Después de la Gran cena, tan ansiada como siempre; Harry se entera de la mejoría del chico desmayado, en realidad no fue por el entrenamiento, hacía noches que padecía insomnio, por lo que cualquier esfuerzo físico lo debilitaría de manera tal, que terminara en una colisión. Esto sirve para acallar la conciencia del moreno, quién se hasta antes de la noticia, se culpó tal vez por el exceso de ejercicio, solo provocado por las ansias de competir con Malfoy.

Aguarda unos minutos en la enfermería, Madame Pomfrey, le explica a detalle. Se asegura de que el chico de su equipo esté bien y decide ir a dormir. Los pasillos ya se encuentran desiertos, al parecer le tomó más tiempo del que supuso, solo espera que los prefectos no lo atrapen, no necesita más problemas.

Se sostiene las sienes con el pulgar y el índice de su mano derecha, siente las palpitaciones, por Merlín que es un dolor espantoso. Decide calmarse, respira profundo y sigue caminando lo más aprisa que sus piernas y las ganas de desvanecerse le permiten. Llega a las escaleras, ve borroso y estas moviéndose no le ayuda. Con un salto logra alcanzar las que lo dejaran justo frente a la puerta.

Mientras la escalera se mueve, el chico se sostiene con fuerza, mira el vacio, dándose cuenta que no es una buena idea. Cuando el movimiento termina, ve cada vez más borroso; Con dificultad llega hasta arriba, al instante como en cámara lenta empieza a caer de rodillas frente al retrato de la señora gorda. Antes de tocar el suelo, un brazo lo sujeta.

— ¡Harry! —grita. Le sostiene—. ¡¿Harry, Harry?! —dice una y otra vez.

El moreno levanta la vista, ve la cabellera pelirroja de su amigo, sonríe apenas, siente sueño. Ron coloca el brazo de su amigo detrás de su cuello y lo arrastra hasta adentro de su casa. Pasan por un pequeño pasillo oscuro y llegan a la sala común donde la chimenea, como siempre, está encendida. Lo recuesta en el sofá; El azabache deja caer su cabeza hacía atrás.

— ¿Qué te pasa? —pregunta el pelirrojo con un tono inquieto y preocupado—. ¿Te llevo a la enfermería? ¿Llamo a alguien? ¿Qué hago?

Harry sonríe—. Estoy bien Ron, solo… El entrenamiento, el susto y…

—Mi hermana —completa.

El azabache asiente—. No sé que le está pasando a Ginny, simplemente —suspira—, es como si no la conociera.

Ron sonríe— Parece que quiere más a Hermione que a ti ¿verdad? —su amigo mueve la cabeza afirmativamente—, a Hermione le pasa lo mismo, pareciera que todos en el colegio le interesan menos… yo.

El chico de ojos verdes, le da una palmada en la espalda. Ambos se mira y sonríen, de alguna manera, estar juntos siempre los conforta, sentirse el uno cerca del otro les da valor: Harry no sería nada sin Ron, y él obviamente sería menos de lo que es ahora.

— ¿Ya te sientes mejor? —inquiere el pelirrojo.

Asiente— Ron… últimamente he visto que… has pasado mucho tiempo con Pansy Parkinson—. El pelirrojo se sonroja, Harry prosigue—. No tiene nada de malo, ahora que lo pienso, tienen mucho en común —se gana una mirada de extrañeza por parte de su amigo—, no me mires así —le dice riendo.

— Sea por lo que sea, Harry. Ella y yo no tenemos nada en común ¡Es más! ¡Me está volviendo loco!

El moreno se apresura a chitarlo— Despertarás a todos, Ron.

— Lo lamento —se pone en pie—, solo que… Me gusta estar con ella, pienso que le atraigo, que tenemos cosas en común y después, me rechaza, me cambia, me trata con indiferencia, me abofetea…

— ¿Te abofeteó? —su amigo asiente— ¿Por qué? Una chica solo abofetea cuando siente que se están propasando con ella ¿Tu no pudiste hacer nada?...

Un 'click' suena dentro de la mente del pelirrojo, claro… Ella nunca le dio indicios de que le atrajera "románticamente", entonces no tenía porque tomarse el derecho de besarla cada vez que lo apeteciera; Ahora que lo piensa, en el muro él la tenía aprisionada sin poder moverse, tal vez solo por eso correspondió.

— ¿Ron?

Reacciona: —Si, he, yo, yo… No importa en realidad, tuvimos problemas y creo que de alguna manera la ofendí —habla rápidamente, se sonroja.

— Pues, ella perdió un primo —dice Harry, Ron le mira con extrañeza—, supongo que tú y ella podrían pasar más tiempo juntos, la mayoría de nosotros no podemos entender tu…

— Harry —interrumpe el pelirrojo, mira el suelo y suspira—… No necesito "Compartir mi dolor" —levanta la vista, sus ojos están vidriosos—. Nadie nunca, va a entender lo mucho que me dolió todo esto, ver a mi familia… así, no necesito esto, ni que busquen personas que puedan compadecerse de mi o yo de ellas —se levanta.

— Solo tratamos de ayudar, Ron. —Profiere el moreno.

— ¿Ayudar? ¡¿Ayudar, Harry?!

El azabache se pone de pie— ¡¿A caso crees que nos gusta verte deprimido todo el tiempo?! ¡No! —intenta acercarse— Yo extraño a mi amigo, aquel que hacía bromas, que siempre reía, que nada le interesaba, que me apoyaba en todo, que estaba siempre conmigo. Ese que encontraba las palabras correctas sin tener que buscarlas ¡No eras filosofo o tenias la solución! ¡Pero al menos me hacías reír!

— ¿De que diablos estás hablando? —Bufa— ¿Qué? ¿Te molesta que no sea más el payaso?

— Ron, no, lo que quise decir es que…

— Basta Harry, ese Ron se murió desde el día que mi mundo empezó a ser destruido. Tu "amigo" el gracioso, se murió desde que empecé a sufrir ¿Y sabes porque sufrí?... Porque el tipo malo de la serie… Quería matar a Harry Potter y tuve la maldita desgracia de encontrarme con "El maravilloso HARRY POTTER" en un vagón vacío —le da la espalda a Harry—. Tal vez en realidad… Nunca me conociste.

El moreno escucha a su amigo subir las escaleras, permanece de pie mirando la nada; sus ojos se llenan de lágrimas, tenía razón. Estuvo tan ensimismado en su autocompasión por no tener padres, por que todos querían matarlo, porque pensaba que se le exigía más solo por ser él… Que no pensó nunca, en su amigo.

Por primera vez, el dolor de Ron, le cala hasta los huesos. Se muerde los labios contendiendo las inmensas ganas de llorar, un nudo se atora en su garganta haciendo que su nariz se congestione, no le queda más que abrir la boca para respirar, cuando una lágrima rebelde se desliza por su mejilla; No quiere herir a nadie, justo ahora, siente que todo el dolor, todas las perdidas, son por su culpa. Nunca le importó, hasta ahora, que se ha dado cuenta, del dolor de su amigo.

La noche resulta ser eterna, ni el pelirrojo, ni el moreno logran dormir y por alguna razón ambos saben que el otro está despierto. Por la noche llueve, de manera discreta, ligera y tupida, nadie parece inquietarse por el ruido excepto ellos. Al fin el sueño termina venciéndolos a ambos.

Amanece frío, nublado… Ya no se escuchan los cantos de las aves, los arboles están casi desnudos. Ron está de pie recargado en una de las columnas, de los pasillos que da al jardín. Mira el cielo completamente cerrado, lleno de nubes grises; Trae su túnica puesta, y la bufanda colgando a lado de su cuello. En realidad, no se siente casado, mas sí arto.

Estira el cuello, cierra los ojos, aspira profundo y deja salir el aire con un suspiro que parece un lamento. Vira medio cuerpo, observando como los alumnos de la casa verde y roja empiezan a entrar a la clase; Ya es hora. A él no le gusta el profesor Dúcan. Sin embargo, no tiene más. Debe entrar sí o sí.

— ¿Ron? ¿No vas a entrar? —pregunta Hermione detrás del pelirrojo. Apoya su mano sobre el hombro del chico.

Él mira la mano, la mira a los ojos: —*¿Cuándo empecé a importarte, Hermione?* —piensa. Sonríe falsamente mas no dice nada.

La chica se pone de puntas para besarle la mejilla y hacer un ruido de risa boba. Ronald aspira profundamente, con desgano se despega del pilar en el que se encuentra recargado. Camina, como un condenado hacía la horca; En su mesa, Alden se cepilla el cabello con una mano, mientras que con la otra sostiene un espejo de un color como si de sangre seca se tratara, al sentarse, él ni si quiera la mira, en cambio, la chica le sonríe.

Por no resultar antipático, el chico devuelve la sonrisa, deja caer pesadamente los libros sobre la mesa y se recarga sobre ellos, el insomnio de la noche anterior hace efecto sobre su cabeza, un enorme bostezo sale de su boca completamente abierta.

— ¿Con que no dormimos, eh? —Dice Alden—. Vaya, que estuviste haciendo anoche Weasley…

— Nada de lo que te imagines —responde secamente. Ni si quiera se toma el tiempo de mirarla, no le hace sentir mal.

Parece que el frío del día, se filtra a través de las ventanas altas, el aula está tristemente iluminada por el grisáceo. Él mira la espalda de Pansy, como le hace mimos en la nuca a un rubio prepotente; no puede hacer nada, aguanta los mimos, aunque lo enfurezcan, más por celos que por deseo.

De pronto, el silencio sepulcral se apodera del aula, por las puertas abiertas en su totalidad, entra el profesor Dúcan; sonriente y lleno de vida como siempre. Guiña el ojo a cualquiera de las chicas que lo salude. Hermione, como hizo alguna vez con otro tonto, suspira; haciendo que su compañero ponga los ojos en blanco.

— ¡Buen día jóvenes! —Comienza el profesor frotándose las manos— Es un bello día para hacer pociones ¿No creen?

— ¡Claro que si! —la voz de Hermione sobresale de las demás.

El profesor sonríe con encanto—. Gracias… Hermione —profiere con un tono que ocupa entre la diversión y la extrañeza—. En fin, prepararemos una poción con fines puramente curativos.

Camina, se acerca hasta el escritorio, donde tiene un grueso libro forrado en piel negra; Lo toma y empieza a ojearlo:

— Empezaremos con los ingredientes, ¿Os parece? Empezaremos con un poco de Agrimonia —dice, una planta parecida a bayas rojas, con todo y el racimo verde aparece en el escritorio—, Aliso —prosigue. Al instante aparece algo parecido a la corteza de un árbol, de olor acido—, Angélica…

Al pronunciar el nombre del tercer ingrediente, las velas en la habitación se enciende, las ventanas se cierran al igual que las puertas, y de nuevo… La figura con el sobretodo de monje aparece. Esta vez, se distingue por su barbilla una sonrisa maquiavélica y algo espeluznante; El profesor Dúcan, cierra los ojos y respira profundo.

— Augusto… —profiere ella; Su voz resulta carraspienta, mística, como si padeciera un terrible dolor de garganta.

—Profesora… Collingwood —profiere él de una forma seca y apática—. ¿A que debo el "honor" de su presencia?

Angél ríe, mostrando sus dientes, al tiempo que se deshace de la capucha:

—Quién mejor para controlar una angélica —dice, se sostiene su barbilla con el pulgar y el índice—, que un Ángel.

El profesor ríe— Me temo que usted dista mucha de ser un ángel… profesora —se vira, finge acomodar los ingredientes aparecidos.

De inmediato, ella lo abraza por detrás, rodeándolo con sus brazos largos y huesudos; él mira las uñas largas y negras sobre su pecho cubierto por prendas blancas, acerca sus labios oscuros al oído del profesor, sonríe.

—Te ruego, no intervengas con mi clase —susurra, él.

—Augusto… McGonagall me ha dejado —saca la lengua para lamer su oreja—, te ruego, no te impongas sobre el destino.

Dúcan se vira violentamente, tomándola con fuerza por la muñeca, ella sonríe con una especie de cinismo malvado que ni si quiera logra intimidarlo. Entonces, el profesor siente como el brazo de aquella mujer empieza a arder, ve el humo ya que su carne se quema, contiene el gesto de dolor y al final, para no llamar la atención de los alumnos… La suelta.

—¡Jóvenes! —anuncia el profesor— Esta… La señorita Collingwood, nos acompañará en esta sesión.

—¡¿Qué tiene que ver el discernimiento con las pociones?! —exclama Hermione.

Collingwood se aproxima hasta su lugar, se apoya con ambas manos en el escritorio: — Más de lo que se imagina… Señorita Granger —dice. Se dispone a pasear entre las mesas, deshaciéndose del sobretodo. Trae puesto un vestido largo, que deja sus hombros descubiertos, cosa extraña para un día helado; Es del color de la sangre seca, con bordes extraños, cualquier diseñador cobraría una fortuna por crear algo así—. Agrimonia, para eliminar el veneno de la sangre; Aliso, para mantener la fortaleza humana —enfatiza especialmente la última palabra—, en el cuerpo y… la Angélica… ¿Para que, Augusto?

Sonríe— Contra la brujería, obviamente… —responde él. Hermione mantiene su mano en el aire—. ¿Si, Hermione?

—Disculpe profesor, pero… —no puede evitar reír— ¿No es algo… tonto, "protegernos con la brujería"? Somos brujos…

—Granger, —interviene la profesora— ¿Crees que los "magos" como se hacen llamar aquí, son los único capaz de usar magia? La diferencia entre ustedes y…

—¡Angél! —grita Dúcan.

Ella sonríe— y… otros —prosigue—, es que usted por ejemplo, sin conocer hechizos y sin una varita… No es nada. No es rival para alguien más fuerte, rápido, inteligente, con la capacidad de pensar de forma más ágil a trescientas veces más que tú.

Hermione ríe con incredulidad— Eso imposible —dice con aire soberbio—, además, ningún animal o criatura tiene un veneno tan poderoso como para necesitar…

— ¡Granger! —grita la profesora con un tono exasperado— Hasta hace siete años, usted no tenía la menor idea de que la magia existía, su sangre contaminada influye en sus creencias ¡Y para colmo! Su maldita cabeza, moldeada por libros ya no tiene espacio para magia real, pura, antigua. Así que… O te callas, o...

— Basta —urge Dúcan—. Aunque la profesora tiene razón, no cuestiones y no interrumpas, Hermione.

La gryffindor abre la boca, respira por la nariz, sus ojos se llenan de lágrimas. Una bofa se escucha, el profesor Dúcan parece tener fuego en los ojos:

— ¡Malfoy! —lo mira— ¡Si Snape soportaba todas sus actitudes infantiles, yo no!

— ¡Bravo, Dúcan! —Aplaude tres veces— Reprende al joven Malfoy por un sonido, pero Granger prémiala por impertinente e irrespetuosa.

—Profesora yo no…

—Vuelves a hablar —se dirige a Hermione— y te juro que no respondo…

— De nuevo y por favor, basta—bufa el profesor—. Esto no tiene sentido, hagan equipos de dos personas, tienen más de un mes para conseguir los ingredientes que están en el libro y preparar la poción, deben entregarla antes de las vacaciones de navidad, elijan a su compañero —finaliza. Se sujeta las sienes.

— ¡Un momento! —Interviene la profesora—, Malfoy y Granger —sonríe—: Están juntos en esto.

— ¡Que! —gritan ambos chicos al unísono.

— ¿Estás de acuerdo Augusto? —pregunta ella. Él se encoje de hombros—. Bien, que así sea. Pueden salir.

Sin abrir mucho la puerta, el salón se vacía poco a poco. Ambos instructores permanecen en silencio; Angél está sentada sobre una de las mesas de trabajo, balancea sus pies como una niña pequeña mientras tarare una cancioncilla, su voz, es hermosa, hechizante nadie se resistiría a tal encanto.

— ¡Cállate! —exclama Dúcan.

Ella ríe, baja de la mesa y camina hacia él. Antes de que pueda acercarse, él profesor saca una especie de látigo negro de aspecto baboso. Este se enreda en la mano de la profesora, atrayéndola al otro cuerpo, humo blanco sale del objeto enredado, como si estuviera quemando la carne de ella, sin embargo; No refleja dolor, pena, ni si quiera angustia contenida.

—Aléjate, de mí —dice él— Y deja de llamarme Augusto… Solo… aléjate —finaliza. Se dispone a marcharse.

Fuera de las aulas, los alumnos se encuentran en euforia, por alguna razón, las pociones en equipos eran prácticamente irreales con Snape, por lo que el permiso para andar por los terrenos, una clase libre y buena compañía, parecía ser una excelente idea. Por doquier pueden apreciarse las parejas charlando, haciendo tratos y acuerdos, o en el caso de Malfoy y Granger, delimitando la parte que ambos tienen que hacer.

—Consigue los ingredientes, Malfoy. Yo me encargo de la preparación. —propuso Hermione con tono seco.

—Como quieras —dijo Draco—, pero te advierto una cosa, lo haces mal…

—¡ Y que Malfoy! ¿Me matarás por ser una impura? —ríe— No, vas a usar tus poderes de Peter Pan para asesinarme.

— ¿De quién? — la toma de la muñeca con fuerza atrayéndola contra él—. No te pases de lista, Granger; A ambos nos conviene llevar esto lo mejor posible, porque si no…

—De nuevo tus amenazas. ¿A caso no te queda claro, Malfoy? —le dice con el mismo tono seco, ahora con una chispa de burla— Ya no eres nadie, Voldemort no existe, tu familia está en quiebra y claro… Tu asqueroso padre en Askaban —hace que la suelte, en su muñeca quedan las marcas de los dedos— y si me sigues tocando, acabarás haciéndole compañía.

La castaña se retira lo más aprisa que puede hacerlo, sin que parezca que huye. Nunca le habló así, por algún motivo, está vez no se siente menos, ni si quiera por ser una sangre sucia. Draco la mira, respira por la nariz como un toro enfurecido; La hará tragarse cada una de sus palabras. Siente como una figura pequeña se cuelga de su espalda. Él la toma de las manos entre las suyas y las besa.

— ¿Qué te dijo? —inquiere.

—No importa —confiesa con odio.

Ella sonríe—. Seguro que sí —le da la razón.

Empiezan a caminar, la chica tiembla ligeramente, Draco aprovecha la ocasión para rodearla con sus brazos:

— ¿Con quien te emparejaste, Pansy?

— Pues como a ti te tocó con Granger, Theo quedó solo, así que nos juntamos. Será excelente, los dos conseguimos las cosas y él prepara.

El rubio sonríe— ¿Y los demás?

— Potter pensaba acudir con Ron, pero él hizo equipo con Alden…

— ¿Astor y Weasley? —Draco ríe— ¡Lindo circo el que van a hacer!

— Weasley es un idiota en cuanto a trabajos, siempre los hizo Granger por él. Así que aceptó a Alden… Potter quedó con Daphne.

Draco se siente extraño, son las pajeras más raras que nunca se imagino, slytherin revuelto con gryffindor. Nada bueno puede salir de eso. Respira profundo, caminan de vuelta al castillo, el día gris por alguna razón lo deprime; Frente a ellos, pasa Nott, muy deprisa.

— ¡Hey! —grita Pansy— ¿A dónde se supone que vas?

El chico de cabellos claros sonríe irresistible y arrebatadoramente;

—Tengo una pequeña cita…

— ¿Se puede saber con quien? —pregunta Draco.

—Con Luna Lovegood.

Draco y Pansy ríen al unísono, ella de manera más escandalosa: — Como hiciste que esa rara aceptara salir contigo, Nott —inquiere la morena.

Él vuelve a reír— Lo que pasa, Pansy; Es que ella no lo sabe.

Dejando a los dos slytherin con un gran signo de interrogación en la frente. La fascinación de Theo, ha aumentado con los días; No deja de observarla, volviéndose casi en un acosador privado, el solo imaginar sus ojos glaciares que miran con infinita ternura, el color de su piel… Tal vez ese es detalle que lo vuelve más loco; Imaginar su piel completa, sin prenda alguna debajo del uniforme. Ni si quiera le importa el volumen, solo le interesa que es ella, completa, pura, virgen y puede ser suya.

Llega, ahí, como siempre, como cada mañana, en el bosque prohibido, está ella. Alimenta esos extraños animales negros, que pocas personas pueden ver. No tiene puesta ninguna prenda abrigadora más que el sencillo uniforme, con la corbata floja y la blusa fuera de la falda; Sin mayas, sweater, túnica o bufanda. Lleva el cabello suelto, en largas hondas. Su corazón está a punto de salirse de su pecho.

Se acerca, no quiere hacer ruido; la asimila como una pequeña gacela que en cualquier momento puede correr, solo que él no está dispuesto a perseguirla, no… Quiere que se entregue por su propia voluntad.

— Hola —saluda ella. Sin voltear, sin exaltarse, tan simple como si hablara con cualquiera de sus amigos imaginarios.

— No quise espiarte —dice el chico.

¿Ahora que? Se siente algo estúpido, ella no debía descubrirlo, al menos no así; Bien, ahora el plan de Romeo acaba de ser echado abajo, ¿Qué iba a decirle? "Hola, te vi desnuda y me obsesioné contigo".

—Soy un idiota —susurra.

— No creo que lo seas, Theo —responde Luna, tal cual contestará un pregunta.

El chico levanta su vista, no debía escuchar eso, ni si quiera debió pronunciarlo. Sin embargo, ahora no le importa nada, le acaba de decir por su nombre:

— ¿Cómo supiste mi nombre? —pregunta acercándose cada vez más.

—La otra vez que me hablaste, cuando te llamaron… Escuché tu nombre y me gustó. Me parece que es muy bonito, no ha salido de mi cabeza —dice. Levanta completamente su pálido rostro, clavando sus peculiares ojos celestes, en los orbes color miel del chico; humedece sus labios— ¿No debí llamarte así?

Cuando menos lo imagina, él está a menos de medio metro de ella, entonces la chica deja caer la manzana verde que carga en la mano. Theo se arrodilla de inmediato a recogerla, permaneciendo con una rodilla apoyada en el suelo. La chica se acerca suavemente, extiende la mano y el slytherin toma su mano con la propia devolviendo la manzana; No la suelta, aprisiona su mano con las dos suyas, lentamente se levanta, es mucho más alto que ella.

—Eres muy bonita —pasa su mano por la mejilla de la chica.

El tacto resulta ser más suave que el de un neonato, se estremece de los pies a la cabeza. Ella cierra los ojos disfrutando la tibieza de la caricia, desenlazan sus manos, la manzana cae de nuevo al suelo; se miran a los ojos compartiendo un momento intimo, como si su miradas estuviesen hablando por ellos. Ambos comprenden lo que quiere decir el otro, lo interpretan, lo saben…Theo jamás imagino que podría ser tan perfecto.

— ¡Luna! —un grito, que parece de horror. Corre, se apresura, lo más rápido que puede… hasta llegar—. ¡Pero que demonios estás haciendo tú con ella!

—Tranquilízate Weasley —responde el slytherin peinándose el cabello hacía atrás con una mano—. Parece que acabaras de ver un degollado.

— Si me tardo dos segundos más, seguro que llego a ver uno —responde la pelirroja de manera desafiante—. Luna, McGonagall te está buscando.

La rubia solo asiente, mira a Theo, él entiende que no quiere marcharse, que quisiera quedarse con él. Sin embargo, oponerse a los deseos de la pelirroja sería entablar una batalla con todos sus amigos, si va a ganársela, no debe haber tantos estorbos. La mira, intenta transmitirle seguridad, que valla, que él estará bien y no le molesta, para sorpresa lo logra; No dice una palabra más y se marcha.

— ¡¿Qué demonios hacías aquí con Luna?!

El slytherin empieza a caminar rumbo al castillo— Nada que te importe, Weasley —responde desganadamente.

Ginny corre, hasta ponerse frente a él— Escúchame bien… No te atrevas a meterte con ella, porque si le haces daño, nos las pagarás a todos. —le apunta con su dedo índice, como reprendiéndolo.

Él la toma del dedo, luego de la muñeca y la atrae contra su cuerpo, rodea con una mano su cintura casi asfixiándola:

—Escúchame bien; No te atrevas a entrometerte, porque me las pagarás muy caro —dice apretando los dientes—. No soy el imbécil de Potter, mucho menos tú adorado hermanito. Ve Weasley, llora con ellos, diles lo cruel que soy por amenazarte.

—Puedo cuidarme yo sola —atina a decir en medio del dolor.

Sujeta con más fuerza, está vez, Ginny no puede reprimir un gemido de dolor— Entonces, si tan bien sabes cuidarte —se acerca su oreja—, no te metas en mi camino.

Al fin, suelta a la chica, esta cae al suelo haciendo un raspón sobre su pierna; La mira con desprecio, mete las manos en los bolsillos del pantalón, camina al castillo dejando atrás a la pelirroja. No le interesa si está bien o mal, ni si quiera que tanto daño le hizo, su mente está demasiado ocupada haciendo nudos entre las posibilidades: Que ella le cuente a Potter o a alguien más, pero lo peor, que pueda alejar a Luna de él.

El día sigue transcurriendo con una lentitud casi torturante. Ron aborrece los días fríos, solo las cuatro de la tarde y empieza a oscurecer; lleva casi todo el día encerrado en la biblioteca, sentado sobre un escritorio acompañando a Alden. Ya no hay nadie, las antorchas han sido encendidas, al menos aquel agujero de ratones era cálido, el colmo sería si además de ser deprimente y aburrido, estuviese helado.

— ¿Estás cansado? —pregunta la Slytherin.

— ¿Yo cansado? —responde el pelirrojo con una enorme sonrisa— Pero si no hice nada, tú has estado leyendo.

—Tú tomas nota, Weasley

—he… Yo en realidad…

—Weasley —cierra el libro y lo mira—. Sé que estás tomando nota en tu cerebro, no me engañas —finaliza guiñándole un ojo.

Deja el libro sobre la mesa, retira el cabello de su cara llevándolo detrás de su oreja, bosteza, al instante se cubre la boca con ambas manos. Ron solo la observa; en realidad es muy hermosa y… No es lo que él esperaba como "prototipo de slytherin", al fin hizo una buena elección como compañera de trabajo.

— Creo que estoy algo cansada —dice Alden—.

—Ya lo creo, has leído toda la tarde. ¿Segura que no quieres que te ayude?

Sonríe—. Me ayudarás Ron, necesitaremos tu altura para recolectar algunas cosas.

Ambos ríen, en realidad no era del todo desagradable; estar juntos, compartir un poco de ambos sin llegar a ambicionar una "amistad". Tal vez su compañerismo funcione, al chico no le molestaba nada de su compañera, era agradable tanto a la vista como al oído; para él resulta raro encontrar algo así. En cambio, a Alden, la compañía de Ron le resultaba grata; No habla mucho, nunca interrumpe, no hace preguntas impertinentes y si ella le pide un favor, cortésmente accede.

El chico baja de la mesa y se estira, la ojiverde alcanza a apreciar los abdominales semi marcados del pelirrojo y su vientre carente de todo bello:

—Weasley… Nunca imagine que estuvieras tan… —lo mira a los ojos— bien.

El pecoso baja los brazos, su rostro se enciende— Gracias —atina a responder—. Lo siento, yo no lo hice por…

—Está bien Weasley —se muerde el labio inferior— Está… Perfecto.

Alden se levanta apoyándose en el filo de la mesa, reclina su cuerpo hacía atrás y comienza a acariciar su escote. No puede dejar de ver la camisa semi abotonada de su compañero, intentando descifrar que es lo que esconde debajo, además de un cuerpo bastante bien desarrollado. Sin decir nada, el pelirrojo nervioso se aproxima a ella, lo suficiente para que lo tome por el cuello, haciendo arquear su cuerpo.

— ¿Tienes miedo? —pregunta Alden.

—No.

— ¿Ni un poquito? —el chico no responde— ¿Despierto en ti… algo? —lo mira a los ojos— cualquier cosa.

—Me temo, que no despiertas lo que pretendes —la sujeta de las manos— Yo no te intereso, puedo verlo, puedo sentirlo —se lleva las manos de la chica a la boca y besa los nudillos de cada una, acto que logra sorprenderla.

Justo, al instante Harry, está mirándolos, no dice nada pues no ha visto lo suficiente. El chico con pecas deposita un beso sobre la mejilla de su compañera y sonríe a su amigo. Alden queda anonada; tan dulce, tan sincero, tan sencillo… era impresionante, al parecer Ronald no era un pez tan fácil como Parkinson pensó.

— ¿Interrumpo? —pregunta el moreno. Ambos niegan.

—Voy a comer… ¡Muero de hambre! —Exclama Ron—. Gracias, Alden.

—Un placer… Ron —se siente extraña. Nunca le llamó por su nombre a ninguno que no sea de su casa.

Sin decir palabra, ni si quiera esperar a su amigo; Ron se despide con una tierna sonrisa y un nuevo beso en la mejilla para su compañera. Al retirarse, Harry sonríe abiertamente pues la chica conserva la misma pose seductora de un momento antes. Esta vez, Alden sube sobre la mesa, imantado, Harry se acerca.

Potter deja de tener el control sobre sus emociones, no debe besarla lo sabe; Sin embargo el fuego que lleva dentro lo está calcinando ¿Qué es peor, morir por tomar el veneno que calienta?... O vivir entumecido por su rechazo. Ella abre las piernas, lo toma de la corbata atrayéndole, su mano libre la coloca en la mejilla del chico, sosteniendo su barbilla más que nada, encaja sus yemas en el rostro masculino de Harry, lo atrae y le besa la boca.

Segundo beso, esta vez, en un lugar cálido, con los cuerpos de ambos ardiendo. A la serpiente la incitó la imagen del pelirrojo, sin embargo no piensa en él, se concentra en la esencia del moreno, quien la besa de manera torpe. Adquiere adiestramiento poco a poco. No puede olvidar el abrazo de la chica durante el entrenamiento, su mirada, como lentamente lo enreda en esa nebulosa telaraña de seducción en la que tanto le gusta caer.

Siente las piernas de la chica contra sus costillas, las toma con ambas manos acercándola contra su cuerpo ¿Ron podría sospechar? A quien le importa. Estar con esa hechicera era un delirio; Mas que Cho, diferente a Ginny, ni en comparación con Parvati… Las únicas tres chicas que llenaron su vida. Abre su boca completamente, entregándose a aquel beso prohibido, intercambiando sus flujos salivales por los de ella, masajeando sus labios, combatiendo entre lenguas… Tocando con las manos el paraíso.

La mano de la slytherin se enlaza con la del león, la va guiando para que toque su muslo interno, se recuesta hacía atrás teniendo de sostén brazo del buscador enlazado a su cintura. La nariz del moreno topa con su cuello, al instante aspira, huele extraño, como a agua dulce o algo parecido. Le besa la garganta y lame, mientras su mano se pierde en el muslo interno debajo de su falda, en la entrepierna, en el pubis.

El calor que existe abajo, es casi insoportable, no entiende como la chica no hecha vapor, ya que su cuerpo hierve. La ropa interior de la ojiverde se encuentra bañadal, cosa que incita al moreno a morder el cuello de aquella chica. Toca, teniendo como único impedimento para llegar al sexo de la slytherin, la braga que lo cubre y cada vez se moja más. Entre suplicas y más gemidos, ella implora que la toque cada vez más. No puede resistirse.

Apartando la prenda delicadamente a un lado, comienza a empapar sus dedos de una sustancia pegajosa que despide un aroma nunca antes percibido por sus fosas nasales. Le recorre en medio de los labios con rapidez, subiendo y bajando, rodeando la protuberancia de la cual no sabe el nombre y le parece un botón demasiado suave. Lo presiona, liberando un espasmo acompañado de un sonido… Así que eso es un gemido.

Al instante, la chica se incorpora lo mejor que puede, él la besa con la misma ferocidad de antes, solo que esta vez cargado de una dulzura extraña. Alden Se abraza a él, sin pensarlo; el chico encuentra un hueco un poco más debajo de donde sus dedos recorrían e introduce su índice, la temperatura resulta ser más elevada que por fuera.

Los gemidos de la chica se hacen incontenibles, siendo que él solo tiene el dedo dentro, se le ocurre moverlo un poco, hace que vea luces de colores. Todo le da vueltas y estalla, por Merlín ¡Que placer! Solo quiere que siga, siga y siga, para no detenerse nunca. El chico sigue moviendo su dedo, de arriba abajo, nunca sacándolo, haciendo círculos, notando como se expande, se humedece…

Después de diez minutos que parecen horas, al fin, recibe la lluvia de la chica con su mano; Temblando, sonriendo, transpirando, se besan.

— Creo que es un buen momento —dice Harry—, para decirte que me gustas.

Ella sonríe, el chico atrapa su carnoso labio inferior en su diente y lo besa profundamente. La sostiene con ambas manos de la cintura, mientras que Alden se sostiene rodeándolo con las piernas.

— ¿Vamos a la cena? —propone el chico.

—Adelántate Potter… Creo que podrían sospechar.

— Pero…

— hazlo —casi ordena. Lo suelta.

De mala gana accede, despidiéndose con un profundo beso. La slytherin se deja caer en la mesa, recostándose completamente, respira agitada, más que nunca. Dos segundos después de la salida de Potter, Theo entra a la biblioteca, dirigiéndose a ella; tal cual supiese el lugar en el que se encuentra.

— Nott… No preguntes como lo sé —se sienta—. Huelo tu presencia a veinte metros.

Aplaude dos veces— Gran espectáculo —comenta el chico.

Alden se pone en pie— ¿Me viste? Al menos espero que lo hayas disfrutado.

— ¡¿Verte?! Vamos Alden, es más entretenida la reproducción de los unicornios —dice en medio de una amplia risa, logrando que la chica se moleste—. ¿Sabes? —se acerca— Hasta hace diez minutos no me interesaría lo que haces… Solo que, al ver salir a Potter, una epifanía llegó a mi mente.

— Felicidades, discernimiento te sirve de algo —dispone a marcharse.

El chico se apresura, le rodea el vientre con el brazo, pegando su cuerpo a la espalda de ella. Suspira sobre su cuello, aparta los cabellos, da un suave beso hipócrita:

—Ayúdame.

Alden ríe— ¿Yo? ¡Ayudarte! ¡¿Por qué lo haría?!

Theo hace que se vire, para quedar de frente— Weasley… Me incomoda bastante. Tú, tienes loco a su novio...

— ¿Entonces?

— Aléjala de mí, y de Luna.

—De acuerdo —al chico le parece demasiado simple para ser cierto—. Solo dame tres buenas razones, y acepto con gusto, sin pedir nada a cambio…

—Te gusta Potter; Es rico, su sangre no es del todo sucia y tendrías un perfecto estúpido a tus pies. Siempre odiaste a la enana desde que… Dean la prefirió sobre de ti, ¿Qué mejor venganza? Y; tres… Eres mala ¿Perderás la oportunidad de esparcir tu maldad… Así como Pansy, esparce la suya?

— ¿Qué tanto sabes de Pansy?

— Si me ayudas, absolutamente nada —se acerca más a su rostro—; Si te niegas, lo sé todo.

— Ya que pareces tenerlo todo bajo control: Acepto, Nott —la suelta, estrechan sus manos.

—Un placer hacer tratos contigo, preciosa —finaliza. El chico se dispone a marcharlo, cuando una duda lo inquieta— ¿No preguntas por qué quiero que lo hagas?

Alden se cruza de brazos y ríe— Nott… Tu vida, no me interesa.

Perfecto.

El manto oscuro, cubre los terrenos de Hogwarts. El cielo sigue completamente cerrado y hace aún más frío que por la tarde. Es deprimente no ver la luna ni las estrellas. A la hora de la cena, Ron no se encuentra en la calidez del Gran comedor… De nuevo, se aísla, solitario. Ese nudo en la garganta parece ser un estado permanente del que su cuerpo se niega a salir. Frente al lago, lo único que ahora puede hacer, es escuchar su voz.

— No quiero pelear más.

— ¡Yo tampoco lo quiero, Ron! ¡Pero simplemente siento que no me entiendes!

— ¡Lo único que te pido es que me trates mejor que a tus estúpidos libros!

— ¡No te atrevas a quitarlo de mi mano!

— ¡Como puede ser tan insufrible!

Ella se pone de pie, sus ojos se humedecen;— entonces tal vez, Ron… Si me consideras una insufrible. Deberías dejarme en paz.

Se tapa los oídos con ambas manos, las lágrimas se deslizan por sus mejillas, solo es su voz, no recuerda los actos o movimientos, solo aquellos gritos que tanto lo hieren. 'Quiéreme Hermione' repite una y otra vez dentro de su cabeza, abraza sus rodillas, mira el agua quieta. Está… tan cansado.

Las nubes despejan la mitad de la luna menguante, permitiendo que unos cuantos rayos de luz iluminen el lugar. Ahí está él, implorando por que una chica, nada especial, completamente simple lo quiera ¿Tan poca cosa es que no logra llenarla? Quisiera un acto de cariño, una caricia, aquella mirada tierna o ese acto lleno de preocupación. Solo eso quiere, no necesita más.

— Los hombres no lloran —susurran.

Al instante, de manera desesperada se seca las lágrimas.

— No lo intentes, ya te vi —prosigue.

—Vete —dice el pelirrojo virándose para darle la espalda.

La chica se las ingenia para verlo de frente, lo toma de la barbilla, levantando su rostro; Queda sorprendida, efectivamente esta llorando. Sus ojos azules se ven más claros y melancólicos que nunca. Suspira involuntariamente, con un poco de fastidio; el chico sin saber porque, se abraza a su cuerpo, ella solo le frota la espalda.

— ¿Granger de nuevo? —no obtiene respuesta. Va acercando su boca cada vez más al cuello del pecoso—. Deja de sufrir Weasley ¿No has pensado que simplemente no vale la pena? —le sostiene el rostro y lo mira a los ojos— Deja de hacerlo todo tú. La relación es de los dos, ambos deben luchar por ella si es lo que quieren.

— ¿Cómo puedo luchar por esta "relación" si parece más importante un libro que yo? —tiene la voz algo gangosa.

La slytherin lo suelta, dejándose caer a su lado; cambia su expresión a sería, ida, totalmente diferente a la que tenía hace segundos— ¿Sabes que odio? —sonríe sin mirarlo— Que Draco siempre me haya tratado como una cosa, algo más en su estantería. Para él nunca he sido una amiga o un apoyo, solo… esa cosa que le sirve de vez en cuando —lo mira—. Perdí a mi primo Ron, al igual que tú… Solo desearía, haber muerto en su lugar; Así que no te voy a decir "te entiendo" o "todo va a estar bien", porque no ¡Nada va estar bien!

—Pansy…

—A veces quisiera que dejaran de decirme que me entienden, apoyan, comprenden —se acerca más a él—, cuando sé que no lo hacen —toma su mano—. Lo que quiero decir es que, si la amas y te ama, debería valorarte ¡No cambiarte por sus libros!

Eso. Las palabras precisas ¡Era lo que tanto tiempo ansió escuchar! Al fin, siente que alguien lo entiende, incluso siente su propio dolor; era doloroso y tal vez sus palabras sonaban como golpes a su pecho, pero eran ciertas, sinceras. Esa sinceridad que tanto anhelo desde que empezó a morirse por dentro, sin que nadie pudiera evitarlo.

—Gracias —profiere el chico.

Ella sonríe de nuevo— Si fueras mi novio, yo sería la mujer más dichosa del mundo —mira el cielo, logra que sus ojos se humedezcan—. No lo sé, tener a alguien que me quiera y soporte tanto —ambos ríen—. Pero sobre todo, que me amé como tú la amas a ella. Nunca vi una pasión tan fuerte como la de ustedes Ron —por dentro se está carcajeando.

—Yo si… 'la que siento por ti' —no se atrevería decir lo que ha pensando—, La, la… esa que Hermione, si, Hermione tiene por los libros.

—Es… —queda a milímetros de su rostro— Estúpido —susurra usando todo su poder de seducción.

Están tan cerca, los ojos de ambos se encuentran, recorren sus rostros y paran donde mismo; En sus labios, esos que ya es casi una costumbre probar y reprobar. Palpitan de deseo… Con un movimiento extraño, Ron hace que la chica se siente a horcajadas sobre sus piernas, la besa.

Completamente nuevo para ambos, este beso resulta lento, placentero; tanto que la chica es capaz de olvidar aquel, juego, aquella venganza y lo deja, deja que él busque su sueño en su boca, deja que se apodere del olvido con su lengua, deja que las manos del chico tomen su cadera y la masajeen suavemente. Simplemente, se dejan llevar; Sin pensar, sin planear, por impulso. Es tan… Perfecto.

Las manos de la chica, sostienen el rostro del pelirrojo y suben por su cabello enredándolo entre sus dedos, con su boca completamente abierta, acaricia su lengua; no besa nada mal, es más… Es mejor de lo que pensaba. Esta vez, es la chica la que a pesar de la baja temperatura de la noche, desabotona la camisa dejando su pecho expuesto, pero emana tanto calor, que ni si quiera siente el frío.

Desliza sus palmas, acaricia el torso bien formado, los pectorales marcados, los ocho cuadros que van desde los pectorales hasta la línea del pantalón, nunca sintió un cuerpo mas hermoso en una piel tan pálida. Es verdaderamente perfecto, al menos para ella. Le gusta, le incita. Tocarlo desde el abdomen hasta la nuca y luego bajar; mover su cadera de arriba abajo sintiendo entre sus piernas la erección temprana del chico.

Le recorre el cuello con suaves besos, baja por sus pectorales lampiños simplemente besándolos, el chico hace la cabeza hacía atrás y siente los besos suaves. Vuelven a sus labios y quieren quedarse así para siempre…

No saben que a lo lejos, Draco está mirando.

El amor es hermoso, sólo mientras duran el contraste y el deseo; después, todo es debilidad y costumbre. Søren Kierkegaard