientras le veía caer al suelo.
Shaoran sintió un instante la protesta de sus piernas. Echó un rápido vistazo alrededor para comprobar que nadie le hubiera visto saltar. Solo un gato lleno de cicatrices que dormía al sol. Luego alzó la cabeza y le hizo una seña a Sakura.
—Tira las mochilas. —Ella obedeció con tal entusiasmo que a punto estuvo de aplastarle con ellas—. Con cuidado —protestó entre dientes. Las dejó a un lado y se apostó debajo de la ventana—. Muy bien, ahora tú.
—¿Yo?
—Eres lo único que queda, cariño. Vamos, que yo te cojo.
No era que dudase de él. Al fin y al cabo había tenido la precaución de sacar su cartera de la mochila —y asegurarse de que él lo veía— antes de que Shaoran se colgara de la ventana. Claro que también recordaba que él se había metido el sobre en el bolsillo de los téjanos. Era evidente que la confianza entre ladrones era la misma clase de mito que lo del honor.
Le pareció muy curioso que la caída se le antojara ahora mucho más larga que cuando Shaoran estaba colgado de la ventana. Le miró ceñuda.
—Un Kinomoto siempre abandona un hotel por la puerta principal.
—No tenemos tiempo para tradiciones familiares. Joder, Sakura, salta antes de que nos acorralen.
Apretando los dientes, Sakura pasó una pierna por la ventana. Ágilmente, pero muy despacio, se dio la vuelta y fue bajando. Solo tardó un instante en darse cuenta de que no le gustaba nada la sensación de estar colgada del alero de una ventana de un hostal de Madagascar.
—Shaoran...
—Tírate.
—No sé si voy a poder.
—Sí que puedes, si no quieres que empiece a tirarte piedras.
Era capaz. Sakura cerró los ojos, contuvo el aliento y se soltó.
La caída apenas duró un segundo antes de que él la cogiera por las caderas y luego por las axilas. A pesar de todo, el brusco aterrizaje la dejó sin aire en los pulmones.
—¿Ves? —dijo él cuando la dejó suavemente en el suelo—. No ha sido nada. Tienes un auténtico potencial como ladrona.
—Maldita sea. —Sakura se miró las manos—. Me he roto una uña. ¿Y ahora qué voy a hacer?
—Ya, una tragedia. —Shaoran se inclinó para recoger las mochilas—. Bueno, podría pegarte un tiro para acabar con tu sufrimiento.
Ella le arrebató su bolsa de las manos.
—Qué gracioso. Pues para que lo sepas, ir por ahí con nueve uñas es de muy mal gusto.
—Métete las manos en los bolsillos —sugirió él, echando a andar.
—¿Y ahora adónde vas?
—He organizado una pequeña excursión en barco. —Metió las manos por las correas de la mochila para ponérsela a la espalda—. Lo único que hay que hacer es llegar al barco. Discretamente.
Sakura le siguió, siempre por la parte trasera de las casas, sin salir a la calle.
—Y todo esto porque un policía gordo se ha pasado a saludar.
—Los policías gordos me ponen nervioso.
—Pues ha sido muy educado.
—Sí, los policías gordos educados me ponen todavía más nervioso.
—Hemos sido muy groseros con la amable señora que se quedó con nuestro cerdo.
—¿Qué pasa, princesa? ¿Nunca te habías marchado sin pagar?
—Desde luego que no. —Sakura resopló y echó a correr delante de él para cruzar una estrecha calle—. Y no tengo intenciones de empezar ahora. Le he dejado veinte dólares.
—¡Veinte! —Shaoran se detuvo detrás de un árbol junto a la tienda de Jacques y la cogió del brazo—. ¿Por qué demonios? ¡Ni siquiera hemos usado la cama!
—Usamos el baño —le recordó ella—. Los dos.
—Joder, yo ni siquiera me quité la ropa. —Resignado, Shaoran contempló el pequeño y descolorido edificio a su lado.
Mientras esperaba que Shaoran se pusiera de nuevo en marcha, Sakura echó una mirada de nostalgia al hotel. Se le ocurrió una nueva queja, pero antes de poder decir nada vio cruzar la calle a un hombre con un panamá blanco y el sudor comenzó a recorrerle la espalda.
—Shaoran. —Se le había quedado la boca seca con una ansiedad que no podía explicar—. Shaoran. Ese hombre. Mira. —Le agarró de la mano y se volvió ligeramente—. Te juro que es el mismo que vi en el zoma y luego otra vez en el tren.
—Estás viendo fantasmas —masculló Shaoran, pero miró otra vez.
—No. —Sakura le dio un tirón en el brazo—. Le he visto. Le he visto dos veces. ¿Por qué iba a aparecer otra vez? ¿Por qué estará aquí?
—Sakura... —Pero Shaoran se interrumpió al ver que el hombre se acercaba por la calle al capitán. Y de pronto recordó con toda claridad a un hombre levantándose de un brinco de su asiento en el tren en mitad de la confusión. Había dejado caer un periódico al suelo y le miró directamente a los ojos. ¿Una coincidencia? Shaoran tiró de Sakura para volverla a meter detrás del árbol. Shaoran no creía en las coincidencias.
—¿Es uno de los hombres de Wei?
—No lo sé.
—¿Quién más podría ser?
—¡Maldita sea, no lo sé! —Estaba exasperado. Le parecía que le perseguían desde todas partes. Lo sabía pero no podía entenderlo—. Sea quien sea, nosotros nos largamos. —Volvió a mirar la tienda de Yukito—. Más vale ir por detrás. Puede que tenga clientes, y cuanta menos gente nos vea, mejor.
La puerta trasera estaba cerrada. Shaoran se agachó y se puso a trabajar con su navaja. Tardó cinco segundos en abrir la cerradura. Sakura lo cronometró. Ahora miraba impresiona da a Shaoran mientras se guardaba la navaja.
—Me gustaría que me enseñaras a hacer eso.
—Una mujer como tú no necesita forzar cerraduras. La gente te abre las puertas. —Y mientras Sakura se quedaba pensando en ello, Shaoran entró en la trastienda.
Era en parte almacén, en parte dormitorio, en parte cocina. Junto a un estrecho camastro pulcramente hecho había una colección de media docena de cintas de cassette. Una animada música de Elton John parecía surgir de las paredes. En ellas se veía un póster a todo color de Tina Turner muy sexy, haciendo un mohín con los labios. Junto a ella había un anuncio de Budweiser (la reina de las cervezas), una bandera de los New York Yankees y una fotografía nocturna del Empire State Building.
—¿Por qué tengo la impresión de que acabo de entrar en una casa de la Segunda Avenida? —comentó Sakura. Y como era cierto, se sentía ridículamente a salvo.
—Su hermano está haciendo un intercambio en la Universidad de Nueva York.
—Eso lo explica todo. ¿El hermano de quién?
—¡Shhh! —Andando de puntillas como un gato, Shaoran se acercó a la puerta que daba a la tienda y abrió una rendija para mirar.
Yukito estaba inclinado sobre el mostrador, en mitad de lo que evidentemente era un detallado intercambio de chismes del pueblo. La chica huesuda de ojos oscuros parecía haber entrado más para coquetear que para comprar nada. Estaba manoseando carretes de hilos de colores y se reía.
—¿Qué pasa? —Sakura hizo contorsiones para poder ver a través de la rendija por debajo del brazo de Shaoran—. Ah, el amor —proclamó—. ¿Dónde habrá comprado esa blusa? ¡Mira qué bordados!
—Ya iremos más tarde a un desfile de moda.
La chica cogió dos carretes de hilo, se estuvo riendo un rato más y se marchó. Shaoran abrió la puerta un poco más y siseó entre dientes. No podía competir con Elton John. Yukito seguía moviendo las caderas sin dejar de canturrear. Echando un vistazo al escaparate que daba a la calle, Shaoran abrió un poco más y llamó a Yukito por su nombre.
El joven dio tal respingo que estuvo a punto de tirar el expositor de carretes que estaba arreglando.
—¡Tío, qué susto me has dado! —Todavía cauteloso, Shaoran le hizo señas con el dedo para que se acercara—. ¿Qué haces ahí escondido?
—Cambio de planes. —Shaoran le cogió de la mano y le metió en la trastienda de un tirón. Se dio cuenta de que Jacques olía a jabón—. Queremos salir ahora mismo.
—¿Ahora? —El joven se quedó mirando a Shaoran con los ojos entornados. Puede que hubiera vivido en un pequeño pueblo pesquero toda su vida, pero no era tonto. Cuando un hombre estaba huyendo se le notaba en los ojos—. ¿Tienes problemas?
—Hola, Yukito. —Sakura se adelantó tendiendo la mano—. Soy Sakura Kinomoto. Te ruego que perdones a Shaoran por no habernos presentado. Suele ser un grosero.
Yukito estrechó aquella mano blanca y esbelta y se enamoró al instante. Jamás había visto nada tan hermoso. Por lo que a él le concernía, Sakura Kinomoto eclipsaba a la Turner y la Benatar y a la alta sacerdotisa Ronstadt, todas juntas. La lengua se le enredó en varios nudos.
Sakura había visto antes esa expresión. En un elegante profesional trajeado de la Quinta Avenida le parecía un aburrimiento. En un club de moda del West Side la entretenía. En Yukito le inspiró mucha ternura.
—Te pido perdón por haber irrumpido en tu tienda de esta manera.
—Es... —Yukito buscó alguno de los americanismos que normalmente tenía en la boca—. Da igual —logró decir.
Shaoran, impaciente, le puso la mano en el hombro.
—Tenemos que irnos. —Su honestidad no le permitía arrastrar a aquel joven al lío en que estaban metidos sin decirle nada. Su sentido de supervivencia le impedía contárselo todo—. Hemos recibido una visita de la policía local.
Yukito consiguió con esfuerzo apartar la vista de Sakura.
—¿Sambirano?
—Eso es.
—El muy gilipollas —proclamó Yukito, muy orgulloso de la fluidez con la que le salió la palabra—. No te preocupes por él. Es que le gusta meter las narices en todo, como una vieja.
—Sí, puede ser, pero es que hay una gente que anda buscándonos y no queremos que nos encuentren.
Yukito se tomó un momento para mirar a uno y otro. Un marido celoso, pensó. No necesitó nada más para que le saltara la vena romántica.
—A los malgaches no nos preocupa el tiempo. El sol sale, el sol se pone. Si queréis marcharos ahora, nos vamos ahora.
—Genial. Pero andamos algo cortos de provisiones.
—No hay problema. Esperad aquí.
—¿Cómo te las has apañado para encontrarle? —preguntó Sakura una vez que Yukito se hubo marchado—. Es maravilloso.
—Ya, solo porque te pone ojitos de cordero degollado.
—¿De cordero degollado? —Sakura sonrió y se sentó al borde del camastro—. De verdad, Shaoran, ¿de dónde sacas esas expresiones tan pintorescas?
—Si casi se le salen los ojos de las órbitas.
—Sí. —Sakura se pasó la mano por el pelo—. Casi se le salen, ¿verdad?
—A ti te encanta, ¿eh? —Sakura se puso a pasear molesto por la pequeña habitación, deseando poder hacer algo, cualquier cosa. Presentía problemas, y no tan lejos como le habría gustado—. Te encanta que a los hombres se les caiga la baba.
—Pues tú no te ofendiste precisamente cuando Meiling casi te besa los pies. Si no recuerdo mal, te pavoneaste como un gallito.
—Nos salvó la vida. No era más que simple gratitud.
—Con un toque de simple lujuria.
—¿Lujuria? —Shaoran se detuvo delante de ella—. Meiling no podía tener más de dieciséis años.
—Con lo cual todavía es más asqueroso el asunto.
—Ya. Bueno, Yukito debe de estar a punto de cumplir los veinte.
—Vaya, vaya. —Sakura sacó una lima y se puso a arreglarse la uña rota—. Eso suena inconfundiblemente a celos.
—Mierda. —Shaoran seguía paseando de una puerta a la otra—. Mira, yo desde luego no babeo contigo, princesa. Tengo cosas mejores que hacer.
Ella, dedicándole una media sonrisa, se limitó a seguir limándose la uña mientras canturreaba con Elton John.
Un momento más tarde se hizo el silencio. Yukito volvió con una bolsa bastante grande en una mano y su estéreo portátil en la otra. Con una sonrisa se puso a guardar el resto de sus cintas.
—Ya estamos listos. Rock and roll.
—¿Y nadie se extrañará de que cierres tan temprano? —Shaoran abrió un poco la puerta trasera y se asomó.
—Cerrar luego, cerrar ahora... Da igual, a nadie le importa.
Shaoran asintió con la cabeza y abrió del todo la puerta.
—Pues vámonos.
El barco estaba amarrado a menos de medio kilómetro. Sakura nunca había visto nada igual. Era muy largo, de unos cinco metros tal vez y no más de un metro de ancho. Sakura recordó una canoa en la que había montado una vez en un campamento de verano en Nueva York. Aquello se parecía bastante. Yukito subió a la embarcación con agilidad y comenzó a estibar el equipaje.
La canoa era tradicional malgache, Yukito llevaba una gorra de béisbol de los New York Yankees e iba descalzo. A Sakura le parecía una curiosa y enternecedora combinación de dos mundos.
—Un barco precioso —murmuró Shaoran, deseando ver un motor por algún lado.
—Lo he construido yo. —Con un gesto que a Sakura le pareció muy elegante y distinguido, tendió la mano para ayudarla a subir—. Puedes sentarte aquí —le indicó, señalándole un lugar en el centro—. Es muy cómodo.
—Gracias, Yukito.
Una vez que Sakura se sentó justo delante de donde iba a ir él, Yukito tendió un largo palo hacia Shaoran.
—Hay que salir de aquí impulsándonos con las pértigas cuando el agua es poco profunda. —Él también cogió una pértiga y empujó con ella. El barco se deslizó como un cisne en un lago. Sakura se relajó, decidiendo que aquella excursión tenía posibilidades: el aroma del mar, hojas como plumas danzando en la brisa, el suave movimiento debajo de ella. Hasta que de pronto, a medio metro de distancia, vio surgir una fea y correosa cabeza.
—¡Ah! —fue lo único que logró articular.
—Sí, desde luego. —Yukito se echó a reír sin dejar de remar—. Hay cocodrilos por todas partes. Hay que tener cuidado con ellos. —Y emitió un sonido entre un siseo y un gruñido. Los ojos redondos y soñolientos que surcaban la superficie del agua no se acercaron más. Shaoran, sin decir una palabra, sacó la pistola de la mochila y volvió a ponérsela al cinto. Esta vez Sakura no tuvo objeción.
Cuando el agua se hizo lo bastante profunda para poder sacar los remos, Yukito encendió el estéreo, en el que tronaron los Beatles. Ya estaban en camino.
Yukito remaba incansable, con una energía y un entusiasmo que Sakura admiraba. Durante la hora y media que duró el concierto de los Beatles no paró de cantar con clara voz de tenor, sonriendo cada vez que Sakura se unía al coro.
Con las provisiones que había llevado Yukito improvisaron un almuerzo a base de coco, frutos del bosque y pescado frío. Yukito le pasó la cantimplora a Sakura, que dio un largo trago esperando que fuera agua. Luego mantuvo el líquido en la boca. No era desagradable, pero tampoco era agua.
—Es rano vola —le explicó Yukito—. Es bueno para viajar.
El remo de Shaoran hendía limpiamente el agua.
—Lo hacen echando agua al arroz que se pega al fondo de las cazuelas.
Sakura tragó intentando hacerlo con elegancia.
—Ya veo. —Moviéndose un poco le pasó la cantimplora a Shaoran.
—¿Tú también eres de Nueva York?
—Sí. —Sakura se metió otra fruta en la boca—. Shaoran me ha contado que tu hermano está estudiando allí.
—Sí, derecho. —Las letras de su camiseta casi temblaron de puro orgullo—. Va a ser uno de los mejores abogados. Ha estado en Bloomingdale's.
—Sakura prácticamente vive allí —comentó Shaoran entre dientes.
Sakura siguió hablando con Yukito sin hacerle caso.
—¿Y tú piensas ir a América?
—El año que viene —respondió él, dejándose el remo en el regazo—. Voy a ver a mi hermano. Vamos a recorrer la ciudad. Times Square, Macy's, McDonald's...
—Pues quiero que me llames. —Sakura, como si fuera la dueña de un lujoso restaurante del East Side, se sacó de la cartera una tarjeta distinguida y elegante—. Nos iremos de fiesta.
—¿Fiesta? —Sus ojos se iluminaron—. ¿Una fiesta en Nueva York? —En su cabeza daban vueltas imágenes de deslumbrantes pistas de baile, vistosos colores y música salvaje.
—Por supuesto.
—Con todo el helado que quieras.
—No seas gruñón, Shaoran. Tú también puedes venir.
Yukito se quedó callado un momento mientras su imaginación daba vueltas a todos los fascinantes detalles de una fiesta en Nueva York. Su hermano le había hablado en sus cartas de mujeres con vestidos muy por encima de la rodilla y coches tan largos como su canoa. Había edificios más altos que las montañas del oeste. Una vez su hermano había comido en el mismo restaurante que Billy Joel.
Nueva York, pensó Yukito, maravillado. A lo mejor sus nuevos amigos conocían a Billy Joel y le invitaban a la fiesta. Acarició la tarjeta de Sakura antes de metérsela en el bolsillo.
—¿Vosotros sois...? —No sabía muy bien cuál era la palabra americana para lo que quería decir. Por lo menos no conocía ninguna que fuera educada.
—Socios —le explicó Sakura con una sonrisa.
—Sí, somos socios. —Shaoran seguía remando ceñudo.
Yukito podía ser joven, pero no era un ingenuo.
—¿Tenéis un negocio? ¿Qué clase de negocio?
—De momento nos dedicamos a los viajes y las excavaciones.
Sakura alzó una ceja al oír la terminología de Shaoran.
—En Nueva York soy diseñadora de interiores. Y Shaoran es... pues...
—Trabajo por mi cuenta —terció él—. Soy autónomo.
—Es lo mejor —convino Yukito, moviendo los pies al ritmo de la música—. Cuando era pequeño estuve trabajando en una plantación de café. Haz esto, haz lo otro. —Movió la cabeza y sonrió—. Ahora tengo mi propia tienda y soy yo el que digo haz esto, haz lo otro. No tengo que oírselo a nadie.
Sakura se echó a reír y estiró la espalda. La música le recordaba su casa.
Más tarde, el atardecer le recordó el Caribe. La selva a un lado del canal se había tornado más densa, más profunda, más como una jungla. En las orillas crecían juncos, finos y marrones, que daban paso al denso follaje. La emocionó ver el primer flamenco, con sus plumas rosadas y sus frágiles patas. Luego vio un destello azul iridiscente entre los matorrales y oyó el rápido y repetitivo canto de un animal que Yukito identificó como un cucal. Una o dos veces creyó atisbar a un rápido y ágil lémur. De vez en cuando el canal se hacía poco profundo y había que recurrir de nuevo a las pértigas. En el agua se veían estelas rojas y estaba cubierta de insectos. A través de los árboles hacia el oeste, el cielo se tiñó como un incendio en el bosque. Sakura pensó que ir en canoa era mucho más emocionante que remar en el Támesis, aunque igualmente relajante, excepto por algún que otro cocodrilo.
Bajo el callado atardecer y el silencio de la jungla, en el estéreo de Yukito sonaba lo que cualquier DJ que se respetara llamaría un éxito tras otro. Nada comercial. Sakura podía haberse pasado allí horas.
—Más vale que acampemos.
Sakura apartó la mirada del atardecer y sonrió a Shaoran. Hacía tiempo que se había quitado la camisa y su pecho brillaba con la tenue luz bajo una pátina de sudor.
—¿Ya?
Shaoran se mordió la lengua para no saltar. No era fácil confesar que tenía los brazos como si fueran de goma y le ardían las manos. Sobre todo cuando el joven Yukito seguía moviéndose al ritmo de la música y tenía pinta de poder seguir remando hasta medianoche sin aminorar la marcha.
—Pronto anochecerá —se limitó a decir.
—Vale. —Yukito seguía remando y sus fuertes y nervudos músculos oscilaban bajo la piel—. Vamos a buscar un sitio de primera clase para acampar —declaró, sonriendo tímidamente a Sakura—. Deberías descansar —le dijo—. Un día muy largo en el agua.
Shaoran, mascullando entre dientes, remó hacia la orilla.
Yukito no permitió que Sakura llevara ni una bolsa. Cargó con todo y le confió el estéreo. Entraron en fila india en la selva, donde la luz era rosada con un toque de malva. Los pájaros, a los que no veían, cantaban en el cielo oscuro. El follaje resplandecía verde, siempre húmedo. De vez en cuando Jacques se detenía para abrirse paso entre el follaje con una pequeña hoz. El olor era penetrante: olor a vegetación, a agua, a flores, unas flores que trepaban en sus enredaderas para explotar por todas partes. Sakura no había visto tantos colores juntos jamás, ni había esperado verlos. Los insectos zumbaban y revoloteaban en el ocaso. De pronto, con un frenético rumor de hojas, una garza se alzó entre los matorrales para volar hacia el canal. La selva era cálida, húmeda y cerrada, y tenía todos los matices de lo exótico.
Montaron el campamento al ritmo del Born in the USA de Bruce Springsteen.
Para cuando tuvieron la hoguera encendida y el café al fuego, Shaoran encontró algo con que animarse. De la bolsa de Yukito salieron varios botes de especias, dos limones y el resto del pescado muy bien envuelto. Junto a todo eso encontró dos paquetes de Marlboro. Pero en aquel momento el tabaco no significaba nada comparado con el resto del botín.
—Por fin. —Se llevó a la nariz un bote que olía a algo parecido a la albahaca—. Una comida como es debido. —Vale que estaba sentado en el suelo, rodeado de vegetación y con los insectos picándole, pero le gustaba el reto. Había comido con los mejores, en cocinas y bajo arañas de cristal. Aquella noche no sería distinta. Sacó los utensilios de cocina y se dispuso a pasarlo bien.
—Shaoran es todo un gourmet —le explicó Sakura a Yukito—. Me temo que hasta ahora hemos tenido que apañárnoslas con poca cosa. No ha sido fácil para él. —De pronto olfateó el aire y con la boca hecha agua se volvió hacia Shaoran, que estaba salteando el pescado al fuego—. Shaoran —le llamó en un sensual susurro—. Creo que me he enamorado.
—Sí. —Con una mirada intensa y las manos firmes, Shaoran hizo girar con gesto experto el pescado—. Eso dicen todas.
Aquella noche los tres durmieron bien, saciados de exquisita comida, vino de palma y rock and roll.
Cuando el sedán oscuro se detuvo en el pequeño pueblo costero una hora después de amanecer, congregó a toda una muchedumbre. Yue salió impaciente y malhumorado y se abrió paso entre una multitud de críos que, con el instinto del que es joven y vulnerable, se iban apartando. Yue movió la cabeza para indicar a los otros dos hombres que le siguieran.
No es que intentaran deliberadamente parecer fuera de lugar. De haber llegado en mulas y vestidos con lambas, seguirían pareciendo matones. Su modo de vida, el modo en el que pretendían vivir (es decir, mal) les rezumaba por los poros.
Los lugareños, a pesar de albergar un innato resquemor hacia los forasteros, también eran por naturaleza hospitalarios. A pesar de todo, nadie se acercó a los tres hombres. El término de la isla para la palabra «tabú» era fady. Yue y sus hombres, aunque muy elegantes con sus impecables trajes de verano y los relucientes zapatos italianos, eran definitivamente fady.
Yue vio el hostal y, después de indicar a sus hombres que lo rodearan, se acercó a la puerta principal.
La mujer del hostal se había puesto un delantal limpio. De la parte trasera surgían los aromas del desayuno, aunque solo había ocupadas dos mesas. La mujer miró a Yue, lo caló bien y decidió que no tenía camas libres.
—Estoy buscando a alguien —le dijo él, aunque no esperaba que nadie hablara inglés en aquella isla dejada de la mano de Dios. Se limitó a sacar las fotografías de Shaoran y Sakura para ponérselas en las narices.
La mujer no mostró signo alguno de reconocerlos, ni un pestañeo. Puede que se hubieran marchado sin despedirse, pero le habían dejado en la cómoda un billete de veinte dólares. Y sus sonrisas no le habían recordado las de un lagarto. Movió la cabeza de un lado a otro.
Yue se sacó un billete de diez dólares del fajo que llevaba. La mujer se encogió de hombros y le devolvió las fotografías. Su nieto había pasado una hora la tarde anterior jugando con su cerdito nuevo. Ella prefería su olor al de la colonia de Yue.
—Mire, abuela, sabemos que han estado aquí. ¿Por qué no nos lo pone más fácil a todos? —Y como incentivo sacó otros diez dólares.
La mujer le miró inexpresiva y volvió a alzarse de hombros.
—No están aquí —dijo, sorprendiéndole con su preciso inglés.
—Echaré un vistazo yo mismo —replicó Yue, encaminándose hacia la escalera.
—Buenos días.
Igual que Shaoran, Yue sabía reconocer a un policía, ya fuera en un villorrio de Madagascar o en un callejón de los barrios bajos.
—Soy el capitán Sambirano. —Y muy tieso y correcto le tendió la mano. Admiró el gusto de Yue en la ropa, advirtió la cicatriz todavía hinchada de la mejilla y la expresión fría y sombría en sus ojos. Tampoco se le pasó por alto el abultado fajo de billetes que tenía en la mano—. Tal vez yo pueda ayudarle.
A Yue no le gustaba tratar con policías. Los consideraba básicamente inestables. En un año él sacaba más o menos tres veces lo que ganaba un teniente de policía medio, y por hacer lo mismo pero al revés.
Pero lo que menos le gustaba de todo era la idea de presentarse ante Wei con las manos vacías.
—Estoy buscando a mi hermana.
Shaoran había dicho que tenía cerebro. Yue lo utilizó.
—Se ha fugado con un tipo, un ladrón de vía estrecha. La chica está encaprichada con él, no sé si me entiende.
El capitán asintió educadamente.
—Desde luego.
—Mi padre está muy preocupado —improvisó Yue, sacando un fino puro cubano de una gruesa pitillera de oro. Le ofreció uno y advirtió que el capitán apreciaba la fragancia del tabaco y el destello del elegante metal. Supo de inmediato cómo tratar con él—. He conseguido seguirles hasta aquí, pero... —Dejó la frase en el aire e intentó parecer un hermano preocupado—. Estamos dispuestos a lo que sea por recuperarla, capitán. Lo que sea.
Mientras dejaba que el agente asimilara aquello, Yue sacó las fotos. Las mismas fotos, advirtió el capitán en silencio, que el otro hombre le había enseñado el día anterior. También había recurrido a la historia de un padre buscando a su hija, y también le había ofrecido dinero.
—Mi padre ofrece una recompensa a cualquiera que nos ayude. Entienda que es su única hija, y la más joven de sus hijos —añadió por si acaso. Recordaba sin mucho afecto lo mimada que había sido su hermana pequeña—. Está dispuesto a ser generoso.
Sambirano miró las fotografías de Sakura y Shaoran, los recién casados que se habían marchado del pueblo con tanta brusquedad. Miró a la mujer del hostal, que tenía los labios fruncidos en un gesto de desaprobación. Los que estaban desayunando comprendieron aquella mirada y volvieron a su comida.
El capitán no se tragó la historia de Yue más de lo que se había tragado la de Shaoran el día anterior. Sakura le miraba radiante desde la fotografía. Ella sí le había impresionado, entonces y ahora.
—Una hermosa mujer.
—Ya puede imaginarse lo preocupado que está mi padre, capitán, sabiendo que está con un hombre como él. Una basura.
Pronunció la palabra con tal pasión que el capitán supo que su odio no era fingido. Si lo encontraba, uno de los dos moriría. A él no le importaba mientras nadie muriera en su pueblo. No vio razón para mencionar al hombre del sombrero de panamá que andaba por ahí con las mismas fotografías.
—Un hermano es responsable del bienestar de su hermana —declaró despacio, pasándose el puro por la nariz.
—Sí, yo estoy que no vivo. Dios sabe qué hará él tipo cuando a mi hermana se le acabe el dinero o cuando se canse de ella. Si puede usted hacer algo, lo que sea, le prometo que le estaré muy agradecido, capitán.
El capitán había elegido hacerse agente de la ley en el pequeño pueblo porque no tenían grandes ambiciones. Es decir, no le apetecía nada sudar en los campos ni llenarse las manos de callos en un barco pesquero. Pero sí creía en sacar algún que otro beneficio. Le devolvió a Yue las fotografías.
—Comprendo muy bien a su familia. Yo también tengo una hija. Si viene a mi despacho podemos hablar más de este asunto. Creo que puedo ayudarle.
Unos ojos oscuros se clavaron en otros. Cada hombre reconoció al otro por lo que era. Ambos aceptaron que los negocios eran los negocios.
—Se lo agradezco, capitán. Se lo agradezco muchísimo.
Al pasar por la puerta, Yue se tocó la cicatriz de la mejilla. Casi podía saborear la sangre de Shaoran. Wei, pensó con una oleada de alivio, estaría contento. Muy contento.
NOTAS DE AUTORA
Lo siento mucho por la espera, pero en ciertas circunstancias de la vida, solo somos peones de ajedrez. Nos mueven sin que queramos nosotros y hay que aceptar las cosas como nos vienen y superarlas.
He tenido que ser intervenida quirúgicamente por un tumor enorme en un riñón. La buena noticia es que no ha sido necesario extirparlo entero y el tumor era benigno (no malo)
Las que me habéis seguido en otras historias, hace tres años también tuve que ser intervenido quirúrgicamente en los dos pulmones, así que como habréis notado, ¡lo mío es un no parar!
Pero bueno, la situación que me tenía así ya acabó (de momento), me he recuperado de ello física y psicológicamente y ¡vuelvo a estar aquí con vosotras!
Volviendo a la historia: ¿Qué tal el capi? No muy intenso como habréis visto, pero como todo capitulo medio aburrido y "sin chicha" (sin sustancia) da el inicio o el acercamiento a uno fuerte e intenso.
Espero que os haya gustado de verdad. ¡Encantada de volver a leeros!
AVISO: ACTUALIZARÉ DE NUEVO CADA SEMANA ESTA HISTORIA.
Como solo se puede clasificar la historia con dos tipos de lo que van, debería ponerlo de tres:Aventure/ Humor/ Romance.
IMPORTANTE
He puesto una encuestaen mi perfil, preguntando que qué fic queréis que se actualice antes, quien quiera, puede votar. SOLO ME HA VOTADO 1 PERSONA, Y PARA MI ESO QUIERE DECIR QUE MIS HISTORIAS NO INTERESAN, SI DE VERDAD QUIEREN QUE ACTUALICE ALGUNA DE ESTAS TRES QUE LO DIGAN PORQUE SINO NO LO HAGO, YA QUE VEO POCO INTERES EN VOSOTROS.
Me he hecho Beta Reader, más información incluída en mi perfil.
RECOMENDACIONES DE LECTURA
¡Nueva sección en mi perfil de ! Aquí pondré los libros que más me han gustado para que los leáis vosotrs. ¡Os encantarán! Si tenéis alguna duda o queréis el pdf o el word, decidmelo por un privado, que yo los tengo todos.
REVIEWS
Cloudy Nights ¡Ya sabes donde está el cerdito! ¡No se le hizo jamón! ¡BIEEENN! Lo siento por la espera. Saludos y hasta el siguiente, espero que te haya gustado este.
Chiwanko Muchas gracias por lo de mi bisabuela, de verdad te lo agradezco muchísimo. Ya caerá ya, la espera siempre es buena porque cuando llega, se saborea más. Hasta el siguiente, saludos.
Stellar BS Si, lo del cerdo fue espectacular, yo tabién me reí un montón. Espero que este te guste. Saludos.
Rebeca26 ¡Me alegro que te guste! Un besito y hasta el siguiente. ¡Nos leemos!
Abihail20 ¿Por casualidad eres también la del último review Abi21? Bueno si es así que sepas que tu review me ayudó a seguirla. Fue leerlo y volver a las andadas jeje. Como he puesto arriba, tuve problemas así que por eso no seguí. Y hay que decir que no son falsas esperanzas lo que doy, nunca lo hago, en realidad no me conoces y no sabes por lo que estoy pasando, además que tampoco tengo por que dar explicaciones porque son asuntos privados. Si no la continuo por un tiempo es porque algo ha pasado, no porque no quiera seguir. Espero que esto no te lo tomes a mal ni nada, no es esa mi intención, solo digo que para poder hablar de algo, hay que saber de que va el tema. Espero también que te haya gustado el capitulo si lo lees. Saludos y hasta el siguiente.
Nicole Li Como verás, no ha sido un capitulo super emocionante. Pero te adelanto que el siguiente lo es. Hasta la próxima.
IMPORTANTE
He puesto una encuestaen mi perfil, preguntando que qué fic queréis que se actualice antes, justo después de La Elegida.
Me he hecho Beta Reader, más información incluída en mi perfil.
RECOMENDACIONES DE LECTURA
¡Nueva sección en mi perfil de ! Aquí pondré los libros que más me han gustado para que los leáis vosotrs. ¡Os encantarán! Si tenéis alguna duda o queréis el pdf o el word, decidmelo por un privado, que yo los tengo todos.
HISTORIAS
1 – Al rojo vivo: Capitulo 11 (50%)
2 -Un Puente Entre Dos Mundos:Capitulo 17 - Va para largo, antes tengo que actualizar, en el siguiente orden: El ángel de un Demonio -Capitulo 8, La Elegida -Capitulo 12, A Partir de un Cumpleaños... Todo Cambió -Capitulo 3. Lo siento, pero es así, mis propias historias son más importantes, lo siento por decirlo así pero es la verdad.
La compañera de cuenta que estaba conmigo era la que se encargaba de ella y yo era su editora, pero como se le fue la inspiración, ahora la encargada de esta historia soy yo y encima me cuesta mucho retomar mis historias a tope, para que ahora tenga que tomar una que no es mía. Pero bueno… seguiré con ella. Como dije, no voy a dejar ninguna sin completar.
3 - La elegida: Capitulo 12 - Amores predestinados (45%)
4 - A partir de un cumpleaños, todo cambió: Capitulo 3 - Estoy un poco estancada, lo siento...
También quiero decir, que al meteros en mi perfil, podéis ver los enlaces que hay de las historias con los lugares, vestimenta, habitaciones... etc
Y eso es todo amigos...
Gracias por leer, y deja un review si quieres para ver si elegí bien la historia, si te gustó o no te gustó. Saludos y te espero! =)
