Mi canción favorita!
Capítulo dedicado a todos aquellos que guardamos un secreto, con la esperanza que se convierta en amor…
.
.
.
.
-Shhhh, no digas nada-
Capítulo 9: Tenemos un secreto.
"Un día de estos voy a robarte un beso"
.
.
Estoico analizó la situación, no olvidaba la lección más importante que un jefe debe saber, pero tampoco podía olvidar lo que significa ser un jefe, es decir, ver su pueblo y luego por él.
-¿Qué es lo que quieres decir con eso de que vaya por Astrid? -preguntó el pelirrojo.
Los jefes de Escalofrío se miraron entre sí, aunque al ver la reacción del jefe estallaron a carcajadas.
—Ay amigo, tienes la misma cara de sorpresa de hace veinticinco años, claro que no, sólo era una broma, ya nos habías dicho que tu hijo estaba enamorado de esa chica. –se relajó Argus dándole un golpe en la espalda. –Lo que quiero es asustar a mi hijo y decirle que deberá casarse con una chica de Berk para forjar una alianza, y de paso le abrimos los ojos a tu hijo, pero será sólo entre nosotros.
Por primera vez esa idea le pareció agradable al joven jefe, tal vez era hora de que su hijo abre los ojos.
-Pero nada es oficial, ¿cierto? –preguntó Estoico.
Brenda negó.
-Estoico, prometimos que jamás obligaríamos a nuestros hijos a casarse… creo que tanto tú como Argus y yo sabemos lo que es estar destinados a un matrimonio arreglado.
El hombre pelirrojo sonrió.
-A ver si mi hijo abre los ojos así. –se quejó.
-¿Eso es un sí? –preguntó Argus.
Estoico brindó su mano. –Tenemos un secreto.
.
.
.
Desde que encontró ese viejo medallón en la isla deshabitada, algo dentro de Hipo cambió, desde el momento que vio por primera vez ese medallón consideró que ya era tiempo de aclarar sus sentimientos, además algo le decía que era correspondido por Astrid.
Ya no se enfatizaría en creer que no era digno de ella, nadie era digno de ella pero por alguna razón que él no llegaba a comprender, ella lo quería y si no era así pronto lo descubriría.
Así que después de decirle a su padre que no se casaría con nadie que no amara, pidió prestada una sección de la herrería en la isla Escalofrío, total ellos iban a regresar en unos días después de tres semanas viajando por el archipiélago para invitar a los jefes a la próxima firma de tratados.
Annek estaba viéndolo desde hace mucho rato con emoción, incluso no pudo reprimir un ligero gritito cuando vio que Hipo se levantaba la camisa para secarse el sudor de su frente, fue justo ese momento cuando le prestó atención y vio a la muchacha.
-No sabía que estabas allí, ¿te puedo ayudar en algo? –preguntó Hipo al ver que la muchacha estaba recargada en el umbral de la puerta con su camiseta. Ella caminó elegantemente y le dio un pedazo de tela para que se limpiara. Lo aceptó de manera reservada e incluso Chimuelo se rio por lo tímido que era su jinete, así que para que él se las arreglara solo, se fue del taller.
— Muchas gracias, reptil traidor. — regañó Hipo una vez que se ajustó la prenda de nuevo.
El castaño se ruborizó por la confianza que la chica le mostraba.
Se separó un poco de ella y siguió con su labor. —¿Qué te trae por aquí? creí que no te llamaba la atención la herrería.
Annek asintió con la vista el trabajo que hacía y le llamó la atención la joya que estaba elaborando con sus propias manos
-¿Y ese collar? se ve que es oro muy fino.
Hipo asintió. -Sí, es un encargo que me solicitaron. — mintió.
Los ojos de Ana brillaron como el oro también lo hacía.
-Y aparte es un regalo de compromiso, ¿no es cierto? —preguntó emocionada.
Hipo no pudo contener su nerviosismo al verse descubierto. — No, no es el compromiso. Es sólo un regalo.
Annek lo miro feliz y emocionada.
-Muchas gracias Hipo, me encanta el oro, gracias por fabricarme este collar sólo para mí. –dijo feliz, a punto de tomarlo entre sus manos.
El castaño se alarmó, ese collar le había llevado dos días de trabajo, era obvio que no lo iba a regalar a cualquiera, ese collar ya tenía dueña.
-Lo… siento, Annek. –dijo, apartándolo de la piedra donde lo estaba puliendo. –No es para ti.
La pelinegra lo miró con recelo.
-¿Qué dices?
El tono áspero asustó a Hipo. Sabía que si una mujer se enojaba y quería algo, debía dárselo, pero ese collar simplemente no le pertenecía.
-Es… es para alguien más.
-Vamos, no seas gracioso… ya sé que en estas semanas te has enamorado de mí, no tienes que ocultarlo más. -luchando por llegar hasta el collar, pero cada vez que intentaba, Hipo lo alzaba más.
-No, Annek, no confundas las cosas. –pidió Hipo, empezando a correr por la herrería.
La muchacha pensó que se trataba de un juego, pero no había nada más alejado que eso, por lo que comenzó a jugar como si se tratara de las atrapadas.
-No, entiende, no… no me interesas.
-Ya, Hipo, deja de… hacerte el difícil. –le dijo cuando logró acorralarlo. –Eres demasiado guapo, montas n dragón, serás jefe y también… hueles muy bien. –comentó, aspirando el olor de sudor del chico.
Hipo sintió que caía en un abismo, quitarse a esa chica sería más difícil de lo que creyó.
-Anda, por favor… por favor… sólo un beso. –rogó la adolescente loquilla.
Hipo hizo hacia atrás su cabeza.
Justo en ese momento, se escuchó un rugido, Chimuelo llegó en el momento más oportuno.
La chica se asustó por ver al dragón en modo bravo, por lo que trató de acurrucarse al chico, pero éste e iba legándose de ella.
-¿No me va a hacer daño? –preguntó asustada y desconfiada.
-No, a menos que tú me hagas algo a mí. –enfatizó.
Annek se quedó quieta.
Hipo agradeció a su dragón.
-De acuerdo, Ann… lamento mucho si mi actitud cortes de llegó a confundir, pero la verdad es que este collar no es para ti.
La pelinegra pareció entender.
-¿El collar ya tiene dueña? –preguntó dolida, temiendo la respuesta.
Hipo asintió. –Sí… igual que mi corazón.
.
.
.
.
Estoico y Valka estaban completamente sudados y respirando con dificultad.
-¿Estas bien? –le preguntó el chico, temiendo por la salud de la castaña.
Valka asintió. –Sí. –respondió al ponerse de pie. –Es sólo que nunca había corrido con tanto obstáculo.
Estoico se apoyó en sus rodillas y se limpió el sudor.
-Correr así te ayuda a escapar del dragón. –le dio un poco de agua que llevaba en un jarrón. –Sólo falta apuntarle con el hacha o la espada, lo que tengas al alcance.
Valka asintió, tomó su espada y la sujetó, pero de inmediato, Estoico se colocó detrás de ella para corregir su postura y el agarre.
-Acerca tu mano a la empuñadura, abre las piernas y…
-Eso no se le dice a una mujer. –bromeó Valka, haciendo reír al chico.
-Lo siento, jamás había entrenado a una chica, pero debo admitir que eres muy buena alumna.
Valka le sonrió abiertamente y Estoico entendió que desde ese día, no podría vivir sin su sonrisa.
Cada entrenamiento fue más y más difícil cada vez, pero al mismo tiempo lo volvió más y más dulce por compartir esos momentos llenos de acción y ternura, durante los cuales, ambos descubrieron facetas nuevas de sí mismos y del otro.
Ese era el último día de entrenamiento, al día siguiente sería la prueba de ella para convertirse en vikinga y ser de las pocas mujeres que habían decidido unirse al clan como guerreras.
Para celebrar tal entrenamiento, Valka preparó un poco de alimento, bueno, ella lo llevó, Gylda fue quien preparó todo porque no iba a dejar que su amiga hiciera de cenar conociendo sus raros toques culinarios.
-Sabes Valka, no olvido el día en que te vi, cuando regrese de Escalofrío. Sé que ibas muy abrazada, no sé si enamorada, pero no creí que tuvieras la fuerza ni la actitud para pasar por encima del estilo de vida vikingo y hacer todo lo posible por romper el compromiso con Alvin. –comentó, empezando una conversación.
La castaña sonrió de medio lado. –Supongo que sorprendí a más de uno.
-Eso puedes asegurarlo.
-No me gusta hacerme notar, no lo hago a propósito, es sólo que tengo mis ideales y, supongo que eso me hace ser quien soy. –mencionó, encogiendo sus hombros, dando una mordida a ese pescado asado.
La chica se ruborizó, más cuando Estoico le alzó el rostro.
-Creo que si luchas mañana con esa misma tenacidad que te caracteriza, podrás matar a todo un arsenal.
Valka sonrió halagada. –No exageres. –le dio un golpecito en el brazo. -¿Cómo voy a pagarte estas lecciones de entrenamiento?
Estoico hizo un ademán con la mano. –No es nada, si ganas será mi paga.
-Hablo en serio, sé que no soy tan buena alumna.
-Sí lo eres, es sólo que por alguna razón desconozco qué te impide matar al dragón.
-Creo que es un ser vivo.
-Es una bestia.
Valka rodó los ojos, mientras ella no tuviera claro sus argumentos no podría defenderlos.
-Como digas.
Ese día, Estoico también aprendió que no le gustaba cuando ella se rendía, así que trató de animarla.
-Si crees ue vale la pena cuidar a los dragones, quizá un día lo logres, pero mientras, ellos son los enemigos. –comentó espontáneamente.
Valka le sonrió.
-Creo ciegamente que un día serás un gran jefe, Estoico. –recordó. –Y yo estaré muy orgullosa de vivir en tu aldea.
Estoico miró al cielo, como si le diera una respuesta, empezaba a oscurecer.
-A veces me gustaría tener una razón suficientemente fuerte para declinar, mientras no la encuentre, seguiré firme en la línea sucesora. Después de todo, un jefe es un jefe primero, y un hombre después…
-Eso es algo triste, ¿de qué sirve estar destinado a algo si no eres feliz? –preguntó con ternura.
-Soy feliz, quizá no salto de alegría, o no he encontrado algo que me haga sentir así, pero lo soy… además, mi destino es ayudar los demás y eso… no le digas nadie, guarda el secreto, me gusta.
Tras escuchar eso, Valka se enamoró más de él.
-Confirmado, me sorprendes…
-No tanto como tú a mí. –una idea cruzó por su cabeza. –Ése puede ser el pago, Val. Sorpréndeme todos los días y considera pagadas las clases.
La castaña sonrió feliz.
-Trato hecho, así que si quieres que te sorprenda, quién sabe, quizá un día de estos voy a robarte un beso. –amenazó, aunque dentro de ella nada le hubiese hecho más feliz que robárselo en ese momento.
-Hazlo, después de todo ya me robaste el corazón. –susurró de manera apenas audible, Valka no alcanzó a escuchar tan confesión.
Valka le brindó una sonrisa interesada.
-Muy bien, eso significa que entre tú y yo tenemos un secreto.
-Así es mi lady.
.
.
.
.
.
Habían pasado muchas cosas interesantes desde que Estoico y Valka iniciaron su relación.
Había compartido sueños, anécdotas, miedos, frustraciones y también anhelos que ni siquiera ellos se atrevían a asumir.
-Al parecer no sabes bailar. –opinó Valka al verlo tropezarse con sus pies.
-Y tú muy buena. –bromeó, alzando su barbilla para besarla.
-Tal vez mejor que tú. –azuzó, empezando un jueguito.
-Sabes… por eso te hice esta canción, para que bailaras. Bueno, me ayudó Bocón a ponerle la música y todo eso. –confesó. –Falta tu nombre, descuida, es precaución pero va dedicada.
-Oh, Estoico, es hermosa. –agradeció. –Tomando el papel cuy título decía "En las danzas y en los sueños"
El joven miró fascinado a la mujer que tenía enfrente.
-Te amo Valka, sé que en encontrarte me tardé, mejor dicho, me tardé en darme cuenta que te amo y que quiero formar una familia contigo. –confesó susurrando sobre sus labios.
Valka quiso llorar por la sinceridad.
-Yo también Estoico.
-Sólo espero el día en que dejemos de escondernos en el bosque y podamos decirle al mundo que este secreto puede volverse amor.
La castaña sonrió nuevamente, antes de perderse entre sus labios.
-Creo que desde hace mucho que ya es amor.
.
.
.
Annek dio un paso hacia atrás.
-¿Qué dices? –preguntó asustada. -¿Quién es tu enamorada?
Hipo resopló, no le gustaba andar divulgando sus sentimientos.
-Eso no te incumbe, y por respeto a ella no hablaré de amor.
La pelinegra se dirigió a la salida.
-Hipo, yo te amo.
El castaño sonrió enternecido, y de cierta forma se sintió culpable por no corresponderle.
-No, Annek. Amas la idea de estar enamorada, pero no lo estás. Además, acuérdate que existe alguien junto a mí.
La hija de los jefes agudizó su mirada.
-Claro que sí, ya sé que existe alguien más en tu corazón, y también sé de memoria un dicho antiguo de la isla burglar que mis padres me han dicho, que todo se vale en la guerra y en el amor, así que, mi estimado Hipo, lucharé por tu corazón.
Se dio media vuelta y se fue, echando humos..
.
.
.
.
.
.
**Gracias por leer y a los que dejan review también**
Dios los bendiga
**Amai do**
Publicado: 27 de agosto de 2015
