"Yo la amo, pero ella te ama a ti"

Capitulo X

Elizabeth despertó con un terrible dolor de cabeza, producto tanto del desvelo como de todo lo que había bebido la noche anterior, pero además esa mañana tenía un dolor interno, un dolor en el alma; las cosas no habían salido tal como lo había planeado, ella había esperado pasar una noche estupenda en compañía de Albert y de Terry, ser el centro de atención de sus miradas, y sentirse amada por ellos...era algo diferente lo que sentía por cada uno de ellos, pero ambos eran muy importantes...¡No!, no podía seguir sintiéndose de esa forma, pronto tendría que regresar a la realidad, un sueño no era suficiente, además ellos amaban a Candy, y Candy ya no existía, ella era Elizabeth, y su forma de ver la vida y de hacer las cosas era muy distinta...así que debía seguir adelante.

Con una nueva determinación se puso en pie, y comenzó a arreglarse, en una hora aproximadamente Albert iría a recogerla para llevarla a la estación a recibir a sus padres y a Richard. La verdad es que esperaba el momento en que pudiera verlo y abrazarlo...su corazón palpitaba con fuerza, y de pronto se ruborizó por lo que estaba pensando...la verdad es que le encantaría llegar y correr hacia él tan pronto lo viera, abrazarlo...y besarlo. Comenzó a analizarse a sí misma, una cosa era usar a Terry para poner celoso a Albert, o usar a Albert para poner celoso a Terry, pero otra muy distinta era usar a Richard...no podía hacerlo, pero había algo más.. no era posible..

En medio de toda la revolución de su mente se observó en el espejo, había escogido un hermoso vestido de gasa y encaje color arena, Kendra ya iba a comenzar a recoger su cabello cuando Elizabeth la detuvo y le dijo:

-Espera Kendra-

-Si Milady-

-No lo recojas todo-

-Entonces Milady que le parece si lo recojo solo del frente, hago un par de rodetes, los sujeto por detrás y dejo que sus rizos queden sueltos, incluso puedo dejar algunos rizos sueltos en su rostro-

-Me parece perfecto..-

-A su padre y al joven Richard les gusta mucho cuando trae ud. El cabello suelto.-

-Si, lo sé...¿ya están las habitaciones listas?-

-Sí Milady, lo que no sé es si la del joven Richard será necesaria, ¿no se va a quedar en la mansión de los Oxenford?-

Una sombra oscureció el rostro de Elizabeth ante ese pensamiento, pero Kendra tenía razón los Oxenford tenían una casa en Chicago, y Sarah se estaba quedando ahí, asi que lo más lógico era que Richard se quedara ahí.

-Listo milady, ha quedado hermosa, ¿qué sombrero va a usar?-

Elizabeth se observó en el espejo, su vestido color arena con algunos detalles en crema combinaría perfectamente con un sombrero que Richard le había regalado, así que ese fue el que le pidió a Kendra, se lo puso y observó el resultado...se veía muy bella, tomó sus guantes, y le pidió a Kendra que le pusiera una delicada gargantilla de perlas, también regalo de Richard, estaba dispuesta a bajar cuando una mucama llegó a anunciarle que un joven la esperaba abajo.

El observó a la joven mujer que venía descendiendo por las escaleras se veía simplemente cautivadora. Miles de memorias se agolparon en su mente, tan solo respirar el mismo aire que ella era hipnótico. Por años había estado seguro que esa joven era la dueña de su corazón, pero por alguna extraña razón sentía que no había nada que pudiera hacer para tenerla a su lado. Terrece Grandchester no era más un chiquillo era un exitoso actor, un hombre equilibrado, muy rico y poderoso, su fortuna personal podía compararse a la de William Andrey, no a la de la familia Andrey, pero si a la fortuna personal de William, era el competidor perfecto, tal vez el único hombre que en verdad podía ganarle a William Andrey. Ambos eran increíblemente apuestos, educados, exitosos. Pero no por primera vez en los últimos años Terry se preguntaba si aún habría competencia o si el juego ya estaba ganado, al final del día no importaba lo que ninguno de ellos dos hiciera, solo importaba lo que ella decidiera.

Elizabeth lo miró a los ojos, podía leer su admiración pero también su incertidumbre, su mirada se lo decía todo, Terry Grandchester era tan suyo como lo había sido tanto tiempo atrás, pero había algo más, sería que ella que creía conocer todos los secretos de ese apuesto Romeo había dejado pasar algo por alto. Lo cierto es que su mirada una vez más la hacía sentir escalofríos, la electricidad corría por su cuerpo, algo hipnótico la atraía a los ojos del color de las profundidades del mar, pero dónde años antes había habido tempestades, ahora había una impasible calma.

Ella no parecía sorprendida de verlo, simplemente lo condujo a la sala, y cerrando la puerta tras de sí le dijo que no tenían mucho tiempo, Terry no se sorprendió, parecía que por más que quisiera nunca había tiempo para estar sola con él, ¿sería que Elizabeth conocía su propia debilidad y se negaba a ceder? Él se acercó peligrosamente a ella. – Si hoy no tienes tiempo lo dejaré para otra ocasión, pero tu y yo necesitamos hablar. - El besó suavemente su mejilla y salió. Se despidió justo a tiempo, ya que a los pocos minutos de haberse marchado llegó Albert.

Elizabeth aún daba vueltas a la misma pregunta en su cabeza, ¿Qué quería Terry? Pero debía admitir que esa no era la verdadera pregunta, la verdadera pregunta debía ser, ¿Qué quería Candy? o mejor aún, ¿a quién amaba verdaderamente? El temor, la soledad, el coraje y la amargura habían hecho estragos en su mente, uno solo puede encerrar cierto número de esqueletos en el closet antes de que estos comiencen a sentirse incómodos dentro de él y comiencen a pugnar por salir.

-Te ves hermosa.-su voz era cálida y llena de admiración, tal vez nunca dejaría de maravillarse de la mujer que tenía frente a él.

-Gracias Albert, es hora de irnos el tren debe estar por llegar.- ¿Como podía responder con un tono tan frío? ¿Es que acaso estaba muerta por dentro?

Viajaban completamente en silencio, faltaba poco para llegar y Albert decidió romper el silencio, iban solos, sin chofer.

-Dime que pretendes Candy, si se supone que todo es una farsa ¿porque te enojas?, ¿porque te vuelves fría?, ¿por qué?-

-¿qué esperabas que hiciera? No podía sentarme a escucharte hablar sobre otra mujer asi nada mas y no hacer nada ¿o si?-

-Amor, esa otra eres tu-

Candy flotaba fuera de sí, observando una vez más suceso tras suceso, ajena a todo, tan lejos y tan cerca una vez más, ¿Por qué le daba tanta rabia la atención que le prestaban a esa mujer? ¿qué acaso esa mujer y ella no eran la misma?

-No, me llames amor, tu no sabes lo que he peleado por ser fuerte, por ser la mujer que tienes frente a ti, y no te das cuenta que a pesar de mi misma y de todo lo que he pagado, aún me siento frágil cuando me haces recordar, ¿acaso crees que no pienso que fui una estúpida al dejarme convencer?

Mientras observaba la escena como ajena a ella misma, igual que todas las otras, Candy se preguntó no por primera vez, ¿en dónde estaba? ¿Quién era esa hermosa mujer de cabellos oscuros, tan idéntica a ella, pero a la vez tan diferente? De pronto la imagen cambiaba. Albert veía seriamente a la mujer que tenía frente a él y le contestaba.

-Bueno no voy a volver a discutir algo que no tengo porque discutir, pero dime ¿que significa Richard para ti?

-Richard...es mi fuente de consuelo, mi fortaleza, el único que me ha visto llorar en cuatro años, mi mejor amigo, mi hermano...Richard es todo.

-¿Lo amas?-

La mandíbula del guapo hombre se apretó, temía la respuesta, pero había una parte de él que sabía que era su orgullo el que lo hacía enojar, su amor propio, saber que ella, la mujer que había jurado serle fiel y compartirlo todo con él podía amar a alguien más.

Candy observaba atenta las expresiones de ambos, de alguna manera también podía escuchar los pensamientos que cruzaban sus mentes…

Elizabeth se preguntó con rabia ¿cómo se atrevía el a pedir explicaciones? ¿Qué acaso pretendía que ella olvidara qué estaba a su lado sólo porque era la copia fiel de la mujer qué el en realidad amaba? guardó silencio, como sopesando lo que estaba a punto de decir, y apenas iba a hablar cuando llegaron a la estación, Albert no había insistido en su pregunta, decidió esperar a ver como se trataban Elizabeth y Richard. Sin embargo el hecho de que ella no contestara le decía mucho y nada a la vez.

Elizabeth miraba ansiosamente a todos y cada uno de los pasajeros que descendían del tren proveniente de Nueva York, y de pronto los vio...como una niña que abre un regalo y encuentra la muñeca que quería, así se iluminó su rostro, y olvidando lo que los presentes podrían decir salió corriendo rumbo a los Duques de Lancaster.

Albert la observó con celos dentro de sí, recordando los tiempos en lo que el recibía ese mismo tipo de bienvenida siempre que regresaba de un viaje de negocios...ahora alguien mas recibía esa atención. Se abrió paso entre la multitud, mientras observaba a Elizabeth lanzarse a lo brazos del hombre que había disfrutado de ella durante los últimos cuatro años.

-Papá..por fin llegaste.-

-hola dulzura ¿cómo estas?, dime ¿te ha cuidado bien Albert?

-te diré..tengo una lista de quejas, pero podemos discutirlas en privado- dijo ella con una radiante sonrisa mientras el duque la abrazaba y ella lo besaba con cariño en la mejilla.

-Bueno Elizabeth y ¿no me vas a dar beso a mi también?

-claro que si mamá...¿cómo estuvo el viaje?

-excelente. Mi niña...-

-pensé…

-Pensaste que Richard venía con nosotros, no es así lindura- dijo Lady Lancaster con una enorme sonrisa.

Elizabeth se sonrojó, pero antes de que pudiera responder una voz conocida gritó:

-¡!Lizzie!

Ella volteó para encontrarse con su mirada turquesa y sin pensarlo se arrojó a sus brazos, el la recibió, y la sostuvo cerca de sí por unos minutos...cuando al fin se soltaron el clavo su mirada turquesa sobre lo hermosos ojos verdes de Elizabeth...y solo preguntó una cosa.

- ¿Cómo has estado preciosa? -

Ella entendiendo a que se refería solo sonrió, con una sonrisa mas de resignación y cansancio que de otra cosa, el comprendió y la besó tiernamente en la mejilla. Albert sentía que la sangre le hervía y sin embargo no había nada que pudiera hacer, solo observar.

-Pero Elizabeth Lancaster, ¿acaso no piensas presentar a Richard y a Albert? ¿dónde están tus modales? - El tono de Linda era más divertido pro la reacción de la joven que de reproche, peor había visto la mirada de Albert, y quería evitar a toda costa un enfrentamiento.

-Lo siento madre tienes razón...-

-Albert, él es Lord Richard Oxenford, hermano de Sarah, y heredero del duque de Oxenford.-

-Richard, te presento a Sir William Albert Andrey, Cabeza de los Andrey.

Richard miró profundamente a Albert, y Albert miró profundamente a Richard, la mirada de ambos parecía decir "Así que tu eres Albert/Richard". Ambos sabían que tenían una cosa en común, algo, que no probablemente les impediría ser amigos, sus miradas eran retadoras, y una terrible verdad los unía...no era necesario decir palabras…

"Yo la amo...pero ella te ama a ti."

La oscuridad envolvió a Candy, si tan sólo pudiese dejar de flotar… si pudiese volver…