X.

Los días transcurrieron lentamente. Aquella semana Lily tenía mucha tarea que hacer pero le resultó imposible concentrarse tras lo ocurrido. Scorpius no la había buscado desde entonces, por lo que supuso que ya había obtenido lo que tanto ansiaba. Sin embargo, Scorpius no se había acercado a ella por dos razones: una, porque decidió darle un poco de espacio a Lily después del beso para que no se agobiara y lo mandara a tomar viento; y dos, porque había estado ocupado intentando descifrar el huevo.

Fue entonces cuando una mañana Lily vio a Scorpius salir del baño de los prefectos en bañador, mojado de pies a cabeza y con el huevo en la mano. El chico la miró y le dedicó una sonrisa radiante como las que salen en los anuncios. Lily se sonrojó y desvió la mirada.

-¡Espero que estés orgullosa de mí, pelirroja! Puedes jactarte de que tu novio es todo un campeón.

Los alumnos que caminaban por allí se giraron hacia Lily en cuanto oyeron las palabras del Slytherin. Lily se escabulló como pudo pero sabía que resultaría inútil. ¿Cómo se le ocurría decir eso delante de tanta gente? Seguramente aquello se convertiría en un rumor y finalmente lo sabría toda la escuela. Cuando llegara a los oídos de Albus, ya se arrepentiría, eso seguro. Sin embargo, esperaba que sus palabras estuvieran relacionadas a la segunda prueba y que hubiera averiguado el enigma de la segunda prueba. Necesitaba confiar en que todo saldría bien mañana.

-Señorita Potter – McGonagall salió de detrás de la pared y consiguió asustarla.
-¡Profesora! Le juro que esta vez no he sido yo.
-Lo sé. Tiene que venir conmigo.
-Pero… Tengo clases, muchos deberes atrasados y un entrenamiento de Quidditch.
-Déjese de tonterías Potter. Vamos, acompáñeme.

Todo sucedió muy rápido. La directora le estuvo comentando algo que no alcanzaba a entender mientras el coordinador del torneo terminaba de explicárselo. No comprendía por qué ella tenía que participar en la segunda prueba, así como otros dos compañeros que se encontraban junto a ella en el despacho de la profesora.

Durmió intranquila y la despertaron temprano para llevársela al lago. Lo último que recordaba había sido el hechizo que el profesor de Encantamientos le había lanzado.

La tarde llegó y Scorpius comenzó a prepararse. Se dirigió hacia los tabiques que se encontraban sobre el lago y buscó a Lily entre la multitud, pero no la encontró.

-Mary, ¿dónde está Lily? – le preguntó.
-No tengo ni idea. Cuando me desperté esta mañana no se encontraba en la sala común.

Scorpius frunció el ceño. ¿Dónde se habría metido? ¿Se iba a perder su segunda prueba y posible victoria?

-Malfoy – lo llamó McGonagall. El chico se giró mientras se quitaba las zapatillas. – Confío en que encuentre rápidamente a Potter.
-¿Cómo?
-Sí, ya sabe. ¿Viene preparado para la prueba? – le preguntó.
-Completamente, profesora. Pero, ¿qué tiene que ver Potter con esto?
-Bueno, se supone que lo más preciado para usted es lo que se esconde en las profundidades del lago. No sé qué relación mantendrá con la señorita Potter, pero…
-¿Quiere decir que está ahí abajo? – preguntó el chico, empezando a angustiarse.
-Así es. Por eso confío en que realice la prueba en el menor tiempo posible. Mucha suerte.

Scorpius miró hacia las aguas tenebrosas del lago. Necesitaba que la prueba comenzara ya, no le gustaba nada que Lily se encontrara en peligro por su culpa. ¿Qué pasaría, además, cuando Albus se enterara de aquello?

La voz de McGonagall anunció el comienzo de la prueba. Scorpius se tiró al agua el primero de todos y comenzó a bucear hasta el fondo. Estuvo nadando durante treinta minutos hasta que vio a los tres prisioneros a lo lejos. Convertido en tiburón de pies a cabeza, mordisqueó las cuerdas que ataban a Lily y la arrastró hasta la superficie. El chico volvió a su estado normal y tiró de Lily hasta los tabiques. El profesor Longbottom los ayudó a subir sobre la tablilla de madera mientras McGonagall les tendía dos toallas. Lily abrió los ojos y comenzó a toser.

-¡Tan solo cuarenta minutos, señor Malfoy, estupendo! – exclamó McGonagall.
-Gracias, profesora.

Lily se incorporó mientras Scorpius le colocaba sobre los hombros las dos toallas.

-Le traeré otra más, señor Malfoy – dijo McGonagall, retirándose con Longbottom.
-¿Estás bien? – le preguntó Scorpius a Lily una vez que le dejaron solos. Lily asintió con la cabeza, estaba helada y su pelo chorreaba agua.
-Estoy bien, tranquilo.
-No tenía ni idea de que serías una de los rehenes, te lo aseguro.
-Yo tampoco lo supe hasta ayer por la tarde.

Lily alzó la mirada y se dio cuenta de que Albus los observaba con desconfianza.

-Supongo que te eligieron a ti porque eras lo más preciado. – murmuró el chico.
-Albus nos ha estado mirando. ¿Qué le vas a decir? – preguntó Lily temblando.
-¿Qué quieres tú que le diga?

Lily le miró sin saber qué decir.

-¿A qué te refieres? – preguntó.
-Hay dos opciones: o le digo que me gustas y que por eso has salido elegida; o que le iban a escoger a él pero finalmente decidieron escogerte a ti para que me sintiera más presionado. ¿Qué dices?
-Prefiero la segunda opción, aunque sea poco creíble – contestó ella.
-Como quieras, pero que sepas que tarde o temprano tendré que decirle la verdad.
-Eso que tú piensas como "verdad", no es más que un encaprichamiento momentáneo que no durará siempre. Ya te besé, ¿qué más buscas en mí?
-Mucho más, pero sonaría un poco fuera de lugar.

Lily negó con la cabeza.