Catálogo de oni

El impacto de los nuevos profesores no se hizo esperar y de inmediato ganaron alumnas adeptas a sus clases. Incluso aquellas que no tenían la fortuna de ser sus pupilas, buscaban la manera de acercarse a ellos. No era de extrañar esa admiración, eran los más jóvenes del cuerpo docente, recién graduados de la universidad y su comportamiento resultaba por demás llamativo. Kazeno gustaba de convivir con las chicas de Nanamori y darles consejos de moda mientras ellas la alababan como si de una autentica diosa se tratase; día a día, las alumnas la esperaban en la puerta con tal de admirar el atuendo para aquella jornada que, aunque distaba mucho de la ropa requerida para impartir su clase de deportes. Por supuesto, tenía un cambio igual de elegante listo en su bolso. Sus habilidades deportivas eran equivalentes a su sentido del buen vestir. En su primera semana de actividades deslumbró a estudiantes y profesora titular con su condición física, pues realizó las rutinas de ejercicios junto a las colegialas con unos resultados más que sorprendentes. Su amabilidad era otro punto a favor, se mostraba comprensiva con aquellas que no lograban ejecutar los ejercicios de manera correcta y personalmente se acercaba a ellas para ayudarles. Himawari, cuyas habilidades deportivas son inversamente proporcionales a las culinarias, fue de las primeras en recibir su auxilio al dificultársele la carrera con vallas. Y, aunque parezca una mala broma del escritor sobre la copa de la joven Furutani, el primer consejo de Kazeno-sensei fue conseguir un sostén deportivo.

Raino-sensei también se hizo con un amplio club de admiradoras. Entre el profesorado de Nanamori, solo se contaba con tres hombres ya mayores de cuarenta años, por lo que la llegada del joven fue recibida con agrado. En menos de un día, ya había varias jovencitas espiando a su nuevo maestro de artes, buscaban el más ridículo pretexto para hablarle y las más atrevidas nos dudaban en pedirle una selfie aunque este las rechazara. Si bien, sus ropas no eran tan llamativas como las de su hermana, Raino se distinguía por su nula formalidad. Las corbatas que siempre usaba eran solo un atuendo más para reforzar su imagen de bad boy que arrancaba suspiros en todo el colegio; esto, sumado a su expresión poderosa creaba a su alrededor una extraña aura que atraía la atención de todas, para bien o para mal. Las únicas que parecían libres de ese encanto eran las integrantes del Consejo Estudiantil y del Club de Entretenimiento. Akari, en más de una ocasión, expresó que más parecía un criminal que un profesor y Chinatsu no paraba de imaginar a su amada senpai con los atuendos que este vestía. Pero no todo era estilo y chiquillas enamoradas; el profesor pasante de artes, al igual que su hermana Kazeno, demostró una increíble habilidad en su especialidad. Era capaz de dibujar un retrato a lápiz en cuestión de minutos y con todos los detalles; también demostró gran facilidad para el paisajismo y, según le contó a un par de chicas de tercer año y prospectas a modelos, sus habilidades de maquillista eran superiores a las de cualquiera, capaz de hacer pasar a un hombre por una mujer y viceversa sin ningún problema. Podía comportarse muy reservado, pero al momento de hablar sobre sus destrezas, no habían como pararle. Pero aun con todo el revuelo causado por ambos, Nana no paraba su investigación mientras que Kyoko la pasaba mal en las clases de arte y gimnasia.

—Esos profesores me odian —dijo de cara a la mesa de centro. En solo una semana, los Yatsumura se habían ensañado con Kyoko. Ambos le hacían repetir los ejercicios de clase por supuestos errores que solo ellos identificaron, además de siempre mandarla a las bodegas por material innecesario para la clase. Su justificación: lo usarían con el grupo siguiente—. ¡¿Por qué odian a una chica tan linda como yo?!

—Te pregunté si los conocías. Es claro que tienen algo en tu contra —le dijo Yui tras cortar un largo pedazo de tela roja—. Piensa un poco… ¿nunca los habías visto?

—Que no sé quiénes son. ¡Ah, espera!

—¿Sí?

—Hace unos meses les gané a unos gemelos la subasta de una edición especial de Mirakurun. Se veían muy molestos en ese momento. Me pregunto si serán ellos.

—… ¿Quieres decir que ellos te han seguido por meses para vengarse por eso? —comentó Yui con suma incredulidad.

—¡Sí! Deben ser ellos… no los recuerdo muy bien porque usaban cubrebocas.

—Me parece algo muy exagerado.

—Oh, no tienes idea de lo cruel que puede ser el mundo de los coleccionistas —dramatizó la rubia arrojándose de rodillas al suelo.

—¡Eso es terrible senpai! —gritó Sakurako. La semirubia llevaba una hora con el club de entretenimiento a fin de darle los últimos toques a su cosplay de Super Tomato. ¡Sí tan solo supiera que tenía a la auténtica heroína frente a ella!—. No pueden ser así de injustos.

—Sakurako-chan, no te muevas mucho —le rogó Akari. El traje de Sakurako era el más complicado de hacer, no por el aspecto técnico del mismo, sino por su inquieta portadora.

—Es el único disfraz que nos falta y tenemos que salir esta noche a la Comiket —agregó Chinatsu tras guardar los uniformes de la ficticia academia Aihara—. Kyoko-senpai, ¿segura que es buena idea ir?

—Sí. Puedo asegurarles que no pasará nada malo en este viaje. Y quien sabe —canturreó—. Si algún malo aparece, ¡podríamos ver de nuevo a Super Tomato Commando!

—¡Es verdad! ¡Au! —se quejó Sakurako tras pincharse con una aguja.

—¡Lo siento! Pero te dije que no te movieras —exclamó Akari preocupada por haber lastimado a su amiga.

—No fue nada —respondió esta con una forzada sonrisa.

De alguna manera, el entusiasmo de Kyoko se contagiaba en las demás, hasta en Chinatsu que solía aborrecer este tipo de actividades. Como buena conocedora que es, la rubia encontró la manera de ganarse el favor de su kohai y en el reparto de los personajes se aseguró de otorgarle una que le permitiera estar cerca de Yui. Era extraño para Kyoko, pero ese flechazo que tuvo por la chica de cabellos lilas había perdido su intensidad. No podía comprenderlo y tampoco le daba mucha importancia, si aún le coqueteaba era más por seguir con la costumbre y el gusto por fastidiarla un poco. Lo que tampoco comprendía del todo era su creciente interés por Ayano, pensó que era la preocupación por un ataque de su enemiga jurada: Takashita Momose; pero había algo más, algo que le hacía querer estar más cerca de la vicepresidenta. ¡Qué envida sentía de Chitose! Pasaba todo el día con la tsundere.

Yui terminó de empacar las baterías de emergencia y los bocadillos para el viaje. El presentarse al evento en calidad de expositoras requería ciertos preparativos además del cargamento de mercancía. Lo extenso del evento y la falta de tomas eléctricas provocaban la necesidad de cargar con baterías extra para el celular además de los cargadores de emergencia. La comida era otro punto importante; gracias a la gran cantidad de asistentes, la espera para conseguir alimento podía ser muy larga (cruzar un bravo océano de personas es un reto) y el llevar a la mano una bolsa de frituras o un paquete de galletas significaba sobrevivir. Esta fue una lección que Kyoko y Yui aprendieron a la mala en su primer viaje a la Comiket. En esa ocasión solo asistieron ellas dos a vender los doujins de Mirakurun y, aunque la venta fue aceptable, pasaron una dolorosa experiencia al no poder conseguir agua ni comida durante toda la venta. Discretamente, Yui tomó en sus manos el tomo de Rum Raisin Queen que venderían. Cada vez que miraba con atención la portada, le asombraba la calidad de dibujo que la hiperactiva de su mejor amiga había adquirido en tan poco tiempo. Bien podría para como una profesional y, a su parecer, era incluso mejor que algunos mangaka serializados desde hace años.

—¿Pero cómo puedes saber que estará ahí, senpai? —se escuchó la voz de Chinatsu.

—Solo es un… presentimiento —sonrió ampliamente Kyoko—. Tal vez vigilará un evento tan importante como la maravillosa Comiket.

—¡Tiene que estar ahí! —gritó Sakurako—. Le pediré un autógrafo, no, mejor una fotografía juntas.

¿Por qué Kyoko estaba tan segura de la aparición de Super Tomato Commando en la Comiket? Yui se preguntó eso de inmediato. Aunque pareciera algo lógico, pues un evento tan grande llamaría la atención de un grupo criminal con tendencias terroristas, también era un riesgo descuidar otros lugares importantes como un banco o los museos, que ya habían sufrido un ataque de Onishima. Recordó también el rumor de un atentado por parte de la peligrosa pandilla en contra del popular grupo μ's y, aunque no parecía ser algo más que un rumor de internet, había provocado una conferencia de prensa con el representante de las cantantes. Las famosas musas se presentarían durante los días de la Comiket y con el riesgo que significaba el concierto, las posibilidades de toparse a la heroína aumentaban. Quizá era producto de un capricho, Kyoko convencía a las demás de la aparición de Super Tomato Commando para procurar su asistencia al evento… pero la confianza con que lo decía parecía hasta sospechosa. No podía negar que esperar la presencia del "rayo rojo lleno de vitaminas y antioxidante" era hasta lógico, pero la excesiva confianza de Kyoko ya era extraña. ¿Sabría algo que las demás no? Ya en Akihabara le resultó sospechoso que su mejor amiga desapareciera durante la batalla ocurrida. Sí, la idea de que Akari ocultara la presencia de ambas era muy conveniente pero... ¿desde cuándo Akari es capaz de ocultar a más de una persona? ¿Y por qué Kyoko lucia agotada cuando se encontraron? Estaba tentada a preguntárselo pero la interrupción de un grito muy familiar le hizo detenerse.

—¡Toshino Kyoko! —vociferó Ayano al abrir las puertas.

—¡Sugiura Ayano! —respondió Kyoko, imitándola—. ¿Vienes por mis reportes? ¿Tu cosplay? ¿O por mí?

—¡Ve-vengo por ti! —dijo sin pensárselo dos veces.

Todas, incluso Kyoko, se sorprendieron. A estas alturas, en Nanamori no era un secreto (salvo para la inocente Akari, la despistada Sakurako y Kyoko que por alguna razón no se daba por enterada) que a la vicepresidenta le gustaba la espontanea líder del Club de Entretenimiento y ahí se originaba su comportamiento tan estereotípico y a la vez característico. Si tan solo Chitose hubiese estado ahí, estaría narrando una trágica muerte. Las presentes se quedaron paralizadas ante el anuncio de Ayano, ¿por qué buscaba a Kyoko de pronto? Parecía acalorada, seguramente por correr desde la sala del consejo hasta la casita del club; también era evidente el nerviosismo en su rostro, pero no era provocado por la rubia.

—Ayano… ¿estás bien? —preguntó Yui.

—Sí, sí. Es solo que… ne-necesito hablar con Kyoko. ¿Podrías a-acompañarme?

—Está bien. Vamos —respondió Kyoko aun confundida y sumamente preocupada. Por el semblante de Ayano se trataba de algo muy importante y hasta grave.

Las dos chicas salieron de la casita, alejándose a un paso veloz marcado por la de cabello morado. Kyoko la seguía sin preguntar nada aunque la intriga le estaba comiendo el corazón. ¿Un ataque acaso? El nerviosismo de Ayano era evidente y ella estaba más que lista para activar su traje de repuesto con tal de salvar la escuela una vez más y proteger con su vida a sus amigas, especialmente a la vicepresidenta. En la casita del extinto club de té, la intriga era evidente entre sus ocupantes, sobre todo Yui que dejó su trabajo a un lado por pensar en lo que aquella escena podría significar. Ayano llamo Kyoko solo por su nombre de nuevo y, aunque se trabó al hablar, dijo que iba por ella en específico. Algo estaba pasando ahí, algo que su mejor amiga le estaba ocultando. Chinatsu lo dijo como una suposición… ¿Kyoko y Ayano estaban saliendo? No podía quedarse con la duda.

—Voy al baño —dijo a modo de excusa para irse. No quería hacerlo, pero tendría que espiarlas para descubrir que significaba tan sospechoso comportamiento.


Ayano se detuvo en el laboratorio escolar de Nana ante la mirada desconcertada de Kyoko. ¿No era más fácil llamarle por el celular? La vicepresidenta recuperó el aliento y abrió las puertas para entrar al aula en completo silencio. Todo parecía en orden: los pizarrones completamente blancos, las mesas de trabajo limpias de un extremo a otro, el equipo de laboratorio en sus respectivos muebles. Tranquilidad total, tal vez, demasiada.

—Esto, Ayano —murmuró Kyoko—. ¿Qué pasa?

—Creo que… que… sensei está en problemas. Un hombre sospechoso vino hace un rato, lo vi entrar a la oficina del director y salió en un segundo —la voz de Ayano temblaba al relatar lo sucedido; por nada del mundo quería otro ataque en Nanamori—. Me asomé con el director y se veía muy asustado. Seguí al hombre hasta que llegó aquí, solo escuché a Nana gritar y cuando entré ya no estaban. Sé que debí llamar por teléfono, pero lo olvidé en la sala del consejo.

—Tranquila, Super Tomato Commando Kyoko ya está aquí —dijo Kyoko con una amplia sonrisa que buscaba tranquilizar a su compañera—. ¿Y cómo era el sospechoso? —dijo Kyoko tomando su celular y buscando el número de sensei.

—Alto, parecía fuerte y con un rostro de criminal… ¡Y su cabello! Era negro de los costados y teñido de rubio del medio.

—No recuerdo a ningún criminal así… y sensei no responde.

—¿C-crees que sea alguien de Onishima?

—¡Imposible! —se estremeció Kyoko—. ¿Cómo podrían saber ellos de sensei o de quien soy en verdad? —no podía admitirlo abiertamente, pero le daba pánico pensar que Onishima sabía quién estaba detrás del casco de Super Tomato. Sin dudarlo un segundo, tomó a Ayano de la mano y activó los cerrojos que le llevarían al laboratorio secreto de Nishigaki, desapareciendo juntas detrás del pizarrón.

Cuando Yui llegó al laboratorio escolar después de controlar una salvaje hemorragia nasal de Chitose no había nadie. ¿Cómo es que esas dos pudieron salir sin haberlas visto? El tiempo que perdió con Chitose lo pasó frente al laboratorio y en ningún momento notó que las puertas se abrieran. Cruel broma del destino, la amable Ikeda yacía desangrándose en el suelo cuando Yui estaba tan cerca de descubrir la verdad.

El pasillo blanco seguía tan tranquilo como siempre y no había rastros de algún enfrentamiento. Lo que les esperase detrás de las puertas era en definitiva algo que les ponía los pelos de punta. Confiaban en la audacia de su maestra, sabían que ella podía escapar de un ataque en sus propias instalaciones y llevarse consigo a Rise; tal vez en ese momento ya estaba esperándolas al final de la salida de emergencia y aquel extraño estaba atrapado en los muros del laboratorio militar. De ser así, Kyoko tendría que detenerlo.

Tomato Power Up —murmuró Kyoko y en el acto su traje se activó. Antes de llegar a la puerta se detuvo—. Ayano… si las cosas están mal ahí dentro, quiero que corras directo a la salida de emergencia.

—Sí —respondió Ayano entre admirada y asustada. No era el momento para sonrojos ni mariposas en el estómago. Aunque adoraba a la Kyoko bromista y despreocupada, había algo en esta faceta de la rubia que la fascinaba, no por el semblante serio y determinado, sino por la total disposición de protegerla.

—Agente Toshino Kyoko…

El micrófono reconoció la voz y le autorizó el acceso al laboratorio. La puerta se abrió por completo y Kyoko saltó al interior dispuesta a atacar a quien estuviese ahí dentro. El traje de repuesto carecía de algunas características, conservando solo el aumento de fuerza y la capacidad de volar. Vaya remedio, tendría que solucionarlo a mano limpia. Cuando aterrizó en medio del laboratorio vio a Nana tranquilamente sentada a la mesa principal y, un asiento al lado, al sujeto con cara de criminal, ambos tomando té acompañado por unos cuantos dulces. Choco la miraba desde la barra de la cocina y junto a él estaba Rise con una nada habitual expresión de molestia. Kyoko no entendía la escena en absoluto y menos Ayano que entró con un paso titubeante.

—Y aquí la tienes —dijo Nana señalando a la heroína de traje rojo—, mi máxima invención: Super Tomato Commando.

—¿Eh? —exclamó Kyoko confundida, más confundida que con el final de Evangelion—. ¡¿Eh?!

—Nishigaki-sensei… ¿está bien? —preguntó Ayano desconcertada. ¿Ese aparente criminal era amigo de su maestra?

—Sí, ¿por qué no habría de estarlo? —agregó ella tomando un sorbo de té y mordiendo un panecillo—. Tomen asiento, voy a presentarlos.

—¿En verdad conoce a este criminal? —preguntó Kyoko asombrada.

—¡Oi! ¿A quién llamas criminal? —rugió en respuesta el misterioso hombre.

—Tranquilos, tranquilos. Kyoko, no puedes tratar así a la gente por su aspecto y tú —Nana se dirigió a él—, debes admitir que si pareces un delincuente.

—Como si me importara —respondió aquel.

—Yo creo que sí te importa —se burló la científica en un susurro. Espero el momento en que Kyoko y Ayano se sentaron para seguir hablando. La rubia, al notar la falta de hostilidad en el ambiente, desactivó su traje—. Como puedes ver, ellas son mis alumnas: Toshino Kyoko y Sugiura Ayano. Chicas, él es un viejo amigo de la preparatoria; les presento a Iinuma Haruya, detective de la policía de Tokio.

—¡¿Qué?! —gritaron al mismo tiempo.

—Lo sé, pese a su aspecto de delincuente, en verdad es un detective. Digamos que está de nuestro lado.

Iinuma, ante la incredulidad de las dos estudiantes, levantó su chaleco, revelando su una brillante placa de policía. Ya era difícil creer que Nishigaki Nana tuviese relación con gente peligrosa, pero que ese tal Iinuma Haruya fuese un policía era algo imposible de creer debido a su aspecto. Con esta nueva información, Ayano no podía culpar al director por asustarse ante tal visita. Debido a los antecedentes de Nishigaki, la visita de un policía que en específico la buscaba a ella podía significar muchos problemas para la escuela. ¡El escandalo tremendo que sería! Una maestra arrestada era algo que ningún director querría enfrentar.

—Iinuma-kun, ¿cómo supiste que yo estaba a cargo del traje de Super Tomato? —le preguntó Nana con la taza de té en su mano. Contrario a ella, el detective apenas la había dado un sorbo.

—Eso es bastante obvio para alguien que te conozca —respondió rudo y tajante el detective—. Eres la única persona que conozco capaz de hacer algo así. Lo que me sorprendió es su portadora… ¿cómo pones en riesgo a una niña de secundaria?

—Ese regaño ya lo he escuchado muchas veces. Fue un accidente, pero que accidente, ¿no crees? Todos estamos más que satisfechos con el desempeño de Kyoko.

—Parece que soy buena golpeando criminales —dijo Kyoko con una sonrisa nerviosa. No podía superar su torpeza, tratar así a un detective.

—Sí, lo has hecho bien. Tal vez demasiado bien —Iinuma se limitó a mirarla fijamente con los brazos cruzados. Se agachó para tomar una caja de cartón y la puso sobre la mesa—. Ya que estas aquí, supongo que es momento de centrarnos en lo importante.

—Kyoko, Iinuma-kun ha investigado a Onishima durante el último año. Incluso arrestó a uno de sus tenientes.

—¡¿En serio?!

—Sí, aunque no era el bastardo que quería atrapar —respondió el detective restándole importancia a su hazaña—. Antes que nada, deben saber que esto no lo hago por gusto y tampoco debería otorgarles archivos policiales sin las debidas autorizaciones, pero ya que vamos contra el mismo enemigo… qué más da. Después de tu pelea contra Handou, comprendí que Onishima está fuera del alcance de la policía —tomó varias carpetas y se las entregó a Nana y Kyoko. En cuanto la rubia tuvo su copia en las manos, la abrió para compartirla con Ayano—. Esos malditos… pasaron varios meses escondidos mientras obtenían esos poderes.

—Iinuma-san, ¿cuántos años tiene Onishima? —preguntó Ayano después de mirar el grueso del expediente.

—Serán unos 15 o 20, han pasado varias generaciones y la Onishima que ahora enfrentamos no es la misma que hace dos años. Su actual líder tomó los restos de la anterior y la reestructuró para ponerse en la cima… maldito bastardo. Bien, vamos a lo importante. Pasen a la página 86.

Así lo hicieron maestra y alumnas. La carpeta estaba llena de notas escritas a mano, ya fuera en servilletas u hojas de cuaderno; había mapas de Tokio y planos de edificios, reportes, entrevistas y varios recortes de periódico. El profesionalismo de un auténtico detective se notaba en esa carpeta. La página señalada contenía una fotografía tomada en las instalaciones de la prisión; un hombre con el cabello rubio revuelto sonreía furiosamente al fotógrafo mientras sostenía en las manos, esposadas, un letrero de identificación: Sumire Amano. Sus ojos rojos brillaban en la habitación y el arrepentimiento era algo ajeno a su gesto. Tanto Nana como sus alumnas prestaron atención a cada facción de Sumire; de no ser por la pequeña nariz, el rostro redondo y los ojos de color rojo, sería casi idéntico al profesor pasante Raino, pues los de este eran verdes. ¿Estarían emparentados?

—Ese tipo de llama Sumire Amano; era el número cinco de Onishima hasta que lo arresté junto a toda su pandilla. El maldito era un escurridizo que se disfrazaba para cometer sus crímenes. Detesto admitirlo… pero era un maestro. Deben saber que Onishima es una gran pandilla conformada por otras más pequeñas y cada teniente es el líder de esas facciones. El grupo de este eran en su mayoría jóvenes de preparatoria y de buena familia. Su refugio parecía una tienda de ropa… raros.

—Detective… ¿sabe si Onishima nombró a otro número 5? —preguntó Kyoko. Tenía un presentimiento al respecto.

—Ni idea. Después del arresto, redujeron sus actividades y fue imposible rastrearlos. Sinceramente, no me extrañaría un suplente. Pasen de página, verán un rostro familiar: Handou Wakanosuke.

Al girar la página se toparon con una colección de fotografías en las que relucía el rostro del musculoso rival de Kyoko en Akihabara. Tan fiero como lo recordaban, las imágenes eran un retrato del número 4 de Onishima en diferentes situaciones, ya fuera deambulando por la calle, comiendo, en un enfrentamiento con la policía o mandando a la pandilla bajo su mandato (conformada por esbirros con un físico idéntico al suyo), la expresión dura en su rostro no lo abandonaba.

—Lo único que me inquieta es saber cómo se hizo tan fuerte. Siempre tuvo una fuerza por encima del promedio pero no era suficiente para causar los destrozos de Akihabara.

—Obviamente hay alguien detrás de Onishima, Iinuma-kun —señaló Nana—. Hay ciencia detrás de esa fuerza bruta.

—Es lo más probable, algún científico loco. Pero será imposible dar con esa persona hasta que atrapemos a alguno de los tenientes.

—Takashita… Momose… —murmuró Ayano temblando de pies a cabeza.

—La loca autora del ataque a esta escuela, sí, también lo pensé —dijo el detective sacando una paleta de caramelo de su bolsillo. La abrió y la llevó a su boca—. Pero fue declarada muerta hace poco, la encontraron "calcinada". Ni quien se lo crea. Independientemente de eso, no hay evidencia que la relacione con Onishima.

—¿Un dulce? —señaló Nana con una sonrisa.

—Le prometí a alguien que dejaría de fumar —respondió Haruya con cierta molestia. Desde la cocina, la presidenta Matsumoto estrujó una toalla con notoria frustracion—. Les dejaré esos archivos, podrán leerlos con calma más adelante. El siguiente es el líder de los motociclistas: Furukawa Aoi.

—El número 3 —dijo Kyoko al reconocer al sujeto en la siguiente página. En cada fotografía mostraba el mismo semblante sereno con el que se presentó ante ella en Akihabara. Lo extraño de los retratos era que Furukawa Aoi estaba en las oficinas de la policía, esbozando una amplia sonrisa y con el cabello más corto a como lo recordaba. Las fotografía que parecían más recientes lo mostraban al lado de su motocicleta, ya fuera limpiándola o sentado sobre esta mientras charlaba con su pandilla. Si Kyoko tuviera que juzgarlo con base en esa evidencia, el muchacho sería un conductor más del montón, una persona normal cuyo vehículo era una motocicleta deportiva.

—De todos los miembros de Onishima, este es el único que tenemos señalado como no peligroso —comentó el detective.

—¿No peligroso? —se extrañó Ayano—. Pero… ¿con esa posición en la pandilla y no es peligroso?

—No tengo idea de cómo se numeran los Onishima, ¿de acuerdo? —respondió el detective. Dio un sorbo al té y después de hacer un gesto de desagrado bajó la taza. Se llevó la paleta a la boca de nuevo—. No es considerado peligroso debido a su historial; en primer lugar, es el único menor de edad en la pandilla. Segundo, su archivo está lleno de infracciones: exceso de velocidad, conducción temeraria, no usar casco; solo hay multas a su nombre e incluso se ha presentado a pagarlas. Sin embargo, es un miembro vital para ellos. Es el líder de los motociclistas, principal medio de transporte de Onishima y por un tiempo también fueron su principal medio de ingreso debido al contrabando.

—¿Y qué hay de sus padres? Sí es menor de edad debe tener algún tutor —señaló Nana que no había despegado los ojos del expediente.

—Hasta donde he investigado, es huérfano y se fugó del orfanato. Tenemos los registros de la motocicleta, pero el domicilio es una casa abandonada. Me atrevo a decir que es el más escurridizo de todos y tiene el descaro de burlarse de nosotros en nuestra cara.

—Cuando interrumpió mi pelea con Handou, dijo que él no peleaba.

—No lo hace. En vez de eso reta a la policía a una carrera, sin armas ni sus secuaces, solo la habilidad de ambos con la motocicleta. Ha dicho que se retirará de Onishima el día que alguien lo derrote en su juego.

—Que chico tan curioso —dijo Nana volteando la página. De inmediato se sobresaltó al verla—. Iinuma-kun… ¿tienes algún rencor por este tipo?

En la siguiente página había solo una fotografía que ocupaba toda la hoja. El hombre retratado era de piel bronceada, con la cabeza rapada de los lados y el cabello restante teñido de rojo. Los labios de aquel eran gruesos y mostraban una sonrisa tan soberbia como depreciable, tan llamativa como sus gafas oscuras. El rostro de este criminal estaba encerrado en un círculo rojo. Nana había acertado, el rencor del detective por ese hombre era evidente tanto por el señalamiento en su retrato como por el gesto de odio que puso en su rostro al mirarlo. Con una mordida partió el caramelo que comía y estuvo a punto de romper la taza de té que tenía en la mano.

—Por este bastardo me uní a la policía…

—Iinuma-san —tartamudearon Kyoko y Ayano ante la alteración.

—Este infeliz se llama Akai Kouhen. Es el número dos de Onishima y mano derecha del líder, un inútil tramposo…

—Calma, Iinuma-kun —Nishigaki-sensei se levantó de su silla y se acercó al colérico detective para ponerle una mano sobre el hombro en un intento por tranquilizarlo—. No tienes que profundizar en el si te pone así. Nosotras leeremos tus reportes después.

—Toshino-san —alcanzó a decir Haruya entre dientes—. Yo tenía que atrapar a este bastardo por mi cuenta, pero si se volvió como Handou me será imposible. No permita que este se escape cuando lo enfrente.

—Cla-claro, yo… —balbuceó Kyoko ante la petición. Se aclaró la garganta y recuperó su semblante confiado—. Quiero decir, cuente con ello detective Iinuma.

—Iinuma-san —le llamó Ayano al pasar varias páginas con informes y fotografías tachadas del número 2 de la pandilla—. No hay fotografías del siguiente pandillero.

—Lo sé. Después de este maldito ya no conseguí imágenes de los demás líderes.

—¿Demás? ¿No debería faltar solo uno? —preguntó Kyoko asombrada. ¿A cuántos criminales más debía enfrentar?

—No. Onishima está organizada con cinco tenientes y un líder. El número 1 es una mujer llamada Yashiya Yui. No hay mucha información sobre ella, salvo que se especializa en combate con armas y tiene alguna especie de fijación por derrotar hombres fuertes. Y por último, su actual líder: Matsugamiya Douji. Tampoco hay fotografías suyas, es una especie de fantasma que se oculta detrás de Handou y el bastardo de Akai. Toda la Alianza conoce su nombre pero nadie además de los tenientes le ha visto la cara. Es posible que él estuviera presente en la pelea que tuviste y nadie lo notó.

—¿Qué hay de Sumire? Él debería conocerlo —dijo Nana.

—Claro que lo conoce, pero el desgraciado se niega a darnos más información o a señalarlo, no quiere cooperar.

Dos enemigos misteriosos. Las sorpresas que el detective trajo no fueron pocas para Kyoko y compañía. Onishima no solo tenía a cuatro tenientes listos para enfrentar a Super Tomato, había alguien más en la punta que seguramente era tan o más peligroso que ellos. La clave para llegar a los dos miembros misteriosos era atrapar a cualquiera de los tres criminales ya identificados. A Kyoko la sacudió la realidad en ese momento. Apenas logró sobrevivir al número 4 de la pandilla y, aunque el tercero no peleaba, no pudo evitar pensar en el peor escenario cuando recordó al número 2. También le pareció curioso el nombre de la única mujer en aquel catálogo de oni. ¿Acaso la aparición de esta nueva y malvada Yui era una señal para revelarse su más grande secreto a su mejor amiga?

—Por cierto, tú mentora me dijo que irás a la Comiket de mañana.

—Sí, salimos esta noche.

—Entonces toma esto —dijo entregándole un pequeño sobre amarillo. Kyoko lo abrió de inmediato y no pudo evitar exclamar su asombro al ver el contenido.

—Estos son… son… ¡dos boletos para el concierto especial de μ's! ¡Se supone que estaban agotados! ¿Cómo los consiguió?

—Digamos que conocí al manager de esas cantantes y le prometí que Super Tomato Commando estaría ahí. Supongo que estas al tanto de los rumores; desde tu enfrentamiento con Handou se ha dicho que Onishima planea un atentado en su contra. Según mis investigaciones y mis informantes, eso ocurrirá en este concierto. Llámalo casualidad o como quieras, pero debes estar ahí.

—No puedo creerlo, estaré en un concierto de las musas —pero Kyoko ya no escuchaba las palabras del detective. Sus impulsos otaku eran más fuertes que su sentido de justicia en ese momento. Su principal preocupación ahora era elegir a su compañera para el concierto.

El detective Iinuma la miró con cierto desprecio. ¿Esa era la heroína que salvaría al país de la Alianza Onishima? Aunque no podía menospreciar lo hecho por Kyoko ante la invasión de Takashita ni su enfrentamiento con Handou, la actitud de la rubia le provocó cierta desconfianza. Nana le dirigió una amplia sonrisa con la que pedía confianza en la joven heroína, ella mejor que nadie podía asegurar que cuando Toshino Kyoko se proponía algo, lo lograba a pesar de las adversidades, ya fuera comprar una edición especial de tal manga, atrapar a un bandido o terminar un proyecto escolar en una noche. Además, le tenía un segundo regalo a la heroína juvenil: las reparaciones del traje estaban listas, pero se lo diría más tarde. Sin agregar nada más, Iinuma Haruya tomó su mochila del suelo y se dirigió a la puerta, sin embargo, antes de salir se giró de nuevo. Miró fijamente a Matsumoto que en ningún momento se alejó de la cocina y luego tornó la mirada a su vieja amiga.

—Por cierto. Tu enana asistente hace un té horrible.

Y desde su refugio, Rise mostró una pequeña sonrisa que solo pudo notar Choco.


¡Revelaciones! Un capitulo más extenso pero importante. Al fin sabemos quien ese misterioso hombre. Resultó ser un viejo amigo de Nana y un nuevo aliado para Kyoko. Aun así, quedan varias interrogantes sobre este temperamental detective. ¿Qué pasaría entre él y el número 2 de Onishima? Y ese comportamiento de Matsumoto... ¿son celos?
He notado cierta tendencia en los que escribimos fics de YuruYuri. Nos gusta jugar con el pasado de Nishigaki-sensei, especialmente con su época universitaria aunque yo fui más atras y hablé un poco de su época como preparatoriana. Creo que es la maravilla del personaje, tiene una vida ya hecha que no conocemos y se presta para que podamos inventarle un pasado que se ajuste a nuestro fanfic. No sé, es un recurso que me gusta explotar y ver como lo explotan.
También sabemos más sobre la Alianza Onishima, los villanos en turno. Y es que, como señaló el amigo Gerendo01, ¡sí existe el numero 0! Al menos nuestra heroína escarlata no tiene que lidiar con el numero 5 que ya está tras las rejas.

Noté cierta molestia de parte de Gerendo01 por la inclusión de μ's en el fanfic. En verdad aprecios tus comentarios, sueles dejas los mas largos y llenos de teorías (mira que acabas de acertar con una). Sé que la idea de incluir a personajes de otros "universos" en un escrito puede parecerle chochante a algunos, pero es algo que suelo hacer, tanto en fics como en escritos originales. ¿Por qué incluir a μ's? No sé, fue una elección casi al azar, necesitaba un grupo famoso para introducir la idea de un atentado, acababa de leer los fics de SilentDrago y su inclusión me pareció más "suave" que introducir a las seiyuu reales. (Ahora que los pienso, y espero que SilentDrago me aclare la duda, una de las seiyuu de Love Live es la misma que Himawari, ¿no?) Tengan en cuenta que este fic ya es un crossover, pues desde el capítulo 1 aclaré que los Onishima y ahora el detective Iinuma no son mios, sino del manga Rokudou no onna-tachi. ¿Qué mas da una breve aparición de otros personajes ajenos?

Espero no haberles aburrido. En lo personal me divierto mucho con estos disparates y, aprovechando el rato de sinceridad, esta historia se parece más a lo que quería hacer en Super Tomato Commando Kyoko, algo mas extenso, con muchos villanos, intrigas y acción. Pero bueno, por el momento es todo! Escuchen el tema de Citrus, Azalea, a modo de opening para el siguiente capitulo porque nos vamos a la Comiket. Y hablando de... ¿que canción le quedaría a este fic como tema musical?

Nos leemos luego!