Notas:
Buenas a todos en este caluroso día de verano (En Málaga al menos -_-) Voy con los (él) review del cap 9.
CliaN7: ¿Amor/odio con James eh? Me alegro :D, eso es que me sale bien jajaja
Y Reginald me gusta mucho, aunque esté mal que yo lo diga.
Y este cap es un poco más largo :O
Saludos!
Bueno, vamos al lío con el cap ¡Espero que os guste!
9· Descubrimientos
La ocasión se presentó el lunes por la tarde.
Averiguar que Knox no estaría en su habitación porque tenía clases particulares con Dumbledore fue lo único bueno de un domingo insoportablemente lento.
Y es que ni James ni Lily podían verse, pero claro, no por eso iban a obligar a Remus y Tesa a estar separados. El día transcurrió sin que se supiera si era peor que se mirasen con furia ofendidao que se ignorasen el uno al otro como si no existiesen.
Fue un alivio para todos que se acabase el día y cada uno se fuese a su cuarto.
Las cuatro chicas, Jane, Tesa, Sabrina y Blair, se encontraban cerca de la sala común de Slytherin, esperando a que llegara la hora de que la habitación se quedase vacía.
Fue Sabrina la que encontró la forma de entrar varias. Horas después de que su hermano se desmayase ella pasó por el mismo lugar, al regresar hacia su casa, y vio en el suelo la vieja capa de su padre ¡Se suponía que James no debía llevarla al colegio aunque ahora fuese suya! Por supuesto la recogió y se la llevó a su cuarto. Si su querido hermano iba dejando sus cosas por ahí, allá él.
No fue hasta mucho más tarde, cuando se enteró de que el dueño estaba en la enfermería, que comprendió por qué estaba ahí tirada.
Vieron pasar a Knox.
-Bueno chicas, Blair tiene que abrir la puerta. La capa es mía así que yo voy también. Os toca jugaros quién se queda vigilando.
Jane y Tesa se miraron. –Piedra, papel, tijera.- dijeron ambas simultaneamente.
-¡Si!- Jane había sacado piedra y Tesa tijera así que la morena se quedaría vigilando. Probablemente cabrían las tres bajo la capa, pero alguien tenía que vigilar si Reginald regresaba antes.
-Bien.- se resignó Tesa –Yo me quedaré por aquí, ya pensaré algo. Toma Jane.
Habían modificado dos monedas con un encantamiento proteico -gracias al cual, lo que se hiciese en una moneda se replicaría en la otra- como señal para que las intrusas salieran del cuarto lo más rápido que pudiesen.
Bajo la capa, Jane y Sabrina siguieron a Blair que les abrió la puerta y se sentó en la sala común a estudiar, cerca de la escalera de bajada a los dormitorios de los chicos. Cuando estuviese todo listo podrían avisarla con facilidad para que les abriera la puerta de salida.
Las dos chicas descendieron con cuidado de no hacer ruido, al pasar por el rellano de los de quinto año tuvieron que pegarse a la pared y meter tripa, Crabbe y Goyle salían de la habitación con sendos bocatas de panceta grasienta. Casi las aplastan.
-¿Es que nunca paran de comer esos dos?- susurró Sabrina, acababa de verlos en el Gran Comedor poniéndose hasta las cejas de pastel.
-No. No sé cómo no están más gordos de lo que están, nunca los he visto sin comer algo…pero shhh, a ver si nos escucha alguien…- respondió Jane en un tono tan bajo como el de su amiga.
Al llegar a la última puerta y entrar a la habitación de Reginald, Sabrina no pudo reprimir una risita al recordar lo cómoda que era la cama. O igual no lo era. No lo recordaba porque estaba pendiente de otras cosas, eso es lo que la hacía reír.
Dejaron la capa sobre la silla y comenzaron a buscar, con cuidado de dejar todo tal y como estaba antes de pasar a registrar lo siguiente.
Mientras rebuscaban, Tesa se aburría. Se lamentaba de su mala suerte. Todo le salía mal ese día.
Ahora era perder en el sorteo y tener que vigilar. Lo que era un asco porque implicaba estar haciendo nada mucho rato y claro, empezaba a darle vueltas a la cabeza. Y no tenía interés en ponerse a darle vueltas a sus problemas con Remus.
Pero es que nada de eso sería necesario si las dichosas salas comunes no tuvieran encantamientos de protección. Con lo sencillo que sería atravesar un par de muros y rebuscar en la habitación. Así habría sabido dónde buscar sin necesidad de que ninguna esperase ahí aburrida.
Pero no se podía, lo había probado mil veces. Al principio no entendía por qué las salas comunes estaban fuera de su alcance, pero no tardó en darse cuenta de que nunca había visto a ningún fantasma dentro de la torre de Gryffindor. Sería para dar intimidad a los alumnos…
El caso es que eso también le impedía el paso a ella, aunque técnicamente no era un fantasma sino una valkyria y podía hacerse incorpórea como los fantasmas. Al parecer el encantamiento no entendía de tecnicismos.
Eso la llevó a pensar en otro problema. ¿Cómo se lo tomarían sus amigas? Porque algún día se lo tendría que decir. ¿La odiarían? ¿La llamarían bicho raro? Ya le había pasado y no quería sufrirlo otra vez. ¿Y cómo lo tomaría Remus? Él valoraba mucho la sinceridad y la lealtad, no estaba segura de poder soportar que su Remus la rechazara.
Ya lo confesó a un chico una vezy la reacción no fue nada buena. Aunque se suponía que la amaba.
Suspiró, preocupada y aburrida, resignada a esperar. Pero estaba distraída. Por eso se sorprendió cuando una voz la llamó.
-Stone ¿Qué haces ahí parada?- Lucius Malfoy. Desagradable, como siempre.
-Malfoy, solo estoy apoyada en una pared de un pasillo. Esperando. ¿Vas a quitarme puntos?
-No, tranquila.- el chico alzó las manos, conciliador. ¿Malfoy estaba sonriendo? ¿A ella? –Solo que me pareció raro verte por esta zona del castillo. ¿Buscas a Knox? Acabo de verlo subiendo al despacho de Dumbledore.
Tras encogerse de hombros, continuó su camino. O lo habría hecho si ella no lo hubiera sujetado por un brazo.
-¡Malfoy! Esto…perdona. No quería ser borde, estaba en mi mundo y me sorprendiste. Además, el otro día te portaste bien, perdona. Aún no te lo he agradecido, creo. Gracias por mi pluma, le tengo mucho cariño.- ella misma se sorprendió ¿Desde cuándo le importaba lo mas mínimo herir a Malfoy?
Soltó el brazo del chico al darse cuenta de que aún lo sujetaba.
-No hay de qué, Stone. Era una pluma valiosa, era lo menos que podía hacer. Adiós.
¿Por qué siempre sería tan borde con todo el mundo? Parece que es un buen chico en el fondo, pensaba la vigilante, prestando más bien poca atención a la vigilancia.
-Mira esto Jane.
Sabrina acababa de encontrar un cofrecillo bajo una losa de debajo de la camalleno de frasquitos pequeños que cabrían en una mano. Eran opacos. Comprobaron que había tres filas de nueve frascos, y que los de una fila estaban vacíos. Uno por cada día que llevaba Reginald desayunando en el castillo.
Tenía que ser eso. Al fin.
No podían llevarse ningún frasco convencidas de que se daría cuenta, ni tampoco llevarse el contenido de ninguno de los llenospues notaría que habían abierto el sello.
Así que conjuraron un frasco de la nada y probaron con todos los frascos vacíos, hasta que consiguieron reunir varias gotas de esa densa y extraña poción.
Lo volvieron a colocar todo en su sitioy se cubrieron con la capa.
Salir fue tan sencillo como entrar.
Una vez estaban las tres de nuevo en Gryffindor- Blair se quedó en Slytherin después de que le prometieran tenerla informada- pasaron a la fase dos del plan: Analizar eso.
Se encontraron con el problema de que no podían equivocarse o lo fastidiarían todo. Y de que ninguna era buena en pociones. Jane ni siquiera cursaba la asignatura desde que acabó los TIMOs. Sabrina tampoco. Tesa sí la daba, pero si no aprobaba raspando era por las ayudas de Lily. Pero claro a Lily no le podían pedir ayuda.
De nuevo fue Sabrina quien dio con la solución, aunque tendrían que meter a una persona más.
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-¿Marlene Mckinons? Vaya. Esa chica es de las pocas que pensaba que estaban fuera de tu alcance Prongs.- se asombró Sirius.
-¿Y eso? Que poca confianza en mí, Pad.- le respondió fingiéndose herido.
-No, no es eso ya lo sabes. Es que nunca ha mostrado el menor interés en ninguno de nosotros. No sé, creía que nos tenía por idiotas y pasaba de los tres. Además es un poco repipi.
-No, Sirius.- rió Remus. –De quien pasó fue de ti. En tercero. ¡La única chica que plantó a Sirius Black!
Los tres rieron.
-Vale, es un poco por eso. Aún así me sorprende, así de pronto. Y más aún que tú aceptes.
Se calló, sabiendo que había metido la pata.
-¿Raro que acepte? Lo dices por Evans ¿No? Ella es pasado. Además, en realidad nunca ha habido nada. No desde cuarto. El finde que viene en Hogsmead tengo una cita con Marlene.
-James, ese sábado es luna llena.- señaló Sirius.
-Lo sé, lo sé.- asintió el buscador quitándole importancia con un gesto. –Tranquilos que no pienso dejar tirado a Moony. Pero quedé con ella para comer y pasar la tarde.
-Chicos, de verdad que no hace falta que vengáis, sabéis que no puedo salir de allí con que me cerréis por fuera. El encantamiento de Dumbledore no dejará que ningún licántropo la abra.
-Ni lo pienses Remus. Estamos contigo en esto. Desde que podemos, vamos contigo todas las lunas, esta vez no va a ser distinto- Afirmó James, con el asentimiento de Sirius.
Ambos chicos, desde que descubrieron que su compañero de cuarto y gran amigo era un licántropo, se esforzaron en ayudarle. La forma que hallaron fue hacerse animagos. Ilegales, pues no se registraron en el ministerio.
De esa manera podrían controlar a un lobo furioso y, además, en forma animal la licantropía no se contagiaba.
En un principio Remus se veía confinado en la Casa de los Gritos; la casa que se consideraba más encantada de Gran Bretaña que se encontraba en Hogsmeade;un pasadizo la conectaba con Hogwarts. Dumbledore plantó el Sauce Boxeador a la entrada del pasadizo para evitar que nadie entrara sin conocer la forma de hacerlo.
Pero desde que sus amigos podían impedir que mordiera a cualquiera, paseaban y corrían por el Bosque Prohibido, divirtiéndose las lunas llenas, sin que el director lo supiera por supuesto.
-Chicos…nunca podré agradecéroslo lo suficiente- sonrió Remus. Se sentía mal por el sacrificio de sus amigos perono podía evitar estar feliz.
Les llamó la atención una lechuza llamando a la ventana.
Al dejarla entrar, entregó una carta dirigida a Remus Lupin y se marchó sin esperar a nada.
En pocas palabras el director le citaba para tener una charla después de la cena pues quería comentarle un asunto. No especificaba cual.
-Que casualidad que justo cuando hablamos de algo que se supone no podemos y no debemos hacer te llame ¿No Rem?
Aunque los tres pensaban que rara vez había casualidades con Dumbledore por medio.
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-Esto ya está chicas.- las tres Gryffindors que habían allanado la habitación de Reginald se acercaron Lena, su nueva aliada, cuando las llamó.
A Lena se le daban genial las pociones, aunque eso sí, las preparaba a su estilo particular, usando ingredientes alternativos. Con los efectos que se suponía que tenían que tener, pero mejorando el aspecto o el sabor.
-En cuanto echemos las gotas en esta otra poción se descompondrá en sus elementos básicos, así que tendremos que apuntar los ingredientes y a partir de ellos averiguar qué poción es.
-Pensé que ya lo habías averiguado.- se quejó Jane.
-Oye, que milagros no hago ¿Eh?
Tesa calmó los ánimos de las dos fieras con un gesto de las manos. Las chicas de ojos verdes, mucho más oscuros los de Lena, se desafiaban con la mirada como si fuesen rivales. Siempre había sido así y ninguna sabía decir por qué. Aunque no se llevaban mal en realidad.
-Tranquilidad chicas. Jane, Lena ha hecho lo que dijo que haría. Solo tenemos que buscar.
-Pues venga Lena- Sabrina cortó la discusión antes de que fuese a más. Se sentó con un pergamino y una pluma. –echa las gotas y apunto los ingredientes.
Eso hizo su compañera de cuarto.
Rocío lunar, gotas de sol de noche, bulbo de sangre, pólvora, hojas de kuka y una fresa.
Todas miraron los ingredientes como si el nombre de la poción se fuese a revelar por si mismo.
Lena fue la primera en empezar acotar la búsqueda.
-Bien, esos ingredientes son usados como estimulantes de diversas maneras, así que ese es el tipo de poción que buscamos. Olvidaos también de la fresa. Para mí que es para dar un sabor agradable a la mezcla.
Todos los libros de la biblioteca referentes a pociones se encontraban en la habitación de las chicas de 6º;descartaron los libros que no hablaban sobre las pociones que sugería Lena y empezaron a buscar.
Les llevó horas, pero finalmente Jane encontró algo prometedor ya bastante aburrida, pensando en por qué el maldito autor, VD, no ponía todos los ingredientes seguidos, sino que los explicaba uno a uno y además añadía comentarios personales y estúpidos.
Poción de falsa vitae.
Sustitutivo de la vitae, de uso normalmente temporal.
Rocío lunar, 40ml
Gotas de rocío recogidas con una cucharilla de plata a la luz de la luna llena. Fuerte estimulante hormonal (Especialmente en licántropos)
Gotas de sol de noche, 20ml
Aceite extraído de los estambres de la flor "Sol de noche". Ayuda a prevenir enfermedades e infecciones. (Y doy fe de que aumenta la virilidad)
Bulbo de sangre, 1 bulbo
Hemoglobina natural, sirve de base para la poción. (Consistencia parecida a la de verdad, y asimila bien los ingredientes.)
Pólvora, 10gr
Proporciona energía. (¡Una "explosión" de sabor!)
Hoja de kuka, dos hojas
Aditivo, solo añadir en caso de necesitar controlar a novatos descerebrados. También tiene efectos estimulantes. (Mi amigo Nostradamus me ha dicho que dentro de un tiempo, los muggles la usarán como droga y se llamará cocaina y no kuka…está chalado)
Fresa, al gusto.
Para dar sabor. (La fresa me parece apropiada al ser roja. Odio las cerezas)
-Chicas, creo que lo tengo, están todos los ingredientes. Pero…no puede ser. No lo entiendo.- Jane volvía a leer los ingredientes, confusa.
Las demás se pusieron tras ella y los leyeron. Se miraron.
-Esto quiere decir que Reginald es un…¿Vampiro?- dijeron Jane, Tesa y Sabrina -¿Cocainómano?- dijo Lena.
Las demás la miraron a ella, que no entendió qué pasaba hasta un segundo después.
-¡Ostras! ¿Un vampiro?
Ninguna tenía explicación a lo que acababan de descubrir, pero era muy extraño.
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Lily, en su habitación, estaba bastante aburrida. No podía reprocharle a sus amigas que la dejaran sola después de los últimos días ya queno se había portado bien. Eso lo tenía claro.
Habiendo adelantado ya un montón de deberes, lo único que tenía por hacer era…nada. Estaba sentada en la terracita de su cuarto, con Merlín en el regazo reclamándole mimos.
Pero Lily no era una persona capaz de sentarse a dejar pasar el tiempo. Todo el mundo sabía que era enérgica y activa y de carácter fuerte. Era ese carácter el que hacía que tuviese menos admiradores que admiradoras tenían los merodeadores, porque ella era el equivalente femenino a ellos;una auténtica belleza.
Se levantó de pronto, asustando al pobre hurón que la miró con reproche mientras volvía bajo la almohada de su dueña.
-Lo siento Merlín.- le dio una última caricia antes de marcharse a la biblioteca.
Siempre había cosas que aprender allí, con tantos libros. Aunque estando ya en séptimo se había leído bastantes, aún quedaban muchos más. Especialmente en la Sección Prohibida.
Uno de los pocos beneficios reales de ser prefecta era poder entrar allí cuando quisiese, por más que la señora Pince, la bibliotecaria, lo desaprobara.
No buscaba nada concreto, pero algo llamó su atención. Un libro un poco fuera de la perfecta línea que formaban todos los demás en su balda correspondiente. ¿De qué le sonaba ese libro?
Lo reconoció tras cogerlo y ver la portada.
Reginald lo estaba ojeando cuando ella fue a pedirle ayuda para Sabrina. Sí, era ese.
"Vampiros y mutaciones"
¿Por qué lo miraría? No habían dado nada sobre vampiros ni nada parecido en las clases. Se lo llevó para leerlo, igual era por algo de las clases privadas con Dumbledore. En cualquier caso, no había leído ese libro aún y le resultaba tan bueno como cualquier otro para matar el tiempo.
El libro era viejo y estaba un poco mohoso, con la encuadernación algo pasada. Gracias a eso en cuanto lo puso en la mesa quedó claro cual fue la última página por la que había estado abierto. Tras leer un poco, retrocedió unas cuantas más para empezar a leer desde el principio de ese capitulo.
Apéndice: mutaciones no controlables.
Los vampiros no pueden tener descendencia de ningún tipo, entendiendo por esto de la forma habitual, procreando. (Para más información sobre la "reproducción vampírica" consultar el capítulo VII de este mismo volumen)
No obstante, se han descubierto pruebas recientes sobre una mutación extraña y poco predecible en los diarios de experimentos del conocido vampiro "Vlad Draculea". El conde Drácula.
Las anotaciones son demasiado extensas para reproducirlas aquí (consultar los diarios para más detalles). Es un proceso peligroso para quienes se someten a él y cuyos resultados son bastante impredecibles.
Alimentando a una mujer embarazada con sangre de vampiro, casi desde el comienzo de la gestación, nunca desde antes (de nuevo, consultar los diarios), se provoca una asimilación de la misma en el feto, que cambia hasta el punto de modificarse a sí mismo y dejar de ser humanos. Si el suministro de sangre de vampiro es irregular o se interrumpelos efectos varían, pero con un desenlace fatal invariablemente.
Si todo sale bien, algo que es poco probable, el bebé nacido no será humano, no del todo. Sin embargo, no habrá ninguna diferencia aparente.
En algún momento del crecimiento del niño o niña, cuando llega a cierto nivel de madurez, (los experimentos de VD no profundizan tanto pero parece creer que en cada caso es distinto) el sujeto cambia y su naturaleza vampírica sale a la luz. Sin embargo no se trata de vampiros completos o reales.
A falta de un término mejor, los denominaremos "semivampiros".
Estos semivampiros comparten las mejores características de ambas especies, o las peores según a quién se le pregunte. A saber:
· Mayor fuerza y velocidad, pero menores que las de un vampiro.
· Sentidos mejorados, pero no tanto como los de un vampiro.
· Están vivos, aunque su longevidad es mayor.
· El ajo simplemente les irrita y el sol les molesta, pero ninguna de las dos cosas les destruye.
· Resistencia a las mismas maldiciones que los vampiros, como los conjuros congelantes, aunque de forma reducida.
· Pueden alimentarse de comida humana normal, aunque siguen necesitando beber sangre cada cierto tiempo.
· Regeneración de las heridas más rápida, pero una perdida masiva de sangre sería mortal, al igual que en los humanos.
Tras leer todo el apéndice, que seguía con algunos detalles menores más, lo releyó. Por lo que entendía el tal VD, experimentó con mujeres embarazadas en busca de una nueva raza mejorada. Curioso cuanto menos. Y enfermizo.
Lo que no entendía era para qué quería Reginald esa información. Ella no había escuchado hablar de esos seres jamás ¿Acaso él sí? ¿Dónde y de quién?
Quizá de Dumbledore. Pero si era así, ¿Por qué buscar información en la biblioteca y no directamente de él?
Lo mejor sería llevarse el libro y mirarlo más a fondo, por si acaso había algo más.
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Al llegar al despacho del director Remus se cruzó con un cansado Reginald que salía con aspecto de haber recibido una buena paliza.
El Sly le saludó con un gesto cordial, pero desganado. Se le notaban ojeras y la piel algo pálida.
-Adelante Remus. No te entretendré demasiado. ¿Te apetece una taza de té?
La voz del director le sacó de sus cavilaciones.
Remus J. Lupin era normalmente un chico sereno y calmado, algo distante y con cierto aire de misterio. Siempre era amable, pero tener amistades verdaderamente cercanas, eso era otra historia.
Desde niño era un licántropo, y por esa razón se temía a sí mismoy le aterrorizaba hacer daño a los demás. Y también que lo rechazasen.
Solo Dumbledore le tendió una mano cuando era niño. Sus padres se sorprendieron al recibir, no la carta de Hogwarts, sino la visita del mismo director. Les explicó lo que harían para que fuese totalmente seguro. No lo contarían a nadie más que a unas pocas personas totalmente confiables para que no hubiese rumores.
De esa manera un inocente niño con la mala suerte de haber sido mordido y contagiado podría tener una infancia todo lo normal que se podía lograr.
Por esas razones, y por traicionar la confianza de Dumbledore todas las lunas llenas, Remus se sentía nervioso en presencia del director, no lo podía evitar.
-Sí, gracias. ¿Se encuentra bien Reginald? Parecía muy pálido.- respondió.
Mientras servía el té, tres tazas de té, el director le respondió.
-Sí, solo es cansancio. Una buena cena y dormir lo dejarán perfectamente. Se exige mucho a sí mismo.
Al ver la extrañeza del recién llegado, Dumbledore señaló con un gesto a uno de los sillones que había frente a él. Para ver quién se sentaba allí tuvo que avanzar hasta sentarse en el otro, ante su taza de té.
-Le presento, aunque supongo que ya la conocerá al menos de vista, a la señorita Blair Van Hell. Blair, él es Remus Lupin.
Ambos asintieron. Se conocían de vista. Aunque apenas habían tenido contacto siendo de cursos distintos y de diferentas casas.
-Bien, Remus, esto no debe salir de entre estas paredes. ¿Tengo tú palabra? Bien- prosiguió tras el asentimiento del aludido. –Este verano, Blair ha conocido al señor Greyback.
Ante la mención del más salvaje y sanguinario hombre lobo conocido en Europa, y quien lo mordió a él, la mandíbula del chico se tensó. Miró apenado a la, ahora comprendía por qué olía distinto, licántropa.
Ella parecía algo incómoda por recordar ciertos momentos que prefería olvidar, pero sobretodo sorprendida de que el director contase su secreto. Eso solo podía significar que ese chico también era un licántropo.
El director continuó hablando unos momentos después.
-Se acerca la luna llena, y será la primera que pase aquí en Hogwarts. Estará contigo, Remus. Confío en que la enseñes a llegar al lugar y te asegures de que todo vaya bien.
-Claro, señor. Sin problemas.- asintió el muchacho.
-Solo quería que no os sorprendieseis al encontraros ya allí. Harás caso a Remus, ¿Verdad, Blair?
-Sí, director.- sonrió ella.
No parecía preocupada ni disconforme.
-Por supuesto, ninguno de los dos revelará la identidad del otro a nadie sin que el otroy yo lo permitamos.
Asintieron de nuevo. Remus algo menos seguro. Aunque en realidad, no rompió la promesa, ellos lo descubrieron solos.
-Bien, quédense y disfruten del té, debo ir al ministerio ahora. Las pastas de limón están deliciosas. Hablen, pónganse al día, no dudo que ha sido una sorpresa para ambos.
Tras esas palabras, el director se levantó y se marchó, dejando a los jóvenes charlando sobre su pasado y sobre su experiencia al ser mordidos.
