Orion y Dan entraron juntos a la Sala Común de Slytherin aquella noche y echaron un vistazo, buscando a una persona en concreto. Cuando la encontraron, volvieron a hablar.
- Tienes que decírselo tú. – Insistía el rubio entre susurros.
- A ti te hará más caso que a mí. – Replicó el otro.
- Por favor, con toda la confianza que tenemos, me mandará a la mierda antes de que pueda terminar la pregunta. – Puso los ojos en blanco. – En cambio a ti parece que te tiene un poco más de respeto, eres su primo mayor.
- No te lo crees ni tú. – Se defendió el moreno. – Venga, tú eres como su mejor amigo, te escuchará antes que a mí.
Los dos desviaron la mirada hacia la mesa en la que Jane estaba escribiendo y suspiraron. No era que estuvieran asustados - ¿cómo iban a tenerle miedo a una chica que les llegaba por debajo de la barbilla a ambos? –, era solo que no querían soportar una de sus charlas sobre las responsabilidades y las cosas "realmente importantes de la vida"… Y vale, puede que le tuvieran un poco de miedo.
- Venga, no seas cobarde Orion. Empieza tú y yo te sigo, te lo ordeno como Delegado. Eres prefecto, debes hacerme caso.
- Está bien. – El chico tomó aire y se acercó a ella. Cada uno se sentó a uno de sus lados, lo que hizo que Jane frunciera el ceño. – Hola, rubia.
- ¿Qué queréis? – Preguntó bruscamente. Tenía mucho que hacer y no estaba para tonterías.
- ¿No podemos venir a saludarte? – Contestó Dan con la mejor de sus sonrisas.
- No voy a ser la nueva buscadora.
- Pero, ¿por qué no? – Orion suspiró. – Nos harías un grandísimo favor.
- Contigo ganaríamos seguro.
- No insistáis, ¿no os dais cuenta de lo ocupada que estoy? – Negó con la cabeza. – No puedo, ni hablar. Además, creía que querías que este año me relajara un poco, Orion.
- ¿Y qué mejor que el quidditch para despejarte de las clases? – Insistió él. – Solo ve a las pruebas mañana, por favor.
- Tengo que terminar un trabajo.
- Te ayudaremos. – Dijo rápidamente Dan. – Alex y yo te podemos echar una mano en lo que quieras y te reduciremos las guardias.
- Creo que eso va contra las normas.
- Es que estoy completamente desesperado. No puedo permitir que mi hermana me quite el torneo otra vez y vuelva a pasarse el verano presumiendo de ello y mi padre se ría de mí y ponga su cara de "mi princesita Gryffindor es la mejor del mundo".
Los otros dos lo miraron sin saber muy bien qué decir. Jane enarcó una ceja y Orion arrugó la frente. Él suspiró y se calmó un poco.
- Quiero a Leah con locura, es mi hermana melliza, pero mi ego necesita ganarle como sea. – Explicó finalmente. – Eres mi única esperanza, Jane.
- ¿De cuántas guardias estamos hablando?
- Podrías hacer solo dos a la semana.
- Una.
- Imposible. – El moreno apretó los labios un poco y empezó a hacer cálculos. ¿Cuántas guardias tendría que hacer él si le quitaba tantas a Jane? – Puedo dejarlo en una doble los viernes o sábado.
- ¿Podría elegir yo el día?
- Generalmente sí, aunque dependerá de los demás prefectos, ya sabes que los viernes y sábados nadie quiere patrullar el castillo.
Jane guardó silencio un momento, sopesando aquello. Ella no era de las que trasnochaba los fines de semana, no le importaba hacer aquello, además, así no interrumpirían tanto su estudio. Podría hacerlo, no estaba del todo mal, aunque lo de entrar en el equipo no terminaba de verlo claro. Siguió sumida en sus pensamientos hasta que escuchó una voz que últimamente escuchaba mucho… y que no le disgustaba tanto como le gustaría. La verdad era que se llevaba muy bien con Matt y le gustaba pasar tiempo con él, aunque no estaba dispuesta a admitirlo en voz alta.
- ¿Estáis intentando hacer presión de grupo para que Jane sea la nueva buscadora? – Preguntó Matt, sentándose frente a ellos. Los dos chicos lo fulminaron un poco con la mirada y ella le dedicó una tierna sonrisa. – Porque si es así me apunto.
- Es que creo que el equipo me quitaría demasiado tiempo, tengo mucho que estudiar. – A ninguno de los otros dos les pasó desapercibido el cambio en el tono de su voz.
- Venga, sería genial, me encantaría tenerte en el equipo. – Insistió, devolviéndole la sonrisa.
- No lo sé.
- ¿No hay nada que pueda hacer para convencerte? – Preguntó con voz sugerente haciendo que ella lanzara una carcajada y negara con la cabeza. Dan y Orion intercambiaron una mirada de desconfianza. El mayor sentía ganas de pegarle a su mejor amigo un puñetazo. Sabía que Jane era su objetivo, pero no se esperaba que ligara con ella delante de él de forma tan descarada.
- Creo que no.
- Me gusta cómo suena eso, no ha sido un no definitivo, sino un "creo que no". – Se puso de pie y se acercó a ella. Se agachó hasta quedar a la altura de su oído. – Te dejaré todos los apuntes de sexto de tu primo, son muy buenos, y te ayudaré en Defensa si te hace falta. Además, haré todo lo que tú me pidas en Pociones.
- ¿De verdad? – Enarcó una ceja. Aquello podía interesarle. – Pero, no sé, no me he preparado para la prueba y seguro que hay muchos que llevan tiempo entrenando.
- Ven conmigo esta noche al campo. – Volvió a murmurar él. – Podemos practicar juntos un rato.
Jane se estremeció casi sin darse cuenta de ello, pero sonrió otra vez. Miró sus libros. Tenía que terminar aquello, pero era sábado por la noche, ya había trabajado mucho aquella semana y siempre podía hacerlo al día siguiente, que para algo no había clase. Le apetecía muchísimo irse con él, aunque no podría decir muy bien por qué. Giró un poco la cabeza para mirarlo y asintió lentamente.
- Deja que coja el mapa y la escoba.
- Perfecto, iré a por la mía también.
Matt salió corriendo escaleras arriba y Jane empezó a recoger sus cosas. Dan y Orion la miraban con curiosidad.
- ¿Y bien? – Se atrevió por fin a preguntar el rubio.
- ¿Qué?
- ¿No vas a decirnos qué te ha dicho? – Insistió. – Nosotros somos tu familia y no nos has hecho ni caso, ¿por qué a él sí? ¿Qué te ha prometido?
- ¿Y a vosotros qué os importa? – Se puso de pie y cogió los libros. Su auror se levantó y se acercó a ella rápidamente. Lo mejor sería ser sincera con ella. - Voy a subir a mi dormitorio y después saldré.
- Bien, señorita Potter. – La chica sonrió y la rubia suspiró aliviada. Había temido que le recordara el toque de queda que supuestamente debía respetar.
- Os veré mañana a las diez en las pruebas.
- ¿Pero te vas a ir así sin más? – Orion no daba crédito. ¿Desde cuándo había secretos entre Jane y él?
- Sí. Ya os he dicho que lo que Matt me ha dicho no es de vuestra incumbencia. – Se agachó un poco y bajó el tono de voz. – Además, esto te servirá de lección por no contarme lo que ha pasado hoy con Ingrid en la biblioteca.
Dicho esto, se marchó hacia los dormitorios de las chicas, dejándolo con la boca abierta y un poco sonrojado. ¿Pero cómo se había enterado de eso? A veces creía que las chicas Potter tenían espías por todo Hogwarts.
- ¿Ingrid? – Le preguntó Dan.
- Sí, una chica de Hufflepuff.
- Lo sé, sexto año, nacida de muggles, morena, muy mona. – Sonrió. – Alex la ayuda de vez en cuando con Aritmancia, son buenas amigas. Es solo que me ha sorprendido un poco.
- No te hagas ideas raras, Dan.
- No he dicho nada. – El moreno sonrió y se puso de pie. – Supongo que hemos conseguido nuestro objetivo, aunque no de la forma que habíamos esperado.
- Como Zabini le haga algo…
- Lo sé, tranquilo. Hablaré con él ahora.
- Que no le toque ni un pelo, todos sabemos cómo es. No quiero que le haga daño a Jane, es muy sensible.
- Tranquilo, déjamelo a mí, yo tampoco quiero que sufra por su culpa.
Dicho esto, se dirigió hacia su dormitorio. Cuando entró, vio que Matt estaba a punto de salir, pero lo agarró del brazo y lo obligó a detenerse.
- Déjalo estar, Matt.
- ¿El qué?
- Lo de Jane. – Le dedicó una mirada amenazadora. – No es una de las chicas con las que te lías y que al día siguiente ignoras. Es mi prima pequeña, no voy a permitir que le hagas daño. Deja el jueguecito de una vez, estaba bien como broma, pero nada más.
- Lo primero es que en ningún momento fue una broma y, lo segundo, es que no haré nada que ella no quiera. – Se soltó de forma un poco brusca. – Deja de comportarte así, ya es mayorcita y, aunque a ti no te lo parezca, yo creo que es capaz de defenderse por sí misma. Confía en mí, ¿vale? Jane no es como las demás, no va a dejarme hacer lo que quiera cuando quiera. Si consigo algo con ella, será siguiendo sus normas.
- Más te vale.
- Y ahora me voy a entrenar. – Le guiñó un ojo. – De nada por cierto.
El chico salió de la habitación y su amigo suspiró antes de dejarse caer en la cama. Desde luego, lo que no conseguía Matt, no lo conseguía nadie.
- ¿Nos vamos? – Preguntó Jane al verlo llegar.
- Cuando tú quieras.
Juntos – y seguidos muy de cerca por la auror encargada de Jane – abandonaron la sala común. La chica miraba atentamente el mapa. No quería cruzarse con nadie y que aquello llegara a oídos de su padre. Estaba un poco nerviosa en realidad, no se saltaba el toque de queda desde que tenía 13 años. Matt y ella salieron a los jardines en silencio. Empezaba a hacer frío y la rubia se arrepintió de no haber cogido algo de abrigo. Cuando llegaron al campo de quidditch, la auror subió a las gradas y ellos dos se dirigieron al centro de la pista. Jane lo miró con una ceja enarcada.
- ¿Por dónde empezamos?
- Pues no estoy muy seguro, ¿en qué flojeas? – Le preguntó él. – Tu primo dice que eres muy buena, pero nunca te he visto jugar.
- Puede que me falte velocidad. – Dijo ella tras meditarlo durante unos instantes. – Dicen que soy buena porque soy buena estratega. No es que vea la snitch por casualidad, es que la encuentro.
- ¿Predices sus movimientos o algo así? – Arrugó la frente. Aquello le sonaba muy raro.
- Algo así, es imposible predecirlos. – Se encogió de hombros. – Solo hay que tener una visión panorámica, una estrategia de juego y un buen conocimiento de tu rival.
- Vaya, hablas como una profesional.
- Por favor, la mayoría de los profesionales no tienen ni idea de estrategia. – Lanzó una carcajada. – Es un don.
- Pues entonces mejoremos simplemente tu velocidad. – Sonrió y se acercó un poco a la chica. Le dio un toquecito en la nariz y ella tuvo que dar gracias a la oscuridad, porque su cara se había puesto completamente roja. – Yo soy guardián, así que no estoy muy acostumbrado a volar rápido, pero haré el esfuerzo por ti.
- Ge…genial. – Tartamudeó, sonrojándose un poco más.
- Pues vamos.
Los dos se subieron en sus escobas y comenzaron a volar. Empezaron echando carreras y picándose el uno al otro y siguieron con ejercicios en los que Matt lanzaba cosas y ella tenía que atraparlas. Después de más de una hora, los dos descendieron de sus escobas.
- Creo que no tendrás ningún problema mañana. – Comentó él mirándola fijamente. Tenía el pelo alborotado y, probablemente, las mejillas rojas. ¿Cómo podía estar tan guapa después de hacer deporte? – Será genial tenerte en el equipo.
- No olvides tu promesa, quiero los apuntes de Herbología, Cuidado de las Criaturas Mágicas y Encantamientos de Dan. – Contestó ella, tratando de normalizar la respiración.
- ¿Y no necesitas mi ayuda? – Enarcó una ceja de forma provocativa.
- Creo que no, pero ya te avisaré. – Respondió, un poco nerviosa por el tono de voz y la cercanía de él. – Voy un momento al vestuario y después nos vamos, no tardo.
Matt asintió y ella salió rápidamente de allí. Su auror la observó, pero se quedó en su sitio al darse cuenta de que iba al baño. Cuando llegó a la puerta hizo un alohomora y entró rápidamente. Sentía el corazón acelerado y no pudo evitar sonreír nerviosamente. ¿Qué le pasaba? Solo se comportaba así cuando veía a…
- Oh.
Abrió mucho los ojos. ¿No estaría empezando a sentirse atraída por Matt, verdad? Era un buen amigo de su primo, su compañero de Pociones y, posiblemente, de equipo. Además, a ella se suponía que le gustaba otro. Se lavó las manos y echó un poco de agua por la cara y el cuello, tratando de tranquilizarse. No le gustaba Matt, no sentía nada por él. Seguro que se le pasaba en seguida. Además, ni que él fuera a fijarse en ella. Se miró en el espejo y tomó aire un par de veces más, pero justo cuando iba a salir, la puerta se abrió.
- ¿Estás visible? – Preguntó el chico, con la vista fija en el suelo.
- Sí. – Murmuró ella, de nuevo nerviosa. - ¿Qué haces aquí?
- Tardabas mucho y me he preocupado. – Él avanzó lentamente hasta ella. – ¿Todo va bien? ¿Ha pasado algo?
- Sí, todo está bien, tranquilo.
- ¿Segura? – Se acercó un poco a ella, sin poder dejar de mirar sus preciosos ojos.
- S…sí.
Se le cortó la respiración y notó que sus piernas temblaban. Por suerte él apoyó sus manos en su cintura, sosteniéndola, todavía con la mirada fija en sus ojos, como si fueran imanes que atraían los suyos. Poco a poco acortó la distancia entre ellos y la besó lentamente, con calma, intentando no asustarla. Ella al principio se quedó quieta, pero poco a poco fue siguiendo el beso. Sus labios pronto se amoldaron y él pudo notar un cosquilleo recorriendo todo su cuerpo. Besar a Jane era increíble, no había sentido una conexión tan fuerte con ninguna otra chica antes. Se separaron lentamente, sin aliento, y se miraron a los ojos.
- Yo… esto… de…deberíamos irnos o… mi auror va… va... a alarmarse. – Consiguió decir ella sin dejar de tartamudear.
- Sí, claro. – Él sonrió levemente y se alejó un poco de ella. – Vamos.
Jane asintió y salió del vestuario casi sin darse cuenta. Tenía la cabeza a punto de explotar. ¿Qué acababa de pasar? Había sido simplemente increíble pero, ¿qué quería él? ¿Acaso le gustaba? ¿Quería un rollo con ella, algo serio o simplemente llevársela a la cama? Recorrieron el camino hacia el castillo en silencio, sumidos en sus pensamientos. Matt la miraba de reojo y no podía dejar de pensar en lo mucho que le había gustado besarla y en lo que le encantaría volver a hacerlo. Besarla hasta no poder más. Fueron hasta la Sala Común con cuidado de no ser descubiertos y, una vez entraron, la auror se marchó hasta el dormitorio que habían preparado para ella y los demás encargados de los Slytherin, dejándolos solos. Los dos chicos se quedaron en silencio, con las miradas fijas en la nada, sin saber muy bien qué decir o hacer.
- Creo que debería irme a dormir. – Dijo finalmente la rubia. – Mañana tengo que estar despejada para la prueba.
- Entrarás sin problema, estoy seguro. – Contestó él, dedicándole una media sonrisa. Quiso decirle que se fuera con él, pero sabía que ella jamás aceptaría y, siendo sinceros, tampoco estaba muy seguro de querer que las cosas fueran así entre ellos. – Buenas noches, supongo.
- Sí.
Jane empezó a andar hacia los dormitorios de las chicas pero, de repente, se detuvo. Volvió rápidamente sobre sus pasos, deslizó un brazo alrededor del cuello de Matt y lo besó con cierta torpeza. Cuando se separaron, él estaba boquiabierto y ella no pudo evitar reír.
- Buenas noches, Matt.
- Bu… buenas noches, Jane.
Se marchó rápidamente a su dormitorio, con las mejillas rojas y acariciándose los labios. No sabía qué le había pasado, pero aquella había sido la mejor noche que había tenido en Hogwarts. Al menos de momento.
