Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
Puede que sean rivales en la cancha, e incluso enemigos, pero la llegada de un nuevo integrante a la gran familia del basket, hará que olviden sus rencillas y se unan para apoyar a los nuevos padres, al tiempo que van contando la historia de amor de Kagami y Kuroko, y como su noviazgo dió paso a su boda y su ahora, reciente paternidad.
KagaKuro, MidoTaka... y alguna pareja mas.
Dedicado a MoniK. Mi pequeña princesa Fujoshi.
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Uno mas en el equipo.
Capítulo Diez: Un pequeño primer paso.
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El ambiente cálido y tranquilo del apartamento de la pareja se extendía por todas las habitaciones, especialmente en el cuarto de baño, donde Kagami ultimaba los preparativos para el baño del pequeño Kouen.
Kuroko jugaba con él, tumbado en la cama sobre la suave manta extendida para el niño, mientras su papá terminaba de prepararlo todo.
Metió la mano en la pequeña bañera de plástico sujeta a un mueble alto en mitad del baño y asintió para si mismo al comprobar, en el termómetro con forma de pato, que la temperatura del agua era la perfecta para el niño. Sacó un par de toallas que dejó en su soporte y fué a por sus chicos.
Kuroko tomó a su bebé en brazos después de dejarle desnudito y Kagami los cargó a los dos en brazos hasta el baño. Depositó al peli azul encima de la tapa del retrete, sobre la que previamente había puesto un cómodo almohadón y ajustó la altura del mueble para que la mamá pudiera bañar al niño cómodamente sentado.
Kouen agitó sus bracitos al sentirse envuelto por el líquido templado. Una tenue sonrisa iluminó el rostro de los dos padres, ante los ruiditos que emitía el pequeño en el agua. Le gustaba y mucho.
Echó un poco de jabón en la suave esponja y la deslizó por el cuerpecito del niño, mientras el pelirrojo le sostenía con cuidado. Su mamá le acariciaba con la espuma, limpiándole. Seguramente no había en el mundo un niño mas amado en ese momento que Kouen.
Sus ojitos trataban de mirar a sus dos padres, guiado por sus voces, que le susurraban palabras de amor infinitas haciendo mucho mas agradable la rutina del baño. Apenas tenía una suave y corta pelusilla en la cabeza que no necesitaba de mucho jabón para ser limpiada, por lo que el baño apenas duraba diez minutos, pero no solo servía para limpiar al pequeño, si no que le relajaba en vistas del descanso nocturno.
Kuroko extendió la toalla mullida en sus muslos y Kagami depositó al bebé ahí, para que su madre lo envolviera. Volvió a tomarles en brazos y dejarles en la cama, donde preparó el pijama, un mono de cuerpo entero en color azul con un patito en el trasero y las cosas de aseo. El pañal, la crema y toallitas, la colonia infantil, un cepillo de cerdas suaves...
Tetsuya secaba al niño con suaves caricias cuando sonó el timbre de la puerta. Los padres se miraron sonriendo. Desde que habían vuelto del hospital raro el día que no aparecía alguno de sus amigos para estar con el pequeño aunque fuera para verlo dormir, pero del mismo modo se extrañaron, por que sabían que debían respetar los horarios del niño, y que después de las siete de la tarde querían tranquilidad y calma, para acostumbrar a Kouen al horario nocturno.
Kagami abrió la puerta de entrada con cuidado de no hacer ruido excesivo y se quedó de piedra al encontarse a Takao en la entrada.
– L-lo siento. – Sorbió los mocos, limpiándose las lágrimas con el antebrazo sin pena. – No sabía a donde ir...perdón... volveré otr...
Kagami le agarró por el hombro y le atrajo dentro. Tomó papel de cocina y le tendió un trozo para que se limpiara.
– ¿Qué ha pasado?. – Preocupado le llevó hasta el comedor.
– Y-yo... no sé que hacer. – Hizo un puchero a punto de llorar otra vez. Jadeó por el llanto. – He estado andando, pensando que hacer... y no puedo volver...no sabía a donde ir... yo...le he pegado y me he ido y no...no...
Kagami vió que tenía la mano roja y ligeramente hinchada. Le levantó y empujó ligeramente por el pasillo, hasta la habitación.
– Voy a recoger el baño y a preparar algo de cena. – Takao le miró confuso. – Ayuda a Tetsu con el bebé, y después de la cena nos lo cuentas. – Le acarició la cara, llevándose las lágrimas en su palma. – Con la tripa llena todo se ve de otro modo.
– Vale. – Asintió avergonzado y entró en la habitación, sentándose en la cama junto a un confundido Kuroko.
La mamá siguió arreglando al pequeño, ante la mirada de Kazunari. Por momentos parecía que iba a decir algo, pero finalmente suspiraba y limpiaba las lágrimas que no dejaban de caer con el trozo de papel ya empapado a esas alturas. Kuroko le dió un pequeño peluche para que jugara con Kouen mintras guardaba las cosas del niño en su sitio.
– Estoy embarazado. – murmuró lo suficientemente alto como para que le escuchara. – No sé que voy a hacer...no quiero dejar de jugar, me quedaré sin la beca... y así no podré trabajar, sin dinero no podré pagar mi parte de los gastos... tendré que volver con mis padres... no... – Desvió la mirada a Kagami, que entraba de nuevo con el biberón de Kouen en la mano.
– Venga, vamos al comedor. – Le hizo un gesto al moreno para que tomara la niño en brazos mientras él hacía lo mismo con su esposo. Dejó a Kuroko en el sofá, cómodamente sentado entre almohadones gorditos, y le pasó el babero y el biberón a Takao, para que alimentara él al bebé.
Al principio dudó torpemente que hacer, donde poner las manos, o como colocarse, pero finalmente se dio cuenta de que era mucho mas sencillo si se tranquilizaba.
El ambiente en ese apartamento, en esa pequeña familia que apenas empezaba a serlo, era tan tranquilo y cálido, que Takao se impregnó sin darse cuenta, y a mitad de biberón ya estaba mas calmado y tranquilo en todos los sentidos.
Kouen se quedó dormido en sus brazos después de expulsar el aire, y Kagami lo dejó en el cuco lo mas cerca posible de ellos.
Cenaron tranquilamente, y solo cuando el pelirrojo se fue a lavar los platos, Takao se atrevió a hablar.
– Sé que no es lo mismo... – Comenzó Kuroko pasándole la mano por la espalda en un cómodo masaje. – Pero yo también estaba aterrado cuando me enteré. – El moreno le miró incrédulo. – Llámale, seguro que está preocupado.
– No creo que quiera verme. – Sacó el móvil del bolsillo de la sudadera con capucha negra que vestía y se asombró cuando vio mas de cincuenta llamadas perdidas en la pantalla, todas ellas de Midorima... también había de Kise, y de Aomine, a los que seguro había acudido el peli-verde al no encontrarle. – Le he pegado delante de todos, y le he dado la hoja del médico sin decirle nada... hace horas.
– Pues mándale un mensaje, dile que estás bien... no hace falta que le digas que estás aquí. – Kuroko señaló el teléfono entendiendo su miedo mejor que nadie.
– No hace falta, ya lo sabe. – Kagami llegaba hasta ellos secándose las mano con el paño de cocina. Limpio la mesa para el postre y le revolvió el pelo a Takao. Giró la pantalla del móvil para enseñarle una foto adjunta a un mensaje. En la imagen salía todo el equipo de la Shutoku rodeando a Midorima en el pequeño apartamento que la pareja compartía desde el curso pasado. Kise la había tomado a escondidas y se la había mandado minutos antes, en respuesta al mensaje que Kagami le había mandado para informarle de que el moreno estaba ahí con ellos, intuyendo que había pasado algo entre ellos.
– Pareces un padre. – Dijo con una sonrisa la mamá.
– Soy un padre. – Le dedicó una sonrisa. – Iré contigo, solo dame un momento para dejar todo preparado.
Takao esperó pacientemente a que Kagami acomodara a su esposo en la cama, después de llevarle al baño para el desahogo y el aseo nocturno. Dejó un biberón listo en el calienta biberones puesto en la mesilla de noche y la bolsa con las cosas del bebé junto a la cama, por si tenía que cambiarle el pañal lo hiciera sin moverse de la cama. Acostó a Kouen en su cunita y la acercó al borde de la cama, al alcance de su mano.
Se inclinó sobre el colchón, besándole con calma y cariño, acunando la cara del peliazul entre sus cálidas manos, dejándole sin aliento y sonrojado.
– Vuelvo en un momento, pero si no es así, no me esperes despierto. Descansa. – Miro a la cuna y volvió a besarle en la frente, aparatando sus azules cabellos a un lado con la punta de los dedos. – Descansad los dos.
Takao les observó desde el pasillo. Gestos como ese le hacían entender la razón por la que Kuroko estaba tan enamorado de Kagami... por un momento soñó que el conseguía algo parecido con Midorima... y su corazón se llenó por completo.
…..
Sus compañeros vieron la agresión sin entender nada, hasta que le vieron salir corriendo detrás de él, y dejar abandonado el informe médico de su compañero de equipo.
Todo el equipo lo sabía, y durante los siguientes minutos debatieron en secreto, encerrados en el vestuario, que hacer a continuación.
Era algo inesperado, pero normal teniendo en cuenta que esos dos estaban juntos desde el curso pasado, y no se escondían en absoluto.
Un embarazo era una consecuencia natural de tener relaciones con su pareja. No era el mejor momento, pero tampoco es que fuera algo terrible o malo...
Eso es lo que pensaban ellos, pero Midorima era otro cantar.
Durante una hora, una larga hora Shintarô le buscó desesperado por todos los sitios en los que creyó que estaría. En todos.
Abatido y sin opciones, decidió pedir ayuda.
Kise recibió su mensaje en el entrenamiento de su propio equipo, y salió disparado a su encuentro sin pensárselo ni un segundo. Los gritos de su entrenador se escucharon hasta el aparcamiento, incluso podía jurar que le escuchaba dentro del coche. Arrancó y se puso el cinturón. Antes de mover el vehículo e ir al encuentro de su amigo necesitado, mandó un mensaje de texto a su novio, contándole por encima que el peli-verde les necesitaba, urgentemente, y le decía donde ir.
Aomine llegó primero, y le encontró sentado hacia delante, en el típico gesto en el que se sienta la gente cuando está mareada y trata de que se pase rápidamente.
Midorima estaba derrumbado, a punto de sufrir un colapso por hiperventilar, en el banco del paseo frente a su bloque de apartamentos, con la cabeza a la altura de los tobillos.
Daiki estaba desconcertado. Era la primera vez que le veía derrumbarse de ese modo... Aunque Kise le dijo que había llorado cuando perdió contra el nuevo equipo de Kuroko, no se lo creyó mucho, y lo achacó a esa costumbre que tenía el rubio de exagerarlo todo, pero verlo ahí, delante suyo le dejó sin saber que hacer al principio.
Se agachó a sus pies, después de dejar la mochila con sus cosas a su lado y le palmeó en mitad de la cabeza. Le obligó a levantar la cara y suspiró sonoramente.
– Tienes el labio partido. – Le informó molesto, rebuscando en el bolsillo pequeño de su mochila hasta sacar una pomada. – Ten, es un antiinflamatorio. Tiene muy mala pinta...
– Estoy bien. – Dijo no muy convincente, tomando una pequeña porción de la crema y extendiéndola por la zona que le dolía.
– No estás bien tío, mírate. – Le tomó por la barbilla y giró su cara a los dos lados. – La nariz también está hinchada, puede que esté rota. – La movió con la punta de los dedos, hasta que Midorima se echó para atrás de golpe, dándole un manotazo por impulso. – Lo siento... creo que deberíamos ir al hospital a que te miren, para asegurarnos.
– No está rota... solo hinchada. –Suspiró cansado. –Con un poco de hielo bajará. Gracias por la crema. – Se la devolvió.
– Vamos a tu casa, y me cuentas que pasa, que Kise solo me ha dicho que venga nada mas. – Le ayudó a levantarse y caminaron hasta la entrada, donde el rubio se les unió.
Les contó lo que había pasado, y decidieron llamar a todo el mundo para que les ayudara a buscarle, pero el móvil de Kise vibró con un mensaje entrante que atendió de inmediato.
– Es Kagami. – Les informó a los dos. – Takao está en su casa.
– Solo necesita un poco de espacio, para aclararse. – Daiki le dijo al ver su cara de absoluto alivio.
– Tiene muchas cosas en las que pensar... seguro que está confundido, y aterrado. – Kise le dedicó una sonrisa tristona. – Ponte en su lugar, Midorimacchi... todo se va a la mierda, la beca lo primero...
Midorima suspiró. Kise tenía razón...
Una hora después, el equipo al completo estaba con el peli-verde, buscando una solución.
Aomine preparaba bebidas para todos, cuando Kise, desde la puerta hizo una foto a los chicos, que inmediatamente mandó a Kagami.
– Eres un gran paparazzi. – Daiki colocaba los vasos en la bandeja cuando le habló sin mirarle.
– Una de mis muchas y fascinantes habilidades. – Sonrió enseñando los dientes.
– Eso parece... – Se paró al pasar por su lado, y estiró el cuello para darle un minúsculo beso en los labios, que dejó al rubio clavado y alucinado por el gesto, tan tierno y raro, viniendo de quien venía. – Como se te ocurra hacerme alguna foto sin avisar, te la corto. – Mirada asesina.
Kise sonrió para sus adentros... ya tenía una carpeta entera y sería mejor que la escondiera, bien escondida.
Cuando el timbre sonó, minutos después, Kagami le empujó levemente dentro de su casa.
El moreno miraba el suelo, asustado, avergonzado y con ganas de llorar nuevamente.
Midorima se olvidó del público y saltó del sitio para alojarle en sus brazos. Se olvidó del puñetazo en su cara, y de toda al angustia acumulada las últimas horas. Le tenía ahí, y con eso ya era feliz.
– Siéntate. – Le ofreció con la mano.
– Siento todo esto. – Takao se disculpó. – No quería causar problemas a nadie... y menos al equipo...
– Bueno, tu lo has dicho, somos un equipo. – Taisuke habló el primero. – El problema es que conserves la beca, y para eso tienes que jugar, ¿No?.
– Pues juega. – Shinsuke tomó el vaso de la bandeja mientras hablaba. – Solo necesitas jugar mas de la mitad de los partidos para conservarla, o sea, cinco partidos. Sin problema.
– No podemos arriesgarnos a que le hagan una entrada o se lleve un golpe. – Midorima se levantó para decir eso. – Me niego.
– Nosotros le protegeremos, tu limitate a no fallar los tiros, y no pasará nada. – Miyaji se atusó el pelo, dejando claro que era sencillo de ver incluso para un tonto.
– Somos un equipo, que no se te olvide. – El mayor le palmeó en el hombro para apoyar sus palabras. – Ahora a ver como convencemos al entrenador...
Si, eso podía ser definitivamente un problema...pero estaban convencidos de que juntos podían superar cualquier cosa.
Ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
Wiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii holitaaaaaaaaaaassssssssss
Ya han pasado tres días, y estoy mega feliz con vuestro apoyo, me alegra que os siga gustando, de verdad.
Espero que os guste el cap nuevo, me gustado mucho visualizar la primera escena, me encantan los niños jejeje
Nos leemos en el siguiente.
Besitos y mordiskitos
Shiga san
