Tardanzas de nuevo. Y lo siento mil y un veces.
¡Hora de leer!
Dejen comentaros porfa, buenos o malos sirven para poder mejorar, enserio la crítica es positiva.
Autor: Elizabethsane y
Marzelinefilth
CAPITULO 10: CORAZÓN DESECHO
— No puedo creer que haya nombrado a tu hermana… otra vez.– Kagura decía esas palabras mientras continuaba con la mirada perdida en algún punto fijo en la pared, pues a esta altura ya no sabía si reírse o sentir lástima por su amiga.
Kikyo habría deseado no haberle confesado nada, pero sabía que no podía acudir a nadie más, sus amigas se habían alejado de ella por miedo a que les quitara sus novios. Kagura no siempre había sido su amiga, de hecho, la mayor parte del tiempo discutían y hasta se habían dado varias bofetadas en la cara cuando los gritos no eran suficiente. Pero ella era la única que lo sabía todo, no podía contar con nadie más, era Kagura o estar sola en esto.
— ¿Y qué sucedió después?— Pregunto Kagura mientras retomaba su tarea de limar sus uñas.
Kikyo sujeto con nerviosismo el pañuelo que tenía en la mano, y aparto con desagrado el exquisito pedazo de pastel que Kagura le había ofrecido, miro por milésima vez el mantel rojo que cubría la mesa, y decidió seguir hablando.
— Nada, simplemente cerré los ojos y fingí dormir.
— ¿No gritaste? ¿Simplemente dejaste que todo siguiera igual?
— ¿Qué podía hacer? El se quedo dormido en cuanto acabó. ¡Fue humillante para mí! No me beso, no fue delicado, el estaba ebrio, podía sentir el olor del alcohol.— Kikyo se detuvo y respiro con fuerza. —Puedo sentir el olor del alcohol cada noche, siempre bebe antes de dormir, es como si… no soportara la idea de dormir a mi lado, y necesitara de ese maldito líquido para tener coraje. — Las lágrimas estaban esperando a salir de sus ojos, su voz estuvo a punto de quebrarse pero Kikyo logro contenerlas.
—Yo creo que exageras, el seguramente bebió siempre, pero tú no lo sabías. —Kagura intento brindarle confianza.
— ¡No! El bebía cuando era una reunión, nunca por gusto, el olor de su piel siempre fue limpio. —Kikyo cerró los ojos y se abrazo a sí misma, recordando el tiempo en que lo veía tan inalcanzable. —Kagome no lo habría tolerado, y… Voy a volverme loca Kagura, sé que él amaba a mi hermana, ¡maldita sea! yo llevo a su hijo en mi vientre. Sé que está esperando el momento ideal para dejarme y correr a sus brazos, y por la cara de idiota que ella pone cuando lo ve sé que lo recibirá con los brazos abiertos.
Las lágrimas cayeron, deslizándose suavemente por las mejillas y sus ojos se veían perdidos como los de una mujer desesperada. Sintió culpa por haber llamado idiota a Kagome, eran los celos quienes hablaban por ella.
— Cariño, olvidas, ellos iban a casarse, te lo dije en cuanto esa idea comenzó a dar vueltas en tu cabeza. Él la amaba.
— ¿De qué lado estas Kagura?
— Del tuyo por supuesto, pero debo ser realista Kikyo.
— Yo no deseaba esto, no fue un capricho. Amo a mi esposo, lo ame desde el primer momento en que lo vi.
— Lo sé, pero no lo viste llegar solo, si no de la mano de tu hermana, él la amaba. Quizás debas vivir con eso por el resto de tu vida.
— Quisiera que Kagome desaparezca de nuestras vidas. —Susurro, y Kagura rodo los ojos.
De nada servía hablar con Kikyo.
— No te preocupes por Kagome, mejor preocúpate de Inuyasha, lo que debes hacer es seguir seduciéndolo, quizás sea que la nombro solo por costumbre, o porque estaba tan ebrio que sus palabras salieron mal. Quizás dijo Kikyo y tú escuchaste Kagome, ¿no crees?
No, ella no lo creía, sabía muy bien lo que había oído, el había nombrado a su hermana y Kagura tenía razón. Siempre seria así, él jamás podría olvidarla, ni aunque intentara con toda sus fuerzas. Él siempre le pertenecería a Kagome.
҉҉҉҉҉҉҉҉҉҉҉҉҉҉҉҉҉҉҉҉҉҉҉҉҉҉҉҉҉҉҉Aun podía sentir la suavidad de sus labios, de su piel. Podía escuchar sus pequeños gemidos, el modo en que su lengua se movía y jugaba con la suya; si, ella lo volvía loco, tanto como para haber tenido que salir a tomar aire fresco si no quería cometer una locura, ella lo estaba llevando al borde, sin siquiera saberlo.
No necesitaba usar ropas llamativas, ni enseñar su cuerpo para hacer que uno voltee a verla, ella simplemente no podía ser invisible. Sabía que ella se ocultaba de él, y quería creer que lo hacía porque él le atraía, aunque sea solo un poco.
También sabía que eso de torturarla con una canción no había funcionado, no esperaba que ella bajara las escaleras corriendo y se tirara en sus brazos, pero tampoco esperaba que ella fingiera no recordar nada, eso no era bueno, o al menos no lo era para él.
Sesshomaru encendió su tercer cigarrillo consecutivo mientras fijaba su mirada en el cielo. Estaba en la plaza donde se habían besado hacia unos días, quería recordar ese momento por siempre y se sentía un idiota al pensarlo. Jamás se había enamorado, y no es que estuviera enamorado ahora, ella… simplemente lo hacía sentir… diferente. Eso no era amor, solo era…
Su móvil sonó distrayéndolo de sus pensamientos, lo tomo de su bolsillo derecho y sin mirar la pantalla presiono el botón para tomar la llamada.
— Habla.
— Vaya hermano, que agradable forma de saludar es esa. — Su voz sonaba molesta.
Sesshomaru conocía demasiado al imbécil que tenía como hermano para saberlo. No le importaba, pero era imposible de entender a Inuyasha cuando hablaba con sus dientes apretados por la furia.
—No te entiendo cuando hablas así Inuyasha, así que mejor envíame un texto. —Colgó antes de recibir una respuesta, sabía que eso lo enfurecería aun más, y sonrió con malicia al imaginarlo haciendo una rabieta, pero él no tenía ganas de jugar a las adivinanzas. Su móvil volvió a sonar, pero esta vez no respondió, finalmente, luego de tres llamadas mas su hermano comprendió que no respondería y le envió un texto.
Maldito malnacido, papá quiere verte en su oficina ahora mismo, ¡idiota! Y no intentes llamarlo porque en este momento está en una reunión importante.
De acuerdo, eso era extraño, su padre no utilizaba siquiera a sus asistentes cuando necesitaba hablarle, de modo que era imposible que le pidiera a Inuyasha que lo llamara en su nombre, sabiendo cuanto se detestaban mutuamente.
Durante unos minutos, mientras disfrutaba de su cigarrillo se pregunto que necesitaría su padre de él. De modo que se puso en pie y camino hacia su vehículo. Solo tardo unos treinta minutos en llegar, y a cada minuto todo se le antojaba cada vez más extraño, pero fue al estacionar cuando supo que sus sospechas no estaban mal infundadas.
Inuyasha estaba esperándolo en el estacionamiento, no llevaba el saco y se había remangado la camisa, su postura rígida, sus manos en puños, todo era idéntico a cuando tenían esas agradables peleas (casi mortales) de hermanos.
— Déjame adivinar. —Dijo Sesshomaru, caminando a paso lento hacia Inuyasha. —Papá no era quien quería hablar conmigo, si no tú.
— Aléjate de ella, vete de su casa y no vuelvas.
— No contestas a mi pregunta y ahora me das una orden, creo que cada día te vuelves más estúpido hermano.
— ¡Feh! Ya deja tu maldito sarcasmo. ¡Vas a lastimarla!
— Creo que nadie podría lastimarla más de lo que tú lo has hecho.
— ¡Cierra la boca!
Por unos momentos ninguno dijo nada mas, Sesshomaru sintió la furia dentro de su pecho, pero mantuvo su rostro sereno, y se permitió a si mismo sonreír para enfadar más a su hermano. Inuyasha no podía contenerse, ya no mas, no podía respirar sabiendo que alguien intentaba quitarle lo que le pertenecía, él no lo permitiría.
Ambos cerraron sus puños con fuerza y esperaron a que el oponente diera el primer golpe.
Toga sabia que algo andaba mal, lo sintió en su pecho, una opresión molesta que iba en aumento, quizás fuera ese instinto de padre lo que lo llevo a acercarse hasta la ventana del edificio y lo vio llegar.
Sesshomaru jamás pasaba por la empresa, si no era por alguna urgencia, de modo que verlo allí, sin haber sido llamado por él era extraño. Lo vio caminar lentamente hacia Inuyasha quien lo esperaba apoyado en su auto pero al ver a su hermano se incorporo.
— ¿Qué demonios está sucediendo? —Susurro. Y sin esperar ni un minuto más salió de la sala dejando a algunos de la junta directiva preguntando donde iba. —Ayumi envía a los de seguridad al estacionamiento. —Dijo mientras entraba en el ascensor, y veía como su secretaria corría para obedecer su orden.
Fueron segundo en los cuales Toga rezo por primera vez para nada sucediera. Sabía que Inuyasha era impulsivo, el no pensaba con claridad cuando se enfadaba, el solo iba al frente, mientras que Sesshomaru calculador simplemente se burlaría y reduciría a su hermano a golpes, pero sin sufrir ni un rasguño.
Ya había sucedido antes, muchas veces, solían competir por todo desde niños, pero esta vez era diferente.
Lo había notado, la mirada de su hijo mayor hacia la prometida de su hermano no era nada inocente. Había visto como sus ojos se suavizaban cuando estaba con ella, como sus manos se volvían un puño cuando deseaba tocarla, como olfateaba su pelo con disimulo cuando ella pasaba a su lado y no podía culparlo la joven realmente era encantadora y hermosa.
Todo estaría bien si Inuyasha fuera su esposo, porque Sesshomaru había comprendido que nada podía hacer. Pero las cosas eran diferentes ahora, ella era libre, aunque su hijo menor no lo quisiera.
— ¿Porque estás aquí Sesshomaru? —Grito en cuanto estuvo cerca. Ambos se separaron e Inuyasha se giro con rapidez hacia su padre.
— Solo vine para ponerme al día con mi pequeño hermano. —Hablo lentamente Sesshomaru.
Toga no quito ni un segundo la mirada de su hijo mayor, no le creía en absoluto.
— ¿Inuyasha porque estás aquí? Dijiste que debías hablar con tu esposa hace más de cuarenta minutos
— Detesto esas reuniones y lo sabes.
— Lo que sé es que ese es tu trabajo y deberías encargarte de él. —Dijo mientras fijaba su mirada en el, los guardias llegaron y se detuvieron a solo unos pasos.
— ¿Guardias? ¿Creíste que había algún problema padre?
— Sé por experiencia que no pueden estar solos, hijo.
— Estabas preocupado. ¿Dime quien te preocupaba más padre?
— Siempre me preocupo por ustedes
— En ese caso dile a tu hijo que no vuelva a llamarme en tu nombre. Sabes que detesto las mentiras.
Toga miro a Inuyasha, esperando una respuesta, pero este solo se limito a sonreír.
— ¿Le has dicho a nuestro padre la excusa que has puesto para estar en casa de Kag? Eso de que no los soportas, que no…
Sesshomaru frunció el cejo, pero dejo mostrar una peligrosa sonrisa. —Sé lo que intentas Inuyasha y no lo vas a conseguir.
—…puedes estar cerca de ellos porque sientes que te asfixian.
— ¡Basta! —La voz de Toga parecía un eco lejano. Un calambre recorrió repentinamente por su brazo izquierdo.
— Pero la verdad es que lo único que quieres es poder aprovecharte de la inocencia de Kagome. ¡Confiesa!
— ¿Y ahora de qué estás hablando? Idiota.
— Los vi en la plaza hace dos días y tú aprovechabas el que ella estuviera ebria para poder tocarla como un pervertido…
Quizás solo fuera idea suya, pero Toga sintió como el aire pesaba de un momento a otro.
Todo sucedió en cámara lenta: Inuyasha sonrió triunfal y Sesshomaru perdió el control, su mano izquierda lo tomo del cuello, presionando con fuerza mientras la otra se dirigía con rapidez y precisión hacia el rostro de su hermano una y otra vez.
Toga solo pudo verlo todo como si no estuviera allí, como si el fuese solo un fantasma, quiso correr, gritarles y separarlos pero no pudo hacer nada. Sintió como su pecho y brazos dolían, nauseas repentinas, el aire le faltaba y el cansancio lo invadía.
Antes de caer pudo ver como eficientemente los de seguridad lograban separar a sus hijos.
Kagome acababa de llegar a su hogar; estaba preparándose un sándwich pues el hambre amenazaba con perforarle el estomago, cuando tocaron el timbre. Evidentemente su almuerzo tardío debería esperar unos minutos más.
Abrió la puerta y sintió como el aire se escapaba.
Inuyasha estaba frente a ella, con sus ojos llorosos, un moretón del lado izquierdo, su labio partido, manchas de sangre en su camisa blanca y su cabello revuelto, como si hubiese jalado de él.
— ¡¿Inuyasha que suce…?!
El no dejo que terminara pues la abrazo con fuerza y hundió su rostro en el cuello de Kagome. Ella dudo, pero finalmente coloco sus manos tímidamente en su espalda.
—Mi padre está en hospital. —Dijo. Y ahí estaba, él sonando como un niño asustado.
— ¿Que ha sucedido?
— ¡Yo!… yo no quería que… ¡nosotros no nos dimos cuenta! ¡Él!
—De acuerdo, cálmate. —Dijo Kagome al ver como Inuyasha se alteraba cada vez más. —Cierra los ojos y respira profundamente.
Inuyasha obedeció y en su interior sonrió al saber que a ella aun le importaba. —Tuve una pelea con mi hermano. —Dijo con calma. —Los de seguridad nos separaron, pero no nos dimos cuenta de que mi padre estaba en el suelo tomándose el pecho. Creí que moriría y todo por mi culpa.
— No, cálmate, no ha sido culpa tuya Inuyasha, esas cosas suceden. —Ella respiro con fuerza, conteniendo las ganas de llorar.
— ¡Ni siquiera pude quedarme allí en el hospital! Amor yo…
Kagome contuvo el aliento al escucharlo llamarla amor una vez más, seguramente lo había dicho por error pues estaba dolido y ella era muy parecida a Kikyo, fue por eso que agacho la mirada fingió no escucharlo.
— Ven. —Hablo con dulzura como si le hablara a un niño.
— ¿A dónde iremos?
— Primero limpiare tus heridas, luego iremos al hospital.
Inuyasha creyó que moriría cuando sintió la mano suave de Kagome acariciando su piel. Ella estaba allí, para él, con él.
Por unos minutos volvían a ser solo dos.
Kikyo había salido furiosa de la casa de Kagura. Sabía que no ayudaría de mucho el confesar su humillación, pero pensó que tal vez, y solo tal vez, la calmaría un poco. Miro hacia los lados antes de cruzar la calle y luego tomo un taxi. Estaba llegando a su casa cuando su móvil sonó.
— Hola cariño ya estoy llegando.
— Mi padre está el hospital. Llegare tarde. No me esperes despierta y cierra la puerta con llave al acostarte, siempre se te olvida. —Luego colgó. Su voz sonaba cansada y triste. Kikyo solo tardo unos segundos en saber lo que tenía que hacer; una esposa acompaña a su esposo en las buenas y en las malas, lo apoya y contiene en los momentos más duros, esta era su oportunidad, de esta manera le demostraría que lo amaba, que siempre lo acompañaría.
El hospital era enorme, Kikyo pago el taxi y corrió hacia la entrada. Pregunto en recepción por la habitación de su querido suegro y emprendió su marcha a paso apresurado hacia el ascensor. Mientras subía imaginaba la sorpresa que se llevaría Inuyasha al verla, toco su vientre y sonrió, esta era la oportunidad que estaba esperando, la que la uniría por completo a su hombre.
Las puertas se abrieron dando paso a un enorme pasillo, camino con paso inseguro para luego detenerse, pues su suegra y su cuñado eran los únicos que estaban allí.
— De acuerdo Kikyo, respira, esta es tu nueva familia y tienen que quererte. —Luego de darse ánimo a si misma camino a paso decidido hacia su nueva familia.
Sesshomaru se encontraba de pie, apoyado contra la pared, con la vista hacia el suelo, estaba completamente inmóvil, tanto que parecía una hermosa escultura de piedra. Izayoi tenía los ojos cerrados, sus manos juntas demostraban que estaba diciendo unas plegarias. Intentaba estar fuerte, pero si Kikyo estuviera en su lugar estaría descorazonada.
Sintiendo el dolor de la mujer Kikyo se sentó a su lado y le tomo de las manos.
De acuerdo, era una estrategia, debía ganarse a su suegra también, de esa manera Inuyasha sabría que ella era mejor que cualquier otra mujer.
— Acabo de enterarme, Izayoi ¿Cómo esta Toga?
Izayoi la miro sorprendida y tardo unos segundos en poder reconocer a la mujer frente a ella. Llevaba horas perdida en sus oraciones, agradeciendo el que su esposo estuviera bien, tanto que ni siquiera escucho cuando la esposa de su hijo llego sino hasta que la tomo de las manos.
— Esta estable. —Dijo— Los médicos dicen que fue un pre infarto, lo han atendido rápidamente y Ahora descansa.
— Cuanto me alivia saber que se encuentra mejor. —Kikyo miro hacia los lado buscado a su esposo pero no había rastro de él."Quizás este dentro con su padre" pensó.
Sesshomaru sintió la presencia de Kikyo en cuanto las puertas del ascensor se abrieron, el olor de su perfume mezclado con desesperación lo asqueaba. Él sabía que los celos de Kikyo no tenían límites, él era el único que lo veía. Kikyo podría tenerlo todo pues era una mujer hermosa, pero ella estaba empeñada en hacer suyo lo que era de su hermana. Levanto su rostro solo un poco solo para verla tomar las manos de su madre y apretarlas en señal apoyo.
"Patética" pensó. Kikyo no estaba allí porque le preocupara su padre, ella estaba buscando a Inuyasha.
— Él no está aquí, el cobarde se fue hace más de cuarenta minutos. —Dijo para que ella dejara de buscarlo con la mirada.
— ¡Oh! —Exclamó ella y sus ojos comenzaron a moverse de un lado a otro mientras se ponía de pie.
Kikyo estaba intentando recordar las palabras de su esposo cuando hablo con ella. Él le había dicho que estaba en el hospital, dijo que llegaría tarde pues se quedaría con su padre. ¿O no fue así? Saco su móvil, lo llamaría, tal vez estaba en algún bar, o quizás fue a dar una vuelta. Luego de sonar dos veces la llamada se corto.
— Eso fue extraño. —Susurro
Volvió a llamarlo, pero esta vez su móvil estaba apagado. Kikyo sintió como sus manos sudaban, miles de imágenes comenzaron a formarse en su mente y su rostro se volvió rojo de celos al imaginarse lo peor.
Miro con disimulo a su cuñado, la miraba de un modo que la hacía sentir incomoda, como si pudiera leer su mente o algo así. Sonrió con falsedad para él. —Creo que se quedó sin batería. —Mintió— Intentare llamarlo luego. —Y con una tranquilidad que no poseía se sentó al lado de Izayoi, la tomo de las manos y comenzó a orar para que sus miedos se fueran.
Kagome bajo del auto de Inuyasha sintiéndose extraña. Se recordó a si misma que no tenía nada de malo, Inuyasha y ella ahora eran familia, por lo que no había nada de malo en que el la llevara al hospital, no hacían nada malo.
Los nervios por toda la situación la habían hecho olvidar que no había almorzado y su estómago eligió el peor momento para protestar por ello.
— ¿Quieres comer algo antes de subir? —Hablo Inuyasha y su voz ronca logro que cada nervio de su cuerpo reaccionara, erizándole la piel.
— Sí, no he tenido tiempo de almorzar.
Su voz sonaba ahogada, era molesto saber que después de todo el seguía teniendo ese efecto en ella.
— Vamos, también necesito un trago.
Ambos cruzaron la calle y entraron en un pequeño bar. Kagome miro a su alrededor y se sentó frente a la ventana, e Inuyasha sintió su nerviosismo. Era extraño volver a estar con ella pero a escondidas.
— Podemos sentarnos aquí. —Sugirió, señalando una mesa en una esquina.
— ¡No aquí estamos bien! —Dijo ella y giro su rostro para mirar por el ventanal. Estuvo a punto de insistir pero la camarera llego y no tuvo más remedio que sentarse.
— ¿Puedo tomar su pedido?
— Sí, un té y un sándwich de queso por favor.
— ¿De acuerdo y usted señor?
— Tráeme un whisky. —Inuyasha miro a Kagome, ella lo miraba con sus ojos abiertos. Aun no eran ni las cuatro y el acababa de pedir un whisky "Genial Inuyasha, de esta manera jamás podrás volver a conquistarla" se dijo. Se aclaro la garganta y volvió a hacer su pedido: — Tráeme un café con dos medialunas. —La camarera se fue y el sintió la mirada de reproche de su gran amor. — ¡No me mires así! —Susurro.
— Lo siento es que, no sabía que bebías.
— ¡No lo hago! —La mentira salió demasiado fácil de su boca, últimamente mentía demasiado, pero a diferencia de otras le dolió mentirle a ella. —Son los nervios.
—Lo siento, tienes razón, ni siquiera deberíamos estar aquí. Tu puedes ir yo iré en un momento, no necesitas quedarte conmigo aquí.
— ¡No! Me quedare contigo hasta el final.
Sus miradas se encontraron y mientras Inuyasha decía esas palabras que encerraban su gran verdad, que él jamás se rendiría, que no sabía cómo pero la recuperaría, porque era el destino, ella sintió como todo había cambiado, pues aunque entendió el significado de sus palabras supo que nada volvería a ser como antes.
Ella jamás volvería con él, sin importar que pase. Sus vidas ya habían tomado un rumbo diferente.
El almuerzo fue rápido, tanto que casi no hubo palabras. Kagome no quería estar ahí, no estaba bien, ella quería ver a Izayoi, seguramente estaría sentada, fingiendo que todo estaba bien pero por dentro estaría desarmándose, la conocía muy bien, era una mujer fuerte que había luchado por todo en su vida. Necesitaba estar con ella y darle su apoyo.
El camino hacia el hospital fue igual de silencioso, cada uno con sus pensamientos. Kagome sintió como sus sentimientos comenzaban a aclararse.
La puerta del ascensor se abrió y ella salió con rapidez al ver a Izayoi.
No comprendió porque el rostro de Kikyo se contraía de dolor, tal vez fueran sus hormonas.
Kikyo sintió como su mundo se caía a pedazos al comprender que su esposo no había acudido a ella si no a su ex, a su propia hermana.
Nada salía según sus planes, pues no fue solo eso, si no que él ni siquiera la noto allí.
CONTINUARA…
Gracias!
