Ginny Weasley.

- ¡Harry, al fin llegaste!

- Es un gusto conocerlo al fin, Potter. Draco nos ha hablado mucho de usted - Lucius Malfoy, el padre de Draco, fue el primero en saludarlo, extendiendo una mano para estrechar la de Harry.

- Siéntete como en casa, Harry. Draco nos ha hablado sobre lo que pasaste en la casa de los muggles con los que vives. Aún no puedo creer que Dumbledore sea tan irresponsable para dejar que vivas con gente de ese tipo.

- Bueno, por fortuna estás en casa. Severus hizo bien en traerte con nosotros.

Harry observó a Draco, con un gesto interrogante.

- El Profesor Snape - le explicó.

Harry había olvidado lo que Draco dijera el año anterior, de que el profesor Snape y su padre eran amigos.

- Gracias por invitarme a su casa, Señor y Señora Malfoy.

- Draco, ¿por qué no le muestras a Harry su habitación?

- Ven, Harry.

Draco le enseñó su cuarto - que bien podía tener el tamaño de la mitad de la casa de los Dursley - y luego el resto de la mansión, y Harry tuvo el presentimiento de que se la iba a pasar muy bien allí, a pesar de lo que Draco le había contado - que Lucius simpatizaba con Voldemort - el padre de su amigo no lo dejó translucir en ningún momento.

Era increíble como Draco se parecía a su padre. Incluso, Harry pudo reconocer, todos los gestos despectivos que Draco había mostrado antes hacia los demás, era una simple imitación a Lucius Malfoy.

De cualquier manera, Harry se sintió mejor tratado en casa de los Malfoy de lo que había estado nunca antes. La señora Malfoy, la madre de Draco, era de lo más amable con él, y luego de ver las ropas con las que llegó a casa, se quejó por horas sobre cómo Dumbledore podía haber permitido que un mago viviera todos esos años con unos sucios muggles; al día siguiente fueron al callejón Diagon, a comprar ropa nueva para él. Harry comía mejor que nunca -mejor incluso que en Hogwarts, y en las tardes se pasaba jugando Quidditch con Draco. Algunas veces recibieron la visita de Theo Nott y de Pansy Parkinson - aunque Pansy no era una gran fan del Quidditch, así que no era lo mismo cuando venía solo ella.

Lo único que a Harry realmente le molestaba, era como los Malfoy trataban a Dobby y a los otros elfos domésticos, pero se cuidó de hacer comentarios al respecto, para no enfadar a los padres de Draco, que después de todo, lo habían salvado de quedarse con sus tíos por más tiempo.

Pronto recibieron la carta de Hogwarts, con la lista de materiales que necesitarían para su segundo año en el colegio. Ese año, tenían una lista larguísima de libros para Defensa Contra las Artes Oscuras; debía ser porque tendrían un nuevo profesor ese año, después de todo, el Profesor Quirrell, que había sido su maestro el año anterior, murió luego de haber sido poseído por Lord Voldemort en un intento de volver a la vida.

- Todos son de Gilderoy Lockhart. Un fanfarrón estúpido que escribe libros sobre sus aventuras. - explicó Draco - Yo creo que es un mentiroso, no habrá hecho la mitad de cosas de las que escribe, pero las brujas se vuelven locas cuando se trata de él.

- ¿Crees que tendremos una bruja como maestra este año?

- Probablemente. Pero no importa, pronto nos enteraremos.

Dejaron las cartas a un lado, y siguieron con una partida de ajedrez mágico que estaban jugando, cuando una lechuza golpeó la ventana de Draco. El chico frunció el ceño mientras se apresuraba en hacer entrar a la lechuza.

- Oh por Dios. Le dije que no volviera a enviarme una carta aquí.

- ¿Qué?

Draco fue a abrir la ventana para la lechuza, y tomó el pergamino enrollado a su pata.

- Es de Granger. Quiere saber si conseguí que salieras de la casa de esos muggles. Ella también te escribió varias veces, y cuando no contestaste me escribió a mí.

Aquello tenía sentido, pero Harry no dijo nada mientras observaba a su amigo, que caminaba de un lado a otro de la habitación. Se aguantó las ganas de reír.

- Te juro que es una molestia, si mis padres descubren que me he estado escribiendo con una hija de muggles, me enviará a Durmstrang, estoy seguro.

Sin embargo, Draco contestó la carta de Hermione y volvió a enviar a la lechuza, luego de darle de comer. No es que se esforzara mucho en mantenerse apartado de la chica, tampoco, y Harry sabía que a pesar de lo que Draco dijera, él también consideraba a Hermione Granger como una amiga. Después de todo, se estaba arriesgando a la ira de sus padres si era descubierto, y eso no era poca cosa.


Una semana después, los señores Malfoy los llevaron al Callejón Diagon a comprar los materiales para su segundo año, donde Gilderoy Lockhart estaba firmando autógrafos. Era un hombre extremadamente vanidoso, Harry se dio cuenta en cuanto el hombre le vio y tiró de él para tomarle una foto, a la vez que anunciaba que él sería su profesor de Defensa contra Las Artes Oscuras ese año.

- Que horror. Casi empiezo a extrañar a Quirrell - dijo Draco. - Este año tampoco aprenderemos nada en esa estúpida clase.

Como si no fuera suficiente malo con eso, tuvieron la mala suerte de toparse con Ron Weasley, y toda su familia, en Flourish & Bloots. Al lado de Ron, apartándose los mechones de pelo rojo que cubrían su cara, estaba la hermana del chico, Ginny. Harry la recordaba del año anterior, corriendo detrás del tren, llorando porque sus hermanos iban a Hogwarts y ella no.

- Potter, Malfoy ¿Disfrutando de la atención como siempre, verdad? - Weasley iba al lado de su hermana, que tenía la mirada fija en los chicos. Al darse cuenta de esto, le tomó la mano a la chica y tiró de ella- Vámonos, Ginny.

Ella le dio una mirada furiosa a su hermano y se puso colorada.

- Suéltame Ron. Puedo caminar sola.

- Ron, ¿Qué haces? Vámonos, que aquí no se puede estar - dijo entonces un hombre mayor, abriéndose paso entre la gente apretujada en la tienda. Era igual de pelirrojo que Ron, y que Harry supuso sería el señor Weasley.

Entonces el padre de Draco se acercó también, apoyando su mano en el hombro de su hijo y otro en el de Harry.

- Arthur...

- Lucius...

Si las miradas mataran, ni el padre de Ron ni el de Draco la hubieran contado. Pero entonces la cosa se puso aún peor, porque el señor Malfoy insultó al señor Weasley y éste se le echó encima. Harry hubiera tenido la impresión de que dos magos como ellos se enfrentarían en un duelo si llegara el caso, pero nunca pensó que se agarraran a golpes al más puro estilo muggle.

- Padre...

Draco parecía estar deseando que la tierra se lo tragara, y su rostro se había tornado blanco como un papel. Ginny Weasley y Ron estaban igual de pálidos; sólo los hermanos Weasley gritaban, alentando a su padre. Finalmente un empleado en la tienda paró la pelea, y luego de que el señor Malfoy le devolviera sus libros a la menor de los Weasley (ya que su caldero y todas sus cosas habían caído y quedado esparcidas por el suelo durante la pelea) ambas familias salieron de la tienda para tomar direcciones contrarias.

La señora Malfoy le dirigió una mirada de reproche a su esposo, pero no dijo una sola palabra; puso su mano en la espalda de Draco y siguieron su camino en un silencio pétreo. Harry pocas veces se había sentido tan incómodo.


Las semanas siguientes transcurrieron con la mayor normalidad. Incluso se había encontrado con Blaise Zabini en un partido de Quidditch del Puddlemere United contra los Chuddley Cannons

La última vez que se habían visto, en Junio, Zabini no les había dirigido la palabra. Como la mayoría de los magos sangre pura en Slytherin, Blaise consideraba que cierto grupo de gente, como los hijos de muggles a quienes él llamaba "sangresucias" o los "traidores a la sangre" como los Weasley, no deberían ser admitidos en Hogwarts. Y como mínimo, ellos no deberían mezclarse con personas de esa clase, ni siquiera con alumnos de otras casas. Draco y Harry, por otro lado, habían salvado a Hermione Granger, una bruja hija de muggles, y al final del año acabaron trabando amistad luego de que ayudara a Harry a salvar la Piedra Filosofal. Por esos motivos, Blaise se había negado a tener cualquier tipo de contacto con ellos.

Pero en las vacaciones, cuando volvieron a ver a Zabini, él parecía haber olvidado el asunto. Y como los tres apoyaban al Puddlemere, habían acabado sentado juntos y discutiendo sobre Quidditch hasta después de que acabara el juego.

El nuevo año escolar presentaba grandes perspectivas para Harry y Draco, y cuando al fin llegaron al colegio para ser bienvenidos por el director, Albus Dumbledore, Harry se sintió aliviado al ver que tenía un lugar dentro del colegio. El año anterior había estado asustado por saber en qué casa iba a acabar, y al ser seleccionado en Slytherin, la casa de la cual había salido el mismo mago tenebroso que asesinó a sus padres, Harry se sintió el chico con peor suerte del mundo. Pero las cosas resultaron diferentes a como él pensaba, y acabó trabando amistades y dándose cuenta de que Slytherin en realidad no era lo que los demás pensaban.

Como espectador, Harry se dedicó a observar a los niños mientras eran seleccionados y aplaudir cuando alguien quedaba en su casa.

Y sin embargo, algo extraño sucedió.

La última persona en ser seleccionada fue Ginny Weasley, aquella niña pequeña y pelirroja que era hermana de Ron.

Todos los hermanos Weasley eran de Gryffindor, así que seleccionar a un Gryffindor más no tenía emoción alguna para la mayoría, ya que era una cosa segura. Pero el sombrero se tomó su tiempo para decidir. Harry recordaba que él mismo había pasado más tiempo que los demás conversando con el sombrero, pero de todas maneras Weasley llamó su atención.

- ¡SLYTHERIN!- exclamó finalmente el sombrero.

- Increíble… – murmuró Draco.

La pelirroja se quitó el sombrero, y comenzó a caminar despacio y en silencio hacia su mesa. Nadie aplaudió, tal vez por la sorpresa de aquello, tal vez por otro prejuicio tonto.

- Pues ya ves. – dijo Harry, todavía mirando a la chica – Ahi está.

Draco observó a Ron Weasley, que igual que otros en su mesa estaban con la boca abierta. Oh, cómo iba a disfrutar ese momento. Codeó a Zabini que estaba sentado de su lado, y le señaló a Weasley con la mirada.

Así que Zabini fue el primero en gritar, tratando de contener la risa:

- ¡TENEMOS A WEASLEY!

Al instante, captando la intención de los chicos, toda la mesa repitió en coro: ¡TENEMOS A WEASLEY! ¡TENEMOS A WEASLEY!

Sin duda, la vida le da a uno sorpresas, pensó Harry, mientras fijaba la vista en Ginny, y por un breve momento, sus miradas se cruzaron.