Disclaimer: La trama es de mi propiedad, todo lo relacionado a Crepúsculo le pertenece a la señora Meyer, desgraciadamente, aunque tenemos un acuerdo donde me presta a Jasper por las noches, ¿cierto, Steph?
Forks Ink: tatuajes y perforaciones.
Summary: "Forks Ink: tatuajes y perforaciones. Grizzly es un maestro con los retratos y tatuajes en 3D. Tink es la mejor cuando se trata de frases, nombres y/o textos. Y luego estoy yo, me llaman B, y prometo que puedo perforar tu verga sin que sueltes una lágrima… pero si eres el padre de mi bebé, mejor te lo piensas dos veces" OoC. TH. AU. Bella&Edward
Capítulo 9: Tenemos al Jesús americano.
American Jesus – Bad Religion.
— Floyd no es hijo de Edward y definitivamente no es tu nieto.
Directo al grano, así me habían enseñado desde pequeña.
— Debí suponerlo.
— No sé qué carajos te dijo Jasper, pero no lo es. Por ende, mi viejo amigo, no quiero ningún comentario sobre bastardos ni niños concebidos fuera del matrimonio. Tiene cinco años, es mío, y yo cuido lo que es mío.
— ¿Me estás amenazando muchacha?
Una de las rubias cejas de Carlisle se alzó retadoramente. Sí, yo lo estaba amenazando y me vale madre si no está de acuerdo con eso, pero estábamos hablando de mi hijo. Luego de la calurosa bienvenida por parte de Carlisle, Edward había entrado con ambos niños a la casa Cullen, yo me había quedado atrás con el viejo reverendo para intercambiar unas sanas palabras más antes de empezar con el show este. Prefería dejarle clara las cosas ahora que tener que explicarle luego a Floyd porqué el hombre aquí pensaba que él podía ser su nieto.
— Tómalo como quieras, Carli. Yo más bien le llamaría advertencia —sonreí—. De todos modos, ¿qué te hizo llegar a esa conclusión?, no es como si Edward y yo… —moví mis cejas sugestivamente— ya sabes.
— ¿Enserio?, muchacha, ¿por quién me tomas?, ¿crees que no conozco a mis hijos, sangre de mi sangre? Sé la clase de relación que Edward y tú tenían en tiempos de antaño, mi hijo estaba perdido bajo tus viles encantos, lo veía cada vez en sus ojos cuando te observaba.
Santa mierda.
¡Él lo supo todo este tiempo!
— Deberías haberle advertido, entonces, ¿por qué no lo hiciste?
— Edward era joven e inexperto, y como dicen sabiamente: uno aprende de sus errores.
Touché.
— Bueno, viejo, por cómo vamos ahora, creo que tu hijo no aprendió del todo, ¿no crees?
— Ya veremos, chiquilla.
Ugh.
Era tan exasperante. Entorné mis ojos y lo seguí hacia la sala de estar cuando me hizo una seña con su cabeza. Esme estaba ahí, intercambiando algunas palabras con Edward mientras Floyd y Grace veían televisión sentados en la alfombra que adornaba la sala de estar. Carlisle tomó asiento junto a su mujer y depositó un delicado beso sobre su mejilla, luego me indicó con un movimiento de su barbilla que tenía el permiso de profanar su sofá con mi sucio trasero. Bueno, no es que él lo haya dicho de ese modo pero estoy completamente segura de que lo pensó así.
— ¡Bella, cariño!, es un gusto verte nuevamente —Esme me sonrió, a la vez que le daba un suave apretón a mi mano— ¡Mira!, le he dado un cuidado exclusivo, estos dos hombres de aquí pegaron el grito al cielo cuando me vieron, pero pienso que se ve realmente adorable, ¡y ya está completamente cicatrizado!, eres un encanto con estas cosas, ¿qué dices?, ¿luce bien?
Asentí hacia ella con apreciación. El pequeño brillante relucía bajo la luz de la estancia, la verdad es que sí se le veía bien, era como que Esme estaba hecha para este tipo de cosas. El arete en su nariz la hacía ver más fresca y relajada de lo que era, sinceramente le daba un toque a su explosiva y a la vez pacifista personalidad. Siempre me preguntaría como una mujer como ella acabo con alguien como el reverendo Carli.
— Ma' ya te lo dije, ese arete te queda de puta madre —Carlisle alzó una ceja hacia el mayor de sus hijos cuando soltó esas palabras mal sonantes—. Los tipos estos no saben lo que está pegando ahora, están chapados a la antigua, pero para tu felicidad, me tienes a mí como hijo. ¿Qué mejor puedes pedir en esta vida?
Esme sonrió dulcemente y Edward resopló por lo bajo.
— ¡Tío Jasper! —chilló la pequeña Weasley y corrió hacia los brazos del Cullen descarriado.
— Mi hermosa princesa —murmuró Cobain tomando a Grace entre sus brazos—, ¿has sacado de sus casillas a papi como te he enseñado? —la pequeña rio y negó con su cabeza varias veces. Jasper hizo un falso puchero— Tendremos que seguir practicando, entonces. Algún día formarás parte del lado oscuro de la fuerza.
— Grace es buena, ella no puede formar parte de eso —Floyd observaba a Jasper con el ceño fruncido. Mi renacuajo se puso de pie y caminó hacia mí, acomodándose entre mis piernas, me observó con sus grandes ojos chocolates— Mami, ¿cierto que Grace no puede ser parte de eso?
— Cierto —besé su nariz.
— Y Eward no la dejaría.
— Y Edward no la dejaría, completamente cierto.
— Dulce señor, ¡este niño es una monada Isabella! —chilló Esme sonriente, observando a Floyd con dulzura. Mi pequeño se sonrojo y escondió su rostro en mi pecho— Bien, bien, es hora de que la comida esté en la mesa. Los llamaré cuando esté todo listo.
— ¿Necesitas ayuda, Esme?
— No, tesoro, no te preocupes —la mujer me guiñó un ojo antes de desaparecer.
— ¿Qué te parece si vamos a revolcarnos al jardín tarsero para ver como de rojo se pone tu papi luego de verte cubierta en polvo? —Jasper le preguntó a Grace. Edward entornó sus ojos cuando la pequeña asintió fervientemente a las palabras del consentidor de su tío.
— ¿Puede venir Floyd, tío Jasper?
— ¡Hey, tú! —Cobain le hizo un gesto con la cabeza a mi hijo—, ¿te nos unes enano?
— ¿Mami?
— Solo… procura no hacerle caso al idiota, ¿está bien? Si él te dice que hagas algo, prométeme que harás todo lo contrario. El tío de Grace, bebé, es incluso peor que tío Grizzly, ¿sí? —Floyd asintió, siguiendo los pasos de Jasper cuando este desapareció también por el mismo lugar por el que Esme lo había hecho, aun sosteniendo a Grace entre sus brazos.
— Y ahora que por fin estamos solos…
Carlisle se acomodó en el sofá, entrelazó sus manos sobre su regazo y posó sus celestes ojos sobre nosotros. Edward tragó saliva audiblemente junto a mí y yo cuadré mis hombros. Aquí venía el sermón del año, lo podía sentir, mis sensores de sermones por parte del reverendo estaban más que activados.
— Minino, dijiste que papá no era tan malo —susurré a Edward.
— Bueno, creo que me equivoqué —murmuró él de vuelta en un bajo volumen de voz.
— Quiero que me digan exactamente qué es lo que pretenden ustedes dos, en el nombre del señor. Edward, hijo, hemos hablado sobre esto una infinidad de veces, no puedes llevar a cualquier persona a tu casa, no mientras tienes una hija a la que cuidar, y menos si esa persona es Isabella Swan.
¡Hey!
— Padre, Isabella estaba en apuros, creo que te enteraste sobre el problema ocurrido en la morada de su familia.
— Por supuesto que sí, un desagradable infortunio.
— Exactamente, y por eso me vi en la obligación de hacer uso de mis buenos modales, ¿no es eso lo que mamá y tú me han enseñado a lo largo de mi vida? Vi una amiga en problemas y le tendí mi mano, no creo que tenga nada de malo eso, papá.
— Claro que no, hijo, fue un gesto realmente noble de tu parte. Pero yo no estoy hablando precisamente de eso, y creo que lo sabes y tan solo quieres desviar el tema.
¿Por qué coño hablaban tan formales?
¡Eran padre e hijo por todo lo santo!
— Vale, vale —resoplé y entorné mis ojos— Minino, lo que tu papá quiere saber aquí es si nos enrollamos —Carlisle abrió los ojos con sorpresa y carraspeó incómodo— Venga, viejo, no te hagas, que los chicos aquí no nacieron por gracia del espíritu santo, tú y Esme deben pasarlo bomba —el rubor cubrió el rostro de ambos hombres—. La respuesta a tu pregunta no hecha es no… todavía, claro está.
— E-Entonces, ¿no tienen ningún tipo de relación afectuosa?
— Hay algo, Simba aún está tratando de acostumbrarse a mi ritmo, de hecho, solo ayer lo ataqué. Ayer en la noche, para ser exactos, y es tú culpa, Carli. Esos genes que tienes son realmente buenos, puedes estar orgulloso de haber creado algo tan perfecto como Edward.
— ¿No tienes nada que decir, hijo?
— Padre, no creo que sea de tu incumbencia todo este asunto —Carlisle frunció el ceño por la astucia de Edward al decirle aquellas palabras. Aw, que orgullosa estaba de que al fin le diera frente—. Si tengo algún tipo de relación con Isabella o no, en un futuro, creo que eso solo me concierne a mí.
— Y a Grace, porque Grace es tu hija y mi nieta, y ella necesita una madre —el reverendo me dio una leve mirada, como evaluándome—, una buena madre. Por eso estoy preocupado, hijo, no es que me quiera meter en tus asuntos personales, pero tienes una niña por la que velar, y Grace es un pequeño angelito que no aguantaría un abandono... Grace no sería la única que no lo aguantaría.
— ¿Un abandono?, ¿de qué carajos hablas? —fruncí el ceño ante las palabras del viejo. Sus fríos ojos se posaron sobre mí, traspasándome completamente. Él hablaba con total seriedad de un asunto que yo no entendía del todo.
— Te fuiste una vez, desapareciste por años, muchacha. Ni siquiera te importaron las personas que realmente te apreciaban en este pueblo —Edward se tensó junto a mí— ¿Quién me dice que no lo harás de nuevo?
Estaba a punto de refutar aquella acusación cuando Esme nos gritó que la mesa estaba servida.
Carlisle se puso de pie rápidamente, dando la discusión como zanjada y dejándome con las palabras ahí, en la boca, justo en la punta de mi puta lengua, listas para salir. Edward iba a seguir los pasos de su padre pero lo detuve, posando mi mano sobre su brazo. Algo había pasado, en una milésima de segundo, fue como si me hubiera perdido de algo realmente grande por mi supuesto "abandono" y ese algo tenía que ver con Edward.
— ¿Qué, exactamente, trató de decirme el viejo?
— Nada, olvídalo, papá habla sin pensar.
— Edward, no soy estúpida. Quiero saberlo, ¿qué fue lo que pasó cuando dejé Forks? —su verde mirada estaba con censura, una extraña mueca en sus labios me decía que lo que había pasado era algo realmente importante. Ugh, ¿qué más cosas podía arruinar en esta vida? Genial, simplemente genial.
— ¿Podemos terminar aquí?, prometo que te diré todo una vez estemos en casa —lo apunté firmemente con mi dedo índice, y mirando a sus ojos fijamente levante mi meñique. Su confundida mirada me pareció de lo más tierna.
— Por el meñique, minino —Edward acercó su meñique al mío y lo entrelazó—, ahora, lo prometiste. Estás cagadísimo, las promesas de meñique simplemente son inquebrantables.
— Lo que digas, Isabella —y sonrió con dulzura.
¿Por qué carajos me sonreía con dulzura?
…
Esme había preparado una comida casera de esas que te hacen crecer la panza hasta reventar pero que de igual manera no puedes dejar de comer. Como las cazuelas que prepara la abuelita, que le hecha un cuarto de malcriamiento, media taza de amor de abuela y el resto son sus famosos ingredientes secretos que se lleva a la tumba. La señora Cullen se había esmerado una gran cantidad en el famoso almuerzo, el aire estaba impregnado del delicioso olor de la comida frente a nosotros. Cada uno ubicado estratégicamente en la mesa, lamentablemente yo quedando a la izquierda de Carli, quien estaba en la cabecera.
Mi estómago rugía como el león de la Metro Goldwyng Mayer.
Pero a nuestro querido reverendo se le había ocurrido bendecir la mesa.
— Ahora, debemos agradecer a nuestro señor los alimentos que tenemos el día de hoy en nuestra mesa —papá Cullen sonrió observando a los presentes en la mesa— e Isabella nos hará el honor, ¿cierto, muchacha?
Viejo hijo de puta.
— Encantada, Carli —sonreí cínicamente.
Bien, aquí vamos.
Junte mis manos en señal de rezo, indicándole a Floyd, que estaba a mi lado en la mesa, que siguiera mi gesto. El niño sabía ni una mierda de lo que estábamos haciendo, con suerte y creo que alguna vez le había hablado de Dios. Pobre mocoso, debe pensar que está en otro planeta. Carraspeé y cerré mis ojos bajo la divertida mirada del minino, a veces me daban ganas de golpearlo, él se divertía en demasía a costas mías y eso no estaba bien. Solo yo tenía derecho a hacerle el bullying que se merecía este hombre.
— ¿Estás lista, Isabella?
— Siempre lo estoy, viejo —sonreí y recargué mi cabeza sobre mis manos entrelazadas—. Jefe, te agradecemos enormemente por habernos facilitado estos alimentos que Esme manipuló para crear este hermoso almuerzo que tiene un olor de puta madre. Gracias, también, por un día más de juerga, podrías si mejorarla un poquito, no sé, darle una pizca de diversión a Carli, ¿sabes? El viejo tiene el estrés marcado en esa arruga que surca su frente y no conoce la definición de YOLO (1) —escuché un pequeña risita a lo lejos—. Y sobre todo, señor, te pido que le des la personalidad necesaria al minino para que tenga el valor de aprovecharse de mi esta noche. Dios, sabes cuán necesitada estoy de eso. Amén.
Un coro de "amén" siguió a mí improvisado rezo. Abrí mis ojos sin borrar la sonrisa de mi rostro, Carlisle me observaba impasible, aunque sus ojos tenían esa pizca de desaprobación como siempre. Él se lo buscó, ¿no quería cagarme haciéndome dar las gracias a Jesús, Dios, el que sea? Bueno, lo iba a hacer a mi manera. El patriarca Cullen hizo una seña con su cabeza y su familia empezó a comer. Floyd me observó con sus grandes ojos marrones, una curiosa interrogante marcada en su rostro, le sonreí y desordené su cabello indicándole que podía comer.
— ¿Mami?
— ¿Bebé?
— ¿Por qué quieres que Eward se aproveche de ti?, ¿eso no es malo?
Esme había servido una sopa de verduras de entrada, antes de dar el plato fuerte. Bien, gracias a la inocente pregunta de mi pequeño, puede que Carli haya escupido exageradamente su comida y ensuciado la mesa. Jasper soltó una sonora carcajada y movió sus cejas sugestivamente, él estaba sentado frente a un sonrojado Edward que no sabía hacia dónde dirigir su mirada. Esme, que se encontraba frente a mí, reía con su rubio hijo a la par y la pequeña Grace observaba a su padre, ceñuda.
— ¡No puedes hacer eso papi! —chilló, inflando sus rosadas mejillas—… ¿papi?, ¿qué es aprovecharse?
— Aprovecharse es algo bueno, muy bueno para tía B, pequeña Weasley —le guiñé—, tu papi puede hacerlo cuando quiera, yo no me quejaría, es más, tía B estaría encantadísima.
— ¿Puedo yo aprovecharme de Grace?
— ¡No! —gritó Carli cuando Floyd, aun con su ceño fruncido, me hizo esa pregunta. La inocencia de los niños era tan hermosa y a mí me encantaba jugar con ella—, aprovecharse no es algo bueno…
— Para los niños pequeños, para los adultos es excelente.
—… para nadie —zanjó el reverendo—. Aprovecharse es un pecado…
— El más delicioso, pequeño, cuando seas grande sabrás de lo que hablo —le sonreí a mi hijo, interrumpiendo nuevamente la diatriba de Carlisle. Dios, era tan amargado, ¿por qué lo hiciste tan amargado?
—… y los pecados no son buenos, hijo —el rubio hombre entrelazó sus manos y le dio una sabia mirada a Floyd que lo miraba un tantito asustado por toda la mierda que estaba diciendo. Floyd debe entender un cinco por ciento de lo que habla el pobre hombre—. Los pecados son como el brócoli.
Oh no, maldito.
— ¿Cómo el brócoli? —mi hijo hizo una mueca de desagrado con su boca— ¡No me gusta el brócoli! —chilló, negando con su cabeza repetidas veces— Mejor no me gustará aprovecharme, mami. No me gusta el brócoli, el brócoli sabe a puaj.
Carlisle sonrió hacia mí, viéndose vencedor.
— A mí me gusta el brócoli.
¡Toma esa viejo, tengo a tu nieta!
— Pequeña, estamos en la misma sintonía —alcé mi pulgar hacia Grace, en señal de aceptación—, el brócoli es igual a los pecados, como dijo el abu Carli aquí. Así que… ¿a qué nos lleva eso pequeña?
— ¿Qué los pecados saben yummy?
— ¡Diez puntos para Gryffindor!
…
— Tienes a papá con los nervios de punta.
— Si, bueno, no es el único con los nervios de punta. ¿Con qué clase de mierda está llenando la cabeza de Floyd? El enano no se ha separado de él en ningún momento y me enerva. Tu papá es el enemigo, debería haberle enseñado eso a Floyd desde un principio.
— Padre adora a los niños, ni siquiera tú puedes negar eso.
Observé a Edward que estaba de pie frente a mi observando hacia el jardín trasero de la casa de sus padres, donde se encontraban Esme, Carlisle, Grace y Floyd sentados sobre una manta bajo un grande árbol que adornaba la parte trasera del lugar. Incluso desde esta distancia podía distinguir la fascinación de Floyd hacía cualquier cosa que el reverendo le estaba contando, y no ayudaba mucho el entusiasmo que mostraba Grace, como si estuviera respaldando las palabras de su abuelo.
— ¿Y si lo convierte en un mini Edward? —murmuré—, ugh, no, eras insoportable cuando pequeño, hablando de tus clases dominicales, arruinando los sueños de los pequeños diciéndoles que Santa no existe. Me cagaste la vida con esa, que te conste y quede en tu conciencia para siempre.
— Yo… Lo siento, no pretendía hacerlo —rascó su nuca con incomodidad—, era un niño.
— Lo sé —suspiré y me crucé de brazos—, éramos unos niños.
Floyd reía a mandíbula batiente fuera. Sonreí observándolo, me gustaba verlo feliz, él siempre lo ha sido de todos modos, un chiquillo feliz. Me gusta eso, muchos niños no lo son, y a pesar de todas las cosas que hemos vivido, cómo hermoso vivido y demás, él era uno de los niños más felices de la tierra. Tan ensimismada estaba que no me di cuenta que mi pequeño recito a Dios había surgido unos frutos cuando Edward, sin obligarlo a nada, me abrazó por la espalda y recargó su barbilla sobre mi cabeza.
Ah, minino, ¡así me gusta!
— Has hecho un gran trabajo con tu hijo, Isabella —murmuró. Posé mis manos sobre las suyas que descansaban sobre mi estómago libremente—. ¿Sabes? Me di cuenta de algo, papá no te odia como tú dices.
— Lo dices porque eres su hijo.
— No, lo digo porque realmente vi algo en él cada vez que te miraba cuando tú no lo estabas viendo. No sé qué era realmente, pero no era algo malo. Incluso, creo que padre disfruta de las riñas que tienen ustedes —sonreí y me giré un poco hacia un costado para dejar un casto beso sobre su cuello. Edward se estremeció levemente ante el contacto.
— Por Dios, tienen un piso lleno de habitaciones allá arriba y se les ocurre coger la cocina, ¿qué clase de exhibicionistas son ustedes?, ¿les pone hacerlo a unos cuantos metros de sus hijos?
— Vete a la mierda, Jasper.
— También te amo, preciosa.
Edward estaba tenso tras de mí, pasé la yema de mis dedos lentamente sobre sus manos, tracé círculos en ellas mientras escuchaba de fondo a Jasper remover cosas en la cocina, tarros, vasos, no sé qué mierda estaba haciendo pero él enserio hacía más ruido del necesario. Entorné mis ojos cuando un incesante tintineo se escuchaba, Cobain revolvía algo y hacía sonar la cuchara contra la taza, que hijo de puta más exasperante. ¡Estaba cien por ciento segura de que lo estaba haciendo todo a propósito! Edward iba a retirar las manos de mi cintura para dejarme en libertad pero lo retuve en su lugar.
— ¿Qué crees que estás haciendo, minino?
— Uh, yo… —carraspeó incómodo— no lo sé, es solo. No me siento cómodo con... Bueno, ya sabes…
— ¿Por qué?, si es por Jasper…
— Yo nunca, ah, Dios —resopló—. Yo nunca he estado así antes con alguien frente a mi familia… Uh, creo que frente a nadie.
— ¿Qué hay de la mamá de Grace?
Mi pregunta, juro por lo que quieran, que no iba con maldad, era simple curiosidad. Un tenso silencio se formó en la cocina y Edward se desprendió rápidamente de mi agarre, caminando así hacia el otro extremo del lugar. Jasper estaba recargado contra la encimera, una sonrisilla cargada de burla bailaba en sus labios, sus azules ojos pasaban de mí a Edward detenidamente. Posé mi vista en el nervioso hombre que se había puesto a lavar unos vasos que ya estaban limpios para tratar de evitar la pregunta que le había hecho.
— ¿No te ha hablado Eddie de la mami de Grace?, que novedad, nosotros tampoco sabemos una mierda sobre ella. ¿No es así, hermanito?, un día llegó a casa cargando un pequeño bulto entre sus brazos, lo único que se veía era una maraña naranja de cabello envuelta en una mantita. El marica este venía llorando como si…
— Ya basta —murmuró Edward, dejando uno de los vasos fuertemente sobre el mueble— ¡Ya basta!
— Eh, tranquilo —me acerqué a Edward y fruncí el ceño hacia Jasper. El menor de los Cullen tenía sus manos en puños, apretaba tan fuerte que sus nudillos estaban translucidos, traté de alcanzar una de sus manos para que se relajara pero él esquivo mi toque. Ah, señor, a mí no me viene con mierdas—. Edward —murmuré con decisión, observando sus orbes verdes. Mi corazón se estrujó un poquito, debo decir, al ver el martirio en sus ojos. Santo Dios, algo grande había pasado ahí con la mamá de la pequeña Weasley, algo realmente grande y lleno de popó. Traté de acercar mi mano a la suya nuevamente y él esta vez no se alejó— ¿Por qué no vamos a hacerles compañía a los chicos fuera? —le guiñé un ojo y acaricié su mano con mi dedo pulgar, reconfortándolo.
— Uh… Sí, v-vamos.
Jalé de su mano para salir al jardín, no sin antes –y a espaldas de Edward– mostrarle mi dedo medio al imbécil de Jasper. Estúpido, como hermano mayor debería cuidar de su hermano pequeño, no hacerlo pasar malos ratos. Toma ahí, Swan, deberías seguir tus propios pensamientos con respecto a cierta nena que te odia en casa. Edward iba un poco ido y ni siquiera se había dado cuenta de que mi mano aun sostenía la suya. Minino, pobre minino, él era una cosita frágil bajo la fachada de hombre esa que tiene, porque por fuera se ve como todo un macho recio hecho y derecho, pero por dentro es el más dócil de los gatitos.
— ¡Mamá, mamá! —Floyd venía corriendo hacia mí, chocó torpemente con mis piernas y se abrazó a mis caderas. Levantó su cabecita para observarme sonriente— ¡El abuelo de Grace me contó la verdadera historia del conejo de pascuas!
— ¿Sí?, ¿y cuál es esa historia?
— Mami, no es como tía Tink había dicho —sus cejas se juntaron, casi formando una—. El abuelito de Grace dijo que cuando el hijo de Dios murió lo metieron en una cueva, ¡y resulta que era la casa del señor conejo! —chilló sorprendido, haciéndome sonreír— ¡Y entonces el conejito vio como él se convertía en zombie!
Solo Floyd pensaría en la resurrección de Jesús como un zombie.
— ¿Él?
— Jesús, mamá —Floyd entornó sus ojos y siguió con su historia—, entonces, como había mucha gente llorando por Jesús, como cuando tu lloras por la abuelita —hice una mueca con mis labios, no era necesario eso pero, bueno, niños—, el conejito repartió huevitos de colores para que la gente supiera que Jesús había resurcitado y se pusieran felices. ¡Fin!
— Bien, mocoso, primero que todo, es resucitado, no resurcitado —el renacuajo asintió—, y segundo, es una muy linda historia, ¿le agradeciste al abu Carli por la historia? —Floyd volvió a asentir— Bien… ¿Te dijo algo sobre Santa? —negó con su cabeza—, excelente, dejémosle Santa a mamá entonces, ¿sí?, no queremos que te traumen de por vida como lo hicieron conmigo.
— Grace también cree en Santa —observé a Edward de soslayo, él le dio un suave apretón a mi mano. Había olvidado, gracias al hermoso entusiasmo de mi hijo, al hombre que tenía junto a mí por unos segundos—, te dije que papá no era tan malo.
— Si, bueno, puede que ahora te crea un poco de eso.
Con Edward tomando una de mis manos y Floyd colgado de la otra, caminamos hacia la manta donde nos esperaban el resto de los Cullen. Esme estaba jugando un extraño juego de manos con la pequeña Grace que soltaba pequeñas risitas nerviosas cuando se equivocaba, Carlisle veía extasiado la interacción entre las dos. Sus ojos se desviaron de su mujer y su nieta para posarse sobre nosotros, alzó una ceja deliberadamente al ver que Edward y yo veníamos tomados de las manos.
El viejo reverendo era todo un drama queen.
¡Los amigos también se toman de las manos!
— No haré ningún comentario al respecto.
— ¿Lo ves?, no eres el único que está aprendiendo —Edward rio y negó con su cabeza. Sonreí, guiñándole un ojo a papá Cullen antes de tomar asiento—. Carli, creo que Jasper tiene problemas mentales.
— ¿Por qué dices eso, Isabella? —Carlisle frunció el ceño—, sé que mi hijo es un tanto especial, rebelde, por así decirlo. Pero es un buen muchacho, a su manera, así fue como lo criamos.
— Si, bueno, él se estaba metiendo con Edward.
— Isabella…
— Minino, déjame terminar —Edward entornó sus ojos—. Como decía, Carli, él se estaba metiendo con Edward, así que solo te diré esto, para que después no andes con tus histerismos porque uno de tus nenes está herido: Jasper vuelve a hacer eso y yo parto sus bolas de una patada.
— Como lo hacías en primaria, ¿no es así muchacha?
— ¿También sabes acerca de eso?
¿Qué cosas más sabía este hombre? Santo Dios, es como la CIA.
— Sé muchas cosas —sonrió pacíficamente—, y sé cómo defendías a mi hijo cuando tenía sus problemas. No compartía tus métodos, pero… Creo que nunca te agradecí por eso —carraspeó, desviando la mirada, sus mejillas un tanto rosa por el rubor que las cubrió ante su incomodidad por el tema.
Santa mierda.
Este era un momento épico.
— ¿Estás tratando de darme las gracias, hombre? —sonreí abiertamente, entretenida con todo esto.
— Hijo, ¿por qué no me acompañas a llevar a los pequeños a ver la fuente?, los pajarillos siempre eligen ese lugar para tomar unos reconfortantes baños, es realmente hermoso —Esme le habló a Edward, quien desvió su mirada de nosotros para posarla sobre su madre. Con un tanto de reticencia le contestó.
— ¿Estás segura, madre?
— Completamente, corazón —Esme se puso de pie, incitando a los niños a seguirla—. Venga, vamos, todo estará bien, ¿cierto, amor? —oh, yo vi eso, la mirada que le dio Esme a Carlisle como queriéndole decir silenciosamente "¿cierto que no la cagarás, amor?" vaya, vaya.
Los cuatro se pusieron de pie y caminaron hacia la famosa fuente, Edward se giraba de vez en cuando como para verificar que su padre y yo no nos estuviéramos jalando de los pelos. Como si eso fuera posible.
— Entonces, Carli, ¿en qué estábamos?
— En nada, muchacha.
— ¡Oh, vamos!, estabas a punto de agradecerme —sus mejillas se tornaron aún más rojas de lo que ya estaban. ¡Era igual a Edward por todo lo santo!, Jasper puede haber sacado los colores de Carli pero, señor, Edward era la viva imagen de su padre.
— Gracias, Isabella —murmuró, mirándome finalmente—, gracias por haber cuidado de mi hijo menor.
— No hay de qué, campeón.
— Y gracias, también.
— ¿Ahora por qué?
— Por haber velado de Jasper el día que dejaron Forks.
Me estás jodiendo.
¿Él también sabía eso?, ¿qué clase de espía encubierto era?
— Bueno, Carli, discrepamos ahí. No creo que haya cuidado de Jasper, si lo hubiera hecho él no sería el mismo idiota que era antes. Además, él estaba bastante crecidito ya, creo que fue al revés, creo que él cuidó de mí.
— Tienes razón en que no estamos de acuerdo, Jasper no es el mismo muchacho de antes, de eso estoy tan seguro como que soy su padre. Tal vez ante ustedes se muestra igual de prepotente, pero algo ha cambiado en mi hijo y sé que fue gracias a ti, muchacha.
— ¿Ves que podemos llevarnos de maravilla?, no hay necesidad de peleas entre nosotros. Creo incluso que podríamos llegar a ser amigos, Carli, muy buenos amigos. Debes acostumbrarte a mí de todos modos, me tendrás cerca por bastante tiempo.
— Podríamos llegar a ser amigos el día en que dejes de beber.
— Un futuro lejano, entiendo.
— No sería lejano si te lo propones, en la iglesia, todos los miércoles a las nueve de la noche hay reuniones de Alcohólicos Anónimos dirigidas por Cayo, el hombre de la gasolinera —hice una mueca con mis labios y me encogí de hombros.
— Cuando tenga un problema de alcoholismo, te lo haré saber.
— También deberías dejar de fumar, por el bien de tu pequeño. No querrás dejarlo sin madre siendo tan joven, ¿no?, el cáncer a los pulmones no contempla edades, Isabella —sus celestes ojos no dejaban los míos, él estaba hablando seriamente, como si yo fuera una adicta de lo peor.
— ¿Estás tratando de decirme que cuando deje los excesos podremos ser amigos?
— Eres inteligente, muchacha.
— Entonces, creo que tendremos que seguir siendo enemigos, papá Cullen.
Vi una sombra de sonrisa en su rostro, antes de que lo girara en dirección a la cocina. Seguí su vista y me topé con la figura de Jasper, estaba cruzado de brazos recargado en la puerta que daba al patio. Su semblante serio, observando lo que sucedía en el jardín trasero de la casa de sus padres. Nunca lo había visto así, incluso y lucía como un hombre maduro de su edad y no como el pendejo que realmente es. ¿O este era el verdadero hombre?, ya no sabía nada, con toda la mierda mística de Carlisle de "lo sé todo, has salvado a mis hijos", no entendía nada.
Lo único que sabía era que las asperezas con Carli estaban en un buen punto.
Tan solo tenía que dejar mis adicciones para ser digna de su presencia.
Bien… Bien… Tal vez en unos años más me lo plantee.
…
— Ha sido un agrado tenerlos en nuestra casa.
— ¡Habla por ti viejo!
Jasper estaba tan desagradable el día de hoy. Realmente, algo le pasaba a ese tipo, era como si tuviera un gran palo ensartado en el culo o algo. Me tenía los nervios de punta, yo solo quería partir su cara de un golpe. Carlisle lo observó con detenimiento, cuando vio que no interrumpiría nuevamente volvió a hablar.
— Como dije, fue un agrado —sonrió a Floyd—, espero verte mañana en las clases dominicales de las que hablamos, pequeño. Grace nos acompaña todos los domingos, quizás Edward podría llevarte —gemí audiblemente ganándome las miradas del resto. Temía que Carlisle le hablara de esas clases a mi bebé, ¡él me lo quería convertir!
— ¿Sucede algo? —me preguntó Edward con preocupación.
— ¡Tú papá me lo quiere convertir! —chillé, causando su risa.
— ¿Por qué se demoran tanto en irse?, carajos, si seguimos así se quedaran a pasar la noche.
Ahí estaba.
Esa fue la gota que rebalsó el vaso.
— Tú y yo, afuera, ahora —lo apunté con mi dedo índice y le indique la puerta. Jasper frunció el ceño y se cruzó de brazos. Bien, dos podíamos jugar esto y hacernos los duros— ¡Ahora!, y si no sales juro por Dios…
— ¿Ahora te acuerdas de Dios?
— Vale, te lo ganaste.
Me acerqué a él dando grandes zancadas, bajo la atenta mirada de todos. Agradecí que le gustara llevar el cabello largo, porque de esta no se salvaba. Me paré frente a él, retándolo con la mirada a que me desobedeciera una vez más, esta era la última oportunidad que le daba. Sus azules ojos no dudaron ningún segundo, enderezó su espalda y me miró desde arriba.
Pendejo.
Alcé mi brazo y tomé un mechón de su rubio cabello, jalé deliberadamente de él para acerca su rostro al mío.
— ¡Hey! —refunfuñó frunciendo el ceño.
— O caminas solito hacia afuera o juro por Dios —alcé una de mis cejas— que te jalo del cabello. Elige.
— Puta bruja, ¡deja mi cabello en paz!
— ¡Elige!
— ¡Vale, vale, ya voy! Santa mierda, no sé cómo Eddie te aguanta.
— Igual como me aguantaste tú —murmuré por lo bajo, pasando junto a los demás que nos observaban con confusión. Jasper rio quedito y siguió mis pasos— Esme, Carlisle, muchas gracias por aceptarnos en su casa a mí y a mi mocoso. Ahora, debo lidiar con otro mocoso —apunté a Cobain— que ha estado bastante desagradable el día de hoy. Tal vez habrá que zurrarlo, pero temo que eso le guste.
Edward se despidió de sus padres y caminó con los niños hacia su Volvo. Rodé mis ojos con diversión cuando, luego de acomodar a los niños en la parte trasera del auto, cerró la puerta de este y se apoyó contra ella, observándome a mí y a su hermano con los brazos cruzados, cuál guardaespaldas. A veces Simba era tan ridículo, pero me gustaba su ridiculez, era adorable en él y solo en él.
— ¿Qué carajos te pasa?
— Nada.
— Jasper Abraham Cullen —mordí mi labio para no reír por su segundo nombre, pero era jodidamente gracioso como se lo habían cagado sus padres con ese nombre, enserio—, has estado insoportable, cabrón. Algo te pasa, lo sé, te conozco con un demonio, no puedes venir y decirme "nada" así como así.
— Te odio —resopló y se cruzó de brazos—, odio ese puto nombre. No me pasa nada, Swan, ¿es que acaso no puedo tener un mal día? Joder, todos tienen derecho de tener un mal día menos yo.
— Cobain, ¿somos amigos? —le pregunté, tratando de ponerle seriedad al asunto.
— ¿Lo somos, B? —me preguntó devuelta.
— Bueno, eso pensaba yo, ¿no lo crees así? —suspiró y desordenó su cabello.
— Bien, sonará marica, pero me molesta verte junto a Edward. Y no es el hecho de verte junto a Edward lo que me molesta, me molesta verlos felices juntos… Digo, su felicidad, eso, me molesta que hayan encontrado su media naranja o esas mierdas cursis —yo más bien era un agrio limón pero no dije nada—. Tengo veintisiete jodidos años y no he hecho nada productivo con mi vida. No sé, creo que quiero tener eso, y cachorros también, mis propios mocosos, no lo sé.
— Santa mierda, ¿estás madurando?
— Joder, creo que sí.
Nos miramos con sorpresa por unos eternos segundos. Creo que ninguno creía realmente lo que estaba pasando, y viéndolo desde su punto de vista y el de los demás, realmente Edward y yo más los renacuajos parecíamos una familia. Diablos, enserio parecíamos una jodida familia. Sonreí, contagiando la sonrisa a Jasper. Quien iba a decir que el mayor de los Cullen estaba teniendo el síndrome de los años encima, si alguien me lo hubiera dicho un tiempo atrás, lo habría mandado a la mierda por mentiroso.
— El gran Cobain queriendo sentar cabeza. No puedo creerlo.
— Ya bájale, sabía que no tenía que decirte nada, joder.
— ¿Has pensado en algún deposito donde esparcir tus herederos?
— ¿Sabes?, sí, pero… Olvídalo —¡él no podía dejarme así!—, mi hermanito te espera, vete.
— Lo descubriré, lo sabes, ¡descubriré quién es la chica!
Jasper sonrió torcidamente y me guiñó un ojo con coquetería.
— Estoy seguro de que sí, y ahora, ¡largo de mi puta casa!
Me di la vuelta para ir donde Edward, justo en ese instante sentí un ardor en mi nalga izquierda, ¡el muy hijo de puta me había dado una nalgada!, fruncí el ceño y me sobé mi parte trasera adolorida. Era tan bruto el idiota, pero aun así lo quería lamentablemente. Edward lucía molesto cuando llegué junto a él, me abrió la puerta del auto en silencio y, con ese mismo mutismo condujo el resto del camino a casa.
¿Qué coño había hecho ahora?
Siempre que se ponía así era porque yo había hecho algo.
Ah, demonios.
Al llegar a casa Edward bajó rápidamente del Volvo y ayudó a Grace a desmontar, hice lo mismo con Floyd. Los niños entraron a la casa corriendo entre risas, subiendo la escalera revoltosamente. Edward y yo entramos juntos a casa, Simba cerró la puerta tras nosotros y tiró las llaves en una mesilla que estaba en la entrada, desabrochó los dos primeros botones de su camisa y se tiró con cansancio sobre el sofá.
— ¿Hice algo malo? —pregunté, sin saber que carajos pasaba. Me recargué contra la muralla cruzada de brazos, observando como el minino cubría sus ojos con su ante brazo— Minino, si no hablas no sabré que hice mal.
— No has hecho nada mal, Isabella, nada —murmuró, su voz sonaba agotada. Si no había hecho nada mal entonces, ¿por qué se comportaba de ese modo? Estaba todo emo ahí tirado sobre el sofá, como si quisiera que el mundo se lo tragara.
Incluso en lo drama queen se parece a su padre.
— Estás molesto, quiero saber por qué estás molesto. Y algo me dice que es por mi culpa —él ni siquiera se dignaba a observarme— ¿Es por la pregunta que hice sobre la mamá de Grace?, minino, no insistiré en ello y lo sabes, algunas mierdas son para llevárselas a la tumba. ¿O es por el supuesto abandono?, ¿me hablarás de eso o no?, ¿ves?, sé que de cualquier modo es mi culpa nuevamente.
— No es por tu culpa —murmuró a secas. Esperé que dijera algo más—, estoy cansado, eso es todo.
— Odio esto, la gente suele poner esa excusa barata cuando no quieren hablar de un problema, lo odio, cobardes de mierda que no enfrentan nada, ¿sabes qué minino?, vete a la mismísima…
Y el timbre de la puerta de entrada me censuró. Cuadré la mandíbula y para evitar una absurda pelea me encargué de abrir la puerta. Al otro lado de esta se encontraban Tink y Grizzly con sus sonrientes rostros. Demasiado sonrientes diría yo, de hecho, esas sonrisas me daban miedo y ellos solo la utilizaban para una cosa: juerga. Me hice a un lado y los hice pasar, ambos traían sus manos tras su espalda, como si quisieran dar la imagen de niños buenos. Eran unos caraduras, no pude evitar que una sonrisa se formara en mi rostro al tan solo verlos, el pequeño encuentro con Edward pasando al olvido rápidamente.
— ¿No nos preguntas que hacemos aquí? —Tink me preguntó, mordiendo su labio inferior.
— Anda, pregúntanos, te tenemos una sorpresa que te encantará —Grizz estaba eufórico, como si tuviera en su poder la última barra de chocolate de todo el mundo. Suspiré y cruzándome de brazos les hice la maldita pregunta.
— Chicos, ¿qué están haciendo aquí?
Ellos se miraron, y luego sus ojos se posaron en mí. Como si de una ensayada coreografía se tratara, retiraron sus manos de su espalda y sostuvieron frente a mí una bolsita sellada llena de felicidad. No puede ser, ellos tenían felicidad envasada, ¡ellos la habían conseguido! Oh Dios, se veía hermosa la planta ahí, de un verde tan llamativo como siempre, distintos tonos de verde, era una cantidad abrumadora de yerba la que habían encontrado. Cerré mis ojos recordando los buenos momentos que me había traído, los momentos de relajos y risas absurdas, y al abrirlos Tink y Grizz dijeron a la vez:
— Entonces, ¿tienes papelillos?
(1) You Only Live Once : Solo vives una vez.
¡Buenas tardes!
Finalmente aquí tienen una tarde entera con Carli, el viejo es la bomba, B lo sabe pero siempre le ha gustado sacarlo de sus casillas, chasconearlo un poco. ¡Espeor les haya gustado el capítulo!, como ven, Carli está haciendo de las suyas con Floyd, el nene es bien influenciable, sobre todo si Grace ayuda a influenciarlo jajajaja. Fue un día estresante para mis chicos, sobre todo Simba que quedó ahí, todo amurrado... en el próximo capítulo sabrán sobre la mamá de Grace, Edward, gracias a los efectos de la felicidad envasada, se soltará un poco y contará muchas cosas, bastantes, sobre anécdotas de sus años mozos en la Universidad y sin B, es un emo este chico y... una sorpresita se vendrá entre los dos personajes principales, jijiji.
Como dije en el otro fic, el capítulo de CPCSC se demorará un poquitín mas porque aún no lo tengo listo :((
¡Muuchas gracias nenas por sus rr, alertas y favoritos!
Lamb.
