Les traigo la continuación, es corta pero no sabia que más poner... lo siento por el retraso.
En San Mungo reinaba el caos y el nerviosismo.
Los periodistas se arremolinaban en sus puertas tratando de entrar.
Todos ellos deseosos de dar a conocer la última información sobre la salud de la aclamada Lady Peverell antes que nadie. La mayoría de ellos eran jóvenes ambiciosos, que no podían evitar pensar que esta era su noticia, su ocasión de darse a conocer, su oportunidad de saltar a la fama…
En otras palabras; esta era su momento.
El único problema era que nadie tenía las respuestas a sus preguntas.
Nadie sabía que había sucedido, los sanadores estabas atónitos, ya que al poco tiempo de llegar a San Mungo, la magia de Harriet Peverell había reaccionado defensivamente y ahora se encontraba protegiendo a su dueña, impidiendo que cualquier otro ser humano se acerque a ella.
Ellos, sinceramente, se encontraban sin palabras. Nunca había habido otro caso igual de magia defensiva tan poderosa que actuara de manera instintiva al momento de proteger a su portador.
Para los sanadores era una gran ocasión de realizar estudios sobre este nuevo y revelador caso.
Pero había un pequeño problema.
Tom Peverell, hijo y heredero de la ahora convaleciente señora Peverell quien, por su lado, estaba furioso.
Ya que su querida madre se encontraba en ese estado por casi más de cuatro horas y nadie tenía la molestia de decirle que le pasaba o que iba pasar con ella, aparte de que eso no le ayudaba con su temperamento que no paraba de preguntarse: '¿Qué estaba pasando? ¿Qué debo hacer ahora?'
Esas preguntabas solamente afirmaban una cosa: ¡Él tenía el derecho de saber!
Furioso, ya incapaz de permanecer sentado por más tiempo, y no confiando en dejar a su madre por más tiempo a solas con esos sanadores y enfermeros se encamino a la habitación donde tenían retenida a su madre.
–¡Deténgase joven señor! –una voz le imploro pero él la ignoro y soltó un bufido molesto.
Que imploraran o suplicaran siempre le había llenado de asco y repulsión, Tom podía recordar con gran orgullo como su padre, Cepehus Peverell, Lord Peverell, no lo había hecho, aun cuando estuvo en frente a frente con su asesino, cuando este los ataco, él nunca suplico, nunca imploro.
Él siempre actuó de la manera en que un puro de sangre debía de actuar.
Por eso, con la cabeza en alto y sin esperar a nadie abrió la puerta del cuarto de Harriet y entro, se encamino hasta su cama, no antes de cerrar la puerta detrás de él, y situándose a su lado estudio su perfil con gran detalle.
Él sabía que su madre era hermosa, siempre había tenido esos raros rasgos de belleza mística que su padre y la sociedad mágica habían atribuido a la antigua sangre de su familia.
Tranquilamente Tom aproximo su mano hasta el rostro de la mujer que dormía en la cama y se quedó pensado, no sabiendo que hacer… ¿Qué podía hacer él que no habían hecho ya los sanadores?...
¡Espera un segundo!
Rápidamente recordó un cuento que su madre solía contarle cuando era pequeño. Algo sobre una estúpida princesa que sabía masticar bien y que termino por atragantándose un estúpido trozo de manzana o algo así… o era el de la princesa idiota que no sabía coser y que se pinchó el dedo con una aguja que se despertó después de un beso de amor verdadero… bueno, no importa, ese no era el punto al que él quería llegar…
Tom se quedó viendo a Harriet en silencio…
¿Sera posible que él…?
Tom se quedo viendo a su madre, pero esta vez desde una perspectiva muy diferente con la que había llegado.
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Sin saber de los acontecimientos que ocurrían a su alrededor, Harry, por su lado, se quedo viendo al ser que la había atraído hasta ahí.
A la estación de Kign Cross.
La muerte no era un personaje agradable a la vista, vestida totalmente de negro y con su apariencia muy semejante a un dementor, era un personaje muy aterrador. Sobre todo si se encontraba furiosa.
Como ahora…
Pero Harry no era los que se dejaban intimidar fácilmente. Eso lo había demostrado en su reciente discusión que habían tenido. La muerte y el Potter habían tenido una acalorada discusión sobre los últimos años en los que Harry había estado viviendo en el pasado y los posibles cambios que había ocasionado en la línea del tiempo. La muerte se paseaba de un lado a otro, como un león enjaulado, su ira era casi palpable pero Harry no le importó. Se había pasado por cosas peores que dudaba que pudieran compararse.
–¿Entiendes los peligros a los que expusisteis a todos? –la muerte siseo, odiando estar enfrente al mortal que ahora se había vuelto su amo.
Harry únicamente se le quedo viendo mientras que asentía con la cabeza, no se arrepentía de nada.
Le había dado a Tom Riddle Jr. Una mejor infancia de la que él estaba seguro de que mucho niños en circunstancias parecidas habrían querido conseguir, a un niño que había sufrido al igual que él el crimen de poseer magia, de estar rodeado de un momento de gente que no lo comprendían y que nunca se habrían molestado en hacerlo…
Harry rechino los dientes, enojado consigo mismo cuando por fin descubrió cual era la diferencia que había habido entre Tom Riddle y él, y no era que antes no la había visto, de hecho lo reconoció muchas veces y se sintió como idiota cuando recordaba sus palabras.
¿Cómo quería que Tom no se hubiera vuelto malo o que estuviera tan mal después de todo lo que había vivido, que nadie le hubiera estado ahí para ayudarlo, para apoyarlo, para explicarle que no era un monstruo, de qué manera funcionaba el mundo mágico, la importancia del cariño, la comprensión y del amor, Harry comenzó a frustrarse cuando entendió que al llegar a Howgarts, un sitio donde todo debió de haber mejorado, donde por fin debió de sentirse comprendido y aceptado, su situación de paria había seguido estando de la misma forma de la había comenzado… solamente, que esa vez, Tom ya sabían cómo mantenerse al salvado y en la cima, arriba de todos los demás, en un lugar donde nadie más se atrevería a molestarlo ni a lastimarlo.
Y pensar en eso ahora le dolía más que nunca a Harry.
Harry pensaba en el Tom que él había criado, el Tom que él había criado y le costaba mucho imaginárselo como Lord Voldemort, como un asesino despiadado y sin corazón... De hecho… No quería ni hacerlo… le hacía tener una especie de escalofríos por todo el cuerpo tan sólo al imaginárselo.
La muerte volvió a soltar un profundo silbido furioso atrayendo su atención de nuevo.
Al verla, Harry aun no podía entender porque estaba ahí, según él: no había hecho nada malo para merecer eso, de hecho, estaba seguro que había salvado el futuro y a todos sus queridos mientas que la muerta trata muy difícilmente de no matar a su nuevo amo a la vez que trataba de hacer entender aun cabezota los peligros a los que se estaba exponiendo al alterar el pasado… y a su vez el futuro.
Con su ira creciendo al pensar en eso, y a la vista de los poco resultados obtenidos, deicidio irse antes de que terminara por matarle. 'Si renaces alguna vez, me asegurare de hacerte pagar en esa vida por todo esto…' los ojos del muerte parecieron brillar ante un idea que le invadió en esos momentos. 'Un poco de belleza siempre ayuda' pensó vengativamente la muerte
–¡Bien, haz lo quieras!, -dijo de forma definitiva. –Pero no me busques cuando las cosas se pongan difíciles.
Y con esa última advertencia se había ido.
Harry suspiro, inmediatamente después que la muerte desapareciera de su vista, su cuerpo instintivamente se relajo y se sintió capaz de manifestar sus emociones y preocupaciones. De cierta forma, había sido muy intenso todo eso, la muerte era una figura intimidante y debía de reconocerle eso, al mismo tiempo también sentía que cuando la muerte decidiera vengarse seria de una manera temible… Harry esperaba no haberse hecho de un enemigo temible.
Viendo alrededor de la estación Harry se vio que no era muy diferente del King Cross que vio cuando Voldemort, pero eso no importaba.
Debía volver cuanto antes, estaba seguro que se había formado un escándalo a su alrededor. Harry comenzaba a aproximarse a uno de los trenes cuando, súbitamente, todo ellos habían comenzado moverse.
¡Espérate un momento!
Con la boca se desencajada, Harry empezó a correr a la vez que comprendía su situación, ¡La muerte había dejarlo varado en medio de la nada!
Al ver el tren alejarse, Harry comenzaba hacerse una serie de preguntas como:
¿Qué pasaría si perdía el tren?
¿Cómo iba regresar ahora a su cuerpo?
¿Qué iba hacer ahora si perdía todos los trenes?
¿Quién cuidaría de Tom?
Harry estaba empezando a ponerse ansioso cuando de un momento a otro, su cuerpo se calentó y sintió una especie de tirón, como si alguien lo jalara del hombro...
¿Qué demonios? ¿Ahora qué ocurría?
¡Otro tirón!
¿Qué estaba pasando?, trato de resistirse a ello con todas sus fuerzas, la última vez que le había ocurrido algo parecido no había terminado bien… su situación actual era prueba de ello.
Y cuando llego el tercero, Harry sintió como su cuerpo comenzaba a caer al vacío y nuevamente maldijo su suerte por llevarlo a esa clase de situación de nuevo.
¿Por qué siempre le pesaban estas cosas a él?
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Tom tenía puestos sus labios sobre la mejilla de Harriet, había estado haciendo eso cada vez que venía a verla desde hacía ya cuatro y ella aun no despertaba. El joven de once años estaba comenzando a inquietarse ante la falta de éxito obtenido.
¿Qué estaba haciendo mal?
Según él, estaba haciendo todo lo que estaba escrito en sus libros donde una joven, no muy lista, se quedaba profundamente dormida, así que no entendía por qué no funcionaba, él estaba seguro que ese había sido un beso de amor verdadero y que él era más apuesto que cualquier otro tipo que usaba medias en esos libros y su madre era más hermosa que cualquier otra princesa estúpida… Tom se quedó pensativo en esa parte, estaba rascándose la barbilla pensativamente cuando llego a una conclusión.
¿¡Por qué no había pensado eso antes!?
Tal vez ese era el problema, su madre era más inteligente y hermosa que esas princesas y él era más atractivo que esos idiotas príncipes que por eso era que ella no despertaba, Tom comenzó a maldecir su suerte.
¿Qué debía hacer ahora?
Frustrado, salió del cuarto, emprendió a caminar por los largos pasillos tratatando de buscar una nueva solución. Estaba tan atrapado en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando Grey y Feinir se pusieron a su lado en su típica posición defensiva.
Los dos hombres lobos parecían cansados, Feinir más que Grey, pero eso era de esperarse.
Feinir había sido elegido para ser el líder de los hombres lobos que se habían integrado a la sociedad mágica y él estaba a cargo de más de diez mil familias que habían sufrido ataques los últimos tiempos, lo cual de por si es demasiado difícil, se le agregaba el hecho de que él aún seguía ejerciendo su función como guardaespaldas de su madre por lo que se había quedado a su lado todos los días desde hospitalización para protegerla y no hay que olvidar mencionar el estrés e inseguridad que se había apoderado del grupo de ayuda al sentir que perdían el apoyo y cuidado de Lady Peverell.
Era tan extrema la situación que en al menor comentario se podía llegar a estallar una gran pelea.
Lo que provocaba que Feinir tuviera que estar corriendo de una lado a otro, si bien, él es joven y saludable pero también es muy joven (eso es lo que alegan los miembros de Ministerio) y por lo consiguiente no contaba con la suficiente experiencia para hacerse cargo…
Cosa que a Tom estaba comenzando a molestarle. Maldiciendo en voz baja, Tom decidió que era mejor escuchar la discusión de había detrás de él por parte de los dos hombres. Ya que si seguía pensando, él estaba seguro que no podría controlarse.
–No es tan fácil Grey, no podemos actuar sin pruebas, –Explico Feinir, Tom le pareció oír un estibo de enojo en su voz.
Parpadeando, Tom fruncio brevemente el ceño: '¿De qué están hablando?'
–Pero no hay tiempo señor Feinir, Lady Peverell esta grave, –replico y Tom molió los dientes con dureza al reconocer lo cierto de esas palabras. –Tenemos que estar preparados, no podemos esperar para siempre, los magos del Ministerio querrán utilizarnos, y ellos no son como nuestra señora.
Después de eso solamente hubo silencio. El heredero Peverell se quedó tieso.
¿Sera que el Ministerio ya estaba moviéndose entre las sombras?
Tom sabía que las acciones y el uso de los hombres y mujeres que sufrían de lincatropia estaba a cargo única y exclusivamente de su madre. Cual no era novedad ya que fue ella quien vio su potencial y fue ella quien corrió con el riesgo al aceptarlos bajo su supervisión y darles la oportunidad de demostrar su valía. En ese entonces el actual Ministro de magia había decidido que era mejor lavarse las manos sobre el asunto, debido a que estaban en selecciones, y, para que no lo involucraran, delego todo el poder a su madre, ya que según él, ese tema solamente le importaba pero…
¡Oh! Cuanto se había equivocado ese día.
Harriet no era una mujer que se dejara intimidar tan fácilmente por las circunstancias. Sí, claro, al inicio no había sido fácil. Harriet había sufrido mucho. Su madre había sacrificado mucho. Ataques, burlas, menosprecio, hostilidad, desconfianza, discriminación, entre otras cosas, para que hacer que su trabajo rindiera frutos. Incluso una ocasión había llegado a tal extremo que no durmió en casi una semana por crear una zona de viviendas básicas y de excelente calidad para las familias de los afectados.
Habían sido tales sus esfuerzos y dedicación que Tom se negaba a que esos esfuerzos se vieran afectados por la incompetencia de otros.
Además, él sabía que el Ministerio no se preocupaba por los hombres lobo como personas enfermas que necesitaban ayuda.
No, claro que no, más de uno de ellos los veía como estupendas herramienta, como grandes soldados, que podían usar a su antojo.
Tan solo en pensar en ellos hacia que Tom se sintiera enfermo debido al odio que sentía. Él aun podía escucharlos burlándose de su madre cuando llego con esa propuesta.
¡Desgraciados infelices!
Sin querer se parte de esa conversación, Tom dio media vuelta y acelero el paso, los dos hombres se vieron perplejos por su acción pero a Tom no le importó.
Él quería regresar con su mamá cuanto antes.
Durante nueve minutos corrió por el pasillo sin mirar atrás. Se sentía tan enojado que sabía que era muy probable que sufriera un caso de magia accidental, por ello se dispuso a repasar nuevamente todo sus libros de cuento en su memoria…
En ese momento se dio cuenta de algo.
¿Y si se había equivocado en al momento de decidir dónde poner el beso?
Los ojos de Tom se iluminaron mientras que salía corriendo más velozmente hacia el cuarto de Harriet Peverell.
¡Había algo que tenía que intentar!
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Harry se sentía mareado y confuso cuando ella se despertó.
Sabía dónde estaba, al principio había sentido algo suave apoyándose en sus labios.
¿Qué demonios había sido eso?
Había intentado hacer un movimiento con la cabeza para quitar esa extraña sensación de encima pero se había visto sorprendido al no ser capaz de serlo… ella, por alguna razón, sentía que le gustaba, como si estuviera haciendo lo que debía hacer, se sentía tan relajad, tan complacida que necesitaba abrir los ojos y ver que lo estaba incitando para actuar así.
Soltando un suspiro de placer, Harry comenzó a abrí lentamente sus ojos.
Solamente para tener que contener un grito cuando vio a Tom cerniéndose sobre ella.
La pobre mujer casi le dio un ataque al corazón al verlo tan cerca de su rostro.
Entonces se dio cuenta que Tom, el futuro señor Tenebroso y Lord Voldemort estaba besándola con gran ternura…
…..
¿Demonios estaba pasando ahora?
Bien... las aventuras de Harry, Voldemort y sus mortifagos no nos acompañan en esta ocasión por falta de presupuesto... ¿hay alguna momento en particular que les gustaría verlo como protagonistas? Si es así díganmelo por favor.
Sin más, espero leerlos muy pronto.
