CAPÍTULO 10
CHOQUE CULTURAL
-Él está mal y lo sabes.
En el momento en el que él pone un pie en el Limbo ella comienza a hablarle sin siquiera voltear a verlo, como si ya supiera que es él. Como si de alguna forma pudiera sentirlo o reconocerlo por la cadencia de su andadura por las escaleras o por algún otro matiz de su ancada que lo identifica antes de que él esté en su línea de visión. Brennan se mantenía alta y firme en la orilla de la mesa de trabajo, su cabello recogido en un nudo suelto de sus hombros, mientras analiza algo en sus manos.
-¿Quién está equivocad – dejando que sus ojos tracen las curvas sugestivas que su bata de laboratorio no podía ocultar (y diciéndose a sí mismo que solo está revisando sus heridas lo cual era ridículo y él lo sabía), Booth se acerca más y mantiene su mirada en su frágil nuca. Algunos jirones de su oscuro cabello han escapado en su intento a medias de contenerlo como a ella le gusta, no totalmente suelto como era usual, era la Bones de "es muy tarde en la noche después de mucho papeleo y comida tailandesa", o la de "10 horas recuperando un cuerpo", la visión que ocasionalmente hacía que bajara la guardia cuando estaba demasiado cansada como para notar que un espacio se abre en sus defensas.
-Ese fiscal.
Siempre sin seguimiento detrás, reflexiona Booth con una torcida sacudida con la cabeza. Como se supone que sepa de que fiscal está hablando, cuando se han topado con tantos estos últimos años, eso sin contar los que ella ha enfrentado sola. ¿Cómo se supone que sepa lo que está pensando?
-Sabes Bones, no soy muy bueno leyendo mentes.
-Ni yo – responde suavemente, su intento de enfoque en el aparentemente frágil hueso que vagamente le recuerda al vuelo de una mariposa – es por eso que estudié antropología.
Está demasiado callado aquí, a pesar del piso de concreto y las miles de cajas llenas de huesos que deberían hacer eco en sus voces, callado aun cuando la falta de algo suave para amplificar el sonido. No había nada más que silencio perforador de oídos y finalmente, una misericordiosa agitación de tela mientras se toma la libertad de inclinarse contra la pared para romper este doloroso desasosiego.
-Así que, ¿Cuál fiscal?
Sin siquiera voltear a verlo, sin ninguna inflexión, responde y lo perfora de la manera más inesperada.
-El que implicó que estudié antropología a causa de mis padres. Los psicólogos se equivocan en todo.
-Él no era un psicólogo – le recuerda él, sofocando una risa a su consistente disgusto a cualquier cosa que le recuerde a una conjetura del comportamiento basada en la motivación.
Cuando ella no le ofreció nada más allá de la explicación, decide que el objeto en su mano enguantada estaba captando toda su atención debe de ser digno de una discusión (al menos desde su punto de vista) así que le pregunta acerca de él.
-¿Qué hueso es ese?
-Esfenoide – responde, apartando su vista de este finalmente y dirigiéndole sus turbulentos ojos hacia él – originariamente está escondido en lo más profundo del cráneo así que estos dos puntos se miren en el exterior, aquí – y después de señalarlos apunta hacia un área de su cabeza justo arriba de su mejilla y detrás de sus ojos. Apuntando pero no tocando, por los guantes y el hueso que aún están en sus manos – como un iceberg, solo la parte más pequeña es visible en la superficie.
-Okay – esto sigue sin tener sentido, así que sigue esperando.
-Tienes que estar dentro de la cabeza para poder ver esto, como todo lo demás.
-¿Entrar en la cabeza? - ¿Una película? No estaba seguro, observando cuidadosamente porque ella nunca se revelaba ni decía lo que opinaba. Queriendo preguntarle acerca de las rosas, preguntándose si esta extraña introspectiva estaba relacionada con ello o con algo totalmente distinto (como lo que está pasando entre ellos), Booth avanza dos pasos más solo para ser detenido de nuevo cuando ella lo mira.
Sus ojos.
Un azul congelado como icebergs, el mismo profundo y congelante color que le indicaba las inaccesibles profundidades debajo de su fría superficie que no le daba esperanzas de ser alcanzadas.
Demonios, él odiaba/amaba esos ojos, la manera en la que lo paralizaban completamente cuando le mostraban ese dejo de confusión. Esa mujer tan brillante que lo miraba a él por explicaciones… aun cuando encontraba difícil moverse, lo hizo porque no era solo el orgullo lo que lo empujaba. Era el orgullo y la necesidad de reconfortarla, aun cuando no sabía lo que intentaba decirle.
-¿Sabes lo que es un choque cultural? - otro molesto cambio de tema,
-Sí, es lo que sientes cuando vives en otra cultura.
-Demasiado simplista – lo contraataca. Y sus ojos…
Él desea que ella deje de verlo con esa franqueza que lo desarmaba y casi lo desuella, pero luego se arrepiente porque un instante después lo hace. Brennan mira abajo, juntando la evidencia en la forma de cuidadosos pensamientos compilados. Cuando estuviera lista, lo enfrentaría de nuevo con introspectiva, pero al mismo tiempo dándole una vista de lo que ella ha revelado. Una nueva puerta se está abriendo, ella la abre.
-Este es el momento en el que te das cuenta de que estás malinterpretando todo. Crees que lo entiendes, pero estás mal. Que has mandado los mensajes equivocados, recibido los mensajes equivocados, tú no tienes idea. Tú… tú no entiendes nada de esto – su voz se quiebra y aparta la vista – es así todo el tiempo.
-Bones – él no podía quedarse ahí, dejar que ella exista así, aun cuando no estuviera seguro de lo que le causaba tanto estrés – todo va a estar bien.
-Soy una extranjera en mi propia cultura, Booth. Cada día es un choque cultural.
-Bien, ahora yo no sé que significa eso - comienza él, con toda la intención de contradecir todo lo que ella diga en su deseo de ofrecerle un ejemplo.
-¿Por qué la gente da flores? Tú me diste flores una vez.
Él se detiene justo enfrente de ella, tragando una nerviosa negación que, técnicamente, él le dio las flores a su madre muerta, para que fueran depositadas en la tumba de Ruth Keenan/Christine Brennan. Técnicamente. Pero se supone eran para ella, las escogió cuidadosamente y…
-Sí.
-Pero eso no fue porque tus pensamientos llegaran a un puerto romántico – y en esta apreciación se detiene medio segundo, ampliándole la vista a través de esa puerta, una oportunidad de confirmar o negar sus motivos.
Ella se equivoca, sin embargo. Él toma aliento, de repente un poco enfermo por la realización de cómo acertadamente ha cubierto sus intenciones menos profesionales y esa era la prueba de su éxito: ella no lo sabía. Y luego él podía decir "bueno, de hecho…" él tose y la puerta se cerró fácilmente.
Ella esperó medio latido, su mirada levantándose con su seguridad demasiado confiada que comprendía totalmente a Booth y aun así estaba despistada con la ironía de venir tan cerca a desaprobar su argumento. Brennan niega con la cabeza, creyendo que ya había confirmado su propia hipótesis con la recolección de aquellas flores que terminaron como evidencia adicional.
-Ángela me dio flores una vez, para mi cumpleaños. Eran margaritas porque sabía que me gustaban, pero no fue un gesto romántico.
-No – concuerda.
Su voz sonaba áspera y tensa porque estás grietas en sus muros se estaban formando debajo del poder oculto de las flores. Muros de flores, arrastrándose hacia arriba, enviando pequeños zarcillos hacia sus puntos débiles y abriéndola de par en par, pedazo por pedazo. Él quería mantenerla ahí pero al mismo tiempo quería verla fuerte, muros de piedra sucumbiendo bajo el implacable ataque de tenebrosas flores. En su vulnerabilidad él ve su propio conflicto de intereses.
Sería tan fácil para él aprovecharse de ella. ¿O no?
-¿Por qué me las envió?
Motivación desconocida, un misterio oculto entre un cráneo anónimo, y el hueso esfenoide que estaba viendo tenía un contexto. Ella estaba perturbada por no saber, esperando que él le explicara que eso no tenía explicación. Ella no entendía por que un hombre le mandaba flores y no le indicaba el significado detrás de la demostración.
-No lo sé – nadie sabía lo que otra persona pensaba, y un momento después ella probó sin saber que sus pensamientos eran tan misteriosos para él como todo el mundo lo era para ella.
-Por supuesto que no, era una pregunta retórica.
Riendo, Booth niega con la cabeza recordándose que Bones es más fuerte de lo que aparenta.
-¿De qué te ríes?
-Tú me sorprendes, a menudo.
-¿Qué te sorprende?
-Pensé que estabas aquí abajo sola porque estabas enojada por las flore y las notas.
-¿Por qué me molestaría eso? – el viejo y familiar pincho ha regresado a su ceño, junto con esa mirada con extrañeza registrada que sugería que no de ellos no estaba operando a la eficiencia mental óptima (y ella no se estaba incluyendo dentro de esos contendientes) – debido a que sus motivaciones son desconocidas, tengo que comentar que debo tomar una aproximación tipo "esperar y ver". Es la única forma viable cuando nos enfrentamos a un comportamiento tan enigmático e inconsistente. La amarga mordida de la corriente no se perdió en él, no con la advertencia de Ángela picando tan frescamente en él. – Sólo estoy preocupado por ti.
-No hay nada de qué preocuparse.
-No sabemos por que está enviando estas notas y flores.
-Aún no sabemos si la misma persona ha enviado las cartas y las flores. Tampoco sabemos el por que.
-De momento, solo asumo.
-¿Asumir qué? ¿Qué dos líneas de texto nos digan su motivación?
-Comportamiento más las notas, sí. – Booth mantiene su argumento, sabiendo que a ella no le iba a gustar su propuesta para buscar una respuesta – llevaré todo a la Unidad de Ciencias del Comportamiento para su análisis.
Casi cómicamente, su boca se tuerce en la idea, como si saboreara algo amargo.
-¿Por qué?
-Porque así podemos averiguar quien es este tipo, ver que es lo que intenta.
-Lo que intenta es desconocido.
-Bueno, no tiene que serlo.
-En cuanto a saber quien es, deberías ir a ver mejor a un lingüista forense.
De pronto ambos estaban en suelo firme, pie a pie de nuevo, viendo al otro y determinando la marcha de la investigación en diferentes direcciones. Las manos en sus caderas ahora, pensando en un momento de provocación solo para disfrutar este pequeño momento de normalidad que de otra forma sería una mañana estresante.
-¡¿Qué demonios es un lingüini forense?!
-¡Hiciste eso a propósito! – su acusadora estampa de desaprobación se suaviza por su sonrisa reacia y exasperado movimiento de cabeza.
-¿Hacer qué?
-Lingüista, no lingüini. Un experto en las formas de lenguaje, intenciones y contexto.
-¿Cómo eso nos va ayudar a saber el motivo?
-No lo hará – la sonrisa de sabelotodo de Brennan hizo su aparición – probará que uno de nosotros está en lo cierto, sin embargo.
-¿Acerca de qué?
-Si la misma persona escribió la carta fanática obscena y las notas que venían con las flores. También…
-Brennan se detiene. Booth resiste las ganas de apresurarla al ver las nubes que se han formado en los últimos minutos sobre su cabeza. Se sentía misteriosa y siniestra, la forma como las sombras penetraban tan profundamente entre ambos de nuevo, mientras su compañera decidía que debía decirle.
-¿Bones?
No me excluyas.
Sus ojos se levantan y regresan al principio, de regreso al punto donde la encuentra sola en el Limbo y el choque cultural estaba enviando todas sus ondas de choque de nuevo.
-Tengo una llamada.
Esto no era una incongruencia, él puede decir por la resonancia media que ellos están discutiendo y la revelación de Zack por el mismo evento de soledad inducida que aparentemente la ha llevado aquí abajo para empezar. Él asumió que Zack hablaba de que fue ella la que llamó (para Booth, acerca de la nueva entrega de rosas y su críptico y amenazante mensaje). Pero ella no e refería a eso para nada. Ella se refería a otra llamada, recibida. Todo se detiene, incluido su corazón.
-¿Qué?
-Alguien llamó a la extensión de mi oficina, la voz estaba alterada. Me dijo que estoy siendo observada.
-¿El mismo tipo?
-Aún no he determinado eso – asevera, aun así luciendo lo insuficientemente intranquila para que él ahora considere la llamada como el más fuerte factor contribuyente ara el estrés que él está tratando de hacer que ella racionalice.
-¿Qué dijo exactamente?
-¿Puedes sentir el ojo del mal sobre ti? Te está observando.
Una corriente de maldiciones mordaces que seguramente le harán ganarse unos años extra en el purgatorio corren por su cabeza y ampollándose sobre su paralizada lengua hasta que se las traga. Lo último que alguno de ellos necesitaba era que él perdiera el control, ¡pero rayos, estaba enojado! Solo… enojado. Solo… completamente frustrado con ella (solo Brennan podía hacer que se sintiera así de contrariado).
-Bones, ¿Por qué estás aquí abajo sola?
-Necesitaba tiempo para pensar.
-¿Pensar qué? Es demasiado peligroso que estés sola. ¡Estás siendo acosada!
-Eso no lo sabemos – insiste ella, el estrés ha regresado a su voz, levantando el velo racional para revelar el miedo que hiere debajo.
-Cartas, flores, llamadas telefónicas, todo dentro de un par de días. ¿Qué, crees que esto solo son un montón de coincidencias?
-Podría ser.
-Estás siendo acosada y lo sabes – le dice con la necesidad de detener la forma como niega sus instintos – puedes sentirlo.
-Sentirlo no es saberlo.
-¡Lo es, con un demonio! ¡Te está observando! ¡Él quiere que sepas, que está tratando de asustarte!
-Eso no tiene sentido.
-Esto es guerra psicológica – le advierte – tiene perfecto sentido.
-Ser observada no es ninguna amenaza, es lo que un antropólogo cultural hace. He sido una observadora y nunca he lastimado a la gente mientras observo. Así que no es racional tener miedo, estoy intentando ser racional. Es solo que… no lo entiendo.
Ella se siente intranquila, pero igual no sabe que es normal, sentir miedo porque no sabía el por que. El antropólogo cultural no entendía la cultura de ser acosado, el concepto de alguien que no sabía que deliberadamente intentaba aterrorizarla. El problema es que nadie lo entendía, y aun si las razones fueran conocidas, no haría que la experiencia fuera menos aterradora.
-¿Qué es lo que no entiendes?
-¿A dónde crees que quiera llevarme?
¿La nota de las rosas rojas? Eso le da una pausa, la esencial sensación de su confusión. Eso junto a la llamada, era una excelente pregunta.
